viernes, marzo 16, 2012

La mirada del desprecio


Lecturas de papel
En la Caracas de inicios de los años ’70 se mantenía un discreto control, por parte del gobierno del Estado, sobre los espacios de pobreza y miseria que crecían aceleradamente y amenazaban con desbordarse por calles y avenidas de las principales ciudades de Venezuela. Para disimular e impedir que se visualizaran los ranchos, uno de esos tantos gobiernos de la capital construyó por los lados de la avenida San Martín, muy cerca de la Sanidad, un largo paredón de varias cuadras. De esa manera no se podían ver ni ranchos ni las estrechas callejuelas ni mucho menos los rostros del hambre y la desolación de esos miles de venezolanos quienes merodeaban de día por las calles de Caracas. Mi padre me lo comentó y un día, mientras él se dedicaba a su trabajo como fotógrafo con cámara de cajón, yo me introduje por uno de los tantos boquetes que ya existían en esa muralla y pude ver ese otro mundo que de hecho existía y era mucho más inmenso en población.
Después, ya por los años ’80, también vi por televisión cuando llegó el papa Juan Pablo II y mientras la caravana pasaba cerca del retén de Catia, de pronto los presos sacaron sus manos y rostros por entre los barrotes de esa mazmorra de indignidad. El beatísimo fustigó al gobierno de Caldera y semanas después la cárcel implosionó y se derrumbó dejando una estela de humo y de injusticias. La cárcel fue demolida pero no desapareció ni el hacinamiento de la población carcelaria ni mucho menos la dramática situación de un sistema de justicia inmoral y de mentes marginales.
Estas dos historias, que ocurrieron no hace más de 40 años, son realidades de un drama mucho más complejo que la actual y simple diatriba política que no parece tener fin. Nos estamos refiriendo al “desprecio” y por tanto, a la exclusión y a la marginación de cientos de miles de millones de seres humanos. Y en ello tienen la principal responsabilidad, tanto la dirigencia política como el liderazgo profesional de la clase media.
Más terrible que padecer de hambre alimentaria es padecer de desprecio por el semejante y ser condenado, de hecho, a la indiferencia y la invisibilidad. Al no reconocimiento del semejante como ciudadano con derecho a existir. Consecuencia de ello, una inmensa porción de esta población no existía jurídicamente pues no tenían cédula de identidad y millones de menores de edad apenas tenían como prueba de su nacionalidad venezolana, la boleta de nacimiento que a sus madres le daban en los hospitales cuando nacían.
La actual problemática de conflictividad por la que atraviesa la sociedad venezolana no comenzó hace 13 años ni es responsabilidad única del actual gobierno del Estado. La degeneración de las instituciones del Estado venezolano hasta volverse en una práctica diaria de actuación de mentalidad marginal, ha sido un paulatino proceso de descomposición de la sociedad que comenzó hace más de 40 años y con ello, el desprecio sistemático que una élite ha mantenido sobre los más desposeídos.
Por eso considero que uno de los mayores aciertos que el actual gobierno del Estado tiene, con sus contradicciones y detractores, ha sido invertir la visión economicista y colocar la acción de solidaridad social como prioridad, y con ello darle rostro a esa mal llamada “masa social” informe e invisible que solo se “usaba” para hacer bulto en las concentraciones partidistas.
No creo que la sociedad venezolana supere con un simple cambio de gobierno la dramática coyuntura de sobrevivencia. Tampoco la condición de mentalidad marginal que ha invadido absolutamente todas las estructuras de las bases supremas que sostienen a la sociedad y al Estado: Familia, Religión, Moral y Educación. Todas ellas de contenido intangible pero que se materializan en la construcción diaria del hacer de los ciudadanos.
Pero hemos de insistir y seguir insistiendo que sólo un sistema educativo profundamente pedagógico y por un tiempo directivo, junto con un riguroso sistema jurídico fortalecido en valores, podrán vislumbrar la existencia de un ciudadano éticamente sano que pueda mostrar el rostro multifacético del venezolano que todos anhelamos ser.

(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

viernes, marzo 09, 2012

Eres chavista!



Mientras cambiaba el aceite al motor de mi carro, en el taller de un
conocido, escuché una intensa conversación entre otros dueños de
vehículos y el técnico mecánico. No me interesó tanto el tema que
abordaban, obviamente sobre la figura del presidente y sus ofensivas
palabras al candidato opositor, tildándolo de "cochino", como la forma
para enfrascarse en la discusión. Gestos, ademanes, movimientos
corporales exagerados así como un elevado timbre de voz denunciaba en
los interlocutores una insanía en las relaciones humanas, donde en
absoluto había espacio para la reflexión. En la Venezuela actual cada
quien, casi a gritos, expone su verdad y no escucha al Otro-semejante
ni mucho menos, al Otro-diferente. Siempre he creído que esto del
tristemente llamado "chavismo" es más una actitud, una postura de
vida, una emocionalidad y sobremanera, un credo de fe, fanatismo,
superstición y ortodoxia, que se aplica tanto a ultrosos seguidores
oficialistas como a ultrosos opositores. Las actitudes autoritarias,
militaristas, ramplonas, retadoras, agresivas, entre tantas otras, de
clara y evidente persona que se sabe protegida, son propias de un tipo
de venezolano que arrastra ese síndrome de la "pedantería" y el
"pantallerismo" desde hace más de 40 años. Es el cultivo de unos
antivalores que se instalaron en la mente del ser venezolano desde
mediados del siglo XIX, con el denominado "pícaro" que se valía de sus
astucias histriónicas para vivir del semejante. Es el moderno "avión"
de los años '70, '80 y '90. El "vivo" que hace malabarismos para
vivir de sus artimañas. Es el apostador que se va los fines de
semana al hipódromo a "jugar caballos" o apuesta en las "dupletas" o
en la "lotería de animalitos". Ese es un tipo de venezolano que cerró
filas en el ámbito político e introdujo sus picardías y malas mañas en
la actividad partidista. Los actuales líderes, dirigentes, militantes,
simpatizantes y amigos de absolutamente todos los grupos y partidos
políticos venezolanos tienen entre sus miembros a una grandísima
mayoría de estos especímenes. Devenidos en negociantes y empresarios
de influencias y prebendas. Encorbatados o en faldas de lino y oropel,
siguen la tradición del pícaro y la picaresca de siempre. Superar esta
enfermedad actitudinal, este "rancho mental", este síndrome kinésico,
esta arrogancia de "deslenguadas y deslenguados" que modelan patrones
conductuales marginales, resulta un difícil y duro proceso de cambio
que solo podrá lograrse con una sólida estructura educativa y un
riguroso sistema judicial que haga sentir el peso del Estado
pedagógicamente directivo. De otra manera, seremos una sociedad que ya
transita lo que me escribió en un tuit el profesor Agustín Blanco
Muñoz @ablancomunoz "El PROBLEMA no es si hay o no denuncias, sino
determinar qué nos llevó a ser una sociedad de ASESINOS".

