miércoles, agosto 18, 2021

Las primeras palabras

 





Lecturas de papel

 

Las primeras palabras

 

Juan Guerrero (*) 

  

  Después de las tradicionales, ma-me-mi-mo-muy ‘mi mamá me mima’ la palabra que inició mi vocabulario, fue Singer. Mi madre era modista y yo la veía todos los días frente al mueble, ella sentada frente a su máquina, yo, carreteando mis juguetes artesanales que ella me fabricaba con los carretes del ‘hilo Elefante’. Así, desplegaba sus telas y ellas viajaban por los aires y dejaban impregnado el ambiente de extrañas fragancias. Olían a cosa nueva. Las llamaba, popelinacaquigabardinacasimirlinoseda, entre tantas otras. Las acompañaba mientras pronunciaba los colores, con el fino timbre del hilo aguja, o el grueso tono del, botón, o ese chasquido llamado, rache, que después cambió, cuando nos fuimos a vivir a Caracas, por el novísimo, cierre mágico.

 

  Pero antes de combinarlas para saber que todas eran parte de una prenda de vestir, en silencio me iba a mi escuela particular, en el patio de mi casa, allá en el Maracaibo de finales de los 50, y mientras conversaba con mi amigo imaginario y las hormigas, pronunciaba esas mágicas palabras y las usaba en mis juegos inventados para vestir a las hormigas. Bajando los dos peldaños de la escalera de cemento, entraba a mi escuela donde tenía al señor mango, un inmenso árbol en todo el frente con sus grandes brazos,abiertos y cubiertos de hojas, a mi izquierda, veía a la espigada lechosa con sus frutos en lo más alto. También, casi al centro, el níspero delgado y con la fragilidad de sus ramas. Del otro lado estaba la acacia, donde colgaba un columpio. Allí pasaba el resto de la tarde contemplando cómo mis pequeños amigos elevaban las petacas llamadas después, volantines.

 

  Yo andaba por las tardes aventurado en un espacio todo para mí. Hasta que una amiga de mi madre le sugirió que debía enviarme a la escuelita. –Carmen, mira que el muchacho anda como hablando solo. Es bueno que también vaya y se entretenga con otros niños en casa de la vecina. Era una improvisada escuela vecinal al final de la vereda número 32. Y de esa conversación recuerdo otra extraña palabra: kindergarten. En mi tiempo nada de eso existía, solo las escuelitas donde íbamos con nuestro taburete y una locha, dinero que nos daban para comprar el helado casero.

 

  Erealidad creo haber nacido a la consciencia de existir, de tener idea de estar en el mundo, una tarde cuando mi madre me llamó. Yo, como siempre en el patio, subí los escalones mientras ella entraba al baño. –Tienes que tener siempre las manos limpias. Así como lavo tus manos, así hacía siempre la negra Hipólita con El Libertador. Esa expresión me impactó. Cuando salí del baño el mundo era otro. Mi madre me llevó hasta el comedor, buscó mi libro de Primaria, se sentó y me subió a su regazo, y me leyó el cuento de la Cucarachita Martínez y el ratón Pérez.

 

  Al final terminé en un puro llanto. Mi hermana, Tane, trató de calmarme. Pero todo fue infructuoso. Ya para la noche, el típico ataque de asma se hizo presente. Me acostaron en mi hamaca de lona blanca y me llenaron el pecho con numoticine, otra de las primeras palabras que recuerdo.Después, mi mundo se fue ampliando a medida que iba conociendo palabras. Tantas, que mi madre inventó un juego: buscó el diccionario de mi hermana mayor, pequeño y lleno de páginas, y como ya sabía leer, mencionaba una palabra y yo tenía que encontrarla en ese libro. Supe entonces que las palabras vivían también en esos objetos que llamaban libros. Esa asociación se fue ampliando, ya no estaban adheridas al ruedo de pantalones ni al zurcido de vestidos, ni al ruido de la máquina de coser de mi madre. Se fueron más allá de ese entorno. Tanto, que cierta tarde, mientras mi padre salía de la casa, mi madre apresuró el paso, abrió la ventana y llamó a mi padre: -Guerrero, no olvide traer el pan y el litro de leche. Con esa palabra llamaba mi madre a mi padre. Supe entonces que su trabajo estaba fuera de la casa. Era fotógrafo, y pude grabar ese término en mi memoria. Pude ver toda la inmensidad de esa palabra la vez que visité a mi padre en plena plaza Baralt. Allí, en medio del bullicio y la algarabía, mi padre tenía metida su mano en una manga de tela negra, en un cajón. Este se soportaba en un trípode de madera. Al frente, sentada en una silla de metal, una goajira estaba inmóvil mientras mi padre le daba instrucciones y después escuc un clic, y –listo, dijo mi padre.

 

  Lo ayudaba en las vacaciones cortando, con una tijera dentada, los pequeños sobres blancos donde se colocaban las fotografías. De esas visitas asocio algunos términos, como Agfa, unos sobres que estaban en una caja pequeña de color rojo. De mi escuela y de mi maestra, Josefa de Morles, puedo asociar la palabra, severidad. La vez que una representante fue a reclamarle por los reglazos que le propinó a su hija. Pero mi maestra Josefa, si bien era severa, no era ni mala ni menos perversa. Ella nos dejaba ir, en el recreo, hasta la casa donde vendían la chicha Williams, esa otra palabra que tanto me gustaba pronunciar.

 

  Después, ya un poco mayor, mi lenguaje se fue acercando a las orillas naturales donde fluye el discurso literario. Pasé de esa mágica oralidad donde las palabras son carne y sangre, discurren en la tonalidad de la pronunciación, a estar fijas, como estáticas, casi frías, de los libros. Los puedo a ellos asociar a la familiaridad, a la cercanía de otras experiencias. Como cuando nos tocó enterrar los libros de mi hermana mayor; los envolvíamos en bolsas plásticas, hacíamos huecos en el patio y los enterrábamos. De esta manera, la policía política de la época no podía encontrarlos para llevárselos. Así, días después íbamos al patio para desenterrarlos. Mientras los sacábamos y limpiábamos, yo escuchaba la conversación de mis padres y hermanos. De nuevo salían otras palabras, ahora nombres como, KafkaGorkiRamos SucreAndrés Eloy BlancoRilke. Eran parte de mi familia, esa era mi conclusión. 

 

  Por eso amo tanto las palabras y a quienes las cultivan. Me agrada el timbre, el tono, la entonación de quien a bien tiene pronunciarlas. Hoy sigo regresando a mi primera escuela y mi primera maestra, mi madre y el patio de mi casa. Allí moran mis palabras, estas y tantas otras. Siempre he de regresar, como una interminable costura donde el hilooriginal se adhiere a otras telas, otras texturas, otras fragancias, pero con la misma sensación del primer encuentro, con la emoción de la primera vez.

 

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miércoles, agosto 11, 2021

Luis Lares: artista de la imagen industrial




 Lecturas de papel

 

Luis Laresartista de la imagen industrial

 

Juan Guerrero (*) 

 

  La fotografía documental en Venezuela, referida al tema industrial, ha sido escasamente tratada y muy poco analizada. Si abordamos este tema, resaltan tres nombres,que, en el país del olvido, pueden dar testimonio fotográfico sobre el tema.

 

  En la zona de la industria extra-pesada venezolana,Matanzas, que forma parte de Ciudad Guayana, integrada también por su sector tradicional y originario, San Félix, y por su área moderna, Puerto Ordaz, pueden mencionarse tres grandes fotógrafos dedicados al trabajo de la imagen industrial, la arquitectura de la ciudad y sus habitantes. Tanto Federico Isasi como Lionel Arteaga, han dedicado gran parte de su trabajo visual a documentar la historia de las Empresas Básicas de Guayana. El otro es, Luis Lares (1951-2021) quien mantuvo por más de treinta años una permanente vinculación con la llamada Zona del Hierro.

 

  Le conocí a inicios de los años 80 del pasado siglo. Venía de realizar estudios de fotografía y dirección cinematográfica en Londres. Trabajó varios años como promotor cultural y tuvo bajo su responsabilidad las actividades de cultura de la empresa, Interalúmina. Después, fue director de cultura de Venalum, la gigante del aluminio primario venezolano. Posteriormente, se fue a Ciudad Bolívar como director del prestigioso Museo de Arte Moderno, Jesús Soto, de Ciudad Bolívar.

 

  Mientras se ocupaba de sus actividades administrativas y presentación de grupos, personajes y demás aspectos burocráticos, Luis dedicaba también su tiempo a registrar en imágenes, la vida industrial de la ciudad y sus empresas. Así, en compañía de quienes conocían a profundidad el ambiente industrial, como el escritor Francisco Arévalo, Lares fue identificando y capturando los ángulos, perspectivas, encuadres, movimientos y sujetos para recrear un mundo que transformó y ‘congeló’ en cientos de imágenes que dan cuenta de una historia, la historia del mundo industrial venezolano, que hasta entonces era desconocido o escasamente tratado fotográficamente.

 

  Los aspectos técnicos referidos al tratamiento del revelado, la densidad del grano duro, la intensidad de la luz y la sobre exposición, el uso de los grandes planos para mostrar la majestuosidad de las estructuras industriales, vistas como gigantescas catedrales con sus altos hornos y chimeneas, lo mismo que los planos completos y medios planos donde los sujetos muestras el dramatismo de una vida industrial, que se caracteriza por la presencia permanente del ruido, calor y polvo, son características que distinguen el trabajo de Luis Lares.

 

  De sus exposiciones, recuerdo la presentada en la Sala de Arte-SIDOR (1984), Permeables, una invitación a penetrar descalzos sus construcciones visuales para introducirnos en una especie de túnel vibrante de luz y colores que combinaban y resultaban en nuevos prismas multicolores. Trabajo ya ideado cuando estudiaba en la escuela de fotografía en Londres, a finales de los años 70.

 

  Otra muy interesante y grata exposición fue la referida a los Hombres de carbón(1993) donde Luis Lares seleccionó a varios trabajadores de las llamadas ‘contratas’ que laboraban en las paradas técnicas de Venalum, quienes fueron protagonistas para una serie de imágenes, especie de retratos, donde los sujetos se mostraron con sus atuendos y herramientas de trabajo. Lo característico de este trabajo es el aspecto de una realidad, donde las sombras se acentúan en una luz dura, directa, resultando una imagen trascendente que se afirma en una estética personalísima, por tanto, original. No hay intención de denuncia ni reclamo social. Es la expresión, el lenguaje kinésico del sujeto mientras habita el entorno industrial.

  Refiero una anécdota sobre la inauguración de esa exposición, cuando los invitados especiales fueron los protagonistas de esas fotografías. Miraban con curiosidad sus retratos, otros reían, otros se sorprendían, mientras el autor disfrutaba de satisfacción por tan magnífico trabajo.

 

  Si en algún momento se consolida la idea-proyecto de un museo de la fotografía en Ciudad Guayana, que por tanto tiempo se ha esperado, sería un merecido reconocimiento a la labor de promoción cultural y como fotógrafo documentalista del obrero industrial venezolano, para este artista de quien hablamos. Excelente creador de imágenes y gran profesional de la promoción cultural. 

 

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viernes, julio 30, 2021

Adiós al mesianismo




 Lecturas de papel

 

Adiós al mesianismo

 

Juan Guerrero (*)

 

  Resulta relativamente fácil recomponer un país, aplicando correctivos económico-financieros y reinstitucionalizandocon políticas públicas su administración. Sin embargo, para perpetuar y garantizar que esos cambios sean trascendentes, efectivos y eficientes, es fundamental desarrollar un proceso educativo que permita formar, no solo los profesionales que necesita el país, también la afirmación de principios y valores que orienten en la formación y fortalecimiento de ciudadanos aptos para vivir y convivir en una sociedad realmente democrática.

 

  Ello involucra también el desarrollo de un lenguaje que afirme la identidad cultural y el destino de quienes se identifican con los ideales de libertad, solidaridad y compasión de su Otro igual y/o diferente.

 

 La sociedad venezolana ha vivido poco más de siglo y medio perdida en la emoción de un glorioso pasado de grandes, medianas y pequeñas batallas, revueltas, asonadas, a las que generalmente le ha dado el nombre de revolución’. Las disputas políticas casi siempre terminaron en revolución,donde los vencedores siempre colocaban una especie de ‘piedra fundacional’ de la nueva república. La revolución azul’, la revolución federal’, la revolución restauradora’, la revolución de la sampablera’, entre un largo etcétera que a la larga terminaron y dieron fin, en el siglo XXI, con la llamada revolución bolivariana’, tanto a la precaria democracia como a la misma república.

 

  El derrumbe de la república en el presente siglo, si bien debe considerarse como una tragedia, y de hecho lo es, también presenta una oportunidad de oro toda vez que habrá que hacerlo todo de nuevo. Es una interesante oportunidad para los nuevos administradores del Estado, para hacer a un lado la mentalidad caudillista, mesiánica y de tantos héroes y heroísmos que intoxicaron la consciencia histórica de la venezolanía. Es tiempo de dejar descansar en el panteón nacional a los prohombres de los tiempos pasados. El culto bolivariano de poco más de 150 años, debemos asumirlo desde una consciencia crítica para ubicarlo históricamente y darle el valor que se merece.

 

  El tiempo de este siglo XXI debe afirmar la civilidad y los aportes de quienes han trascendido, para darnos un rostro como ciudadanos libres, tanto por formación como en el trabajo ejemplar, donde la cotidianidad de una vida normal y sin mayores alteraciones, son la esencia de toda sociedad. Es la oportunidad de las mujeres y hombres de mentalidad civilista, para actuar desde el pensamiento del siglo XXI, en este presente.

 

Es el tiempo de volver a nosotros, afirmarnos en el aquí y el ahora. Ya es tiempo de dejar a un lado tanto pensamiento hacia el pasado, por muy glorioso y esplendoroso que haya sido. La humanidad, las sociedades normales se encuentran ancladas en el siglo XXI del año 2021. Ya el hombre está generando estrategias para llegar a Marte. Ya la luna está siendo colonizada, mientras el liderazgo venezolano, político, militar, económico, financiero, sigue mostrando una actitud, unos principios y valores del siglo XX y hasta del XIX, afianzando las figuras de los caudillos dictadores, como Cipriano Castro o Pérez Jiménez. El ingenuismo de estos liderazgos asombra y lleva hasta la hilaridad. Lo triste de ello es que arrastran gran parte de la población que, por sobrevivencia, muchas veces se ven en la necesidad de seguirles para no morir de inanición.

 

  La dinámica venezolana de estos tiempos, tan cruel y dolorosa en su rutinaria vida, está llevándonos progresivamente, a un estado de total y absoluto abandono, desamparo, desarraigo, con su desenlace de muertos y minusválidos. Quienes sobrevivan, necesariamente tendrán frente a ellos, la oportunidad para diseñar una sociedad, un país, una nación y una república, a su imagen y semejanza. No solo en la construcción de nuevas instituciones, también en el reordenamiento territorial y poblacional. Será esta la posibilidad para darle a esa nueva sociedad un mejor destino con unos principios y valores donde los modelos de la civilidad sean tomados, tanto de ciudadanos que se inmolaron para preservar la cultura venezolana, como de aquellos venezolanos que hicieron de nuestros antepasados hombres aptos para servir como administradores probos y que deben ser imitados por nuestros descendientes.

 

  Preservar la identidad nacional, la trascendencia cultural en quienes han sido los verdaderos héroes de la nacionalidad: educadores, científicos, artistas, intelectuales quienes afirman el valor y el principio de ciudadanía en la cotidianidad de una vida normal, sin mayor trascendencia que vivir en libertad la alegría de un destino común, amoroso y solidario.

 

(*)   camilodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis   IG @camilodeasis1

viernes, julio 23, 2021

La gran mentira




 Lecturas de papel

 

La gran mentira

 

Juan Guerrero (*) 

 

  Conocí a Oswaldo Trejo (1924-1996) en 1981. El autor de Metástasis del verbo (1990) gustaba ir cada tarde al Gran Café de Sabana Grande, y pasar hasta entrada la noche, conversando con sus amigos y conocidos. Era un rostro infaltable en la Venezuela de la euforia decadente en la Caracas de finales del siglo XX.

 

  Precisamente sobre ello recuerdo cierta vez que le increpé indicándole que la decadencia no dejaba nada bueno. –Por el contrario, mi apreciado Juan. Los tiempos decadentes como estos que vivimos, han dado buenos escritores y artistas. También han dejado al descubierto tanto político de pacotilla y reforzado la hipocresía y la banalidad.

 

Era sarcástico y se burlaba de esa sociedad de tanta pacatería que era la Caracas de siempre. –Porque desde los tiempos de los mantuanos esta ciudad fue un enjambre de miseria humana, mentirosa, hipócrita y chismosa, -sentenciaba, Oswaldo. Era puntilloso, directo y brutalmente sentencioso. –La historia de Venezuela nos la fueron contando los mantuanos vencedores, de a mentiritas, deletreada para no olvidarnos de sus abuelos. Era su manera de hablar de una historia oficial, esa de la que siempre he dudado.

 

Ahora, después de tantos años de esas conversaciones, sigo dudando de tantos momentos, discursos, estrategias y declaraciones que aparecen registradas por oficiosos historiadores y montadas, con bastante rojo visceral, como en las escenas de Eduardo Blanco y su Venezuela heroica.

 

Es que, para comenzar, hablar de una Latinoamérica unida, ya estaba dada por la práctica de tres siglos, sobre la base de una misma lengua, una misma historia y una misma religión. Basado en esa fuerza cultural hispánica, la aparición de una nueva concepción de la sociedad, transformada a partir del siglo XIX (1810) en sociedad republicana, no creo que se pudo dar, como hecho cultural, inmediatamente. Además de ello, la vida en las provincias hispánicas (no colonias) fue en gran medida, un florecimiento cultural, social y económico registrado y demostrado por la riqueza de una clase social, culta y adinerada y que competía con aquella capitalina (madrileña), previo a los acontecimientos de inicio de los movimientos insurreccionales de emancipación.

 

  Creo que la marca cultural de tres siglos (XVI-XIX) conforman un verdadero progreso que ha sido silenciado por quienes quisieron implantar la causa de una supuesta libertad, sobre la base del republicanismo, que no fue alcanzado definitivamente en la Capitanía General de Venezuela, de la cual hablamos. Porque los mantuanos lo que buscaron fue hacerse con el poder político para administrar ellos, directamente, el inmenso territorio y sus riquezas.

 

Nunca fue implantado un proceso cultural y menos educativo, para formar ciudadanos libres capaces de vivir y convivir en una república. Los anhelos de los ideales republicanos quedaron en quienes, teóricamente, vislumbraban una vida republicana a imitación de los países europeos o de los Estados Unidos de Norteamérica. La nueva realidad política que se dibujó a comienzos del siglo XIX, en el territorio que fue Capitanía General del imperio español, era un departamento que después, ya entrado el siglo XIX, se convirtió en República de Venezuela y su padre fundador fue, José Antonio Páez.

 

El concepto de país, nación y república fue gradualmente fusionándose en la mentalidad del pisatario de este territorio, después de 1830. Este concepto de estado autónomounificado solo fue asimilado y después, usado, ya entrado el siglo XX, con Juan Vicente Gómez, cuando se logra anexar la región de la Guayana (Angostura) a la república. Región esta, perteneciente desde hacía varios siglos al virreinato de la Nueva Granada. Definitivamente se logra, de hecho, su anexión, al construir, a comienzos de 1967el puente de Angostura, con lo cual se logra que esa región se incorpore al resto del país de manera directa.

 

  En la práctica, debemos más a la vida imperial monárquica hispánica, su ser y hacer culturales, que a una ilusoria vida republicana que nunca ha terminado de construirse como tal. Apenas llevamos poco más de un siglo en esos vaivenes frente a una segura, firme, trascendente y constante cultura hispánica, que nos otorgó lengua, historia y religión; una práctica cultural de la cual sentirnos orgullosos, tanto por nuestros ancestros como por nuestro mismo destino cultural.

 

Es falso que los 300 años de vida cotidiana imperial monárquica sean considerados como atraso y menos fracaso cultural. Todo lo contrario. Más bien, hemos de hurgar, someter a duda y verificar tanta historia y episodios de ella, tratados de manera truculenta, interesada y mal comentada por quienes han querido escribir la mal llamada ‘leyenda negra’ contra España y la cultura hispánica.

 

  Falsear la historia de Venezuela ha sido cruel, y ha traído esta miseria de vida decadente, con sus miserables protagonistas.

 

(*)  camilodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis   IG @camilodeasis1

martes, julio 13, 2021

Cuando vuelvas de Israel




 cuando vuelvas de israel 


cuando vuelvas de israel 

trae en tu mirada

el esplendor de dios 

pide al arcángel gabriel 

que te acerque a la ruta del maestro)

llega cansada al muro de los lamentos)

en las ranuras de las piedras

entenderás la letanía del rabino)

las sonrisas de quienes esperan en lo amoroso)

la suave ternura de un beso que hable)

del encuentro y la partida

después de vagar por las calles del centro)

entre iglesias   sinagogas   mezquitas y conventos)

sabrás que el tuyo está en tu cuerpo)

y entenderás por qué salomón 

erigió el suyo

mira el atardecer

la epifanía que acerca la oscura tarde)

entre las sombras reconocerás a los tuyos)

tan parecidos

tan iguales a nuestra mirada

que te sabrás acompañada 


cuando vuelvas de israel 

regresa con la centellante palabra del desierto)

telúrica   reveladora de mitos

de sueños 

entrelazada a tu hermosa sonrisa)

por las dunas y arenisca

está el relámpago de eternidad)

escucha la voz del ángel que anuncia)

a maría 


vuelve con el sabor del vino de resina)

entre los labios

el aroma de olivares en las manos)

regresa llena de esperanza y silencios)

escucha siempre la antigua melodía) 

que viene del este   del paraíso de eva y su adán 

ya no están abraham ni david 

tampoco noé ni juan el bautista)

hace tiempo se fueron los amantes)

jesús y maría de majdala 

y ruth y rebeca 

antes también boaz 

y nos llaman hijos de la viuda

sabrás de ellos cuando alcances)

las esquinas 

en alguna taberna olvidada

escucharás sus nombres

cuando pases veloz una calle

y después 

cuando descalza busques sal

en la orilla del mar muerto 

verás las huellas de tus amados ancestros)

y en el río verás tu bautismo

y pedirás la bendición humildemente)


cuando vuelvas de israel

trae el mar en tu cuerpo

danza entre olas

vuélvete espuma y dulzura)

suave brisa

sol de la mañana 


cuando vuelvas de israel 

otro amanecer de cielos claros aguarda)

el amor que buscas

queda en lo hondo

revoloteando como pájaro de agua)

tiernamente queda adherido

en nuestra carne

y nuestra sangre


  @ juan guerrero 

 Fotografía: Atardecer. Bahía de Juan Griego, isla de Margarita.

jueves, julio 08, 2021

La incertidumbre

 



Lecturas de papel

 

La incertidumbre

 

Juan Guerrero (*) 

 

  Mi esposa me comenta con cierta preocupación, la angustia que le causa saber las condiciones en que se encuentra el país. -¿Cómo sigue funcionando este país con tantas restricciones? ¿Cómo no termina de colapsar?, me pregunta.

  Le indico que, según las últimas informaciones de especialistas, poco más del 75% del transporte está detenido por falta de combustible. Eso implica el transporte de alimentos, medicinas y materias primas.

 

  -Fijate que en la carretera que va de Maturín a Carúpano y viceversa, esperan que se haga una fila de cien camiones, gandolas y demás vehículos de transporte de víveres, colocan una tanqueta militar a la cabeza, otra en el medio y otra en la retaguardia y así trasladan hasta la otra ciudad a los transportistas. –Es que las bandas de delincuentes y hasta comunidades enteras se han dado a la tarea de asaltar los vehículos de alimentos, sobre todo, porque esa gente no tiene qué comer.

 

 -Pasa también en la vía que va de El Tigre a Puerto Ordaz, al sur del territorio. También por la zona de la costa, entre Barlovento y El Guapo, en el estado Miranda. –Y, sin embargo, continúa comentando mi esposa. –Esto no termina de colapsar.

 

 Sigo pensando en los comentarios de mi esposa. La incertidumbre ante la inestabilidad económica y la posibilidad real de seguir mal viviendo y acostumbrarnos a una permanente vida en el desasosiego: Cortes de electricidad sin previo aviso, cortes de agua los fines de semana, hacer interminables colas de días para surtir gasolina, buscar en el mercado negro una bombona de gas doméstico. Nuestras rutinarias salidas turísticas para adquirir alimentos, medicinas o ir excepcionalmente casa de algún vecino para intercambiar alguna comida, una medicina o una donación. Esa es la recreación, esa es la normalidad, la cotidianidad de un venezolano en Venezuela. 

 

No. Venezuela, hoy, es otra cosa. Es un territorio devastado por los cuatro costados. Con una población enferma, mal nutrida y desnutrida, física y emocionalmente. Propensa a la depresión y al suicidio. Es la pura y cruel realidad. Todo, absolutamente todo, tanto material como inmaterial, ha sido arrasado. La Venezuela de siempre quedó como referencia en la memoria de quienes nacimos y crecimos en el siglo pasado. La historia oficial de estos tiempos es un registro construido desde la mentalidad marginal para adiestrar a otros marginales. 

 

Con ese tipo de seres humanos es imposible pensar en cambio significativo, real y verdadero. Leo y escucho a miembros de la oposición política hablar de unidad para el cambio. De elecciones en condiciones aceptables. Pero es que esta población que queda en este territorio difícilmente participaría en elecciones, porque simple y llanamente sobrevive buscando (asaltando) qué comer. Hasta el agua potable lo debe mendigar.

 

  Difícilmente una población sometida a la humillación, desnuda de todo, pueda sobreponerse mágicamente a su condición de marginalidad mental, para acudir masivamente contra quienes le están adiestrando para permanecer en la marginalidad mental: pérdida de su tradición republicana, principios y valores democráticos, ética y moral como ciudadanos de un país/nación que no existe, porque lo ve, lo siente, lo palpa en su propia piel.

 

  La Alemania nacional socialista de Hitler fue vencida por la conformación de fuerzas externas que se unieron para ayudar a su liberación y el resto de países europeos. La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y sus países satélites se derrumbaron por efectos de una economía inviable. El mejor producto que ha podido generar el socialismo es la mortandad acumulada, que ya sobrepasa los 150 millones de seres humanos desde que se tiene memoria. Ningún jerarca reconocido ha emigrado y se ha quedado a vivir en esos ‘paraísos del horror’, sea Cuba, Corea del Norte o China. Los nuestros se han refugiado en París, Londres, Madrid, o en las ciudades más emblemáticas de Estados Unidos de Norteamérica.

 

Desde esas ciudades construidas por el capitalismo, unos viven sus vidas de padres y abuelos, otros se dedican a abultar sus fortunas mal habidas, y otros a fungir de financistas, tanto de sus adeptos oficialistas como a ciertos dirigentes de la oposición. Total, ven la política gansteril venezolana, como un negocio y apuestan, generalmente a las dos opciones. 

 

Siempre lo he afirmado. Salir/superar esta condición de marginalidad política y optar por cambios reales, pasa por el ‘peaje’ del tutelaje militar quienes son, en definitiva, los que posibilitarían la transición a unas elecciones verdaderas. Lo otro son dos posibilidades: un acuerdo de países que intervengan militarmente y desalojen a ‘todos’ los actores políticos y hagan ‘borrón y nueva cuenta’, o esperar, como en los países satélites de la URSS, que todo termine derrumbándose por obsolescencia y oxidación mental. Allí pasaríamos parasitando varias generaciones. La solución no está en mí, pero sí sé que la historia es implacable, como la memoria.

 

(*)  camilodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis   IG @camilodeasis1