miércoles, marzo 08, 2017

Sopa de esperanza

Mientras los niños terminaban su sopa, me acerqué a uno de los representantes. Estaba sentado a un lado de la cancha deportiva. Lo había observado a lo lejos mientras me dedicaba a tomar fotografías de los niños, cuando realizaban sus juegos con el grupo de jóvenes del voluntariado. Algo me ocurrió mientras me acercaba a Ramón –le llamo con este nombre para proteger su privacidad- quien parecía uno de esos refugiados que aparecen en las primeras páginas de los noticieros del medio oriente. Pero esto ocurre en la Venezuela del siglo XXI. En uno de los barrios que están en Barquisimeto, la cuarta ciudad más poblada del país. Y mientras me acercaba para conversar con Ramón los recuerdos se me apiñaron en la memoria. En los finales de los ‘80s., y con 39 años estaba asombrado de ver en la escuela donde investigaba sobre lectura y pobreza, la creciente desnutrición infantil que llegaba al 5% en una población nacional en situación de pobreza extrema alrededor del 42%. Era un escándalo nacional denunciado por los medios de comunicación social. Estaba apenas a quince metros de Ramón pero mis pensamientos me separaban de él por años y a la vez, las imágenes que veía me eran tan similares. Esta escuela, de Fe y Alegría, es amplia y con una cancha deportiva techada. Un comedor donde los niños -120 y 90 adultos-, cada domingo asisten para comer la sopa que preparan jóvenes y representantes, por donaciones, al igual que la tizana, gracias al aporte de anónimas personas, con pedazos de frutas para acompañar el almuerzo dominical. Del resto, -me dice Andrés, uno de los líderes que coordina las jornadas de ayuda contra la desnutrición infantil, -solo podemos ayudar también los miércoles. -La sopa fue una sugerencia de médicos y nutricionistas. Juntamos verduras, hortalizas y huesos con carne, que compramos en sitios donde ya nos conocen. Los vendedores, de tanto pedirles rebajas, nos colaboran, otros nos hacen descuentos. Es una manera de solidarizarse con estos niños que padecen desnutrición grave. Pienso en Ramón, a quien finalmente saludo. Ya se había tomado su sopa. Él y sus tres hijos asisten cada domingo y miércoles para ayudarse con un plato de comida caliente. Mientras termina su tizana, se voltea y me sonríe. Tiene un rostro abrillantado. Sus ojos hundidos y barba de cuatro días sin afeitar me hablan de una persona que padece hambre. –Es que tengo tres muchachos y el trabajo no me da para alimentarlos en la semana. –Acá almorzamos los tres. Me muestra su correa. –Ya le hice el último huequito para apretarme el pantalón. Me doy cuenta que también he hecho igual. Me acuerdo de las últimas estadísticas de la fundación Bengoa donde dicen que el venezolano ha perdido entre 5-7 kilos en el último año. Sigo hablando con Ramón mientras una de sus hijas se le acerca para decirle que ya terminaron de almorzar la sopa. Él la mira y percibo en esa mirada una entrañable ternura. Miro a la niña, de no más de once años. Tan flaca como la maestra del famoso cuento del escritor Pocaterra, la I latina. Pero eso ocurrió en la Venezuela de la post guerra de independencia. El país palúdico se me sigue pareciendo en todas las épocas. Tanta desnutrición -9% para finales de 2016-, tanto olvido de su población más vulnerable, los niños. También de ancianos y enfermos. Es una verdadera y real crisis humanitaria esta que padecemos en pleno siglo XXI. Me despido de Ramón y voy al encuentro de la maestra Adriana. Ella me señala a uno de los estudiantes. –Es que nos preocupa. Ha perdido mucho peso y este año termina la primaria. Larguirucho y de semblante taciturno, el jovenzuelo camina cansado. Su mirada, la misma de casi todos los niños y jovenzuelos, es triste y lejana. Es la mirada del hambre y de quienes padecen desnutrición. El mundo alrededor de la escuela son cerros poblados por ranchos destartalados. Calles de tierra y botaderos de basura y aguas negras. Es parte del paisaje de la comunidad de El Trompillo, al norte de Barquisimeto. En el autobusete que nos traslada, Andrés me sigue conversando. –Comenzamos este proyecto en octubre del pasado año. Los especialistas nos han indicado que mientras mantengamos a los niños, aunque sea con una/dos sopas semanales, y con tizana, por un período constante de seis meses- podremos recuperarlos de la desnutrición grave y crónica y quizá, impedir que sufran secuelas irreversibles en su desarrollo neurológico. Le miro candorosamente. Sé que eso es casi un imposible. De seguro la talla de estos chicos no podrá recuperarse para un óptimo desarrollo y también que serán, físicamente, personas con cuerpos frágiles, abúlicos, y propensos a enfermarse periódicamente. Eso va a incidir en un país con población no calificada para el desarrollo industrial, y con altos índices de productividad. Por lo tanto, una economía débil. También sé que mientras avanza en Venezuela la crisis alimentaria la desnutrición infantil se agudiza. Los reportes de organizaciones no gubernamentales, universitarias e incluso, internacionales, como Cáritas Venezuela, han alertado sobre este drama. Sé por experiencia que además del hambre y la desnutrición, paralelo a ello avanza una sombra dantesca: la desnutrición afectiva. La he observado en el otro frente de atención que atienden estos jóvenes del voluntariado Alimenta la Esperanza. Está en la comunidad Loma de León, al oeste de la ciudad. Allí los niños asisten prácticamente solos, abandonados por sus padres. Y también asisten ancianos malnutridos. Pero los líderes del voluntariado, como Oriana, quien apenas tiene 18 años, no se detienen. Recién abrieron otro espacio de atención, en la comunidad de Pavia. Con sus juegos y liderazgo fortalecen valores y principios a los niños. Les enseñan a dar las gracias, la solidaridad y el trabajo grupal. Los niños se alborotan, sonríen y colaboran. –Es dura la tarea. Muy dura, -me comenta. –Lo sé. Pero tenemos que insistir, insistir y seguir insistiendo. Ya no hay vuelta atrás.

