miércoles, agosto 17, 2016

Daños colaterales

Se ha hablado casi hasta la saciedad de las graves dificultades políticas por las que atraviesa la sociedad venezolana. Y ni se diga de aquellas económicas. También las que están vinculadas con los aspectos de seguridad ciudadana, alimentación y medicinas. Estas, parecieran ser las más graves. Y en verdad que así lo indican los especialistas. Sin embargo, a nuestro modo de ver, la extensa crisis venezolana que estalla por los cuatro costados será a largo plazo. Allí se verá el verdadero y dantesco desastre. Y es que la sociedad venezolana, de superar esta emergencia humanitaria, tendrá que lidiar por varias generaciones con dos catástrofes. Una de ellas se refiere a los cientos de miles, muy probablemente millones de seres humanos que, hoy neonatos, niños y jóvenes, crecerán con evidentes secuelas por la desnutrición. De sobrevivir van a ser individuos subnormales, abúlicos, con evidentes signos de daños neuronales y que van a ser una pesada carga para el Estado. Eso, indudablemente, repercutirá en el desarrollo industrial y de productividad en la república. Porque si hay pobreza intelectual y baja excelencia académica, los niveles de calidad en la industrialización serán bajos y por tanto, poco competitivos a escala internacional. Será una población que posiblemente alcance títulos profesionales pero con baja excelencia académica. Y acá entramos en la segunda y más terrible catástrofe a largo plazo. El derrumbe de la academia venezolana. Ya no son tanto las míseras condiciones de infraestructura en la educación superior venezolana. Con claras evidencias de un sostenido deterioro de aulas, laboratorios, canchas deportivas y la nula provisión de presupuesto para acceder a la documentación internacional actualizada de información científica, tecnológica y técnica. La universidad venezolana en la actualidad atraviesa por la más grave crisis desde su fundación, en 1721. En toda su historia jamás se había agredido tanto el Alma Mater. Hubo tiempos cuando fue allanada. En otros momentos, clausurada. Otras veces, su claustro fue usado para favorecer a tendencias partidistas. Pero ahora se trata de eliminarla definitivamente. Es, junto con la iglesia, la institución que se resiste estoicamente a ceder, a claudicar y transformarse en un apéndice del régimen chavizta. Por ello se la ataca y sus miembros, desde su personal de servicios, administrativos, estudiantes y docentes, están siendo arrinconados. Tanto por los míseros sueldos, imposibilidad presupuestaria para su desarrollo académico, como de continua persecución a su dirigencia sindical y gremial. Por eso el éxodo de profesores, estudiantes, personal administrativo y obrero. Las aulas en la gran mayoría de las instituciones de educación superior están quedando vacías. Los profesores y estudiantes que se quedan deben buscar la manera para mantenerse en niveles medianamente decentes, académicamente hablando. No hay papel ni marcadores ni borradores. Tampoco las mínimas condiciones para impartir la docencia y una nula participación en investigaciones de equipo. Sea de campo como en laboratorios. Quedan, a riesgo de ser asaltados en las propias aulas de clases, estacionamientos y campus universitario, los profesores y estudiantes que entre ellos hacen colecta y reúnen materiales, equipos y sistemas de operaciones, para adelantar los objetivos de sus programas docentes y de investigación. Para esos profesores la academia se ha convertido en un apostolado. De sus devaluados sueldos surgen las soluciones. Unas veces cancelan los útiles pedagógicos (papel, fotocopiado, marcadores, reactivos, uniformes, etcétera) para que funcione la docencia. Otras veces deben costearse los viajes, que hacen en representación de la universidad. Esta constante agresión contra la universidad venezolana, republicana, democrática, autónoma, pública y popular se realiza, tanto desde el mismo centro del poder del Estado, su régimen, como desde dentro de ella misma, con la anuencia de sus autoridades, en varios de estos centros de estudio. Ejemplo de ello lo observamos en la Universidad Nacional Experimental de Guayana, cuando en 2013, un grupo de colectivos chaviztas intentó quemar vivos a varios profesores dentro de las instalaciones de su Asociación. A la fecha, las autoridades académicas no han establecido las responsabilidades, ni académica ni administrativas a los daños ocasionados al patrimonio universitario. Estos y otros casos evidencian la intención del régimen chavizta, autoritario y militarista, en su control/desaparición de la universidad venezolana, en su interés por convertirla en una escuela/cuartel, bajo la obediencia y sumisión a una sola ideología, adoctrinamiento y fanatismo. Donde no se piense ni se discuta. Solo se sigan órdenes y se cumpla el denominado plan de la patria. Para un universitario, permanecer en silencio ante semejante atropello es poco menos que cobardía y sumisión. (*) camilodeasis@hotmail.com TW @camilodeasis IG @camilodeasis1

miércoles, agosto 10, 2016

El valor del trabajo

Llegué a Ciudad Guayana (la conforman Puerto Ordaz y San Félix) comenzando los años ‘80s. La zona era un constante hervidero de construcciones. Ingresé en 1982 a la Siderúrgica del Orinoco (Sidor) la empresa emblemática de la casa matriz, la Corporación Venezolana de Guayana (CVG). En más de una ocasión mostré mi ficha como trabajador, en bancos y comercios, y eso era más que suficiente para realizar una transacción. Incluso de noche, en las continuas rondas de la policía, enseñaba mi ficha y era tratado con respeto. Era un sidorista. Ciudad Guayana era la zona de la industria primaria de Venezuela por excelencia. Nunca descansaba. Existía un justo orgullo de pertenecer a las empresas básicas de Guayana. Sidor era la tercera acería más grande del mundo, mientras Venalum era la segunda reductora de aluminio primario más importante del planeta. Las empresas de la CVG., nunca cerraban sus puertas. Los llamados tres turnos (de 7:00 a.m. a 3:00 p.m., de 3:00 p.m. a 11:00 p.m., y de 11:00 p.m., a 7:00 a.m.) marcaban el ritmo de la industrialización. De lunes a domingo, y del 1 de enero al 31 de diciembre. Así ocurría en Sidor, Alcasa, Ferromiera, Interalúmina, Carbonorca, Minerven, Venalum, y ese mismo ejemplo se imitaba en aquellas empresas que estaban cercanas a las más grandes, y también a las de servicio y mantenimiento industrial. Mis hijas gustaban contar los autobuses que en el turno de la noche, transitaban por la avenida, al frente de nuestro hogar. Veinte, treinticinco, cincuentidos, noventitres y más autobuses. Todos cargados con obreros y técnicos. Venían de San Félix, de Upata, de Tucupita, de Ciudad Bolívar, de Los Barrancos, de Soledad. Esta práctica comenzó desde el mismo momento cuando se iniciaron los trabajos para la construcción, tanto de Sidor como de la misma Puerto Ordaz. Fue comenzando los años ‘60s., eran hombres y mujeres que llegaron de esos y otros pueblos y ciudades. Pescadores, agricultores, torneros, agrimensores, costureras, soldadores, aseadores. Junto con técnicos calificados e ingenieros y licenciados, fueron quienes le dieron el rostro industrial a esa zona del país. De sol a sol. Con lluvia o sequía. Los hombres y mujeres de Guayana han sido los constructores de uno de los valores más arraigados en la cultura venezolana: el valor del trabajo. Y esa enseñanza se ha ido transmitiendo de padres a hijos. Y sé que esa misma experiencia se cultivó en la industria petrolera. Y en esta como en aquella, se transformó en cultura del trabajo. Por eso cuando ahora un tal presidente a quien llaman Maduro le ha dado por decretar días festivos, con vanas excusas, no puedo sino recordar y refugiarme en lo más hondo y sagrado que poseo, como ser social; mi venezolanía. Nosotros desconocemos esa manera de vivir ajena al trabajo que dignifica y otorga valor, principio de jerarquía moral. Los venezolanos, la inmensa mayoría, somos ciudadanos acostumbrados al trabajo. Es inherente a nuestra naturaleza como cultura y como hondura de hidalguía y porvenir de personas libres. No existe en nosotros el concepto de pereza laboral, y menos, de ser catalogados como vagos y reposeros. Si existe algo semejante a la capacidad de inventiva, de constructor, de ingenio innato, ese es un venezolano. Humillados en las colas, perseguidos por hablar en voz alta. Maltratados todos los días, por falta de luz, agua, gas, alimentos, medicinas, delincuencia. Ahora nos amenazan con alejarnos de los sitios de trabajo. El esfuerzo descomunal del trabajo se ve en obras, como Guri, el puente sobre el lago de Maracaibo, la carretera trasandina, la construcción de la Universidad Central de Venezuela. En estos y cientos de obras está plasmado el valor del trabajo. Esfuerzo de mujeres y hombres por progresar. Y ese valor, como la democracia, son eternos. Porque están indisolublemente vinculados a la práctica de la libertad y de ciudadanía. Sabremos responder con más esfuerzo y más trabajo. Volveremos a las guardias, de 7 a 3, de 3 a 11, y de 11 a 7. Demostraremos con nuestro ejemplo que la mentalidad marginal, hoy hecha poder en un régimen delincuencial, pasará al basurero de la historia. Fueron un fracaso histórico en sus valores. Una aberración entre militarismo, autoritarismo, brujería y mucha vagancia. (*) camilodeasis@hotmail.com TW @camilodeasis

domingo, octubre 19, 2014

El Patriota Cooperante (Este artículo fue censurado por el diario El Universal, en Venezuela)

