sábado, marzo 16, 2013

Vocación universitaria

Nuevamente se conoce el resultado de las primeras universidades en el mundo que destacan como las más eficientes y de mayor excelencia académica. Los más importantes centros que miden estos asuntos, la Universidad de Shanghai y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han presentado sus resultados. Otras instituciones, como la británica Quacquarelli Symonds (QS) y el mismo CSIC, a través de su departamento de Webométrica, dependiente del Ministerio de Ciencia y Tecnología español, indican siempre a las universidades norteamericanas como las más importantes dentro de la academia mundial. De las 100 más importantes universidades del mundo, 18 pertenecen a países europeos, 10 asiáticos, 5 canadienses, 3 de Oceanía y 2 latinoamericanas, el resto (62) son de los EE.UU. encabezada por la Universidad de Harvard, seguida por la Universidad de Stanford y el destacado Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), cuyo rector-presidente es curiosamente un venezolano. Las 2 universidades latinoamericanas son: la Universidad de Sao Paulo (puesto 19/100) y la Universidad Autónoma de México (puesto 36/100). Los criterios que usa la Universidad de Shanghai para medir la excelencia académica e incorporar centros universitarios en sus registros, están indicados en los siguientes puntos: Excelencia en la Educación: 10%. Está referido al número de estudiantes de la institución que han obtenido Premio Nobel o Medalla Fields. Excelencia de la Facultad: 40%. Referido al personal de la institución ganador de Premio Nobel o Medalla Fields, así como citas de investigadores. Resultados de investigaciones: 40%. Son los famosos “papers” publicados en la revista Nature and Science e indexados en Sciences Citation Index (SCI) o en Social Sciences Citation Index (SSCI). Finalmente, el rendimiento per cápita: 10%. Se refiere al rendimiento de los indicadores anteriores divididos por el total de académicos tiempo completo del personal. Resaltamos que solo sea en el ámbito latinoamericano donde La Universidad de Los Andes, (puesto 34/100); Universidad Simón Bolívar, (puesto 54/100); y la Universidad Central de Venezuela, (puesto 57/100) estén mencionadas. De esas 100 los primeros puestos, entre las 10 más destacadas, lo ocupan universidades brasileras, encabezadas por la Universidad de Sao Paulo, seguida por la Universidad Nacional Autónoma de México, Universidad Federal de Río Grande, Universidad Estadal de Campiñas, Universidad de Brasilia, Universidad Federal de Santa Catarina, Universidad de Chile, Universidad de Buenos Aires, Universidad Federal de Río de Janeiro, y Universidad Federal de Minas Gerais. Por su parte, la consultora académica (QS) mantiene entre sus criterios de evaluación para las instituciones, los siguientes: Excelencia académica y empresarial, cantidad de estudios y publicaciones, proporción entre número de estudiantes y docentes, presencia en Internet, y cantidad de doctores. De 250 centros de educación superior latinoamericanos evaluados, 65 corresponden a Brasil, 46 a México, 34 a Colombia, 30 a Chile y 26 a Argentina. En referencia al Ranking Web de universidades, correspondiente al Laboratorio de cibermetría (CSIC-España), adscrito al Ministerio de Ciencia y Tecnología, que mide también excelencia académica, sitúa para Venezuela, a La Universidad de Los Andes (puesto 730/25.000 del ranking mundial) como la primera institución de educación venezolana. Le siguen, Universidad Simón Bolívar, (puesto 990); Universidad Central de Venezuela, (puesto 1032); La Universidad del Zulia, (puesto 1670); Universidad de Carabobo, (puesto 1862); Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado, (puesto 2092); Universidad de Oriente, (puesto 2304); Universidad Católica Andrés Bello, (puesto 2477); Universidad Nacional Experimental de Guayana, (puesto 3110), y Universidad Rafael Belloso Chacín, (puesto 3422). Resulta interesante, siempre situados en Venezuela, que la medición de visibilidad y volumen de información presentes en Internet (no mide excelencia académica), evaluados por el clasificador Webométrica del CSIC-España, clasifica a la ULA, como el primer centro venezolano en la WEB, le siguen la Universidad Simón Bolívar, Universidad Central de Venezuela, La Universidad del Zulia, Universidad de Carabobo, y Universidad Nacional Experimental de Guayana. Consideramos que la presencia de las universidades brasileras, mexicanas, colombianas y chilenas en el ranking mundial de universidades es consecuencia de la aplicación de políticas certeras de sus gobiernos en función del desarrollo integral de estos países. Caso contrario a España, Francia o Venezuela, cuyos gobiernos no terminan de apoyar decididamente la educación superior universitaria haciendo recortes en sus presupuestos y en los bajos sueldos a su personal docente y de investigación. (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

sábado, marzo 02, 2013

Argo queda

Para 1979 vivía en Perugia-Italia, donde acudían cientos de miles de jóvenes de todo el mundo. Uno de mis mejores amigos era Nossi, un fotógrafo iraní quien debió huir de las persecuciones que la monarquía del sha Reza Pahalevi había impuesto. Su pensamiento marxista contrastaba con su secular tradición islámica. Tanto, que cuando estalló la revolución de los ayatolas sus hermanos religiosos le tocaron la puerta y Nossi debió acompañarles a la plaza Fortebraccio donde realizaron unas plegarias para darle la bienvenida al nuevo gobierno que se instalaba. Por esos tiempos también transitaba los espacios universitarios el turco Alí Agca, quien en 1981 atentó contra la vida del papa Juan Pablo II. Eran tiempos de organización de defensa y solidaridad con los pueblos del llamado tercer mundo y contra las dictaduras militares, como las de Pinochet, en Chile y Somoza en Nicaragua. Las manifestaciones que organizaban los estudiantes iraníes en Perugia encontraban solidaridad en los grupos radicales de africanos, asiáticos y latinoamericanos. No sabíamos con certeza quiénes eran esos clérigos barbudos y menos ese otro que vivía en Francia y que llamaban el imán Ayatolá Jomeini. A los pocos días vimos las dramáticas imágenes por televisión donde los estudiantes en Teherán habían rodeado y después invadido la sede diplomática norteamericana. Eso provocó una gran euforia entre los miles de jóvenes quienes hacíamos vida en la universidad. Después vinieron las noticias de las ejecuciones sumarias, fusilamientos y ahorcamientos a los torturadores y colaboracionistas del gobierno monárquico del sha Reza Pahalevi y las extravagancias de la familia real, incluyendo su esposa, familia y amigos más cercanos. El odio hacia el gobierno norteamericano se acentuó al saber que el monarca había huido a los Estados Unidos, donde aterrizó junto con un cargamento de oro y piedras preciosas en señal de amistad y buena voluntad con el Estado gringo. Los comentarios que hacían los amigos iraníes eran de total rechazo y venganza a todo lo que significara “made in USA”. Y esto por ser ese Estado el principal responsable por haber apoyado durante años al régimen despótico del monarca persa. Decimos esto pues el soporte temático de la película Argo (2012) del director Ben Affleck, quien también es su protagonista, resulta cuestionable toda vez que intenta mostrar una historia sesgada y altamente maniqueísta, donde siempre los malos son los “otros” y lo norteamericano, lo bondadoso y bueno. Indicaremos que esta cinta cinematográfica es un refrito al más trillado estilo hollywoodense donde, a falta del caballo de John Wayne –y obviamente de él mismo- bueno es una camionetica alemana y un rostro de “palo seco” como el que muestra Affleck. Refrito pues ya en 1979, casualmente, se estrena Wag the dog (Escándalo en la Casa Blanca) donde Robert De Niro, en su papel de asesor presidencial, contrata a un excéntrico productor (Dustin Hoffman) para que invente una película que aparecerá por televisión mostrando un conflicto entre EE.UU y Albania. Con ello intentan tapar el escándalo sexual que asfixia a la Casa Blanca, y que curiosamente tiene ciertas semejanzas con la realidad del caso Lewinsky. Densas actuaciones de estos dos maestros del cine de todos los tiempos. En Argo se diseña una estrategia donde se inventa una película para rescatar a seis estadounidenses (-¿personal diplomático o soldados-espías de la CIA?) quienes se refugian en la casa del embajador canadiense. Con una muy buena fotografía e inmejorable edición, sin embargo no convencen ni la música ni mucho menos la pobre actuación de Affleck. Además los lugares comunes afean la tensión de la película que, sin embargo, no llega en ningún momento a sobresaltos en la butaca. El sentimentalismo se hace presente en una conversación en unas escalinatas, donde Affleck se sincera con quien le apoya desde los estudios de cine. Un hijo y una esposa cuyo drama e historia no importan a nadie. Pasan sin pena ni gloria. Además, los lugares comunes, ya demasiado usados y trillados en la cinematografía, son lunares oscuros que entorpecen la acción y el suspenso. Uno es el teléfono que insistentemente suena mientras el guardia de la revolución islámica intenta comunicarse. El otro es el viejo autobús que en el último intento logra encender. Pero lo más curioso y menos dramático es cuando el avión recorre la pista junto con los vehículos policiales y los milicianos, a quienes el piloto no ve… o se hace el “suizo”. Más que crear suspenso lo que logra es una mueca por la coba metida. Una película patriota norteamericana de las más aburridas. No en balde contó con la “curiosa” presentación como mejor película, a cargo de la primera dama, Michelle Obama, desde la Casa Blanca. Es una película que no resiste un análisis académico cinematográfico serio. (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

martes, febrero 26, 2013

La noticia

Los ciudadanos de este pequeño país llamado Venezuela estamos mal acostumbrados a privilegiar las noticias políticas y de misses, sobre aquellas que sí son realmente trascendentes. Los políticos de toda “realea” nos han querido colocar su accionar como centro de su oscuro mundillo. Las cuitas y traiciones palaciegas, las puñaladas traperas y demás fechorías, como saltos de talanqueras, paquetazos, sobornos y un largo etcétera de triquiñuelas, se tapan con otro escándalo siempre más turbulento. Pero los ciudadanos sencillos, laboriosos y respetuosos seguimos en nuestra cotidianidad construyendo a contracorriente y por encima del empecinamiento politiquero, la vida y sus maravillas. Que un presidente regrese al país para morir cristianamente es una noticia importante mas no debe ser el fin del mundo. Otro vendrá, mejor o peor. Que sea coronada otra miss mundo o miss universo, resulta agradable a los ojos y de comentario de fin de semana. Pero también pasa. Lo que sí resulta noticioso es saber diariamente de las decenas de asesinatos y muertes que pueden ser evitadas. De los miles de asaltos, extorsiones y secuestros que ocurren y muy pocos son resueltos. Nada tan espantosamente noticioso como las miles de toneladas de alimentos que el gobierno permitió que se pudrieran y a la fecha no existen funcionarios sancionados. O el injusto encarcelamiento de los policías y comisarios, como también los crímenes políticos ocurridos en los años ´60 y ‘70s. Es justicia real, clara y ejemplarizante lo que el ciudadano exige. También aquellos cuantos, creo que más de media docena, de intentos de asesinatos presidenciales y que todavía no exista una información clara y contundente sobre esos delicados señalamientos. En un país con un Estado responsable, todos, tanto los grupos a favor o en contra, políticamente hablando, cierran filas en defensa de la majestad presidencial y aportan información para esclarecer semejante afrenta contra la institucionalidad. Pero tanto oficialistas como opositores callan o tergiversan el centro, el sentido moral y ético para asumir posturas complacientes o de interés partidista. Noticia alarmante debieran ser las escuelas que están en situación deplorable en varios estados del país, o la insuficiencia presupuestaria a las universidades republicanas, públicas, autónomas y democráticas, acosadas por un gobierno militarista, autoritario y mentiroso. Información para salir a manifestar y denunciar es la dramática infraestructura del transporte terrestre público, que ha causado tragedias, como en Barquisimeto con los llamados “rapiditos” o en Puerto Ordaz con las “perreras”, vehículos que son muestra de una sociedad sometida al vejamen constante por gobiernos estadales y municipales claramente ineptos que maltratan constantemente la dignidad del ciudadano. Ya es insostenible para el venezolano tener que leer o escuchar noticias donde se privilegia el tema político como noticia única en la Venezuela actual. Mientras los medios de comunicación se acoplan a esta mala práctica de convertir en noticia lo menos significativo, el “show” como circo romano acelera su carcajada dejando tras de sí a las marionetas, tanto del lado rojo como del azul, que corean lo que detrás de bambalinas varios “adelantados” guionistas escriben para que no se noten las costuras de un día a día plagado de riesgo, dramatismo y llanto, donde madres, padres, abuelos, hijas de esta llamada familia venezolana deben transitar para sobrevivir el espacio minado donde habitamos. Pero aún y a riesgo de parecer repetitivo tengo absoluta seguridad de saber que la sociedad venezolana, los ciudadanos mayoritariamente decentes, sabremos superar esta tragedia moral y ética que la actividad política ha querido enlodar. Siempre habrá ciudadanos que muestran senderos donde transitar un mejor destino. Y esto último resulta el centro de la angustia del venezolano de siempre: el camino de moralidad y ética que nos quieren arrebatar los cerca de 200 mil malandros, asesinos y secuestradores, mejor armados y organizados que las policías, y unos pocos políticos complacientes, colaboracionistas, quienes intentan imponer un estado de incertidumbre y desconfianza en la población. Ante esa fácil vida y rostro de falsa carcajada, que sea la solidaridad, la unión de las mayorías decentes, el estudio y el trabajo constantes y dignos lo que brille e ilumine esta oscuridad donde quieren reinar los falsos y demagogos políticos con sus noticias trasnochadas y decadentes. (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