(•) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

sábado, marzo 03, 2012

Aberraciones


La Venezuela decente se despertó, hace menos de un año, con la espantosa noticia del llamado “Niño de Guanare”. El menor fue sometido a torturas y violaciones continuas hasta desprenderle varios órganos internos y morir en medio de terribles dolores. Fueron varios adultos quienes cometieron tan vil y horrendo crimen. Toda una comunidad se movilizó frente a este acto de barbarie e inhumanidad. Hubo saqueos en el pueblo e intentos de linchamiento para los criminales. Fue la comunidad la protagonista en la exigencia de justicia.
Después vino la calma. La noticia se fue difuminando en medio de otras que hacían de esta apenas una nota trágica. Ya casi olvidada supimos de otro horrendo crimen. Esta vez fue en la Costa Oriental del Lago, en Cabimas. Donde un desnaturalizado hombre sometió a torturas a un infante, menor de dos años. Lo violó y no contento con ello, le colocaba su cabeza dentro de un tobo lleno de agua intentando ahogarlo. El menor finalmente murió. Fue noticia de varios días.
Ahora viene otra noticia también funesta y dolorosa. La de una mujer quien mantuvo por meses encerrada en una letrina a su nieta. La alimentaba con restos de comida y a pura agua. Sucedió en Machiques, al sur del Lago de Maracaibo. De apenas cinco años. Cuando lloraba la aberrada mujer calentaba un tenedor y lo apretaba contra los labios de la niña.
Los vecinos alertaron a las autoridades quienes encontraron a la niña en franco proceso de desnutrición. La mujer fue puesta a las órdenes de la justicia y la niña enviada a un centro de rehabilitación. Después, el Ministerio Público ordenó la liberación de la abuela con régimen de presentación cada 15 días.
Estos tres casos son apenas una ínfima muestra de los cientos de historias a las que son sometidos diariamente miles de menores de edad. Habría que mencionar aquellos quienes mueren en los barrios, urbanizaciones y zonas rurales como consecuencia de las riñas entre adultos o por las llamadas “balas perdidas”. Además de las “muertes psicológicas y espirituales” por familias que desprecian a sus menores hijos y por un Estado que en la práctica mantiene en desamparo alimentario, educativo y sanitario a estos seres humanos.
Pero lo que llama la atención es darnos cuenta cómo cada día aumentan los casos de tortura y violación contra infantes y niños. Cómo algunos adultos se ensañan contra la población más desvalida: los menores de edad. Eso muestra inequívocamente que existe un proceso de “enfermedad”, de síndrome de podredumbre humana, de tufo social que está mostrando el lado más oscuro del venezolano. Su capacidad para hacer mal al semejante. Y es hora de indicar y llamar a las cosas por su nombre: el venezolano también es malo, agresivo, capaz de cometer aberraciones como las descritas anteriormente. Seamos honestos y reconozcamos que la sociedad venezolana está enferma y parte de sus dolencias las está mostrando con rasgos de una criminalidad espantosa y brutal, como los llamados “coliseos” que semanalmente se ejecutan en las cárceles, como en la de Uribana, en Barquisimeto. Allí también los prisioneros juegan al fútbol usando como pelota las cabezas de los recién linchados y “ajusticiados”.
Todos, absolutamente todos los ciudadanos venezolanos somos corresponsables de estos sucesos sino denunciamos y callamos. Denuncia a quien maltrate a un niño. No calles cuando veas a un adulto golpeando a un menor de edad. Escucha a una niña cuando señale a un adulto que la manosea en sus partes íntimas. Dile a tus hijos que no reciban caramelos ni regalos de desconocidos. Está atento con las personas más cercanas del menor de edad: son quienes generalmente pueden abusar de los infantes y niños. Sé responsable y denuncia al agresor. Tu participación y protección al menor es determinante para salvarle la vida.
(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

jueves, marzo 01, 2012

Nanorrelato



Miopía
Jamás me enamoro a primera vista.

Nanorrelato



Acento
A mi corazon le falta algo.

Nanorrelato



Frase para flojos
El tiempo de Dios es perfecto!

Nanorrelato



Bipolaridad
Era único. Después no supe quien fui

Nanorrelato



BB
El mundo se acaba y aún no despierto.

viernes, febrero 24, 2012

Librocidio


Me cuenta mi dilecto amigo Roger Vilaín, que en el Centro de Investigaciones Literarias de la universidad donde trabaja, la Universidad de Guayana, en Puerto Ordaz, algunos docentes de otras áreas se quejan porque los libros de la biblioteca especializada en literatura y arte del Centro, se ven demasiado, generan polvo y afean los cubículos. Le piden que haga algo para esconderlos.
Casos como este aparecen en el escenario académico y cultural venezolano periódicamente y se están haciendo cosa normal en las conversaciones, comentarios y noticias de quienes andamos por este mundo de la academia y la cultura venezolanas.
Hace pocos años fue noticia la “desactualización” de miles de libros de una biblioteca en el estado Miranda, por viejos y raros. Terminaron ardiendo en el basurero municipal. También ocurrió algo similar en la biblioteca pública de Ciudad Bolívar donde enviaron al basurero miles de libros porque nadie los consultaba. O como hace menos de un mes, cuando en la misma capital del estado Bolívar, representantes de la Misión Cultura iban botando paquetes de libros, aún con sus precintos, por la vía de Marhuanta. Libros que venían directamente de la imprenta, nuevos, y quizá porque exigía mucho esfuerzo mental y físico para irlos distribuyendo en las escuelas, liceos y bibliotecas del estado, los lanzaron a un costado de la carretera. Desidia, flojera o falta de solidaridad de estos empleados gubernamentales. Lo cierto es que esta práctica no es nueva en nuestra sociedad. Desde hace años, quizá siglos, una de las maneras de mantener control sobre la población ha sido precisamente impedirles que tengan acceso a la lectura. Antes, en la época de la Colonia estaba prohibida la lectura a las mujeres y clases sociales inferiores. Después, en el siglo XIX, en los años terribles de la Guerra de Independencia, el Imperio español ordenó detener y hasta cortarles las manos y lengua, a quienes poseían libros y sabían escribir.
Destruir un libro, por la magia que éste tiene y lo que representa, es un asesinato, una afrenta al saber y a la cultura de un pueblo. El libro es un cuerpo vivo, una existencia que prolonga su vida en quien lo posee. Nutre, alimenta al lector, lo acompaña y es solidario, crítico y a la vez liberador. Quien tiene un libro posee parte del saber universal. Quien tiene un libro se hace portador de un mundo donde tiene la posibilidad de transitar, observar, palpar, oler y acariciar personajes, paisajes y sensaciones que se graban en la sangre y la piel para toda la vida.
Por estos años obviamente que la práctica de mutilar al lector no se usa. Pero la intención de destruir al libro continúa. Quizá solapada, quizá de manera inconsciente, quizá más subrepticia. Lo lastimoso es saber que quienes practican el librocidio, docentes y funcionarios, tienen necesariamente que coexistir con la memoria cultural de todo un pueblo en el cuerpo de un libro. De continuar esta práctica en pocos años iremos al basurero a rescatar laptops, ipads y demás artefactos en los que se ha ido transformando el libro.
(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