Publico a continuación, la comunicación que me envía el editor del diario, mi respuesta, y finalmente, el artículo censurado. Estimado Sr. Juan Guerrero, Lamento mucho informarle que su artículo “El patriota cooperante” no fue aprobado por el Consejo Consultivo para su publicación. No pudimos avisarle con antelación para sustituirlo por razones estrictamente operativas. Quedamos pendientes de su próximo artículo de 4.900 para el martes 21-10 en versión digital. De Usted muy atentamente,Miguel Maita El Universal La respuesta de Juan Guerrero a El Universal Apreciado Miguel Maita; dejémonos de eufemismos. ¡Al pan, pan, y al vino, vino! El mencionado por ti, Consejo Consultivo, que desaprobó mi artículo El Patriota Cooperante, lo hizo imponiendo su visión ideológico-política que obviamente se traduce en lo que comúnmente se llama “censura”. No hay otra manera de entenderlo, visto el momento histórico por el que atraviesa el periodismo venezolano y particularmente, los articulistas de opinión. Desde 1985 envío mis artículos a diferentes medios informativos, y desde hace cerca de dos años, a El Universal., Agradezco la deferencia que tuviste al invitarme a publicar mis escritos en un diario que fue paradigma del periodismo plural, libre y honorable. No puedo permanecer entre quienes vetan, censuran y coartan el ejercicio de las ideas. Cordialmente, Juan Guerrero El patriota cooperante No existe algo que sea más degradante a la condición humana que un individuo traicionando, delatando a un semejante. Esta oprobiosa actitud se vivió de manera dantesca en los años de la Europa dominada por el nacionalsocialismo o como generalmente se le ha conocido; nazismo. Fueron tiempos terribles, momentos cuando no era posible confiar en nadie ni mucho menos en quienes se acercaron al poder para protegerse, adulando a sus jefes. A esos individuos se les llamó de varias maneras: colaboracionistas, comisarios culturales o delatores. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial la gran mayoría de ellos, intelectuales, artistas, académicos o simples políticos, comerciantes y parroquianos, fueron tomados por las turbas, linchados y colgados entre los escombros que dejó semejante torbellino bélico. Esa práctica del individuo transformado en agente colaboracionista de un régimen fue adecuándose para poder sobrevivir con los nuevos tiempos. Los regímenes totalitarios, autoritarios y militaristas, tanto de derecha como de izquierda, han sabido valerse de estos tristes y grises personajes quienes, una vez utilizados, son desechados como podredumbre humana que no tiene más valor para su uso. Los más osados han sabido encontrar protección de padrinos, quienes les ubican casi siempre fuera, lejos del país de origen mientras el resto es sentenciado, generalmente asesinado con tiros de gracia. A esta gente nadie le tiene confianza ni menos respeto, pues han vendido su honor por dinero, por un cargo público o por favores financieros. Causalmente el laureado Premio Nobel de Literatura 2014, Patrick Modiano, aborda en su obra literaria la temática de los colaboracionistas en la Francia ocupada por los ejércitos hitlerianos. En Venezuela siempre hemos tenido estos seres grises, anodinos y vendidos al mejor postor, sea por dinero, por cobardía o por resentimiento, bien social o político. El caso más emblemático fue el del marqués del Toro, quien cambiaba de bando según la intensidad del conflicto independentista. Unas veces se las jugó con los patriotas mientras otras, con carta de súplica ante el mismísimo rey pidiendo clemencia, se pasaba al bando realista. Terminó enterrado en el panteón nacional. Ahora en la Venezuela del siglo XXI al régimen de turno le ha dado por denominar a estos agentes del deshonor humano “patriotas cooperantes” con pago, bono o gratificación incluida. Varios de ellos desde hace algún tiempo, intelectuales y artistas, se han ganado un cargo en el servicio exterior mientras otros, fablistanes y llamados académicos, medran alrededor del régimen esperando su mendrugo a cambio de información. Quienes conocen a estos individuos les dicen popularmente “sapos” y también “chupamedias”. Triste terminar señalado por los ciudadanos decentes de un país de manera tan deleznable. Despreciado. Es humillante para un hijo, un nieto, saber que su padre, su abuelo se le conoce de esa manera porque una vez inclinó la cabeza y fue débil ante el Poder. camilodeasis@hotmail.com @camilodeasis

lunes, octubre 14, 2013

A la opinión pública

Una vez leído el veredicto final del concurso #C140 @Banesco considero oportuno dirigirme a quienes me siguen por las redes sociales, en particular, y a la opinión pública, en general. El jurado conformado para esta 3era. Edición del concurso, emitió un primer fallo donde me otorgaba la 2da. Mención de honor. Sin embargo, horas después, la organización del evento, motivado a la serie de denuncias de supuestos plagios, decide emitir un escrito donde, ajustándose a las normas del concurso, decide suspender el veredicto, no sin antes indicar que reafirma su decisión sobre el 1er. y 2do. lugares, entre otras decisiones. Conocido este documento decidí dirigirme, por escrito, tanto a la coordinación del concurso como a parte del jurado. En esa comunicación indicaba mis razones por las cuales reclamaba mi autoría sobre el cuento ENANO. Para ello, enuncié una serie de razonamientos donde consideraba mi cuento como extraído de la tradición oral, por tanto una recreación. Quien fungía como coordinador del concurso, me solicitó información sobre si había participado en anteriores concursos. Sobre ello le indiqué que en las dos anteriores oportunidades concursé, quedando en ambos clasificado entre los 100 preseleccionados. Sobre la redacción de mi escrito, debo señalar que éste forma parte de la tradición oral, concretamente en quienes se desenvuelven en el medio circense, tanto en Venezuela como en otros países latinoamericanos. Hacia finales de los años ‘60s. formé parte del grupo de títeres Garabato, que era patrocinado por la Dirección de Cultura de la gobernación del estado Zulia. En dicho grupo participaba también un actor quien se desempeñaba como payaso (Gasparín). Entre sus dichos, chistes y exclamaciones, que formaban parte de su repertorio, estaba el siguiente: Agáchate y me lo dices en mi cara! En referencia a quienes se mofaban de él por su pequeña estatura y delgada contextura. Esta expresión forma parte, como lo indico en líneas precedentes, del repertorio del mundo circense. Puede apreciarse esta afirmación (que proviene de la voz oral) en la serie de escritos que se muestran por la Internet ( Laura Vanessa Serrato Giraldo | Facebook https://www.facebook.com/lauravanessa.serratogiraldo‎ xD, No Todo lo Qe Brilla es Oro, Tu Cara Grasosa xEjemplo . .... See Dejaa, Atrevete a mirar jaja, Cali Sos Mi Vida Y Mi Pasion, Vulgarcito hp, By: Yasmiin, ... Jajaja Agachate Y Dimelo En La Cara! x), ‎~No se Como, Pero de Nada te .... María Del Rocío Martín | Facebook https://www.facebook.com/Rocio.CHANN‎ Mi planta de naranja lima .... Jajaja Agachate Y Dimelo En La Cara! x), No podria hacerlo otro?, voy a dejarle un pequeño ... Hola muñeca, hola mi cielo, hola mi gran amor., Dije que te callaras!, cara de red!, Yo Te Juro Que ..... Lucy Del Carmen Berdon | Facebook https://www.facebook.com/lucy.delcarmenberdon?hc_location=stream‎ Bella Thorne Es Mi Pelirroja Favorita*.*. ... We miss you, Dreaming of you, Típico: Estas debajo de un muérdago y aparece Justin cantando Mistletoe, Memes y más, .... tema del MUNDO, Tipico: decir "estoy bien" y estar muriendo lentamente por .... Bajita yo? jajaja, Agachate y dimelo en la cara,… https://www.google.co.ve/search?q=agachate+y+dimelo+en+la+cara&aq=f&sugexp=chrome,mod%3D9&um=1&ie=UTF8&hl=es&tbm=isch&source=og&sa=N&tab=wi&ei=bzhPUtHhD4Ke9QS8yIDoDg ) tanto en carteles (memes) como en blogueros de distintos países. Estos últimos, aún y sin conocerse entre ellos, coinciden en la cercanía de la expresión cuando la transcriben. Sin embargo, son de países tan distantes, como México y Argentina. Mi escrito no tiene transcripción literal de absolutamente ninguno de ellos. Más aún, en los escritos de los blogueros, la expresión se debe a una chanza, mofa muy puntual. Los carteles, por su parte, y considerando ciertas expresiones, parecen ser originarios, de México y España. Por consiguiente, como nanorrelatista he partido para la construcción de mi escrito, del aporte proveniente de la tradición oral, recreando el texto, y por tanto, otorgándole originalidad al presentarlo como un relato, con su título incluido. Si se revisa parte de la literatura universal, y particularmente la nuestra, se pueden encontrar ejemplos. Uno de ellos es el mexicano Juan Rulfo. Otro es el venezolano Antonio Arráiz, con las historias de Tío Tigre y Tío Conejo. Historias que vienen de la tradición oral colonial venezolana. Pero si se duda sobre la construcción de mi escrito, todavía podríamos considerarlo un palimpsesto (ver sobre esto, en http://poetahabanero.blogspot.com/2010/06/el-palimpsesto-en-literatura.html ) Además, podríamos soportarlo con autores, como Jorge Luis Borges o teóricos, como Bajtín. En ellos y otros, pueden encontrarse paralelismos entre texto original (-si es que este existe) y “sobrescritura”. Otro caso es la literalidad del texto escrito. Lo que comúnmente se denomina plagio. La copia exactamente igual al “original” donde se transcribe, tanto la forma como el contenido, sin alterar en lo absoluto el original. En consideración a lo anteriormente enunciado, cómo podría considerarse mi escrito? Habría tres maneras de hacerlo: recreación literaria, palimpsesto o plagio. En los dos primeros, no tendríamos por qué desechar el escrito como aporte a la literatura. No así el tercer caso, que atentaría contra el texto escrito original y por tanto, sujeto a usurpación y derecho de autor. Todo este razonamiento está referido, fundamentalmente, a quienes en su momento me felicitaron o me objetaron. Para ellos van mis reflexiones, muy respetuosamente. El jurado, hasta hoy (14-10-2013) ha mantenido silencio sobre mi solicitud, por escrito, por la eliminación de mi cuento. Finalmente, cabría la siguiente reflexión: si el cuento distinguido con el 1er. lugar, es recreación de una expresión de la tradición oral, como un dicho, que es público y notorio, tanto en Venezuela como en otros países latinoamericanos, y que además, proviene del área cinematográfica, se acepta, por qué el mío fue eliminado. Además, por qué el cuento distinguido con el 2do. lugar mantiene una absoluta, clara y notoria similitud (¿palimpsesto?) con el N. 57. No entraré a analizar otros casos que siguen demostrando, tanto recreaciones de la tradición oral, o considerados como palimpsestos, a más de la serie de desaciertos ortográficos, lo cual permite mi derecho a reclamar se considere mi autoría, como recreación literaria o palimpsesto, sobre el cuento ENANO que ha sido eliminado. Agradezco infinitamente a quienes en su momento tuvieron la deferencia al felicitarme, y aún, quienes de buena fe, han solicitado de mi parte, una postura pública ante este concurso particular y extraño. En La Piedad, Cabudare, a los catorce días de octubre de dos mil trece. Juan Guerrero / @camilodeasis