lunes, febrero 18, 2013

Fin de mundo

Mi madre me contó que en Coro, cuando ella era una niña, allá por los años ‘20s., anunciaron el fin del mundo. Ella vio en pleno día cuando el sol se oscurecía y los gallos comenzaban a cantar, las gallinas se fueron a dormir mientras los perros aullaban de miedo. Me decía que la gente salía de sus casas y entre lágrimas y abrazos se despedían. El dueño de la bodega regaló todos los víveres. Además, abrió una botella de ron y se la fue bebiendo mientras abrazaba a su esposa e hijos. La algarabía era grande. La oscurana se apoderó del pueblo y muchos se arrodillaron en señal de arrepentimiento y suplicando misericordia al creador. Me decía que era tanta la gente llorando y lamentándose, que había mujeres desmayadas en la calle, hombres borrachos deambulando con sus “carteritas” de caña blanca entre las manos. Los niños lloraban y hasta el cura se cubrió con sotana negra y Cristo de palo santo mostrándolo al cielo. En esos momentos la gente solo atinaba a pedir perdón y encender velas. Hubo uno que repartió sus morocotas de oro, otros daban sus enseres y otros más se confesaban en plena calle. Todo el pueblo de Coro era una cueva de lobos de tanta oscuridad. Me decía que en plena calle los maridos confesaban a sus esposas los amoríos con mujeres de la “mala vida” en la zona de tolerancia y en el bar de Hilarión. Nada parecía detener la confesadera de unos y el perdón de otras. El pueblo era puro llanto y ladrar y aullar de perros en el negro momento de ese infausto día. Solo se atinaba a escuchar de boca de las esposas los perdones y arrepentires de los maridos. De pronto todo se hizo silencio. En lo más alto del cielo se empezó a ver un hilo de luz mientras el disco solar iba ocupando su puesto al tiempo que la luna se desplazaba gradualmente. Todos se miraron medio asombrados, medio incrédulos. Poco a poco la gente empezó a tocarse y a balbucear medias palabras. Hasta que un borrachín salió trastabillando del botiquín de la esquina y con cara adormecida y muecas que asemejaban a los gatos de azoteas, exclamó: “Pero bueno! Van a seguir esperando el fin del mundo? No ven que bicho malo no se lo lleva ni el mismo diablo”. Enseguida la gente reaccionó. Unos se volvieron a arrodillar en señal de milagro. Otros besaban el suelo, pero las esposas se quitaron zapatos y zapatillas y la emprendieron contra sus esposos. Aquello era una tiradera de zapatos, cachetadas, bofetadas y reclamos a viva voz. El cura llamó a la calma y a la confesión. Pero nadie le hizo caso. La gente se enfiestó en la calle. Las beatas se metieron con el cura en la iglesia para preparar una procesión de gracias al señor por tan misericordioso milagro. Han pasado los años y el mundo sigue y sigue girando. Apenas el año pasado volvieron a mencionar otro fin de mundo. Se decía que era el día 12 del mes 12 del año 12. Fecha cabalística, pero nada pasó. Lo que sí he podido apreciar es que los vendedores de sahumerios y demás hierbas y bebidas espirituosas, junto con los agoreros astrólogos y afines, hacen sus buenos negocios. También los aprendices de brujos que dictan cursos de milagros, y quienes se dicen enviados o representantes de algún babalao o gurú orientalista. Cada cierto tiempo y cuando aprieta la escasez económica y las barrigas se achican, además de algún abandono amoroso, cierta población se viste de blanco o coloca cintas de colores en sus cabellos. Otros se colocan biblias entre los sobacos como llevando un pan sobao, y se “empaltolan” y otros más, tocan panderetas y caen al piso cual mal de san vito. Pero a mí se me hace que detrás de esto hay un gran misterio. El misterio del libre mercado de quienes tienen labia y de aquellos depresivos que esperan que le digan lo que quieren escuchar. Mientras gastan sus ahorritos en manuales, libritos al estilo Paulo Coelho o simplemente, van en busca de la vaca para echarle la culpa. El mundo, si es que se acaba, se termina para quien se muere. Los vivos, esos bichos llamados curas, pastores o adivinos seguirán vivos y buscando adeptos para su causa: la ignorancia llamada superstición, ortodoxia y fanatismo. (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

lunes, febrero 04, 2013

Luis Sutherland

La última vez que le vi tenía en sus manos un libro sobre corsarios, piratas y filibusteros. Me habló de esos fantásticos hombres que cierta vez pasaron por las costas de Venezuela y también muy cerca de la Angostura y de la vez que los curas de ese pueblo seco y áspero debieron huir de semejantes seres, junto con sus cristos, santos y hasta los archivos. Después nadie supo dónde fueron a parar las actas de nacimiento ni defunción de los angostureños de esas épocas. Quizá por eso aún anden esos seres afantasmados saliendo por las esquinas, por las estrechas calles del centro de ese sitio dicho hoy Ciudad Bolívar, lugar de recuerdos y olvidos, buscando una identidad perdida. Antes, por los años setenta, Luis Sutherland era una de las presencias obligadas en las noches de la Escuela de Letras, en la UCV de la postrenovación y un rostro familiar en las altas madrugadas, en la Caracas de El Gran Café, el Chicken Bar, la Vesubiana, El Gato Pescador, la calle de la Puñalada, Franco’s, el Molino Rojo, La Bajada. Junto con su sombra de amistad, Luis Camilo Guevara, Sutherland formaba parte de la Gran Asamblea de ciudadanos libres, en la República del Este. Pero Luis también tenía otra presencia; la mirada melancólica y como ida hacia otras realidades mucho más hondas, antiguas y desquiciantes. Vivía con sus tormentos seculares, sus antiguas voces que intentaba encontrar entre sus amores, amigos y conocidos. Apenas tres libros publicados: Relación de un pasajero oculto (Premio UCV y Municipal de Poesía) La puerta de la pequeña separación (Premio internacional UNESCO) y, Juegos de la existencia. La voz poética de Sutherland se entrelaza en la atemporalidad de un discurso de la memoria mientras los fragmentos de vida discurren como una malograda película que junta piezas de amores que transitan por un mundo que ya no tiene razón de ser, cuya existencia hace tiempo falleció. Son esos valores, esos pedazos de moral, de ética, de principios que andan por ahí y nadie sabe a ciencia cierta qué peso tendrán en la piel de esta nueva juventud, de estos nuevos amores, de estas construidas y re-construidas maneras de hacer amistad. Términos como patria, país, religión, ideología, política, amor, amistad, tienen en la construcción poética de Luis Sutherland la apenas presencia de lo efímero y fracasado. Ser eso, un fracaso andante, apenas sombra que disminuye su presencia en el cuerpo poético de la escritura de este escritor ido hacia la noche eterna del alma. Como sus poemas, Luis partió sin mucho adiós porque desde siempre quiso irse así, o quizá desde hacía años ya se había confundido entre sus textos. En sus escritos persiste el temblor de una poiesis que nombra lo amoroso, sensualidad y derrota ante la amada que siempre parte y que deja el detalle en la mirada que cae al suelo y se cierra, cansada de tanta madrugada andada por las calles buscando acaso nada o la silueta de Ella, que siempre aparece nombrada de manera sesgada, mientras la violencia de los días dibuja la realidad de un país que se derrumbó, que se cayó a pedazos. Escribe Sutherland: “Este final de siglo que se marcha / entre serpentinas / de vivísimos colores / con una música nefasta / donde tenebrosos acordes / mueven a címbalos y payasos / A mercachifles y matarifes / A tenebrosos políticos y corte y cortesanas / A usureros y confidentes / A suicidas y filicidas / A traficantes y miserables / Todos felices danzando / Ellos sólo ellos / Anuncian la caída del reino / que no llegó a serlo / por los arribistas / falsarios de la política / de las artes todas / Cuando no hay contrafigura”. La palabra de Luis es directa y lacerante, no conmueve sino que pega y duele en lo hondo y deja sus heridas abiertas en la piel social putrefacta, pero también deja al descubierto esa otra dolencia, acaso esa real y cierta de la vida andada en piel desollada, que es la nuestra y esta de todos los días: “Y nada interesa y nada sentimos y nada puede ser / Mejor aquel momento cuando la vida / decía más sobre la emoción de ser / mejores personas / por tener el sol en nuestras almas / frente a lo que somos / ya investidos de tristes figuras / frente a lo que somos / ahora / infelices ridículos fantasmas / de esta época de sangre y fuego.” Es esta la vida donde cada uno se aferra a sus memorias, a su espacio como hiena herida en el desierto de eso llamado país donde habitamos como huérfanos, como sombras, entre amores furtivos, descoloridos, colas para cancelar deudas, encuentros desgastados, frente a la cajera del negocio que te mira como buscando un atisbo de hermandad y no la encuentra. La poesía de Luis Sutherland, por estar tan apegada a esa otra vida, esa de la celebración y la plenitud del ser, abre y deja al descubierto esta vida que afanosamente busca entre los desechos humanos “La idea de cambiar el mundo para cambiar la vida” Esto es lo que somos. (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

domingo, enero 27, 2013

Mucho rosa y poco azul

Sin lugar a dudas es la Ilíada de Homero el mayor culebrón de la historia. De ese extenso poema se han originado los estereotipos que prefiguran el lagrimeo de una humanidad que poco ha avanzado para superar su quebradizo comportamiento emotivo, que lo vincula a sus pulsiones más íntimas hasta elevarlo a pasiones de fe y paroxismo. La imagen arquetipal del amor y lo amoroso ha sido el motor que por siglos ha movido al mundo. Bien arrastrando a unos a conflictos bélicos, como cuando Paris rapta a Helena y arde Troya, bien en la cotidianidad de las relaciones filiales, de amistad o propiamente amorosas, tanto heterosexuales, homosexuales, bisexuales o transexuales. Este parece ser el tema que en Azul y no tan rosa (2012) presenta el realizador Miguel Ferrari, un film de este director quien además es productor y autor del guión de su opera prima, donde la argumentación para hilvanar los trazos de visiones sobre el mundo de las minorías sexuales, se difumina en pequeñas aristas entremezcladas con valores sobre el amor, la amistad, la solidaridad y el respeto a las minorías sexuales excluidas. Todo ello mientras el film alcanza su máxima tragedia en el desenlace que lleva a la muerte de Fabrizio (Sócrates Serrano). Diego (Guillermo García) es el novio de Fabrizio, quien es un conocido pediatra. Por su parte, Diego es un fotógrafo que en su juventud tuvo un hijo, Armando (Ignacio Montes) a quien no veía desde hacía cinco años y quien regresa a visitar al padre cargado de rencores y temores. La trama se intensifica cuando el joven médico es agredido por unos pandilleros homofóbicos. Muere entre los acordes de un aria que se escenifica de buena manera en un teatro que resalta su fina ornamentación, y mientras Diego enseña a su hijo las imágenes fotográficas que se revelan en el laboratorio. El guión registra una saturación de argumentos que parecen presentarse en secuencias que llevan a un cierto cansancio de la trama y que, sin embargo, logran salvarse y en momentos superar el tedio, merced a los instantes de humor negro que una bien transformada Hilda Abrahamz (Dolores del Río) saca risas y relaja un tanto la cruda historia de quienes sufren en silencio esta discriminación. Buenas interpretaciones logran Elba Escobar, Juan Jesús Valverde y Carolina Torres en el papel de Perla Marina, como señora de servicio, mujer golpeada por el macho heterosexual. No es la primera vez que este tema se presenta en nuestra todavía poco desarrollada industria del cine venezolano. Apenas en 2009 se estrenó una discreta película, Cheila: Una casa pa´ Maita del realizador Eduardo Barberena, que pasó desapercibida para el público por la escasa promoción recibida. Esta nueva propuesta sobre un tema que gradualmente se abre a la discusión pública y familiar, logra interesar por varias razones. Creo que una de ellas es la presión de los dirigentes de las ong´s que luchan para encontrar protección y leyes que protejan a estas excluidas minorías sexuales (LGBT). La otra es por la ironía y humor negro presentes en la cinta. Quizá acá es donde, por ignorancia y analfabetismo cinematográfico, la audiencia venezolana se engancha y ve y observa con “ojos benevolentes” la tragedia de quienes viven en la Venezuela moderna la agresión de los homofóbicos, personas que en el fondo temen la presencia de estos seres humanos. Engancha además esta película por el buen manejo de cámara y la ingeniería de sonido que permite escuchar sin mayores ruidos los parlamentos de los personajes, quienes saben desplazarse en el espacio de sus encuadres. Plasticidad en los giros de un baile por demás sensual y fotográficamente bien captado, aunque también demasiado abusado para nuestro gusto. Las locaciones (Caracas, Mérida, Madrid) logran en sus detalles la sensación de espacios limpios, cuidados y maravillosamente logrados. Mención especial la locación de una estructura policial que finalmente deja atrás la mentalidad de ranchería hamponil. Esto se observa además, cuando es apresado el asesino homofóbico. Sin embargo, la sensación de lo edulcorante, la melcocha de lagrimeo tienden a desgastar y hasta abusar un tema que intenta irse por el enganche del amor y lo amoroso, como conceptos universalmente aceptados. Creo que este tema y quienes dentro de él se mueven, tienen y deben ser aceptados en primer lugar porque son seres humanos. Después vendrás las demás aceptaciones, sus diferencias, sus gustos y colores de preferencias. Una cinta cinematográfica hispano-venezolana llena de buenas intenciones, de discusión familiar y educativa. Temática que cada día alcanza mayor realidad en la cotidianidad de nuestras acartonadas vidas, donde la heterosexualidad debe ceder espacios para darle la bienvenida a quienes sienten y ven la vida desde otros ángulos de sentimientos y la aprecian, ya no tan azul y sí un poco más rosa. (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

sábado, enero 19, 2013

Temores

Los últimos años en nuestro país han sido difíciles. Sobre manera cuando no se tiene una visión amplia del destino histórico en quienes habitamos esta parte del mundo llamada Venezuela. Ciertamente que han existido y seguirán existiendo, tanto en la Colonia como en la posterior etapa de Independencia y luego republicana, prohombres que han visualizado nuevos destinos para la sociedad en su conjunto. Existe sin embrago, una suerte de destino común que nos hermana a todos. Ese destino está soportado en la serie de desventuras, alegrías, traumas, éxitos y fracasos que expresamos a través de una misma historia, una misma religión y fundamentalmente un mismo idioma. A ese destino común que es la base de nuestra cultura nacional deseo referirme. Existen estudios que presentan a los militares y lo militar venezolano como presencia permanente en la vida ciudadana, particularmente porque ellos han representado, inicialmente, los civiles que en su momento debieron utilizar las armas para establecer la República. De allí que la presencia de los militares y de lo que representa lo militar en el colectivo venezolano, es visto desde una perspectiva “normal” y hasta necesaria en la medida que ellos han representado la seguridad, la sobrevivencia del Estado frente a los poderes externos, y en amplitud a ello, indicaríamos que hasta de protección y arbitraje. Es ciertamente difícil y hasta arriesgado atreverse a afirmar que los militares resolverán la problemática socioeconómica y política de nuestra sociedad, siendo que los civiles, líderes en todos los órdenes de la vida nacional, han permitido la “laxitud” del gobierno del Estado en la generalidad de sus actuaciones. Pero diremos con toda la fuerza de nuestra consciencia y nuestra formación intelectual y académica, que en las circunstancias actuales no podemos esperar que los militares ni lo militar solucionen nada. Ningún proceso social orientado hacia la libertad del hombre y que sea verdaderamente moral, ético y estético, podrá darse en una sociedad donde los militares ejerzan liderazgo. Peor todavía, ninguna sociedad moderna ha podido desarrollarse de manera amplia en regímenes militares. La dictadura siempre es contraria al progreso de los pueblos. Es una contradicción conceptual, filosófica, ideológica y política afirmar que los procesos democráticos, bien de representación, participación e incluso una verdadera sociedad socialista, comunista o anarquista, pueda desarrollarse con una visión militarista o en abiertas dictaduras militares. Solo las sociedades que logran educarse, capacitarse y alcanzar niveles ético-estéticos integrales y que se basan en sus tradiciones y que se orientan con vocación de servicio social, como consecuencia de una visión cultural en sus estados, podrá acceder a estadios superiores de florecimiento cultural. Hemos vivido bajo una aparente democracia (de aspecto solo representativa) y que en la práctica devino inmensa letrina donde los llamados padres de la democracia, hijos, parientes y demás sujetos bípedos, otorgaron a ese incipiente proceso una connotación negativa que hizo del destino democrático de la sociedad en su conjunto, una oportunidad para quienes tenían posibilidades económicas y de compadrazgo político. Por ello la costumbre del padrino y de los grupos y partidos políticos que se transformaron en gestorías y agencias de peajes y atrasaron el proceso histórico de la sociedad venezolana hacia mejores oportunidades de vida. Así como existe una inmensa cantidad de venezolanos que han obtenido con su esfuerzo una posición socioeconómica fuerte y digna, también existen otros muchos que lo han logrado bajo la sombra de un Estado paternalista que los elevó desde la pulpería o la cantina del cuartel que regentaban, hasta posiciones institucionales que les permitió y les permiten el logro de dinero fácil e instantáneo. Ocurre que mientras unos se aprovecharon del Estado y aprendieron tácticas pícaras de legalidades inmorales, muchos de los inquilinos del gobierno son absolutamente torpes, resentidos sociales y políticos, y fuertemente talibanizados, esto es; ignorancia rasa en teorías sobre procesos de filosofía política e incapacidad gerencial para administrar la Cosa pública. De estos enfrentamientos entre “bandas políticas, militares y económicas” aparentemente contrarias, solo nos queda esperar y estar siempre del lado de quienes verdaderamente entienden que los procesos sociales se basan en la afirmación de una cultura expresada en un mismo idioma, una historia común y una expresión religiosa que se encuentran en la solidaridad, la educación y el trabajo dignos. La vida de los pueblos son largos corredores, tortuosos donde quienes hoy se enfrentan en sus liderazgos políticos y económicos, mañana se dan de abrazos mientras las comunidades continúan padeciendo la misma violencia de un Estado inmoralmente dirigido, ora por godos derechistas, ora por talibanes izquierdosos. Todos con mentalidad militarista (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

miércoles, enero 09, 2013

Rapidito

Edoardo, médico residente en el hospital central de San Felipe, debía presentarse a su guardia de rutina a primera hora de la mañana. No se le ocurrió mejor solución para llegar a tiempo de pasar revista a sus pacientes que montarse en un “rapidito”. De un solo “cholazo” apenas duró poco más de media hora entre Barquisimeto y la capital yaracuyana. Metido como sardina en lata detrás de un vehículo de esos llamados “ranchera”, iba semi acostado en la parte trasera de la camioneta. Los demás pasajeros conversaban o revisaban sus celulares. Cosa común en la capital larense es ver estos transportes de pasajeros que no poseen las mínimas condiciones de seguridad y mucho menos para funcionar como medio de transporte y andar circulando por las calles y avenidas de la ciudad. Son automóviles de poco más de 50 años de funcionamiento. Todos poseen sus puertas traseras (por donde se encaraman los usuarios) sostenidas con palos, cabillas o sencillamente abiertas y oscilando al movimiento del vehículo. Todos esos transportes de pasajeros, como su apodo lo indica, circulan a exceso de velocidad por su característica común: deben ir más rápido que los demás transportes colectivos. Para sus conductores no existen reglas ni principios en cuanto a vialidad se refiere. Se detienen a dejar pasajeros en cualquier parte de la vía pública. Pocas veces se detienen frente a un semáforo en luz roja. O se estacionan sobre la franja donde pasan los peatones. Los vehículos circulan con las mínimas condiciones mecánicas y muestran de manera evidente en su latonería los rastros de colisiones, ralladuras, abolladuras, rotura de partes y por si fuera poco, el uso de neumáticos en riesgosas condiciones de mantenimiento. Pero esto no es exclusivo de los usuarios larenses. En Puerto Ordaz y San Félix, en el estado Bolívar, al transporte de pasajeros se les denomina “perreras”. Son vehículos tipo “pickup” modificados para el transporte de personas. En su interior se han colocado pedazos de tablas o adecuado taburetes para que los pasajeros puedan sentarse. Las personas deben subir por su parte trasera, y luego van pasando y compactándose cada vez más estrechamente hasta donde el colector (especie de cobrador improvisado) lo indique. Estos transportes están diseñados, supuestamente, para las rutas en las barriadas populares más intrincadas de la ciudad. Es espantosamente denigrante observar cómo circulan esos transportes con seres humanos quienes muestran manos, piernas, rostros sudados, colgados como falsos muñecos en las esquinas de esos improvisados vehículos para pasajeros. Ahí no existe condición humana. Los principios, valores, respeto a los derechos humanos están ausentes. Eso puede verse a primera hora de la mañana o al final de la tarde. Es el tiempo cuando en las paradas las personas se preparan para literalmente saltar sobre las perreras que de tanta gente encima, van por las calles y avenidas de la más importante urbe del sur del país, mostrando cómo se degrada al ser humano hasta la condición de semianimalidad. Tema aparte es la amenaza de las bandas de hampones, rateros, violadores y criminales, rostros que de improviso aparecen para despojar a los pasajeros, conductor y colector hasta de la vida. Cada usuario tiene y cuenta su propia historia mientras toma aire, y te dice: “-Al menos estoy vivo” Pero tanto en Barquisimeto como en Puerto Ordaz, San Félix, y quizá en alguna otra ciudad las autoridades, desde el fiscal de tránsito, policías, alcaldes, gobernadores, entre otros, están en el deber moral de impedir que estas manifestaciones de la mentalidad marginal se sigan materializando. Ya en el pasado han ocurrido accidentes fatales, tal el caso de una de estas perreras que por desperfectos mecánicos fue a dar al río Caroní perdiendo la vida varios pasajeros, o los continuos choques y arrollamientos que se generan por las malas condiciones de los rapiditos en Barquisimeto. Edoardo, todo un médico de la traumatología y la ortopedia, pudo llegar a su destino sin mayores contratiempos, salvo las magulladuras de ir apretujado entre el gentío y los olores mañaneros de mantequilla, café negro y el reguetón del momento. Pero el regaño de su madre convirtió esa primera vez en la única aventura de su hijo pródigo. Tuvo suerte, después de todo. Los ciudadanos venezolanos tienen derecho a contar con unidades de transporte público aptos para esas delicadas funciones. Y sobre todo, con conductores de transporte que sean verdaderos “profesionales del volante”, como comúnmente se les denomina. Agregamos a ello, la educación vial que eduque en el trato digno al pasajero y el uso de un “hilo musical” que permita, tanto al conductor como a los usuarios el disfrute de un viaje cómodo y placentero. (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

lunes, diciembre 24, 2012

Esas piernas

Había abordado el metro en Roma. Venía de Perugia, ciudad etrusca al centro de la Umbría. Finalizaban los años setenta. Todo en la Italia de ese tiempo era un “sciopero”, una huelga permanente. Pero en verano los italianos dejan todo a un lado y se preparan para sus vacaciones. Mientras me sentaba avisté a no más de metro y medio la silueta de unas piernas que, entrecruzadas, descansaban sus pies en unas sandalias de cuero marrón, muy al estilo de las antiguas romanas imperiales. Era una joven de no más de veintidós años, delgada y de nariz perfilada y cabello negro, largo y brillante. Tenía entre sus manos un pequeño bolso de tela. Quizá me quedé contemplando esas piernas y pies durante ocho o diez minutos. La mirada la interrumpían los continuos transeúntes que entraban y salían del vagón. Pero mis ojos seguían enfocados en esas tan delicadas piernas y en los pies que poseían la elegancia y refinamiento de quien los mostraba en todo su esplendor. Paulatinamente el vagón se iba quedando solo. Las piernas, sin embargo, permanecían imperturbables. Quizá muy quedamente se alargaban para dejar ver una silueta contorneada de pantorrillas exquisitamente delineadas, firmes, blancas y bronceadas. Intuí entonces que el verano acentuaba en esa piel el cálido “ferragosto”. No supe cuándo quedamos solos en el vagón. Ni tampoco el instante cuando ella dejó de mirarme y volteó para ver la próxima estación. Yo solo miraba esas largas y refinadas piernas y esos exquisitos pies. Acaso parte de la falda de seda italiana que delicadamente caía apenas un poco más allá de sus rodillas. Ella se preparó para salir. Entonces quedó un espacio vacío que dejó después de levantarse. Ese espacio lo ocupó la sensación de desarraigo que experimenté cuando apenas cruzó la puerta de salida del vagón. Volteó y vi su rostro y esos ojos oscuros que melancólicamente se despedían mientras se perdía entre la muchedumbre que transita por las calles de la “cittá”. No sé cuántos minutos permanecí contemplando ese asiento vacío. Ella permanecía allí. Su imagen quedó grabada en mi existencia como parte de mi carne y de mi sangre. No quise abordarla ni tampoco me importó el timbre de su voz, ni su mentón, ni sus manos, ni sus labios. Solo apreciar, vivir esas largas piernas que terminaban en unos pies de finos dedos y con la piel quemada por el sol. Esas piernas cruzadas, descansando mientras sus muslos se arropaban en un vestido de verano. Por la ventanilla del vagón vi como se esfumaba por entre el bullicio de manos, rostros, espaldas y vestimentas de verano de cientos de anónimas personas. Pero ella, aún sin conocerla ni saber su nombre, adquirió un rostro propio y sobre todo, un espacio en mi memoria. Ha permanecido sentada en ese vagón mostrando sus piernas y sus pies, como una película que se repite infinitamente. Ahora, entrando al vagón de mi memoria, y después de tantos años de aquel encuentro, vuelve la lozanía, la piel tersa y exquisita de unas piernas que siguen transitando mis ojos, y entonces regresa la infinita y jovial aventura de la primera vez, la emoción de vivir la plenitud de los instantes, de esas incandescencias, esas ráfagas de esplendores de vida que ofrecen los contornos, las siluetas, las curvas de ese misterioso, sobrecogedor y esplendoroso ser que es la mujer y lo femenino. (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

miércoles, diciembre 12, 2012

La flauta de Rufo

Mi tío Domingo era un andino que había formado parte de las jóvenes tropas del naciente ejército nacional del general Juan Vicente Gómez, allá por los inicios del siglo XX. Sabía de las andanzas de los caporales andinos en el poder. Había lucido su uniforme como Sargento Mayor. Después de tanta lucha y peleas terminó viviendo con nosotros. Ayudaba en la casa cuidándonos en lo que podía. Como buen andino era de recto proceder, terco y serrano. Recuerdo que siendo apenas un niño de entre 5-6 años, asmático y sumamente delgado, estaban en la casa unos amigos de mis padres, entre ellos un médico. Yo me acerqué al lado de mi madre, mientras jugaban una partida de dominó. Estaba apenas con un pantalón corto. Al verme, el médico le comenta a mi madre: -Comadre, ese niño está muy flaco. –Es bueno que le des un poco de hierro y también fósforo para ver si engorda. Mi madre afirmó con un gesto mientras mi tío, quien siempre estaba silencioso, escuchó lo dicho por el médico. A los días y mientras mi madre preparaba el almuerzo, mi tío se acercó a la cocina y al momento de entregarle unas “busacas”, le dijo: -Aquí tiene, Carmen. –Eso es para que le dé al muchacho. Mi madre abrió las bolsas. Había desde tuercas, clavos, tornillos, hasta arandelas y unas cuantas cajitas de fósforo. Asombrada, mi madre le pregunta: -Pero bueno, Domingo! cómo le voy a dar esto al niño. No ve que eso no se mastica. A lo que el viejo soldado le riposta: -Pero no ve que eso fue lo que le mandó el doctor! Ese era mi tío Domingo, quien también tenía un viejo burro y con él, salía por las tardes a vender pan por las veredas y calles de las recién inauguradas nuevas urbanizaciones de la Maracaibo de finales de los años ´50s. Mamá hacía el pan y luego mi tío los metía en unas cestas que se sostenían en el lomo del viejo Rufo. Iba junto al asno caminando mientras Rufo balanceaba aquellas cestas tejidas con varas de palmeras con su oloroso alimento. Rufo siempre iba lento y su docilidad era emblemática. Se diría que hasta cierta tranquilidad la había copiado de su dueño, quien no se daba mala vida por nada. Eran ambos tranquilones, silenciosos y pasaban casi desapercibidos en la cotidianidad de los soleados días maracaiberos. Solo que cierta vez, ya entrada la tarde, la usual mansedumbre de ambos se vio alterada cuando Rufo alcanzó a escuchar a una joven yegua que pasó por la esquina. Aquello hizo que a Rufo se le inflara la flauta más de lo normal. Iba por las veredas, calles y bocacalles mostrando tremendo pan sobao mientras rebuznaba como galán quinceañero. Mi tío no pudo controlarlo. Se le soltó de las viejas bridas y se fue detrás del rastro de la yegua. Al rato entró el viejo soldado a la casa. Sudaba y se le veía la cara de preocupación. Las amigas de mi madre, quienes tomaban el café de la tarde, de repente se quedaron boquiabiertas. –Domingo, y Ruf… No había terminado mi madre la pregunta cuando el otrora cansado y viejo asno entraba por todo el medio de la sala, rebuznandito, con su rabo saludando de un lado a otro y con sus orejas levantadas… y además, con aquella tremenda flauta brillosa y erecta. Poco le faltó para emitir un silbido de complacencia. No hubo mayor comentario. Las señoras terminaron de ver de reojo la animalidad de Rufo, mientras algunas dejaban exhalar un profundo respiro al tiempo que terminaban de tomarse su café. Mi madre despidió a sus amigas mientras desde el fondo oscuro del patio se escuchaban los estruendosos rebuznos del viejo Rufo. (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

martes, noviembre 27, 2012

Homofobia

Me comentaba hace algunos años un amigo en Puerto Ordaz que en política te pueden tildar de inepto como funcionario y no es asunto grave. Incluso te pueden señalar de corrupto y hasta se ve bien, pues se entiende que eres “avispao” y “pilas” para hacerte del dinero ajeno. Pero si te tildan de homosexual es como un estigma, una duda que jamás se borrará. Y esto último es cierto. Tildar en Venezuela, y creo que en la mayoría de países latinoamericanos, a un hombre de homosexual es como señalar que padece de una enfermedad incurable, transmisible y que debe ser, por tanto, abandonado al ostracismo. Hasta acá funcionaba así la subrepticia vida política, religiosa, social, militar en nuestro país. Las contradicciones con los años se han desatado hasta ahora cuando aparecen los síntomas inequívocos que muestran una sociedad que se ha hecho intolerante, ya no en los aspectos políticos, también en lo religioso, y concretamente, en lo sexual. La comunidad LGBT (lesbianas, gais, bisexuales y transgénero) ha visto cómo paulatinamente se le han cerrado sus espacios, como por ejemplo, las playas de Choroní. Allí, hace poco tiempo se vivió un fuerte altercado como consecuencia de la intolerancia, no tanto de personas heterosexuales como de las mismas autoridades, quienes arremetieron contra algunas personas por su condición sexual. Les destruyeron sus símbolos de identificación como comunidad (la bandera arcoíris) y les cayeron a insultos, golpes, peinillazos y batazos. Recientemente se ha podido observar otro caso vinculado a la homofobia. Fue en el estadio Pueblo Nuevo, de San Cristóbal, donde un grupo de fanáticos del Deportivo Táchira impidió que su equipo se enfrentara al Atlético Venezuela, porque el once andino vestía una franela de color rosado, en apoyo a la campaña de la organización Senos Ayuda, de lucha contra en cáncer de mama. La trifulca que se formó obligó a suspender el partido. Lo triste no es tanto la desinformación e impedimento de un partido, como la intolerancia y homofobia manifiesta en quienes se opusieron violentamente a esta actividad. Pero si esto fuera poco, en Maracay, hace escasos días, un joven fue quemado por su condición homosexual. Frente al liceo donde el joven acudió para intentar inscribirse y cursar su escolaridad, le esperaban tres sujetos quienes, después de ofenderlo, insultarlo y amenazarlo por su condición sexual, le rociaron gasolina y acto seguido, uno de ellos, menor de edad, encendió un fósforo y se lo lanzó. El joven fue auxiliado por la comunidad y llevado al hospital donde se encuentra con 80% de su cuerpo quemado. No voy a entrar a consideraciones intelectuales, religiosas ni morales sobre si la homosexualidad debe o no ser aceptada, así como las de otras comunidades sexuales, como pansexuales, intersexuales o transgénero. Dejo a otros estos asuntos, sobremanera si estos seres humanos son producto de mutaciones genéticas, como ha afirmado Francis Fukuyama y su nueva neoética, o si es la sociedad que los ha, supuestamente, deformado. Respeto en principio, el absoluto derecho de estas personas ha manifestar públicamente su tendencia sexual, como lo hacemos los heterosexuales, bajo el respeto irrestricto a las normas y principios que rigen nuestra sociedad. Pero lo que resulta inaceptable es el proceder de una gran parte de la sociedad, que paulatinamente se ha vuelto intolerante y se manifiesta abiertamente, contra otros seres humanos, ya no burlándose de ellos en su cara (-que fue una etapa en este proceso de degradación social) sino que desde un tiempo para acá, procede a usar la violencia, tanto contra los símbolos (colores, banderas, indumentarias, saludos, formas kinésicas) como en la agresión verbal y física. Resulta curioso que quienes ejercen esta violencia, homofóbica y lesbofóbica, son individuos, hombres y mujeres, que en muchos casos han sido “violentados” o poseen recuerdos dolorosos de agresiones infantiles o con parejas de sexo contrario. Es una especie de venganza, de odio oculto por aquello que no pueden o son incapaces de hacer. Les dicen popularmente que no se atreven a “salir del escaparate”. Creo que en Venezuela se ha intensificado la homofobia y por tanto, la intolerancia contra las personas sexualmente diferentes a la mayoría heterosexual, básicamente por la debilidad educativa (véase este video: http://www.youtube.com/watch?v=B8QJov-EUMY) donde un prof. universitario, tilda a los homosexuales como “enfermos”. También por la quebradiza posición del gobierno del Estado frente a este tema (-Por cierto, un funcionario del Min. de Cultura declaró abiertamente que era homofóbico), y también por parte de algunos medios de televisión, que en sus programas humorísticos, presentan personajes homosexuales como seres carentes de atributos intelectuales, genéticamente inferiores, y por tanto, son motivo de risa y burla. Pienso ahora en Benedetti y su poema “Y si dios fuera mujer”. @camilodeasis camilodeasis@hotmail.com

miércoles, noviembre 21, 2012

Anarquía

Cierta mañana mientras caminaba con mi esposa para encontrar un sitio donde desayunar, en Chichiriviche, vimos a una mujer de no más de 35 años, orinando detrás de un carro. Muy sonreída se alzó, se ajustó sus pantalones y dando pequeños saltos salió corriendo y se perdió entre el gentío que comenzaba a llenar las calles del pueblo. Esa mala costumbre alcanza ahora la cúspide con las imágenes de la vedette Diosa Canales, quien se fotografió mientras orinaba en “campo abierto”. Para mayor descaro, hace unos días, mientras transitaba por la avenida Libertador de Barquisimeto, a pleno día, un anciano que no era pordiosero, al lado de un semáforo, se abrió la bragueta y orinó sin mayor rubor. También por esa misma avenida, justo en la intersección con la Rómulo Gallegos, existe un taller de gandolas y camiones que realiza su trabajo en plena vía. Toda una cuadra está saturada con estos vehículos. La jardinería fue destruida por la acción del derrame de aceite, grasa, gasolina y otros líquidos, fluidos y gases de motores. Es un espectáculo de agresión contra el ciudadano y la ecología, lo mismo que ver orinar a esas personas lo es contra el decoro y las buenas costumbres en toda sociedad. Pero si esto fuera poco, habría que ver cómo han sido "asaltadas" las esquinas de este país por saltimbanquis y maromeros, quienes echando fuego por la boca, tragándose espadas, lanzando pelotas al aire, pines y cintas de colores, mantienen en todos los semáforos de este país un circo ambulante, mientras otros venden pantaletas, pan sobao, accesorios para teléfonos celulares, tomates, pimentones, frutas, lotería, periódicos o extienden un cartelito o botellón de plástico, con alguna imagen de niña malnutrida o inválida, pidiendo limosna. La anarquía también se observa como cosa "normal" en calles y avenidas, cuando los conductores de vehículos irrespetan las luces de los semáforos y demás señalizaciones de tránsito. Incluso, personas manejando con niños mientras pasan con la luz roja. En Venezuela el conductor tiene preferencia sobre el peatón. Mientras más grande y fuerte es el vehículo más riesgo existe que te atropellen cuando intentes cruzar una calle por la demarcación peatonal, que siempre está ocupada por vehículos. Pero lo lamentable es presenciar, ya descaradamente, cómo los funcionarios imponen su autoridad mientras te descalifican, te ofenden y literalmente te "roban" mientras eres sancionado "bajándote de la mula". Los pocos funcionarios decentes deben bajar la cabeza y “hacerse los locos” mientras los raqueteros, en sus alcabalas de quince y último, completan su sueldo. La vida cotidiana del ciudadano venezolano común y silvestre es una especie de juego de lotería. Vivimos con el alma en vilo haciendo zigzags para evitar ese numerito y tener que caer en manos de esa anarquía, bien gubernamental o de los energúmenos que pueblan esta sociedad donde se impone el más fuerte, el más vivo, quien posee influencias, dinero o simplemente tiene en sus alforjas una 9 milímetros. Quien tiene dinero o influencia política, militar o económica posee licencia para hacer lo que tenga a bien saber y entender. Sino, observe el proceso que vivió la modelo "Rosita". O el hijo del general Motta Domínguez, o el hijo del gobernador del estado Bolívar. La anarquía de todo tipo se promueve desde el gobierno del Estado, quizá por dejadez, por demagogia o por laxitud. Pero también la anarquía se observa en la familia y gran parte de los hogares venezolanos, cuando los adultos imponen a los niños y jóvenes como imagen, el ventajismo, la adulación, la viveza, la trampa, y demás actitudes negativas que fortalecen principios y valores contrarios a la ética y la moral ciudadanas. De seguir en esta anarquía, terminaremos viviendo en una sociedad de cómplices, por acción u omisión, y también de "pranes y luceros" mientras misses, politiqueros, vedettes, vallenateros y reguetoneros, se encargan de amenizar la parranda y la rochela, sin importar la cifra de muertos que solo a los deudos y amigos duele. No creo que todo sea responsabilidad del gobierno del Estado, que, obviamente, tiene un peso en la promoción y consolidación de un ciudadano moralmente sano y apto para vivir y convivir en libertad y democracia. La clave parece estar en la familia y educación. Ese hombre y mujer que anda por ahí dándose golpes de pecho mientras acecha en la oscuridad de su alma a quien pueda timar, tracalear o simplemente, realizar su negocio dónde sea y cómo sea, no importa si coloca su quincalla "mental" y física en media acera o en plena plaza Bolívar, o se la instala en la mente a su descendencia. Lo importante es él y solo él. Los demás, que vean cómo resuelven su vida. (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

miércoles, noviembre 07, 2012

La señora Etelvina

Cuando vivía en Maracaibo, allá por 1964, se hablaba siempre de cuentos extraños. Del pájaro “guaco” que cuando pasaba por encima de alguna casa y dejaba salir sus graznidos, de seguro alguien moría. Por eso siempre espantaban a la pobre ave. Pero a la señora Etelvina eso no la alarmaba. Ella nos había alquilado la casa donde vivíamos, era una mujer tan gorda pero tan gorda, que cierta vez, cuando fue a cobrar la mensualidad, se le ocurrió entrar. Mi madre la ayudó a pasar, abriendo de par en par las dos alas de la puerta. Con cuidado se inclinó, se apoyó en el pórtico y dejó caer el robusto pie derecho sobre el escalón. Yo, siempre lejano de ese misterioso ser, observaba detrás de la cortina que daba a la cocina. Blanca, con sus anchos y cuadrados lentes de montura gruesa negra, sus ojos redondeados y grandes combinaban con su cuello y pecho de acentuados lunares negros. Al poco tiempo decidió regresar. Apenas si probó el cafecito que mi madre le ofreció. –Es que tengo que atender un trabajito, fue lo que escuché. Pero la señora Etelvina se quedó atorada entre el escalón y la puerta. No podía subir. Mi madre la ayudaba mientras una de mis hermanas la empujaba por la espalda. Me llamaron. Con apenas 10 años, asmático, esquelético y asustadizo, me acerqué y ella alzó su brazo izquierdo. Juro por los clavos de Cristo que al ver semejante extremidad, cual jamón de navidad, pensé que no sobreviviría. La pobre mujer dejó caer su brazo sobre mi hombro derecho mientras mis manos sostenían apenas una ínfima porción de aquello que era por mucho, más pesado y ancho que toda mi humanidad. Al fin un señor que pasaba terminó de halarla y yo pude zafarme. -Juancito, ven esta tarde a mi casa para que te toméis un juguito. Mi madre asintió mientras me quedaba sin habla. –No sea mal educado, muchacho. –Dígale que va. Asentí con la cabeza y ella complacida, tardó una eternidad –mientras me miró con esos redondos ojazos negros, que fueron para mí un tormento- en dar media vuelta. Había escuchado a mi hermano Miguel comentar que en casa de la señora Etelvina ocurrían cosas raras. Ella vivía apenas al doblar la esquina. Frente a la plaza Coquivacoa. Era una casa con un frente lleno de árboles. Siempre con la puerta y ventanas cerradas. Una noche, cerca de las doce, mientras conversaban, ella lo interrumpió mientras miró fijamente un sofá vacío y exclamó: -Hermano, por qué se presenta así tan feo. No ve que tengo visita. Acto seguido, escuchó un ruido como de huesos, que se alejaban por el corredor. No dijo nada. Apenas si terminó de tomarse el café y decir, después de mucho tragar saliva, que se iba, que era tarde. Pero a mí me salvó el asma. Esa noche me llenaron el pecho con “numotizine” y me acostaron temprano. El cuarto quedó oloroso a guayacol. Por la ventana veía parte del patio, las matas de coco y guanábana, también las ramas del mamón y el cotoperí, y más allá, la cerca que separaba el patio de la señora Etelvina. Escuché ruidos. Alaridos y balbuceos como de alguien endemoniado. Después un sonido de ramas…y ese olor intenso de tabaco crudo. Me fui en llanto. –Es que deben estar sacándole un espíritu que se le metió al hijo de la Chinca. Los años han pasado. Una penumbra de recuerdos se amontona mientras las casas y los amplios patios llenos de matas y sombras, hace años dejaron de existir para dar espacio a una gran avenida en el sector de Nuevo Mundo. Esta historia, como tantas otras, de espantos y aparecidos, es recurrente en nuestra cultura. Las hemos ido gradualmente incorporando a nuestros rasgos como sociedad y de tan cercanas, nos hacen vivir en una verosimilitud de situaciones que son parte de nuestras creencias. Hacen falta mientras acompañamos la madrugada de nuestros insomnios o en los velorios de pueblo. Todos llevamos esa marca, esa exagerada metáfora que nos une secretamente a un mundo donde entramos silenciosos, cuando la lógica mundana descansa y de improviso nos asaltan los recuerdos. Yo, sigo pensando en la señora Etelvina. La imagino sentada en su mecedora mientras habla con sus “hermanos” como buena espiritista que era. Serena. De voz segura y sentenciosa. De fina muñeca y con gruesos dedos que dejan ver en su mano izquierda, un delicado anillo de oro mientras se mece y en silencio observa ese otro mundo donde pueden ver sus grandes y negros ojos. Esa mujer especial que viene de un tiempo ido y que sin embargo, sigue vivo como esa vez que nos visitó y me provocó el asma. (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

viernes, noviembre 02, 2012

Santa Nefixa: patrona de las prostitutas

Hace ya varios años mi apreciado amigo, poeta y pintor, Néstor Rojas, me invitó a almorzar en el emblemático mercado La Carioca, en la Ciudad Bolívar de inicios del siglo XXI. Mientras degustábamos el tradicional aguaito guayanés con un jugo ‘e caña servido en frasco de mayonesa, Néstor me entregó un librito de carátula envejecida. –Ya no quiero seguir leyendo estas cosas. Me dijo en tono sentencioso y siguió con una retahíla de argumentaciones moralistas. El libro era una joya de la picaresca universal y además, el poeta se estaba volviendo viejo. Fue mi expresión y nos pusimos a reír. Después miré el libro. Me sorprendió tener en mis manos “Los diálogos del divino Pedro Aretino, generalmente denominados Diálogos Putescos, ahora por primera vez puestos de la lengua toscana en castellano. Los traduce y anota D. Joaquín López de Barbadillo”. Todo eso aparecía en la portada de semejante obra. Una edición tomada del original, editada en Madrid, en 1914 y posteriormente publicada por Ramón Akal González, en 1978. Mientras leía se me fueron amontonando los recuerdos. La Umbría italiana donde viví mis años postuniversitarios. La etrusca Perusa (Perugia), y la toscana Arezzo, donde el 20 de abril de 1492 nació el “divino” Pedro Aretino, “azote de príncipes” Hijo de “carne de placer” entre una modelo de pobres pintores, cortesana de baja ralea y de un gentilhombre. El rostro de su madre, Tita, era el que aparecía representando a la mismísima Virgen María en la iglesia de Arezzo. Barbadillo así lo indica: “Durante mucho tiempo se vio su efigie sobre la portada de San Pedro de Arezzo, representando a la Virgen María, que recibía del arcángel Gabriel la Anunciación. Y varias veces Pedro, en sus escritos, se envaneció de que su propia madre, pobre y bella hembra de mil machos, hubiera sido al par madre de Dios, merced a los pinceles que hicieron de ella aquella santa copia” Pedro Aretino creció en su pueblo natal, entre el abandono, la vagancia y la caridad de los parroquianos. Fue, además de limosnero, ladrón, y apenas con 16 años compuso su primer soneto contra la nobleza y el clero. Debió refugiarse en Perugia, y posteriormente lo vemos transitar por Roma y El Vaticano, junto a nobles, cardenales y el mismísimo papa Julio II. Como también por Venecia, entre palacios y palacetes, y donde en 1534 aparecen publicados sus “Ragionamenti”: Diálogos de la Enana y de la Antonia, habido en Roma, bajo una higuera. Compuesto por el divino Aretino, por su capricho, para corrección de los tres estados de las mujeres. Dos años más tarde, aparecería la segunda parte: Diálogo del señor Pedro Aretino, en el cual la Enana el primer día enseña a la Pippa, su hija, a ser puta; en el segundo le cuenta las truhanerías que hacen los hombres a las mezquinas que les creen, y en el tercero y último la Enana y la Pippa, sentadas en el huerto, oyen a la Comadre y la Nodriza, que hablan de la alcahuetería. En el libro hay una narración, más bien breve, sobre una doncella hija de nobles, quien ejerció la prostitución de una curiosa manera: salía al caer la tarde por las calles solitarias y los puentes de la Serenísima Venecia, ofreciendo su cuerpo a los mendigos y limosneros. Nefixa era ella. Aparece también citada como Nefisa o Nefissa (Ne-fissa: lat. “sin fisura, sin raja o rajadura”) en obras de autores, como La lozana andaluza, de Francisco Delicado; Cárcel de amor, de Diego San Pedro; Descripción de África, de León el Africano (Giovanni Leone di Medici); Una historia madrileña, de Pedro García Moltalvo. Con apenas 12 años a Nefixa se la veía sentada “in ponte Sixto” “sin pompa ni atavío”. Tanto fue su entrega a los pobres y desamparados hombres en la lagunar Venecia, que el pueblo pronto la vio con fervorosa pasión y comenzó a hablar de la joven misericordiosa que daba su cuerpo a los mendigos. A su prematura muerte Nefixa fue elevada a los altares y su hazaña alcanzó los pasillos del Vaticano, donde nadie puso impedimento para que le prendieran velas. Era llamada la Virgen, la Santa de las Prostitutas, de las meretrices y de las cortesanas. Siguiendo la jerarquía prostibularia romana clásica (Delicatae, Famosae, Lupae, Noctilucae, Copae, Fornicatrici, Forariae, Bustuariae, y Prostibulae) a Nefixa se la ubicó en el santoral pero por muy poco tiempo. Tuvo su vigencia como patrona de cortesanas y prostitutas de baja ralea, como María de Majdala (llamada también Magdalena), Librada o Afra. Pero quizá la moralidad vaticana o el advenimiento de nuevas santas, llevaron a Nefixa a descender de los altares y caer en el olvido. Por su parte, Pedro Aretino, quien se burló de santos y no tan santos, recibió a su muerte, en 1557, su epitafio: “Aquí yace Aretino, que, cuando vivía, de todos habló mal. Tan solo de Dios no lo hizo. Y al preguntársele por qué, se excusó con decir: Porque no le conozco” (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

miércoles, octubre 24, 2012

Fue en una larga noche que se juntó ya con el amanecer cuando nos cerraron el bar y no quisieron seguir sirviéndonos más güisqui. Era en Ciudad Bolívar. Horas antes, habíamos instalado el Congreso sobre Literatura venezolana Hoy. Corría el año 1995. A ese bar de mala muerte habíamos ido a parar después de recorrer varios escenarios etílicos. Cuatro alegres enamorados de la palabra fuimos a juntarnos por obra y gracia del destino en la otrora Nueva Guayana de la Angostura del Orinoco, fundada hacia 1764. Denzil Romero, Nestor Rojas, Manuel Bermúdez y quien esto escribe rememoramos recuerdos de piratas, corsarios y filibusteros mientras escuchábamos a Felipe Pirela y Javier Solís. En la Ciudad Bolívar republicana existe un barrio llamado Perro Seco. Barrio antiguo. Fundado allá por la época de los primeros años de la secular ciudad, junto con el parque El Zanjón. Manuel nació en un barrio de nombre similar aunque de mayor prosapia, Laguna de Perro Seco, en la parte sur de San Fernando de Apure. Ahora, después que el tiempo acentúa la melancolía en sus lejanías y los alcoholes se evaporan y aclaran las farras, vienen de nuevo las imágenes de esos instantes. Esa palabra del maestro de la semiótica que fue Manuel Bermúdez. Discípulo de Umberto Eco y mejor aprendiz de la picaresca burdeliana de su barrio natal. Su palabra estaba asociada a la academia superior de la vida. Esa palabra universal que se hace carne mientras sientes cómo resplandece en la tertulia de la cotidiana manera de acentuar una pedagogía soportada en el malandraje de lo mucho sabido y vivido. Porque Manuel fue docto en el conocimiento interior de la palabra. En sus claves de signos y símbolos. Los dos compadres eran eruditos y a la vez aprendices. Denzil defendía el dibujo descriptivo de su Manuelita, que había sido premiado, elogiado y a la vez retado por historiadores pacatos y moralistas. Yo le indicaba la manera un tanto fácil de llenar páginas con sinónimos y adjetivaciones vanas. –Es cierto, me confesó. Pero Manuel proseguía en sus memorias sobre los personajes que en todo pueblo existen. Esos letrados de la oralidad que pernoctan en las plazas, al borde de una acera o que se hacen prescindibles por estar siempre vagando en el espacio abierto del barrio. La voz llaneraza de Manuel se hace eco en mi memoria mientras releo su último escrito, Enciclopedia rústica de personajes insignificantes de Apure, editado por la Universidad Pedagógica, en 2005. Quizá ahí se condensa su pensamiento y su palabra tan cercana a la oralidad. Es un texto construido en el mejor linaje de las obras maestras de la picaresca universal, como Pietro Aretino y sus Diálogos de cortesanas, y Sonetos lujuriosos, en la Venecia del siglo XVI. En su Enciclopedia… Manuel se dedica a describir de manera pormenorizada, a los personajes de sus días cuando Perro seco, y San Fernando de Apure eran su patria, su escenario por donde desfilaban forasteros, relojeros, prostitutas y salteadores. También el mono sexista Pancho y “Cachito Cachumba” el cantor florido de Gardel. Pero también Manuel orientó a una generación de estudiantes sobre los códigos lingüísticos y el real saber y entender la lengua española, mientras fue maestro de escuela, profesor de secundaria, docente universitario e investigador. Sus libros Tradición y mestizaje, dos ensayos de aproximación, 1974; Cecilio Acosta, un signo de su tiempo, 1984; La ficción narrativa en radio y televisión, 1984; Escaneo semiológico sobre textos literarios, 2000, así como sus artículos periodísticos son una propuesta para la comprensión de la cultura venezolana sobre la base de los nuevos paradigmas en la comunicación. Alguna vez, mientras estudiaba en el emblemático liceo Andrés Bello, en la Caracas de inicios de los ‘70s vi entrar a la nostálgica librería El gusano de luz, a unos extraños personajes, mientras junto con mis amigos de curso nos divertíamos en los bancos del Parque Carabobo. Después supe que a esa tertulia iban don Julio Garmendia, -a quien vi de lejos, Oscar Sambrano Urdaneta, Domingo Miliani, Orlando Araujo… y también Manuel Bermúdez. Ahora sé que nada ocurre por casualidad. Las coordenadas se entrecruzaron en la Angostura de Guayana y siguieron después en Puerto Ordaz y Caracas, donde escuché por última vez su voz en el celular. –Ya no salgo por las noches, camará. Me dijo mientras se quejaba de achaques corporales y tanta inseguridad. –Volveremos a conversar, Juan. Fueron sus palabras de despedida. Solo salía a ocuparse de sus lecturas como secretario de la Academia de la lengua. Quizá la tristeza por la ausencia del compadre ido, quizá tanta palabra ruin y blasfemada en boca de políticos y libretistas telenoveleros de pacotilla agotaron la mirada de este amoroso y universal hombre de barrio, de eso que tanto tuvo y ofreció: el don humilde y sabio de la palabra. (*) camilodeais@hotmail.com / @camilodeasis

martes, octubre 16, 2012

Ese oculto lugar

Antes de las elecciones escuché a muchas personas indicar que si perdía su candidato se irían pa´l car.... Tanto de un bando como del otro. Razones sobran para ello. Cada quien expresaba sus dudas, sus temores, sus recelos. Amaneció y leyendo por los medios cibernéticos encuentro otra gente que escribe que se va, que ya es imposible seguir viviendo en este país de ineptos, de truhanes, de limosneros, y pare usted de contar. Particularmente, yo, antes de irme para ese lugar desconocido, pasé por mi biblioteca y busqué en el diccionario y también fui a ver qué había por la Internet. Confieso que después de leer la definición del término y ver el lugar, prefiero quedarme donde estoy. Ya no tengo salud para escalar ese lugar ni tampoco estómago para soportarlo. Pero muchos quieren irse para ese lugar. Es que, metafóricamente hablando, ese “espejo” que desde el gobierno del Estado se muestra es demasiado crudo y real para aceptarlo. Ese es el reflejo de un mundo oculto, quizá donde ciertamente queda ese lugar. Son las pasiones humanas. Las maldiciones de la insanía humana de un tipo de venezolano que aún no alcanza la estatura de la civilidad para llamarse ciudadano. Rechazamos en el Otro-diferente todo aquello que ocultamos en nosotros mismos. Les cuento. Semanas antes de las elecciones fui con mi esposa a Puerto Ordaz, ese sitio de aguas dulces y cielos abiertos de encantadores amaneceres. Después de muchos meses sin ocupar el apartamento, y por obra y gracia de Corpoelec, la nevera se había dañado. Total, que llamamos al técnico quien vino con su ayudante. Mientras ellos hacían su trabajo mi esposa los mareaba con el discurso de “Hay un camino”. Observaba esa escena entre cables chamuscados, un técnico con su vozarrón de acartonado locutor, y un ayudante impasible quien solo escuchaba. Entre argumentaciones para sumar adeptos a la causa opositora, mi esposa y el técnico discernían en domésticas caracterizaciones del elector venezolano. Luis, el técnico, con proverbial razonamiento, indicaba que no veía salida. Su visión era cruda y realista. –Sabe, señora Liliana, yo voy a Vista al Sol todos los días, el barrio más grande de Venezuela. Por televisión una vez pasaron un documental y decían que era el barrio más grande de Latinoamérica. –No sé. Yo tal vez vote por ese señor “Caprile Radonki” (sic)…pero en Vista al Sol lo que se oye es puro “Chiave” (sic). Pero la clave la dio el ayudante. –Yo quería votar por ese señor. -La otra vez había una gente en la redoma de Chilemex repartiendo propaganda y franelas. Agarré y paré mi “fiita” y me fui a que me dieran una… pero la muchacha cuando me vio me volteó la cara y prefirió dársela a un sifrinito. Esa, entre otras, son razones que explican, no tanto la victoria del candidato-presidente, como ese lugar donde muchos están o quieren irse. Es ese lugar donde desean meter la cabeza, como el avestruz, para no ver el lugar que grano a grano de arena hemos hecho y que es un inmenso desierto donde salen espantos de medianoche. Ese lugar es, lo vuelvo a indicar metafóricamente, el sitio inhóspito que nos negamos a reconocer como parte de nuestra propia hechura. No creo que con escapar, esconder la cabeza ni maldecir, salgamos (-el término apropiado sería “superemos”) de este síndrome, esta marginalidad mental presente en el cuerpo social venezolano. Yo no me iré para ese lugar. Me quedo. En todo caso, me tomaré “un carajillo”. Podré morir de un balazo, una puñalada trapera, metido en una cuneta o por un hueco en carretera de madrugada. Pero ni meto la cabeza en el hoyo ni huyo. Aquí me quedo. Haciendo lo único que sé hacer: leer y escribir para que otros me lean y saber con exactitud que los cambios únicamente se obtienen después de un inmenso, sobrehumano esfuerzo, donde el estudio, el trabajo y la solidaridad con el prójimo, sea rojo, azul, blanco o desteñido, den los frutos de una victoria rotunda y definitiva: superar la marginalidad mental. Mientras eso ocurre, los pobre, los desamparados venezolanos de siempre, sean chavistas o caprilistas, siguen sin ser atendidos en sus necesidades básicas. Gente buena, honorable, deseosa de ofrecer sus experiencias de vida para construir una sociedad de oportunidades. Mientras sigamos “culpando al Otro-diferente” por nuestras miserias, seguiremos recibiendo las migajas de un padre-presidente castigador. Hoy todos estamos más unidos que nunca contra la inseguridad porque compartimos la violencia con más de 150 mil muertos. El pueblo “chavista” es tan nuestro como el pueblo “caprilista”. Todos sufrimos este tiempo tormentoso de horrores y dramas. Pero cuando un líder se está adormeciendo otro nace para seguir adelante. El país de la sonrisa infinita jamás claudicará. (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

sábado, octubre 06, 2012

Elecciones interactivas

Me interesan las elecciones venezolanas, entre otras cosas, porque los medios interactivos van a estar usados, no tanto por periodistas certificados y calificados, sino por anónimos ciudadanos quienes se convertirán en activos reporteros para cubrir un evento que tiene como una de sus metas, incorporar al mayor número de electores. Van a ser estos usuarios de las redes sociales, bien por Twitter, a través de Facebook, por las mensajerías internas de los celulares, entre otros instrumentos cibernéticos, quienes mantendrán, más que las revistas, periódicos, radio y televisión, la información instantánea de lo que suceda en cada rincón de este país. Veremos sin duda alguna, cómo a través de imágenes, videos y comentarios, se irán perfilando las opiniones que en su verificación darán lugar a hechos comprobados en el transcurso de los minutos. Y es ahí, en el tiempo de lo instantáneo donde los medios interactivos les llevan la delantera a los medios audiovisuales clásicos. Sobre todo en quienes están al frente de ellos, que no tienen por qué restringir sus comentarios ni la información que envían. Esa es otra ventaja de estos medios modernos. Progresivamente los ciudadanos vamos teniendo consciencia del poder de penetración y persuasión que tienen estos novísimos instrumentos de comunicación. La única regulación está en cada uno de nosotros. Por tanto, son nuestros principios, valores y sentido común agrupados en eso llamado moral y ética cívica, lo que regule nuestra información. Usando los medios interactivos todo usuario se convierte en un esporádico comunicador social. No creo que en la población se pueda hablar de perdedores. Todos vamos a ganar porque siempre que el Estado accede y permite al ciudadano su derecho al acto de votar, es una reafirmación de la libertad y la democracia. Más allá de elegir a un nuevo presidente o de ratificar a otro, se profundiza en la memoria democrática del venezolano que solo y únicamente somos nosotros, con nuestro voto, quienes quitamos o ponemos a los responsables de dirigir nuestros asuntos político-administrativos del Estado. La idea trasnochada de las cachuchas militares como solución a las crisis sociopolíticas ya pasó de moda y está desde hace años en desuso. Es relativamente fácil vivir en un régimen militar-dictatorial. Lo difícil es la vida democrática, donde la rigurosidad de la Ley y la Educación, como guías supremas del Estado, son asunto serio donde solo las mujeres y hombres virtuosos, con valores y principios marcados por la solidaridad, el estudio y el trabajo dignos, son la única garantía para construir una sociedad de seres real y verdaderamente humanizados. Los ciudadanos venezolanos tenemos el privilegio, que no muchas otras sociedades, de asistir a unas elecciones marcadas por la transparencia que ofrece una institución creada únicamente para servir de árbitro entre quienes se disputan las preferencias del elector. Por lo tanto, y después de más de 50 años de existencia, suponemos que sus integrantes, sobremanera ingenieros, estadísticos, técnicos, personal administrativo y de servicio, tienen una amplia experiencia en la actividad eleccionaria. Y como dicen por las calles y esquinas de esta Tierra de Gracia; si votas tienes derecho a reclamar a tus representantes. Pero si te abstienes, no te quejes después. Tu voto es tu derecho a tener presencia y hacerte visible para vivir y convivir en una sociedad de iguales, donde tu participación tiene protagonismo y es tomada en cuenta. Así estarás construyendo una sociedad rigurosamente democrática. Es decir; marcada por principios morales y actos éticos de convivencia social. (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

Gallo tapao

Tengo familiares, amigos y conocidos quienes a estas alturas aún tienen dudas sobre por quién votarán. Uno de ellos, otrora chavista declarado y confeso, me dijo que posiblemente votará por el candidato opositor… pero que sigue siendo chavista. Otro más, quien trabaja en una emblemática empresa del Estado y debe “analizar” la entrada de nuevo empleados, se mantiene en silencio y su mirada, cada vez que nos encontramos, es de sentido de culpa por lo que hace. Otros más, siguen siendo chavistas por no “dar el brazo a torcer” y aceptar que fueron estafados. Pero hay otros, que en sus reflexiones dejan entrever un cierto resentimiento a los anteriores gobiernos. Resentimiento social, político, familiar y hasta académico. Es que fueron golpeados, tanto física como moralmente por los llamados partidos del Status y no quieren saber absolutamente nada de ellos. Creo que en principio todos ellos, en sus particularidades, tienen razón. En lo personal fui testigo, siendo un niño de apenas 8-10 años, de las madrugadas cuando la policía política (Digepol) sin orden de allanamiento, llegaba a la casa y sometía a mi madre, mis hermanas y mi padre, a vejaciones, empujones y golpes, además de destrozar absolutamente todo lo que a su paso encontraban. Los únicos que se salvaban eran nuestros libros, que envolvíamos en bolsas plásticas y enterrábamos en el patio. Pero no puedo seguir con ese peso moral pues entonces seguiría también odiando a los españoles por haber descubierto, conquistado y colonizado esta Tierra de Gracia donde habito. Es una operación mental, psicológica y espiritual que se necesita para salir de esta ratonera, este círculo vicioso que parece no tener fin. Culpando a otros, con o sin razón, no solucionaremos jamás el terrible drama social, y sobremanera, moral y ético que vive la sociedad venezolana en la actualidad. Estas líneas también van dirigidas a esas personas a quienes despectivamente han estado llamando NINIs (sugiero la lectura de mi artículo, Entre NINIs te veas http://www.papelesagua.blogspot.com/2010/08/entre-ni-nis-te-veas.html ) En ese escrito manifiesto la necesidad de respetar las ideas del Otro-diferente. Quizá ese venezolano que transita las calles, avenidas y esquinas de nuestro país, tiene mucho más que aportar que los políticos de pacotilla, los saltatalanqueras y los pícaros oportunistas que embaucan a tanto ciudadano que de buena fe, depositan su confianza en algún candidato, sea para presidente, gobernador o alcalde. La herramienta, la clave, la llave para lograr un camino hacia nuevas maneras de relacionarnos los ciudadanos con el Estado, la tenemos en nuestras manos. Es el voto. Muchos lo han abiertamente mostrado. Pero hay una población que mantiene su voto como “gallo tapao”. Sea por miedo, por seguridad, por vocación y sentido de responsabilidad política, o por mantener a los políticos comiendo en la palma de la mano. Esa inmensa población será la que marque la diferencia y decida las elecciones. Ese es el grupo más críticamente radicalizado y que no está con candidato alguno y menos con partido o grupo político. Para nosotros primero esta el país y los más desamparados. Negamos solidaridades automáticas a cualquier candidato, y si decidimos votar por alguno de ellos, siempre será con reservas. No votaremos nulo ni nos abstendremos. Será un voto reflexionado y crítico. Sabemos que es posible que esta podredumbre política seguirá un tiempo. Tiempo que tiene sus días contados siempre y cuando se establezca un sistema educativo riguroso, pedagógicamente orientado a la responsabilidad individual y colectiva, y con un sistema de justicia que sancione y corrija a tiempo. El ciudadano venezolano tiene mucho que ganar en estas elecciones, sea de oposición o del oficialismo. Y este gobierno, como los anteriores, será sorprendido por eso que se llama el voto castigo. Lo ejercerán, tanto los opositores como muchos oficialistas y psuvistas, quienes a gritos claman por un cambio, sea de la imagen sempiterna de un caudillo que ya nada tiene que ofrecer, salvo arengas cuartelarias y llamadas telefónicas de medianoche, como la renovación de los cuadros medios e intermedios y de la cúpula cogollera de una quebradiza y fracturada organización que debe ser renovada para sobrevivir a las elecciones de gobernadores. No les pido a mis familiares, amigos y conocidos que se vayan del chavismo. Por el contrario, sabiendo de sus capacidades, de su honorabilidad y su vocación de servicio comunitario, deberían mantenerse para empujar ese portaaviones a puerto seguro, remendarlo en buen astillero y ponerlo a reflotar con un nuevo capitán. La tripulación siempre es gente buena y solidaria, salvo buena parte de sus oficiales quienes han desviado la brújula. Ahora es el tiempo de cobrar doble: votar por un cambio y un nuevo presidente, y botar a la dirigencia impúdica, troglodita, autoritaria, militarista y chabacana, quienes se lucraron a costa de unos venezolanos que dieron varias veces su apoyo a una camarilla de “derechistas capitalistas” que tienen sus ahorros en dólares fuera del país. Los conquistadores españoles ya pasaron. Las reliquias políticas que aún quedan apenas si hacen sombra en el nuevo escenario político nacional. La visión socializadora del gobierno del Estado que marcó esta transición, sea por populismo o por demagogia, no podrá ser suplantada ni arrebatada a la ciudadanía. Tenemos que hacer peso para que esa visión, traducida en seguridad personal, alimentaria, educativa, así como un verdadero compromiso social del empresariado, conformen un equipo donde siempre sea el país la prioridad. Primero los venezolanos, segundo los venezolanos, tercero los venezolanos, y después los demás. También puede leerse este artículo, en: http://www.eluniversal.com/opinion/121004/gallo-tapao / @ElUniversal http://www.lapatilla.com/site/2012/10/02/juann-guerrero/ @lapatilla http://www.analitica.com/va/politica/opinion/9920399.asp / @analitica http://www.aporrea.org/actualidad/a151382.html / @aporrea http://www.noticiasvenezolanas.com.ve/index.php/26207/juan-guerrero-gallo-tapao/ @combonoticias (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

martes, octubre 02, 2012

La edad de la inocencia

En política la ingenuidad no existe. Y si por alguna extraña razón existe un político ingenuo, es un verdadero peligro. Lo que está planteado en la actual refriega política venezolana es la definitiva sustitución de un tipo de liderazgo, caracterizado por la presencia de un misionero que busca eternizarse en el poder, en contraposición con otro que acentúa su liderazgo en el trabajo colectivo y la gerencia en equipo. La imagen de un líder todopoderoso que se transformó en predicador y por tanto, desvió su discurso hasta hacerlo en la actualidad oferta hueca y trasnochada para liberar al mundo y el universo, ya no despierta emociones ni estremece corazones. Pareciera que los ciudadanos buscan acercarse y apostar por líderes políticos que sean pragmáticos y solucionen los problemas concretos de las comunidades. Por lo tanto, pensar en políticos que buscan despertar interés más allá de propuestas articuladas en generalidades, como el interés sobre las armas nucleares, la salvación de la especie humana, la carencia de agua en el Medioriente, la pesca indiscriminada de focas, elefantes y hasta el deshielo de la Antártica, son temas tan alejados de las realidades tangibles del venezolano actual, que se ven hasta ridículos frente a situaciones tan dramáticas, como la inseguridad, la falta de vivienda, el desempleo, la subalimentación. Hechos diarios y que rozan, penetran y desgarran la piel del venezolano, de cualquier sector político, económico, militar o social. Hemos vivido enamorados de discursos colmados por sueños truncados, gran parte de ellos irrealizables o falsos proyectos para embaucar al ciudadano y obtener votos. Recuerdo aquel presidente que ofreció construir un puente desde Chacopata, en tierra firme, hasta Porlamar, en Margarita. Las ciudades, caseríos y pueblos de este país se llenaron de obras a medio terminar. Por ello se hizo “norma” que se inauguraran obras por fases o etapas. Esta práctica ha traído como consecuencia que en la mentalidad de tantos políticos, líderes y dirigentes de partidos, exista una memoria fragmentada, fracturada y a medio terminar. Son políticos de pacotilla. Acostumbrados a entorpecer el crecimiento de las comunidades y descalificar a sus líderes naturales. Esa pequeñez humana es la proyección de un país que en la actualidad no posee grandeza para actos donde la idea de monumentalidad se encarne en obras palpables. Cansa, agota y asfixia la retórica de un presidente que ha despreciado a una ciudadanía, y de ella a los más desamparados social y económicamente. Esos ciudadanos ahora le demuestran, moral y éticamente, que están muy por encima de sus ambiciones y prácticas demagógicas. Es evidente el proceso de degradación, por abuso de imagen y discurso, que lo presentaba al principio como el individuo orientador, aglutinador, de líder que escuchaba y atendía a sus seguidores, para quedar ahora como el hombre mediático. Presente en la pantalla de televisión, manipulando un discurso que trata de imponer a destiempo y a contracorriente de la historia. Los ciudadanos venezolanos merecemos vivir y convivir en una sociedad donde los políticos se dediquen a hacer su trabajo y dejen espacio para que los verdaderos y necesarios profesionales, mujeres y hombres, estén al frente de las instituciones del Estado. La ingenuidad, por falta de formación y práctica cívica, en un político, se convierte en desastre cuando está al frente del gobierno del Estado. Esto es evidente y notorio en la actualidad. Confundir la sociedad venezolana con un cuartel, donde la voz de mando es acatada por otros quienes a su vez y de manera pública, le llaman comandante-presidente, anteponiendo la visión militar sobre la civil; es una afrenta a la condición humana, por decir lo menos. Considero que los ciudadanos, por principio ético y moral, no debemos extender solidaridad automática a absolutamente ningún político. En todo caso, dar respaldo, siempre con reservas, y hasta votar, por quien se esfuerza durante años y viene trabajando desde abajo, desde las comunidades, probándose en puestos de trabajo obtenidos por voto popular, en alcaldías, gobernaciones hasta buscar ocupar la presidencia de este país. Veo en estos días a una sociedad que paulatinamente se desenamoró de un militar que se metió a político y quiso administrar la hacienda pública como la cantina de un cuartel. La ciudadanía que quiere y busca prosperar aceptó el guiño de un joven político, formado en la visión del trabajo en equipo, que ha sabido gerenciar con amplitud e inclusión, y sobre todo, que escucha, y le robó su Rosalinda. También puede leerse este artículo, en: http://www.eluniversal.com/opinion/120927/la-edad-de-la-inocencia @ElUniversal http://www.lapatilla.com/site/2012/09/27/juan-guerrero-la-edad-de-la-inocencia/ @lapatilla http://www.analitica.com/va/sociedad/articulos/9456639.asp @analitica http://noticiasvenezuela.org/?p=139449 @NoticiasVenezuel (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis

sábado, septiembre 22, 2012

Adiós, pues, Bolívar

En el imaginario del venezolano los referentes más antiguos de su memoria colectiva están anclados en las fechas patrias, con el 19 de abril de 1810 como inicio de una historia oficial que ha sido recreada hasta la saciedad a través de un lenguaje grotescamente tamizado por los oráculos de martirios y sacrificios de hombres que ofrecieron sus vidas para darnos independencia y libertad. No del todo errada esta afirmación. Sin embargo, resulta curioso cómo el centro de esa historia viene siempre cubierta y enlazada con la impronta Simón Bolívar. No parece existir, ni antes ni después, nada más importante que ese nombre y esa figura. No estamos negando los aportes que este venezolano egregio y solidario dio a la causa libertaria nacional y continental. Pero existen momentos en la historia de los pueblos, donde es preciso pensar en el pasado más remoto para poder situarnos en el presente y construir nuestro futuro con cierto margen de originalidad y aventura. Antes, en la historia oral de nuestra cultura existió un padre fundador. Amaliwaká le llamaron. Dio a los hombres de esta tierra progreso y bienestar. El nacimiento de una estirpe y un linaje de hombres y mujeres quienes iniciaron la historia mítico-simbólica de nuestra cultura. Esa memoria quedó plasmada en las rocas altas. Allá, por el sitio de la Encaramada, donde el Orinoco es ancho mar y la selva todavía esconde misterios. Humboldt encontró las siluetas de una escritura que hablaba de antiguos descendientes. Trascendencia y vigencia para nuestra cultura también la aportó el imperio español con el representante de dios en la tierra. Rey, amo y señor de un imperio donde nunca declinaba el sol. Esa larga historia de nuestra etapa medieval se vivió en lo que llamamos descubrimiento, conquista y colonización de cuanto espacio era avistado por hombres aventureros que se apoderaron de un supuesto Nuevo Mundo. Hoy sabemos que esa memoria cultural, esencialmente oral, tiene una historia, una huella de más de 12.500 años. Tres siglos marcaron la memoria colonial donde fueron apareciendo otros nombres: Bartolomé De Las Casas, Pedro de Aguado, Pedro Simón, Juan de Castellanos, Oviedo y Baños, Antonio Navarrete, entre otros, que configuraron un pensamiento que permitió comprender ese tiempo y ese espacio llamado, ya no Tierra de Gracia sino Venezuela, quizá derivada de Venezziola o Veneciula (Venezuela= Agua grande). En modo alguno la historia, y menos la historia cultural venezolana, comienza y termina con Simón Bolívar. Ya han existido, y probablemente existirán, otros hombres con otros aportes. Trascendentales para su tiempo. Seguir funcionando la sociedad venezolana, sus ciudadanos, con un solo y único nombre, es motivo para alarmarnos. La historia de las sociedades la construyen siempre, anónimos hombres y mujeres. Que haya existido un Simón Bolívar o un Sebastián Francisco de Miranda o un Páez, Sucre, Bello, Rodríguez, Bóves, Sor María Josefa de los Ángeles, Lino Gallardo. O en tiempos posteriores; Vargas, Villavicencio, Guzmán Blanco, Teresa de la Parra, Teresa Carreño, Gómez, Medina Angarita, y un largo etcétera, son nombres que representan la aspiración de una sociedad que deja en ellos cumplir sus anhelos, caprichos o sueños. Habrá que meter en esta lista a este presidente, llamado Hugo Chávez. Nos guste o no, es y será parte de nuestra cultura, de nuestra sangre y nuestra carne. Generalmente, cuando no se tiene una sólida consciencia cultural expresada en lenguaje reposado y reflexivo, se recurre a una retórica hueca donde la voz ciudadana, esa del respeto al Otro-diferente, se sustituye por voz de mando que impone por momentos, un discurso donde pareciera que no hay más ser trascendente que dios, el rey y el héroe. Ya es tiempo de entender que la humanidad y las sociedades son hechura del trabajo diario y constante de intrascendentes momentos. Tenemos que dejar tranquilos a los padres fundadores de nuestra cultura y nuestra historia y saber que ellos vivieron su tiempo y dieron su aporte. A veces trágico, a veces dantesco, a veces alegre. Todos andamos por la vida buscando nuestro propio rostro. Este, el de este tiempo. Este momento único e irrepetible que nos pertenece. También puede leerse este artículo, en: http://www.eluniversal.com/opinion/120920/adios-pues-bolivar @ElUniversal http://www.noticierodigital.com/2012/09/adios-pues-bolivar/ @NDtitulares http://www.aporrea.org/actualidad/a150521.html @aporrea http://www.lapatilla.com/site/2012/09/19/juan-guerrero-adios-pues-bolivar/ @lapatilla http://iberoamerica.net/venezuela/prensa-generalista/lapatilla.com/20120919/noticia.html?id=t674RUX @iberoamerica (*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis