jueves, septiembre 29, 2011

NanoRelatos


Remiendos

Con el corazón roto buscó a su costurera

sábado, septiembre 24, 2011

Lenguaje y responsabilidad social


El lenguaje expresa la imagen del mundo y de lo que en él existe. Entendemos la vida, nos reconocemos naturaleza humana por intermedio del lenguaje. No existe otra posibilidad de existir ni de ser sino es en el lenguaje. Más aún, el mundo existe para nosotros primero en el pensamiento que estructuramos como imagen acústica; lo pensamos y dejamos que exista como imagen. En esto las culturas indígenas, indistintamente, siempre han concebido la creación del mundo primero en el pensamiento y luego como realidad verbal. Por ello más que expresar palabras y conceptos, un idioma, como expresión concreta del lenguaje, dice de una imagen que en su enunciado nos dibuja realidades específicas, experiencias de un yo que se reconoce en su individualidad monológica y que luego encuentra su reflejo en el Otro que no es más que un Yo multiplicado en el diálogo infinito, que nunca cesa y que constantemente fluye en un devenir de existencias.
Cuando alguien dice “Ni un paso atrás” o “No pasarán” o “Escuálidos” o “Chusma chavista”, expresa la realidad de un mundo que se cierra, se circunscribe a lo específico de ese acto de habla. Podemos catalogarlo como un tipo de lenguaje excluyente, discriminatorio, ofensivo a la dignidad humana, que refiere a mundos que se contraponen, no tanto por razones ideológicas o filosóficas, como por una visión del lenguaje que plasma, estructura una muralla donde no es posible traspasarla a través del diálogo.
El lenguaje nos habla de una realidad ontológica que le es propia, que le establece una ética y estéticas particulares. Su hacer fortalece a quien lo utiliza en la medida que este hablante define su mundo en función de intereses que responden a dimensiones, naturalezas de discursos que expresan esos mundos. Diremos entonces que el lenguaje mantiene una ética, una coherencia entre el pensamiento, su verbalización y la práctica que el hablante realiza. Pero al fracturarse esta ética adviene el lenguaje instrumental, ese excluyente que distorsiona la realidad y lo hace perlocutivo, discriminatorio, que asume al Otro no como sujeto histórico sino como objeto de un acontecimiento que lo niega como ser humano. La única forma de comprender la naturaleza de un idioma es conociendo su esencia en la medida que estamos conscientes de su ontología, para humanizarnos en la práctica de una ciudadanía que no es otra cosa sino la vivencia de la plena actividad política. Esto es, ser desde el lenguaje de la amorosidad y la justicia, que es la práctica de la verdad en acción.
Por lo anterior, diremos que en la actualidad no es cierto que la política esté arropando todo el escenario de la vida social venezolana. Por el contrario, es en todo caso la realidad de una práctica perlocutiva e instrumental de un tipo de lenguaje que, expresado en el idioma, se refleja en la cotidianidad de un discurso distorsionado donde “lo político”, como sinónimo de grupos y partidos, apenas muestra el chisme, la mamadera de gallo, la ofensa a ultranza, el fanatismo, la ortodoxia y la superstición, la oportunidad para descalificar al Otro-diferente en un infinito monólogo que irremediablemente desgasta y pervierte la imagen de un lenguaje que, fracturado, no puede ofrecernos otra opción sino aquella de la denominada por teóricos, como Lucien Goldman, “Colisión trágica de la existencia”. Colisión que pareciera inevitable y verbalmente real.
(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

viernes, septiembre 23, 2011

NanoRelatos


Dijo la cabuya al nudo

-Hoy ando desatada

NanoRelatos


Tiempos modernos

Hoy amanecí vivo por error

sábado, septiembre 17, 2011

Rancho mental


La marginalidad es, fundamentalmente, un estado mental. J. G.

La proliferación de ranchos como consecuencia de invasiones a terrenos que hasta hace poco tiempo permanecían solitarios y muchos de ellos sin mayor mantenimiento por parte de sus dueños, bien privados como públicos, es consecuencia directa del estado mental que se ha instaurado en aquellos ciudadanos, bien por carencias alimentarias, socioeconómicas y educativas, y en otros, por la desnaturalizada tendencia a la práctica política del populismo y la demagogia, trayendo como consecuencia el “estado de marginalidad absoluta”.
En este sentido son marginales quienes sin tener acceso a los bienes de consumo básicos ni medios para obtenerlos, se lanzan a la aventura de instalarse en cualquier rincón donde exista una porción de tierra para construir su barraca. Y también lo son, con mayor responsabilidad, quienes teniendo acceso a esos bienes y a ciertas posiciones de poder político y económico, incitan a semejante atentado, junto con los traficantes de la pobreza, quienes esperan más adelante apoderarse de esos terrenos pagando ínfimos precios a los invasores.
No justificamos en modo alguno esta práctica. Intentamos comprender a quienes, por razones humanas y de sobrevivencia, están urgidos por obtener una vivienda digna. Sin embargo esta práctica de invasiones y construcción de ranchos tiene, más allá de los aspectos superficiales que pudieran explicar (-a nuestro modo parcialmente) esta actuación, una única razón: falta de educación entre los ciudadanos.
Unos, los desposeídos injustamente de sus más elementales derechos humanos, que son violados diariamente por un Estado impúdico y “alegre”, y que, salvo su sagrada existencia, no tienen nada. Mientras que por otro lado, ese mismo Estado, a través de sus líderes, quienes incitan de manera abierta y descarada, desde hace más de cuarenta años, a una práctica casi natural de apropiación indebida de bienes públicos y privados. En unos y otros prevalece por igual la misma mentalidad marginal. Y esto porque el Estado, a través del gobierno, invade también: terrenos, fincas, industrias, factorías, talleres. Por tanto, la figura del rancho, como imagen mental que se proyecta en realidades concretas, es precisamente esa y no otra. De esta manera conocemos desde hace años las denominadas “soluciones habitacionales”. Eufemismo que proyecta la exacta figura del rancho, sólo que presentada pintada y remozada. Las dimensiones espaciales de esas estructuras para seres humanos continúa con la práctica que socialmente se aprecia en la vida de un rancho: hacinamiento y promiscuidad.
Para los desposeídos no tiene mayor importancia la estética socialmente aceptada: es bello aquello que muestra armonía en sus volúmenes, sino aquello que en su momento es útil para la sobrevivencia. Así, cualquier cartón, madera o plástico funcionan como pared o techo. Lo importante es “estar”, permanecer y dar lástima. De eso muchos desposeídos se alimentan mientras esperan al dirigente que está buscando cómo hacerse de unos votos para su partido mientras los miserables son mostrados en las más diversas formas del desamparo humano.
El rancho como estructura material, física, es sólo la superficie de una hondura mental que desde hace mucho tiempo se ha instalado en la estructura mental de cientos, miles, millones de venezolanos y que se expresa en modos particulares de realizaciones: “rancho autopista”, “rancho soluciones habitacionales”, “rancho escuelas”, “rancho hospitales”, “rancho cárceles” (-reflexiónese sobre el modelo arquitectónico casi idéntico de estas tres últimas estructuras) entre un significativo número de estructuras que se vinculan con la mentalidad estrecha, casi palúdica, de quienes han estado impulsando este tipo de desarrollo social. De esa estructura mental (rancho) que tienen instalado muchísimos políticos y empresarios, sólo podemos esperar eso: respuestas efectistas y demagógicas que responden a los momentos, a los instantes, como parches de un inmenso tumor social que ya se hace imposible seguir ocultando.
Sabemos entonces de presidentes, ministros, gobernadores, alcaldes, jefes militares, jefes civiles, diputados, industriales, entre tanto “roba pantalla” que durante años han alimentado esta práctica. Más aún, la extendieron hasta las mismas aulas de clase: facilismo del estudiante y del docente, dejadez, escasa rigurosidad académica y descuido del sentido ético del trabajo y vocación de servicio comunitario.
Este pensamiento y actuación del rancho mental imposibilitan la definitiva erradicación de la práctica de las invasiones y la proliferación de la ranchería en nuestra sociedad. Peor aún, no será posible en este cortísimo plazo eliminar esta práctica por una sencilla razón: pronto habrá elecciones y estás se ganan con votos. Por lo tanto, los desposeídos significan votos, y así son vistos por los oficialistas y opositores, no como seres humanos, y en consecuencia será siempre en otro momento que se atienda esta situación. Pero como entre los minusválidos mentales políticos de este país no existe voluntad política ni capacidad gerencial, todo se quedará para “después”
La única manera de revertir, de transfigurar el rancho mental está en un riguroso, directivo y ético-estético proceso educativo centrado en valores, de manera sistemática, académico y con vocación de servicio social y mística de trabajo.
(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

viernes, septiembre 16, 2011

Nano-Relato


Confesiones de medianoche

Tanta soledad me llevó a inventarte, dios

viernes, septiembre 09, 2011

Una limosnita, ¡por el amor de dios!