miércoles, agosto 17, 2016

Daños colaterales

Se ha hablado casi hasta la saciedad de las graves dificultades políticas por las que atraviesa la sociedad venezolana. Y ni se diga de aquellas económicas. También las que están vinculadas con los aspectos de seguridad ciudadana, alimentación y medicinas. Estas, parecieran ser las más graves. Y en verdad que así lo indican los especialistas. Sin embargo, a nuestro modo de ver, la extensa crisis venezolana que estalla por los cuatro costados será a largo plazo. Allí se verá el verdadero y dantesco desastre. Y es que la sociedad venezolana, de superar esta emergencia humanitaria, tendrá que lidiar por varias generaciones con dos catástrofes. Una de ellas se refiere a los cientos de miles, muy probablemente millones de seres humanos que, hoy neonatos, niños y jóvenes, crecerán con evidentes secuelas por la desnutrición. De sobrevivir van a ser individuos subnormales, abúlicos, con evidentes signos de daños neuronales y que van a ser una pesada carga para el Estado. Eso, indudablemente, repercutirá en el desarrollo industrial y de productividad en la república. Porque si hay pobreza intelectual y baja excelencia académica, los niveles de calidad en la industrialización serán bajos y por tanto, poco competitivos a escala internacional. Será una población que posiblemente alcance títulos profesionales pero con baja excelencia académica. Y acá entramos en la segunda y más terrible catástrofe a largo plazo. El derrumbe de la academia venezolana. Ya no son tanto las míseras condiciones de infraestructura en la educación superior venezolana. Con claras evidencias de un sostenido deterioro de aulas, laboratorios, canchas deportivas y la nula provisión de presupuesto para acceder a la documentación internacional actualizada de información científica, tecnológica y técnica. La universidad venezolana en la actualidad atraviesa por la más grave crisis desde su fundación, en 1721. En toda su historia jamás se había agredido tanto el Alma Mater. Hubo tiempos cuando fue allanada. En otros momentos, clausurada. Otras veces, su claustro fue usado para favorecer a tendencias partidistas. Pero ahora se trata de eliminarla definitivamente. Es, junto con la iglesia, la institución que se resiste estoicamente a ceder, a claudicar y transformarse en un apéndice del régimen chavizta. Por ello se la ataca y sus miembros, desde su personal de servicios, administrativos, estudiantes y docentes, están siendo arrinconados. Tanto por los míseros sueldos, imposibilidad presupuestaria para su desarrollo académico, como de continua persecución a su dirigencia sindical y gremial. Por eso el éxodo de profesores, estudiantes, personal administrativo y obrero. Las aulas en la gran mayoría de las instituciones de educación superior están quedando vacías. Los profesores y estudiantes que se quedan deben buscar la manera para mantenerse en niveles medianamente decentes, académicamente hablando. No hay papel ni marcadores ni borradores. Tampoco las mínimas condiciones para impartir la docencia y una nula participación en investigaciones de equipo. Sea de campo como en laboratorios. Quedan, a riesgo de ser asaltados en las propias aulas de clases, estacionamientos y campus universitario, los profesores y estudiantes que entre ellos hacen colecta y reúnen materiales, equipos y sistemas de operaciones, para adelantar los objetivos de sus programas docentes y de investigación. Para esos profesores la academia se ha convertido en un apostolado. De sus devaluados sueldos surgen las soluciones. Unas veces cancelan los útiles pedagógicos (papel, fotocopiado, marcadores, reactivos, uniformes, etcétera) para que funcione la docencia. Otras veces deben costearse los viajes, que hacen en representación de la universidad. Esta constante agresión contra la universidad venezolana, republicana, democrática, autónoma, pública y popular se realiza, tanto desde el mismo centro del poder del Estado, su régimen, como desde dentro de ella misma, con la anuencia de sus autoridades, en varios de estos centros de estudio. Ejemplo de ello lo observamos en la Universidad Nacional Experimental de Guayana, cuando en 2013, un grupo de colectivos chaviztas intentó quemar vivos a varios profesores dentro de las instalaciones de su Asociación. A la fecha, las autoridades académicas no han establecido las responsabilidades, ni académica ni administrativas a los daños ocasionados al patrimonio universitario. Estos y otros casos evidencian la intención del régimen chavizta, autoritario y militarista, en su control/desaparición de la universidad venezolana, en su interés por convertirla en una escuela/cuartel, bajo la obediencia y sumisión a una sola ideología, adoctrinamiento y fanatismo. Donde no se piense ni se discuta. Solo se sigan órdenes y se cumpla el denominado plan de la patria. Para un universitario, permanecer en silencio ante semejante atropello es poco menos que cobardía y sumisión. (*) camilodeasis@hotmail.com TW @camilodeasis IG @camilodeasis1

miércoles, agosto 10, 2016

El valor del trabajo

Llegué a Ciudad Guayana (la conforman Puerto Ordaz y San Félix) comenzando los años ‘80s. La zona era un constante hervidero de construcciones. Ingresé en 1982 a la Siderúrgica del Orinoco (Sidor) la empresa emblemática de la casa matriz, la Corporación Venezolana de Guayana (CVG). En más de una ocasión mostré mi ficha como trabajador, en bancos y comercios, y eso era más que suficiente para realizar una transacción. Incluso de noche, en las continuas rondas de la policía, enseñaba mi ficha y era tratado con respeto. Era un sidorista. Ciudad Guayana era la zona de la industria primaria de Venezuela por excelencia. Nunca descansaba. Existía un justo orgullo de pertenecer a las empresas básicas de Guayana. Sidor era la tercera acería más grande del mundo, mientras Venalum era la segunda reductora de aluminio primario más importante del planeta. Las empresas de la CVG., nunca cerraban sus puertas. Los llamados tres turnos (de 7:00 a.m. a 3:00 p.m., de 3:00 p.m. a 11:00 p.m., y de 11:00 p.m., a 7:00 a.m.) marcaban el ritmo de la industrialización. De lunes a domingo, y del 1 de enero al 31 de diciembre. Así ocurría en Sidor, Alcasa, Ferromiera, Interalúmina, Carbonorca, Minerven, Venalum, y ese mismo ejemplo se imitaba en aquellas empresas que estaban cercanas a las más grandes, y también a las de servicio y mantenimiento industrial. Mis hijas gustaban contar los autobuses que en el turno de la noche, transitaban por la avenida, al frente de nuestro hogar. Veinte, treinticinco, cincuentidos, noventitres y más autobuses. Todos cargados con obreros y técnicos. Venían de San Félix, de Upata, de Tucupita, de Ciudad Bolívar, de Los Barrancos, de Soledad. Esta práctica comenzó desde el mismo momento cuando se iniciaron los trabajos para la construcción, tanto de Sidor como de la misma Puerto Ordaz. Fue comenzando los años ‘60s., eran hombres y mujeres que llegaron de esos y otros pueblos y ciudades. Pescadores, agricultores, torneros, agrimensores, costureras, soldadores, aseadores. Junto con técnicos calificados e ingenieros y licenciados, fueron quienes le dieron el rostro industrial a esa zona del país. De sol a sol. Con lluvia o sequía. Los hombres y mujeres de Guayana han sido los constructores de uno de los valores más arraigados en la cultura venezolana: el valor del trabajo. Y esa enseñanza se ha ido transmitiendo de padres a hijos. Y sé que esa misma experiencia se cultivó en la industria petrolera. Y en esta como en aquella, se transformó en cultura del trabajo. Por eso cuando ahora un tal presidente a quien llaman Maduro le ha dado por decretar días festivos, con vanas excusas, no puedo sino recordar y refugiarme en lo más hondo y sagrado que poseo, como ser social; mi venezolanía. Nosotros desconocemos esa manera de vivir ajena al trabajo que dignifica y otorga valor, principio de jerarquía moral. Los venezolanos, la inmensa mayoría, somos ciudadanos acostumbrados al trabajo. Es inherente a nuestra naturaleza como cultura y como hondura de hidalguía y porvenir de personas libres. No existe en nosotros el concepto de pereza laboral, y menos, de ser catalogados como vagos y reposeros. Si existe algo semejante a la capacidad de inventiva, de constructor, de ingenio innato, ese es un venezolano. Humillados en las colas, perseguidos por hablar en voz alta. Maltratados todos los días, por falta de luz, agua, gas, alimentos, medicinas, delincuencia. Ahora nos amenazan con alejarnos de los sitios de trabajo. El esfuerzo descomunal del trabajo se ve en obras, como Guri, el puente sobre el lago de Maracaibo, la carretera trasandina, la construcción de la Universidad Central de Venezuela. En estos y cientos de obras está plasmado el valor del trabajo. Esfuerzo de mujeres y hombres por progresar. Y ese valor, como la democracia, son eternos. Porque están indisolublemente vinculados a la práctica de la libertad y de ciudadanía. Sabremos responder con más esfuerzo y más trabajo. Volveremos a las guardias, de 7 a 3, de 3 a 11, y de 11 a 7. Demostraremos con nuestro ejemplo que la mentalidad marginal, hoy hecha poder en un régimen delincuencial, pasará al basurero de la historia. Fueron un fracaso histórico en sus valores. Una aberración entre militarismo, autoritarismo, brujería y mucha vagancia. (*) camilodeasis@hotmail.com TW @camilodeasis