domingo, octubre 13, 2013

El trovador errante

La voz de Georges Moustaki (1934-2013) la escuché por primera vez a inicios de los 70s. entre besos, velas, vino y las delicadas manos de una amada, exquisita y de pausado andar, descendiente de judíos húngaros y portugueses. Desde entonces la voz del errante alejandrino nunca se apartó de mí. Junto con Georges Brassens y Jacques Brel, forman la generación de los trovadores, los juglares más auténticos de la tradición europea, desde el siglo XII. Agregaría a ellos los españoles Paco Ibáñez y Lluís Llach. Acaso también a Joan Manuel Serrat. En Moustaki se entremezclan todas las culturas que confluyen en Alejandría, como lo explicó en su autobiografía, Las hijas de la memoria (1999). Con prólogo de Jorge Amado, uno de sus grandes amigos, Moustaki describe la Alejandría de su niñez y juventud. Los saberes de sus ancestros, sus amados abuelos venidos de Grecia y de Italia. Y también los sabores de la comida árabe y griega, sazonada con los olores de su Alejandría, la ciudad de las grandes siestas y las noches interminables. Alejandría es su matria, su pequeño espacio existencial. El lugar donde se venera a los ancianos, como en Marruecos, en Japón o la India. Esos seres holgazanes, flojos y felices. Y es en Alejandría donde se les ve sentados en los cafés jugando ajedrez o damas, en largas conversaciones y con la felicidad entre los labios. Se les tiene por seres importantes, se les respeta y escucha, como patriarcas de extensas familias que protegen su linaje como un tesoro, porque saben que es su única heredad, su fortaleza cultural. Por eso el poeta escribe en sus memorias que su único deseo cuando sea grande, es ser anciano. Es reveladora la vida parisina de Georges Moustaki, adonde llega cuando apenas contaba 17 años. Sobrevive mientras vende, de puerta en puerta, libros de poesía. Mientras deambula por el barrio latino, durmiendo en buhardillas, enamorado de la ciudad luz y de las jóvenes parisinas. En los bares de mala muerte, entre poetas, pintores y pordioseros, Moustaki se encuentra con la vida bohemia y descubre a Georges Brassens, quien le introduce en el mundo de la canción. Al morir Brassens, Moustaki abandona su nombre, Giuseppe, y asume el Georges en memoria de su amigo. Cantautor comprometido con las causas más puras en defensa de la libertad, de los obreros, y de los derechos humanos, Moustaki enarboló las banderas de la dignidad del hombre y su derecho a transitar la vida sin prejuicios y sin condenar a nadie por su origen o credo religioso. Evidencia de ello se aprecia en la canción que le dio a conocer y que se convirtió en un himno, Le Météque (El Extranjero http://www.youtube.com/watch?v=MV8fGf-N06A ) grito de rebeldía ante la discriminación, la segregación y la intolerancia. Como compositor escribió más de 300 canciones, muchas de las cuales fueron para nombres legendarios, como Edith Piaf (el pequeño gorrión) con quien mantuvo una intensa relación sentimental. De esa relación surgió su tema, Milord. También escribió para Ives Montand, Serge Reggiani, entre otros grandes de la canción francesa. Su voz suave y melodiosa, acaso de timbre átono, lo acompañó con su guitarra, al piano o acordeón. Después vendrá su descubrimiento de los ritmos brasileros y de su tercera matria, Brasil y su Bahía de todos los Santos, en la casa del escritor Jorge Amado o Vinicius de Moraes. Los cantantes Chico Buarque, Elis Regina y los anónimos grupos y personas de las favelas, le muestran los instrumentos que incorpora a sus nuevas canciones. La instrospección de su primera etapa como trovador, con temas tan melancólicos, como Le Temps de Vivre o La Liberté (http://www.youtube.com/watch?v=QvFLBs9S8FY ) se complementan con su parte más mundana y universal, con temas como Les eaux de mars o Le facteur (http://www.youtube.com/watch?v=PxMjenL4k-g&list=PLBBBEEDBC8CAADC77 http://www.youtube.com/watch?v=u27vcJONKz8&list=PLBBBEEDBC8CAADC77 ) Extraordinaria es su apasionada descripción del escritor Henry Miller. El autor de Trópico de Capricornio le influyó para desarrollar su otra pasión, el dibujo y la pintura. A través de la obra Pintar es volver a amar Moustaki se introduce en la pintura al punto de llegar a realizar varias exposiciones, tanto en bares como en pequeñas galerías. Incansable para sus extensas giras por extraños y exóticos países, pero siempre buscaba el tiempo para acercarse a sus amigos, muchos de los cuales conoció cuando de niño y joven, leí mientras se dedicaba a limpiar la librería que su padre tenía en Alejandría. El trovador que vivió gran parte de su vida en la isla de Saint Louis, en París, es parte de una historia. La historia de una generación que se atrevió a soñar y que en Mayo de 1968 enarboló las banderas de la igualdad sexual, la defensa del medioambiente y el rechazo a las armas. (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

El auriga délfico

Nosotros que partimos para esta peregrinación miramos las estatuas quebradas, nos olvidamos de nosotros y dijimos, que no se pierda la vida tan fácilmente. Yorgos Seferis Cerca del Parnaso, en Grecia, donde moran las musas, en el monte de Fócida, Delfos se abre como un inmenso santuario místico dedicado a la memoria de Apolo, el rectilíneo dios a quien la Pitia, la gran sacerdotisa griega, dedicaba sus oráculos. De Pitia deriva el término Pitón, serpiente o demone que trae el saber desde su hendidura debajo del trípode donde la sacerdotisa meditaba y entraba en trance. Para llegar a Delfos se accede pasando por una serie de lugares de amplios y majestuosos pinos. También por el estrecho de Corinto que aún, después de tantos siglos, conserva su imponente estructura por donde las naves transitan en su silencioso andar. Desde arriba los barcos se aprecian como diminutas presencias que lentamente pasan, enlazadas a las gabarras que las llevan amarradas a sus proas. El santuario délfico conserva todavía la extraña emoción de haber sido visitado por dioses, héroes y reyes. También por las sacerdotisas, los poetas y los amantes. Quizá también por algún pastor o un extranjero. Ahora los instrumentos, los utensilios usados alguna vez para predecir el futuro, otorgar saber y humildad, se conservan en el museo del lugar como reliquias de un asombroso pasado. Delfos todavía es una de las ventanas místicas por donde se accede al universo de lo inmaterial. Desde esa ventana que aún huele a pinos y olivares, se aprecia la silente presencia de un mar lejano y profundo. Debajo de la hendidura donde se sentaba la sacerdotisa, el pitón dejaba fluir sus emanaciones que adormecían y preparaban el trance para que la pitonisa balbuceara palabras que eran interpretadas por los sacerdotes. Todavía se continúa este rito sagrado y quienes hemos conocido el lugar sabemos que allí mora la luz que viene desde el Oriente para iluminar a quienes, como iniciados en el sendero del ars poética y el apocalipsis (revelación) viajamos un día para conocer los senderos de un sitio de presagios, donde la divinidad se aprecia en la quietud de los envejecidos pinos, olivares y el exquisito sabor de la vid que mantiene intacta su heredad como fruta incomparablemente ácida y a la vez dulcísima, sin semillas y de piel casi transparente. En su reposo, el museo conserva los vestigios de lo que alguna vez fue Delfos. La Esfinge de Naxios a la entrada del sitio, mantiene sus alas en reposo, esperando el momento para desplegarlas. A la izquierda se encuentra una sala semicircular. Una semi luz deja apenas ver la figura de tamaño natural que está al medio de la sala. Una verdosa imagen de un mancebo que en su quietud espera a su anhelado amo. Es el famoso Auriga o carretero. Tallado en bronce, de impresionantes rasgos. Su mirada reposada y serena deja entrever la majestad de quien alguna vez fue en lo humano el preferido de un noble. Pudo ser Anasilao o Cratístenes o Baltos o Polyzelos. Tampoco su tallador ha sido conocido pero sabemos por algunos detalles, sobre todo el de sus venas en el cuello, que pudo ser Pitágoras de Regio quien esculpió al mancebo, tan semejante a Dios y a todo aquello que refleje la trascendencia y lo sagrado. La historia de esta magnífica obra escultórica revela misterios. Desde la quietud del descanso en sus desnudos pies, el pliegue de su vestido. La serenidad del rostro mientras mantiene la tensión en el cuello donde se nota cómo palpitan sus venas. Y esa mirada iluminada que no puede ser atrapada. Lo que resta de esa imagen, después de haberla apreciado y observado durante más de tres horas, es una infinita voz que en el fondo de mi alma se ha quedado oculta y que en las altas madrugadas deja salir desde su silente hendidura, la palabra sagrada que aún anima a vivir, a amar y a esperar el nacimiento a la otra vida, esa cercanía a la voz antigua del hombre, tan humana, tan colmada de fe, esperanza y amor. (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

El Bolívar de Lamata

La octava pieza cinematográfica del cineasta Luis Alberto Lamata, Bolívar, el hombre de las dificultades, (2013) presenta a un personaje encerrado en un tema, para muchos espectadores y críticos de cine, novedoso y poco abordado. Me refiero al tema sobre la sociabilidad o cotidianidad. Esto es interesante en el cine venezolano que intenta desacralizar a Bolívar para presentarlo como un héroe de lo cotidiano, de la trivialidad de la vida, donde son otros los rasgos de heroicidad que se muestran. Por esto es una propuesta riesgosa que en el caso de Lamata, no logra obtener en su totalidad de hechura cinematográfica, densidad ni mayores aportes al tema señalado. Apartando las necedades de una parte de quienes se niegan a verla o acuden en peregrinación roja, por razones ideológico-políticas y partidistas, que me parecen de un alarmante analfabetismo cinematográfico, considero que esta película tiene aciertos y unas cuántas caídas. Veamos. El personaje que encarna Roque Valero posee rasgos físicos que le asemejan mucho al Bolívar histórico. Hace años leí la carta que el médico José Domingo Díaz Argotte –entrañable amigo y después furibundo enemigo de Bolívar- envía al director de un diario madrileño al enterarse de la muerte de este héroe. En esa misiva Díaz realiza una detallada descripción física y psicológica del mantuano caraqueño. Voz chillona, delgado casi hasta lo famélico. Desgarbado y mal hablado. De ojos oscuros, brillantes y penetrantes. Así como de movimientos bruscos, nervioso y altanero, entre otros rasgos. Y esto es cierto, pues el médico fue por años frecuente asistente, junto con Bolívar y otros jóvenes, a las tertulias que se hacían en los amplios espacios de las casas de los patricios, como la llevada a cabo en la de los hermanos Ustáriz. Sin embargo, el guión que a cuatro manos escribieron José L. Varela y José A. Varela entrecruzan una narración floja, dispersa y políticamente sesgada que no aprovecha la notable apariencia física del primer actor. La actuación de Valero se va al extremo de la parodia terminando en una cuasi caricatura del personaje. Quizá sean las caracterizaciones de personajes de telenovelas del protagonista que terminan aflojando el carácter bipolar de Bolívar hasta amansarlo en una orilla de playa, mientras otro personaje, Pepita Machado (Samantha Dagnino) le despoja de sus botas, muy parecidas a las que aparecen en El general en su laberinto, de Gabriel García Márquez. Otro personaje que se desdibuja en su actuación es El Polaco, caracterizado por Jorge Reyes. Tal vez por falta de documentación o porque el guión no logra darle densidad en su tratamiento, se va opacando en su pobreza actoral. Salvan el filme las notables actuaciones de Gilbert Laumord, quien caracteriza a un Alexandre Petion de manera asertiva y convincente en su densa y lúcida interpretación como el primer presidente de una nación libre y democrática en la América hispana. Se aprecia su influencia sobre un Bolívar atrapado en sus emociones, debilidades y mundanidad libertinas. También la experimentada actriz Beatriz Valdez, como María Antonia Bolívar, en una corta y discreta actuación. Los demás personajes, en su conjunto, ofrecen cierta homogeneidad a esta versión de otro Bolívar, quien vive entre Jamaica y Haití una de sus más turbulentas experiencias, hacia mayo de 1815 a 1816, acosado por sus enemigos y despreciado por sus propios oficiales. Lejos de ser una película de aventura es una comedia donde se abusa de episodios que repiten escenas de hilaridad, como la bebedera de agua de coco –una vez es más que suficiente. Sí resalto la buena fotografía que ofrece Andrés Agusti y las gratas, refrescantes, bucólicas y emotivas locaciones, tanto en La Habana como en Puerto Cabello. Escenarios que se enriquecen con un inmejorable maquillaje y exquisito vestuario. No así la música de Francisco Cabrujas que deja vacíos y no aporta mayor lenguaje al filme. También un cierto manejo de cámara en algunos de sus primeros planos que no se encuadran y dejan dudas. Mientras el guión, p. ej., describe la salida del héroe a nuevos puertos y la cámara muestra la nave que se traslada de derecha a izquierda (?). Por otra parte, cansa el arrastre de consonantes en boca de la joven haitiana, Jeanne Bourvil, interpretado por Camila Arteche. Uso de modismos que no ofrecen mayores detalles, a no ser por el sesgo de palabras, como patria, que se nota artificioso por tanta repetidera, en boca de Roque Valero. El final es de lo más rebuscado y predecible en su narración, y por tanto, visiblemente novelero. No es de las mejores películas de Lamata. Prefiero Jericó, (1990). Tal vez Taita Boves, (2010). O quizá la anterior a esta de Bolívar, Azú, (2013). (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

La dieta

A juro y porque sí mi prima Beatriz se impuso rebajar. No se le ocurrió mejor idea para perder “esos kilos de más” que emular al famoso difunto con la cápsula de oxígeno donde lo ponían a hibernar. Pero esta no era una sofisticada máquina ultramoderna con botones y que de manera electrónica medía los niveles de fluidos para estabilizar al paciente. La máquina que inventó mi prima para rebajar era un artesanal pipote, una clásica pipa de esas que se usan en la industria petrolera y la gente utiliza para conservar agua o botar basura. Mando mi prima a cortarla por la mitad y para juntar las dos partes le colocó par de bisagras, mientras que por un extremo le hicieron una abertura por donde dejaba salir solo la cabeza. Después hasta le mandó soldar unas patas con pedazos de cabillas y la pintó de fucsia fosforescente. Finalmente le mandó instalar en su parte interior unos descomunales bombillos, mientras introdujo una colchoneta y listo. Construyó su particular solárium patentado en “Maracaibo city”. Orgullosa por su inusual invento, se dispuso a probarlo. Llamó a su mamá para que estuviera cerca mientras ella yacía acostada en semejante horno. Mientras le cerraban el pipote, Beatriz hablaba por celular. Pasaron los minutos y una que otra hora. Lourdes, aburrida de estar sentada, se fue a la cocina a preparar el almuerzo. Distraída escuchando en la radio los clásicos, como Felipe Pirela, Armando Molero, y su cantante favorito, Pastor López, se olvidó de su hija. Pero Beatriz no aguantaba semejante vaporón y el peso de la improvisada puerta del pipote no le dejaba alzarlo para salir. La garganta ya no daba para más de tanto gritar sin ser escuchada. Al fin apagaron los bombillos y le abrieron la pipa. Mi prima salió cual lechón navideño. La piel abrillantada y medio chamuscada. Las quemaduras fueron de segundo y tercer grados. Hinchazón por todo el cuerpo y después, un solemne juramento de no volverse a meter en la pipa. No sé qué les ha dado a algunas féminas que se la pasan por la vida penando su figura redondeada como si fuera una maldición, y queriendo moldearse para quedar en el puro hueso. No creo que con dietas de fin de semana, por vacaciones playeras, bodas o bautizos, se logren milagros. Siempre he visto en esto de las dietas una falta de educación alimentaria para formar ciudadanos sanos y con un paladar educado. Es obvio que detrás de las dietas se esconde toda una industria del marketing que destruye y construye figuras. Y la figura que desde hace más de 50 años se ha impuesto, consta de medidas (90-60-90) estatura sobre el metro setenticinco y un peso que no supere los 55 kilos, a más de una piel clara y bronceada. Imagen de un ser humano ajeno a la cotidianidad y que poco a poco está siendo desplazada por unos contornos más carnosos, más latinos y por tanto, más reales y sensuales. El rigor y los inventos de dietas alcanzan la hilaridad. Los hay desde los rebuscados, como “la dieta del arroz”. Donde se como solo arroz cual chino que pela los dientes de tanta contentura, sin sal ni aceite, por unos cuantos días. Otras son más sofisticadas y comen solo manzana verde y agua, por una semana. Mientras otras se van “por las ramas” y comen solo hierbas y semillas. O la dieta de las “misses” donde apenas almuerzan media lata de atún y un litro de agua. Las extremas y osadas ensayan drásticos procedimientos de cirugía y hasta hipnosis. Pero ninguna de estas dietas supera la proeza de mi prima. Después de todo, ella sigue viva y conservando su digno y normal volumen corporal, mientras la pipa fue a parar al lugar del olvido, ese donde están los trastos viejos e inútiles. Las rellenitas con figuras de la tradicional latina, que aparecían en las películas mexicanas de los años 50s., están volviendo a transitar por las calles. Son esos contornos con caderas africanas y densas pantorrillas de europeas, que atraen miradas por donde ellas pasan. No son las mórbidas regordetas sino esas entradas en carnes que dieron tanto de qué hablar, como María Antonieta Pons y sus cadenciosos movimientos frente a la gran pantalla. La figura de la mujer latina, de ayer y de hoy, no tiene nada que ver con esa escuálida mujer esquelética que los comerciantes de dietas intentan imponer para seguir controlando su mercado de dietas y cirugías. (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

La ceiba de Alta Vista

Entre las ceibas míticas, históricas, majestuosas y siempre vistosas, creo que la más famosa es sin duda alguna, la que nombra Julio Garmendia en uno de sus más celebrados cuentos, La hoja que no había caído en su otoño (1979). Hace algunos años escribí un ensayo (http://kaleidoscopio.uneg.edu.ve/numeros/k02/k02_art07.pdf) sobre esta joya de la cuentística venezolana. Pero la ceiba de la que deseo comentar en este escrito no tiene otro motivo que su sobrevivencia. En Puerto Ordaz, estado Bolívar, unos supuestos constructores se preparan para cometer un ecocidio en nombre del progreso y el desarrollo. La víctima es una joven ceiba que apenas alcanza los 30 o 40 años. Quizá no es la famosa ceiba de San Francisco, de Caracas, que ha permanecido erguida por casi dos siglos. En su momento, le colocaron a su lado una estatua del Ilustre Americano y cinco años después también presenció cuando la derribaron. Bajo sus ramas hablaron conocidos oradores, como Jóvito Villalba. La joven ceiba de Alta Vista ha presenciado cómo han secado a un árbol vecino. Dicen los parroquianos que le lanzaron agua caliente durante varios días hasta que se secó. Ahora no tiene hojas y sus ramas secas poco a poco van cayendo dejando al desamparo su maltrecho tronco. Los agresores de la flora en Venezuela siempre medran en la oscuridad y el anonimato. Algunas veces hablan a través de terceros, como el caso de los dueños del terreno que pretenden convertir en un moderno centro comercial, de esos llamados mall. Sería tan sencillo, si se respetara a esos seres vivos, diseñar un área donde exista espacio para que la ceiba continúe su larga existencia. Porque las ceibas son árboles majestuosos de larga vida. Su tronco tubular sostiene un ramaje que se extiende en vertical hasta alcanzar en su edad adulta más de 70 metros de altura. Recuerdo a ese pequeño árbol desde los años ‘80s cuando comenzaba a despuntar mientras sus hojas se abrían a la vida en verde intenso. Sus ramas fueron extendiéndose y su follaje comenzó a ofrecer una grata sombra y quizá fue seguro refugio a quienes buscaban resguardarse del sol o la lluvia. Ahora quieren talarla en nombre del progreso. Pero curiosamente los constructores no poseen los permisos, ni para cavar tan profundo hoyo ni para construir un centro comercial, pues es apto solo para viviendas y luego para uso comercial, ni mucho menos el permiso de los entes responsables de autorizar la tala de árboles, pues la ceiba no es peligro para nadie. Ella está en pleno desarrollo. Es un árbol frondoso, y sus raíces están bien cimentadas en tierra fértil. Supongo que un diseñador de áreas verdes, un arquitecto y un ingeniero inteligentes, bien pudieran considerar el rediseño de esa mole de concreto, permitiendo la existencia de la ceiba. Ella, la ceiba de Alta Vista, podría salvarse. Podrían incluso, buscarse maneras inteligentes para preservar ese majestuoso árbol. De linaje ilustre, como todas las ceibas que poseen tanta historia. El señor alcalde podría disponer de una ordenanza municipal donde se declare como monumento natural. Así ocurrió en 2001, cuando se declaró a la ceiba de San Francisco Patrimonio natural de Caracas. Con un sencillo documento se podría proteger la ceiba y el alcalde pasaría a la historia del municipio como el benefactor de la flora en la ciudad. También los constructores pudieran colocarle una plaza, quizá al menos plazoleta, donde instalaran bancos para que los ciudadanos acudan a tertuliar bajo su sombra. Supongo que una luz de inteligencia le vendría bien al señor alcalde y a la directora de planificación, para que orienten a las arquitectas que pretenden construir, por instrucciones de “otros”, tan osado centro comercial. (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

El título

En cualquier país que se precie de sus instituciones, registrar un título académico o solicitar una partida de nacimiento sencilla o certificada, debería ser un asunto normal y hasta trivial. Pero en la Venezuela de la marginalidad no es así. Para registrar un título académico debes madrugar. Levantarte a las 4 para llegar antes de las 5. A esa hora te encuentras sorprendido porque ya tienes mínimo 8 personas que llegaron antes. Quienes se atrevieron a pernoctar arriesgando la vida. Otros cuentan que a su amigo, al sobrino, al vecino le robaron su título y después, sorprendido, recibió una llamada donde le pedían rescate por "el cuero e' chivo". Pero el joven que está delante de mi esposa fue precavido. Salió a las 4am. En la Intercomunal, muy asustado, esperó un taxi para hacer la cola mientras su mamá, más tardecita, venía a traerle su título. Nosotros usamos otra estrategia. Liliana se fue a hacer la cola mientras yo permanecía dentro del vehículo cuidando su título de doctora, colocado debajo del asiento. Quienes se encargan de registrar documentos advierten a los incautos graduados que resguarden su documento. Frente al Registro principal siempre hay una fauna de individuos particulares. Son los gestores que subrepticiamente se cuelan entre los lagañosos mañaneros, pregoneros, vendedores de guayoyo y marrón, y empanaderos. Toda esa gente proveen de información, estampillas y fotocopias a los desinformados. Estos personajes, como William, que tiene su gestoría ambulante frente al Registro principal en el edificio Nacional, de Barquisimeto, suelen destacar por su labia. Pero este señor, a quien llaman licenciado, es además un ser de medio metro, patuleco, pecho ‘e paloma y quien toma nota en papelitos que guarda en un corroído maletín negro. La mujer que le sirve de asistente menciona que la "cosa" está dura. -Es que el Registrador les prohibió a los empleados hasta que nos saludaran. -!Pues eso no puede ser! Claro! que no, sentencia William. -La convención de la ONU y los tratados internacionales suscritos por el Estado venezolano, le dan derecho a uno a hablar con quien quiera. La mujer queda en silencio y balbucea. -Al menos en Juan de Villegas y aquí mismo, en Concepción, lo tratan a uno mejor. -Pues tenemos que movernos para que quiten a este hombre que no deja a los trabajadores hablar con nosotros. Masculla el gestor, mientras se arregla su bigotico que casi es un chaplin guaro. En la esquina de la plaza un acérrimo defensor del gobierno vocifera con su megáfono loas al comandante supremo. Mientras una voz anónima contesta: "-Chávez vive, la ruina sigue", y todos nos reímos burlonamente. El gestor patuleco asienta: -Te das cuenta, Pablo. Llevo mi propia encuesta desde hace meses. De diez personas a las que les pregunto por quién votarán pa'la Alcaldía de Irribarren, nueve dicen que por Ramos. Mientras que la mujer que hace de asistente, con su acento bien guaro, riposta: -Es que si aquí ponen preso a Falcón la gente se va a alzar. A todas estas ya clarea y comienzan a llegar los que atienden: un flaco con pinta de pitcher desaliñado abre la puerta y el gentío se coloca en una larga y casi infinita fila. Pero los madrugadores titulados siguen escribiendo su nombre en un arrugado papel que después nadie toma en cuenta. Llegan oficinistas y secretarias, custodios, alguaciles y escribientes. Ellos como el resto de quienes llevan en su pecho la identificación oficial, pasan a un lado de los gestores y apenas guiñan un ojo con picardía. A las ocho y media, puntual, el portero oficial (-el anterior apenas era el abridor y acomodador de las mesas y los pines de seguridad) da las indicaciones: -No se permite entrar con comida ni bebidas. Pasan primero los abogados. William y su ayudante se cuelan entre los primeros de la fila. Pasan y nadie dice nada. Le toca ir a retirar unos documentos que sus "enlaces" dentro del registro, le tienen. Pasada la hora oficial de entrada, siguen llegando titulados y la mayor cantidad de retrasados oficinistas. Arriba, en el piso 3, deben hacer más colas, más esperas. Mientras los ayudantes de William se despliegan buscando clientes y vendiendo estampillas, como también lo hace el empanadero. camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

domingo, septiembre 22, 2013

Crueldad y sadismo

Hace unos cuantos años al hermano de un conocido empresario de la prensa escrita venezolana le dio por eliminar unos frondosos árboles que impedían a los camiones del periódico depositar las enormes bobinas de papel. Intentó derribarlos pero la comunidad lo denunció y en la prefectura le impidieron perpetrar el crimen ecológico. No desistió. Optó por envenenar los cedros. Les fue regando día a día kerosene hasta que las ramas se fueron secando y no quedaron sino los vestigios de unos enormes y hermosos árboles. Así pudo talarlos y encementar el paso de las máquinas para que entraran a la imprenta del prestigioso diario guayanés. Esa crueldad que he comentado ha sido una soterrada práctica en la Venezuela decadente de una minoría de mujeres y hombres que olvidaron valores, principios, ética y moral. Esta práctica se extendió a los animales. Perros y gatos han sucumbido a la crueldad de personas e incluso, instituciones del Estado que poco o nada hacen para proteger la vida de estos seres vivos. Ocurrió hace 2 años en Porlamar, donde la Alcaldía patrocinó el envenenamiento de perros y gatos callejeros por, supuestamente, existir una sobrepoblación de estos mamíferos. Estos hechos tan crueles, despiadados e inhumanos, pasan ahora a un segundo plano, frente a la perversidad que se hace presente en nuestra sociedad, y donde son los niños, ancianos y minusválidos, los más indefensos frente a la depravada, cobarde y sádica manera como ocurren los crímenes que casi semanalmente nos enteramos por los medios de comunicación y en la instantánea información de las redes sociales. Apenas hace un par de días ocurrió un cruento asesinato. Un joven minusválido murió como consecuencia de las quemaduras que le ocasionó su hermano, quien le roció gasolina y luego le prendió fuego. Estas y otras tantas atrocidades nos están alertando que en la mente del venezolano existe una perversa, una esquizoide actitud que le está llevando a cometer crímenes que sobrepasan el asombro y la humillación a la condición humana. En Quíbor ocurrió otro espeluznante atropello a la dignidad humana. Un joven de apenas 22 años asesinó a su mujer. Una muchacha que no llegaba a los 21 años. La asesinó frente a su hijo de apenas 2 años. Al paso de los días y ante la alarma de sus familiares por la ausencia de la joven, sus padres comenzaron a buscarla. Fueron hasta la vivienda de su hija y allí encontraron al niño, quien sin hablar apenas señalaba con sus dedos hacia la nevera. Cuando la abrieron, encontraron metida entre potes plásticos algunas partes de la malograda mujer. Días después, cerca de la destartalada vivienda, unos niños jugaban en un terreno donde improvisaban una cancha de fútbol. Uno de los niños que jugaban fue a buscar el balón que por una patada fue a dar hasta un basurero. Cuando el niño dio con el balón vio a su lado unas bolsas plásticas negras. Al hurgar en su interior vio una cabeza y restos humanos. Eran los de la joven madre. El marido la había tasajeado cual res, pues había trabajado en una carnicería. No creo que se pueda seguir ofreciendo más detalles de este y tantos otros crímenes que rozan la crueldad y el sadismo. Lo que sí es pertinente indicar es la peligrosa tendencia en el venezolano de mal acostumbrarse a estas aberraciones como si fueran actos aislados que no son parte de nuestras experiencias. Todos estamos inmersos dentro de una sociedad violenta y por tanto, la estamos padeciendo o porque lo ejercemos diariamente en la cotidianidad de la verbalización de gestos, ademanes y expresiones que muestran la violencia contenida de una forma de ser que se hace cada día más real. O porque en el silencio de nuestra aparente pasividad cedemos y nos convertimos en cómplices, por omisión, por no querer alzar la voz y denunciar al agresor, pues este posee poder, influencia en la esfera económica, política o militar, o simplemente tiene bienes materiales que impiden al agredido actuar. No creo sirva de mucho indicar la protección del Estado a través de sus instituciones que en este momento representan para el ciudadano, un riesgo para la denuncia. Pero debo recalcar una vez más, la responsabilidad individual de ese venezolano que se sabe protegido por un régimen que le permite transgredir y cometer crímenes con alevosía, crueldad y sadismo. No existe en ese venezolano ningún rasgo que le asemeje a aquel ciudadano de antaño: solidario, respetuoso, formal, virtuoso, de actuación recta y comprometido con su destino individual y colectivo. La banalización de la vida hace de estas dantescas historias motivo para la burla y el humor negro entre algunos ciudadanos. Si quisiéramos buscar a ese venezolano ético y moral tendremos que ir a los libros de historia o a los museos, como exploradores que buscan ciertas especies extintas. (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

La computadora

Armando es un señor bonachón y en su negocio es muy servicial y atento. Pero de nada han servido estos dones para ahuyentar a los malamañosos amigos de lo ajeno. En días pasados, y mientras se preparaba para cerrar su local de artículos de repostería, por los lados de La Piedad, los malandros le pusieron una pistola en la cabeza a su ayudante mientras le quitaban la computadora, una laptop de última generación. Armando pudo ocultarse y vio que los dos antisociales abordaban un "rapidito" (taxi) de un rojo descolorido y todo destartalado. Como pudo salió y buscó su carro. Mientras iba detrás del rapidito tomó su celular y llamó a la policía. Por respuesta obtuvo una negativa: -Es que no tenemos vehículo. Discó al 171 y allí tomaron nota y colgaron. A todas estas los delincuentes, con su laptop encima, se habían detenido a media cuadra de una estación policial. Ya caía la tarde mientras los cielos se cerraban presagiando un vendaval de agua. Buscó ayuda pero los policías le dijeron que ya estaban cerrando y además, no tenían ni vehículo ni armamento. –¡Cóntrale¡ Pero en las alcabalas móviles que montan en Barquisimeto sí tienen vehículos y bastante armamento para matraquear. Pensó y estuvo a punto de espetarles su rabia e impotencia. Por casualidad llegó un policía con su moto propia, quien tenía un viejo revólver que al menos asustaba. Pero tenía temor de enfrentarse a tres delincuentes Armando lo convenció y se presentó una persecución. Los delincuentes enfilaron a los cerros cercanos a la montaña de Terepaima. Ya era de noche y medio garuaba. En la carrera dieron con otras comisiones policiales quienes cercaron a los delincuentes. Uno estaba debajo de un carro y otro, por los matorrales, mientras el chofer del rapidito declaró que los malandros lo habían secuestrado. En la Comisaría le presentaron a los malandros. No querían confesar su fechoría. Armando solo quería recuperar su computadora por los tantos pedidos y despachos sin cancelar, con deudas y más deudas. Hasta ofreció contribuir con los policías con "algo pa' los frescos". Ahí sí que cantaron de bonito los desdichados. Cuando se los presentaron para el reconocimiento, Armando casi no pudo reconocerlos de la golpiza que habían recibido. Pero dijeron dónde habían dejado su computadora. Ya era de noche cuando comenzaban a redactar la denuncia...pero apenas había una sola hoja para escribir. La esposa de Armando debió ir a su casa y traer una resma de colaboración. Finalmente cuando iban a recuperar su valioso objeto, los rayos, truenos y centellas hicieron imposible ir hasta los matorrales. Además, ya eran pasadas las 2 de la madrugada. Apenas cantaron los gallos Armando se despabiló. Encendió su vehículo y se fue hasta donde los malandros dijeron que habían ocultado su computadora. Entre el lodazal por el aguacero de la noche anterior, yacía su laptop que había comprado a crédito hacía cuatro meses. Debió apartar piedras, ramas, sapos y lagartijas. Al abrirla, una densa mancha de aceite y aguas negras le empañaron la pantalla. Miró a su alrededor. Apenas un borrachito, quien lo había visto llegar y hurgar entre los motorrales, sonreía pícaramente. Se le acercó y mientras danzaba su resaca, exclamó: ¡-Pero tenemos Patria, compay! (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

