viernes, mayo 25, 2012

Dios a la carta

Hace algún tiempo escuché una entrevista al pensador polaco Zygmunt Bauman (1925) quien desde inicios de los ‘70s se encuentra residenciado en Inglaterra. El profesor Bauman ha sido el padre del término “Modernidad líquida”. Concepto que da claridad a la precariedad de las sociedades que viven el fin del Estado del bienestar. De esa entrevista me resultó interesante y hasta graciosa su expresión “Dios a la carta” en referencia a las personas que en estas sociedades han terminado construyendo una deidad a su medida y según sus intereses. Y esto resulta tan cierto si nos detenemos a observar cómo en la actualidad las personas creyentes, religiosas y más, aquellas practicantes de alguna religión o culto, terminan haciéndose de un dios a quien le atribuyen toda suerte de artilugios siempre en positivo y que se adecúe a sus intereses de todo tipo. Los hay quienes usan a su dios para encontrar trabajo, para ganar a la lotería, otros son referencia obligada para incidir a favor de sanar heridas o enfermedades, otros para apoyar gobiernos, sean democráticos, socialistas, lo mismo que monárquicos o en dictaduras. Después de miles de años con las creencias más absurdas, desde las prácticas religiosas politeístas hasta aquellas mediorientales del monoteísmo, regresamos a las relaciones tribales, a la cueva prehistórica… pero con celulares, iphon y conectados a redes sociales, como Twitter y Facebook. El vicio, el opio, el mal del alma y de los pueblos que son las prácticas religiosas nos siguen acechando. Los dioses aparecen afantasmados en cada esquina de nuestros sueños. Nos siguen oprimiendo. Algunos a fuerza de la socialización se han modernizado mientras otros adecúan su presencia en las incertidumbres de una sociedad que poco a poco se refugia en sus más ancestrales creencias. Por las redes sociales todos los días aparecen los fans de dios, sea en saludos y buenos deseos, sea en despedidas donde nos acompañan con sus subalternos, ángeles o arcángeles. Dios no ha muerto, eso es cierto. Ese déspota de más de dos mil años de dictadura férrea del alma aún sigue vigente. Se ha hecho más personal, más hogareño. Se ha camuflajeado y ahora aparece en las relaciones interpersonales como garantía de una eternidad benevolente y garantizada, solo y sí haces lo que te indica. Nada pudo contra él la Ideología que intentó sustituir el concepto de religión en el siglo XIX. La nueva religión parece que viene individualizada y con un dios hecho a la medida para cada persona. Se aprecia en las prácticas que las iglesias, templos, mezquitas y sinagogas realizan para expiar pecadillos entre sus fieles. Bauman, como buen sociólogo, indica dentro de la precariedad de las relaciones humanas de su Modernidad Líquida, lo bien que se podría estar dejando entrar a la cueva de los actuales cavernícolas, ese dios construido con los desechos, fragmentos y pedazos de dioses que a lo largo de la vida hemos estado construyendo para aplacar esta tan desesperante y asqueante vida de retazos que significa el hombre moderno. (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

viernes, mayo 18, 2012

Lo más transparente

Entre La región más transparente, obra escrita en 1958 y Terra Nostra, de 1975, Carlos Fuentes (Ciudad de Panamá, 1928-Ciudad de México, 2012) transita un mundo literario construido a partir de la dislocación del tiempo, por una parte, y por la introducción de una temática urbana donde la recurrencia a la fantasía se entrelaza con la realidad de un presente donde lo urbano se identifica con su ciudad, la urbe de “la mucha gente”. De toda esa densa e intensa obra narrativa, ensayística, de guiones cinematográficos y de teatro, son estas dos novelas las que muestran y condensan la monumentalidad de este escritor universal, hijo del “boom” latinoamericano, junto con Julio Cortázar, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa. En La región… se escuchan los últimos tiros de la Revolución mexicana (1910-1917) mientras sus personajes deambulan por la inmensa urbe que es Ciudad de México, en un tiempo que sienten ajeno y que no terminan de comprender. Por sus páginas transitan putas, banqueros, artistas fracasados, todos herederos de una memoria que aparece fragmentada y entre tiempos dispares. Acaso sea este el libro mayor de la literatura mexicana donde aparece el alma del mexicano de siempre y por extensión, se muestra la piel social del latinoamericano, su lenguaje, sus cambios. Es una obra de tiempo único: presente. A través de él confluyen épocas pasadas y futuras e intermedias. En el reflejo psicológico de alguno de sus personajes, como Ixca Cienfuegos, se aprecia la presencia de una cultura que atraviesa las calles del presente (1951) de una ciudad ruidosa y poco transparente. Camina sobre las huellas que pisaron lo prehispánico. Es una novela experimental, tanto por su tratamiento argumental como por el lenguaje utilizado. De lectura rápida y nerviosa. Ella impone su ritmo a través de un lenguaje sobrio e implacable. Quizá lo único transparente, por lo mucho trabajado y sobrio, sea el lenguaje. El resto son fragmentos de intensos momentos narrativos, como frescos de pinturas que asoman sus historias como gigantescos murales que no terminan de entender ese mundo llamado “occidental”. Diálogos que señalan un dejo de ironía, de banalidad donde se muestra el esnobismo de una sociedad que vive la ruina del imperio derrotado y una revolución traicionada. He ahí su herejía, su atrevimiento, su irreverencia. Libro intenso y acaso, lo más sobrio y lúcido de este escritor mexicano. En sus páginas desfila la banalidad de la sociedad mexicana, entre ruidos y sordos cornetazos de vehículos que ahogan el silencio de un monologarse entre sus personajes. Donde el escritor discurre su narración suspendido detrás del gran protagonista: la inmensa e impenetrable ciudad. Nos atrevemos a afirmar que esta novela de Fuentes inaugura la modernidad narrativa mexicana. Sus posteriores obras, Las buenas consciencias (1959), Aura y La muerte de Artemio Cruz (1962) irán modelando esa narrativa experimental que alcanzará el intento de síntesis, con la publicación, en 1975 de Terra Nostra. Un denso libro que intenta mostrar (-fallidamente) la historia de los mitos de las culturas de esta América y su largo discurrir, entre la España imperial y los rostros de una humanidad que aún no termina de encontrarse. Libro que por su densidad y extensa narración es extenuante, mientras hace una crónica periodística sobre lo latinoamericano. En sus casi 800 páginas esta novela presenta tres amplios y vastos capítulos: Viejo Mundo, El Mundo Nuevo, y El Otro Mundo. Entre espacios de ficción y metaficción, Fuentes intenta la odisíaca aventura de contar la Historia de España e Hispanoamérica. Su narración abarca desde La Conquista hasta entrado el siglo XX. Es una novela de difícil lectura y de compleja interpretación. Es una novela que enceguece, aturde y en momentos, cansa y desgasta la memoria. Deslumbra y también agota. Es una novela verdaderamente enciclopédica, laberíntica. Una propuesta para un nuevo y más complejo lector. Sin ánimo de polemizar, transcribo, del Diario del mayor crítico de la cultura latinoamericana, Ángel Rama, su parecer sobre el Premio Rómulo Gallego, 1977, otorgado a Carlos Fuentes. “9 de octubre de 1977. (…) Gabo (-en referencia al escritor Gabriel García Márquez) explica su participación en el premio Rómulo Gallegos: con Simón Alberto Consalvi habían planeado el premio para Luis Goytisolo (lo que era mejor que la versión última para Terra Nostra) e incluso gestionado la renuncia de Juan Goytisolo como jurado (a través de Carmen Balcells) para facilitar esa solución. Entiende que Adriano [González León] estropeó todo, que la renuncia de Simón Alberto desbarató el plan (más la negativa de Juan a renunciar) y que entonces prefirió no venir y adherir a la resolución mayoritaria a favor de Fuentes: “Yo le podía haber explicado mi voto para Goytisolo, pero de no ser así, prefiero no disgustarme con él”. También Gabo era consciente del aire “mafioso” que cobró el premio con la designación de Carlos Fuentes, y consideraba que un premio a Luis Goytisolo distinguía a un gran escritor y al tiempo era una buena maniobra política en el momento de la “apertura” española. (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

viernes, mayo 11, 2012

El riesgo de leer

Por estos días leí varias noticias vinculadas con el tema de la lectura. Dos de ellas muy dramáticas y violentas. Una venía de Afganistán, donde un aberrado hombre mutiló a su esposa porque ella había aprendido a leer y estaba estudiando. Tomó un filoso cuchillo y le cercenó los dedos de las manos para que no volviera a leer los libros que tanto le molestaban, pues se interponían entre él y su mujer. La valiente mujer, después de sanar sus heridas y denunciarlo, afirmó que seguirá estudiando y leyendo libros. Otra triste noticia viene de España, donde un inspector de educación acusó a una maestra por atreverse a desarrollar la lectura en niños de apenas 4-5 años. Al parecer esto atenta contra la estabilidad del sistema educativo pues los menores no deben aprender a leer a tan temprana edad porque se convierten en un problema para las autoridades que no pueden controlarlos. Confieso que he pasado días con el ceño fruncido y hasta se diría que deprimido. Después de estar desde los cuatro años metido entre libros, lecturas clandestinas y como asesor de lectura para el Estado venezolano desde hace más de 20 años, estas noticias no son nada alentadoras. Pensar además, que en Venezuela nadie sabe a ciencia cierta sobre estadísticas que evalúen los procesos lectoescriturales, es más triste y lamentable. Siendo Venezuela uno de los primeros países del mundo que en la década de los ‘70s desarrolló una política de Estado para atender este tema. Sin embargo, no todo ha sido negativo. Hace unos días recibí por Twitter la invitación para acceder a un enlace donde una tuitera presentaba un artículo sobre su experiencia de lectura. Refrescante escrito sobre la experiencia de una niña de 8 años que descubre la magia de la lectura mientras conoce el espacio de una biblioteca. Su asombro al ver tantos libros, sus cubiertas, su espesor, los extraños y a la vez sugestivos títulos donde se introdujo para no regresar. De esa lectura rescato, por mi vinculación con ese hermoso proyecto, el encuentro que ella tuvo con las denominadas Cajas Viajeras. Fue a comienzo de los ‘90s cuando se inició ese tan elaborado proyecto. Contó con el apoyo de la Comisión Nacional de Lectura-Fundalectura y la asesoría académica de las más prestigiosas universidades venezolanas, entre ellas la UCV, ULA, UDO, LUZ, UPEL, UNEG, que aportaron, tanto sus docentes-investigadores como sus espacios y apoyo académico incondicionales. De esta manera se seleccionaron textos de manera pedagógica adecuados a los intereses y edades de los neolectores. Este proyecto de las Cajas Viajeras involucró, tanto a los alumnos-maestras, como al personal directivo, familia y comunidad. Las bibliotecas de las escuelas fueron dotadas con material pedagógico variado, tanto por sus temas, autores, como diseño y facilidad para su distribución y manipulación. Ahora que leo este escrito de una persona físicamente desconocida pero vinculada espiritual y literariamente, me sorprende gratamente saber que esa propuesta de hace tanto tiempo cayó en terreno fértil. Sus frutos, jóvenes escritores, aparecen gradualmente firmando artículos, ensayos, narraciones, poemas o al menos 140 caracteres de un medio como Twitter. Quien desee ahondar en lecturas de nuevos escritores, como Mariela Cordero, puede consultar en @mariellecg: La caja viajera. Libros nómadas. Se encuentra en http://bibliomula.org (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

viernes, mayo 04, 2012

Constancia

Por los años ‘80s Puerto Ordaz era una ciudad que hervía en personajes que se establecían y buscaban realizar sus sueños en negocios de rápida y efectiva prosperidad. Se reunían en una panadería a la que el populacho bautizó jocosamente, como “La isla de la fantasía”. Esas “islas” existen en cada una de las ciudades de nuestro país. Entrar a ese sitio era escuchar a hombres y mujeres competir en una danza de millones, traducidos en dólares, libras esterlinas, marcos alemanes, liras italianas y obviamente, bolívares aún no devaluados. De rostros afiebrados, ojos desorbitados mientras dejaban salir graves o chillonas voces que caían traducidas en billetes y monedas sobre las mesas, que siempre estaban llenas de papeles, carteras, bolsos y aquellos celulares del tamaño de un ladrillo. En esas conversaciones a todo pulmón se mencionaba al amigo del amigo quien tenía un conocido que era amante de la secretaria ejecutiva del presidente de tal o cual empresa y quien podía, -de seguro, encontrar una cita para ser atendido. O el otro, quien decía que tenía un “contacto” en Caracas, en el ministerio o era amigo del senador o del diputado, y podía garantizarle el préstamo con pagos en “largas y olvidadizas cuotas”. Todos alardeaban de tener un proyecto, un plan, una buena idea, un negocio, pues. Los dineros siempre venían del gobierno, del ministerio, de la gobernación o de la alcaldía. Sueños que salían de mujeres y hombres que gritaban sus delirios mientras saboreaban su cafecito, su cerveza o su botella de buen güisqui. Por esos años también llegó de Portugal una joven medio familiar de los dueños de la panadería. La chica, de no más de 20 años, apenas balbuceaba el español. Comenzó de ayudante en la caja, en el mostrador y hasta en la limpieza. Vivía en una pieza y apenas si hacía una comida al día, ahorrando todo lo que podía mientras también tenía su sueño: montar su propia panadería. Pasaban los días, las semanas, los meses y varios años, y el conglomerado de soñadores aumentaba, mientras una que otra vez, se reunían para celebrar el cierre de un negocio o para decidir la apertura de otro, o para cambiar de ramo. Con los años esos soñadores, algunos de los cuales lograron alcanzar sus metas, los veía de repente frente a locales comerciales disfrutando de un cigarrillo mientras exhibían sus nuevos modelos de celulares, cada día más pequeños y que desplazaban a los llamados “ladrillos”. Después, en no más de dos o tres años, los veía bajar la Santamaría mientras colocaban “Se traspasa este local” o simplemente lo abandonaban. Mientras esto ocurría, la chica que vino de Portugal ya era encargada de la caja y hablaba un muy buen español, con sus giros guayaneses y además, hasta se había casado con un paisano. Los años pasaron y a la panadería dejaron de llegar esos soñadores quienes dejaron en ese sitio, sueños, alegrías y muchas desilusiones. Pero la joven, ya toda una señora, ahorró lo suficiente y pudo invertir comprando un local e instalando su propia panadería. Han pasado más de 10 años y la panadería aún sigue vigente mientras su dueña, en su diaria faena, abre las puertas de su negocio desde las 6 de la mañana hasta pasadas las 11 de la noche, de lunes a domingo. Nunca la he visto alardear de tener bienes de fortuna ni de jactarse por lo que ha logrado, ni mucho menos de ser amiga de este político o de aquel ministro. Por el contrario, sigue la dinámica del diario trabajo, constante, que da seguridad y otorga satisfacción en quien se sabe consciente de tener un bien logrado por su propio esfuerzo. (*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

viernes, abril 27, 2012

Gustavo Díaz Solís: ese amoroso e inmenso mar

Transitaba por el pasillo de la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela con su erguida y estilizada figura. Iniciaban los años ‘70s. De modales caballerescos y palabra solemne. A la vez cercano, a la vez distante. Parsimonioso. Su mirada siempre era una luz entre sus ojos. Melancólica y a la vez escrutadora. Su silente andar al entrar al aula de clases o al salir de su oficina, en la dirección de la Escuela, siempre dejaba un aire de majestad en la figura de un verdadero maestro dedicado a la pedagogía de la palabra. Hoy vienen a mi memoria los días cuando la Escuela ardía en discursos, encuentros, discusiones, postulados, manifiestos. Todavía estaba viva la llama de la Renovación en la Escuela donde se cuestionaba la esencia de la literatura y su sentido ético y estético. Díaz Solís fue encargado de dirigir la Escuela (1974-76) en esos tiempos tan convulsionados y a la vez, ardorosos y plenos de creación. Tuve el privilegio de asistir a sus clases de literatura inglesa y norteamericana, y además, cuando me entregó el título de licenciado en letras, siendo Secretario de la universidad. Su obra está, sin embargo, plenamente vinculada al mar (nació en Güiria, en 1920) ese mar oriental donde la vida transcurre en la playa esperando y despidiendo al sol y su sombra. De su amplia y trabajada obra cuentística (Premio Nacional de Literatura, 1995) que inició en los años ‘40s cuando apenas superaba los 20 años, El niño y el mar presenta, a nuestro criterio, uno de los aportes más trascendentes a la renovación de la narrativa venezolana. No es tanto la sencilla historia de un niño pescador de cangrejos quien, con utensilios simples de pesca –apenas una lata y un guaral anudado a un palo- preparan la acción para ir a pescar cangrejos a la orilla del mar. Es que el mar es un cuerpo vivo que poco a poco acerca su espuma hasta cercar al niño. Y es el encuentro con un robusto cangrejo lo que alerta al niño frente a la crecida del mar. El cuento posee un tono poético que se percibe en el tratamiento amoroso de los detalles y en la límpida palabra que abraza y teje su dorada luz. La historia se potencia en la palabra trabajada y presentada en escenas que permiten –como secuencias de tomas de una cámara cinematográfica- la ubicación de planos donde se aprecia al niño, inicialmente en primer plano y un tanto seguido, los promontorios de arenisca y más allá, al fondo, el cuerpo marino que se hace inmenso y se confunde con el azul del cielo. El tiempo del cuento a la vez presenta un manejo de cámara que se mueve de izquierda a derecha, lentamente, y detalla la historia que aproxima un desenlace y a la vez, otorga carácter de actantes a ciertos elementos: las alpargatas que el niño graciosamente se quita cuando llega a la playa, mientras orina y el sol destella su brillo en la arena, los utensilios que cuelgan en la espalda del niño, el cangrejo con su macana que se agiganta en la sorpresa del pescador… y el mar, ese cuerpo marino que se hace sujeto y es presencia obligada en la historia del cuento. Por su parte, el niño es arrastrado por la acción misma hasta encuadrarse al paisaje y ser otro personaje más en la serie de actantes que se adhieren a la historia. Sorprende la técnica empleada por Díaz Solís para tratar una historia tan aparentemente trivial. Historia que vemos todos los días de la vida en miles de niños que buscan su sustento en las playas del oriente venezolano. Pero el niño, el cangrejo y el mar presentes en esta historia trascienden la cotidianidad y se instalan en la memoria cultural para decirnos que hay costumbres, olores, colores, gestos de una misma mirada que se cuela por ese ojo escrutador de la cotidianidad que es Gustavo Díaz Solís. (*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

viernes, abril 20, 2012

Sapear

“Chávez es lo más parecido a Dios que existe” Ismael García.
En una de las principales empresas del sector lácteo de Barquisimeto entró a trabajar una ingeniero eléctrico, egresada de la Universidad Politécnica. Estando en su período de prueba es llamada por el presidente de la empresa quien, luego de mostrarle una página que a su vez le envía a él una joven ingeniera química, de esa misma universidad, le indica a la joven contratada que debe prescindir de sus servicios porque ella aparece en una fotografía con un diputado opositor. Le dice que su desempeño es excelente pero por razones de seguridad la empresa no puede arriesgarse. Ella riposta indicando que su formación académica y su ética están por encima de razones políticas. Pero el presidente de la empresa le responde que no pueden mantener en la empresa a opositores ni sospechosos de ser contrarios al régimen. Esto fue comentado a mi esposa por su ex alumna quien fue delatada por una compañera universitaria, por el sólo hecho de salir en una fotografía con un diputado contrario al régimen. La joven fue despedida y debió quedarse sin su trabajo y sin percibir el sueldo para mantenerse, ella y sus padres. Por otra parte, en una conversación que sostuve con un apreciado amigo, -para proteger su nombre llamaré C.- quien trabaja en PDVSA, me indica que la infame “lista Tascón” se usa de manera constante y se aplica a “absolutamente todos los de nuevo ingreso” en la industria petrolera. Para eso existe toda una serie de pasos que se deben cumplir. Cuando uno de los entrevistadores obvia la lista, en la secuencia y jerarquía supervisora quien continúe debe revisar nombres, para luego enviarlos a otras dependencias donde volverán a someter a control los nombres y números de cédulas de identidad para cerciorarse que no estén entre las millones de firmas que registra la infame lista. Él, junto con otros más, está muy cerca de ese nefasto proceso. Cuando por alguna razón no aplica la lista, de las siguientes unidades le llaman la atención y de seguir obviando su aplicación, puede ser sustituido o despedido. –Es un sistema de control y seguimiento muy estricto y riguroso, Juan, me dice, no sin bajar el rostro y darme a entender que parte de su trabajo en PDVSA es inmoral y detestable. –Pero si no lo hacemos nos botan. –Nos tienen vigilados a todos. Es su argumentación y justificación. Estas dos historias que comento son parte de las cientos de miles que a diario suceden en las empresas e instituciones del Estado venezolano. Lo que evidencia la paulatina aplicación de un sistema de vigilancia de unos sobre otros. Gradualmente el actual gobierno del Estado ha ido implantando un sistema de seguridad donde todos vamos a estar “vigilados por nosotros mismos” Las razones para este brutal sistema de vigilancia, control y seguimiento de los ciudadanos son múltiples. Van desde el aseguramiento de un puesto de trabajo (-la mayoría) hasta por razones políticas, sociales y por compadrazgo y narcotráfico. Prueba de ello es la putrefacta y ruin historia recientemente narrada por un militar de nuestra Fuerza Armada, quien, después de ser un flamante integrante del Tribunal Supremo de Justicia, indica a una periodista en un video, que sus actuaciones estaban guiadas por otros, a quienes debía obedecer pues de lo contrario, su estabilidad laboral y hasta su vida estarían en peligro. Como se aprecia, las oprobiosas y obscenas “listas negras”, como las que en su momento elaboró el fallecido diputado Luis Tascón –por indicaciones a su vez, de otra jerarquía mayor, el propio presidente de la República, quien lo hizo por escrito, el 30-01-2004- de aquella operación “Maisanta” coordinada por el hoy diputado opositor, Ismael García, son pruebas más que suficientes para indicar que estamos bajo un Estado policial-militar. No es tanto el que una persona “sapee” a otra para obtener indulgencias y favores de otro. Es la detestable y morbosa “sensación” de sentirnos importantes y protegidos por el Poder aún y a costa de la seguridad y la vida de otros. (*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

viernes, abril 13, 2012

Riqueza




“La pelota es redonda… y viene en caja cuadrada” Expresión beisbolera cubana.


Siempre escuché decir a mis padres que la mayor riqueza que un hombre puede obtener es de naturaleza inmaterial. Y eso estaba dirigido a los valores que se obtenían en familia y se formalizaban en la escuela. –La plata, decía mi padre –refiriéndose al dinero- es importante para tener comida y techo. –Y para que compreís el Panorama, le ripostaba mi madre. Mi padre siempre vivió con un periódico o un libro entre sus manos. Era quien nos daba las primeras noticias de los sucesos o nos contaba historias extraordinarias en las miles de lecturas que hizo en sus casi 96 años de vida.
La riqueza de nuestra familia siempre fue de naturaleza intangible, aunque nunca nos faltó el pan en la mesa. Ha sido el de una familia tradicional venezolana contestataria, politizada y rica en valores y tradiciones.
Digo esto porque me resulta insólito leer en un diario deportivo de circulación nacional que, entre otra serie de afirmaciones que el beisbolista Oswaldo (Ozzie) Guillén ofreció a los medios de comunicación mundiales, está esta triste y lamentable frase, supuestamente burlándose de las personas pobres: “-Prefiero ser bruto con dinero, que inteligente pelando”
Quizá esta expresión explique la situación tan terriblemente incómoda en la que se encuentra actualmente al afirmar que admira al dictador cubano Fidel Castro, y que le costó 5 días de suspensión de juegos como mánager de su equipo (-100 mil dólares diarios). Aunque se disculpó posteriormente (¿Para que no lo boten?) y alargó su metida de “gamba” aún más, cuando dijo que no aprobaba lo que estaba haciendo el presidente venezolano Hugo Chávez Frías. Y esto porque, políticamente, le costó la anivadversión de la fanaticada que es simpatizante del oficialismo chavista.
Tal vez esa segunda aclaratoria la hizo para ganarse el público opositor al presidente en Venezuela. Lo cierto de todo es que queda en evidencia la terrible enfermedad nacional que día a día se riega como epidemia, y es la tendencia a vincular a las personas con riqueza material –dinero- como personas necesariamente inteligentes y poderosas, mientras aquellas que apenas pueden sobrevivir económicamente y están, como dice Guillén, -pelando, no tienen nada, salvo educación.
Da lástima y pena ajena que personas como este deportista venezolano anden por la vida afirmando antivalores, como esta otra frase: “-Después de cada partido, bebo hasta irme borracho a la cama”
Dolorosamente esta imagen de un tipo de venezolano que anda por la vida como “burro enzapatao” (-con el perdón al inteligente asno) es el ideal de muchos. Y lo vemos, no tanto en el deporte como en la escena política. Dirigentes de partidos, de gremios, de sindicatos, de asociaciones, quienes de la noche a la mañana , y de simples personas casi anónimas, saltan a la pantalla del protagonismo nacional, transformándose en orientadores de la sociedad mientras que paralelamente se les conoce fortunas materiales inmensas sin tener base de trabajo conocida y mucho menos preparación educativa formal.
Este desprecio por el saber, por el conocimiento y por la formación académica se ha generalizado de tal manera en Venezuela que está haciendo creer a muchos, que tener una formación familiar en valores y una educación formal son cosas pasadas, viejas e innecesarias.
La picardía, la astucia, la viveza y la sola fuerza física (-bruta) son mejores, más accesibles y se obtienen en poco tiempo y poseen menor peso en la consciencia para sobrevivir.
Esto último parece privar en la mente de este grupo de venezolanos que intenta imponerse sobre la tradición nacional que siempre ha visto en los valores de la familia y el esfuerzo y sacrificio del estudio y del trabajo dignos, las metas que todo ciudadano anhela y busca.
Después de todo, Ozzie hubiera podido mantener su afirmación, y decir, como dijo Yogi Berra: “La mitad de las mentiras que dicen de mí no son verdad”. Así pasaría a la historia como persona que fue consecuente con sus “principios”…aunque le costara su trabajo.
(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

viernes, marzo 30, 2012

Criminalidad



Por la época decembrina, hace ya algunos años, escuché una conversación entre una señora de servicio doméstico y una amiga. Hablaban de celebrar los días navideños. En un momento de la conversación la señora se quedó en silencio por breves momentos, luego agregó: -En la cuadra del barrio donde vivo la gente no va a celebrar la navidad porque en cada casa hay duelo. A quien no le mataron a un hijo, le mataron al marido o al sobrino o le violaron a la hija. En todas las casas hay luto y mucho dolor. Mi amiga hizo un gesto de asombro y enseguida cambió de conversación y le pidió que terminara el almuerzo.
La señora vivía en el barrio Brisas del Sur, en San Félix. Terminaban los angustiosos años ’90 y un nuevo siglo asomaba su rostro de incertidumbre. De ese tiempo a la actualidad han pasado poco más de 12 años, y la sociedad venezolana ha mostrado el lado más ruinoso y criminal de su alma.
La maldad del venezolano no parece tener límites y cada vez tiene más rasgos de sadismo e impunidad. Y esto es posible porque el criminal percibe que en la estructura del Estado los sistemas encargados de controlar la criminalidad son laxos y en la práctica no castigan al culpable.
Por ello pareciera una contradicción ver cómo en los medios de comunicación aparecen personas, quienes representan a Ong´s defendiendo, por ejemplo, los derechos humanos de los presos en las cárceles.
Ciertamente que como seres humanos que al fin y al cabo lo son, no es justo que cumplan sus penas en sitios antihumanos. Pero por qué no se anteponen a esos registros visuales la presencia de quienes padecen la tragedia de un familiar, de un amigo, de una cercana persona que ha sido asesinada o violada o secuestrada. Por qué no mostrar y darle primacía y mayor protagonismo a esos seres humanos a quienes les fueron arrebatados los cientos de miles de venezolanos asesinados o que están secuestrados.
Responsablemente afirmo que un violador de menores de edad o quien haya asesinado con premeditación, ventaja, alevosía y sadismo a una anciana, o que haya secuestrado, violado y mutilado a un ser humano, pueda ser regenerado por el sistema judicial y educativo venezolano. Eso es sencillamente un imposible. En esos casos como en otros, todos horrendos, se debe condenar a la persona a cadena perpetua y trabajos forzados.
Creo que se debe atender, tanto material como psicológicamente a los miles de anónimos venezolanos que sufren y quedaron mutilados o minusválidos por las balas o las secuelas espirituales por el drama de la violencia.
Sugiero que quienes en la actualidad permanecen en las cárceles y deben cumplir su sentencia, el gobierno del Estado los clasifique según el tipo de crimen cometido. Porque no es igual quien ha arrebatado una cartera y robado por hambre o usado sustancias psicotrópicas, a quien ha violado a un menor de edad o ha cometido un secuestro o ha cometido un hecho de corrupción.
El Estado venezolano debe diseñar un plan de trabajo “obligatorio y estricto” que permita el uso de la fuerza bruta de esos penados. Utilizar esos seres, por ejemplo, en la construcción y reparación de carreteras, en la instalación de vías ferroviarias, en la limpieza de calles y avenidas. En la limpieza de cañerías, en el desarrollo de campos agrícolas, en la construcción de viviendas, entre cientos de áreas donde los penados pueden desempeñarse y el Estado contar con mano de obra que no tiene por qué cancelar nada, salvo garantizarle sus derechos humanos, su alimentación y su salud.
En el pasado otras sociedades se desarrollaron a partir del uso de la mano de obra de estos condenados a prisión. Por el contrario, mientras se continúe manteniendo a estos seres en hacinamiento constante, sin planes de asistencia penitenciaria, será cada día más difícil la recuperación y reinserción plena de ellos como ciudadanos virtuosos y respetuosos de las leyes.
(*) camilodeasis@hotmail.com.ve / twitter@camilodeasis

viernes, marzo 23, 2012

Entre marginales te veas



Hace algunos años leí en un diario de circulación nacional unas declaraciones de un técnico deportivo cubano quien había decidido desertar e irse de Venezuela. Entre las tantas afirmaciones que indicó, una de ellas me impactó particularmente: “No se puede hacer una revolución con marginales” Y yo agregaría, además: Tampoco se puede lograr una verdadera democracia con dirigentes opositores de mentalidad marginal.
Esto último es verdaderamente dramático toda vez que estamos tan mal acostumbrados a la dejadez, la desidia y la pedantería, que una gran parte de la sociedad venezolana, particularmente la llamada clase media, está esperando que el presidente se muera y surja de la nada un reemplazo para tranquilizarse y seguir su vida como si nada hubiese pasado en estos años. Otros esperan que el candidato opositor asuma la presidencia y les devuelva la antigua vida de solidaridades automáticas y respaldo a sus malcriadeces políticas.
Ciertamente que el país ya no es el mismo. Los alegres y falsamente prósperos años setenta ya pasaron. Los despertares de la resaca en los años ’80 y ’90 se vivieron en las calles y entre el basurero por saqueos, muertos y desamparados de los conflictos sociales que abrieron las compuertas donde se asomó el rostro famélico de un venezolano desconocido.
El siglo XXI nos presenta ahora como una sociedad contradictoria: viviendo en un espacio geográfico llamado Venezuela inmensamente rico pero a la vez, siendo casi infinitamente pobres. Sobre manera, sin memoria histórica y menos cultural. Con un sistema educativo rudimentario, pedagógicamente atrasado y sin un modelo preciso para construir el ideal del ciudadano venezolano habitante de una república democrática. Con un sistema de mercado donde el comerciante se mal acostumbró a obtener como beneficio de sus ventas, el doble, triple y hasta más sobre la venta de sus productos.
Venezuela es, desde hace más de 25 años un país absolutamente privatizado por la mentalidad marginal. Y el primer privatizador es el Estado. De resto, las aceras, los rincones, las paradas de autobuses, las jardinerías, las esquinas y demás sitios públicos han sido tomados por particulares. La mentalidad buhoneríl se ha hecho gobierno y se ha impuesto, restando espacios y participación a las comunidades organizadas.
No creo que el actual sistema educativo venezolano pueda lograr un cambio de mentalidad en el venezolano. Mucho menos que el actual gobierno del Estado logre cambios verdaderos, ni tampoco los dirigentes opositores puedan lograr en el corto tiempo instalar una estructura educativa basada en valores y adaptada a los nuevos cambios en el escenario socioeconómico mundial.
Mientras no ocurra una clara, franca y decidida participación del Estado venezolano en la conformación de un sistema educativo y de seguridad que logren en la práctica controlar a los asesinos, violadores de menores, corruptos, ladrones, pícaros políticos, comerciantes usureros, y demás alimañas sociales, la mentalidad marginal irá solucionando a su manera las cosas e imponiendo su ética y estética.
(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

viernes, marzo 16, 2012

La mirada del desprecio


Lecturas de papel
En la Caracas de inicios de los años ’70 se mantenía un discreto control, por parte del gobierno del Estado, sobre los espacios de pobreza y miseria que crecían aceleradamente y amenazaban con desbordarse por calles y avenidas de las principales ciudades de Venezuela. Para disimular e impedir que se visualizaran los ranchos, uno de esos tantos gobiernos de la capital construyó por los lados de la avenida San Martín, muy cerca de la Sanidad, un largo paredón de varias cuadras. De esa manera no se podían ver ni ranchos ni las estrechas callejuelas ni mucho menos los rostros del hambre y la desolación de esos miles de venezolanos quienes merodeaban de día por las calles de Caracas. Mi padre me lo comentó y un día, mientras él se dedicaba a su trabajo como fotógrafo con cámara de cajón, yo me introduje por uno de los tantos boquetes que ya existían en esa muralla y pude ver ese otro mundo que de hecho existía y era mucho más inmenso en población.
Después, ya por los años ’80, también vi por televisión cuando llegó el papa Juan Pablo II y mientras la caravana pasaba cerca del retén de Catia, de pronto los presos sacaron sus manos y rostros por entre los barrotes de esa mazmorra de indignidad. El beatísimo fustigó al gobierno de Caldera y semanas después la cárcel implosionó y se derrumbó dejando una estela de humo y de injusticias. La cárcel fue demolida pero no desapareció ni el hacinamiento de la población carcelaria ni mucho menos la dramática situación de un sistema de justicia inmoral y de mentes marginales.
Estas dos historias, que ocurrieron no hace más de 40 años, son realidades de un drama mucho más complejo que la actual y simple diatriba política que no parece tener fin. Nos estamos refiriendo al “desprecio” y por tanto, a la exclusión y a la marginación de cientos de miles de millones de seres humanos. Y en ello tienen la principal responsabilidad, tanto la dirigencia política como el liderazgo profesional de la clase media.
Más terrible que padecer de hambre alimentaria es padecer de desprecio por el semejante y ser condenado, de hecho, a la indiferencia y la invisibilidad. Al no reconocimiento del semejante como ciudadano con derecho a existir. Consecuencia de ello, una inmensa porción de esta población no existía jurídicamente pues no tenían cédula de identidad y millones de menores de edad apenas tenían como prueba de su nacionalidad venezolana, la boleta de nacimiento que a sus madres le daban en los hospitales cuando nacían.
La actual problemática de conflictividad por la que atraviesa la sociedad venezolana no comenzó hace 13 años ni es responsabilidad única del actual gobierno del Estado. La degeneración de las instituciones del Estado venezolano hasta volverse en una práctica diaria de actuación de mentalidad marginal, ha sido un paulatino proceso de descomposición de la sociedad que comenzó hace más de 40 años y con ello, el desprecio sistemático que una élite ha mantenido sobre los más desposeídos.
Por eso considero que uno de los mayores aciertos que el actual gobierno del Estado tiene, con sus contradicciones y detractores, ha sido invertir la visión economicista y colocar la acción de solidaridad social como prioridad, y con ello darle rostro a esa mal llamada “masa social” informe e invisible que solo se “usaba” para hacer bulto en las concentraciones partidistas.
No creo que la sociedad venezolana supere con un simple cambio de gobierno la dramática coyuntura de sobrevivencia. Tampoco la condición de mentalidad marginal que ha invadido absolutamente todas las estructuras de las bases supremas que sostienen a la sociedad y al Estado: Familia, Religión, Moral y Educación. Todas ellas de contenido intangible pero que se materializan en la construcción diaria del hacer de los ciudadanos.
Pero hemos de insistir y seguir insistiendo que sólo un sistema educativo profundamente pedagógico y por un tiempo directivo, junto con un riguroso sistema jurídico fortalecido en valores, podrán vislumbrar la existencia de un ciudadano éticamente sano que pueda mostrar el rostro multifacético del venezolano que todos anhelamos ser.

(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

viernes, marzo 09, 2012

Eres chavista!



Mientras cambiaba el aceite al motor de mi carro, en el taller de un
conocido, escuché una intensa conversación entre otros dueños de
vehículos y el técnico mecánico. No me interesó tanto el tema que
abordaban, obviamente sobre la figura del presidente y sus ofensivas
palabras al candidato opositor, tildándolo de "cochino", como la forma
para enfrascarse en la discusión. Gestos, ademanes, movimientos
corporales exagerados así como un elevado timbre de voz denunciaba en
los interlocutores una insanía en las relaciones humanas, donde en
absoluto había espacio para la reflexión. En la Venezuela actual cada
quien, casi a gritos, expone su verdad y no escucha al Otro-semejante
ni mucho menos, al Otro-diferente. Siempre he creído que esto del
tristemente llamado "chavismo" es más una actitud, una postura de
vida, una emocionalidad y sobremanera, un credo de fe, fanatismo,
superstición y ortodoxia, que se aplica tanto a ultrosos seguidores
oficialistas como a ultrosos opositores. Las actitudes autoritarias,
militaristas, ramplonas, retadoras, agresivas, entre tantas otras, de
clara y evidente persona que se sabe protegida, son propias de un tipo
de venezolano que arrastra ese síndrome de la "pedantería" y el
"pantallerismo" desde hace más de 40 años. Es el cultivo de unos
antivalores que se instalaron en la mente del ser venezolano desde
mediados del siglo XIX, con el denominado "pícaro" que se valía de sus
astucias histriónicas para vivir del semejante. Es el moderno "avión"
de los años '70, '80 y '90. El "vivo" que hace malabarismos para
vivir de sus artimañas. Es el apostador que se va los fines de
semana al hipódromo a "jugar caballos" o apuesta en las "dupletas" o
en la "lotería de animalitos". Ese es un tipo de venezolano que cerró
filas en el ámbito político e introdujo sus picardías y malas mañas en
la actividad partidista. Los actuales líderes, dirigentes, militantes,
simpatizantes y amigos de absolutamente todos los grupos y partidos
políticos venezolanos tienen entre sus miembros a una grandísima
mayoría de estos especímenes. Devenidos en negociantes y empresarios
de influencias y prebendas. Encorbatados o en faldas de lino y oropel,
siguen la tradición del pícaro y la picaresca de siempre. Superar esta
enfermedad actitudinal, este "rancho mental", este síndrome kinésico,
esta arrogancia de "deslenguadas y deslenguados" que modelan patrones
conductuales marginales, resulta un difícil y duro proceso de cambio
que solo podrá lograrse con una sólida estructura educativa y un
riguroso sistema judicial que haga sentir el peso del Estado
pedagógicamente directivo. De otra manera, seremos una sociedad que ya
transita lo que me escribió en un tuit el profesor Agustín Blanco
Muñoz @ablancomunoz "El PROBLEMA no es si hay o no denuncias, sino
determinar qué nos llevó a ser una sociedad de ASESINOS".

(•) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

sábado, marzo 03, 2012

Aberraciones


La Venezuela decente se despertó, hace menos de un año, con la espantosa noticia del llamado “Niño de Guanare”. El menor fue sometido a torturas y violaciones continuas hasta desprenderle varios órganos internos y morir en medio de terribles dolores. Fueron varios adultos quienes cometieron tan vil y horrendo crimen. Toda una comunidad se movilizó frente a este acto de barbarie e inhumanidad. Hubo saqueos en el pueblo e intentos de linchamiento para los criminales. Fue la comunidad la protagonista en la exigencia de justicia.
Después vino la calma. La noticia se fue difuminando en medio de otras que hacían de esta apenas una nota trágica. Ya casi olvidada supimos de otro horrendo crimen. Esta vez fue en la Costa Oriental del Lago, en Cabimas. Donde un desnaturalizado hombre sometió a torturas a un infante, menor de dos años. Lo violó y no contento con ello, le colocaba su cabeza dentro de un tobo lleno de agua intentando ahogarlo. El menor finalmente murió. Fue noticia de varios días.
Ahora viene otra noticia también funesta y dolorosa. La de una mujer quien mantuvo por meses encerrada en una letrina a su nieta. La alimentaba con restos de comida y a pura agua. Sucedió en Machiques, al sur del Lago de Maracaibo. De apenas cinco años. Cuando lloraba la aberrada mujer calentaba un tenedor y lo apretaba contra los labios de la niña.
Los vecinos alertaron a las autoridades quienes encontraron a la niña en franco proceso de desnutrición. La mujer fue puesta a las órdenes de la justicia y la niña enviada a un centro de rehabilitación. Después, el Ministerio Público ordenó la liberación de la abuela con régimen de presentación cada 15 días.
Estos tres casos son apenas una ínfima muestra de los cientos de historias a las que son sometidos diariamente miles de menores de edad. Habría que mencionar aquellos quienes mueren en los barrios, urbanizaciones y zonas rurales como consecuencia de las riñas entre adultos o por las llamadas “balas perdidas”. Además de las “muertes psicológicas y espirituales” por familias que desprecian a sus menores hijos y por un Estado que en la práctica mantiene en desamparo alimentario, educativo y sanitario a estos seres humanos.
Pero lo que llama la atención es darnos cuenta cómo cada día aumentan los casos de tortura y violación contra infantes y niños. Cómo algunos adultos se ensañan contra la población más desvalida: los menores de edad. Eso muestra inequívocamente que existe un proceso de “enfermedad”, de síndrome de podredumbre humana, de tufo social que está mostrando el lado más oscuro del venezolano. Su capacidad para hacer mal al semejante. Y es hora de indicar y llamar a las cosas por su nombre: el venezolano también es malo, agresivo, capaz de cometer aberraciones como las descritas anteriormente. Seamos honestos y reconozcamos que la sociedad venezolana está enferma y parte de sus dolencias las está mostrando con rasgos de una criminalidad espantosa y brutal, como los llamados “coliseos” que semanalmente se ejecutan en las cárceles, como en la de Uribana, en Barquisimeto. Allí también los prisioneros juegan al fútbol usando como pelota las cabezas de los recién linchados y “ajusticiados”.
Todos, absolutamente todos los ciudadanos venezolanos somos corresponsables de estos sucesos sino denunciamos y callamos. Denuncia a quien maltrate a un niño. No calles cuando veas a un adulto golpeando a un menor de edad. Escucha a una niña cuando señale a un adulto que la manosea en sus partes íntimas. Dile a tus hijos que no reciban caramelos ni regalos de desconocidos. Está atento con las personas más cercanas del menor de edad: son quienes generalmente pueden abusar de los infantes y niños. Sé responsable y denuncia al agresor. Tu participación y protección al menor es determinante para salvarle la vida.
(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

jueves, marzo 01, 2012

Nanorrelato



Miopía
Jamás me enamoro a primera vista.

Nanorrelato



Acento
A mi corazon le falta algo.

Nanorrelato



Frase para flojos
El tiempo de Dios es perfecto!

Nanorrelato



Bipolaridad
Era único. Después no supe quien fui

Nanorrelato



BB
El mundo se acaba y aún no despierto.

viernes, febrero 24, 2012

Librocidio


Me cuenta mi dilecto amigo Roger Vilaín, que en el Centro de Investigaciones Literarias de la universidad donde trabaja, la Universidad de Guayana, en Puerto Ordaz, algunos docentes de otras áreas se quejan porque los libros de la biblioteca especializada en literatura y arte del Centro, se ven demasiado, generan polvo y afean los cubículos. Le piden que haga algo para esconderlos.
Casos como este aparecen en el escenario académico y cultural venezolano periódicamente y se están haciendo cosa normal en las conversaciones, comentarios y noticias de quienes andamos por este mundo de la academia y la cultura venezolanas.
Hace pocos años fue noticia la “desactualización” de miles de libros de una biblioteca en el estado Miranda, por viejos y raros. Terminaron ardiendo en el basurero municipal. También ocurrió algo similar en la biblioteca pública de Ciudad Bolívar donde enviaron al basurero miles de libros porque nadie los consultaba. O como hace menos de un mes, cuando en la misma capital del estado Bolívar, representantes de la Misión Cultura iban botando paquetes de libros, aún con sus precintos, por la vía de Marhuanta. Libros que venían directamente de la imprenta, nuevos, y quizá porque exigía mucho esfuerzo mental y físico para irlos distribuyendo en las escuelas, liceos y bibliotecas del estado, los lanzaron a un costado de la carretera. Desidia, flojera o falta de solidaridad de estos empleados gubernamentales. Lo cierto es que esta práctica no es nueva en nuestra sociedad. Desde hace años, quizá siglos, una de las maneras de mantener control sobre la población ha sido precisamente impedirles que tengan acceso a la lectura. Antes, en la época de la Colonia estaba prohibida la lectura a las mujeres y clases sociales inferiores. Después, en el siglo XIX, en los años terribles de la Guerra de Independencia, el Imperio español ordenó detener y hasta cortarles las manos y lengua, a quienes poseían libros y sabían escribir.
Destruir un libro, por la magia que éste tiene y lo que representa, es un asesinato, una afrenta al saber y a la cultura de un pueblo. El libro es un cuerpo vivo, una existencia que prolonga su vida en quien lo posee. Nutre, alimenta al lector, lo acompaña y es solidario, crítico y a la vez liberador. Quien tiene un libro posee parte del saber universal. Quien tiene un libro se hace portador de un mundo donde tiene la posibilidad de transitar, observar, palpar, oler y acariciar personajes, paisajes y sensaciones que se graban en la sangre y la piel para toda la vida.
Por estos años obviamente que la práctica de mutilar al lector no se usa. Pero la intención de destruir al libro continúa. Quizá solapada, quizá de manera inconsciente, quizá más subrepticia. Lo lastimoso es saber que quienes practican el librocidio, docentes y funcionarios, tienen necesariamente que coexistir con la memoria cultural de todo un pueblo en el cuerpo de un libro. De continuar esta práctica en pocos años iremos al basurero a rescatar laptops, ipads y demás artefactos en los que se ha ido transformando el libro.
(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

viernes, febrero 17, 2012

Diario


Releyendo el libro Diario, de Ángel Rama (1926-1983) encuentro una serie de afirmaciones que todavía, a más de 30 años de expresadas, están vigentes en la vida cultural venezolana.
Conocí al profesor Rama en los intensos años ´70 mientras estudiaba en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela. Nos presentó Vilma Vargas, profesora y amiga, de quien fui su asistente de cátedra. Era él un sureño (uruguayo) quien se había exiliado en nuestro país, debido a las dictaduras militares sangrientas instaladas en el cono sur y que perseguían a los intelectuales, entre ellos a Rama.
De voz apacible y serena y familiar mirada. Alto y corpulento. Casi ya entrando a los cincuenta años. Era, junto con su asistente y también coterráneo, Álvaro Barros Lémez, una de las primeras atracciones de adelantados pensadores que nutrían los pasillos de la escuela. Pero poco duró ese matrimonio porque Rama era, aunque de formación marxista, un pensador, investigador y crítico de la cultura latinoamericana. Su densa formación intelectual pronto hizo crisis y se enfrentó a la camarilla de seudo intelectuales agrupados en la tristemente llamada “República del Este” que, como muy bien la dibujó en parte de su diario, y mientras se suscitó una polémica llevada por el diario El Nacional, en 1977, afirmó: “Como era previsible (Federico) Ríu le tomó el pelo y publicó una de las notas de Ludovico (Silva) (…) y el artículo del Diccionario, con lo que quedó probado el plagio. Una historia triste, por los valores intelectuales que tiene (o tenía) Ludovico y casi un paradigma de los efectos de esta descomposición alcohólica de un medio intelectual otrora digno. (…) Pero este domingo Orlando Araujo publica en El Nacional una nota de elogio a Ludovico, evidentemente generosa y emotiva, tratando con artilugio poético de salvar lo insalvable. “Te has copiado de Dios” le dice en su párrafo final. Es el texto de un ebrio sobre otro ebrio (…) es el alcoholismo crónico de los dos y de tantos otros de una ridícula República del Este, que implica de cuatro a ocho horas diarias de bar (nadie sabe quién paga y se atribuye frecuentemente a las arcas del Consejo de la Cultura (antiguo CONAC) este secreto subsidio al alcoholismo (…) queda evidenciado el paupérrimo nivel de la vida intelectual porque, aunque parezca imposible, ambos son de los intelectuales valiosos con que cuenta la izquierda, de lo mejor, más leal y sano de esa intelectualidad.”
Lacerante e hiriente la historia de este episodio en la cultura nacional. Plagios, intrigas, desidia, fraudes, estafas, traiciones y huellas de xenofobia son las verdades que plasma en su diario Ángel Rama, quien es hoy considerado el más importante crítico de la cultura latinoamericana. Su pensamiento se encuentra condensado en dos extraordinarios libros: Transculturación narrativa en América Latina, y La ciudad letrada, además de sus ensayos y conferencias sobre escritores latinoamericanos.
En su tiempo no sólo se consagró al estudio e investigación de la literatura en la América hispana. También vinculó la creación literaria al hecho social, que lo presenta como el inspirador de la denominada sociocrítica moderna. Sus reflexiones sobre la Venezuela política de la década 70-80, son indicativos de los acontecimientos que para finales del siglo XX se desencadenan en un país sumido en el caos económico y la crisis sociopolítica. Leamos su diario: “6 de noviembre de 1977. La ciudad sin agua desde hace cuatro días. Un motín de protesta en el (barrio) “23 de enero” concluyó con dos abaleados y muertos por la policía, criaturas de 13 y 10 años, otro ejemplo de la brutalidad de la represión por los cuerpos de seguridad, que en este año ha arreciado como forma de contener el malestar popular. Es insólito: los millones del petróleo no alcanzan a solucionar las urgentes necesidades populares, pues la incompetencia, el despilfarro y la rapaz especulación burguesa se suman a las dificultades de una infraestructura económica y de servicios enteramente obsoleta que no puede adecuarse (falta de planificación, incapacidad, desatención) a las nuevas situaciones del país.” “En este último año la inquietud social ha crecido: huelgas, protestas populares, nuevos alzamientos guerrilleros (…) y un clima de inseguridad urbana acrecentado. Las raíces son evidentes: basta alzar los ojos hacia los rancheríos de los cerros (donde vive casi la mitad de la población de Caracas) para divisarlas, pero el gobierno sigue con la confianza puesta, por un lado en un desarrollo burgués de largo alcance que provea de trabajo y disciplina, por el otro en el terror de una represión que deja muertos prácticamente todas las semanas.”
Bajo el principio del intelectual éticamente comprometido con su tiempo, adelanta su crítica con los modelos estereotipados de los nuevos liderazgos políticos: “Pintoresco diálogo con (Juan) Fresán: cuenta de los sudores que están pasando los expertos en publicidad para forjar la imagen de Piñerúa Ordaz, en candidato de AD. Por ejemplo, la imposibilidad para conseguirle una sonrisa que no sea una mueca o de dotarlo de una figura atrayente (los bracitos de muñeco), que ha llevado a Fresán a proponer el slogan: ”No hay sitio para risas, la situación es dramática. Enfrentemos nuestros problemas.”(…) Este modo planificado de forjar el candidato, “haciéndole una figura”, produce vértigo y horror de nuestra civilización. Conozco lo que Jacobo Borges ha venido haciendo de Teodoro Petkoff, para transformarlo en el Robert Redford de la política venezolana y lo que antes hizo con José Vicente Rangel, sugiriéndolo, por la vestidura y posición del cuerpo, como un símil del santón popular José Gregorio Hernández. Se trata de vender un producto. No hay ya ingenuidad romántica, salvo en los grupos de izquierda que son, a la vez, más puros y más arcaicos. La disociación entre idea, carácter, cultura, doctrinas, proyectos, por un lado y aspecto-discursos-imagen, por otra, es propia de nuestro tiempo y patentiza su estructura compleja, artificiosa y fraudulenta. Es el fin de toda moral.”
Demoledora reflexión la de un crítico, ensayista, investigador y docente en universidades del mundo. Lo fue en Uruguay. Sus años en Venezuela le llevaron a dictar cátedra en la Universidad Central de Venezuela, en la Universidad de Los Andes. En México, en la legendaria UNAM. En Estados Unidos de Norteamérica, en la de Maryland y Stanford. En Europa, en la de Venecia, entre tantas instituciones a las que sirvió, mientras también adelantó proyectos innovadores, como los postgrados en literatura latinoamericana, en la UCV, y la creación de la Biblioteca Ayacucho, cuyo objetivo fundacional ha sido la de plasmar en textos el pensamiento de la cultura Latinoamericana en la voz de sus mejores intelectuales.
Por estos tiempos oscuros y grises el pensamiento de Ángel Rama se acrecienta y ofrece luces para comprender, tanto la realidad del Hecho Literario Latinoamericano, como las prácticas de los liderazgos políticos que sacuden a los países de esta América. Sea su palabra sobre otro gran pensador de la cultura latinoamericana, que hable: “20 de marzo de 1978. Entrego un artículo sobre Simón Rodríguez (…) Releo sus varias obras y repaso sus vicisitudes: un destino sudamericano! Diría Laprida (En el Poema Conjetural, de Borges: Yo que estudié las leyes y los cánones/ yo, Francisco Narciso de Laprida <…> Al fin me encuentro/ con mi destino sudamericano). Duele su triste vida y acompaña. Esos decenios por escuálidas ciudades americanas, sin recuerdos, atendiendo pobres negocios, viviendo de la caridad; esa muerte en un caserío ecuatoriano, río arriba, con los dos baúles llenos de papeles y nada más; esa continua frustración de pensar mejor que nadie y no ser oído, ni atendido, ni respetado; esa inteligencia, condenada por tal, en medio del caos, los apetitos desatados, la garrulería, la confusión. Todo define al intelectual en una América cruda, mal amasada.”

(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

sábado, febrero 11, 2012

Memoria


Cuando vayas a votar acuérdate de aquel ciudadano que en vida se llamó Franklin Brito y a quien todos vimos enflaquecer mientras el gobierno divagaba en asuntos leguleyos hasta dejarlo morir de hambre.
Cuando vayas a votar acuérdate de aquellos meses cuando el gobierno dejó que se pudrieran cientos de miles de millones de kilos de alimentos por desidia, incapacidad gerencial y falta de solidaridad humana.
Cuando vayas a votar acuérdate de tu familiar, de tu amigo o del amigo de tu amigo a quien asesinaron, asaltaron, secuestraron, violaron, ultrajaron, humillaron, mientras el gobierno venezolano mantiene en las infernales cárceles, tanto a delincuentes como a inocentes, mientras otros ya han cumplido sus condenas o miles aún no han sido condenados y tienen años esperando sentencia.
Cuando vayas a votar acuérdate que las universidades venezolanas, republicanas, democráticas, autónomas y públicas, funcionan con el mínimo de sus presupuestos (apenas para el pago de sueldos, transporte y comedor), mientras el gobierno aprueba miles de millones de dólares en la compra de armas para unas guerras virtuales.
Cuando vayas a votar acuérdate que miles, millones de ciudadanos no podrán hacerlo, aunque lo deseen, por mantener un “bozal de arepa” y ser permanentemente vigilados, espiados y delatados por fanáticos y ortodoxos gobierneros.
Cuando vayas a votar acuérdate de las decenas de neonatos que a diario mueren en los hospitales públicos por falta de insumos, mantenimiento y desidia del gobierno.
Cuando vayas a votar acuérdate de los miles de accidentes que cada año ocurren por el mal mantenimiento de carreteras, autopistas, calles y avenidas. Vías inservibles, con huecos, baches y desniveles donde pueden verse las huellas de la tragedia en vehículos incendiados, volcados, dejando una estela de muertos, lisiados y mutilados, mientras el gobierno dona asfalto y maquinaria a otros países.
Cuando vayas a votar acuérdate de las cientos de escuelas, liceos y demás centros educativos donde ya no llega la merienda escolar, ni hay protección a niños ni maestras quienes quedan a merced del hampa, las aguas negras, las ratas y enfermedades.
Cuando vayas a votar acuérdate que será un acto inédito, histórico y tendrás la oportunidad de contarle a tus hijos y nietos que hubo un tiempo en Venezuela donde el gobierno del Estado amenazaba, infundía miedo a sus ciudadanos para que no votaran. Sin embargo, la población toda: pobres, ricos, profesionales, artesanos, ancianos y jóvenes arriesgaron hasta sus vidas para estar presentes y ejercer su derecho constitucional al voto libre, democrático y universal.
Ah!, cuando vayas a votar acuérdate de llevar también tu equipo mínimo de votación: ropa colorida, cómoda. No olvides tu botellita de agua, tu gorrito, tu sillita, un caramelito o galletica. Y lo fundamental: una sonrisa para compartirla con tu Otro igual o diferente y mucha dosis de ciudadanía. Y recuerda: el miedo se vence con la consciencia de saber que somos mayoría. Vota también por aquellos que están en la otra orilla y que todavía no dan su paso adelante para estar con nosotros en la construcción de una sociedad de incluidos, solidaria y democrática.

(*) camilodeasis@hotmai.com / twitter@camilodeasis