domingo, octubre 19, 2014

El Patriota Cooperante (Este artículo fue censurado por el diario El Universal, en Venezuela)

Publico a continuación, la comunicación que me envía el editor del diario, mi respuesta, y finalmente, el artículo censurado. Estimado Sr. Juan Guerrero, Lamento mucho informarle que su artículo “El patriota cooperante” no fue aprobado por el Consejo Consultivo para su publicación. No pudimos avisarle con antelación para sustituirlo por razones estrictamente operativas. Quedamos pendientes de su próximo artículo de 4.900 para el martes 21-10 en versión digital. De Usted muy atentamente,Miguel Maita El Universal La respuesta de Juan Guerrero a El Universal Apreciado Miguel Maita; dejémonos de eufemismos. ¡Al pan, pan, y al vino, vino! El mencionado por ti, Consejo Consultivo, que desaprobó mi artículo El Patriota Cooperante, lo hizo imponiendo su visión ideológico-política que obviamente se traduce en lo que comúnmente se llama “censura”. No hay otra manera de entenderlo, visto el momento histórico por el que atraviesa el periodismo venezolano y particularmente, los articulistas de opinión. Desde 1985 envío mis artículos a diferentes medios informativos, y desde hace cerca de dos años, a El Universal., Agradezco la deferencia que tuviste al invitarme a publicar mis escritos en un diario que fue paradigma del periodismo plural, libre y honorable. No puedo permanecer entre quienes vetan, censuran y coartan el ejercicio de las ideas. Cordialmente, Juan Guerrero El patriota cooperante No existe algo que sea más degradante a la condición humana que un individuo traicionando, delatando a un semejante. Esta oprobiosa actitud se vivió de manera dantesca en los años de la Europa dominada por el nacionalsocialismo o como generalmente se le ha conocido; nazismo. Fueron tiempos terribles, momentos cuando no era posible confiar en nadie ni mucho menos en quienes se acercaron al poder para protegerse, adulando a sus jefes. A esos individuos se les llamó de varias maneras: colaboracionistas, comisarios culturales o delatores. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial la gran mayoría de ellos, intelectuales, artistas, académicos o simples políticos, comerciantes y parroquianos, fueron tomados por las turbas, linchados y colgados entre los escombros que dejó semejante torbellino bélico. Esa práctica del individuo transformado en agente colaboracionista de un régimen fue adecuándose para poder sobrevivir con los nuevos tiempos. Los regímenes totalitarios, autoritarios y militaristas, tanto de derecha como de izquierda, han sabido valerse de estos tristes y grises personajes quienes, una vez utilizados, son desechados como podredumbre humana que no tiene más valor para su uso. Los más osados han sabido encontrar protección de padrinos, quienes les ubican casi siempre fuera, lejos del país de origen mientras el resto es sentenciado, generalmente asesinado con tiros de gracia. A esta gente nadie le tiene confianza ni menos respeto, pues han vendido su honor por dinero, por un cargo público o por favores financieros. Causalmente el laureado Premio Nobel de Literatura 2014, Patrick Modiano, aborda en su obra literaria la temática de los colaboracionistas en la Francia ocupada por los ejércitos hitlerianos. En Venezuela siempre hemos tenido estos seres grises, anodinos y vendidos al mejor postor, sea por dinero, por cobardía o por resentimiento, bien social o político. El caso más emblemático fue el del marqués del Toro, quien cambiaba de bando según la intensidad del conflicto independentista. Unas veces se las jugó con los patriotas mientras otras, con carta de súplica ante el mismísimo rey pidiendo clemencia, se pasaba al bando realista. Terminó enterrado en el panteón nacional. Ahora en la Venezuela del siglo XXI al régimen de turno le ha dado por denominar a estos agentes del deshonor humano “patriotas cooperantes” con pago, bono o gratificación incluida. Varios de ellos desde hace algún tiempo, intelectuales y artistas, se han ganado un cargo en el servicio exterior mientras otros, fablistanes y llamados académicos, medran alrededor del régimen esperando su mendrugo a cambio de información. Quienes conocen a estos individuos les dicen popularmente “sapos” y también “chupamedias”. Triste terminar señalado por los ciudadanos decentes de un país de manera tan deleznable. Despreciado. Es humillante para un hijo, un nieto, saber que su padre, su abuelo se le conoce de esa manera porque una vez inclinó la cabeza y fue débil ante el Poder. camilodeasis@hotmail.com @camilodeasis