Me comenta una apreciada amiga que en sus años cuando vivía en Caracas existía una pordiosera, por los lados del centro, que se pasaba horas sentada en una silla de ruedas mostrando una sangrante pierna exageradamente inflamada, casi gangrenada, simulando una elefantiasis terminal. Las personas por piedad le daban lo que podían. Con el tiempo la mujer fue degenerando. Cierta vez amaneció muerta. Los bomberos acudieron al lugar y para sorpresa de todos descubrieron que la pierna supuestamente gangrenada mantenía tremendos bistecs recién instalados, que aún botaban sangre… pero de la res. Cuando se supo la noticia en el barrio donde vivía la pordiosera, la policía y vecinos fueron a su rancho para saber si tenía familia a quienes darle la noticia. No encontraron rastros de nadie. Sin embargo encontraron otras huellas: la mujer tenía cientos de frascos de mayonesa, de los más grandes, donde mantenía muy bien distribuidas las monedas y billetes que recogía de los solidarios caraqueños. Había cientos y cientos de frascos por todo el rancho. Miles y miles de billetes y monedas. Había millones en más de mil botellones de vidrio. Ese era el “hobby” de la pordiosera, coleccionar dinero.
Otro amigo me comenta que también en la Caracas del siglo pasado había un mendigo en una silla de ruedas que tenía un oído todo lleno de pus donde pululaban las moscas. La gente pasaba por su lado y enseguida extendían sus manos y dejaban cualquier moneda o billete. Daba grima ver aquel espectáculo. Sin embargo, una o dos veces al día y mientras no pasaba casi nadie por el lugar, el enfermo sacaba del interior de su oído un algodón, introducía uno nuevo y acto seguido le derramaba un poco de leche condensada. Mi amigo también me comentó la historia de una persona, en la Argentina de los años ’70, un joven que se ganaba la vida llorando y lamentándose por la muerte de algún ser querido. Cuando no tenía dinero recorría las grandes avenidas bonaerenses deteniéndose en cada esquina lagrimeando. Cuando la gente se le acercaba decía que se le acababa de morir su mamá y no tenía para enterrarla. De esa manera mató a la mamá, al papá, a los hermanos, abuelos, tías, y cuando no le quedaron más familiares se dedicó a robar y recorrer Latinoamérica hasta que terminó en Venezuela y corrió con mejor suerte. Se casó con una honorable dama upatense a quien por nada del mundo abandona.
Esto que comento viene a mi mente ahora cuando casi todos los días y desde hace varios años veo por las calles, plazas, plazoletas, esquinas, y además, recibo por Internet copias de mensajes de amigos con pedimentos de personas quienes solicitan ayuda, otros hasta muestran a sus hijos con tumores, enfermedades terminales y cosas por el estilo. Casi todos piden que a su vez se reenvíe el texto. Estas inocentes personas no saben que casi en todos los casos las notas terribles de esas supuestas ayudas se originan en centros de promoción de productos masivos con la única intención de obtener direcciones de correo electrónicos para registrarlas y enviarles promociones.
Traficar con la lástima y manipular los sentimientos humanos es una de las actividades más antiguas del hombre. Sobre manera en sociedades altamente emotivas como la latinoamericana y particularmente acá en Venezuela, donde todavía existe un alto nivel de “circulante” por las calles. Ese “menudo” que no sirve para más nada pues les viene muy bien a aquellos quienes se valen de nuestros sentimientos para usarlos no precisamente en lo que pregonan.
La situación en nuestra sociedad se complica en este sentido porque la mentalidad de mendicidad se está progresivamente masificando a partir de un modelo excepcional: la del propio y mismísimo presidente de la república.
Lo grave y alarmante de ello es presenciar cómo desde el mismo gobierno del Estado se profundiza en esta práctica. Del Estado protector se pasó al Estado paternalista y de allí a la aceptación del ahora Estado de la mendicidad como condición para acceder a la categoría de ciudadano reconocido por el Estado. Dar lástima y mostrar ante los demás una condición física o mental de minusvalía, generalmente disfrazada, es condición para la atención de una solidaridad mal entendida y que se asume como valor individual y de Estado.
Esa misma estrategia la usó en su momento Rafael Caldera cuando en su campaña política mostró en unos gigantes panfletos a un niño famélico, moreno, sin camisa, mientras se podía leer: ¡Por mí, vota verde!
Entienda usted que al extender su mano y dejar en el supuesto mendigo unas cuantas monedas lo que está haciendo es dejarse manipular y a la vez está contribuyendo a consolidar una sociedad de minusválidos mentales. Igual hacen algunos políticos, tal el presidente.
Sea responsable y no se deje manipular. Asuma la vida con mentalidad adulta y rechace al manipulador.
(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

sábado, septiembre 03, 2011

Revolución fingida vs oposición maquiavélica


Leyendo parte de la historia de Venezuela de la época, entre 1850 y 1915, encuentro una serie de sucesos que parecieran repetirse ahora en este siglo XXI. De los gobiernos y personajes emblemáticos, como Páez, Antonio Leocadio Guzmán y Guzmán Blanco, Linares Alcántara, Zamora, Castro y Gómez, puede observarse una similitud en los actos que una vez más vuelven a repetirse en estos años. Sin embargo, con otros personajes y fechas, aunque siempre el escenario será el país sufrido y luminoso de día y los oscuros y promiscuos pasillos nocturnos, en la casa de misia Jacinta. Debe admitirse, aunque no sea del todo agradable, que todos estos y otros personajes, como los actuales, accederán a los registros de la historia nacional, unos con extensas líneas, otros apenas con dos o cinco párrafos. Lo que importa de ello es que así vamos construyendo nuestra historia: con asco y repulsión, con lágrimas y sonrisas, con anhelos y frustraciones y también con un profundo sentimiento de saber que nos agrade o no, esa es nuestra gente y esos son los lunares negros y blancos de nuestro cuerpo individual y social con quienes mantenemos un lazo indisoluble, porque es precisamente en la diversidad de la vida y sus actos donde podremos encontrarnos. No es tiempo de estarse preocupando de esta marginalidad de mensajes que no terminamos de digerir. Es tiempo de ocuparnos de construir y afirmar en la trascendencia cultural y en los actos concretos de solidaridad entre hermanos. Atrás deben quedar los momentos de furia, ira e histerismo, de calumnias y vejámenes, de amenazas y fingimientos, de artificiales posturas de irreconciliables y falsas maniobras de líderes marginales que no terminan de entender a la mayoritaria población de seres concretos: pescadores, agricultores, panaderos, estudiantes, enfermeras, maestras, albañiles y cientos de miles de millones de ciudadanos venezolanos que lo único que deseamos es que nos dejen vivir con dignidad y decencia.
Ahora que he recorrido cerca de tres mil kilómetros por carreteras de este país, encuentro entre la gente normal una misma e intensa mirada. Esa que dice que seguimos vivos. Que a pesar de las dificultades, de la adversidad del momento está la disposición de mantenernos de pie a pesar de tanto maltrato de un gobierno obsceno y una oposición engañosamente oportunista y manipuladora. Observé por los pueblos del centro, occidente y oriente del país personas que se han tenido que organizar para fortalecerse como comunidad, que están limpiando sus propias vías de acceso. Que a pesar de su miseria a cuestas aún tienen suficiente decencia entre las manos para ser solidarios. Esta es la real y verdadera esencia de la cultura nacional, tan ajena y distante de los falsos revolucionarios de pacotilla y mentalidad cuartelaria, y dirigentes de una oposición que estructura sus estrategias a control remoto y que apenas está aprendiendo a subir cerros.
Antonio Leocadio Guzmán, con el oportunismo que le caracterizó, vuelve una vez más con otro rostro y otro disfraz, pero es la misma estrategia, la misma actitud y la misma semántica. También un José Antonio Páez que desea la inmortalidad en su caudillismo, ya sin caballo ni reloj de arena o leontina. Ahora viene en Airbus y dando la hora en su Rolex de factura europea, montado en un Bentley.
En resumen, siempre seremos nosotros, la normal población de anónimos ciudadanos venezolanos quienes tendremos que levantar este cuero duro y seco que es Venezuela. Alguna vez, en noventinueve o ciento veinte años, alguien leerá en la historia de Venezuela que una vez sus líderes y dirigentes políticos fueron moralmente dobles y sesgados: rígidos, altaneros y asexuados de día, y atolondrados, pervertidos y corrompidos por la noche.
(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

sábado, agosto 27, 2011

Mensajes de textos


Hoi alas onse de la mañana llegue de
Mexico y nosbamos ala tarde para España.
Simón Bolívar. Carta a su tío Pedro Palacios Blanco.