viernes, febrero 17, 2012

Diario


Releyendo el libro Diario, de Ángel Rama (1926-1983) encuentro una serie de afirmaciones que todavía, a más de 30 años de expresadas, están vigentes en la vida cultural venezolana.
Conocí al profesor Rama en los intensos años ´70 mientras estudiaba en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela. Nos presentó Vilma Vargas, profesora y amiga, de quien fui su asistente de cátedra. Era él un sureño (uruguayo) quien se había exiliado en nuestro país, debido a las dictaduras militares sangrientas instaladas en el cono sur y que perseguían a los intelectuales, entre ellos a Rama.
De voz apacible y serena y familiar mirada. Alto y corpulento. Casi ya entrando a los cincuenta años. Era, junto con su asistente y también coterráneo, Álvaro Barros Lémez, una de las primeras atracciones de adelantados pensadores que nutrían los pasillos de la escuela. Pero poco duró ese matrimonio porque Rama era, aunque de formación marxista, un pensador, investigador y crítico de la cultura latinoamericana. Su densa formación intelectual pronto hizo crisis y se enfrentó a la camarilla de seudo intelectuales agrupados en la tristemente llamada “República del Este” que, como muy bien la dibujó en parte de su diario, y mientras se suscitó una polémica llevada por el diario El Nacional, en 1977, afirmó: “Como era previsible (Federico) Ríu le tomó el pelo y publicó una de las notas de Ludovico (Silva) (…) y el artículo del Diccionario, con lo que quedó probado el plagio. Una historia triste, por los valores intelectuales que tiene (o tenía) Ludovico y casi un paradigma de los efectos de esta descomposición alcohólica de un medio intelectual otrora digno. (…) Pero este domingo Orlando Araujo publica en El Nacional una nota de elogio a Ludovico, evidentemente generosa y emotiva, tratando con artilugio poético de salvar lo insalvable. “Te has copiado de Dios” le dice en su párrafo final. Es el texto de un ebrio sobre otro ebrio (…) es el alcoholismo crónico de los dos y de tantos otros de una ridícula República del Este, que implica de cuatro a ocho horas diarias de bar (nadie sabe quién paga y se atribuye frecuentemente a las arcas del Consejo de la Cultura (antiguo CONAC) este secreto subsidio al alcoholismo (…) queda evidenciado el paupérrimo nivel de la vida intelectual porque, aunque parezca imposible, ambos son de los intelectuales valiosos con que cuenta la izquierda, de lo mejor, más leal y sano de esa intelectualidad.”
Lacerante e hiriente la historia de este episodio en la cultura nacional. Plagios, intrigas, desidia, fraudes, estafas, traiciones y huellas de xenofobia son las verdades que plasma en su diario Ángel Rama, quien es hoy considerado el más importante crítico de la cultura latinoamericana. Su pensamiento se encuentra condensado en dos extraordinarios libros: Transculturación narrativa en América Latina, y La ciudad letrada, además de sus ensayos y conferencias sobre escritores latinoamericanos.
En su tiempo no sólo se consagró al estudio e investigación de la literatura en la América hispana. También vinculó la creación literaria al hecho social, que lo presenta como el inspirador de la denominada sociocrítica moderna. Sus reflexiones sobre la Venezuela política de la década 70-80, son indicativos de los acontecimientos que para finales del siglo XX se desencadenan en un país sumido en el caos económico y la crisis sociopolítica. Leamos su diario: “6 de noviembre de 1977. La ciudad sin agua desde hace cuatro días. Un motín de protesta en el (barrio) “23 de enero” concluyó con dos abaleados y muertos por la policía, criaturas de 13 y 10 años, otro ejemplo de la brutalidad de la represión por los cuerpos de seguridad, que en este año ha arreciado como forma de contener el malestar popular. Es insólito: los millones del petróleo no alcanzan a solucionar las urgentes necesidades populares, pues la incompetencia, el despilfarro y la rapaz especulación burguesa se suman a las dificultades de una