jueves, noviembre 04, 2021

La bicicleta de Corín Tellado




 Lecturas de papel

 

La bicicleta de Corín Tellado

 

Juan Guerrero (*) 

 

  Hace ya unos cuantos años le escuché comentar a un médico psiquiatra que la alegría, la felicidad y la comodidad no prosperan demasiado ni dan frutos, en la poesía y menos, en la creación.

 

  Por estos días leo que ciertos empresarios de multinacionales indican que los ciclistas y sus bicicletas no representan mayor aporte al PIB de sus países. Esto, porque además de no pagar impuestos por el vehículo al fisco, tampoco lo hacen por mantenimiento, servicio y estacionamiento de sus vehículos. Los ciclistas, como también los afiebrados practicantes de la vida ecológica, no se enferman demasiado, viven más, no gastan en medicinas y se alimentan como los pajaritos. Los ciclistas, así parecen, andan felices como las lombrices.

 

  En fin, que un poco de sufrimiento y de vida al borde del abismo parece que dispara ciertas enzimas en las neuronas que nos ponen a pensar, y, obviamente, a desarrollar la creatividad. Por eso el dicho popular, ‘amar duele’ que algunos rocoleros tienen entre ceja y ceja. En esto nuestra eterna, Corín Tellado tenía razón y por eso se dispuso a presentar en sus cuatro mil novelas que escribió, historias de amor con una atmósfera truculenta, de sufrimiento y despecho, pero siempre con un final feliz. Curiosa la obra de esta talentosa escritora que ha vendido más de 400 millones de ejemplares y es, después de Cervantes, la novelista más leída en lengua española.

 

  La felicidad parece cosa cercana a la banalidad, a la trivialidad de la vida. Por eso creo que la complejidad de la existencia, y con ello involucro su lenguaje, es cosa rara y escasa, como la genialidad y la locura. Esto es cierto, por eso nos pasamos la vida en la simplicidad de las cosas vanas, triviales, intrascendentes de la cotidianidad. Eso lo indican los neurólogos quienes afirman que usamos un 10% del tiempo y lenguaje para acentuar la complejidad de nuestro entorno, usando palabras, digamos, ‘académicas’ para reflexionar, pensar y sentenciar. El resto, 90% de nuestro tiempo y lenguaje, lo dedicamos a la más absoluta banalidad de nuestra existencia, de lo contrario, enloqueceríamos de tanta amargura y tristeza.

 

  A los ciclistas se les ve alegres, como esos perros que sacan la cabeza por la ventana de los automóviles, felices mientras el viento les acaricia el rostro. Así también los finales felices en las novelas de Tellado. Es que ese 10% de los seres humanos buscamos el rincón de la felicidad, de la alegría de vivir en los hechos complejos de la amargura, de los autos de fe de la emoción religiosa, de la creencia ideológica, de la ortodoxia partidista y en el amor truculento que nos lleve al sufrimiento para sentir en el cuerpo, el desenfreno enloquecedor de sentirnos poseídos por la mirada de una divinidad que nos haga eternos.

 

  Nada de eso. Mientras vamos por la vida ‘bicicleteando’ nuestro entorno, maravillándonos del más puro sentimiento de amor filial, de amistad o erotizándonos con la pareja, de vez en cuando nuestra mente y nuestras neuronas se ‘sinapsian’ y tenemos ese instante, que es apenas infinitésimo momento de contemplación, donde adviene la lucidez que nos conmueve, nos poetiza y nos suspende de lo cotidiano. Somos protagonistas, nos enseriamos, nostransformamos, sea en religiosos de la fe, sea en seguidores a pie juntillas de una ideología o cretinos de una parcela política. Nos enamoramos locamente, nos disfrazamos en nuestra esquizofrenia y por ese instante, toda nuestra simple historia cambia.

 

  Algunos jamás regresan a su cotidianidad, es que su locura les llevó a los extremos, su frenesí terminó en los bordes de la vida. Por eso la creación, la poesía y el arte en general, son pasiones extremas. Vivir poéticamente siempre será riesgoso, tal vez hasta tenebroso, porque siempre se está al borde, en la incertidumbre, en la hondura del dolor, aunque esa lucidez sea esplendorosa y de plenitud amorosa. Tal vez sea mejor vivir bicicleteando la vida y olvidado, como las novelas de Corín Tellado.

 

(*)  camilodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis   IG @camilodeasis1

domingo, octubre 31, 2021

Día de los muertos




 Día de los muertos

 

Me atrae esto de la festividad de la auyama, calabaza, zapallo, uyama, entre otros nombres, en el Día de los Muertos o culto de los celtas (también dicho, Halloween) para celebrar las fiestas del fin del verano, que se alargan hasta bien entrado el otoño.

 

El símbolo esotérico de la calabaza es muy antiguo. Hay registros desde el siglo XVI y antes también. Curiosamente el conquistador español, Álvar Núñez Cabeza de Vaca, (1490-1559), en su libro de memorias, Naufragios (1527), menciona que, en las zonas del suroeste y norte, de lo que hoy son los EEUU., y México, los indígenas esperaban las crecidas de los ríos porque del fondo de las selvas y cayendo de los cielos, los dioses les enviaban un fruto que era ansiosamente esperado, tanto para mitigar el hambre como para uso medicinal. Era reverenciado a tal punto que los hechiceros usaban sus semillas como amuleto*, además de ser tenidos como objetos de culto esotérico.

 

Así cuenta en su libro, Cabeza de Vaca: “Partimos de allí llevándolas por guía (-a las mujeres indígenas) y pasamos un rio cuando ya vino la tarde, que nos daba el agua á los pechos; seria tan ancho como el de Sevilla, y corria muy mucho, y á puesta del sol llegamos a cien casas de indios; y antes que llegásemos salió toda la gente que en ellas había, á recebirnos con tanta grita, que era espanto, y dando en los muslos grandes palmadas; traían las calabazas (el subrayado es nuestro) horadadas, con piedras dentro, que es la cosa de la mayor fiesta, y no las sacan sino á bailar ópara curar, ni las osa nadie tomar sino ellos; y dicen que aquellas calabazas tienen virtud, y que vienen del cielo, porque por aquella tierra no las hay, ni saben donde las haya, sino que las traen los ríos, cuando vienen de avenida.” (sic) Pág. 119.

 

Hoy saludo a mis hermanas y hermanos(**) que habitan y visitan los “otros planos” y continúan cultivando, desde los tres soportes espirituales, Londres, París, Los Ángeles, y las ventanas ancestrales, como Corinto, Jerusalem, y las pétreas vibraciones del Auyante-tepuy, y en cada pueblo habitado, la práctica de este saber ancestral.

 

En el tiempo brujeril nuestros antepasados iban a los bosques y al borde de selvas y ríos, y en la circular reunión accedían a las otras realidades. Hoy los cielos de la medianoche están hadados porque es tiempo de magas y también de adivinas y pitonisas. Hoy en mi ancestral memoria están presenten, Moisés y su cayado que devora serpientes. También Tiresias el adivino de Tebas. Y también Iesus quien espantó demonios a su amada, María de Majdala, la gran secerdotisa de la incipiente secta, y tantasadoradas hadas y brujos que regresan poco a poco a estos solitarios y grises tiempos.

 

(*) En la zona de la Guayana venezolana, los pueblos de la cultura pemón, utilizan las semillas de la auyama para curar el asma de los niños. Sacan las semillas de la fruta, las ponen al sol por unos días. Una vez que las secan, hacen un collar y se lo colocan al enfermo hasta que sane.

(**) En su obraEl gran libro de las brujas, el filólogo, Rafael Mérida Jiménez aborda la ancestral actividad de las hechiceras, nigromantes, hadas protectoras, pitonisas, adivinas, o mal llamadas brujas (término desarrollado peyorativamente en la Edad Media, amparado por el catolicismo y los cultos protestantes), y su conocimiento esotérico que llevó al desarrollo de la moderna ciencia. En estas páginas se nombra a las antiguas magas, como Hécate, Circe, Medea, SimetaDidoEricto, Pánfila, Morgana, así como los hermanos hombres, como Merlín, Tiresias. Entre brebajes, ensalmes y talismanes se traza una memoria, la memoria antigua y sabia de la humanidad.

 

jueves, octubre 07, 2021

Palabras al viento




 Lecturas de papel

 

Palabras al viento

 

Juan Guerrero (*) 

 

  No, no somos un país que ha mejorado su crisis socioeconómica. Muy por el contrario, Venezuela, hoy, es el país más pobre de América Latina y uno de los países más desiguales del mundo. Lo dice la última investigación del Instituto de Estudios Sociales de la Universidad Católica “Andrés Bello” con su Encuesta Nacional sobre Condiciones de Vida (Encovi-2021). 

 

  Una población donde el 96% de su sociedad se encuentra en situación de pobreza y de ella, el 74% está en pobreza extrema (realiza una comida caliente una vez a la semana) no puede estar nada bien. Una sociedad donde trabajar no tiene sentido porque el sueldo devengado no permite acceder a los medios de transporte para llegar al sitio de trabajo ni mucho menos, optar a la cesta alimentaria básica, no puede estar superando para nada la pobreza.

 

  En fin, que tanto la población misma (el último censo de 2011 indicaba un estimado de 33 millones de habitantes) se ha reducido en cerca de 6 millones (27 millones viviendo en Venezuela), y la esperanza de vida ha bajado 2-3 años, no es para nada una sociedad feliz.

 

  Los índices presentados por la Encovi-2021, indican de manera dramática lo más espeluznante: Venezuela es una sociedad sin cerebro pensante. El cuerpo social esencial, su clase dirigente intelectual, no existe. Esto se evidencia en absolutamente todas las áreas de la vida nacional.

 

  El vacío que dejó la clase media venezolana está siendo progresivamente ocupado (asaltado) por una dirigencia que es modelo del embrutecimiento generalizado de toda la sociedad. Un modelo de venezolano depravado, ruin, patán, sin mayor tradición cultural y donde se entre mezcla la banalización y la perversión de los valores, principios, ética y moral para hacer del desprecio al semejante, el modelo a seguir de manera inevitable.

 

  Algunas de estas claves habría que buscarlas en las tristesetapas del pasado remoto venezolano y del abandono y atraso al que fue lanzada la sociedad nacional por los duros períodos de violencia sistemática, tanto de las guerras de mediados del ochocientos como de inicios del siglo XX. En esos escenarios se encuentran parte de estos lastimosos lastres (resentimientos) que hoy arrastramos. También del período medianamente reciente (entre 1948-1958) época de la llamada dictadura perezjimenista

 

Porque el desencadenamiento de la debacle nacional no puede deberse a un desplome de las dos últimas décadas. No creo que 20 años sean suficientes para haber desmontado toda una estructura de Estado y sobre manera, el derrumbe de todo un cuerpo social, ni la destrucción institucional. Esto ha sido un laborioso y sistemático deterioro que en los últimos 20 años se desencadenó e hizo implosión mostrando una enfermedad que ahora carcome a la totalidad del territorio y sus pobladores.

  Sigo pensando en este dramático escenario de total aniquilamiento social y me encuentro, revisando documentos, una carta que el general Bolívar le dirige, desde Perú, a lord Melville, en 1825, ya cuando las disputas por el poder hacen presencia y debilitan las frágiles estructuras de las nacientes ideas republicanas. Copio partes de esta misiva: “América no verá la paz sino el día que se aparte del giro popular de la igualdad (…) debo confesar que este país no se encuentra en situación para ser gobernado por el pueblo, lo que, debemos convenir, es mucho mejor en teoría que en práctica (…)”. Para, posteriormente agregar: “De todos los países es tal vez Sudamérica el menos apropósito para los gobiernos republicanos, porque su población la forman indios y negros, (…). Un país que se encuentra representado y gobernado por pueblos semejantes, no puede ir sino a la ruina(…) yo, bajo el punto de vista de principios generales, no he sido nunca enemigo de las monarquías, sino que, por el contrario, las considero esenciales para la respetabilidad y bienestar de los nuevos Estados; y que, si el gobierno británico llegase a proponer el establecimiento de un gobierno regular, esto es, de una monarquía o monarquías en el Nuevo Mundo, encontrará en mí un promotor firme y constante de esas ideas (…).

 

  Estas palabras de Bolívar parecen más una confesión, una clara muestra de sentimiento que claudica ante la espeluznante realidad de una sociedad totalmente huérfana, desvalida y enferma que lo fue aquella que heredó una libertad que desde el mismo momento se palpaba de dudosa credibilidad. La sociedad que entra a convivir con las ideas republicanas es una masa humana que tenía poco más de 300 años de cotidiano existir con la cultura monárquica. Valores, principios y una práctica de tradición que no fue sustituida sino mucho tiempo después. Indicaríamos que fue la aparición del petróleo a principios del siglo XX que permite a la sociedad venezolana acceder a un cambio de mentalidadque fue progresivamente ampliándose.

 

  Un siglo de vida republicana no es mucho tiempo, nada,para educar y transformar el pensamiento de una sociedad que se había formado en otro mundo, en otra cultura. Un pasado de cultura monárquica que no siempre fue negativo. Por el contrario, habían pasado generaciones formándose enuna tradición donde se fundaron las bases de una sociedad que construyó pueblos, sistemas de convivencia, instituciones y toda una sociedad que vivía y convivía bajo el manto y al amparo de un sistema jurídico fortalecido en sus instituciones. Una sociedad que aprendió una lengua, practicó una misma religión e hizo uso de formas culturales propias.

Semejante herencia no pudo ni ha podido ser superada todavía. 

 

  Padecemos, hoy, la pobreza generalizada de un presente por no haber podido asimilar la vasta y compleja herencia cultural de un pasado esplendoroso. La confesión de un venezolano, como Simón Bolívar, es muestra de un hecho que indicaríamos como error histórico. Sí, es muy posible que este héroe sintiera en su intimidad la lamentable tragedia de haber querido implantar un sistema de vida que la sociedad en su conjunto, ni antes ni después, ha podido asimilar del todo. Esto se convierte ahora en una hecatombe, una tragedia, un descomunal fracaso que tiene a Venezuela al borde de su fractura territorial y social. 

 

(*)  camilodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis   IG @camilodeasis1

 

jueves, septiembre 30, 2021

Patán




 Lecturas de papel

 

Patán

 

Quien habla como un patán, terminará por pensar como

un patán y por obrar como un patán. Hay una estrecha e

indisoluble relación entre la palabra, el pensamiento y la acción.”

Arturo Úslar Pietri.

 

 

Juan Guerrero (*) 

 

De manera acertada, Úslar Pietri calificó a los ‘malablaos’ como gente de almas enfermas que se convierten en seres pedantes y descalifican constantemente a sus semejantes hasta degradarlos cuando están en posiciones de poder. Son esos venezolanos de la nueva clase dirigente, en la economía, finanzas, milicia, política, que han terminado despreciando hasta su propio pasado.

 

  Los pedantes y su pedantería son la práctica común en la Venezuela actual. Transformados en los nuevos amos de un territorio que era un país, una nación y una república, portan el estandarte de la total y absoluta informalidad en la práctica de un lenguaje, de un idioma terrible y groseramente pisoteado, donde no hay espacio para la decencia ni el respeto a la tradición idiomática.

 

  Esta degeneración del hablante venezolano comenzó con el modelaje por los medios de comunicación donde sus primeros auspiciadores fueron dirigentes de la política venezolana, transformados de repente en figuras de lo que hoy pudiera denominarse, ‘influencer. Privaba (hoy es una constante) más el interés personal que el servicio público.Podría afirmar, que en la actualidad los políticos venezolanos son unos indigentes idiomáticos. Carecen del principio elemental de la comunicación: comunicar.

 

  Esa informalidad fue arrastrando progresivamente a nuestro idioma, sus maneras de expresión, las hablas regionales hasta ser degradado a expresiones de un neo lenguaje, donde lo soez, lo vulgar y el constante atropello a las expresiones que indiquen decencia y respeto por el semejante, se han apartado por una mal entendida informalidad donde supuestamente debe permitirse la entrada de hablantes que no poseen en su instrumento lingüístico las mínimas nociones de la comunicación socialmente aceptadas. Lo peor, esta nueva clase social construida al amparo de la noche oscura de las prebendas de la oportunidad política, han comprado su estatus a ‘realazo limpio’ creyendo que también lo pueden hacer con el idioma. 

 

  Delicado esto que indicamos pues alguno pudiera reclamar que se vulneran los derechos humanos de la comunicación, o se segrega a determinados hablantes. Pero esa no es nuestra intención. Indicamos acá la norma idiomática donde todos cabemos y debemos respetar para entendernos como “Dios manda”. Y es acá donde, precisamente, esas minorías están acabando con la tradición de una cultura que tiene más de 500 años en su cotidiana práctica idiomática de nombrarse y nombrar el mundo donde habita.

 

La perversión del lenguaje en boca de la dirigencia actual venezolana, desde todos los ámbitos del poder, constantemente son una afrenta contra la cultura y la historia de la lengua nacional. Ese empobrecimiento idiomático que se ve, la pus de la cloaca idiomática, se palpa en la calle, se evidencia en la nulidad de conceptos, de reflexiones, de planteamientos esclarecedores que permitan superar la crisis generalizada que ahoga al hablante.

 

Deberían ser estos, en primer lugar, quienes modelen en el habla estructuras lingüísticas que orienten y den luces al común del hablante, para que acceda a comprender la gravedad de su entorno y busque soluciones a su crisis cotidiana.

Soy testigo, en mi propio entorno, dolorosamente, de esto que afirmo cuando escucho a parte de mis vecinos y personas cercanas, en su básica manera de expresarse. Hay un vacío conceptual, una pobreza idiomática en la expresión de sus ideas. Todo su mundo se reduce al uso de una docena de términos donde la gran mayoría de ellos son recursos del lenguaje donde impera la obscenidad, la grosería sin más, las estridentes vulgaridades expresadas sin mayor rubor ni vergüenza. Lo triste de ello es que son personas jóvenes, muchos de ellos profesionales o con experiencia en sus oficios, con familia e hijos.

 

Les escucho vociferar a viva voz los términos más soeces que se pueda uno imaginar. Esto no implica, sin embrago, que, en determinados estados o situaciones, se pueda optar por el uso de uno de estos términos. Ocurre que mientras quienes podamos usarlos por razones específicas y en justificados momentos, estos hablantes han hecho de estas excepciones su lenguaje cotidiano, su día a día. No se dan cuenta para nada que esa práctica de degradación idiomática, progresivamente les está cercenando sus propios espacios idiomáticos, les seca el alma y los arrastra inevitablemente al quiebre moral, ético y de principios y valores que son la piedra angular de eso que se llama ‘ser humano’.

 

  Porque no es suficiente con ser hombre o mujer; es imperativo trascender lo básico de ser hombre y alcanzar la estatura de lo humano. Es imprescindible, urgente, contar con un lenguaje que adecente, que ilumine, que muestre el perfil amoroso de una humanidad que nos dignifique y dé sentido a lo que debemos ser como humanos.

 

(*)  camiodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis   IG @camilodeasis1

jueves, septiembre 23, 2021

Leopoldo




 Lecturas de papel

 

Leopoldo

 

Juan Guerrero (*) 

 

 Viví por 30 años en la Guayana venezolana, un espacio cultural que en los tiempos de la colonia pertenecía al virreinato de la Nueva Granada. Por esta razón y quizás por otras, los guayaneses siempre se han sentido pertenecientes a algo más importante que una capitanía, audiencia o república. Sus actividades cotidianas por siglos estuvieron marcadas por las referencias político-administrativas, financieras y comerciales directas con la capital imperialmadrileña o con Santa Fe de Bogotá, en la tierra de los muiscas. Los hijos de la élite angostureña salían por vapor directo a las islas inglesas del Caribe o de habla francófona, para dirigirse a París, Londres o Madrid. Eras súbditos de la corona española y así lo fueron por siglos.

 

  Fue en el siglo XX cuando el Benemérito Juan Vicente Gómez impuso su paz del silencio y unificó al país incorporando esa extensa región a lo que se conoció como Estados Unidos de Venezuela. Pero la Ciudad Bolívar de la era republicana siguió conservando su estirpe y prosapia virreinal en su hacer cultural ancestral y de glorioso pasado. Así también el resto de los antiguos pueblos, como Nuestra Señora del Rosario de Guasipati, capital de la tierra del oro,tierra de los indígenas kamaracotos, los grandes cazadores de zorros guaches. En esa población nació, el 15 de noviembre de 1928, Leopoldo Villalobos Boadael cronista emérito de Ciudad Guayana.

 

  Lo conocí a propósito de una confrontación sobre el nombre a unas páginas culturales, ‘Puerto de Tablas’, que coordinaba en el extinto diario El Pueblo, de San Félix, a mediados de 1984. Después se hizo común encontrarnos para conversar sobre la historia de este vasto y telúrico territorio de aguas dulces y cielos cristalinos.

 

 De Leopoldo me sigue sorprendiendo su constancia para coleccionar todas las publicaciones regionales y muchas nacionales. Su casa de dos plantas, era un verdadero museo hemerográfico. Tenía en su haber todas las publicaciones, diarias, de los periódicos de Guayana: El Expreso, El Progreso, Correo del Caroní, El Pueblo, El Bolivarense, El Diario de Guayana, El Luchador, Diario Primicia, La Esfera, El Guayanés, Nueva Prensa, entre otros. De todas esas y otras publicaciones la que más atesoraba era la revista El Minero, de la cual fue redactor y posteriormente su editor.Sigue así, Leopoldo Villalobos, la tradición de Guayana como la cuna del periodismo republicano y donde, hasta mediados de los años 80-90, era la región que poseía la mayor cantidad de publicaciones diarias y donde más periódicos se leían.

 

  Cierto día entré a su morada, mientras me mostraba su casaobservaba habitaciones enteras llenas con cerros de diarios que iban del suelo al techo. La sala completa atestada de periódicos, revistas, libros, manuscritos, fotografías, sin lugar apenas para pasar entre inmensos montículos de papel. Carpetas y demás publicaciones en el más completo desorden, ya comenzando a deteriorarse. Era, ciertamente, una inmensa memoria que yacía esperando ser atendida.

 

  -Esto es para ti, Juan. En mis manos depositó un libro de su coterránea, la poeta Jean AristeguietaEbriedad del delirio, con una dedicatoria. En su interior colocó un ejemplar de las plaquettes que esta destacada escritora continuaba promoviendo a sus más de 90 años. 

 

Leopoldo Villalobos publicó varios libros, así como innumerables artículos y ensayos sobre la historia de Guayana y sus misterios. De su pueblo, Guasipati, que está en el sendero de la inmensa selva de la Guayana venezolana, Leopoldo la describe, ‘Guasipati: memoria de un pueblo’,con acuciosa mirada para dar una versión más objetiva de la historia de esta tierra dorada y de inmensas y profundas aguas. Fundada, como el resto de pueblos y cantones, por los conquistadores y misioneros en el siglo XVIII. De tanto adentrarse los españoles en la selva buscando el mítico Dorado, fueron quedando misiones, como El Callao, Tumeremo, El Palmar, El Dorado. 

 

 La escritura laboriosa y reposada de Leopoldo Villalobos se aprecia, tanto en sus artículos publicados como en las crónicas, cuentos y poemas sobre la historia de los pueblos de la Guayana. –Es que en Guayana los poetas crecen como la verdolaga, mi querido amigo. Me confesaba, sarcásticamente, cierta vez a propósito de los encuentros y recitales poéticos a los que asistía.

 

Su prosa poética, presente en su ‘Mega canto a Guayana’, describe un territorio donde la memoria está íntimamente adherida a lo cotidiano, a los espacios de los pueblos que vio nacer y crecer, a las ciudades que se construyeron, como Ciudad Guayana, a los sitios ancestrales, como el Puerto de Tablitas donde se originó el pueblo de San Félix y del que tanto discutimos. 

 

Hoy Leopoldo no está. El integrante de la primera promoción (1960) de licenciados en comunicación social de la Universidad Central de Venezuela, fundadores del periodismo académico en Venezuela, partió un 31 de octubre de 2018. La Guayana de la inmensa memoria cultural, con sus ancestrales y misionales pueblos, sabrá recordar y apreciar su aporte a la cultura y las letras. 

 

(*)  camilodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis   IG @camilodeasis1

miércoles, septiembre 15, 2021

El falso indigenismo




 Lecturas de papel

 

El falso indigenismo

 

Juan Guerrero (*) 

 

  Pensar que los aborígenes de esta parte del mundo eran unos dóciles y angelicales seres humanos es cosa de ingenuos y desfasados defensores del ortodoxo mundo que ahora se les ha dado en llamar, populismo o ecologismo.

 

  Pues no. Para finales del siglo XV el continente que se llama América estuvo por siglos sometido a las fuerzas imperiales de los grupos culturales más fuertes. Al norte, el imperio Mexica, y al sur el Inca. Dependientes de estos estaban las pequeñas naciones y pueblos que dependían de estos grandes monopolios, donde las guerras y sus consecuencias eran la cotidianidad, y se han podido estudiar de manera secuencial y objetiva.

 

  Gracias a estos conflictos permanentes entre los grupos imperiales, la llegada de los españoles y su posterior conquista y poblamiento fue posible, por la participación de pueblos indígenas aliados con los españoles. Lo vemos en la conquista de lo que hoy conocemos como Ciudad de México, donde Cortés apenas tiene poco más de 2000 soldados castellanos mientras es apoyado por poco más de 200.000 guerreros indígenas de pueblos, como los tlaxcaltecas, texcocos, totonacas, entre otros, enfrentados al imperio dominante.

 

  Igual pasa con la conquista y poblamiento de la Tierra de Gracia (Venezuela). Diego de Losada es acompañado por miles de aborígenes que están enfrentados a los temibles caribes y sirven a los expedicionarios españoles para ocupar el valle de los Caracas y derrotar, posteriormente, a los bárbaros comedores de hombres, mujeres y niños.

 

  Algunos investigadores manifiestan que en verdad los caribes practicaban la antropofagia, como lo cuenta el escritor, Herrera Luque en Los Amos del Valle. Otros, más condescendientes, indican que solo lo hacían en ceremonias y como rituales de guerra o para calmar la ira de los dioses. De cualquier manera, lo cierto es que estos pueblos eran muy dados, tanto a aniquilar, sojuzgar, esclavizar y comerse, sea por gusto o por motivos religiosos, a sus enemigos.

 

  La historia de la posterior denuncia de maltrato, crueldad y aniquilamiento de los pueblos indígenas, por parte del imperio español, fue un progresivo y bien fundamentado ardid ideado por las naciones y pequeños reinos de la Europa del norte, rivales imperiales que se vieron superados por la expansión que vivió España, a partir del siglo XVI, tanto por el descubrimiento y ocupación de América, como por el nuevo orden mundial trazado a partir de las nuevas rutas comerciales que se fijaron, gracias a los adelantos de los marineros españoles.

 

  Cierto que los primeros 50 años de la conquista española fue notoria y evidente tragedia para los pueblos indígenas, situación que la España imperial nunca negó. Por el contrario, estos desmanes dieron lugar al establecimiento de las llamadas Leyes de Indias donde se determinó un trato más humano y digno para con los nuevos súbditos de la corona española. Muestra de ello es el alegato que a favor de los indígenas formula, públicamente, en su libro, el sevillano fray Bartolomé de Las Casas, con su Brevísima relación de la destrucción de las Indias.

 

  Pero estas denuncias fueron usadas de manera sesgada por la propaganda imperial inglesa, francesa y holandesa paradarle a la España imperial una visión cultural deshumanizada y presentarla como artífice de todos los desmanes y tragedias que posteriormente ocurrieron. Sin embargo, los estudios realizados han demostrados que, por ejemplo, la mayor empresa esclavista estuvo formada, tanto por compañías inglesas y holandesas, que durante los siglos XVI, XVII, XVIII y hasta entrado el siglo XIX, cargaron con millones de africanos que vendían a los colonos desde el Caribe al Golfo de México y costa este de lo que son hoy los Estados Unidos de Norteamérica hasta la Nueva Escocia (Canadá).

 

  La farsa montada por la propaganda (Leyenda negra)inglesa y holandesa, se evidencia en la serie de panfletos, libros y documentos donde se presenta a la corona española como responsable del genocidio contra los indígenas del Nuevo Mundo. Las llamadas Encomiendas o distribución de indígenas a los españoles que residían en las tierras ocupadas, contaron siempre con la aprobación de parte de aquellos grupos de aborígenes que se aliaron a los conquistadores. Esto evidencia los privilegios que muchos pueblos indígenas conservaron siglos después. Ocurrió, por ejemplo, con los indígenas de la Capitanía General de Venezuela, con los palenques, guaiqueríescaquetíos, entre otros. 

 

  La aniquilación de los pueblos indígenas habría que verla, investigarla más a fondo, y razonarla de manera crítica y responsable, a partir del siglo XIX con el advenimiento de los movimientos llamados de independencia, donde pueblosindígenas enteros, hombres, mujeres y niños, que se negaban a abandonar su apoyo al imperio español y a su rey, fueron diezmados, aniquilados por las tropas patriotas. 

 

  Generalmente cuando se habla del imperio español y su presencia en el Nuevo Mundo, se busca resaltar lo negativo de ello. Se olvidan (por intereses ocultos y menos por ignorancia histórica) los inmensos aportes que esteverdadero imperio supuso para el destino de media humanidad. La llamada América Latina desarrolló una nueva lengua, asimiló una nueva religión y desarrolló una nueva historia; esto significó una cultura hispánica. Solo en estos tres aspectos se resume el destino posterior de un sobre humano esfuerzo combinado, entre miembros de dos culturas, española-aborigen, que fusionaron su destino, mientras en otras realidades, holandesa, inglesa, fue diferente; evidentemente segregacionista y donde se invisibilizó por siempre a los vencidos.

 

(*)  camilodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis   IG @camilodeasis1