Lo que interesa de esta carta escrita por Bolívar, quien no tendría más de 16 años, mientras desembarcaba en el puerto de Veracruz, México, en su viaje a España hacia 1799, no es tanto el descuido ni torpeza en la transcripción del español de la época, que tendría más de una justificación, sino el hecho de resaltar algunos aspectos que aún hoy, a más de doscientos años, se siguen repitiendo: la tendencia al seseo en nuestro español venezolano, la pérdida de la d intervocálica y la ausencia de la tilde en la acentuación de algunas palabras. Rasgos estos que en los últimos años se están fortaleciendo en el uso cotidiano en nuestra población. Sobremanera entre usuarios de los modernos sistemas de comunicación, como son los llamados teléfonos celulares o móviles.
Sobre esa pequeña pantalla estamos asistiendo al nacimiento de un tipo de comunicación escritural que paulatinamente se fortalece a medida que se fonetiza en su transcripción el habla oral (se escribe como se habla) para comunicarse.
No creo sea prudente pasar a valorar semejantes rasgos en la grafía actual toda vez que estos parecen estar presentes desde hace un buen tiempo. Incluso mucho antes de normarse nuestra lengua con el nacimiento de la Real Academia de la Lengua, en 1713 por Felipe V, para fixar la lengua castellana, otros autores, como Francisco Sánchez de las Brozas, conocido como El Brocense, proponía en su libro Minerva, publicado hacia 1587, la necesidad de rescatar racionalmente la tradición de la lengua. Igual sucedió con el gran maestro Antonio de Nebrija, quien se enfrentó al Santo Oficio por sus posturas sobre una manera más elegante y moderna en el uso de la palabra escrita.
Sea para mantenernos actualizados sea para entendernos en este cada vez más complicado mundo hipercomunicado, lo cierto es que en la actual pantalla de los celulares aparece un tipo de comunicación que está rompiendo (-y esto no es necesariamente aceptado por todos) con las estructuras establecidas y fijadas por la norma. Sin embargo, es una realidad que no se puede obviar ni negar tan fácilmente imponiendo criterios moralistas, pseudoeducativos ni mucho menos siendo peyorativos con quienes asumen esta nueva manera de escribir sobre la pantalla del celular.
Conviene presentar, a manera de ejemplo, algunos párrafos para que se aprecie esta manera de escribir mensajes de texto:
“ce diría q’ (o ke) en la nueva manera de escribir el kstyano ablado en vnezuela ay una fuert tndncia a la economía dl lenguag, toda vz q’ el ablant reqrre a la concntracion d palabras q’ registran una doble pronunciación, ec uso multiple d registros foneticos tiend aora a sinttizarc con letras (fonemas) q’ asumen doble sonido. Tnemos entonces trminos, como por ejemplo: t, d, c, k, y, b, g, p, así como el uso de la y, q’ sustituy al sonido ll, mientras el uso de la ñ tiene cierta variedá d registros, todos sobrentndidos por el contxto dl discurso. Igualment aparec una clara manifestación d la prdida d la acntuacion y al uso ksi único d la coma y a vcs dl punto. Como c pued apreciar, las marks fonétiks kda vz + están indikndo q’ entre los ablants dl kstyano venezolano exist una urgnt y necsaria revisión d los postulados q’ ac ya + d 2 siglos normaron nuestra lengua y q’ oy c presenta como una kmisa d fuerza q’ no trmina d mostrar nuestra realidá + trascndnt”
Indudablemente que siempre será mejor acceder a este tipo de nuevas maneras de escritura, teniendo una experiencia previa en su uso que nos permita saber el por qué de esta interesante forma de registrar en la escritura la palabra oral. Y veamos esto no tanto como una consecuencia de los nuevos usos tecnológicos. Quién de nosotros no se acuerda de aquellos años cuando nuestros profesores nos llamaban la atención al escribir q’ en vez de que, o en quienes se proponían vender su carro (c vnd) escrito con tinta blanca sobre el parabrisas. Esos y otros registros han sido quizá los precursores de una manera de escribir no tan nueva ni traída por los cabellos, sino fijémonos en el “chamo” Simón cuando le escribía a su tío, entre otras hermosas construcciones: “Estimado tio mio: mi llegada á este Pu-erto ha sido felismente, gracias á Dios: pero noshemos detenido aquí conel motibo de haber estado bloqueada la Abana, y ser presiso el pasar por allí; de sinco Nabios y once Fragatas Ingleces. Despu-es de haber gastado catorce días en la nave gasion, entramos en dicho Puerto el dia dos de Febrero contoda felicidad. Hoy mehan sucedido tres cosas q.e mean conplasido mucho: la primera es el aber sabido q.e salia un barco para Maracaibo y q.e por este conducto podia escribir austed. mi situasion y partisiparle mi viaje q.e ise á Mexico en la inteligencia q.e usted con el Obispo lo habian tratado, pues mealle haqui una carta para su sobrino el Oidor de alli recomendandome ael, siempre q.e hubiese alguna detencion, la cual loacredita esa q.e le entregara usted, al Obispo q.e lemanda su sobrino el Oidor, quefue endonde bibi los ocho dias (…) Sumas atento Serbidor y su yjo Simon Bolivar (…) Yo me des senbarq.e enla casa de D.n Jose de Austrea el mario de la Basterra quien memando recado en cuanto llegue aquime fuese asucasa y conmucha instancia ymedaba por razon q.e no havia fonda en este puerto” Escritos de El Libertador.

(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

sábado, agosto 20, 2011

Palabras prostituidas


En la antigüedad la palabra oral era pronunciada con determinada orientación. Las había dedicadas a ciertas funciones mientras otras estaban ofrecidas a dioses, protectores y jerarquías reales.
Desde el nacimiento del día hasta el fin de la jornada los hablantes prestaban mucha atención al uso de las palabras. No obstante por las laberínticas callejuelas de las antiguas ciudades, como Biblos o en Ur, se colocaban los habladores en las esquinas y otros lugares estratégicos, para pronunciar palabras que permitieran acceder a los dioses y demás deidades, esperando la ansiada gratificación de ser escuchados por la divinidad. Las palabras entonces reconfortaban, consolaban, orientaban y se sentía cómo ellas alimentaban el alma de quien osaba pronunciarlas.
Por esas y otras razones quienes se especializaron en el uso de determinadas palabras se convirtieron en magos, taumaturgos, alquimistas donde el lenguaje oral posibilitó la transformación de ordinarios metales en nobles y relucientes joyas de arte.
Sin embrago, la palabra antigua conservó en su esencia la misteriosa savia donde aún permanece el ethos, el carácter, la coherencia, la cohesión, la armonía y la cadencia de una sabiduría de vida que se ha transmitido de padres a hijos.
Tristemente algunos usuarios del lenguaje oral, los políticos, han usado las palabras para adosarles significados y connotaciones que en la práctica, distan mucho del origen, uso y aplicación actuales.
En boca de políticos la palabra pueblo perdió su razón primera como aglutinadora y dadora de vida y sentido de pertenencia a un lugar. Recuerdo cuando niño se la usaba para sumar adeptos y votos para la causa de algún grupo o partido político. Pueblo se asoció a demagogia, a picardía y a todo aquello que significara traición, mentira y pobreza de formación intelectual y de sentimientos. Con ese término muchos políticos lograron hacerse con el poder del Estado para, en su nombre, traicionar ideales y desnaturalizar la palabra y su magia. Pueblo ha sido sinónimo de minusvalía y, peyorativamente usada, se la asocia a persona inculta, que da lástima y es motivo de burla.
Otra palabra que por estos años ha sido degradada hasta la saciedad es socialismo. En Venezuela y otros países latinoamericanos se la entendía como un término que despertaba esperanza y deseo de cambio para una hermandad entre comunidades y como sistema político que brindase bienestar, seguridad y armonía para todos. Una suerte de legitimidad de la sociedad en su devenir como conjunto de personas que buscan acceder a un mundo más humano y digno. Dolorosamente por estos años esa palabra tan hondamente humana ha sido descuartizada, martirizada hasta degradarla al uso comercial del más puro capitalismo salvaje.
Ciertamente que el significado de las palabras está en las personas, su uso en boca de anónimos le ha estado cambiando su razón de ser, hasta llevarlas a una aplicación que dista mucho de su origen. Cualquier acto, programa político, proyecto económico, declaración de principios lleva el nombre socialismo como eslogan de un marketing que promociona y vende a un presidente, gobernador, alcalde o jefe civil.
Pocos usuarios de esa palabra sabrán qué significa tal término y peor aún, la actitud de vida que implica ser socialista.
Otra palabra desacreditada y sometida al más brutal saqueo en su significado y uso ha sido revolución. Todo político que se crea señalado por el dedo de su líder, piensa y actúa como un energúmeno, pasando por encima de cualquier persona para satisfacer al jerarca, creyendo que eso es revolución y ser revolucionario. Por estos años ser revolucionario falsamente se entiende como persona que debe acatar líneas de un partido e imponer a los demás planes y programas de acción sin mayor reflexión ni argumentación. Ser revolucionario es sinónimo de persona arrogante, de hablar destemplado, altanera, pícara, irreverente, obsesivamente ortodoxa en sus afirmaciones, fanática en sus creencias y supersticiosa en sus fantasías.
Sé que los ciudadanos de una sociedad como la venezolana tardaremos años en recuperar, no sólo la confianza en nuestro semejante, también en recuperar esas y otras palabras sagradas, limpiarles el estiércol que tanto político de pacotilla y utilería le ha lanzado a esos términos. Redimensionar las palabras, darles brillo y esplendor. Adecentarlas y hacerlas accesibles a todos los hablantes en un proceso riguroso y continuo, pedagógico y valorativo, dará señales para los nuevos tiempos, donde las palabras ofrezcan, tanto su sentido de uso común para comunicarnos libremente, como la magia que nutre y dignifica el alma de quien la pronuncia.
(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