infraestructura económica y de servicios enteramente obsoleta que no puede adecuarse (falta de planificación, incapacidad, desatención) a las nuevas situaciones del país.” “En este último año la inquietud social ha crecido: huelgas, protestas populares, nuevos alzamientos guerrilleros (…) y un clima de inseguridad urbana acrecentado. Las raíces son evidentes: basta alzar los ojos hacia los rancheríos de los cerros (donde vive casi la mitad de la población de Caracas) para divisarlas, pero el gobierno sigue con la confianza puesta, por un lado en un desarrollo burgués de largo alcance que provea de trabajo y disciplina, por el otro en el terror de una represión que deja muertos prácticamente todas las semanas.”
Bajo el principio del intelectual éticamente comprometido con su tiempo, adelanta su crítica con los modelos estereotipados de los nuevos liderazgos políticos: “Pintoresco diálogo con (Juan) Fresán: cuenta de los sudores que están pasando los expertos en publicidad para forjar la imagen de Piñerúa Ordaz, en candidato de AD. Por ejemplo, la imposibilidad para conseguirle una sonrisa que no sea una mueca o de dotarlo de una figura atrayente (los bracitos de muñeco), que ha llevado a Fresán a proponer el slogan: ”No hay sitio para risas, la situación es dramática. Enfrentemos nuestros problemas.”(…) Este modo planificado de forjar el candidato, “haciéndole una figura”, produce vértigo y horror de nuestra civilización. Conozco lo que Jacobo Borges ha venido haciendo de Teodoro Petkoff, para transformarlo en el Robert Redford de la política venezolana y lo que antes hizo con José Vicente Rangel, sugiriéndolo, por la vestidura y posición del cuerpo, como un símil del santón popular José Gregorio Hernández. Se trata de vender un producto. No hay ya ingenuidad romántica, salvo en los grupos de izquierda que son, a la vez, más puros y más arcaicos. La disociación entre idea, carácter, cultura, doctrinas, proyectos, por un lado y aspecto-discursos-imagen, por otra, es propia de nuestro tiempo y patentiza su estructura compleja, artificiosa y fraudulenta. Es el fin de toda moral.”
Demoledora reflexión la de un crítico, ensayista, investigador y docente en universidades del mundo. Lo fue en Uruguay. Sus años en Venezuela le llevaron a dictar cátedra en la Universidad Central de Venezuela, en la Universidad de Los Andes. En México, en la legendaria UNAM. En Estados Unidos de Norteamérica, en la de Maryland y Stanford. En Europa, en la de Venecia, entre tantas instituciones a las que sirvió, mientras también adelantó proyectos innovadores, como los postgrados en literatura latinoamericana, en la UCV, y la creación de la Biblioteca Ayacucho, cuyo objetivo fundacional ha sido la de plasmar en textos el pensamiento de la cultura Latinoamericana en la voz de sus mejores intelectuales.
Por estos tiempos oscuros y grises el pensamiento de Ángel Rama se acrecienta y ofrece luces para comprender, tanto la realidad del Hecho Literario Latinoamericano, como las prácticas de los liderazgos políticos que sacuden a los países de esta América. Sea su palabra sobre otro gran pensador de la cultura latinoamericana, que hable: “20 de marzo de 1978. Entrego un artículo sobre Simón Rodríguez (…) Releo sus varias obras y repaso sus vicisitudes: un destino sudamericano! Diría Laprida (En el Poema Conjetural, de Borges: Yo que estudié las leyes y los cánones/ yo, Francisco Narciso de Laprida <…> Al fin me encuentro/ con mi destino sudamericano). Duele su triste vida y acompaña. Esos decenios por escuálidas ciudades americanas, sin recuerdos, atendiendo pobres negocios, viviendo de la caridad; esa muerte en un caserío ecuatoriano, río arriba, con los dos baúles llenos de papeles y nada más; esa continua frustración de pensar mejor que nadie y no ser oído, ni atendido, ni respetado; esa inteligencia, condenada por tal, en medio del caos, los apetitos desatados, la garrulería, la confusión. Todo define al intelectual en una América cruda, mal amasada.”

(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

sábado, febrero 11, 2012

Memoria


Cuando vayas a votar acuérdate de aquel ciudadano que en vida se llamó Franklin Brito y a quien todos vimos enflaquecer mientras el gobierno divagaba en asuntos leguleyos hasta dejarlo morir de hambre.
Cuando vayas a votar acuérdate de aquellos meses cuando el gobierno dejó que se pudrieran cientos de miles de millones de kilos de alimentos por desidia, incapacidad gerencial y falta de solidaridad humana.
Cuando vayas a votar acuérdate de tu familiar, de tu amigo o del amigo de tu amigo a quien asesinaron, asaltaron, secuestraron, violaron, ultrajaron, humillaron, mientras el gobierno venezolano mantiene en las infernales cárceles, tanto a delincuentes como a inocentes, mientras otros ya han cumplido sus condenas o miles aún no han sido condenados y tienen años esperando sentencia.
Cuando vayas a votar acuérdate que las universidades venezolanas, republicanas, democráticas, autónomas y públicas, funcionan con el mínimo de sus presupuestos (apenas para el pago de sueldos, transporte y comedor), mientras el gobierno aprueba miles de millones de dólares en la compra de armas para unas guerras virtuales.
Cuando vayas a votar acuérdate que miles, millones de ciudadanos no podrán hacerlo, aunque lo deseen, por mantener un “bozal de arepa” y ser permanentemente vigilados, espiados y delatados por fanáticos y ortodoxos gobierneros.
Cuando vayas a votar acuérdate de las decenas de neonatos que a diario mueren en los hospitales públicos por falta de insumos, mantenimiento y desidia del gobierno.
Cuando vayas a votar acuérdate de los miles de accidentes que cada año ocurren por el mal mantenimiento de carreteras, autopistas, calles y avenidas. Vías inservibles, con huecos, baches y desniveles donde pueden verse las huellas de la tragedia en vehículos incendiados, volcados, dejando una estela de muertos, lisiados y mutilados, mientras el gobierno dona asfalto y maquinaria a otros países.
Cuando vayas a votar acuérdate de las cientos de escuelas, liceos y demás centros educativos donde ya no llega la merienda escolar, ni hay protección a niños ni maestras quienes quedan a merced del hampa, las aguas negras, las ratas y enfermedades.
Cuando vayas a votar acuérdate que será un acto inédito, histórico y tendrás la oportunidad de contarle a tus hijos y nietos que hubo un tiempo en Venezuela donde el gobierno del Estado amenazaba, infundía miedo a sus ciudadanos para que no votaran. Sin embargo, la población toda: pobres, ricos, profesionales, artesanos, ancianos y jóvenes arriesgaron hasta sus vidas para estar presentes y ejercer su derecho constitucional al voto libre, democrático y universal.
Ah!, cuando vayas a votar acuérdate de llevar también tu equipo mínimo de votación: ropa colorida, cómoda. No olvides tu botellita de agua, tu gorrito, tu sillita, un caramelito o galletica. Y lo fundamental: una sonrisa para compartirla con tu Otro igual o diferente y mucha dosis de ciudadanía. Y recuerda: el miedo se vence con la consciencia de saber que somos mayoría. Vota también por aquellos que están en la otra orilla y que todavía no dan su paso adelante para estar con nosotros en la construcción de una sociedad de incluidos, solidaria y democrática.

(*) camilodeasis@hotmai.com / twitter@camilodeasis