lunes, octubre 14, 2013

A la opinión pública

Una vez leído el veredicto final del concurso #C140 @Banesco considero oportuno dirigirme a quienes me siguen por las redes sociales, en particular, y a la opinión pública, en general. El jurado conformado para esta 3era. Edición del concurso, emitió un primer fallo donde me otorgaba la 2da. Mención de honor. Sin embargo, horas después, la organización del evento, motivado a la serie de denuncias de supuestos plagios, decide emitir un escrito donde, ajustándose a las normas del concurso, decide suspender el veredicto, no sin antes indicar que reafirma su decisión sobre el 1er. y 2do. lugares, entre otras decisiones. Conocido este documento decidí dirigirme, por escrito, tanto a la coordinación del concurso como a parte del jurado. En esa comunicación indicaba mis razones por las cuales reclamaba mi autoría sobre el cuento ENANO. Para ello, enuncié una serie de razonamientos donde consideraba mi cuento como extraído de la tradición oral, por tanto una recreación. Quien fungía como coordinador del concurso, me solicitó información sobre si había participado en anteriores concursos. Sobre ello le indiqué que en las dos anteriores oportunidades concursé, quedando en ambos clasificado entre los 100 preseleccionados. Sobre la redacción de mi escrito, debo señalar que éste forma parte de la tradición oral, concretamente en quienes se desenvuelven en el medio circense, tanto en Venezuela como en otros países latinoamericanos. Hacia finales de los años ‘60s. formé parte del grupo de títeres Garabato, que era patrocinado por la Dirección de Cultura de la gobernación del estado Zulia. En dicho grupo participaba también un actor quien se desempeñaba como payaso (Gasparín). Entre sus dichos, chistes y exclamaciones, que formaban parte de su repertorio, estaba el siguiente: Agáchate y me lo dices en mi cara! En referencia a quienes se mofaban de él por su pequeña estatura y delgada contextura. Esta expresión forma parte, como lo indico en líneas precedentes, del repertorio del mundo circense. Puede apreciarse esta afirmación (que proviene de la voz oral) en la serie de escritos que se muestran por la Internet ( Laura Vanessa Serrato Giraldo | Facebook https://www.facebook.com/lauravanessa.serratogiraldo‎ xD, No Todo lo Qe Brilla es Oro, Tu Cara Grasosa xEjemplo . .... See Dejaa, Atrevete a mirar jaja, Cali Sos Mi Vida Y Mi Pasion, Vulgarcito hp, By: Yasmiin, ... Jajaja Agachate Y Dimelo En La Cara! x), ‎~No se Como, Pero de Nada te .... María Del Rocío Martín | Facebook https://www.facebook.com/Rocio.CHANN‎ Mi planta de naranja lima .... Jajaja Agachate Y Dimelo En La Cara! x), No podria hacerlo otro?, voy a dejarle un pequeño ... Hola muñeca, hola mi cielo, hola mi gran amor., Dije que te callaras!, cara de red!, Yo Te Juro Que ..... Lucy Del Carmen Berdon | Facebook https://www.facebook.com/lucy.delcarmenberdon?hc_location=stream‎ Bella Thorne Es Mi Pelirroja Favorita*.*. ... We miss you, Dreaming of you, Típico: Estas debajo de un muérdago y aparece Justin cantando Mistletoe, Memes y más, .... tema del MUNDO, Tipico: decir "estoy bien" y estar muriendo lentamente por .... Bajita yo? jajaja, Agachate y dimelo en la cara,… https://www.google.co.ve/search?q=agachate+y+dimelo+en+la+cara&aq=f&sugexp=chrome,mod%3D9&um=1&ie=UTF8&hl=es&tbm=isch&source=og&sa=N&tab=wi&ei=bzhPUtHhD4Ke9QS8yIDoDg ) tanto en carteles (memes) como en blogueros de distintos países. Estos últimos, aún y sin conocerse entre ellos, coinciden en la cercanía de la expresión cuando la transcriben. Sin embargo, son de países tan distantes, como México y Argentina. Mi escrito no tiene transcripción literal de absolutamente ninguno de ellos. Más aún, en los escritos de los blogueros, la expresión se debe a una chanza, mofa muy puntual. Los carteles, por su parte, y considerando ciertas expresiones, parecen ser originarios, de México y España. Por consiguiente, como nanorrelatista he partido para la construcción de mi escrito, del aporte proveniente de la tradición oral, recreando el texto, y por tanto, otorgándole originalidad al presentarlo como un relato, con su título incluido. Si se revisa parte de la literatura universal, y particularmente la nuestra, se pueden encontrar ejemplos. Uno de ellos es el mexicano Juan Rulfo. Otro es el venezolano Antonio Arráiz, con las historias de Tío Tigre y Tío Conejo. Historias que vienen de la tradición oral colonial venezolana. Pero si se duda sobre la construcción de mi escrito, todavía podríamos considerarlo un palimpsesto (ver sobre esto, en http://poetahabanero.blogspot.com/2010/06/el-palimpsesto-en-literatura.html ) Además, podríamos soportarlo con autores, como Jorge Luis Borges o teóricos, como Bajtín. En ellos y otros, pueden encontrarse paralelismos entre texto original (-si es que este existe) y “sobrescritura”. Otro caso es la literalidad del texto escrito. Lo que comúnmente se denomina plagio. La copia exactamente igual al “original” donde se transcribe, tanto la forma como el contenido, sin alterar en lo absoluto el original. En consideración a lo anteriormente enunciado, cómo podría considerarse mi escrito? Habría tres maneras de hacerlo: recreación literaria, palimpsesto o plagio. En los dos primeros, no tendríamos por qué desechar el escrito como aporte a la literatura. No así el tercer caso, que atentaría contra el texto escrito original y por tanto, sujeto a usurpación y derecho de autor. Todo este razonamiento está referido, fundamentalmente, a quienes en su momento me felicitaron o me objetaron. Para ellos van mis reflexiones, muy respetuosamente. El jurado, hasta hoy (14-10-2013) ha mantenido silencio sobre mi solicitud, por escrito, por la eliminación de mi cuento. Finalmente, cabría la siguiente reflexión: si el cuento distinguido con el 1er. lugar, es recreación de una expresión de la tradición oral, como un dicho, que es público y notorio, tanto en Venezuela como en otros países latinoamericanos, y que además, proviene del área cinematográfica, se acepta, por qué el mío fue eliminado. Además, por qué el cuento distinguido con el 2do. lugar mantiene una absoluta, clara y notoria similitud (¿palimpsesto?) con el N. 57. No entraré a analizar otros casos que siguen demostrando, tanto recreaciones de la tradición oral, o considerados como palimpsestos, a más de la serie de desaciertos ortográficos, lo cual permite mi derecho a reclamar se considere mi autoría, como recreación literaria o palimpsesto, sobre el cuento ENANO que ha sido eliminado. Agradezco infinitamente a quienes en su momento tuvieron la deferencia al felicitarme, y aún, quienes de buena fe, han solicitado de mi parte, una postura pública ante este concurso particular y extraño. En La Piedad, Cabudare, a los catorce días de octubre de dos mil trece. Juan Guerrero / @camilodeasis

domingo, octubre 13, 2013

El trovador errante

La voz de Georges Moustaki (1934-2013) la escuché por primera vez a inicios de los 70s. entre besos, velas, vino y las delicadas manos de una amada, exquisita y de pausado andar, descendiente de judíos húngaros y portugueses. Desde entonces la voz del errante alejandrino nunca se apartó de mí. Junto con Georges Brassens y Jacques Brel, forman la generación de los trovadores, los juglares más auténticos de la tradición europea, desde el siglo XII. Agregaría a ellos los españoles Paco Ibáñez y Lluís Llach. Acaso también a Joan Manuel Serrat. En Moustaki se entremezclan todas las culturas que confluyen en Alejandría, como lo explicó en su autobiografía, Las hijas de la memoria (1999). Con prólogo de Jorge Amado, uno de sus grandes amigos, Moustaki describe la Alejandría de su niñez y juventud. Los saberes de sus ancestros, sus amados abuelos venidos de Grecia y de Italia. Y también los sabores de la comida árabe y griega, sazonada con los olores de su Alejandría, la ciudad de las grandes siestas y las noches interminables. Alejandría es su matria, su pequeño espacio existencial. El lugar donde se venera a los ancianos, como en Marruecos, en Japón o la India. Esos seres holgazanes, flojos y felices. Y es en Alejandría donde se les ve sentados en los cafés jugando ajedrez o damas, en largas conversaciones y con la felicidad entre los labios. Se les tiene por seres importantes, se les respeta y escucha, como patriarcas de extensas familias que protegen su linaje como un tesoro, porque saben que es su única heredad, su fortaleza cultural. Por eso el poeta escribe en sus memorias que su único deseo cuando sea grande, es ser anciano. Es reveladora la vida parisina de Georges Moustaki, adonde llega cuando apenas contaba 17 años. Sobrevive mientras vende, de puerta en puerta, libros de poesía. Mientras deambula por el barrio latino, durmiendo en buhardillas, enamorado de la ciudad luz y de las jóvenes parisinas. En los bares de mala muerte, entre poetas, pintores y pordioseros, Moustaki se encuentra con la vida bohemia y descubre a Georges Brassens, quien le introduce en el mundo de la canción. Al morir Brassens, Moustaki abandona su nombre, Giuseppe, y asume el Georges en memoria de su amigo. Cantautor comprometido con las causas más puras en defensa de la libertad, de los obreros, y de los derechos humanos, Moustaki enarboló las banderas de la dignidad del hombre y su derecho a transitar la vida sin prejuicios y sin condenar a nadie por su origen o credo religioso. Evidencia de ello se aprecia en la canción que le dio a conocer y que se convirtió en un himno, Le Météque (El Extranjero http://www.youtube.com/watch?v=MV8fGf-N06A ) grito de rebeldía ante la discriminación, la segregación y la intolerancia. Como compositor escribió más de 300 canciones, muchas de las cuales fueron para nombres legendarios, como Edith Piaf (el pequeño gorrión) con quien mantuvo una intensa relación sentimental. De esa relación surgió su tema, Milord. También escribió para Ives Montand, Serge Reggiani, entre otros grandes de la canción francesa. Su voz suave y melodiosa, acaso de timbre átono, lo acompañó con su guitarra, al piano o acordeón. Después vendrá su descubrimiento de los ritmos brasileros y de su tercera matria, Brasil y su Bahía de todos los Santos, en la casa del escritor Jorge Amado o Vinicius de Moraes. Los cantantes Chico Buarque, Elis Regina y los anónimos grupos y personas de las favelas, le muestran los instrumentos que incorpora a sus nuevas canciones. La instrospección de su primera etapa como trovador, con temas tan melancólicos, como Le Temps de Vivre o La Liberté (http://www.youtube.com/watch?v=QvFLBs9S8FY ) se complementan con su parte más mundana y universal, con temas como Les eaux de mars o Le facteur (http://www.youtube.com/watch?v=PxMjenL4k-g&list=PLBBBEEDBC8CAADC77 http://www.youtube.com/watch?v=u27vcJONKz8&list=PLBBBEEDBC8CAADC77 ) Extraordinaria es su apasionada descripción del escritor Henry Miller. El autor de Trópico de Capricornio le influyó para desarrollar su otra pasión, el dibujo y la pintura. A través de la obra Pintar es volver a amar Moustaki se introduce en la pintura al punto de llegar a realizar varias exposiciones, tanto en bares como en pequeñas galerías. Incansable para sus extensas giras por extraños y exóticos países, pero siempre buscaba el tiempo para acercarse a sus amigos, muchos de los cuales conoció cuando de niño y joven, leí mientras se dedicaba a limpiar la librería que su padre tenía en Alejandría. El trovador que vivió gran parte de su vida en la isla de Saint Louis, en París, es parte de una historia. La historia de una generación que se atrevió a soñar y que en Mayo de 1968 enarboló las banderas de la igualdad sexual, la defensa del medioambiente y el rechazo a las armas. (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

El auriga délfico

Nosotros que partimos para esta peregrinación miramos las estatuas quebradas, nos olvidamos de nosotros y dijimos, que no se pierda la vida tan fácilmente. Yorgos Seferis Cerca del Parnaso, en Grecia, donde moran las musas, en el monte de Fócida, Delfos se abre como un inmenso santuario místico dedicado a la memoria de Apolo, el rectilíneo dios a quien la Pitia, la gran sacerdotisa griega, dedicaba sus oráculos. De Pitia deriva el término Pitón, serpiente o demone que trae el saber desde su hendidura debajo del trípode donde la sacerdotisa meditaba y entraba en trance. Para llegar a Delfos se accede pasando por una serie de lugares de amplios y majestuosos pinos. También por el estrecho de Corinto que aún, después de tantos siglos, conserva su imponente estructura por donde las naves transitan en su silencioso andar. Desde arriba los barcos se aprecian como diminutas presencias que lentamente pasan, enlazadas a las gabarras que las llevan amarradas a sus proas. El santuario délfico conserva todavía la extraña emoción de haber sido visitado por dioses, héroes y reyes. También por las sacerdotisas, los poetas y los amantes. Quizá también por algún pastor o un extranjero. Ahora los instrumentos, los utensilios usados alguna vez para predecir el futuro, otorgar saber y humildad, se conservan en el museo del lugar como reliquias de un asombroso pasado. Delfos todavía es una de las ventanas místicas por donde se accede al universo de lo inmaterial. Desde esa ventana que aún huele a pinos y olivares, se aprecia la silente presencia de un mar lejano y profundo. Debajo de la hendidura donde se sentaba la sacerdotisa, el pitón dejaba fluir sus emanaciones que adormecían y preparaban el trance para que la pitonisa balbuceara palabras que eran interpretadas por los sacerdotes. Todavía se continúa este rito sagrado y quienes hemos conocido el lugar sabemos que allí mora la luz que viene desde el Oriente para iluminar a quienes, como iniciados en el sendero del ars poética y el apocalipsis (revelación) viajamos un día para conocer los senderos de un sitio de presagios, donde la divinidad se aprecia en la quietud de los envejecidos pinos, olivares y el exquisito sabor de la vid que mantiene intacta su heredad como fruta incomparablemente ácida y a la vez dulcísima, sin semillas y de piel casi transparente. En su reposo, el museo conserva los vestigios de lo que alguna vez fue Delfos. La Esfinge de Naxios a la entrada del sitio, mantiene sus alas en reposo, esperando el momento para desplegarlas. A la izquierda se encuentra una sala semicircular. Una semi luz deja apenas ver la figura de tamaño natural que está al medio de la sala. Una verdosa imagen de un mancebo que en su quietud espera a su anhelado amo. Es el famoso Auriga o carretero. Tallado en bronce, de impresionantes rasgos. Su mirada reposada y serena deja entrever la majestad de quien alguna vez fue en lo humano el preferido de un noble. Pudo ser Anasilao o Cratístenes o Baltos o Polyzelos. Tampoco su tallador ha sido conocido pero sabemos por algunos detalles, sobre todo el de sus venas en el cuello, que pudo ser Pitágoras de Regio quien esculpió al mancebo, tan semejante a Dios y a todo aquello que refleje la trascendencia y lo sagrado. La historia de esta magnífica obra escultórica revela misterios. Desde la quietud del descanso en sus desnudos pies, el pliegue de su vestido. La serenidad del rostro mientras mantiene la tensión en el cuello donde se nota cómo palpitan sus venas. Y esa mirada iluminada que no puede ser atrapada. Lo que resta de esa imagen, después de haberla apreciado y observado durante más de tres horas, es una infinita voz que en el fondo de mi alma se ha quedado oculta y que en las altas madrugadas deja salir desde su silente hendidura, la palabra sagrada que aún anima a vivir, a amar y a esperar el nacimiento a la otra vida, esa cercanía a la voz antigua del hombre, tan humana, tan colmada de fe, esperanza y amor. (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

El Bolívar de Lamata

La octava pieza cinematográfica del cineasta Luis Alberto Lamata, Bolívar, el hombre de las dificultades, (2013) presenta a un personaje encerrado en un tema, para muchos espectadores y críticos de cine, novedoso y poco abordado. Me refiero al tema sobre la sociabilidad o cotidianidad. Esto es interesante en el cine venezolano que intenta desacralizar a Bolívar para presentarlo como un héroe de lo cotidiano, de la trivialidad de la vida, donde son otros los rasgos de heroicidad que se muestran. Por esto es una propuesta riesgosa que en el caso de Lamata, no logra obtener en su totalidad de hechura cinematográfica, densidad ni mayores aportes al tema señalado. Apartando las necedades de una parte de quienes se niegan a verla o acuden en peregrinación roja, por razones ideológico-políticas y partidistas, que me parecen de un alarmante analfabetismo cinematográfico, considero que esta película tiene aciertos y unas cuántas caídas. Veamos. El personaje que encarna Roque Valero posee rasgos físicos que le asemejan mucho al Bolívar histórico. Hace años leí la carta que el médico José Domingo Díaz Argotte –entrañable amigo y después furibundo enemigo de Bolívar- envía al director de un diario madrileño al enterarse de la muerte de este héroe. En esa misiva Díaz realiza una detallada descripción física y psicológica del mantuano caraqueño. Voz chillona, delgado casi hasta lo famélico. Desgarbado y mal hablado. De ojos oscuros, brillantes y penetrantes. Así como de movimientos bruscos, nervioso y altanero, entre otros rasgos. Y esto es cierto, pues el médico fue por años frecuente asistente, junto con Bolívar y otros jóvenes, a las tertulias que se hacían en los amplios espacios de las casas de los patricios, como la llevada a cabo en la de los hermanos Ustáriz. Sin embargo, el guión que a cuatro manos escribieron José L. Varela y José A. Varela entrecruzan una narración floja, dispersa y políticamente sesgada que no aprovecha la notable apariencia física del primer actor. La actuación de Valero se va al extremo de la parodia terminando en una cuasi caricatura del personaje. Quizá sean las caracterizaciones de personajes de telenovelas del protagonista que terminan aflojando el carácter bipolar de Bolívar hasta amansarlo en una orilla de playa, mientras otro personaje, Pepita Machado (Samantha Dagnino) le despoja de sus botas, muy parecidas a las que aparecen en El general en su laberinto, de Gabriel García Márquez. Otro personaje que se desdibuja en su actuación es El Polaco, caracterizado por Jorge Reyes. Tal vez por falta de documentación o porque el guión no logra darle densidad en su tratamiento, se va opacando en su pobreza actoral. Salvan el filme las notables actuaciones de Gilbert Laumord, quien caracteriza a un Alexandre Petion de manera asertiva y convincente en su densa y lúcida interpretación como el primer presidente de una nación libre y democrática en la América hispana. Se aprecia su influencia sobre un Bolívar atrapado en sus emociones, debilidades y mundanidad libertinas. También la experimentada actriz Beatriz Valdez, como María Antonia Bolívar, en una corta y discreta actuación. Los demás personajes, en su conjunto, ofrecen cierta homogeneidad a esta versión de otro Bolívar, quien vive entre Jamaica y Haití una de sus más turbulentas experiencias, hacia mayo de 1815 a 1816, acosado por sus enemigos y despreciado por sus propios oficiales. Lejos de ser una película de aventura es una comedia donde se abusa de episodios que repiten escenas de hilaridad, como la bebedera de agua de coco –una vez es más que suficiente. Sí resalto la buena fotografía que ofrece Andrés Agusti y las gratas, refrescantes, bucólicas y emotivas locaciones, tanto en La Habana como en Puerto Cabello. Escenarios que se enriquecen con un inmejorable maquillaje y exquisito vestuario. No así la música de Francisco Cabrujas que deja vacíos y no aporta mayor lenguaje al filme. También un cierto manejo de cámara en algunos de sus primeros planos que no se encuadran y dejan dudas. Mientras el guión, p. ej., describe la salida del héroe a nuevos puertos y la cámara muestra la nave que se traslada de derecha a izquierda (?). Por otra parte, cansa el arrastre de consonantes en boca de la joven haitiana, Jeanne Bourvil, interpretado por Camila Arteche. Uso de modismos que no ofrecen mayores detalles, a no ser por el sesgo de palabras, como patria, que se nota artificioso por tanta repetidera, en boca de Roque Valero. El final es de lo más rebuscado y predecible en su narración, y por tanto, visiblemente novelero. No es de las mejores películas de Lamata. Prefiero Jericó, (1990). Tal vez Taita Boves, (2010). O quizá la anterior a esta de Bolívar, Azú, (2013). (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

La dieta

A juro y porque sí mi prima Beatriz se impuso rebajar. No se le ocurrió mejor idea para perder “esos kilos de más” que emular al famoso difunto con la cápsula de oxígeno donde lo ponían a hibernar. Pero esta no era una sofisticada máquina ultramoderna con botones y que de manera electrónica medía los niveles de fluidos para estabilizar al paciente. La máquina que inventó mi prima para rebajar era un artesanal pipote, una clásica pipa de esas que se usan en la industria petrolera y la gente utiliza para conservar agua o botar basura. Mando mi prima a cortarla por la mitad y para juntar las dos partes le colocó par de bisagras, mientras que por un extremo le hicieron una abertura por donde dejaba salir solo la cabeza. Después hasta le mandó soldar unas patas con pedazos de cabillas y la pintó de fucsia fosforescente. Finalmente le mandó instalar en su parte interior unos descomunales bombillos, mientras introdujo una colchoneta y listo. Construyó su particular solárium patentado en “Maracaibo city”. Orgullosa por su inusual invento, se dispuso a probarlo. Llamó a su mamá para que estuviera cerca mientras ella yacía acostada en semejante horno. Mientras le cerraban el pipote, Beatriz hablaba por celular. Pasaron los minutos y una que otra hora. Lourdes, aburrida de estar sentada, se fue a la cocina a preparar el almuerzo. Distraída escuchando en la radio los clásicos, como Felipe Pirela, Armando Molero, y su cantante favorito, Pastor López, se olvidó de su hija. Pero Beatriz no aguantaba semejante vaporón y el peso de la improvisada puerta del pipote no le dejaba alzarlo para salir. La garganta ya no daba para más de tanto gritar sin ser escuchada. Al fin apagaron los bombillos y le abrieron la pipa. Mi prima salió cual lechón navideño. La piel abrillantada y medio chamuscada. Las quemaduras fueron de segundo y tercer grados. Hinchazón por todo el cuerpo y después, un solemne juramento de no volverse a meter en la pipa. No sé qué les ha dado a algunas féminas que se la pasan por la vida penando su figura redondeada como si fuera una maldición, y queriendo moldearse para quedar en el puro hueso. No creo que con dietas de fin de semana, por vacaciones playeras, bodas o bautizos, se logren milagros. Siempre he visto en esto de las dietas una falta de educación alimentaria para formar ciudadanos sanos y con un paladar educado. Es obvio que detrás de las dietas se esconde toda una industria del marketing que destruye y construye figuras. Y la figura que desde hace más de 50 años se ha impuesto, consta de medidas (90-60-90) estatura sobre el metro setenticinco y un peso que no supere los 55 kilos, a más de una piel clara y bronceada. Imagen de un ser humano ajeno a la cotidianidad y que poco a poco está siendo desplazada por unos contornos más carnosos, más latinos y por tanto, más reales y sensuales. El rigor y los inventos de dietas alcanzan la hilaridad. Los hay desde los rebuscados, como “la dieta del arroz”. Donde se como solo arroz cual chino que pela los dientes de tanta contentura, sin sal ni aceite, por unos cuantos días. Otras son más sofisticadas y comen solo manzana verde y agua, por una semana. Mientras otras se van “por las ramas” y comen solo hierbas y semillas. O la dieta de las “misses” donde apenas almuerzan media lata de atún y un litro de agua. Las extremas y osadas ensayan drásticos procedimientos de cirugía y hasta hipnosis. Pero ninguna de estas dietas supera la proeza de mi prima. Después de todo, ella sigue viva y conservando su digno y normal volumen corporal, mientras la pipa fue a parar al lugar del olvido, ese donde están los trastos viejos e inútiles. Las rellenitas con figuras de la tradicional latina, que aparecían en las películas mexicanas de los años 50s., están volviendo a transitar por las calles. Son esos contornos con caderas africanas y densas pantorrillas de europeas, que atraen miradas por donde ellas pasan. No son las mórbidas regordetas sino esas entradas en carnes que dieron tanto de qué hablar, como María Antonieta Pons y sus cadenciosos movimientos frente a la gran pantalla. La figura de la mujer latina, de ayer y de hoy, no tiene nada que ver con esa escuálida mujer esquelética que los comerciantes de dietas intentan imponer para seguir controlando su mercado de dietas y cirugías. (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

La ceiba de Alta Vista

Entre las ceibas míticas, históricas, majestuosas y siempre vistosas, creo que la más famosa es sin duda alguna, la que nombra Julio Garmendia en uno de sus más celebrados cuentos, La hoja que no había caído en su otoño (1979). Hace algunos años escribí un ensayo (http://kaleidoscopio.uneg.edu.ve/numeros/k02/k02_art07.pdf) sobre esta joya de la cuentística venezolana. Pero la ceiba de la que deseo comentar en este escrito no tiene otro motivo que su sobrevivencia. En Puerto Ordaz, estado Bolívar, unos supuestos constructores se preparan para cometer un ecocidio en nombre del progreso y el desarrollo. La víctima es una joven ceiba que apenas alcanza los 30 o 40 años. Quizá no es la famosa ceiba de San Francisco, de Caracas, que ha permanecido erguida por casi dos siglos. En su momento, le colocaron a su lado una estatua del Ilustre Americano y cinco años después también presenció cuando la derribaron. Bajo sus ramas hablaron conocidos oradores, como Jóvito Villalba. La joven ceiba de Alta Vista ha presenciado cómo han secado a un árbol vecino. Dicen los parroquianos que le lanzaron agua caliente durante varios días hasta que se secó. Ahora no tiene hojas y sus ramas secas poco a poco van cayendo dejando al desamparo su maltrecho tronco. Los agresores de la flora en Venezuela siempre medran en la oscuridad y el anonimato. Algunas veces hablan a través de terceros, como el caso de los dueños del terreno que pretenden convertir en un moderno centro comercial, de esos llamados mall. Sería tan sencillo, si se respetara a esos seres vivos, diseñar un área donde exista espacio para que la ceiba continúe su larga existencia. Porque las ceibas son árboles majestuosos de larga vida. Su tronco tubular sostiene un ramaje que se extiende en vertical hasta alcanzar en su edad adulta más de 70 metros de altura. Recuerdo a ese pequeño árbol desde los años ‘80s cuando comenzaba a despuntar mientras sus hojas se abrían a la vida en verde intenso. Sus ramas fueron extendiéndose y su follaje comenzó a ofrecer una grata sombra y quizá fue seguro refugio a quienes buscaban resguardarse del sol o la lluvia. Ahora quieren talarla en nombre del progreso. Pero curiosamente los constructores no poseen los permisos, ni para cavar tan profundo hoyo ni para construir un centro comercial, pues es apto solo para viviendas y luego para uso comercial, ni mucho menos el permiso de los entes responsables de autorizar la tala de árboles, pues la ceiba no es peligro para nadie. Ella está en pleno desarrollo. Es un árbol frondoso, y sus raíces están bien cimentadas en tierra fértil. Supongo que un diseñador de áreas verdes, un arquitecto y un ingeniero inteligentes, bien pudieran considerar el rediseño de esa mole de concreto, permitiendo la existencia de la ceiba. Ella, la ceiba de Alta Vista, podría salvarse. Podrían incluso, buscarse maneras inteligentes para preservar ese majestuoso árbol. De linaje ilustre, como todas las ceibas que poseen tanta historia. El señor alcalde podría disponer de una ordenanza municipal donde se declare como monumento natural. Así ocurrió en 2001, cuando se declaró a la ceiba de San Francisco Patrimonio natural de Caracas. Con un sencillo documento se podría proteger la ceiba y el alcalde pasaría a la historia del municipio como el benefactor de la flora en la ciudad. También los constructores pudieran colocarle una plaza, quizá al menos plazoleta, donde instalaran bancos para que los ciudadanos acudan a tertuliar bajo su sombra. Supongo que una luz de inteligencia le vendría bien al señor alcalde y a la directora de planificación, para que orienten a las arquitectas que pretenden construir, por instrucciones de “otros”, tan osado centro comercial. (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

El título

En cualquier país que se precie de sus instituciones, registrar un título académico o solicitar una partida de nacimiento sencilla o certificada, debería ser un asunto normal y hasta trivial. Pero en la Venezuela de la marginalidad no es así. Para registrar un título académico debes madrugar. Levantarte a las 4 para llegar antes de las 5. A esa hora te encuentras sorprendido porque ya tienes mínimo 8 personas que llegaron antes. Quienes se atrevieron a pernoctar arriesgando la vida. Otros cuentan que a su amigo, al sobrino, al vecino le robaron su título y después, sorprendido, recibió una llamada donde le pedían rescate por "el cuero e' chivo". Pero el joven que está delante de mi esposa fue precavido. Salió a las 4am. En la Intercomunal, muy asustado, esperó un taxi para hacer la cola mientras su mamá, más tardecita, venía a traerle su título. Nosotros usamos otra estrategia. Liliana se fue a hacer la cola mientras yo permanecía dentro del vehículo cuidando su título de doctora, colocado debajo del asiento. Quienes se encargan de registrar documentos advierten a los incautos graduados que resguarden su documento. Frente al Registro principal siempre hay una fauna de individuos particulares. Son los gestores que subrepticiamente se cuelan entre los lagañosos mañaneros, pregoneros, vendedores de guayoyo y marrón, y empanaderos. Toda esa gente proveen de información, estampillas y fotocopias a los desinformados. Estos personajes, como William, que tiene su gestoría ambulante frente al Registro principal en el edificio Nacional, de Barquisimeto, suelen destacar por su labia. Pero este señor, a quien llaman licenciado, es además un ser de medio metro, patuleco, pecho ‘e paloma y quien toma nota en papelitos que guarda en un corroído maletín negro. La mujer que le sirve de asistente menciona que la "cosa" está dura. -Es que el Registrador les prohibió a los empleados hasta que nos saludaran. -!Pues eso no puede ser! Claro! que no, sentencia William. -La convención de la ONU y los tratados internacionales suscritos por el Estado venezolano, le dan derecho a uno a hablar con quien quiera. La mujer queda en silencio y balbucea. -Al menos en Juan de Villegas y aquí mismo, en Concepción, lo tratan a uno mejor. -Pues tenemos que movernos para que quiten a este hombre que no deja a los trabajadores hablar con nosotros. Masculla el gestor, mientras se arregla su bigotico que casi es un chaplin guaro. En la esquina de la plaza un acérrimo defensor del gobierno vocifera con su megáfono loas al comandante supremo. Mientras una voz anónima contesta: "-Chávez vive, la ruina sigue", y todos nos reímos burlonamente. El gestor patuleco asienta: -Te das cuenta, Pablo. Llevo mi propia encuesta desde hace meses. De diez personas a las que les pregunto por quién votarán pa'la Alcaldía de Irribarren, nueve dicen que por Ramos. Mientras que la mujer que hace de asistente, con su acento bien guaro, riposta: -Es que si aquí ponen preso a Falcón la gente se va a alzar. A todas estas ya clarea y comienzan a llegar los que atienden: un flaco con pinta de pitcher desaliñado abre la puerta y el gentío se coloca en una larga y casi infinita fila. Pero los madrugadores titulados siguen escribiendo su nombre en un arrugado papel que después nadie toma en cuenta. Llegan oficinistas y secretarias, custodios, alguaciles y escribientes. Ellos como el resto de quienes llevan en su pecho la identificación oficial, pasan a un lado de los gestores y apenas guiñan un ojo con picardía. A las ocho y media, puntual, el portero oficial (-el anterior apenas era el abridor y acomodador de las mesas y los pines de seguridad) da las indicaciones: -No se permite entrar con comida ni bebidas. Pasan primero los abogados. William y su ayudante se cuelan entre los primeros de la fila. Pasan y nadie dice nada. Le toca ir a retirar unos documentos que sus "enlaces" dentro del registro, le tienen. Pasada la hora oficial de entrada, siguen llegando titulados y la mayor cantidad de retrasados oficinistas. Arriba, en el piso 3, deben hacer más colas, más esperas. Mientras los ayudantes de William se despliegan buscando clientes y vendiendo estampillas, como también lo hace el empanadero. camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis