viernes, agosto 10, 2007

oráculo del conocimiento inútil


El artista es un producto del
Renacimiento que está a punto de morir.
Gertrudis Goldschmidt (Gego).

La mirada al texto plástico de María Eugenia Catoni (Caicara del Orinoco, 1955) supone un tránsito hacia los bordes de historias fragmentadas. Eso que está ahí, en las periferias de la vida; como restos, pedazos de vidas que se expresan en ángulos donde el sobrecogimiento adviene como reacción a eso que somos: cierta podredumbre humana.
Construida bajo una seriación de miradas ocupadas en verse a sí mismas desde el modelaje, la apariencia surge como acto del no ser; monologar entonces es la circunstancia que aspira establecer eso dialógico para sentirnos acompañados por el Otro. Pero ese otro es quizá la sombra de nuestra propia ausencia.
Pero qué miran los objetos-lentes, que en blanco se amortajan a la espera de alguien para ofrecer su oquedad?. Laberinto de espacio en disolución que se abre cuando colocamos en nuestros ojos esos raros objetos que aumentan la figura mientras se muestran a un mundo de contrastes, donde el colorido visualiza la danza de un carnaval de risas contenidas en un sollozar de ausencias.
Son estas las marcas discursivas en un bosquejo de objetos, donde el material plástico no sólo es presencia en la configuración de líneas y trazos de las obras, también determina la actitud ante la vida y lo que ella significa.
Vivimos entonces en la Edad del Plástico. De alguna manera todos llevamos en nuestra memoria y nuestra piel, las marcas de este tiempo. Tiempo de sinuosidades, cargado de incertidumbre y a la vez de un frenesí por aquello efímero y huidizo. Hoy vivimos las relaciones desde lo efímero. De arte contenido como Obra única, pasamos por estas de contenido utilitario y efímero. Esta presencia de lo que es apariencia inútil supone un pensamiento similar. La canalización de la vida y sus contornos, sus lamentaciones y festejos, vienen modelados desde eso trivial que dice de una razón agotada y enferma. Y es precisamente la enfermedad espiritual, psicológica lo que fragmenta y disuelve, arrincona y excluye; como el sida. Es esta enfermedad de la que todos padecemos en su base emotiva.
Corroe en la intimidad del abandono, la lejanía del Otro-semejante que ya de tan distante se disuelve en espacio-tiempo y queda atrapado en la cuadratura plástica, como objeto que espera ver a través de él.
Por ello la necesidad de expresarnos como prótesis (prothêsis) que se extiende, para exponer en su fragilidad, en su expresión gelatinosa, un aparente poder que nos permita acercarnos a la humanidad que aspiramos encontrar. Esa es la razón de la persona (personae) que como extensión del ser, artificialmente se alarga en su capacidad para maniobrar desde la apariencia.
Justo entonces la resolución plástica de Catoni cuando el lente mira a través de dos prótesis en su encierro de buscar desde el vacío de la persona aquello que anhela el ser: el Otro semejante.
A más de lo efímero de amontonar lentes en seriación, como inútil discurso argumentado desde la banalización de lo cotidiano, Catoni amortaja en blanco sus anteojos para no diferenciar ni distinguir el inútil decir de la vida plástica.
Los rasgos del discurso teórico vienen ya mostrados desde los inicios de lo que ha sido el nombrar eso postmoderno. Suerte de caída en la desesperanza y la idiotez del pensamiento, artificialmente construido a partir de lugares comunes que se expresan en la cotidianidad como actos trascendentes por los medios audiovisuales.
En la expresión plástica de esta artista no hay nada en demasía. Posiblemente sí la cortedad en la presencia de pequeñas piezas que sin embargo, son consecuencia de una reflexión ante eso sobrante y que va por los márgenes de la vida. De eso se nutre la mirada de María Eugenia Catoni. Esos lugares olvidados y que son como piezas desmontables que le sirven a su vez, para alcanzar una-otra y única mirada, que se amontona en el coloritmo propio de esto que somos. Hay gozo carnavalesco pero también reposo en el pensar la vida y sus fragmentos.
Un bien pensado y mejor trabajado esfuerzo artístico en quien se sabe conocedora de su propio lenguaje; ese de lo lúdico (ludens) donde lo artesanal supone la antigua presencia del espacio aquelárrico que celebra el devenir del movimiento hecho Obra de arte.

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