miércoles, junio 24, 2020

Pureza


de papel

Pureza

Juan Guerrero (*) 

  El revisionismo parece que es uno de los males de nuestro tiempo. Eso siempre ha traído consecuencias lamentables en nuestra historia. El tema del racismo en el mundo, visto desde la perspectiva de la pureza, como también el de la religión o de la moral, buscando responsables, para, en consecuencia, sentenciar y condenar (venganza/supremacía) a unas estatuas, edificaciones e iglesias (símbolos) a las cenizas. Es, indudablemente, la manifestación de mentalidades infantiles (Puer Aeternus), ese Peter Pan eternizado, que se niega a asumir su identidad, su individualidad para devenir ser independiente de cualquier Estado.

  De negro, genéticamente hablando, tenemos todos los seres humanos. Unos más que otros, desde que partimos en el camino de la humanización, hace poco más de 80 mil años, por la zona del llamado Cuerno de África. Un recorrido que llevó nuestros genes básicos negroides por medio mundo, hasta terminar por el sur de Chile (Concepción), y antes por el medioriente, Asia, Siberia, Norte, Centro y Sudamérica. Un viaje apasionante donde mezclamos una y otra vez nuestro ancestral origen hasta ser esto que somos hoy: una colorida piel con diversidad infinita.

  El tema del racismo como pureza (-y los negros lo son en demasía), así como otros conceptos, son manifestaciones de algo que subyace muy en lo profundo de ciertas almas desesperadas de atención y que se denomina, Aporofobia(Adela Cortina). Sobre esto ya en más de una oportunidad hemos estado comentando. Porque si bien el concepto alude a la pobreza material, no es menos cierto que en los últimos tiempos se ha estado clarificando y amplificando hasta convertirse en manifestación de cierto pensamiento que abriga la necesidad de atención, protección y representacióna los más desvalidos. Es decir, el anhelo de un Estado paternalista del que nunca parece que han terminado de salir/dejar este tipo de individuos.

  Las manifestaciones contra algunos símbolos históricos representados por monumentos en general, que han sido atacados, no son más que la consecuencia de mentalidades que jamás terminarán de convertirse en adultas.Curiosamente estas mentalidades se manifiestan, generalmente, entre los grupos políticamente radicalizados de izquierda, quienes, bajo supuestos criterios de reivindicaciones sociales, han salido a tirarle piedras al mundo.

  El izquierdismo convertido en populismo siempre ha trabajado para imponer la “ilusión” de un mundo de “igualados”, donde la responsabilidad individual viene suplantada por la protección del Estado benefactor, todopoderoso y que le garantiza su estabilidad material, aunque no se esfuerce, ni por estudiar ni trabajar.

  Indudablemente que cada país y cada sociedad tienen sus especificidades sobre este tema y lo abordan desde su perspectiva histórica correspondiente. En el caso de Venezuela, la mezcla genética es bien particular: poseemos cerca del 25% de influencia negra, otro 25% hispánica y el resto, 50% de memoria genética indígena. Lástima que menos del 1% de la población habla una lengua amerindia, aunque nos rasgamos las vestiduras en defensa de los pueblos y la historia indígenas. El racismo en Venezuela lo aplica una minoría de la sociedad contra esas culturas y la población negra. Esa es nuestra realidad. Sin embargo, como hemos indicado, el verdadero problema radica en la pobreza y de quien la padece. Porque prácticamente todos rechazamos la pobreza, y a quien la sufre le asumimos como débil, enfermo, minusválido, incapaz y por lo tanto, “objeto” de rechazo. No por ser negro o indígena sino por pobre.

  En Venezuela, y en el resto del mundo, usted puede ser negro o blanco o indígena, pero si tiene bienes materiales y en consecuencia es “rico”, será bien visto, recibido y atendido. A esto se reduce la realidad que estamos padeciendo sobre las protestas mundiales, sea en Chile, Estados Unidos, Inglaterra o Colombia. Ya en Venezuela, hace varios años, desde el mismo Estado (cuando existía), las hordas de “colectivos culturales” se cansaron de derribar estatuas, destrozar iglesias y monumentos, y ahora se dedican a quemar bibliotecas y destrozar universidades. Esto es; muerte al conocimiento y el saber.

  Es la mentalidad del infantilismo contra la tradición, principios y valores que representa el anciano sabio (Senex)ancestral en toda sociedad. La lucha debe ser no tanto en hacer justicia, sino en superar la pobreza material, y, fundamentalmente, la pobreza del “rancho mental” asumiéndonos como seres integralmente adultos, responsables y solidarios.

(*)  camilodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis   IG @camilodeasis1


miércoles, junio 17, 2020

Entre héroes te veas


Lecturas de papel

Entre héroes te veas

Juan Guerrero (*) 

 Hoy lunes, 15 de junio, fue un día de esos cuando la vida, una vez más, te abre el centro del pecho y te dice que eres una presencia hostil para el poder, y entonces sientes la humillación de quien se encarga de controlarte la vida hasta en una cola para surtir gasolina. Es la presencia del uniforme militar que te humilla, te degrada como ciudadano. 

  Ya había experimentado eso en 2014, 2015 y 2016, en las kilométricas colas para comprar alimentos. Por el terminal de mi cédula de identidad o documento nacional de identificación, me tocaba los miércoles. Por eso escribí varias notas a las que llamé, Miércoles de humillación”. En esas notas registré las voces de anónimos ciudadanos que resistían, se enfrentaban a gritos, reclamando sus derechos. A mí me tocaba hacer la cola de la tercera edad. Jubilados de múltiples profesiones quienes se enfrentaban a los insultos, agresiones verbales y amenazas de una autoridad que paulatinamente se degradaba. Historias de ancianos que desde las 3-4 de la madrugada, e incluso desde medianoche, dormían en esas infernales colas para obtener un kilo de azúcar, medio kilo de carne o un tarro de margarina.

 Las de ahora para surtir gasolina no son demasiado diferentes a las de aquellos años. Ahora no hay demasiados gritos ni tampoco conatos de protestas colectivas ni cierre de vías para presionar. Pero sigue existiendo en los comentarios la misma resistencia, la denuncia y las historias sobre la degradación humana por parte del régimen socialista.

  Quiero destacar, entre tantos comentarios e historias, uno que me obliga a reflexionar. Entre lo mucho que uno escucha en esos sitios, un señor hizo un comentario que quiero acá mencionarlo: “-Cuando esto se acabe y volvamos a tener un país decente, tendrán que condecorarnos por haber soportado tantos años de humillaciones. Los verdaderos héroes somos nosotros”. Unos rieron, otros quedaron en silencio. -La verdad, señor, le dije, es que usted tiene razón. 

Vivir en el socialismo venezolano es cuando menos cosa de héroes y heroínas. Porque es imposible que se pueda vivir en las condiciones tan degradantes como sobrevive el 88% de los venezolanos, inducidos al empobrecimiento y la humillación de su condición humana.

  Han sido años de resistencia, de lucha contra un poder hegemónico que finalmente impuso a sangre y fuego, el estilo de vida, principios y valores de la marginalidad. Es prácticamente imposible que se pueda vivir bajo este régimen socialista sin estar propenso, inducido a la práctica cotidiana de la corrupción. El sistema te induce a la trasgresión diaria y permanente. No puedes escapar de ello. Y esa propensión se evidencia en los actos más triviales, banales donde vas siendo lanzado por las condiciones de miseria y dependencia de un régimen que está presente en tu vida todo el tiempo. Te ha invadido tu cotidianidad y se entromete en tu privacidad hasta eliminar todo rasgo de independencia. 

   Mi experiencia me está indicando que la vida en socialismo es, no sólo gris y banal, también mediocre, obviamente humillante a la condición humana y donde el ser social desaparece y surge la agresiva presencia de quien, en su insensatez y deshumanización, quiere hacer de ti un parásito, nunca jamás un ciudadano. Contra eso y más, se lucha y se resiste. Es que el socialismo, teniendo como práctica ideológica la vida marginal, tiene mal olor, te degrada hasta convertirte en un ser vestido con harapos, con los zapatos rotos y con halitosis. Porque la prioridad es sobrevivir en tu cotidianidad.

  Cierto. Quienes seguimos aquí somos héroes. Porque vivir en estas condiciones no es para personas, ni físicamente frágiles ni mucho menos, psicológica y espiritualmente débiles. Me he dado cuenta que las colas, tanto las de antes como las de ahora, sirven para fortalecer, para darse ánimos, incluso para clarificar alguna duda. Personas que siguenempeñadas en desarrollar sus proyectos de vida en las condiciones más adversas, otras que han decidido volver a cultivar la tierra, otras más aprendiendo algún trabajo artesanal. No, de ninguna manera esta población está entregada, ha claudicado o se entregó a la vida miserable que nos han impuesto.

  Hacer una cola, sea antes para adquirir alimentos o ahora, para surtir gasolina, obtener gas doméstico, o ponerse de acuerdo para comprar un transformador o juntar una cuadrilla de vecinos para colocar una tubería y normalizar el servicio de agua potable, no significa ni resolverle el problema al régimen ni menos, ser colaboracionista. Simplemente es una población que ha sido desamparada por el Estado y las instituciones públicas, por lo tanto, no se puede cruzar de brazos esperando que lluevan panes. 

Es triste, cobarde y miserable escuchar a personas afirmarque el venezolano es dócil, perezoso y cobarde. Esa afirmación es falsa

 La gente sigue en su cotidianidad resistiendo, trabajando y luchando. Una muestra de ello es la presencia masiva en las calles, desafiando la pandemiabuscando el sustento para sobrevivir en las condiciones más adversas a que se puedesometer a un ser humano: intentar aniquilarle hasta su memoria colectiva, su historia y su identidad cultural.

(*)  camilodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis   IG @camilodeasis1

miércoles, junio 10, 2020

Estadísticas del horror


Lecturas de papel

Estadísticas del horror

Juan Guerrero (*) 

  En Venezuela hemos entrado en la noche más oscura del social-comunismo. Ese espacio está marcado por la realidad de las estadísticas sobre una población reducida a 26-27 millones de habitantes, mientras apenas hace 10 años superábamos los 33 millones. Una diáspora, migración, exilio que ya ronda los 6 millones de personas. Cerca de 9,6 millones se encuentra en alto riesgo de padecer hambre. El 88% de la población se encuentra en situación de pobreza. 

La desnutrición infantil para el cierre de 2019, ya supera el 16%. La desnutrición infantil aguda/severa, aumentó en un 100%. Según la oficina de las Naciones Unidas para el Desarrollo Agrícola y Alimentario, FAO, cerca de 6,8 millones de venezolanos pasan hambre. El venezolano ha disminuido su peso corporal, en promedio, entre 14-16 kilos.Imposible, entonces, no alarmarnos y advertir que en semejantes condiciones la mortandad por el virus chino sería catastrófico. Ya la Academia de Ciencias y de Medicina, además de la Federación de Médicos lo han indicado: en pocas semanas entraremos a la fase exponencial de contagio. El índice está en 1,45 (se considera controlado cuando es -1). Oficialmente hay 100 nuevos casos por día, registrados. Las pocas pruebas se realizan, centralizadas, en el Instituto Nacional de Higiene, en Caracas y se envían con 10-15 días de retraso.  

  Son cifras ofrecidas por especialistas, en infectología, como el Dr. Julio Castro, o en seguridad alimentaria y gestión de catástrofes, como la profesora Susana Raffalli, o por organismos nacionales e internacionales, como Cáritas, Fundación BENGOA, ACNUR, entre otras agencias e instituciones de reconocida solvencia profesional.

  Además, es público, notorio y comunicacional la absoluta paralización de la actividad productiva venezolana, donde sus principales industrias, como la petrolera PDVSA, está técnicamente quebrada, así como el parque industrial de empresas básicas: Siderúrgica del Orinoco, (acero); Ferrominera Orinoco, (hierro); Venezolana del Aluminio, (aluminio); Interalúmina, (alúmina), entre otras empresas absolutamente paralizadas o funcionando “simbólicamente”.Así también la industria privada nacional, con sus parques industriales expropiados, saqueados o trabajando a mínima capacidad.

  Habría que mencionar acá el total y absoluto deterioro/abandono de los sistemas sociosanitarios (centros ambulatorios, hospitales y centros médicos primarios y especializados); educativo (robo de equipos de alta tecnología, saqueo de estructura, mobiliario y quema de áreas académicas). Mención aparte merecen los servicios públicos: agua potable, electricidad, gas doméstico, combustibles (gasoil, gasolina), telefonía/internet; todos en total abandono, sin agencias para prestar servicio al usuario o laborando medianamente.

  A todo esto tenemos que sumar la ausencia de un Estado de Derecho que proteja al ciudadano, la permanente persecución contra la disidencia política y los partidos opositores, a más de la censura, clausura y secuestro de los medios de comunicación, dueños, periodistas y articulistas. 

  La realidad, entonces, como ya hemos afirmado en otras notas, es que este venezolano residente en un espacio geográfico invadido por fuerzas militares y paramilitares extranjeras y sometido a la diaria tortura física y psicológica(como he señalado) no puede, sola, asumir su protagonismo histórico que le lleve a liberarse del régimen totalitario de izquierda radical, llamado socialismo del siglo XXI.

  Una vez más lo indicamos, coincidiendo con líderes políticos y gran parte de la población: es necesario la intervención de fuerzas militares combinadas internacionales para detener la Catástrofe Humanitaria Compleja que sigue aumentando y, como ya lo indicamos, presenta en estos momentos una población disminuida, desnutrida, enferma e incapacitada para hacerle frente a fuerzas invasoras (militares y paramilitares), profesionales, con armamento de guerra, entrenadas en escenarios de guerra asimétrica de 3-4ta., generación, tanto en confrontación tradicional como en terrorismo, inteligencia y contrainteligencia, y con un apoyo propagandístico globalista, que es notorio y evidente.

  La agenda política nacional parece centrada más hacia una salida electoral (que teóricamente es lo deseable), mientras descuida lo fundamental: salvar vidas. No desprecio ni me opondría a una salida político-electoral, que sería lo deseable y “civilizadamente” conveniente. Pero las circunstancias y la terrorífica realidad nos están gritando, con muertos, heridos, desaparecidos, presos y torturados de por medio, que es inevitable la confrontación bélica para salvar, tanto a esas vidas inocentes como la recuperación de extensas zonas del territorio (sur del lago de Maracaibo, Alto Apure, sur de Guayana, como áreas urbanas, Valles del Tuy, Porlamar-Pampatar, Petare, 23 de enero, entre otros), controladas por bandas y megabandas del crimen organizado y grupos paramilitares y del terrorismo internacional. Esto no se va a lograr, ni con actos de buena fe, ni con declaraciones, ni con elecciones. 

  La intervención de fuerzas militares regulares internacionales (o en su defecto por decisión unilateral de la potencia occidental más poderosa, Estados Unidos de Norteamérica), supondrá, guste o no, el enfrentamiento, solapadamente, con países que dan soporte real al régimen totalitario venezolano, Rusia, China, Irán, Siria, Cuba y Turquía. De allí lo políticamente delicado de la situación, además de la circunstancia momentánea que se vive con relación al virus chino y sus complicaciones.

  En todo caso, dejar que continúe el régimen venezolano es permitir la agonía de la población venezolana, mientras el social-comunismo internacional, con sus progres, antifas y demás neo fascistas/nazistas, van ocupando los países latinoamericanos, fortaleciendo sus alianzas y controlando poblaciones.

(*)  camilodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis   @camilodeasis1

miércoles, junio 03, 2020

La sistemática destrucción de una memoria


Lecturas de papel

La sistemática destrucción de una memoria

Juan Guerrero (*) 

  No me agrada leer la noticia, prefiero fijar la mirada en la fotografía. Es la imagen de un incendio. En el piso, regados por todo el espacio se aprecia un tumulto de libros aún con el fuego entre sus páginas. Son rostros, cuerpos quemados. El humo deja ver poco y también, la foto no es muy nítida. Sigo buscando rastros de lo que queda de ese espacio, tratando de reconocer el sitio pero no puedo identificar nada. 

  Miro y detallo algo en el techo, ausculto para ver si puedo identificar algún título entre los miles de libros chamuscados y quemados, pero todo es un amasijo negro de pura candela. Ya vencido, busco el encabezado de la noticia y un dejo de tristeza, de rabia y llanto contenido indica que es la Biblioteca Central de la Universidad de Oriente en su sede de Cumaná. Fue quemada en su totalidad en la madrugada. Me quedo silencioso mirando esa imagen que ya no identifico. Solo la memoria me queda para recordar la última vez que me acerqué, semanas antes de realizar mis trámites para solicitar me confirieran el título de maestría, en los años ’90.

  No sé ahora ni qué decir ni qué escribir. Porque sé que muchos de mis lectores quedarán sorprendidos y otros más, atónitos frente a semejante acto de la pura barbarie humana. Sí, no fue un incendio casual ni por desperfectos eléctricos, es la continuación de una destrucción que se inició hace varios años y que tuvo su momento de tensión cuando unas hordas de la izquierda radical, afectos al partido socialista venezolano que detenta la hegemonía del poder total y totalitario, tomaron el pasado año las oficinas rectorales e impidieron a las legítimas y legales autoridades ingresar al recinto universitario.

  Desde ese momento se aceleró, tanto el atropello contra las autoridades, personal docente, administrativo y de servicio, y estudiantes, como de la planta física. Desmantelamiento del mobiliario, robo a equipos y sustracción de material así como ocupación de espacios donde los bárbaros simpatizantes y militantes del régimen, sintiéndose protegidos y respaldados, cometieron y siguen realizando sus tropelías.

  Esto que narro para nada debe considerarse un acto aislado cometido por el hampa común. La Universidad de Oriente representa para la cultura universitaria y la ciudadanía venezolana el símbolo de la derrota de la dictadura y la preeminencia de los valores de la democracia venezolana. Fue la primera institución que se construyó después que se derrotó la dictadura del militar, Marcos Pérez Jiménez, en 1958. He allí su importancia, además de ser la institución de educación superior más importante y relevante del Oriente venezolano. Significativamente trascendental para la vida de los ciudadanos pues ha contribuido a formar el personal profesional, fundamentalmente de los hogares menos favorecidos tradicionalmente, que ha desarrollado el sur oriente del país.

  Con esta afrenta que de manera perversa, cruel, alevosa y planificada lleva a cabo el régimen socialista venezolano, se busca mutilar la memoria cultural y el saber de la población venezolana. Estos actos, si se revisa la historia sobre cómohan procedido otros regímenes socialistas (el nacional socialismo alemán en la era de Hitler, o el comunismo en los años de Stalín, o la revolución cultural en la era de Mao) se aprecia un mismo y exacto procedimiento para aniquilar todo rastro de memoria en la búsqueda del saber, la verdad y la libertad. Porque una biblioteca no sólo es un espacio lleno de libros y de visitantes, es, fundamentalmente, el reflejo de una nación y una ciudadanía cultas, que practican valores y principios y se saben y reconocen seres humanos libres en la promoción y divulgación de sus saberes ancestrales, decantados y fortalecidos. Razón tenía el pensador español, Miguel de Unamuno cuando afirmó que “El fascismo se cura leyendo”.

  Al destruir las bibliotecas, como lo hicieron los nazis, se destruyen los objetos donde el saber está depositado, libros, revistas y demás documentos que registran el tránsito de una cultura. No puede verse este acto de primitivismo, de barbarie como aislado ni casual. Son ejecuciones estratégicamente diseñadas que tienen como objetivo detener el avance de los pueblos en su formación académica profesional, capacitación y actualización de sus saberes y conocimientos.

  Las estadísticas del historial sobre la comunidad universitaria de esta institución indican que más del 80% de su población estudiantil, docentes, personal administrativo y de servicio proviene de los sectores sociales más pobres. Es una universidad republicana, pública, autónoma, democrática y liberal por tradición y práctica diaria de sus principios como Alma Mater (Alma Nutricia), donde todas las clases sociales de la región han hecho de esa institución la Casa más grande del oriente venezolano.

  Los actos vandálicos se continúan cometiendo para desmantelar los restos de la planta física de esa honorable institución. Queda únicamente la palabra, el registro de estos hechos ante la historia. Más allá de nuestros afectos, tristezas e impotencia para impedir semejante afrenta de crimen contra un ser vivo como lo es una universidad, queda el registro de estas notas para identificar a los responsables directos de esta barbarie, por acción directa u omisión: el régimen totalitario socialista-chavizta del carnicero de Miraflores y sus pillos.

(*)   camilodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis   IG @camilodeasis1