miércoles, noviembre 11, 2020

Credibilidad

 



Mi tío Domingo Guerrero Contreras, sargento mayor del naciente ejército del dictador Juan Vicente Gómez, guardaba en un viejo baúl de madera objetos curiosos. Uno de ellos era una pequeña revista donde aparecían algunas imágenes de ciudades y personas estadounidenses. Se hablaba allí de la vida en esa gran nación. –Bonito, ¿verdad?. Yo le respondí asintiendo con un movimiento de cabeza.

 

  -Es que están promocionando para quien quiera irse a vivir allá. Pero son muy estrictos y no les gusta que le digan mentiras, lo toman como una ofensa y como un delito. Eran los comienzos de los años 60. A mí esas palabras se me grabaron en mis recuerdos.

 

 Por eso considero que, en las elecciones en los Estados Unidos de Norteamérica, los dos hechos más trascendentes, no son tanto quién gane o pierda los comicios a la presidencia sino, la duda que se ha creado en torno de la credibilidad en las instituciones del Estado norteamericano.Lo otro es la decisión del pueblo boricua de convertirse en el estado número 51 de la Unión.

 

  Con cierta regularidad leo y escucho a personas afirmar que les ha sido ‘fácil’ introducir documentación para solicitar su permanencia en EEUU. Otros recurren a introducir información no veraz y hasta falsa, indicando que las autoridades creen en lo que les indican.

 

  Pues bien, el punto que deseo desarrollar es precisamente la tradición que existe en el pueblo norteamericano, y, por lo tanto, en sus instituciones, sobre el irrestricto apego a la verdad, creer en el Otro, como ideal de vida y convivencia, y, sobre todo, en la preservación de los principios de libertad, democracia y propiedad. Todo ello está soportado en la palabra, sea oral como escrita, que es honrada, soportada y preservada como símbolo de honor, de responsabilidad y cumplimiento a la verdad.

 

  Por eso veo con horror la serie de argumentaciones esgrimidas sobre la actuación que tienen estos dos candidatos y detrás de ellos, quienes, a lo externo, y sin conocer la idiosincrasia de la cultura del norteamericano, se aventuran a realizar análisis y proyecciones, imitando realidades alteradas, como esta que se vive en el territorio venezolano.

 

  Lo que viene ahora, por parte de la institucionalidad y sus agencias, es una afirmación de esto que tratamos. Porque está en ‘tela de juicio’ la palabra empeñada por la tradición cultural de una sociedad que se precia de tener un sistema de jurisprudencia basado en el principio del apego a la verdad como ideal y valor de convivencia social en una república confederada.

 

  Pocas sociedades en el mundo tienen su fortaleza en este principio que tratamos. Japón, Australia, Finlandia, Islandia, Nueva Zelanda, entre otras sociedades, encuentran su fortaleza fundamental en la verdad y su práctica como base para su posterior desarrollo socioeconómico. Es así y nunca a la inversa. Y esto ha sido una práctica en su tradición por generaciones a través de la afirmación de la familia, sus valores, y la práctica de esta convivencia en el fortalecimiento cultural de los procesos educativos, fijos, inalterables, donde se resalta la tradición de años, siglos de esfuerzo y dedicación en el cultivo de una verdad que es reconocida, identificada y aceptada como valor de vida.

 

 Creo que el resultado final de esas elecciones será lo de menos, centrados en esto que abordamos. Para el norteamericano tradicional, de cualquier estrato social, faltar a la verdad, ver que gran parte de los medios de comunicación han tergiversado, sesgado la verdad, para favorecer parcialidades del poder, les debe estar representando un verdadero dolor de cabeza, vergüenza y hasta humillación, como ciudadanos democráticamente formados en la defensa de la verdad y sus principios.

 

  Tristemente en la Venezuela del régimen totalitario se ha impuesto la mentira y mentir, como Política de Estado. Y en ello, nadie en representación del Poder defiende los principios del honor, la honradez, el valor y principios de la moral, ética como partes de una tradición cultural que han sido los atributos de una república federal, como la venezolana.

 

  La lucha por el poder en Estados Unidos de Norteamérica,y en gran parte de los países del mundo, no está centrado en ideologías ni por grupos políticos, tampoco de izquierdas o derechas. Eso forma parte de un pasado reciente en la historia política de las naciones. Las luchas ahora son religiosas, de monopolios económico-financieros, y de nacionalismos.

 

Todas esas luchas encuentran en la práctica de los principios de la verdad y credibilidad, el soporte de suexistencia, como estados, naciones, repúblicas, y la propia sobrevivencia de sus ciudadanos.

 

(*)  camilodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis  IG @camilodeasis1 

viernes, noviembre 06, 2020

Vivir en gerundio

 


 

 Debo confesar que he perdido la noción del valor de las cosasno sé a ciencia cierta si un litro de leche de larga duración, con el precio marcado, es caro o barato. No lo sé. Cuando voy a realizar las compras, procuro acercarme a los anaqueles para verificar el precio, trato de buscar esas comas y luego los céntimos, pero eso no existe. En Venezuela hace varios años desaparecieron las monedas, y con ello el término se evaporó, ‘quedó en desuso’, así se dice en lingüística. 

 

  Algunas veces paso tiempo buscando esa expresión de los céntimos. Ya eso no se refleja en los productos. Me parece tan extraño, tan triste haber perdido esa noción del valor de los productos, de los alimentos de primera necesidad. Aquellos productos adquiridos en 0,25 (cero veinticinco céntimos de bolívares). Ese ‘medio’ que tanto nos rendía, fuente de disputas en el colegio. Ni decir de la emblemáticamoneda de doce céntimos y medio (la locha), así llamada y deseada.

 

  Porque no es tanto perder el uso de las monedas, es quizás lo más trascendente, quedarnos huérfanos de su pronunciación, de su expresión en números o letras. También que ya es tan extraño no cargarlas en nuestros bolsillos, sonarlas mientras conversamos, sacarlas para cancelar un caramelo. Esto que indico se traduce en lenguaje, palabras ya olvidadas, términos que han caído en el olvido, arcaísmos en el tiempo. Un tiempo que nos encierra en su único momento: el eterno presente del aquí y el ahora. Porque en el territorio que habito no existe futuro y el pasado, oficialmente, está siendo alterado, mutilado y sesgado por el poder.

 

Este es un tiempo sin movimiento, como casi siempre le indico a mi esposa cuando me pregunta qué día es hoy. –Domingo, le respondo. Todos los días en Venezuela son domingos, no precisamente de descanso. Es que todos los días se repiten y cuesta salir a realizar alguna actividad. 

 

  Los tiempos verbales tienen, obvio, movimiento. Pero existe una sociedad, la venezolana, donde se ha logrado entrar en el ‘no movimiento verbal’, eso que los pensadores del lenguaje, los llamados formalistas rusos, allá por inicios del siglo pasado, llamaron ‘verboides, una serie de formas verbales sin mayor movimiento, como el gerundio, por ejemplo.

 

En Venezuela vivimos ‘pelando’ todo el tiempo. Es decir; su tiempo y acción son continuos, no tienen finY este verbo no se crea que es para ejercer la acción de quitarle la piel a las frutas, como cualquier hablante del español pueda creer. En la Venezuela del siglo XXI, cuando usted indica que ‘está pelando’ queda sobreentendido de inmediato, que está en situación socioeconómica precaria, delicada. 

 

 Pero es que además de estar pelando, la inmensa cantidad de venezolanos andamos, también, ‘ladrando’. No queda de otra, porque ni agua potable tenemos para mitigar la sed. Y esto no es cuento ni un chiste cruel, ni tampoco sarcasmo, ni humor negro. Es la pura y cruel realidad.

 

  Apenas estas dos palabras nos dicen hasta qué punto nuestras vidas, y nuestro lenguaje, se han erosionado, degradado y paralizado en la incertidumbre de un mínimo movimiento y, por lo tanto, uso de términos que, sin darnos cuenta, nos señalan un tiempo sin destino, sin futuro y con el constante acecho de un pasado mutilado. 

 

  Hace varios años le decía a uno de mis vecinos, Luis, que de seguir encareciéndose la vida llegaría un momento donde nada costaría decena de bolívares (diez bolívares), ni cien, ni mil, ni cien mil, sino de millones en adelante. Bueno, en no más de ocho años llegamos a ese tiempo. 

 

  Tengo varios años sin usar dinero en efectivo. Como lo indiqué, hace cerca de diez-doce años dejó de existir el dinero en monedas. Hace un par de años los billetes de esos llamados ‘bolívares soberanos’ entraron, en la práctica, en desuso. De hecho, en la actualidad, además de escasos, sólo funcionan los de cincuenta mil (50.000,00) y eso, para una propina por estacionar en sitio público.

 

  Un apreciado amigo, que ahora vive fuera del territorio, de manera genial ha calificado esto que vivimos, diciendo que ‘Venezuela es un llanto en gerundio’ y ahora esa expresión me parece tan certera, tan dolorosamente verdad. Porque uno anda por algún centro de venta de alimentos y evita verse las caras, -quizás el uso de esos bozales ayude-, porque sabe, intuye que el Otro tiene, como uno, los ojos enrojecidos, la piel envejecida, los labios secos, las manos encallecidas, y entonces prefiere hacerse el desprevenido, el ajeno, el solitario. 

 

 Es tan difícil, y a la vez tan fácil decirlo, pero tal vez nos queda todavía un poco de coraje, de valentía para continuar –sin saber por qué- mientras modelamos en nuestra lengua esa necesaria y humana palabra tan solidaria, que da tantapaz y sosiego: piedad.

 

(*)   camilodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis  IG @camilodeasis