sábado, agosto 13, 2011

Al detal


Hace unas semanas, de viaje hacia San Fernando de Apure, mi esposa y yo nos detuvimos en una estación de servicios a la entrada de Sabaneta de Barinas. Con tanta sed quisimos tomarnos un refresco de esos energizantes. En su impresión el precio marcado era de BsF 9, pero la dependiente pidió 12. Al indicarle que el precio legal estaba en la impresión, ella nos dijo que ese era el precio que el dueño, un árabe, le había indicado, y que en los abastos del pueblo costaba más caro. -Cosas de estos tiempos, nos dijimos. Y es cierto. Por estos años el ciudadano venezolano ha estado viviendo el capitalismo más salvaje de que se tenga memoria.
El venezolano se ha ido progresivamente convirtiendo en un sujeto buhoneríl, tanto en la práctica como en la actitud de vida. Eso lo puede corroborar quien vaya un fin de semana al mercado del Cementerio, en Caracas, o al mercado de los Guajiros, en Valencia o a Maracaibo o al de Acarigua. O apenas trate de detenerse en un semáforo para que experimente cómo los vendedores ambulantes se caen, literalmente, a empujones entre ellos para venderle una bolsa de tomates o de aguacates o un matamoscas eléctrico.
Ya no queda sitio en este país donde la acción buhoneríl esté despejada. Todo ha sido ocupado por una horda de hambrientos vendedores quienes luchan en su frenesí para lograr vender aunque sea una “mano ‘e mamones”.
Pueda que los países europeos o Japón, Canadá o Australia sean sociedades capitalistas, pero obviamente están organizadas y tienen sentido estético y ético en sus relaciones humanas, aunque sea de “utilería”. Pero en Venezuela se vive y se respira un capitalismo absolutamente salvaje, inhumano, agresivo, comercialmente abusivo, sin moral ni principios, salvo el que dicta el sonido del dinero.
Además, las leyes, ordenanzas y normas que existen en la jurisprudencia venezolana se convierten en letra muerta cuando de cumplimiento se espera. El comerciante venezolano, ex pulpero de pueblo, se malacostumbró a obtener más del doble de ganancia en la venta de sus productos. Por otra parte, la figura del revendedor, que usted observa por doquier, ha contribuido a encarecer los productos básicos de la dieta del venezolano.
Frente a esta dantesca imagen del salvajismo capitalista el ciudadano común está atado de manos frente a esa avalancha de seres que día a día engrosan las filas de la buhonería nacional.
Por lo demás, la actitud del buhonero parece similar a la del minero: nunca establece un lugar fijo ni definitivo. Va de espacio en espacio alterando absolutamente todo el entorno sin jamás aportar nada positivo a quienes habitan los sitios que ellos invaden. Se les reconoce por los tarantines que levantan: chozas de plástico, andamios de alambre, tablas como mostradores improvisados, vías de acceso interior tan estrechas que se debe transitar casi de lado. En fin, esa improvisación ha saltado desde hace tiempo, años, a la memoria del venezolano y se ha vuelvo estrategia de Estado. Por eso las soluciones jamás pueden ser definitivas. Por eso el gobierno improvisa “operativos” como soluciones espasmódicas: operativo navidad, 2011; operativo carnaval, 2010; operativo Semana Santa, 2009; operativo vacaciones, 2008; operativo cedulación, 2007; operativo escolar 2006; operativo mercado, 2005, sin establecer planes definitivos para superar esta mentalidad de “tránsito” que existe en el enredo ideológico de los líderes del gobierno del Estado.
Ciertamente que la actualidad económica venezolana en modo alguno es la de un sistema socialista. No puede serlo porque si viviéramos bajo ese sistema, después de 13 años de este gobierno, ya estaríamos por experimentar, al menos, la seguridad social y el orden riguroso que se observa desde el aula de clase, la fábrica de producción y la familia. Por el contrario, y como lo hemos estado escribiendo desde hace más de 15 años, el Estado venezolano en la práctica dejó de funcionar y en la actualidad existe un gobierno de mentalidad marginal que actúa exactamente como un buhonero.

(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

sábado, agosto 06, 2011

Gobierno de papel


Entendamos de una vez esto: El gobierno del Estado venezolano es una gigantesca máquina de propaganda política! Y para ello quienes están en la dirección institucional se desempeñan como vendedores para promocionar el producto más acabado que tienen: la imagen del presidente. Así debe entenderse y no de otra manera. Las disquisiciones sobre si este es un gobierno de izquierda, socialista, comunista o de otra índole, está en un segundo plano. Tanto mejor para los intereses de propaganda del gobierno si los ciudadanos se desgastan pensando y hablando sobre este u otros temas. Entiéndase que este gobierno no tiene intenciones de realizar obras de infraestructura que permitan a los ciudadanos una estabilidad socioeconómica o de seguridad personal. Apenas realizar proyectos y anunciarlos es la estrategia. Para eso se formaron. Quienes controlan el aparato del Estado pasaron horas, días, semanas, meses y años pensando, leyendo y discutiendo sobre teorías y eso es lo que saben hacer. El llamado izquierdismo venezolano es de tendencia pequeñoburqués y medró a la sombra de los gobiernos anteriores, bien alrededor de los centros culturales, bien en las universidades o bien en la célebre República del Este. De manera excepcional el más importante crítico literario del siglo XX en Latinoamérica, Ángel Rama, lo menciona de forma casi profética. En su diario aparecen nombres de personajes que en la actualidad forman parte del gobierno y que en los años ´70 y ´80 estaban “asociados” a la maquinaria intelectual de los gobiernos tradicionales.
Por tanto, no podemos afirmar que este sea un gobierno diferente. Es, por el contrario, la decadencia de un modelo que ofreció ciertos adelantos y posteriormente, a finales de los años ’80 comenzó un imparable desastre del Estado con la desarticulación de todas sus instituciones y ya lleva cerca de 20 años en una degeneración inocultable. La actualidad en modo alguno es un socialismo ni mucho menos comunismo. Es un manejo con mentalidad marginal de la Cosa Pública. Las soluciones se hacen de manera improvisada como se comenzó a hacer en los gobiernos que actuaron en las dos últimas décadas. Esto es una continuación de un sistema de administración del gobierno del Estado que dejó de funcionar hace ya varios años. No es posible pedirle a este gobierno que solucione nada pues en la estructura mental de sus dirigentes no está instalada la capacidad gerencial ni la voluntad política para hacerlo, mucho menos el sentido de vocación de servicio ni mística de trabajo grupal.
Lo que sí saben hacer es generar propaganda: congresos, encuentros, seminarios, talleres, mesas de trabajo, reuniones políticas, paradas militares, celebraciones, cadenas informativas, declaraciones de principios, apoyos internacionales, diseño de estrategias en salas situacionales. En fin, es un tipo de venezolano formado en los años ’50, ’60 y ’70 y que ha influido en gran parte de las nuevas generaciones. Son los llamados “picos de plata” o “cabezas calientes”. Para todo realizan círculos de discusión. Están informados sobre todo y son capaces de hablar de cualquier tema como el más concianzudo especialista en la materia. Pero como todo teórico formado bajo el esquema stalinista, primero someten a discusión sus ideas a la camarilla de los cuatro o cinco incondicionales del equipo, y una vez tomada la decisión, la ofrecen a la “masa” para que ella apruebe y todo se vea como una decisión de la mayoría. Bajo este esquema se iniciaron en Venezuela y el resto de los países de este subcontinente, los partidos socialdemócratas y democratacristianos. Una estructura de cuadros con una sólida línea que venía impuesta desde arriba, por el líder o caudillo.
Bajo esta óptica es muy cuesta arriba sustituir este modelo que lleva cerca de 60 años en la memoria del ciudadano venezolano. La posibilidad que queda para poder enfrentar esta máquina de propaganda estriba en dos líneas de acción: por una parte, contrarrestar la calculada, pensada y mil millonaria propaganda proselitista del gobierno del Estado con hechos concretos que permitan a los ciudadanos optar por cambios reales y posibles. En ello los gobiernos regionales y municipales de oposición tienen una participación de responsabilidad histórica. Lo otro es presentar al ciudadano venezolano la imagen de una Venezuela posible, renovada, positiva, inclusiva, donde hasta los grupos comunitarios del oficialismo que creen en su líder, tengan la posibilidad de acceder y participen sin ser vistos como renegados. Al fin y al cabo esos grupos que viven en los pueblos, caseríos y zonas apartadas del país, sufren también las calamidades de un gobierno déspota, mentiroso y pícaro, y tienen derecho a participar en la construcción de una nación democráticamente participativa, comunitaria y solidariamente compasiva.
(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

viernes, julio 29, 2011

Universidad y pensamiento conservador


Qué propone y (sobre todo) qué hace la universidad por una sociedad mejor? Nada. Josu Landa. Miseria de la universidad.


Lo que sigue a este epígrafe de Landa, dice así: “Y aquí es donde puede radicar una de sus más graves amenazas. Porque, una institución que, lejos de superarse, empeora gradualmente, y, para colmo, no se compromete con el destino histórico del país es totalmente indefendible”. A más de veinte años de semejante afirmación la universidad republicana, democrática, autónoma y pública parece toparse de frente con su destino.
Lo más grave no es tanto la tradicional intromisión que los distintos gobiernos del Estado, en diversas épocas de la historia universitaria, han intentado hacer con los asuntos de la universidad. Lo delicado es la creciente parálisis de una academia (investigación, extensión y docencia) que no parece tomar en cuenta las reales necesidades de una sociedad que a gritos reclama de la universidad y los universitarios participación proactiva, verdadera y solidaria en su desarrollo como comunidad integral, integrada e integradora.
Ha habido (-cada vez es menor) participación de universitarios en la gestión comunitaria, en la concreción de proyectos tangibles; pero la universidad venezolana, como un todo y en sí misma, es un desecho académico de ideas conservadoras y decadentes. Apenas un ejemplo: el área académica de investigación en la práctica realiza proyectos que responden generalmente a un interés individual (-de quien propone y ejecuta el proyecto) y no institucionales y menos comunitarios. De esta manera se pueden apreciar una serie de muy buenos proyectos, la inmensa mayoría financiados con dineros que aporta el Estado, que van a promover ideas individuales, personales o en el mejor de los casos, grupales (centros de investigación). Desde el punto de vista del interés social esta serie de investigaciones pocas veces parten de la indagación con el entorno social. Repito, es raro, extremadamente raro que un investigador se plantee iniciar un estudio a partir del entrelazamiento de sus ideas con la contrastación y constatación de la experiencia comunitaria. Esto, obviamente, tiene una razón de ser: la visión del denominado fenómeno de investigación. Y esta simple cuestión responde a un modelo filosófico-ideológico y de praxis política donde el universitario ve al mundo (e indudablemente a los seres humanos) como un objeto y no como sujeto. Esta mirada deviene razón ideologizante (razón y mirada positivista y neopositivista) que no podrá superarse mientras en las teorías de investigación se adiestre al investigador para que asuma al Otro como instrumento de uso.
Por esta y otras razones, en la universidad republicana, democrática, autónoma y pública las investigaciones deben ser siempre institucionales. Deben responder a necesidades del entorno comunitario. La razón: las investigaciones de carácter institucional-comunitario obligan a pensar y generar esfuerzo intelectual y físico, permanente indagación en el entorno industrial, empresarial, sociosanitario, cultural, deportivo, entre tantos sectores necesitados y urgidos de asesoría académica integral, integrada e integradora.
No creo que la crisis actual de la universidad se resuelva tan sólo con el aumento de su presupuesto ni menos con una discusión de claustro sobre su autonomía, que también debe adecuarse a la realidad. Porque la autonomía no es sólo de carácter territorial. La universidad es mucho más que una hectárea de terreno. Es, sí, de territorio cerebral, intelectual y de compromiso comunitario.
Casi de espaldas a la sociedad la universidad es un fantasma académico que a nadie asusta ni interesa. O sí, como dice Josu Landa: “Una universidad indefendible es, precisamente, la víctima potencial que andan buscando los hipócritas “reformadores” de siempre (para no reformar nada, por supuesto) pues, no pueden hacerlo los portadores de los mismos vicios que han hundido históricamente a la universidad en el caos“
(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

sábado, julio 23, 2011

Universidad y marginalidad


Generalmente se relaciona a la marginalidad con desnutrición, desempleo, analfabetismo e insalubridad. Esto, que no deja de ser cierto sin embargo, no es totalmente correcto. La marginalidad es fundamentalmente un estado mental. Así como suele identificarse tradicionalmente los sitios donde anida la marginalidad alimentaria y educativa, los barrios. También existen lugares donde otro tipo de marginalidad encuentra cobijo: urbanizaciones, gobernaciones, ministerios, partidos políticos, cuarteles, iglesias, mezquitas y conventos, cámaras de comercio, industrias, universidades.
Las investigaciones que se han llevado a cabo sobre la marginalidad le han señalado a ésta una vinculación con la totalidad del desarrollo humano. De esta manera encontramos que frente a la tradicional marginalidad por desnutrición material e insalubridad, coexisten otras formas de marginalidad, como aquella intelectual, académica, psicológica y espiritual. Son seres “desnutridos” de formación y afecto. Por ello sabemos de profesionales quienes denotan en su ser y hacer maneras cercanas o propias a una profunda marginalidad intelectual. Pequeñeces expresadas en la falta de análisis crítico frente a un texto, cuando no se es capaz de comprenderlo más allá del desciframiento en sus códigos lingüísticos. Esta marginalidad se refuerza en los centros de educación superior, donde una pequeña porción de docentes y parte del personal rectoral adolecen de los instrumentos teóricos de reflexión sobre los procesos educativos, que les permita entender la vida universitaria y nacional para fortalecer la memoria cultural en los estudiantes, quienes esperan la palabra, soportada en lecturas y discusión reflexiva, de los docentes y sus autoridades. Pareciera que estos marginales poseen mayor responsabilidad que aquellos quienes ni siquiera tienen qué comer.
Es cierto que este tipo de marginal es difícil detectarlo, pues se cubre de fino ropaje y olorosos perfumes para parecer doctos en “sapienza” y reflexión. Son algo así como la historia del “diente roto”. El país universitario concentra en su dirección institucional una minoría de débiles mentales a la espera de ser recomendados para nuevas posiciones gerenciales en bien de grupos de compadrazgo quienes confunden malintencionadamente, entre política académica y política partidista, las directrices del pensamiento intelectual de lo “universitas” que guía toda acción académica universitaria que se precie de enriquecer el Alma Mater en sus cimientos espirituales.
Esta confusión, esta marginalidad intelectual y espiritual, está llevando a la comunidad universitaria venezolana a codificar un discurso elemental que lleva en la práctica a una especie de “operativos” institucionales para recabar fondos, por ejemplo, que permitan la estructuración de la planta física, la improvisación de instalaciones en locales notoriamente antipedagógicos e insalubres, la contratación de personal sin las calificaciones para ejercer tan alta responsabilidad educativa.
La universidad es uno de los escasos espacios donde aún se encuentran mentes que dignifican con su ser y hacer la tradición y el rostro autónomo de un pensamiento intelectual, científico y humanístico que da fundamento al desarrollo integral de la mujer y hombre venezolanos.
La universidad republicana, autónoma, pública y democrática ofrece al país cerca del 80% del esfuerzo intelectual en conocimiento aplicado en investigaciones de primerísima línea. Ha sido la Casa del Saber donde la libertad de pensamiento ha formado la clase dirigente, económica y política de la nación.
Por todo esto, mantener silencio frente a esa minoría de marginales intelectuales académicos universitarios, que además son desnutridos de afecto y solidaridad humanas, y quienes con certeras estrategias clientelares se han apoderado de la universidad venezolana, es hacerse cómplice del estado de indefensión y abandono en que se encuentra la mayoría de la población nacional.
Todo universitario, intelectual, académica y espiritualmente formado en valores y en la tradición más sublime del alma venezolana, no puede permanecer en silencio frente al oprobio de quienes están dañando la trayectoria de lucidez y dignidad que posee la universidad venezolana de siempre.
Permanecer en silencio hoy es poco menos que cobardía y autoengaño.

(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

sábado, julio 16, 2011

PRAN


La nuestra es una sociedad que no sólo es violenta en cuando a sus maneras de relacionarse físicamente, también lo es en cuanto al uso de un lenguaje que le sirve para reforzar esa violencia que día a día imprime en sus actos la marca de una sociedad altamente agresiva. En este sentido valdría la pena transcribir parte de un trabajo realizado por un grupo de mis estudiantes, hace varios años, quienes al estudiar el lenguaje entre policías y antisociales, se encontraron con los siguientes hallazgos: Antisocial: “-Pendiente que vienen los power ranger y segurito se enamoran de nosotros esos m…” Policía: “-¿En dónde viven y qué hacen aquí? Se montan en la patrulla y no digan nada” Antisocial: “-No me monto polque yo no he hecho nada, ¡Ojo!”. Policía: “-Entonces qué haces aquí? Tronco ‘e rata!, sarnoso. ¿Qué están esperando? ¿A quién van a desvalijar pa’ compral sus dulces? Antisocial: “-Eso no es peo de ustedes, payasos. Vayan pa’ un cilco a ver si consiguen real extra, brujas” Policía: “-Ah! Te la das de alsao. Vamos a ver quién te va a soltar. Vamos pa’ tu cueva. Rata pelúa”.
Como se puede observar en este diálogo, es similar la forma como se comunican, tanto antisociales como policías. Mientras en los primeros se muestra una especie de “locura moral” y en consecuencia la estructuración de un lenguaje cuyos códigos obedecen a una moral que aparece al margen de toda norma socialmente aceptada. Por su parte, el lenguaje mostrado por los policías (custodios de la moral y las buenas costumbres) bordea los límites mismos de esa moral que han jurado proteger. Es un lenguaje que de tanta cercanía con la de los antisociales deviene sumatoria de un léxico que afirma en la práctica la violación de esa moral y buenas costumbres dadas en resguardar. Por tanto, se intenta detener la violencia con el mismo tipo de violencia usada por los antisociales.
El discurso de la Ley, en boca de los policías, es básicamente un discurso de la agresividad, de un tipo de violencia amparado por normas y procedimientos, a más del uso de todo tipo de armas y sobremanera, un lenguaje que muestra procederes cargados de códigos donde el insulto y la degradación de lo humano están en la “punta de la lengua” de los garantes de la Ley y el Orden.
Por su parte los antisociales mantienen una carga idiomática que permanentemente se debe estar construyendo. Esto porque necesitan estructurar maneras de comunicación cifradas para no ser detectadas por los policías. Merece la pena indicar que entre la población venezolana, más de un 40% se encuentra en situación de pobreza. De ese porcentaje, cerca de la mitad está en pobreza extrema o atroz (realiza una comida “caliente” una vez a la semana). Esto indica que una parte significativa de la población nacional está al margen de la sociedad: es una sociedad potencialmente marginal. En consecuencia, además de las condiciones socioeconómicas y educativas atroces por las que atraviesan, se deben añadir las ínfimas e inadecuadas construcciones idiomáticas que conllevan al uso de un lenguaje que trae en sus procesos comunicativos, estructuras fonéticas, morfosintácticas, semánticas y pragmáticas que fortalecen en sus imágenes otra moral y por tanto, valores, usos y costumbres que paulatinamente se extienden al resto de la población.
La única manera de revertir esta situación, si es que existe, es reforzando la estructura educativa nacional, fortaleciendo los valores de la tradición venezolana para lograr que toda la población pueda entenderse cuando se comunican.
Como ejemplos de lenguaje o código de antisociales, devenido uso casi generalizado, podemos indicar esta muestra: Pran: (Preso rematado asesino nato) Jefe de grupo de antisociales en un penal. Carro: lugarteniente del Pran. Agua: Cuando se va a realizar una requisa en los pabellones. Piragua: armas blancas hechas por los antisociales de la vigas y barrotes. Niple, Chopo, Choponiple, Morocha, Boqueta, Camburcito, Cambúr, Plátano: tipos de armas caseras que fabrican o armas de fuego que, dependiendo de su tamaño, se les denomina. Bubalú: ranchitos que construyen en los pabellones de las cárceles. Cuadras: varios ranchitos. Chicho: persona que es protegida. Parroquia: persona de una misma zona.
Lo que parece estar haciendo casi irreversible la asunción e imposición de un tipo de lenguaje caracterizado por la violencia, son las estructuras idiomáticas tan dinámicas de un tipo de lenguaje que, como fenómeno social, se fortalece en sus imágenes, tanto acústicas, visuales, auditivas, táctiles y hasta olfativas y que transmite otro discurso, cargado de valores y principios (anti) éticos y morales, donde la solución a la dinámica comunicativa son la violencia y agresión física, psicológica y espiritual.
Sobre este tema, autores como Bernstein, Holliday, entre otros, han estudiado ese fenómeno sociolingüístico afirmando en sus conclusiones el necesario fortalecimiento de la educación idiomática y la educación en general, si queremos preservar el sentido mismo de la sociedad que con tanto esfuerzo y durante siglos hemos construido, y donde nos hemos reconocido como seres formados para vivir en libertad, y en la seguridad de poseer un lenguaje que afirme el sentido de la vida y los principios de la ética y la estética.
(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

sábado, julio 09, 2011

Creer en el hombre


No podemos evitar que los pájaros del dolor y la tristeza sobrevuelen nuestras cabezas. Pero sí podemos evitar que aniden en ella. Proverbio mongol.


Vamos por el mundo cargando nuestra desnudez del alma. Agotados por los fallidos intentos de cercanías que se distancian en cada encuentro, siempre alzamos nuestra pesada y gigantesca roca de insatisfacciones para lograr sobrepasar esa tan intensa manera de sentir a los demás. Sus voces, sus destinos y sus deseos de seguir adelante. Nos acercamos en los acordes de una melodía que luego seguiremos escuchando en nuestra mente y nuestra piel. Repetida en cada lugar visitado. Mentir la soledad que poseemos es una actuación en nuestras vidas. Decir siempre que todo está bien. Que nuestras vidas están “bajo control” se ha vuelto una construcción que de tan gastada ya sabemos que en boca del enunciante es una tierna mentira. Una manera de gritar la soledad que nos envuelve. La circunstancia que lleva a sentirnos caminando por las sinuosidades de senderos gelatinosos, endebles. Donde la presencia del Otro es una pista para sabernos atrapados en el desamor de destinos que se comparten en las circunstancias de vidas socialmente establecidas. Más allá del encuentro mundano no parece haber sitio para la desmesura del amor trascendente. Ese que colma el alma porque nutre la mirada ingenua de la ternura de una existencia que desea estarse en los abrazos. Por ello más allá de las superficialidades de la vida objetiva de la política y sus relaciones queda la añoranza por satisfacciones que justifiquen, le den sentido a nuestro más profundo sentimiento de seres humanos. De otro modo no tiene sentido la vida y sus tribulaciones sino existe la “gioia”, la alegría de vivir en el estremecimiento de los días que siempre son diferentes cuando se nutren de vivencias significativamente trascendentes.
Entonces sabemos que siempre habrá otro amanecer de nuevos cielos. Y creeremos que son nuevos y, por lo tanto, diferentes. Mas es la vida nuevamente vivida ad infinitum, hasta lo imposible. Tanto que ya no sabemos cuándo iniciamos este viaje al interior de nuestras vidas. Donde todo centro es distancia y desalojo, vacío y a la vez quebradizo.
Por todo ello es del hombre, del semejante de quien recibimos las mayores tristezas… pero también las mayores alegrías. No es un árbol ni un gato ni una piedra que colmarán la plenitud del alma. Es nuestro semejante. Ese ser que de tan cercano a nosotros deviene nuestra propia imagen. Por eso Dios se parece tanto a nuestra sonrisa, a nuestras ternuras y también a nuestras manos que labran cada día, de manera anónima, este destino nuestro y de todos.
Ahora que toda una comunidad de seres humanos agrupados en un territorio dado en llamar Venezuela, sienten que sus raíces, sus fantasías, sus símbolos y sus leyendas son motivo de disputa y de discordia, es imprescindible afirmarse en el Otro, sea semejante o diferente. Ese ser tan cercano. Ese que pasa a nuestro lado y que sabemos anónimo, pero que en su silencio o sus gritos, sus alegrías o tristezas, sus movimientos y gestos, nos dice que comparte con nosotros la duda, la ansiedad, la soledad, la desdicha… pero también la pasión por seguir adelante.
Siempre ha sido y será más importante el individuo, su ser, por encima de construcciones como patria, nación o república. Siempre será más trascendente el hombre: ese individuo que cruza la calle, o aquél a quien le preguntamos “qué hora es”. O la señora que cruza con sus bolsas del mercado la transitada avenida. La vida del hombre es más sencilla y normal de lo que muchos pretenden creer. La vida del hombre que se junta con el otro y forma una comunidad también es necesaria. Pero hasta ahí llega la realidad específica, concreta entre los mortales y silvestres hombres.
No existirá jamás en el mundo algo más importante que el hombre y sus cercanías. Por eso debe verse el proceso sociopolítico que vivimos en este país como una etapa más dentro de la larga y fructífera experiencia del hombre llamado “venezolano”. Cuando los líderes de un país alargan sus discursos más allá de la normalidad, el hombre común se interna en su ser y prefiere explorar su entorno inmediato: el juego del dominó, el certamen del miss Venezuela, la novela de las 9, el fútbol. Las discusiones del momento, la comida y la bebida. Si queda tiempo para perder, entonces se pasa a ridiculizar las acciones de lo “político” pues se sabe homo sapiens que habita en la polis. Lo demás es pérdida de tiempo y un accidente intrascendente en la larga e infinita existencia del ser venezolano. Más importante es amar, trabajar y afirmarse en el semejante.

sábado, julio 02, 2011

Pobrecito


Posiblemente la palabra mágica para una gran cantidad de ciudadanos sea esta que ilustra nuestro título. Con ella se accede a casi todos los espacios de la administración pública y también privada. La imagen asumida por aquel triste espectáculo que trajo como consecuencia la figura del “Juan Bimba”, estructurada en los albores de la era democrática.
Hacerse sentir “pobrecito” es sinónimo de lástima, de una solidaridad mal entendida entre millones de venezolanos quienes hemos tenido en los líderes políticos sus mejores maestros. Así, cuando se accede a una institución gubernamental para realizar algún trámite inevitablemente se desemboca, frente al funcionario que nos atiende, en un intercambio comunicativo impregnado por una absoluta emocionalidad. Siempre se busca el subterfugio para la evasión de la responsabilidad bajo maneras de explicar las situaciones que ofrecen una solución particular, personal, de amiguismo que hace aparecer a la institución, sobre todo las públicas, como las causantes del problema. Tanto usuario como funcionario aparecen como detractores de las instituciones, bien que ellas no prestan el servicio de manera eficiente, bien que exageran las multas, impuestos o solicitud de documentos. En tanto unos y otros aparecen como víctimas de una situación que les es ajena y donde el Otro es el culpable. Semejante concepción de la responsabilidad, bajo una óptica del emocionalismo, ofrece una pobre y lastimosa actitud como adultos pensantes.
La mentalidad del pobrecito está asociada a minusvalía: -Pobrecito, es que no tiene para cancelar; -Pobrecito, es que no tiene casa; -Pobrecito, es que lo aplazaron en el examen; -Pobrecito, es que no tiene trabajo; -Pobrecito, es que no tiene tiempo; -Pobrecito, es que no sabía; -Pobrecita, es que la dejaron sola; -Pobrecito, es que no sabe leer ni escribir; -Pobrecito, es que está enfermo. Y esta enfermedad del presidente se está manejando desde esa óptica. No estamos con esto negando el valor que tiene la emocionalidad como generadora de inteligencia. Es su uso en situaciones donde debe imperar la racionalidad y la obediencia a las leyes, normas y reglamentos, que estructuran las relaciones entre el Estado y los ciudadanos. Más si este es el jefe del gobierno del Estado.
Las sociedades avanzan cuando sus líderes son capaces de sobreponerse a las trivialidades, a las banalidades intrascendentes de quienes esperan que otros les resuelvan sus problemas. Esta actitud del pobrecito, de dar lástima para esperar alguna retribución, impide que los ciudadanos se fortalezcan psicológica e intelectualmente y avancen como sociedades adultas. Un rey, un tirano, un dictador, un presidente nunca han resuelto nada solos. Somos los individuos, en la diaria y constante tarea de la actividad del trabajo eficiente, quienes a lo largo de la historia hemos sabido encontrar las soluciones a nuestros problemas, individuales y colectivos.
En estos años terribles debemos estar atentos y ser objetivos y críticos con nuestros líderes. El presidente aparece ahora con voz baja, de hombros caídos, con poco lenguaje gestual, con pocas inflexiones y semánticamente con un discurso orientado a la paz y la concordia. Tiene un “plomo en el ala”. Políticamente ya es pasado, y sabe que pronto aparecerá quien le sustituya, pero ojo: no olvidemos que actúa las 24 horas como un político. Maneja su enfermedad políticamente! Y lo hace de la manera más ancestral posible: dando lástima para lograr por lo menos solidaridad humana, es decir; neutralizar a quienes están indecisos frente a fijar posición crítica y adversarlo por su actuación frente al gobierno del Estado.
En las sociedades emocionalmente adultas el líder es necesario sólo cuando los anónimos ciudadanos tienen aspiraciones más allá de sus tareas fijadas por la cotidianidad de la vida. El líder es proyección anónima que deja salir su pasión y (se) a-sombra (salir de la sombra) de lo que es capaz de ser y hacer.
(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

viernes, junio 24, 2011

El sentido ético del lenguaje


Desde hace siglos hemos sabido que todos los textos antiguos han hecho referencia a la palabra como iniciadora de la vida. Desde el Libro de los muertos, egipcio; el Chilam Balam, de la cultura maya, hasta la Biblia, indican al “verbo” como instrumento de creación, iniciador de la corriente de la vida. A través del lenguaje el hombre se hizo tal y se reconoció en su ser. De esta manera afirmamos que los seres humanos existimos esencialmente en el lenguaje. Somos seres lingüísticos. Lo que somos y seremos está circunscrito a la esencia, a la ontología del lenguaje. Lenguaje es certidumbre de ser.
En este sentido se entiende que la realidad del lenguaje es el hombre mismo. De ello se desprende la coherencia entre pensar, hablar y hacer como esencias que determinan el estado ético (ethos). Lenguaje es en esencia acción que determina la existencia del pensamiento y de la realidad misma. Esta existe a través del lenguaje y también en cuanto tal. El devenir del lenguaje está íntimamente vinculado a la naturaleza humana. Por ello podemos entender que los actos de habla son manifestaciones de una misma y única esencia que se encuentra en la intimidad misma del ser. Hablamos porque tenemos necesidad de existir, manifestar nuestro interés de vida. Esa es la intencionalidad que está presente en todo acto comunicativo.
Más allá del desencadenamiento de la secuencia discursiva está presente el sentido subversivo del lenguaje. Este es por naturaleza una realidad cambiante, transformadora y reveladora de estados de existencia múltiples. La sola enunciación de una secuencia grafémica desencadena una riqueza energética que causa una reacción en quien la recibe. De allí que las palabras golpean, estremecen nuestro ser hasta cambiarnos, transformarnos. La posibilidad de perpetuar ese estremecimiento inicial depende del individuo y sus palabras.
Hablar entonces es una experiencia siempre única y cambiante. Previo a su decodificación, a su traducción semántica se encuentra el estado del disfrute, el goce de enunciar, de sentir cómo las palabras emergen del fondo de nuestro ser como incandescencias que nutren y muestran lo que somos: una infinita inaccesibilidad, esencias libres que jamás podrán ser aprisionadas. Puede el hombre en lo individual ser apresado, encerrado; su ser, su esencia primigenia como realidad lingüística serán siempre inaprehensibles. Y esto es mejor que sea así, de lo contrario caeríamos en la fatalidad, en el extravío existencial que preludia la desaparición del ser. No olvidemos que existimos porque fuimos nombrados, categorizados como especie que pudo, a través del lenguaje, traspasar la barrera de la elementalidad y construir, a partir de la ideación, aspiraciones de vida, utopías señaladas por el lenguaje.
En estos tiempos terribles, catastróficamente agramaticales y cuasi apofánticos, sólo el lenguaje nos proporciona la certidumbre de una existencia más allá de lo doméstico donde la sencillez de la vida se comparte entre los escasos seres que aún, después de siglos y edades, continuamos compartiendo entre diálogos y monólogos, ese sabor y saber de pronunciar la realidad de una encantadora palabra.
Finalmente es menester indicar que todo acto comunicativo tiene un interés, una razón político-idealógica y filosófica, razón por la que el hacer discursivo del hombre discurre entre una comunicación estratégica, perlocutiva y una aspiración de comunicación ético-argumentativa.
En ese borde, en ese quiebre ético se encuentran los políticos, los hacedores de la economía, los practicantes de los cultos, y también los uniformados de la milicia y los herederos del “catre” (catedráticos).
(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

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domingo, junio 19, 2011

Educación marginal


Por los años ’80 escuché una información que venía de Italia. Era sobre un asesinato en una universidad del sur, creo que en la Universidad de Messina. Un estudiante había sido inculpado por la muerte de un profesor. El joven confesó que lo había matado porque el docente se negó a colocarle una nota aprobatoria. Fue todo un escándalo y movió la raíz de la decencia de la sociedad italiana hasta lograr que el Estado, a través del sistema judicial, bajo la consigna de “Mani Pulite” (manos limpias), controlara las mafias y saneara el sistema educativo universitario.
Indicamos esto por unos comentarios escuchados en estos días a varias docentes universitarias quienes me han confesado sus vivencias en la universidad. Una de ellas tiene en su sección a un estudiante, que al decir de sus compañeros, está siendo buscado por la policía. Esto es; un malandro que se le ocurrió inscribirse en la universidad. Pero la particularidad de esto es que quiere pasar todas las materias sin ir a clases. Le comentó a la profesora que estaba repitiendo esa materia y estaba molesto con la anterior profesora quien, como prueba para ver si lo aprobaba, lo puso a leer en voz alta una página de un libro…y no pudo hacerlo. La policía lo va a buscar pero como no pueden entrar, lo esperan a ver si sale. Él se queda hasta bien entrada la noche, esperando que los policías se cansen y se vayan. Las cosas andan así por casi todos los centros universitarios del país. A otro docente lo tienen amenazado de muerte. Estos dos casos se presentan en la sede de la Universidad Nacional Experimental de Guayana, en Ciudad Bolívar. Los estudiantes malandros introducen armas de fuego en morrales. De esto han sido testigos, no sólo docentes, también estudiantes y personal administrativo. Hace meses asesinaron a la hermana de una jueza en esa ciudad, por error. Debían matar a la jueza. Varios indicios indican que uno de los involucrados estudiaba en la Uneg. También está el triste caso de una docente del núcleo de la Universidad de Oriente, en San Félix, quien se negó a aprobar a un estudiante. Por venganza varios individuos, entre ellos el mismo estudiante, se introdujeron en su casa, amordazaron a sus hijos y cuando ésta entró, la golpearon y violaron frente a sus hijos, y después, se llevaron todo su mobiliario. La profesora debió renunciar y se fue de la ciudad. Otro caso fue la destrucción de la casa del profesor universitario, de la Universidad Nacional Experimental Antonio José de Sucre, sede Barquisimeto, donde unos supuestos estudiantes, a mandarriazo limpio, acabaron con esa edificación. A la fecha no hay detenidos ni inculpados ni menos procesados por este delito. En otras universidades, como son: Universidad Pedagógica Libertador, sede Maturín; Universidad de Oriente, núcleos Sucre, Puerto La Cruz y Maturín; Universidad Francisco de Miranda, entre un largo etcétera, se está haciendo “normal” los asaltos a las aulas, laboratorios, canchas deportivas y espacios culturales, donde los malandros se introducen y roban, tanto a los estudiantes como al docente. Igual ocurre en los estacionamientos, donde se roban y desvalijan vehículos.
No estaríamos en contra de la educación del malandro que quiera adjurar de su condición y dedicarse a la vida universitaria. Es que quieren, a lo mero macho, y por la violencia, de palabra y de hecho, su título académico. Alertamos además, sobre esto: usando una estrategia de violencia verbal, en varias universidades ciertos estudiantes han accedido al liderazgo político. Se está observando que en estos escenarios algunos de ellos caen inmediatamente en los hechos de violencia física. Se agrede ahora no tanto con golpes sino con el uso de armas de fuego, cabillas y otros objetos contundentes.
El lenguaje absolutamente informal y callejero se introdujo en el aula universitaria, en los pasillos de la Academia y se está instalando en las oficinas, cubículos y casi está tocando la puerta de las máximas autoridades universitarias y hasta de los consejos universitarios. Se observa en el lenguaje kinésico y verbal cuando algunos de estos dirigentes son entrevistados por los medios de comunicación. Casi no se diferencian de aquel lenguaje en boca de ciertos y escasos, aún, miembros de la comunidad universitaria corrompidos.
(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

sábado, junio 11, 2011

Una nueva actitud


Hace tiempo recibí por correo electrónico un escrito sobre el por qué algunos países son ricos y otros pobres. Japón, por ejemplo, no tiene mayores riquezas naturales, su suelo es muy pobre. Sin embargo, es una de las diez economías más ricas y prósperas del mundo. Su sociedad mantiene una expectativa de vida que supera en promedio los 85 años. Australia es un país relativamente nuevo. Su sociedad se estableció en esa inmensa isla, inicialmente una gigantesca cárcel del imperio británico, con los convictos y la escoria inglesas. Sin embargo, en poco más de doscientos años se presenta como una fuerte economía, de las más desarrolladas, al igual que Nueva Zelanda, cuya base de sustentación es la cría de ovejas. Suiza no cultiva cacao ni tiene puertos. Sin embargo, es el país que exporta la materia trabajada del cacao en miles de formas y modelos de presentación de su ya centenaria industria del chocolate y con una de las mayores flotas mercantes del mundo. Pero ¿qué hace de estos y otros países ser lo que son: sociedades altamente desarrolladas económicamente y con un nivel de vida que es la envidia de muchas naciones? Sucede igual con Italia, Alemania, Canadá, Corea del Sur, Suecia, Finlandia, entre otras. La respuesta parece estar en la ACTITUD PROACTIVA que muestran las mujeres y hombres, y no tanto en los altísimos niveles de escolaridad y de protección social a sus comunidades.
La actitud proactiva que un individuo mantenga frente a situaciones que en un momento de su vida le sean adversas, parece ser la diferencia entre ser pobre o ser rico. Por eso, no es tanto la abundancia de poseer bienes materiales y altos estándares de riqueza social para sentirnos satisfechos y seguros, individual y colectivamente, como la actitud proactiva que se tenga frente a la vida.
Algunas veces nos sorprendemos gratamente cuando nos enteramos de las victorias de alguno de nuestros compatriotas quienes obtienen triunfos fuera de nuestro país. Deportistas galardonados, profesionales de las ciencias y la tecnología quienes reciben distinciones por sus logros en investigaciones de altísimo nivel académico, artistas que reciben reconocimientos por sus creaciones. Pero ¿por qué no pudieron hacerlo en nuestro propio país?, nos preguntamos. Son sencillos venezolanos, comunes ciudadanos que estudiaron en escuelas, liceos y universidades públicas. Entonces, ¿por qué triunfan cuando salen fuera de nuestro país y son siempre los más destacados? La respuesta es casi siempre la misma: porque han mostrado una actitud proactiva, positiva, de superación constante de su propia condición intelectual, psicológica y espiritual, junto con un entorno social que le permite desarrollar a plenitud sus potencialidades y habilidades.
Los nuevos paradigmas que se están construyendo en nuestro entorno cada vez prestan mayor atención al desarrollo de la persona, tanto como ser individual y sobre manera, como sujeto comunitario. En ello la actitud que se mantenga establece la diferencia entre ser pobre o ser rico.
La experiencia que vive en la actualidad la sociedad venezolana en su conjunto, no es tanto de orden político ni mucho menos económico. Es la actitud que cada uno de nosotros presenta frente a la cada vez más conflictiva realidad nacional. Por ello los conflictos (realmente delicados) no se superan quejándonos ni lamentándonos por nuestra “mala fortuna”, ni en discusiones estériles ni en denigrar del Otro-diferente a mí tratándole de “enemigo”, sino manteniendo una actitud proactiva de comprensión y reflexión lógica que permita superar positivamente esos conflictos, mostrando una actitud que pueda enriquecernos intelectual, psicológica y espiritualmente a todos por igual. Quizá esos errores, esos quiebres y esa manera de proceder en los liderazgos políticos, que nos parecen grotescos y que rechazamos, son un espejo que presenta nuestra imagen que nos negamos a reconocer. Mientras eso ocurra no podremos superar nuestra cuota parte de responsabilidad social.
Sólo una nueva actitud, que sea proactiva, integradora y que permita establecer acuerdos dentro de la diversidad de pensamientos, podrá construir ese venezolano nuevo, pleno, consciente de su destino y sobre manera, intelectualmente adulto y estable emocionalmente.