Maldad y violencia

Pareciera un lugar común hablar sobre la cordialidad del venezolano, su alegría desbordada, su zalamería y su ya trillada manera para hacerse de amigos en un dos por tres. Pero poco se dice sobre ese otro rostro donde anidan las bajas pasiones, las emociones que desde un tiempo para acá salen y se materializan en escalofriantes realidades y se traducen en cifras rojas, donde heridos, mutilados y muertos se cuentan por decenas, por cientos y miles. Quedamos también los sobrevivientes. Nosotros los mutilados, los ciegos, los sordos y mudos de tanta pasión desbordada. De tanta maldad que desnuda la piel y la expone a la intemperie, donde solo hay llanto de quienes viven la experiencia del familiar asesinado, del amigo que sobrevivió al asalto, al robo, pero quedó mutilado, minusválido para transitar en una sociedad de lobos, de “sálvese quien pueda”. Y también el llanto contenido de tanta impotencia, de ver cómo se van aquellos niños inocentes, jóvenes promesas y ancianos desvalidos, todos indefensos frente a la barbarie de una sociedad sangrienta, dura, irreverente y mal acostumbrada a la violencia y la maldad: material y espiritual, física y verbal. Esa violencia y maldad ocultas por años. Solo subrayo la primera responsabilidad que recae, una vez más, en el régimen que por estos años administra el Estado: su incapacidad e ineptitud para controlar la violencia a través del sistema judicial y educativo. Y por la otra, la familia venezolana: mal estructurada y en la actualidad, absolutamente banalizada y escandalosamente viviendo en una doble moral, que todo busca justificarlo por una modernidad mal entendida, permisiva y mediatizada. Hace algún tiempo publiqué un escrito sobre estos asuntos (http://papelesagua.blogspot.com/search?q=la+maldad+del+venezolano) Por mis afirmaciones recibí múltiples críticas, al igual que al hablar sobre las cárceles en Venezuela (http://www.prensaescrita.com/adiario.php?codigo=AME&pagina=http://www.eluniversal.com ) Pareciera que existe una sustancial parte de la sociedad que se niega a creer que estas escalofriantes, dantescas historias se vivan en la Venezuela actual. Apenas mencionaré lo ocurrido años atrás, como la masacre del barrio Kennedy, en 2005, la de los hermanos Fadhoul, o el dantesco caso del “niño de Guanare”, o la masacre de la hija del cónsul de Chile, en 2012. O apenas unos días atrás, la masacre de Las Calderas, donde más de 10 guardias nacionales masacraron a una indefensa familia, con cerca de 60 disparos, matando a la madre, su hija, mientras dos niñas quedaban en precarias condiciones físicas y psicológicas. O en San Félix, donde una joven debió presenciar cómo unos desalmados le arrancaban la cabeza a su hermano, de apenas 17 años. O la masacre de Mauroa, donde unos matones degollaron a dos niños y los enterraron en unas bolsas plásticas. O en Guacarapa, donde un menor de edad asesinó a dos niños y dejó herida a otra menor. O en Guarenas, donde otro menor recibió 14 disparos. Parte de este mal, este síndrome espiritual y psicológico tiene sus aristas, sus detalles. Sugiero lean en cualquier medio cibernético cómo se expresa la gran mayoría de quienes opinan, sobre cualquier tema, y se sorprenderán, además del descuido ortográfico (?) de la estructuración en su manifestación argumentativa. Se darán cuenta que existe una incapacidad para expresar ideas, para hilvanar un discurso escrito, por lo cual consideramos a esta, una sociedad lastimosamente descuidada en su desenvolvimiento psicolingüístico. Ahí mora (que vive, principia, vale) parte de esta violencia donde todos, absolutamente todos hemos encallado. Unos más otros menos, pero todos salpicados de esta maldad que es la violencia y sus múltiples manifestaciones. La maldad del venezolano hace ya varios años se desató y será muy difícil desterrar ese fantasma tenebroso de las calles. Ese mal anida en cada uno de nosotros, bien porque vivimos de él o bien por vivir en él, y nos acecha a cada momento. Unos duermen con ese monstruo, como el caso de Sinamaica, donde un joven mató a su cuñada a tubazos porque no le caía bien y se vengó porque lo botó de su casa. Muchas mujeres duermen con el enemigo, su propia pareja, bien porque las golpean, les violan a sus hijas, o porque llegan borrachos y les viene en gana violarlas porque simplemente es su mujer. O ella ejerce su violencia en los gritos, insultos y maldiciones. Y es también la educación, cuando el docente le exige una calculadora al bachiller si quiere pasar la materia. O la joven que calla mientras el profesor la extorsiona y disimuladamente le ofrece la tristemente “operación colchón” para que apruebe el año. La maldad y la violencia ocurren cuando la sociedad se hace permisiva e insensible, y el gobierno deviene régimen autoritario, inepto, corrupto y corruptor. (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

Régimen fascista

Desde 1827, cuando Simón Bolívar decretó la autonomía universitaria, las instituciones de educación superior venezolanas se han visto amenazadas por los diferentes gobiernos y regímenes que se han apoderado del Estado, bien por elecciones o por la fuerza. Pero el Alma Mater siempre ha sabido enfrentarse y resistir con su más preciado bien: el conocimiento. Esa trascendental herramienta que dignifica y es muro de contención contra la barbarie y el atropello de quienes se saben incapaces de ejercer autoridad por la capacidad para argumentar y conciliar. De nuevo la universidad se encuentra amenazada por un régimen que ya pasó del autoritarismo a mostrarse con su rostro de fascismo, arremetiendo contra la comunidad universitaria usando sus bandas armadas y su descomunal aparato comunicacional, de prensa, radio y televisión, además de las redes sociales. Después de casi 3 meses de paro indefinido, convocado por los gremios legal y legítimamente constituidos, y soportadas sus acciones por el derecho a huelga y manifestación, los universitario estamos siendo acosados por el régimen fascista, inepto, cobarde, corrupto y corrupto, a través de esquiroles que se han disfrazado de gremialistas, con agencias de maletín, para discutir un contrato colectivo írrito, que no solo vulnera y lesiona los sueldos y salarios de los obreros, personal administrativo y docentes universitario, sino también a los estudiantes y a la misma institución universitaria. En ese contrato se intenta puntualizar sobre la visión de un solo pensamiento en el hacer académico: el socialismo. Pero para imponer esta concepción de pensamiento único el régimen ha intentado acabar con la protesta, usando sus bandas de choque, en las universidades que mantienen el conflicto. Terrible, doloroso y dantesco lo ocurrido en la Universidad Nacional Experimental de Guayana, donde fue incendiada la sede de la Asociación de Profesores, varias docentes fueron vejadas y golpeadas, entre ellas la profesora Yolanda Camejo, a quien se intentó introducir por la fuerza en la sede gremial, para luego quererla quemar viva, junto con otros docentes. Al frente de estas acciones estaba un bachiller minusválido, miembro del denominado Movimiento Estudiantil por la Renovación Universitaria. Triste saber que detrás de estos jóvenes que ejecutaron tan bárbaros actos, muy posiblemente se encuentren los actores intelectuales quienes han trazado e indicado una línea política para amedrentar a los docentes universitario y acabar con sus justas reclamaciones. El mismo día y también por la mañana, en la Universidad Nacional Experimental Politécnica Antonio José de Sucre, sede Puerto Ordaz, el movimiento oficialista Alí Primera, secuestró a los docentes que estaban en asamblea para discutir la continuación o suspensión del paro. Por cuatro horas se les impidió entrar o salir del recinto académico, violando sus derechos ciudadanos. Pero si esto pareciera un hecho aislado, en el núcleo de la Universidad de Oriente, San Félix, estudiantes oficialistas impidieron la entrada al recinto universitario. Grave también ha sido el ataque con presuntos morteros y objetos metálicos, a 17 docentes y estudiantes en huelga de hambre, en la sede rectoral de la Universidad de Los Andes. Es de cobardes, de seres con pequeñez humana, disociados y de resentidos sociales los hechos que de manera sucinta reseñamos. El régimen ha confundido los términos que utilizamos los universitarios. Afirmar que asumimos la protesta académica de manera pacífica no es sinónimo de pasivo. Por el contrario, ahora con mucha más valentía, convicción y fortalecimiento de principios democráticos y de solidaridad, declaramos que la lucha por la vigencia de una universidad republicana, democrática, autónoma y pública, comprometida con la tradición cultural venezolana, debe continuar. Sin miedo, sin temor, porque nos asiste la razón y nos soportan las leyes y la legitimidad de nuestros gremios. Lamentamos saber que quienes ayer defendían la autonomía universitaria y a sus docentes, investigadores, estudiantes, obreros y personal administrativo, hoy estén transformados en burócratas, defendiendo lo indefendible: un régimen ilegítimamente constituido y soportado por enchufados que desprecian a su pueblo. Mantenerse en silencio ante semejante atrocidad de las bandas armadas de este régimen fascista, autoritario y militarista, es poco menos que cobardía y sumisión. (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

El idioma y la productividad

Cuando un hombre habla expresa su humanidad, la intensidad de un deseo que busca realizarse. Es que el idioma no es solo semántica y forma, también es contenido y sustancia espiritual. El lenguaje, en tanto sistema codificado, hay que verlo inmerso en un macro sistema que es la sociedad y, con ella, toda la carga de contradicciones que presenta. Por eso el idioma es como la sociedad, continua contradicción. En el desarrollo industrial el lenguaje es una de las herramientas que le permite al hombre generar objetos con altos índices de productividad. Sin embargo, estos índices en una industria no pueden estar circunscritos solo a las relaciones de productividad en sí. Gran cantidad de factores no solo condicionan al trabajador, también determinan su participación en la producción. El idioma es, en este orden de ideas, una herramienta de trabajo indispensable que determina y fija los índices de productividad. Si hablamos de una problemática en torno del idioma hemos de entender que su causa posiblemente esté en el hombre, y la de éste encontrarse en un régimen de Estado que le es hostil y lo niega como ser humano. Si hay un deterioro en nuestro idioma es que el espíritu del hombre está vacío. Vacío por el abandono a que ha sido sometido el lenguaje. Y si el idioma, como sinónimo de progreso, está deteriorado ¿cómo exigirle a este trabajador calidad en el producto que elabora? ¿cómo puede este desposeído del idioma entender su realidad si le falta la herramienta del lenguaje? El idioma es, fundamentalmente, la representación de ideas y sueños de una pasión, un anhelo, y es, por esencia, un cuerpo transformador. De ahí que los objetos fabricados por el hombre sean materialización del lenguaje. Su calidad, la del producto, viene dada por el correcto uso y aplicación del idioma. Por eso no se puede hablar de productividad apartando al idioma pues éste es la herramienta que da sentido lógico a las relaciones de producción. El idioma se genera por una necesidad objetiva en el hombre: el trabajo. Posteriormente y en reciprocidad, ambos se enriquecen. La calidad de ellos viene dada por el uso óptimo del esfuerzo y las herramientas que usa el hombre. Optimar los procesos de producción significa valorar el desarrollo de un vocabulario acorde con la actividad industrial. Esto es, ser consciente con el idioma que se utiliza. El desarrollo tecnológico debe desterrar la visión utilitarista del lenguaje, que niega la condición humana de la actividad laboral, condenando al hombre a convertirse en una tarjeta adherida a la rueda industrial. En 1771 Robert Owen, quien aplicó los fundamentos de la Utopía de Tomás Moro, organizó una comunidad que denominó New Lanark. En esta comunidad edificó una fábrica y a la vez construyó escuelas, viviendas, comedores, campos recreacionales, centros culturales y sitios de lectura para los trabajadores y sus familiares. Gracias a estas mínimas condiciones de bienestar que consiguió para sus trabajadores, Owen logró de ellos un índice más alto de productividad. En su opinión no eran solo las condiciones socioeconómicas ni las reivindicaciones salariales que lograron alcanzar índices óptimos de productividad. También fue el desarrollo educativo y cultural, y con ello el empleo de un adecuado vocabulario lo que permitió al trabajador ser consciente de su realidad e incidir sobre ella para transformarla. Por todo esto es de afirmar que de una hermosa utopía, que no es más que el sueño vuelto idioma, nacerá la nueva visión del hombre y el trabajo. (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

Lo que vendrá

Los nuevos tiempos se cubrirán con largos períodos de absoluta negación de todo aquello que signifique revolución, izquierda y socialismo. Dolorosamente se impondrá un extremismo conservador y riesgosamente sacramental. Todo el avance que se pudo lograr en la formación de un venezolano apto para vivir y convivir en una sociedad democrática, justa y libre, en las décadas pasadas, se ha dejado a un lado por la imposición de un pensamiento único que el actual régimen busca implantar, de manera autoritaria, con leyes, normativos y disposiciones que se contradicen con la Constitución Nacional. En los comentarios que hacen los ciudadanos en sus sitios de confluencia tradicional: el mercado, supermercado, abasto, sitios de recreación, entre otros, se percibe cansancio, agotamiento y desgaste entre quienes defienden o se oponen a este régimen. Paulatinamente se sienten las coincidencias de una sociedad harta de tanta hablachentería de líderes y dirigentes, de ambos bandos, quienes parecen estar más concentrados en defender sus puestos de primera línea en la pantalla y el micrófono, que en la defensa real, verdadera y concreta, de las brutales realidades que hora a hora debemos enfrentar los venezolanos. Ya se olvidaron los reclamos de las últimas elecciones y la gravedad de lo escuchado en boca de Mario Silva, por un nuevo llamado a organizarse para las elecciones de diciembre. -¡Demasiada precaución y cordura muestran los dirigentes opositores frente al régimen! dicen quienes esperan cambios y decisiones a las promesas de defender y esclarecer lo que sucedió en las elecciones del 14-A; mientras que por el lado oficialista los defensores del régimen esperan que sus dirigentes cumplan las cientos de promesas, como la construcción de viviendas, la reapertura de la mayoría de sus centros de salud integrales, y mejoras en la red Mercal, entre otros. En las penurias que sufre la sociedad venezolana va encontrando solidaridad, como en la aberrante criminalidad, la espeluznante violencia que encuentra por igual a opositores y oficialistas en los destartalados hospitales, morgues y cementerios. Desde esas realidades se ha estado forjando una nueva solidaridad entre uno y otro bando, que ha ido progresivamente fortaleciéndose y tiene en la actualidad un mismo rostro: el venezolano de siempre que no termina de encontrar líderes que de manera concreta, real y verdadera, demuestren que tienen agallas y capacidad política y gerencial para enfrentar esta ola gigantesca de podredumbre, con sabor a narcotráfico, donde está la totalidad del Estado y sus instituciones. Con absoluta seguridad debo afirmar que no existe una sociedad polarizada. Por el contrario, los ciudadanos cada vez estamos solidariamente más cohesionados frente a las penurias que cada día debemos enfrentar: escasez alimentaria, robo, criminalidad, inseguridad personal, sanitaria, educativa, financiera. En esas realidades los venezolanos nos vemos las caras y nos sabemos hermanados y acompañados. A estas alturas de las circunstancias políticas y deterioro del Estado, no nos interesa saber si será en revolución, en socialismo, en democracia, en fascismo, en monarquía o cualquier otro “ismo” donde alcanzaremos esa tan anhelada felicidad y seguridad personal y colectiva. Tan solo deseamos dormir en paz, en tranquilidad, sabiendo que contamos con nuestro sueldo de la quincena que nos alcanza para comprar lo que necesitamos. Ahorrar, y saber que el compadre y los demás vecinos y amigos estén bien. Acaso es mucho pedir a los políticos ese esfuerzo. Acaso los políticos no son funcionarios, comenzando por el presidente de la república, a quienes les financiamos sus puestos y sueldos, para que nos protejan y cumplan sus funciones. Será acaso demasiada exigencia solicitarle al señor alcalde que cumpla con sus funciones y mantenga el aseo urbano, el ornato y la seguridad policial en su municipio, como se pauta en las ordenanzas municipales. Intento llegar al mínimo pensamiento, a lo más elemental y ponerme en las neuronas de estos señores políticos para conocer si es demasiado esfuerzo cumplir con actividades, como las indicadas anteriormente. Pero no alcanzo a saber qué hacen en verdad los políticos en nuestro país, qué tanto hablan o tiempo emplean en reuniones o comisiones. Por eso, entre otras situaciones incomprensibles, la tendencia en la sociedad venezolana parece estar desplazándose hacia un pensamiento pragmático, concreto, básico de sobrevivencia y solidaridad. En consecuencia, también una manera franca, directa y realista de apostar por quien o quienes le presenten ofertas creíbles frente a sus justos reclamos que les ampare y proteja. Que permita conservarles sus tradiciones, su familia y sus creencias. Marx y sus trasnochados profetas pueden esperar. Es tiempo de replegarse y conservar lo primario: la vida. (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis