sábado, abril 30, 2011

Gramática del autoritarismo


Las almas de oración son almas silenciosas. Teresa de Calcuta.


Entre los dones y aprendizajes fascinantes de la vida, el lenguaje es quizá la capacidad más trascendental que ha podido desarrollar el hombre para elevarse a la categoría de lo humano. Y esto es así porque las palabras no son sólo estructuras que pueden pronunciarse y escribirse, sino que también poseen esencia para visualizarse en realizaciones concretas, materializarse y por tanto, generar creación. Además, el lenguaje se modela y sigue patrones que otros copian. Por eso existen las sociedades, los grupos humanos que se integran más allá de realidades espacio-temporales, en gestos, expresiones, modales y otras manifestaciones del lenguaje verbal y no verbal, que a la larga cohesiona y da sentido de pertenencia a un lugar, a un territorio.
Por eso es tan delicado el lenguaje. Por eso uno de los vehículos que posibilita este acto transformador, la lengua, está tan escondida y protegida: tapada por los labios y encerrada entre los dientes. Y sin embargo, cuando abrimos la boca generamos actos de habla que, más allá de la secuencia oracional para hacernos entender, están los reforzadores corporales que fijan las palabras y las hacen permanecer más allá de los instantes que duraron nuestras secuencias acústicas, nuestro sonido, nuestro timbre y nuestras cadencias.
La vida ciudadana posee unos códigos mesurados en el discurso. Es generalmente de corte melódico razonado, por tanto tiende a ser más reposado. Los individuos que ejercen su ciudadanía tienden a ser personas que respetan al Otro diferente. La palabra del Otro es para él motivo de interés, de reflexión, aunque no esté necesariamente de acuerdo en sus afirmaciones. La práctica de la ciudadanía exige por lo tanto un lenguaje, una estructura gramatical sobre un discurso que sea coherente con aquello que se práctica: el ejercicio de la libertad. Porque ejercer la ciudadanía es sinónimo de libertad. Y la libertad se practica en espacios donde la paz activa es un acto cotidiano que se ejerce en el uso de un lenguaje acorde con esa práctica. Por lo tanto, el lenguaje de la libertad es inclusivo y fomenta en la cotidianidad el ejercicio de la búsqueda constante de verdades que sean consensuadas y sometidas constantemente a la reflexión entre todos los individuos. La palabra entonces, permanentemente es renovada y brillan las verdades en acuerdos que llevan al ejercicio del poder-compartido y el trabajo grupal, donde se construye el protagonismo colectivo, como paradigma de los nuevos tiempos.
Y el tiempo actual es de una voz colectiva. Es el protagonismo del colectivo que señala al individuo lo que debe hacer y le da la responsabilidad de ejercer un cargo, por tiempo definido, específico. El lenguaje por tanto, tiene la impronta de un grupo, de seres humanos que poseen cadencias, ritmos, tonos y timbres de una sonoridad ética que orienta la dinámica social desde las coordenadas de un lenguaje dialógico, compartido y hermanado en la búsqueda permanente de la amplitud discursiva.
Resulta extraño, raro y obsceno que en pleno nuevo siglo aún se continúe escuchando un lenguaje militarista, cargado de ruidos que construye una terminología obsoleta donde palabras, tales como “batalla”, “campaña”, “comando”, “batallones”, “milicias”, “brigadas”, “escuadrones”, se combinen para aplicarse en la vida ciudadana y den la sensación de algo normal y corriente. Así las cosas, podemos encontrar programas, proyectos, empresas que poseen como principio alguno de estos términos: “La batalla de las ideas”, “Comando eléctrico”, “Milicias socialistas”, “Campaña electoral”.
Este lenguaje remite indudablemente al ejercicio de actos autoritarios en quienes ejercen el poder del Estado, presidente, ministros, gobernadores, alcaldes, entre otros, en la práctica de una ciudadanía que la convierte en manera autoritaria de vida. En actos de lenguaje y modos de vida caracterizados por una voz y unos modales cargados de fuerza corporal que en nada ennoblecen la razón de ser de una ciudadanía.
La práctica de la ciudadanía es contraria a la práctica del autoritarismo. No es posible ejercer actos ciudadanos cuando el liderazgo sociopolítico en el gobierno del Estado está marcado por actos autoritarios trazados por la vida militar.
En las sociedades nuevas cada vez es más raro encontrar militares ejerciendo oficios, labores ciudadanas. Ellos están cada vez más centrados en sus espacios y son vistos como seres de segunda categoría. Sólo necesarios para ejercer la fuerza bruta que ahora se disfraza con la tecnología y la robótica. Ellos son muestra de una antigua vida donde el maltrato al semejante era manera de ser cotidiana y por tanto, daba sensación de seguridad. Ahora la seguridad está en la razón, la verdad compartida y la palabra ejercida con serenidad y en paz.
(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

jueves, abril 28, 2011

MicroRelato


El doble

Finalmente descubrí quién era mi enemigo. Me vi al espejo y lo maté.

MicroRelato


Sobran las palabras

-Pero tu silencio me ha estremecido de murmullos la memoria, le confesó lacónicamente. Después supo que era muda.

MicroRelato


Zona de tolerancia

-Siga derecho, a media cuadra doble a la izquierda, después otra vez a la izquierda y al final, justo al lado del zanjón, un poquito más a la izquierda, está el palacio de gobierno.

MicroRelato


Panadería La Marquesa

La mujer que desayuna mira de reojo las piernas a la chica de la minifalda. Ella las abre y la mujer saborea. Lame. Penetra su húmeda lengua en el espumoso capuccino.

MicroRelato


De repente

-El caso es que no hubo tiempo. Todo sucedió tan rápido. No me lo esperaba. Fue tan, pero tan ardiente que olvidé todo detalle. Sólo recuerdo el intenso olor a Chanel n.5.

MicroRelato


Fin de mundo

-Mi dios, de tener sexo, sería femenina. Dijo con apacible voz. Al amanecer las iglesias, mezquitas, templos y sinagogas se habían resquebrajado. Todos los fieles fueron liberados.

miércoles, abril 27, 2011

Plitvice


acaso he soñado contigo
mientras mi alma detiene su vuelo
en el parque plitvice
y brota la flor en su desamparo
y el pulviscolo asoma y moja el rostro
mientras el sol traspasa el rocío
y la salamandra humedecida
detiene su andar sobre una hoja

acaso he pensado en ti
mientras desando y miro las huellas
sobre los estrechos puentes de madera
que recorren la extensión acuosa del parque

dónde siempre dónde
ir sobre el borde del agua
verte en el umbral de la cueva allá
en lo alto en lo más nunca
continuar el parque lo otoñal
la caída de hojas su amarillez
subir mientras la soledad eslava
oculta el diálogo
bajar traer las manos de aquellos
que siempre he amado
apretujarte el rostro el hombro
fluye el agua y el suave viento croato
mece ramas mariposas pájaros

acaso he sentido tu voz
tu labio
la humedad de tu cuerpo
plitvice tiene largos corredores de agua
líquenes manantiales cascadas
la quietud inmensa de un bosque

(Trieste-Puerto Ordaz, 1980-1984)

sábado, abril 16, 2011

Warao witu



La primera vez que tuve conocimiento de la cultura warao fue en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela. Habíamos generado un cambio curricular y logrado introducir algunas modificaciones, como la inclusión de los estudios sobre lengua y literaturas indígenas venezolanas. Nuestro primer acercamiento fue con los grupos étnicos Wüayú, en la Goajira venezolana. Después fuimos al Delta del Amacuro para conocer la realidad cultural de esta otra etnia. Practicamos el idioma warao en la zona de Pedernales mientras remontábamos el caño Manamo. Los warao witu o verdaderos waraos fueron nuestros compañeros y orientadores para iniciarnos en el conocimiento de esa ancestral cultura. Hubo una hermosa integración con esas comunidades y nosotros, bisoños estudiantes y enamorados de nuestra realidad cultural, habíamos logrado interesar al claustro académico sobre la importancia de esta realidad cultural tan olvidada y mal comprendida, para aquellos tiempos. Era la década de los años ’70, cuando la llamada Renovación universitaria aún se vivía en nuestra escuela. Agrupados en un Frente en Defensa de las Culturas Indígenas, teníamos nuestros mentores teóricos: Miguel Acosta Saignes, los hermanos Jorge y Esteban Emilio Mosonyi, entre un nutrido grupo de otros amigos quienes aportaban sus experiencias sobre una realidad, la indígena, sólo abordada como objeto de estudio para museos e investigación antropológica.
Para esos años las diferentes comunidades indígenas en Venezuela estaban en un olvido total. Sólo los frailes capuchinos, como misioneros y herederos de los aventureros del siglo XVI, asumían su labor que era digna de respeto, aunque vista por nosotros con cierto recelo en cuanto a la recolección de las fuentes de la tradición oral: poesía, fábula y cuento. Casi todas reescritas y pasadas por el tamiz de la visión religiosa cristiana que suponía una censura de su cosmovisión.
Ahora cuando leo en la prensa sobre la muerte de seis niños de la cultura warao en el basurero de Cambalache, en Puerto Ordaz, me vienen a la mente las imágenes de esos seres que aún, después de casi cuarenta años de aquellos encuentros, siguen padeciendo el rechazo de una sociedad y unos gobiernos que nada le han solucionado, salvo la incorporación de un cuerpo de leyes, donde se les reconoce y da existencia y protección, pero sólo de manera teórica.
La muerte de esos niños por desnutrición, enfermedades respiratorias, disentería, entre otras afecciones propias de una interacción en un medioambiente notoriamente insalubre, como el botadero de basura de la ciudad, es prueba fehaciente de la inmoralidad de un gobierno y una sociedad que siguen discriminando a parte de su población, la más desvalida y desprotegida. Más allá de los estratos socioalimentarios, económicos y educativos en que se ha clasificado la sociedad moderna, los llamados estratos A, B, C, D y E… están las comunidades indígenas. No tienen clasificación alguna. Son los más pobres dentro de los pobres y miserables de este país. Además, al salir de sus sitios de origen para mejorar su calidad de vida, intentan integrarse a la sociedad pero son rechazados. Conclusión: terminan sintiéndose de ninguna parte y pierden su identidad cultural. Esto es lo más terrible que pueda sucederle a un ser humano.
La muerte de estos niños por hambre muestra el rostro dantesco y terrible del drama nacional de un gobierno que no atiende y menos protege a sus ciudadanos. Con esto, se demuestra que existe una fea, hipócrita, desleal y cínica clasificación de ciudadanos de primera, segunda y más categorías. Los indígenas están más allá. Son vistos con desprecio o con lástima por parte de sus mismos hermanos venezolanos. Son objeto de burla o desagrado. En los hospitales nadie les atiende o cuando lo hacen, no les entienden porque no conocen su idioma. La ignorancia ha llevado, por una parte, a dejarlos como depósitos humanos en espacios tan despreciables como el basurero de la ciudad de Puerto Ordaz, o se los devuelve a sus espacios naturales y ancestrales, donde no hay absolutamente nada para que puedan sobrevivir. Los montan en autobuses y los abandonan en lugares apartados, porque para esos políticos de turno, “afean las avenidas, calles, plazas y otros sitios de esparcimiento”.
No ser indiferente ante este drama es muestra de una consciencia social y justo es denunciar y generar una actitud proactiva para permitir que estos venezolanos sean atendidos con dignidad y se les respete y garantice su integridad física y espiritual como seres humanos.
(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

jueves, abril 14, 2011

La clase media va al paraíso


De Luis Buñuel recuerdo sus películas donde el sarcasmo entre claroscuros e imágenes en cámara lenta, movían a personajes fastidiados que holgazaneaban mientras transcurrían sus hastiadas vidas de pequeños seres que lo tenían casi todo, menos la gracia para vivir. Desgraciados personajes de una clase media aburrida, abúlica y de anorexias intelectuales parece ser la nuestra que vive en la inopia de una existencia al borde de los días. Fracasados y holgazanes personajes que se quejan hasta del peso de sus sombras.
La nuestra ha sido una clase media signada por la vanidad, la grosera apariencia de creerse dueña de un país fragmentado y cuya extensión psicológica e intelectual no va más allá de las rutas turísticas trazadas por los mapas de Miro Popip o Valentina Quintero.
Una clase media con personajes maleducados e increíblemente analfabetas funcionales para la política. Malcriados y despreciativos, furibundos defensores de un territorio que no sube cerros ni llega a las zonas urbanas. Esta ha sido nuestra santa clase media venezolana.
Agrupada entre perfumes y cantos, ligera de pensamientos y proclive a la debilidad de la carne y del bolsillo. Su doble moral oscila políticamente entre una iglesia católica, apostólica y romana quebradiza, y de tiempos para acá pedófila, con villancicos incluidos, y una actividad social que confundió al Estado con el gobierno y partidos políticos, para transformarlo en agencia de gestores.
La clase media de pensamiento decadente e insoportablemente altanera. Seres egoístas y de formación secular mantuana. Deseosos de parecer europeos, españoles o franceses, con Antonio Guzmán Blanco a la cabeza, para luego cobijarse al amparo mayamero, con Betancourt y acólitos. Ahora continúan bajo el amparo de una protección un poco más latina, cubana azucarada y habanera, con un desclasado Hugo Chávez, formado en el más puro ambiente reaccionario de la derecha nacional: cuarteles y cantinas.
El ser de clase media en Venezuela es de pensamiento pequeñoburgués y absolutamente ignorante de su entorno intelectual. Él es un claro representante de una clase media que holgazaneó durante años al amparo del Estado. Su pensamiento cotidiano, del día a día, es del torturador de la vida: abusivo, irrespetuoso, ortodoxo, intolerante y supersticioso. Por eso afirmamos que la figura de este presidente representa la imagen de cientos, miles, millones de venezolanos, hombres y mujeres, tanto del oficialismo como de la oposición, quienes desprecian esa imagen que saben que llevan dentro. Es una actitud, una manera de ser que se alojó en la cultura nacional desde hace años, quizá siglos y que sólo un proceso educativo profundamente pedagógico y continuo, podrá superarlo.

camilodeasis@juanguerrero.com.ve twitter@camilodeasis

viernes, abril 08, 2011

País de eslóganes


Esto de los lemas o consignas como carta de presentación de la vida política es una práctica que cada vez resume lo que es nuestra sociedad venezolana: un enrevesado catálogo de malos gustos y peores desempeños.
De los tantos eslóganes que recuerdo uno de ellos, particularmente, me parece de lo más obsceno y racista. Era la campaña de Rafael Caldera, aparecía en grandes afiches la imagen de un niño negro, pobre, mal alimentado y todo harapiento. Debajo de la foto se leía: ¨Por mí, vota verde¨. Ya en esos años se usaba la imagen de la pobreza vinculada con la práctica política para ganar votos. Después recuerdo cuando el candidato de la izquierda, José Vicente Rangel usó su parecido físico con el beato José Gregorio Hernández, con traje negro y de corte ¨prêt-à-porter¨ (listo para llevar) para atraer a la ortodoxia derechista y curera. Después se inició el ciclo con los candidatos y su vinculación con los animales, como El tigre Eduardo Fernández, o El gato Briceño, actual gobernador del estado Monagas, o aquel zamurito del sur de Guayana. Lo cierto es que cada ministerio, cada gobernación, cada alcaldía y cada institución del Estado venezolano se le conoce por un lema o consigna.
Es tan obscena y ridícula esta práctica, que toda, absolutamente toda construcción de infraestructura, sea desde una simple cancha de bolas criollas, en la época del presidente Luis Herrera Campíns, hasta las escasas edificaciones de este gobierno, pasan por la colocación de un eslogan, que, como estribillo de una mala canción, se intenta que se quede grabada en la mente de quien la lee. Sobra decir que a la entrada de cada estado de este país, existe una valla, un cartel, un pedazo de trapo, con la consigna que identifica la gestión del mandatario regional.
Los vehículos oficiales, las sedes de las instituciones y hasta en las identificaciones que usan los funcionarios en las oficinas públicas, tienen la consigna que supuestamente otorga, como por arte de magia, la capacitación gerencial al individuo.
Pareciera que los lemas o consignas son una especie de talismán, de escapulario, de sagrada protección contra malos augurios. El acto de mayor esfuerzo e intensidad intelectual que un mandatario puede generar, cuando se instala en su nuevo cargo, es escribir su lema o consigna…y cambiar el mobiliario de la oficina que debe usar. Del resto, usted puede corroborar cómo pasan los días, las semanas, meses y años escuchando y leyendo por todo su ámbito geográfico, la sagrada escritura de su consigna que se lee y escucha permanentemente.
No creo que a los políticos de este país se les pueda pedir más de lo que pueden dar, más allá de generar una consigna o lema. Los hay vinculados con las realidades de la ingeniería cibernética, como sinónimo de actualización y progreso o aquellos vinculados a la gerencia.
El uso de los eslóganes otorga a los políticos que asumen posiciones en el gobierno del Estado venezolano, una especie de capacidad ¨virtual¨ según la cual, por el sólo hecho de mencionar determinadas palabras (pueblo, revolución, progreso, gerencia, dignidad, capacidad, integridad, etcétera) les asiste, no tanto la razón, como el poder de solucionar los problemas de los ciudadanos y sus comunidades. Triste engaño para esos políticos que creen tener la solución en palabras.
(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

sábado, abril 02, 2011

Misoginia


Lo que llamamos historia no es más que la narración que quiere
relatar el patriarcado, y la misoginia es su ideología, un sistema de
creencias e ideas cuyo propósito consiste en explicar el dominio del
hombre sobre la mujer
. Jack Holland. Misoginia



He leído por estos días un excelente libro, Historia de la Misoginia, del periodista y escritor escocés, Jack Holland. Un documento extraordinario sobre la maldad del hombre ejercida sobre la mujer desde hace miles de años. Quizá sea esta anomalía la mayor afrenta del hombre contra su par semejante.
No existen datos sobre en qué momento ni lugar se originó la misoginia, esa aversión y odio del hombre sobre la mujer. Posiblemente sea en el Medio Oriente donde se desarrolla con mayor claridad esta patología mental y en las religiones monoteístas, como el judaísmo y luego el cristianismo e islamismo.
Los griegos establecieron los primeros principios filosóficos a partir de los postulados de Platón y Aristóteles, padres de la misoginia. Principios soportados en viejas creencias que llevan hasta los más antiguos mitos y leyendas, donde la mujer es vista como el engendro del mal. Unas veces identificada con diosas y ninfas, en otras como mortal seductora, pero siempre vista por el hombre con temor, celos, envidia y resentimiento. Filósofos, como Demócrito, afirmaron que la mujer no debía desarrollar su razón puesto que eso llevaría al fin de la sociedad. Por su parte, Aristóteles, cuyo pensamiento y lógica bivalente sigue vigente, indicaba que el papel de la mujer en la gestación era solamente nutricio y que más allá de ello, nada bueno aportaba en la formación del niño.
La filosofía y la ciencia han sido desarrolladas bajo una visión misógina donde la mujer no tiene mayor participación en los principios sobre los cuales se edificó la cultura de la humanidad. En absolutamente todos los rincones del mundo las sociedades han sido establecidas sin la participación de la mujer. Su desempeño ha sido de adorno, como objeto sexual o en otras, diosa o virgen asexuada, como el caso de la virgen María, en el catolicismo.
El desfile de nombres famosos en la historia del pensamiento misógino es bastante extenso y asombra encontrar personajes, como Zeus-Deus-Dios, Sócrates, Platón, Aristóteles, Aníbal, Séneca, san Pablo, Tertuliano, san Agustín, el papa Inocencio III, Tomás de Aquino, el rey Jacobo I, Jean-Jacques Rousseau, Charles Darwin, Kant, Schopenhauer, Marx, Nietzsche, Napoleón, Lenin, Hitler, Stalin, Mao, Freud, Joseph Mengele, Kim II-Sung, Roosevelt, el papa Pío IX, George W. Bush, el ayatola Jomeini, entre un largo etcétera que genera pena ajena y sentimiento de vergüenza como hombre ante las vejaciones a que ha sido sometida durante siglos la mujer. Con mencionar apenas una institución, como la santa Inquisición es más que suficiente para indicar que allí se realizaron los actos más criminales y sádicos contra la mujer y su dignidad.
La modernidad ha ocultado un tanto esta aversión y violencia física del hombre contra la mujer. Sin embargo, la misoginia en los actuales tiempos no ha sido del todo erradicada. Se disfraza y ha mutado hasta aparecer como gentil muestra de belleza en mujeres que son sometidas a dietas estrictas para aparecer como muestra de la belleza moderna. De tan rígidas tendencias, los cuerpos femeninos aparecen casi asexuados y quebradizos. Detrás de ello giran los hombres insatisfechos y terriblemente temerosos ante el avance de la inteligencia y la naturaleza femenina. También parte de una seudo psicología, junto con nuevos dogmas religiosos, llaman al adecentamiento de la mujer. A vivir bajo el temor de dios y del hombre. En otras, el lenguaje agresivo del tradicional macho se ha tornado más selectivo y se adorna con mensajes de una sobre valoración de los atributos físicos de la mujer más que en sus capacidades intelectuales. Se observa cuando el hombre en cualquier evento debe presentar a una profesional. No destaca sus rasgos académicos sino que se centra en sus rasgos físicos, como muestra de una galantería trasnochada y desubicada.
En nuestro país también se aprecia la presencia de la misoginia, tanto en la estructura de la familia como en el gobierno del Estado. Y no se diga que existen mujeres ministras y que la misma Constitución coloca al hombre y la mujer en igualdad de derechos y deberes. Me atrevo a afirmar que el gobierno actual en nuestro país tiene un perfil netamente misógino. Los rasgos de ello se pueden verificar en las tendencias que se están manifestando sobre la estructura educativa donde la obediencia y subordinación al Estado patriarcal cada día son más evidentes.
Triste destino el nuestro, seguir padeciendo de esta anomalía mental en pleno siglo XXI, con hombres e instituciones creadas para seguir sojuzgando y maltratando a la otra mitad de la humanidad.

sábado, marzo 26, 2011

La venus hotentote


Por estos días he visto la puesta en escena, en una combinación de técnicas dancísticas, de la dramática historia sobre la tristemente célebre Venus Hotentote o la vida de Saara Baartman. La compañía de danza Difé Kako, con sede en París, presentó esta semana en los espacios de la Fundación Juan Carmona del diario El Impulso de Barquisimeto, el espectáculo Te Llamamos Venus, con el auspicio de la embajada de Francia y de la Alianza francesa.
La de Baartman es la vida de una joven sudafricana de la étnia khoikhoi (hombres de los hombres), humillada por la sociedad europea de inicios del siglo XIX al haber sido dotada por la naturaleza con un prominente culo (esteatopigia) lo mismo que una gran vulva con amplios labios. Rasgos característicos en algunas mujeres negras africanas y caribeñas. Hacia mediados de 1810 fue traída bajo engaño por un médico inglés a Londres donde fue objeto de estudios médicos y antropológicos. Posteriormente, cuando ya no generó mayor interés científico, fue exhibida desnuda dentro de una jaula como un animal salvaje. Siendo objeto de burla y mofa, con el mote de Hotentote (tartamudo) término despectivo usado por los holandeses para humillar a las culturas de África del Sur por su característica del chasquido en el habla de esta lengua. Saara Baartman permaneció en Londres hasta mediados de 1814 cuando fue vendida a un empresario circense francés quien la llevó a París para presentarla en los espectáculos como una atracción animal al tiempo que era examinada por científicos, como el médico Georges Cuvier, padre de la anatomía comparada. Su prominente culo al igual que su vulva abultada, junto con su piel color miel terminaron por ser objeto de fascinación y deseo sexual. Hacia mediados de 1815, ya olvidada y abandonada, Baartman murió posiblemente de hambre en un intenso invierno. Su cerebro y esqueleto fueron mostrados en el Museo del Hombre de París, hasta mediados de los años ’70, cuando fueron retirados y dejados en los depósitos. Finalmente en 2004 el presidente Nelson Mandela solicitó al gobierno francés la repatriación de los restos de Baartman para ser enterrados en su tierra natal.
La historia de esta mujer es representada por Chantal Loïal, directora y coreógrafa de la compañía de danza Difé Kako, con textos de Marc Verhaverbeke. El solo de actuación que representa Loïal muestran la versatilidad y plasticidad en los movimientos de un cuerpo que va contando la historia de este ser humano, quien es humillado hasta la saciedad y que encuentra en el acto dancístico una expresión verdaderamente artística, más allá del contenido temático que tanto horror nos causa.
Sencilla es la escenografía así como la muestra coreográfica. La escena inicia desde la oscuridad y en ella se mantiene hasta el final con la presencia de esta excelente representante de la danza moderna, quien protagoniza todo el torbellino del drama corporal que artísticamente es resuelto en una combinación de movimientos donde el cuerpo expresa la violencia a la que es sometida esta mujer. Expresiones guturales que hablan desde el fondo del cuerpo, como voz primaria que aúlla sufrimiento y humillación, combinado con declamación de partes de poemas dedicados a esta mujer.
Habría que agregar el acompañamiento musical en dos momentos. El inicio, mientras el cuerpo apenas está reposado, con música clásica, como muestra de los primeros momentos cuando es encontrada y vive como esclava de unos granjeros holandeses en su país natal. Posteriormente, cuando es traída y maltratada en Londres y París, la música se convierte en registro de voces que acompañan el cuerpo en movimientos y giros más ágiles, quizá agresivos, junto con cantos tribales y de voces que acompañan los restos de una calavera que quedó y fue mostrada en uno de los museos más prestigiosos de la antropología mundial, el Museo del Hombre de París. Triste historia y agravio a la dignidad de la mujer, por una sociedad de hombres misóginos que una vez más muestran su corrosiva idea de seudo inteligencia y superioridad.
(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

viernes, marzo 18, 2011

Lo que va a pasar pasará


Por estos tiempos escuchamos y leemos, casi como un estribillo, expresiones construidas por personajes tardíamente angelicales. Exbeodos, exfumadores, exmaridos, extimadores, exconvictos, “ex-cétera”. Pero lo más interesante es ver a otros, quienes repiten semejantes expresiones sin mayor rubor ni preocupación sobre la lógica de ellas. Hay una de esas expresiones particularmente risible y jocosa; cuando hablas con algún neoespiritualista y creído elegido por el Altísimo, le mencionas que intentarás acceder a un nuevo amor o que tendrás suerte en alguna transacción, de manera solemne te sentencia: “Es que el universo conspira para que lo obtengas”. Y para rematar, te dice tajantemente: “Con Dios todo sin Dios nada”. Los motivos profundos de estas y otras frases preconstruidas se han constituido en comodines de las conversaciones en los últimos tiempos y se observan en los círculos académicos, como ornamento a una pedagogía matizada por un barniz de tecnicismo, donde la denominada inteligencia emocional cede su puesto a la ahora llamada “Inteligencia Espiritual”. Sabiondos especialistas en principios espirituales se han hecho doctos en semejantes temas e introducen sus inicios de conversaciones con sentencias, tan oscuras y rocamboleras, que generan hilaridad: “Lo que sucede conviene”, “Lo mejor es lo que pasa”, “El tiempo de Dios es perfecto”. Pero no tanto estas frases prefabricadas son del todo descabelladas y sin sentido, lo más curioso y lamentable es el sustento intelectual donde se aferran estos discípulos de Paulo Coelho, Mayte y demás predicadores del espiritualismo light: libros tales, como Quién se comió mi queso, Chocolate caliente para el alma, Dios viene en una Hardley, El hombre de la armadura oxidada, El Horóscopo de Adriana A, entre un mar de libros editados como chorizos por las casas de publicaciones que saben cómo alimentar el interés y miedo de los desprevenidos creyentes. Además, los fieles oficiales de las instituciones religiosas tradicionales, como los católicos, los musulmanes, los shick, los diferentes ghettos de evangélicos, judíos, budistas, cienciólogos, han adecuado sus ya destartalados argumentos celestiales para hacerse de esta ingente multitud de neocreyentes.
Pero qué es lo que atrae a estas débiles expresiones y libros de ligeras lecturas. En todas las épocas de incertidumbre socioeconómica, de ajustes políticos, incluso de movimientos geológicos por cambios en la geografía de algunas partes del planeta, las personas entran en crisis. Los antiguos paradigmas, las viejas ideas, las fosilizadas leyes y normas y sobre manera, las inquebrantables creencias sobre la divinidad, al verse enfrentadas con la razón de la lógica humana, pues deben fijar su atención en algo aún más poderoso y sobrenatural para lograr que los seres humanos se vuelvan a atar con ideas y creencias particularmente atractivas y continuar en este eterno devenir que es el fluir constante de la vida. Miedo y temor; ese es y ha sido el artilugio de quienes secularmente han detentando el Poder: sacerdotes y militares. Y contra esta insanía se debe educar a las nuevas generaciones. Para erradicar el mal principal de este mundo: la ignorancia envuelta en superstición, ortodoxia y misoginia.
Lo curioso es que en este grupo de débiles intelectuales se encuentran docentes universitarios quienes, con mitad del cerebro instalado en una fe insustancial, achacosa, pervertida y desfasada de la realidad, buscan conciliarse con su otro medio cerebro donde hay una lógica que les impide hacerse de un pensamiento sano y comprensible para lograr al menos, entender la lectura del pensamiento científico moderno.
El mundo no se va a acabar, tampoco la humanidad. Dios no vendrá en una motocicleta a salvarnos de esta hecatombe que nosotros mismos hemos permitido. La divinidad, de existir, es una razón mayor instalada en el cerebro de cada quien. Y en el cerebro no existe pecado alguno sino responsabilidad, individual y colectiva. Y de tener semejante órgano en óptimo funcionamiento, debemos comprender que ese tal Dios no tiene necesariamente que ver con religión alguna. Las religiones son instrumentos de sometimiento y sojuzgamiento que pervierten la libertad humana. La idea de la divinidad es una realidad-virtual de proyección humana, antropomórfica, donde todos coincidimos para que expíe nuestros pecadillos y demás hierbas. Entonces, como este envejecido Zeus-Deus-Dios, que ya tiene poco más de dos mil años de funcionamiento, está llegando al llegadero, pues no nos queda de otra sino reconstruirlo, con celular y demás, y presentarlo en pildoritas, como estas expresiones de las cuales comentamos.
(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

domingo, marzo 13, 2011

La felicidad posible


La corrupción política rara vez se inicia desde el pueblo.
Luis Castro Leiva. Sed Buenos Ciudadanos.
Es evidente que aún y a pesar de las dramáticas experiencias que en la actualidad vive la sociedad venezolana en su conjunto, no es menos cierto el cambio actitudinal de su población en todos los campos donde ella se desenvuelve. Por ello descreo de los cientos de opinólogos agoreros que por los medios de comunicación, permanentemente indican lo inevitable de nuestro desgraciado destino, como consecuencia de la incapacidad como ciudadanos para lograr niveles de desarrollo óptimos.
Independientemente de las torpezas y desmanes que ejerce la administración actual del gobierno del Estado en muchas áreas, pues también es notoria la incapacidad y sentido retrógrado de quienes le adversan. Al medio de esas dos aceras se encuentran millones de ciudadanos que continuamos construyendo, a contracorriente, nuestro destino individual y colectivo, con perseverancia, reflexión crítica, más allá de una trivial confrontación sobre si A es mejor que B o B resulta más honrado que A. Los venezolanos comunes y corrientes somos superiores a estas y tantas otras adversidades que se nos presenten. Desde hace siglos venimos construyendo una cultura como comunidad organizada. Si se revisa la historia se notará que han sido los líderes militares, políticos, junto con un minúsculo grupo moralmente corrupto, quienes han detenido el avance de las comunidades organizadas, desmantelando formas novedosas de desarrollo integrales, locales, municipales y regionales.
Las comunidades sanas y sus líderes resaltan siempre las ganancias, las visiones positivas y dejan a un lado tanta alharaca negativa de quienes se dan a la tarea de destruir los valores de la tradición, de la cultura nacional, bajo argumentos maniqueístas del fin de nuestra sociedad.
La situación social, política, económica será superada como ha ocurrido en todas las sociedades que se han propuesto, de manera organizada, superar la mentalidad marginal de sus gobernantes.
Esto lo recordaremos como una experiencia significativa, de aprendizaje en la construcción colectiva de una ciudadanía que debe aprender a convivir y compartir desde la diferencia, aprender a vernos como seres humanos que podemos y debemos ser reflexivos, críticos, participativos y en todo momento defensores de nuestra cultura y tradición como nación.
En estos tiempos de tensión y ansiedad es indispensable creer en nosotros. Nadie vendrá en nuestra ayuda real, más allá de elegantes declaraciones de personalidades e instituciones extranjeras. Ahora es el momento de asumir nosotros mismos nuestro destino compartido. Y en ello es evidente que habrá desaciertos. Muchos. Habrá disgusto y rechazo. Pero ya es imposible volver atrás. Los años pasados ya se vivieron. Ahora tenemos que continuar juntos, nos guste o no. Tendremos que vernos las caras y aprender a soportarnos. Pasaremos de las injurias a encontrar líneas comunes para compartir. Eso ya lo aprendieron las comunidades hace tiempo. Ahora les toca aprender a los líderes políticos.
Estas contradicciones las estamos superando en tiempos de relativa paz, pero paz al fin y al cabo. Otros países, como los europeos, debieron experimentar dos guerras sangrientas hace relativamente pocos años. Estados Unidos de Norteamérica vivió su propia guerra civil sanguinaria para aprender a convivir y hasta mediados del siglo pasado tenían a parte de su población, los negros, segregados. Nosotros estamos viviendo nuestra propia realidad, que en parte es sangrienta, como lo muestran las estadísticas de la violencia e inseguridad. Esta situación, esta problemática sólo la entendemos nosotros y nosotros debemos darle solución. Es nuestro deber como ciudadanos. Tengo confianza y seguridad en nosotros. En nuestra capacidad para crear y construir una sociedad que tenga nuestro propio rostro. Que no sea ni cubana ni norteamericana. Que hable y se exprese en español venezolano. No hay escapatoria: estamos destinados, a pesar de esta hora gris y terrible, a ver nacer una nación, una república donde impere la educación como piedra angular del progreso social. Una república donde impere la calidad del trabajo digno y la rectitud de la moral ciudadana.
(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

viernes, marzo 04, 2011

La tía Ambrosia y el limosnero


Mi fisoterapéuta es de esas personas que tienen un don para contar historias. Mientras me da masajes en la espalda me cuenta sobre su pueblo, Uracoa, una especie de Macondo venezolano, perdido en las extensas sabanas del estado Monagas. Me dice que es tan solo y perdido que la única funeraria que había quebró por falta de muertos. Sólo pudieron velar a un colombiano que apareció en media calle, y eso porque no tenía deudos y el dueño se apiadó del difunto.
-Pasan cosas raras allí, me dice ella mientras enreda sus consonantes a lo oriental y deja salir una estridente risita que sacude mis tímpanos. –Figúrese que la otra vez mi tía Ambrosia iba para la misa de la mañana y cuando estaba por entrar se le apareció un limosnero y ella de inocente le entregó un billete. De ahí no supo más de ella hasta que se vio otra vez en la sala de la casa cerrando la cartera. Al rato llegó Ernestina, la sobrina, preguntando que y que para qué había mandado a buscar los zarcillos de oro de la abuela Cleta. –Pero mujer, yo no me acuerdo. –Sí, tía, usted me los mandó pedir. Fueron a ver al cuarto y todo estaba tirado en el piso. El escaparate de caoba tenía las gavetas afuera. Medias de nylon, sostenes, los interiores del viejo Oliverio. Todo estaba regado por el suelo. –Ay, santo dios. Virgen del Valle. Qué pasó aquí. De repente a la tía Ambrosia le comenzaron unos dolores. Medicatura, exámenes y de después el diagnóstico: -A esta doñita le dieron burundanga. Ay, madrecita mía, dijo Oliverio. Y qué es eso, doctor. No quedó nada de valor en la casa. Hasta el pote de leche Klim, donde guardaban las lochas y morocotas, estaba vacío.
Ciertamente dijeron todos. –Eso le pasó a la tía Ambrosia por creer que a los limosneros hay que darles dinero para que no se mueran de hambre.
Esta última frase es posiblemente una de las sentencias de muerte que tiene atrapada a la sociedad venezolana en un limbo de una seudo moral, que hace imposible construir una sociedad de ciudadanos responsablemente aptos para asumir tareas de desarrollo integrales en nuestro país.
Recuerdo un escrito sobre un estudio que hace poco tiempo recibí por correo electrónico donde un estudiante de ingeniería de una universidad venezolana, planteaba, con datos estadísticos en mano, cuánto obtenía una persona que en un semáforo, se dedicaba a pedir limosna.
El cuento es que promediando el tiempo que un semáforo tarda en cambiar de luz roja a verde, se hacen 30 segundos e igual tiempo para volver a roja. Total, son 60 segundos. Por cada minuto que transcurre en rojo, el limosnero tiene 30 segundos para “pasar raqueta” a los automovilistas, percibiendo un mínimo de 1,00 BsF. En 1 hora de “trabajo” el limosnero recauda 120 BsF (60min.xBsF.2). Esto, restando los domingos como descanso, da un apróximado de 24.000 BsF. al mes. Sin embargo, pensemos que el señor limosnero ha tenido contratiempos, como que se quedó dormido por la resaca del sábado por la noche, y que eso le lleva a recaudar la mitad, 12.000 BsF. Pero si algún buen samaritano le da en esos segundos, mientras la luz está en rojo, 5 BsF. ya podrá descansar debajo de una mata de mango por los 9 próximos cambios de luces. Y lo mejor: no tiene jefe que le reclame, le amoneste con un memorando ni lo ponga a la orden de Recursos Humanos.
El señor limosnero no ha tenido por qué tener que ponerse a trabajar como Dios y las normas de toda sociedad normal del mundo lo exigen. No sabe de trabajar horas extras, ni tampoco esperar los famosos cestaticket para complementar el sueldo.
Pero lo mejor es lo que la realidad le dijo al joven que hizo el estudio: En una entrevista a una limosnera, cuando le preguntó cuánto recaudaba al día, como promedio, ella contestó que entre 40-45.000 BsF. hacía en los días más “flojos”.
Quizá la tía Ambrosia ya no tenga por qué preocuparse más por los antisociales disfrazados de limosneros. Con estirar la mano y pedir, para ellos ahora es suficiente.
Cierto, esa es la palabra mágica a la que se debe atender: la flojera de una dirigencia política que le ha metido en la cabeza al resto de los venezolanos, haciéndoles creer falsamente que este es un país rico, donde no hay que hacer mucho esfuerzo para salir adelante. Mosca, pues: sólo se sale adelante con estudio, con sacrificio, con constancia y con el trabajo digno que hace de todo ser humano una garantía como el bien más preciado de toda sociedad: ser ciudadanos.
(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

sábado, febrero 26, 2011

Un cadáver insepulto



Esto de los asombros es un cuento de nunca acabar en nuestro país. Todos los días hay algo nuevo, curioso y novedoso. Por estos días ando de terapia en terapia. La fisioterapeuta, toda ella hacendosa y solícita, pero con una voz aguda y parlanchina, me cuenta de una pareja que debió atender por problemas de estrés. Él, un alemán cautivado por el desorden criollo y ella, venezolana hastiada de tanto problema y deseosa de irse a Alemania por ser país de orden.
-Pero fíjese licenciada, dirigiéndose a la terapeuta. Cómo me voy a ir de este país si aquí llevo más de treinta años y todos los días sucede algo nuevo. Aquí hay bulla, gente que habla por las calles. Aquí todo el mundo es pana del otro, aunque después te roben. Aquí la gente se saluda por las calles. Hay huecos en las calles. La gente anda todo el día quejándose de todo y por todo. Los vecinos se entrometen en tu vida. Pero la esposa está decidida a irse porque no quiere seguir sufriendo. Y el alemán que riposta: -Allá en Alemania la gente está gorda, atomatada de comer tanta salchicha, pero silenciosa y tristona, y ni te miran a los ojos cuando pasan a tu lado. Aquí la gente está famélica pero alegre. Sufre, tiene deudas, se le esconde al turco para no pagarle, pero de cualquier cosa saca un pretexto para bailar y cantar. Aquí uno puede trasgredir el orden y no te meten a la cárcel. No, no y no. Nunca me iré de este paradójico país. Sentencia el alemán. Quien se aburra en este país está loco. Y esto es cierto. Tan cierto, que por estos días un juez –ya fuera de nuestras fronteras, se le ocurrió dictar una medida judicial por reparto de bienes que dejó congelado hasta al mismísimo ex presidente venezolano Carlos Andrés Pérez. El hombre de los grandes saltos de charcos quedó metido en un congelador hasta que se dilucide un pleito por herencia.
Quién iba a pensar que un poderoso político iba a terminar cuasi olvidado y metido en un congelador. Y además, metido en un pleito doméstico de faldas, como fue parte de su vida y de casi todos los políticos. Una de sus mujeres lo quiere enterrar adentro mientras la otra lo quiere afuera…del país, o sea.
Pobre hombre. Envuelto en un absurdo. Y estas extrañas cosas siempre han formado parte de la mágica vida venezolana. Fue cuando truhán disfrazado de jeque se alojó en un conocido hotel capitalino, mientras unos secuaces, vestidos de árabes, le colocaron a su lado, entre alfombras persas, finos cojines de seda y pedrería de damasco, unos grandes tarros de mayonesa forrados de terciopelo rojo, donde él metía la mano para extraer pedazos de pepitas de oro, de pequeño valor, piedras brillantes de Guayana, de esas llamadas casi casi, que obsequiaba a unos ingenuos industriales, empresarios y demás acomodados hombres de negocios de la Venezuela saudita. Al final, todos fueron estafados por cuatro o cinco antisociales, que se llevaron la plata y fueron a parar a Miami, con escala en los burdeles de Catia. No pasó nada. Ninguno de los afectados se le ocurrió hacer denuncia alguna por pena de ser tomados por ingenuos.
Y eso es lo que en la generalidad de los casos han sido nuestros grandes dirigentes de este país; unos improvisados ingenuos. Unas veces representando a tío tigre, otras como tío conejo…pero siempre con la ingenuidad por delante. Una ingenuidad delicada y peligrosa porque en ello va la vida y seguridad de toda una sociedad que va a la ruina y al descalabro, mientras se ríe sin darse cuenta del daño que se está haciendo a sí misma y al semejante.

(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

viernes, febrero 18, 2011

Los girasoles se oscurecen


Cierta vez fui invitado a casa de una familia italiana tradicional en el pueblo donde vivía, Perugia. Entre comentarios sobre mi vestimenta y mi acento de un extraño italiano, observé al centro de la mesa una bandeja llena con flores de girasol. Muy amablemente me sirvieron varias de ellas y mientras eso ocurría, iba sintiendo en mi paladar el exótico sabor de esa flor en mi boca. Discretamente indagué sobre el uso de esa flor y me explicaron que se utilizaba de manera común entre los campesinos para múltiples usos: desde comer semillas de la flor para las mujeres que deseaban quedar preñadas, como antirreumático, contra los dolores musculares e inflamación de articulaciones, hasta las afecciones nerviosas y dolores de cabeza. -Todo eso y más puede darnos el girasol. Me dijo en un alegre italiano, Francesca, la hija mayor de la nonna. Giró el rostro y señaló al jardín para mostrarme sus altos y amarillos girasoles que miraban al astro rey en un mediodía de verano. –Pero también el girasol es flor de misterios, me susurró al oído la anciana y maternal abuela. Lo demás han sido vivencias de una flor que comí y se quedó en mi carne y mi sangre y que guardo celosamente en mi memoria como talismán para ilumina mis noches.
La anciana abuela me inició en los misterios esotéricos de esa y otras flores y plantas. –Todo buen jardinero debe tener un lindo girasol en su patio, dijo mientras me pidió que bendijera los alimentos. El girasol es guía en los sueños para alcanzar lo anhelado, para iluminar el conocimiento interior y despertar a otros cielos de claridades mañaneras. Es en la historia antigua griega la ninfa Clytie que se enamora del rectilíneo dios Apolo y se transforma en flor solar para estarse eternamente cerca de él. –Pero no debes abusar de ella, me advirtió la abuela. Pudieras enloquecer de amor y padecer de soledad y desarraigo. Después de tantos años me encuentro también con Yajaira, la amable bruja de San Félix que me recetó girasoles para embellecer el alma. Aguamarina y miel para ungir mi cuerpo y protegerlo.
Todo esto y más he estado rememorando por estos días para afirmar las imágenes que guardo en mi alma de la vez que visité la Tate Gallery, en Londres y viví los cuadros del pintor holandés Vincent van Gogh. Digo todo esto porque los girasoles del maestro se están oscureciendo. Tal vez de tanto amor. Tal vez de tanta soledad. Tal vez de tanto desarraigo. Cierto que el mundo los admira y reverencia a su autor. Pero el amarillo cromo acentúa su decoloración día a día y nada parece detener su oscurecimiento.
Algunas noches imagino a todos los girasoles del mundo mirar hacia esos cuadros para que vuelvan a resplandecer en su amarillo original. Para acentuar su brillo y su lozanía. Pero quizá ellos sufran de mundo. Tal vez hasta sientan el padecimiento humano y por la alquimia de los misterios, están ocultando en su oscurecerse, la terrible noche de esta vida.
Vincent apenas vendió en vida un cuadro y fue a su hermano Theo. Apenas si fue famoso para un niño, Camille. Después de morir sus cuadros son famosos y viven en los museos, como el de Amsterdam, santuarios donde los amantes del arte y la cultura han encontrado espacio para lo sublime, lo digno y lo trascendente. Pero también hay un alma en todo, como me dijo la nonna en ese almuerzo. Todo lo que existe y es bello, tiene existencia y trascendencia en la vida. –Ahora esa flor que almorzaste, ese girasol, vive en ti, no morirá, sentenció la sabia abuela italiana. No morimos definitivamente ni morirán tampoco los cuadros del maestro holandés. Están en la memoria de una humanidad que busca en la ciencia la manera de conservar esas obras de arte. Pero también, como almas de arte, como flores, como amarillos, tienen intensidad, tono y vibran en la memoria de quienes un día fuimos a visitarlas, como se visita al amigo, al hermano; un ser amado que resplandece en cada atardecer.


(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis


sábado, febrero 12, 2011

Redes sociales



Posiblemente todavía no se ha asimilado la experiencia vivida con la llamada Revolución de los claveles blancos en el llamado mundo árabe. Son varias las lecturas que derivan de esta extraordinaria experiencia. Una de ellas está referida a la influencia directa y decisiva de las redes sociales.
Quizá lo vivido en Egipto donde la ciudadanía fue la gran protagonista para derrocar la dictadura de Hosni Mubarak, que por 30 años se mantuvo en poder a sangre y fugo, es continuación de varios hechos iniciados en la segunda parte del siglo XX.
No sólo se sabe ahora de manera generalizada que el Estado norteamericano ha protegido y protege a dictadores y respalda tiranías, como en Egipto, sino que ha participado en el derrocamiento de democracias legítima y legalmentes constituidas, como el caso de Chile.
Estas y otras experiencias que estamos presenciando tienen sus antecedentes en tiempos pasados. La primera de ellas fue en 1968, en el llamado Mayo francés, cuando la juventud y los estudiantes de la universidad de La Sorbona, junto con los obreros de la Renault, se aliaron contra el Estado francés para exigir sus reivindicaciones. Pronto la sociedad toda se fue solidarizando hasta que el gobierno del general Charles de Gaulle, debió ceder e introdujo reformas que medianamente convencieron a la población. El otro momento crucial que asomó el protagonismo colectivo ocurrió en la caída del Muro de Berlín, en 1989. Ya era insostenible para la “troika” soviética mantener económicamente a los estados satélites, como Alemania Oriental, Hungría, Rumanía, Polonia, Checoslovaquia, entre otras regiones que formaron la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS. Fue la gente normal y corriente que se hartó de semejante sistema policial y decidieron, mandarrias en mano, derrumbar un muro que dividía la ciudad de Berlín en dos partes, la unificaron y cambiaron la historia. Ese muro reveló los miedos, las vísceras podridas de un Estado totalitario que durante 70 años sepultó las ilusiones y sueños de miles de millones de seres humanos en los gélidos espacios de la Siberia o en los sótanos y mazmorras de la policía secreta, la KBG estalinista.
El otro momento del protagonismo colectivo se vivió en China. Cuando parte de la sociedad, iniciando por los intelectuales, luego los estudiantes y obreros se solidarizaron con el secretario general del partido comunista, Hu Yaobang, quien fue preso y murió en cautiverio por exigir reformas y el cese de las prerrogativas a los jerarcas del polítburo y contra la corrupción. La protesta sumó millones de personas, tanto en la capital, Pekín –hoy Bêijîng- como el resto del país. Aunque posteriormente el gobierno chino adelantó algunas reformas, la protesta fue cruelmente aplastada por los militares. La culminación de ese acontecimiento fue la aparición en los medios de comunicación internacionales de un anónimo ciudadano, quien se colocó frente a una columna de tanques militares y los hizo detenerse. El Estado chino, siempre con sus misterios y decisiones lentas, discretamente debió ceder y hábilmente recompuso su cúpula partidista para adecuarse a los cambios e introducir nuevas relaciones entre el gobierno y los ciudadanos.
Pero en el llamado mundo árabe parecía que Alá y su profeta Mahoma, tenían todo controlado. Resulta que ahora nos damos cuenta que subrepticiamente, debajo de los abayas, las chilabas y las burgas los hijos del profeta, en Egipto, Túnez, Yemen, los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Irán, están construyendo una poderosa red social cibernética de internáutas que les permite estar conectados entre ellos y con el resto del mundo.
El resultado es de todos conocido. Lo más trascendental es saber que el poder ha descendido y cada vez más está en manos de los anónimos ciudadanos del mundo y que el instrumento básico de ese poder está en un aparato electrónico que potencia la participación de los individuos a través de una infinita red de redes que se articula en páginas individuales, blogs, portales, sistemas electrónicos de servidores en cualquier lugar del mundo, telefonía celular, entre otros instrumentos al servicio de los ciudadanos.
Constantemente la ciudadanía organizada en el mundo ejerce presión para que los gobiernos de los estados, cualquiera sea su orientación ideológica o religiosa, ceda ante el uso de la fuerza y contra las injusticias ilegal e ilegítimamente institucionalizadas.
Casos emblemáticos se pueden mencionar: la presión internacional que ha ejercido Amnistía Internacional cuando el Estado Iraní, en 2010, ha querido condenar a la muerte por lapidación, enterrada viva hasta la cabeza y luego apedreada hasta morir, de una mujer, Sakineh Ashtianí, por haber sido encontrada culpable de infidelidad conyugal, habiendo ella estado separada de su esposo. Similares casos ocurrieron en Nigeria, entre 2001-2002, donde fueron condenadas a morir por lapidación Safiya Hussaini y Amina Lawal. Cientos de millones de firmantes en todo el mundo, en correos electrónicos, hicieron que esos gobiernos pospusieran tan cruel y bárbara sentencia. También la campaña que ejerció Greenpeace, a través de la Internet, para que el gobierno brasileño y los terratenientes dejaran de deforestar los espacios de las comunidades indígenas, talando bosques y parte de las cuencas de los ríos en la Amazonía.
Las redes sociales cada día dejan caer el antifaz a los gobiernos de los estados corruptos, abusivos, dictatoriales y tiránicos, sean mal llamados democráticos, religiosos, socialistas, comunistas, monárquicos o liberales. Las redes sociales están horizontalizando la relación entre quien genera la noticia y quien la recibe. Han acercado al mundo y lo están hermanando. Las redes sociales están construyendo una nueva manera de participación en el hecho noticioso y en la cotidianidad de la vida. Ahora el poder está en cada ciudadano, en su equipo cibernético y su instrumento básico de comunicación: la palabra consciente y colectivamente ejercida.


(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

sábado, febrero 05, 2011

Tuiter


Estar en tuiter (twitter@) se ha convertido para gran parte de quienes hacemos vida en la Internet, en una herramienta donde se reproducen las informaciones de la cotidianidad, más allá de aquellas conocidas por los medios tradicionales, bien sea en la prensa, radio o televisión. Habitado y muchas veces, controlado, por quienes hacen de ella su medio de trabajo: los periodistas. Resulta que ahora son los usuarios mismos quienes se han apropiado de sus hechos noticiosos. Inicialmente este medio de comunicación fue invadido por los periodistas quienes impusieron cierto control sobre las informaciones allí aparecidas. Sin embargo, la presión de los usuarios ha ido horizontalizando el uso del tuiter hasta democratizarlo y ser el usuario, simple y llanamente cualquiera sea, quien determina la información que debe aparecer resumida en 140 caracteres.
Me gusta esto pues es el usuario quien finalmente se apropia de su entorno informativo. Todo escrito que aparece en la pequeña pantalla del teléfono o por la computadora es importante: desde aquellas más insólitas, de usuarios que se despiertan y antes de cepillarse los dientes van a escribir los buenos días, hasta aquellos concienzudos quienes escriben sus reflexiones de vida como sentencias axiomáticas. Los hay quienes usan el idioma trasnochado y sentenciosamente académico hasta aquellos que transcriben la oralidad de la lengua en su versión más pueblerina que lleva a la hilaridad. Unos practican el periodismo callejero despertando en los profesionales del medio noticioso una desenfrenada lucha por acercarse a la verdad del hecho. Otros bendicen y llenan los espacios de santos, ángeles y querubines, mientras unos satanizan y maldicen la vida. Unos cuantos juegan el deporte nacional y apuestan a su equipo y otros se identifican con su grupo o partido político. En fin, que tuiter es el encuentro de aquellos que quieren expresarse. Estar al día. Su uso cada vez se acentúa más y esto posiblemente porque el hecho noticioso se acerca más a la realidad y sobre todo, porque es el propio usuario quien escribe y en ello dibuja su verdad del hecho, y busca compartirlo con el Otro. No pasa por ningún “filtro” formal u oficial. No hay un jefe de redacción ni comisario político ni ayatolá religioso que le modifique ni una coma para autorizar su difusión. Es el usuario con su consciencia quien determina lo que escribe y cómo lo escribe. Obviamente que existen excesos, exageraciones, malas interpretaciones, sesgos y pare usted de contar. Pero el control social, libre, va adecuando la información, decantándola, hasta poderla digerir.
Muchas noticias han aparecido en el tuiter antes de ser conocidas por los medios de comunicación tradicionales, sean estos oficiales o privados. Y muchas noticias, llamadas “tubazos” han sido difundidas por el tuiter en palabras de desconocidos tuiteros que andan por el mundo escribiendo la historia de la cotidianidad de la vida, resaltando su trivialidad, que cada vez se ve más importante.
Esto, curiosamente, está modificando la perspectiva de la noticia y los hechos y además, construyendo una historia que parte, no ya de las grandes verdades que hacen los grandes momentos de una historia oficial y formal, sino de aquellos pedazos de verdades, las cotidianas, las triviales que van hilvanando historias de una sociabilidad de la vida hecha con los retazos que cada uno de nosotros aporta a la existencia. Una verdad donde hemos tenido participación, mientras escribimos los 140 caracteres donde se sintetiza una historia, nuestra historia, que sabemos importante, al menos para cada uno de nosotros y de quienes nos leen.


(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis




sábado, enero 29, 2011

La voz



Hace años escuché de boca de un amigo una historia sobre dos hermanas que en Mapire, pueblo del estado Anzoátegui, habían hecho votos de silencio. Ellas habían visto morir a todos sus familiares y sólo quedaban ellas. Mi amigo José Luis me comentaba que tanto él como el resto de los jóvenes, pertenecientes todos a un coro universitario, quedaron impresionados por semejante actitud que mantenían esas dos mujeres. Totalmente vestidas de negro, sin mirar a nadie a los ojos, pero muy solícitas y serviciales. Les prepararon comida y dieron albergue en una casona de esas que hay en los pueblos de este país. Después de tantos años de pensar y olvidar esa historia vuelve de nuevo a mi vida, pero ahora vinculada con esa capacidad que tenemos los seres humanos para adecuarnos y ser coherentes con nuestro entorno y proceder a construir nuestras utopías. Se dice que en Bizancio los hombres, muy por el contrario a estas dos hermanas, hablaban con los ángeles. Oraban en una misma y única voz. Eran voces de la quietud, de la misericordia y la plenitud del ser. Por eso la voz antigua, de origen femenino, esa de magas, hadas, pitonisas y hechiceras, alimenta el alma y dispone al ser para el alimento nutricio. La voz reposada mantiene en su enunciación la exacta cuadratura universal que cumple con el sagrado equilibrio del áureas proportionis , esa que enunció Fibonacci y que anteriormente, los griegos descubrieron y aplicaron a todo su arte, arquitectura y hasta en la música. Por eso no hablamos de cualquier manera. Hablamos reflejando una perfecta proporción basada en secuencias rítmicas de silencios (pausas) y sonidos articulados. La voz posee la capacidad para introyectarnos y acceder a otras realidades. En ello la voz antigua de los aedos, bardos, trovadores, juglares, poetas, decimistas y galeronistas, continúa diciéndonos de una realidad más plena y trascendente, al momento de enunciar palabras. Por eso es tan necesario el reposo, el silencio al momento de atrevernos a sacar de nuestra voz, ese alimento para nutrirnos y nutrir al semejante. En las sociedades antiguas los miembros de clanes se repartían las faenas para permitirse generar nuevas voces, mientras se ubicaban en determinados sitios, espacios para arar la tierra o tratar con los animales, bien en el ordeño bien mientras pastoreaban. La voz era y sigue siendo la gran amiga y compañera de nuestro largo, extenuado camino hacia la nada. Los sabios, maestros espirituales, poetas y demás seres que otorgaron poder a través de la voz, siempre emigraron a lugares apartados para estarse en silencio. Cuando regresaron consigo portaron, además de alegría y esperanza, una voz potente y a la vez sublime que liberó almas y socorrió al desvalido y nutrió a todos. Eso nos dice que todo hombre que aspire ser líder, bien como maestro espiritual, bien como dirigente político, debe entender que su voz es un reflejo de su alma. Que las sociedades que viven y actúan en sanidad, exigen de sus líderes reposo y descanso mientras enuncian en su voz, la palabra que el Otro necesita para encontrar y calmar su ansia de libertad total.
Hasta ahora la única experiencia política real que se ha acercado a llevar en semejanza la misma voz de los dioses y maestros espirituales, es aquella llamada de la democracia. En ese sistema las almas nutren al semejante mientras se nutren del Otro. En ellos existen los espacios de silencio, de reposo que trasmiten permanente reflexión sobre la vida y sus contornos. Y es así porque la voz es lo más democrático que pueda existir. Porque la voz da existencia al semejante. Permite que el Otro sea un valor esencial y lo reconoce como tal.
Socialmente la voz se asemeja a aquellas realidades sociopolíticas donde vivamos. Esas otras experiencias que narran en la tiranía exigen voces altisonantes y de mando; donde el Otro sólo escucha una narración continua, secuencias de sonidos donde no hay reposo ni calma. Es una constante, diaria, permanente repetición de un estribillo al son de una especie de música para marchar. Así se acostumbra al oído a recibir ciertos y únicos sonidos que se transforman en ruidos mientras el alma se adormece y el cuerpo, como sonámbulo, anda por las calles como aletargado y vacío. Hay un atropello al alma en la sociedad que se dice tiránica al igual que aquella otra autoritaria. Ambas, como también la dictadura, son contrarias al camino que educa la voz para la reflexión verdadera y la necesaria lógica en la expresión de las ideas de libertad. Por eso la vida democrática, y si es participativa y de protagonismos compartidos, mejor aún, robustece la voz, la nutre para el encuentro con la diversidad de otras voces, que se hermanan en un ritmo de expresión, y que en su lógica y coherencia enuncian sonidos y silencios tan parecidos a lo que somos y deseamos ser.
Por eso nuestra ancestral voz, tan antigua como las mismas piedras, no puede perecer. Ella porta en su ser y hacer, sonido y silencio, la huella de un dios que nos pide reflexión, calma y constancia en la construcción de la libertad esencial.


camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

sábado, enero 22, 2011

Universidad y marginalidad



Generalmente se relaciona a la marginalidad con desnutrición, desempleo, analfabetismo e insalubridad. Esto, que no deja de ser cierto sin embargo, no es totalmente correcto. La marginalidad es fundamentalmente un estado mental. Así como suele identificarse tradicionalmente los sitios donde anida la marginalidad alimentaria y educativa, los barrios. También existen lugares donde otro tipo de marginalidad encuentra cobijo: urbanizaciones, gobernaciones, ministerios, partidos políticos, cuarteles, iglesias, mezquitas y conventos, cámaras de comercio, industrias, universidades.

Las investigaciones que se han llevado a cabo sobre la marginalidad le han señalado a ésta una vinculación con la totalidad del desarrollo humano. De esta manera encontramos que frente a la tradicional marginalidad por desnutrición material e insalubridad, coexisten otras formas de marginalidad, como aquella intelectual, académica, psicológica y espiritual. Son seres “desnutridos” de formación y afecto. Por ello sabemos de profesionales quienes denotan en su ser y hacer maneras cercanas o propias a una profunda marginalidad intelectual. Pequeñeces expresadas en la falta de análisis crítico frente a un texto, cuando no se es capaz de comprenderlo más allá del desciframiento en sus códigos lingüísticos. Esta marginalidad se refuerza en los centros de educación superior, donde una pequeña porción de docentes y parte del personal rectoral adolecen de los instrumentos teóricos de reflexión sobre los procesos educativos, que les permita entender la vida universitaria y nacional para fortalecer la memoria cultural en los estudiantes, quienes esperan la palabra, soportada en lecturas y discusión reflexiva, de los docentes y sus autoridades. Pareciera que estos marginales poseen mayor responsabilidad que aquellos quienes ni siquiera tienen qué comer. Es cierto que este tipo de marginal es difícil detectarlo, pues se cubre de fino ropaje y olorosos perfumes para parecer doctos en “sapienza” y reflexión. Son algo así como la historia del “diente roto”. El país universitario concentra en su dirección institucional una minoría de débiles mentales a la espera de ser recomendados para nuevas posiciones gerenciales en bien de grupos de compadrazgo quienes confunden malintencionadamente, entre política académica y política partidista, las directrices del pensamiento intelectual de lo “universitas” que guía toda acción académica universitaria que se precie de enriquecer el Alma Mater en sus cimientos espirituales. Esta confusión, esta marginalidad intelectual y espiritual, está llevando a la comunidad universitaria venezolana a codificar un discurso elemental que lleva en la práctica a una especie de “operativos” institucionales para recabar fondos, por ejemplo, que permitan la estructuración de la planta física, la improvisación de instalaciones en locales notoriamente antipedagógicos e insalubres, la contratación de personal sin las calificaciones para ejercer tan alta responsabilidad educativa.

La universidad es uno de los escasos espacios donde aún se encuentran mentes que dignifican con su ser y hacer la tradición y el rostro autónomo de un pensamiento intelectual, científico y humanístico que da fundamento al desarrollo integral de la mujer y hombre venezolanos.

La universidad republicana, autónoma, pública y democrática ofrece al país cerca del 80% del esfuerzo intelectual en conocimiento aplicado en investigaciones de primerísima línea. Ha sido la Casa del Saber donde la libertad de pensamiento ha formado la clase dirigente, económica y política de la nación.

Por todo esto, mantener silencio frente a esa minoría de marginales intelectuales académicos universitarios, que además son desnutridos de afecto y solidaridad humanas, y quienes con certeras estrategis clientelares se han apoderado de la universidad venezolana, es hacerse cómplice del estado de indefensión y abandono en que se encuentra la mayoría de la población nacional.Todo universitario, intelectual, académica y espiritualmente formado en valores y en la tradición más sublime del alma venezolana, no puede permanecer en silencio frente al oprobio de quienes están dañando la trayectoria de lucidez y dignidad que posee la universidad venezolana de siempre.

Permanecer en silencio hoy es poco menos que cobardía y autoengaño.







(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis




sábado, enero 15, 2011

Constancia y tradición



Desde que Luis Cárdenas Saavedra estableció la primera escuela de “canto llano”, hacia 1591, la tradición musical ha sido una constante en la cultura venezolana. Ayudaron a ello los frailes españoles y demás habitantes de lo que hoy se llama Venezuela. Junto con los músicos indígenas y posteriormente, los cantores africanos la actividad musical en nuestra sociedad se ha sostenido durante siglos fortaleciendo los valores y principios de nuestra tradición cultural. No en vano la creación del Oratorio de San Felipe Neri, hacia 1764, por el padre Sojo ha servido de ejemplo en la tradición de la música académica venezolana. Indicamos esto en razón de conocer desde hace poco tiempo del esplendoroso triunfo del maestro Gustavo Dudamel, quien, con menos de treinta años ha sido reconocido como uno de los directores de música clásica más importantes y prestigiosos del escenario internacional. Y esto ha sido así porque detrás de él permanece inalterable gran parte de la tradición musical venezolana y, fundamentalmente, por la actividad del denominado Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles. Institución creada hace más de 30 años por el maestro Abreu. Es no sólo la tradición de una fuerza musical poderosa y arraigada en la memoria del ser venezolano, sino también la constancia en la formación de jóvenes músicos que de manera permanente reciben su instrucción académica, en teoría y práctica, para desempeñarse con excelencia en los escenarios más exigentes de la música clásica y popular.



Pero si esto no es suficiente para indicar la importancia de la constancia y la tradición en el fortalecimiento de la cultura nacional y el desarrollo de la sociedad, es perentorio mencionar acá la fuerza de la tradición y la práctica de la constancia en la formación profesional de calidad. Lo observamos también en los peloteros venezolanos que desde hace varios años se mantienen como jugadores de primerísima línea en las denominadas “Grandes Ligas”, del beisbol norteamericano, escenario de máxima exigencia. La aparición de estos excelentes jugadores, como Galarraga “El Gato”, ha sido posible por la existencia de una institución como los llamados “Criollitos”, que tiene cerca de 40 años formando a niños y jóvenes en este deporte.



Finalmente debemos mencionar como fuente de tradición y constancia en la vida nacional a la llamada Fundación Miss Venezuela, cuya actividad ha permitido la presencia de la belleza femenina venezolana en las pasarelas mundiales a tal grado, de imponer las medidas que debería mantener una mujer (90-60-90), que por cierto, son las únicas que no se devalúan, y han sido aceptadas por los grandes modistos internacionales. Detrás de esas medidas y las jóvenes mises existe toda una estructura de profesionales quienes de manera constante a lo largo de más de 30 años, han construido un modelo de mujer –no estamos necesariamente solidarizándonos con ello- que sigue patrones e impone una tradición de belleza. Prueba de ello son las coronas traídas a Venezuela, como miss Universo, miss Mundo, entre otros galardones



También podemos mencionar los nuevos diseñadores de vestuario y accesorios, entre ellos Carolina Herrera y Ángel Sánchez, formados en academias con más de 25 ó 40 años de tradición en la moda nacional e internacional.



Como podemos darnos cuenta, sólo la constancia en la formación profesional posibilita a las sociedades el acceso a formas de vida con calidad y de mayor permanencia en el tiempo. Esto permite indicar que las tradiciones son necesarias para comprender nuestro entorno y salir de la miseria, tanto material como espiritual.







(*) twitter@camilodeasis camilodeasis@juanguerrero.com.ve

sábado, enero 08, 2011

Huecos de carretera


Transitar por alguna de las miles de carreteras venezolanas en estos tiempos resulta una penosa aventura. Y esto es así porque en todas, absolutamente todas las vías terrestres de nuestro país las carreteras presentan alteraciones en su estructura física. Si han sido refaccionadas no tienen la demarcación necesaria para que el conductor pueda manejar su vehículo con seguridad. En otras partes, los desniveles y fallas de borde son tan acentuados que es difícil conducir manteniendo la dirección fija o en las curvas, seguir la línea de demarcación. En otras vías los llamados popularmente “policías acostados” o reductores de velocidad han proliferado de tal manera, que en la carretera Lara-Zulia existen cerca de 133 reductores. La misma situación aparece en las vías a Oriente, como San Antonio de El Golfo-Río Caribe. Muchas de ellas no tienen la señalización correspondiente (franjas amarillas) obligando al conductor a frenar de manera intempestiva.
Pero estas fallas son apenas de menor consideración ante la proliferación de huecos, fisuras y fracturas de las carreteras nacionales, troncales, autopistas y demás vías terrestres. En la carretera Tinaco-Dos Caminos ya es casi imposible manejar a más de 60 kilómetros por hora. Los huecos impiden el tránsito normal de vehículos. La cantidad de automóviles accidentados por rotura de cauchos y rines es cada día más notoria. Sin mencionar aquellos que deben detenerse por accidentes mayores, como rotura del “tren delantero” o “puntas de eje”.
La vía entre El Sombrero-Santa María de Ipire es realmente dramática. Toda la carretera presenta alteraciones en su estructura y hay partes donde el asfalto ha desaparecido y sólo se puede transitar por caminos de trilla o simplemente arena y barro. La carretera hacia los llanos centrales, en general puede transitarse. Sin embargo, después de pasar el puente entre Nutrias-Bruzual y el desvío Mantecal-Elorza, hay dos huecos que tapan toda la vía. Nos contaba un mecánico en San Fernando de Apure que en las fiestas decembrinas una mujer murió en un accidente de vehículo en ese sitio. Similares accidentes ocurren a diario en las vías nacionales por la presencia de estas fallas en la estructura de las carreteras venezolanas. Es muy difícil manejar en estas vías sobre todo cuando llueve y más aún de noche. Ejemplo de ello es la vía Valencia-Puerto Cabello, que eternamente está en reparación. Igual situación se presenta en la vía Barcelona-El Tigre. Y ni se diga la “guillotina” entre Guanta-Cumaná.
Nuestro país era una mención obligada cuando se hablaba de las modernas construcciones de autopistas en los años setenta-ochenta. Hasta mediados de los noventa las carreteras nacionales eran transitadas sin mayor dificultad. La realidad actual de las carreteras venezolanas nos indica que el estado de las vías terrestres nacionales se ha quedado rezagado a países como Haití o países centroamericanos o las peligrosas vías de Etiopía-Somalía. Existen vías venezolanas, como el sector El Baúl donde los pobladores de los caseríos al pie de la carretera, como El Pueblito o Mujica, se dedican a tapar con tierra y arcilla los huecos por el día, mientras que en la noche proceden a destaparlos. Cuando uno debe detenerse en uno de estos huecos, tanto hombres como mujeres y niños, solicitan una “colaboración” por su “loable acción”. Ya esto es casi una tradición en muchas de las carreteras nacionales.
Muchos de los accidentes viales que a diario se conocen por los medios de comunicación han podido evitarse con un buen mantenimiento de las carreteras y autopistas. El tránsito de vehículos livianos debe además, realizar maniobras de riesgo ante la desmedida presencia de vehículos pesados (camiones, gandolas, autobuses) que no tienen escrúpulos en usar más de un canal de circulación permitido con sus pesados vehículos, dejando poco espacio al resto de los vehículos, irrespetando y transgrediendo constantemente las leyes de tránsito terrestre.
Como podemos observar transitar por alguna carretera venezolana por estos años es una arriesgada aventura. Como mínimo al final de su viaje usted llegará con su vehículo sucio o con un “caucho espichado” o “rin doblado”. Es la realidad que vivimos y ningún conductor puede decir lo contrario. Lo de los asaltos mientras cambia un caucho o verifica sino se le dañó el “carter” mientras sale ileso de un hueco, es cosa de otro escrito.


(*) twitter@camilodeasis / camilodeasis@hotmail.com

lunes, diciembre 20, 2010

Música decembrina venezolana


En el prólogo de su libro, La Ciudad y su Música, José Antonio Calcaño, uno de los más connotados investigadores de la música tradicional venezolana, escribe que “la música es un arte esencialmente social”. Y esta premisa ha estado en la consciencia del ser venezolano desde mucho antes de la llegada de los europeos en nuestro territorio. En los pueblos indígenas establecidos en las regiones del territorio nacional era común el uso de instrumentos musicales, bailes y cantos para celebrar el fin del ciclo de la cosecha y la recolección de los frutos. Por ello, en los escritos de los primeros historiadores, como fray Pedro de Aguado y fray Pedro Simón encontramos referencias a esta actividad que tanta atención llamó a los españoles.
La práctica del baile y del canto para celebrar los actos litúrgicos de su religión tomaban como referencia la experiencia del hombre con su entorno y sobremanera, con sus ancestros. Los españoles incorporaron a esta actividad los ritmos, instrumentos –como el tambor de guerra-, y las letras que glorificaban a nuevos dioses.
Esta amalgama de ritmos, como posteriormente ocurrió con la incorporación de miles de esclavos africanos, creó una nueva concepción de la adoración a la divinidad desde una perspectiva más natural y espontánea. Por eso escuchamos cómo dios y sus descendientes, en muchos villancicos, no sólo poseen unas características físicas más cercanas a los rasgos latinoamericanos, sino que hasta el mismo dios entra a formar parte de la vida cotidiana del venezolano. Lo podemos observar cuando se escucha el siguiente estribillo: “Si la virgen fuera andina y san José de los llanos, el niño Jesús sería un niño venezolano”. Lo demás es una descripción que habla de los rasgos propios de un dios venezolano, que participa del festín de la vida y sus alegrías.
Esta concepción es propia de las culturas antiguas mediterráneas, como el dios Lar que participa de la vida cotidiana de los romanos. O el dios Baco, que acompaña a los embriagados mientras festejan y alzan sus tazas de barro para deleitarse con el vino.
Estas creencias y muchas otras forman parte de las letras que en diciembre los músicos interpretan para celebrar el fin de un ciclo y el nacimiento de otro. En la antigüedad era el cierre del ciclo de la siembra y se festejaba la cosecha abundante mientras los músicos daban gracias a sus dioses y suplicaban que les siguieran mirando con benevolencia.
Es la misma creencia dicha ahora con nuevos ritmos pero siguiendo la tradición que en nuestra memoria colectiva viene practicándose desde hace más de doce mil años y registrándose en documentos escritos, desde finales del siglo XVI. Por eso los villancicos, las gaitas, las diferentes formas del joropo desde su ancestral origen en el fandango y fandanguillo, a más de los ritmos regionales en cada una de las entidades federales de nuestro territorio, nos hablan de una riqueza musical que se hace palpable cada navidad, reafirmando la grandeza de una cultura que se ha ido construyendo lentamente en la cotidianidad de sus mujeres y hombres que anónimamente encuentran motivos para crear letras y músicas que siempre engalanan y se han convertido, muchas de ellas, en verdaderas referencias nacionales. Quizá la más conocida y generalizada “Faltan cinco pa´ las doce”.
No hay hogar venezolano que sea indiferente a esta referencia musical. La memoria decembrina del venezolano es fundamentalmente colectiva en este tiempo. Es una actitud que es digna de elogiar como muestra de la tradición de una cultura que se ha construido con el esfuerzo colectivo y que en este tiempo busca en el Otro la razón de su existencia.
Sea por motivos religiosos como por aquellos movidos por el interés puro de vida, el ser venezolano muestra su don de gente en este tiempo. Su necesidad de ser reconocido más allá de los rasgos cotidianos del día a día, sus penurias y desgracias, en la fe inquebrantable por sobreponerse a las dificultades; es su bondad lo que aflora en su mirada y la alegría por compartir su pequeño gran mundo, y su amor por aquello que le es más querido en estos días: su música, sus cantos y sus bailes mientras comparte su pan (ayaca) y su vino (su ron y su cerveza).

(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

sábado, diciembre 11, 2010

Creo en la juventud





No sé ya cuándo le escuché a mi entrañable amigo Alfredo Armas Alfonzo comentar, mientras Argentina invadía las Malvinas e Inglaterra llenaba el Atlántico Sur con una formidable flota de acorazados, que sería hermoso ver que todos los países suramericanos enviaran sus barcos y como un enjambre de abejas, todos juntos, enfrentaran la gran Albión imperial que era –y sigue siendo- Inglaterra. –No es tanto porque ganen o pierdan, Juan –me dijo con su grave voz de autoridad. -Es que a veces se hace imprescindible para los pueblos sentirse acompañados y saber que hay destinos comunes, compartidos en lo más hondo de nuestros corazones. –De esta experiencia sólo los jóvenes podrán encontrar su destino para un mejor porvenir.


Después fue una larga conversación de quien siempre he tenido una leve cercanía, tanto por su escritura como por esa tenacidad para preservar la memoria de la cotidianidad en objetos religiosos, periódicos, revistas, muebles, entre un largo etcétera de pedazos de vida que forman parte del inventario de nuestra cultura.


Como él, también yo creo en la juventud venezolana. Para ello me soporto en la experiencia de 23 años como docente universitario, a más del tiempo cuando trabajé en una industria siderúrgica ofreciendo cursos a jóvenes egresados universitarios, por cerca de cinco años.


Los he visto llegar al aula de clases apenas sacudiendo su “lanudez” de recién salidos del bachillerato. Incrédulos unos, sin ni siquiera saber cómo comportarse frente a un docente universitario. Otros con la ingenuidad de sus 16 ó 18 años. Los menos asistiendo con un dejo de aburrimiento y flojera. Esa flojera intelectual de la que tanto habló mi profesor Ángel Rama, el más importante crítico literario latinoamericano del siglo XX. Y es verdad, el intelectual venezolano es flojo. Le gusta ser envidioso, lengualarga y fanfarrón. En esto último se parece a las personas que se ganan la lotería y le echan en cara al vecino su miseria.


He tenido el privilegio de convivir y compartir con jóvenes y aunque de inicio me parezcan seres anodinos y supinamente analfabetas para el gusto por el arte y la cultura, quiero hoy depositar en ellos mi confianza y mi fe porque sé que en ellos están las claves para salir de este marasmo. He visto desfilar frente a mis ojos cientos de estudiantes muy jóvenes quienes deben esforzarse por estudiar mientras al mismo tiempo, realizan trabajos mal pagados y casi de semi esclavitud. Otros presentan los rasgos de una niñez maltratada, tanto por la violencia familiar y del Estado como por una subalimentación. Se nota en el cabello y la piel y el asomo de una prematura vejez mental. Muchos de ellos, por lástima, logran ser promovidos por sus profesores sin saber éstos que les hacen un mayor daño. Con dolor en mi alma los he tenido que reprobar.


Los jóvenes venezolanos han heredado un país empobrecido: fracturado socialmente, quebrado económicamente, moralmente enfermo. Y esto, por la absoluta incapacidad de las personas adultas quienes, con una mente intelectual floja para pensar, no supieron orientar la sociedad por senderos de grandeza educativa y menos cultural. Se nota en la incapacidad para construir obras de infraestructura que muestren la grandeza del ser venezolano. Han sido años de gobiernos “remienderos”. Gobiernos “tapa amarilla”, de parches. Ese ha sido el modelo que se trata de vender a las nuevas generaciones. Presente en toda la actividad propagandística de un Estado moralmente vulgar, fanfarrón y mentalmente marginal.


Frente a esto los jóvenes deben realizar un esfuerzo sobrehumano para construir su mundo, renombrarlo, colocarle su impronta original y abandonar esa historia tan perversa que les contaron, de un pasado de gloria. Ningún pasado de sangre puede ser glorioso y menos cuando hay trazos de corrupción, violencia verbal y física, maltrato a la mujer, rencor, envidia y sed de venganza.


La incertidumbre del adulto venezolano contrasta con la alegría, que es propia de la juventud, y las ganas de vivir y de construir de la mayoría de los jóvenes. Hay frescura en sus miradas, una fuerza idiomática que incluye modismos y neologismos que embellecen y dan fuerza a la lengua nacional. Ese lenguaje se soporta en los modales desenfrenados, directos y naturales que construyen otra moral, donde los valores, los principios y tradiciones se dicen con nuevas palabras. Es inevitable el cambio idiomático en una nueva relación donde el lenguaje sea menos acartonado y lleno de poses, acomodaticio.


Como se ve, es gigantesco el esfuerzo que debe hacer el joven venezolano para sobreponerse a tanta violencia y ofensa de un entorno que lo niega como realidad humana y lo excluye como ciudadano. El adulto en esto se muestra como amo y señor de un mundo que no quiere abandonar pero que tampoco es capaz de seguir manteniendo. Sobre manera, desde una concepción moderna de la coexistencia social de grupos humanos que deben convivir y compartir sus experiencias.


Creo que el hoy es siempre mejor que el ayer y el futuro será de quienes vislumbren mundos de realidades posibles, donde la alegría de vida esté llena de bulla y donde se sienta que vibra el alma. Allí la juventud siempre sabrá imponer su huella y su rostro de innovador cambio.



(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

domingo, diciembre 05, 2010

Arbolito de papel



Para Gisela Pinedo, con cariño




Esta semana y mientras coordinaba, junto con mis compañeros de trabajo, un encuentro de investigación educativa conversé con una amiga sobre la importancia de reconocer en el Otro-diferente, cualidades y rasgos de verdad en su discurso político. De manera jocosa ella me señaló la creatividad que debemos mantener para saber abordar aquellos temas que son de naturaleza compleja en la sociedad venezolana. Tomó como ejemplo un diseño que los miembros de la Unidad de Publicaciones Periódicas en nuestra universidad habían elaborado. –Mucha imaginación y creatividad para darle uso a los periódicos, verdad. Me dijo, y con cierta malicia acotó: -Para algo sirven los periódicos, finalmente. Reímos y ella continuó agregando una reflexión que, sin querer queriendo, nos llevó a plantearnos una actitud más proclive al uso de noticias menos trágicas y de fin de mundo. Le comenté la experiencia de un diario norteamericano, donde su personal se dedicó por un mes al tratamiento de todas sus noticias, tomando como punto de partida lo positivo de ellas y su tendencia a lo proactivo. Después de un mes de trabajo periodístico el diario aumentó sensiblemente sus ventas mientras los ciudadanos de la localidad experimentaban índices significativos de solidaridad y vocación de servicio comunitario.


-Obviamente, le dije. Lo escuché en ese programa misterioso llamado Nuestro Insólito Universo. Hubo más risas, sin embargo, nos quedó esa sensación de continuar charlando sobre el tema para encontrarle sentido a las noticias que aparecen en los periódicos venezolanos donde la tragedia humana reina y nos socava el alma, dejando a flor de piel el espanto de la incertidumbre.


Y no es que estemos buscando ocultar las tantas y lamentables tragedias que a diario vivimos. Pero es tanta la crudeza noticiosa y el espanto de la vida, que da la impresión que en Venezuela sólo ocurrieran tragedias.


Sin embargo, y le acotaba a mi dilecta amiga, en los siglos pasados hubo tiempos cuando, entre guerras, batallas y revoluciones, la gente seguía viviendo y se preocupaban por casarse, por ir a fiestas, libar licor, chismear, ir a rezar, y el dolor del amor.


Ahora ocurre igual. Mientras los diarios se empeñan en mostrarnos un infierno en nuestras casas, de agotar el sentido de sorprendernos y maravillarnos, la vida sigue y sigue. De manera constante el ser venezolano construye su destino, con la ayuda del Estado o sin ella, con aquellos políticos sinceros, con aquellos a quienes se les cree o se les tiene recelos. Es indetenible el espíritu de superación de la sociedad venezolana que en nombre de la democracia o del socialismo ha sido mil veces usada para otros fines, generalmente populistas. Al margen de los atropellos a los ciudadanos, por parte del Estado y sus gobiernos, continúa un grupo de seres humanos política y mayoritariamente colocados al mero centro de la diatriba sesgada de ambas tendencias partidistas y grupales que afean el discurso político decente y solidario. Va un enjambre de mujeres y hombres quienes empujan la carreta de la educación centrada en valores reales, centrada en principios de la antigua cultura venezolana. Científicos, educadores, pensadores, profesionales de todo tipo, quienes pacientemente laboran y solidariamente comparten la vida de todos los días. Que saben que la vida es dura, difícil y compleja, pero la viven con armonía aunque deban llorar por un familiar o amigo trágicamente fallecido.


El venezolano real, verdadero e infinito nace y muere todos los días. Cierto que hay dolor, resentimiento, rencor, odios. No se niegan pero tampoco deben olvidarse nuestras profundas y gigantescas reservas de principios y virtudes que mayoritariamente habitan en los corazones de quienes tenemos absoluta fe y seguridad de saber que saldremos fortalecidos de estas experiencias. Al fin y al cabo, las crisis siempre resultan buenas porque nos confrontan con nosotros mismos para saber si somos capaces de superarlas, y al hacerlo, individual y colectivamente crecemos como ciudadanos, como pueblo y nación.




(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis