sábado, mayo 21, 2011

Morir en carretera


En los años ´80 Puerto Ordaz estaba llena de profesionales extranjeros que prestaban asesoría en las empresas básicas. Los fines de semana se veían por la ciudad paseándose entre los parroquianos, con sus rostros tostados por el sol. También confundidos en las tiendas, supermercados y cervecerías. De estos últimos sitios traían las cajas de cerveza y ron para beber en los vehículos que les asignaba la empresa. Se les podía detectar a partir del viernes a las 4 de la tarde, todo el sábado y parte del domingo por la mañana. Bebían como cosacos y después manejaban a exceso de velocidad por las noches en esos amplios espacios de la ciudad y sus entornos. Los lunes era el comentario, generalizado en quienes trabajábamos en la siderúrgica, para preguntar cuál vehículo habían estrellado. Fue tanta la siniestralidad de las unidades que se decidió sólo asignar vehículos a los ejecutivos y sus supervisores.
Una vez le pregunté a un asesor alemán por qué manejaban ebrios y la respuesta me dejó sorprendido: -Acá no hay nadie que nos vigile, nos multe, nos quite la licencia y nos ponga presos.
Esa verdad dicha por una persona que en su ciclo educativo, desde la primaria, haya sido formado en vialidad, es absolutamente válida todavía. La falta de vigilancia del Estado venezolano con su correspondiente aplicación de las leyes acentúan los accidentes en las carreteras. Al mal estado de las vías en absolutamente todo el territorio nacional, por la proliferación de huecos, falta de demarcación y señalización, fallas de borde, se agrega la negligencia de las autoridades por la vigilancia en las carreteras y vías, urbanas y extraurbanas.
Países como Costa Rica, Chile, México, por no indicar los europeos, poseen constante vigilancia y hasta han incorporado sistemas electrónicos y cibernéticos en la vigilancia vehicular. Es posible que el mal estado de las vías y las fallas mecánicas de los vehículos contribuyan en los constantes accidentes viales. Pero lo que acentúa el riesgo real de accidentes de tránsito es que el conductor en Venezuela sabe que puede transgredir las leyes de tránsito y tiene pocas probabilidades de ser sancionado. Y esto es así porque el sólo hecho de detener su vehículo sobre el rayado peatonal, en un semáforo, no lo considera un delito ni menos un riesgo de crimen para el peatón. Menos todavía el saltarse la luz roja. No hay un fiscal de tránsito, ni a pie ni en motocicleta que lo persiga como un delincuente para sancionarlo. Esa es la brutal realidad en nuestra sociedad. Sólo estamos mal acostumbrados a ser precavidos al manejar en los llamados operativos: de navidad, de carnaval y de Semana Santa. Son actos espasmódicos de un Estado que no vigila ni sanciona al ciudadano al transgredir la ley de tránsito. Aunado a ello, tampoco existe un sistema que vigile al vigilante o fiscal de tránsito para que no caiga en la práctica del soborno. En los países antes mencionados y en otros más avanzados en la educación vial, las autoridades tienen ciudadanos, previamente registrados en sus sistemas de codificación, para intentar sobornar a los agentes de tránsito. Así, ellos no saben quién pueda estar detrás del dinero que le intenta entregar el supuesto transgresor. La sanción para el agente es muy fuerte, pues éste representa al Estado frente al ciudadano criminal que intenta burlar la ley y el orden.
El Estado venezolano en la vigilancia y aplicación de la ley de tránsito es sumamente permisivo e irresponsable. Deja que el ciudadano actúe impunemente cuando transgrede la ley y comete una infracción de tránsito. Sabe que puede manejar a la velocidad que le venga en ganas sin que ningún fiscal de tránsito lo detenga, además porque “casi” no se les ve por las carreteras.
Mantener las carreteras en óptimas condiciones, establecer en el sistema educativo venezolano la educación vial como materia obligatoria, desde la primaria, son parte de una estrategia del Estado para prevenir accidentes de tránsito. Pero la vigilancia, control y aplicación de severas sanciones al conductor, como retirarle su licencia para conducir, harán posible que en Venezuela la mortalidad por accidentes entre vehículos no siga siendo una de las primeras causas de muerte e incapacitación.
(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

1 comentario:

Girasol dijo...

Contame pibe, en qué nuevo hueco caíste???

Un abrazote y saludos Liliana!

Carmen R.