jueves, febrero 11, 2021

El ángel innumerable




 Lecturas de papel

 

El ángel innumerable

 

Juan Guerrero (*) 

 

  Fue en una mañana de febrero de 1997, cuando mi entrañable amigo, Ángel Valencia, se apareció acompañado con una persona, que, a cierta distancia, por su porte al caminar un tanto desgarbado, alto, y con un maletín de semicuero negro, parecía un cobrador de impuestosmunicipales. De hecho, creo que estaba trabajando en algo así.

 

Era ya el final de la mañana, y entre las mesas todas ocupadas en la famosa heladería 4D, en la concurrida avenida 4 de mayo, en la isla de Margarita, nos quedamos un buen rato conversando mientras decidíamos dónde poder almorzar. Nos decidimos por un comedor vegetariano, en lo alto de un edificio al doblar la esquina, a sugerencia de mi amigo, Ángel, quien profesaba unas creencias sobre la transmigración del alma a través de las ingestas frugales y vegetales.

 

  En la alegre charla descubrí que ese nuevo personaje había concurrido con nosotros en un mismo lugar, la insufrible e histórica Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela. Teníamos poco más de 18 años de no vernos. Mientras Ángel ordenaba las coordenadas del tiempo para lograr conectar con la isla del presente, el personaje que estaba sentado a mi lado, de pronto alzo el maletín, lo colocó en la pequeña mesa, apartó sellos húmedos, papeles y copias al carbón, libretas de pago, una grapadora, y demás rudimentos oficiales, y del fondo sacó un libro. Después de escribir algo en él, me lo entregó.

 

  -Esto es para ti, mi olvidadizo amigo. Nosotros nos conocimos en la Escuela a mediados de los años setenta¡para que no te olvides de mí, chico! Después todo fue una peladera de dientes, entre risas, recuerdos, menciones de otros amores, preguntar por viejos amigos, profesores, hasta ese presente que ya tiene más de 24 años de aquel día. Día que se alargó en más de dos en celebraciones, entre el mediodía de su salida del trabajo y escaparse o acompañarlo en su recorrido de centros comerciales y locales, oficializando cancelaciones o multas.

 

Ahora tengo otra vez su libro entre mis manos, El ángel innumerable, de Carlos Cedeño Gil, (1952-2021), libro que fue premiado en el Concurso de Poesía “Madre Perla”, en 1992 y editado por Fondene, 1993.

 

Termina su dedicatoria, así: “…antiguo compañero en cualquier lugar donde la poesía y el amor convivan su aventura de riesgo y dioses. Afectuosamente, El Ángel Innumerable de Carlos.”

 

  Lo leí inicialmente cuando, regresando una noche a tierra firme, después de ese largo encuentro, tuve que pernoctar toda una madrugada, frente al embarcadero de Porlamar, para salir rumbo a Cumaná en un viejo ferry que solo transportaba camiones y gandolas. Mientras veía a los recios choferes encontrarse e intercambiar sus botellas de ron y guarapitas, mi mirada se alargó hasta el frente de la larga fila de vehículos y se detuvo, mientras afinaba el oído para escuchar a un Javier Solís que dejaba salir su voz melodiosa y melancólica, entre un grupo de hombres sudorosos, semidescalzos y sin camisas, que, botellas en mano, permanecíanhipnotizados por esa ternura de voz. –¡Échese una, hombre!No ve que es mejor escuchar el mal querido tomando ron. Lo agradecí, también por escuchar al trovador, ChelíasVillarroel y a Francisco Mata, y allí permanecí gran parte de la noche larga. Después, regresé a mi camioneta y con el ron entre los labios, me dediqué a leer el libro de mi viejo amigo.

 

  Ahora, releo otra vez ese incandescente libro y me asaltan las olas (alas de un ángel) de una obra en verdad luminosa, esplendorosamente viva en sus imágenes que traen el viento fresco de la mar eterna, que es memoria, encantamiento y lucidez.

 

  Porque este libro es un cuerpo vivo, sensual, construidodesde la riqueza idiomática poblada de sabores, colores, de memoria y resquicios. –Este es el otro ángel, más rebelde y caribeño, que Rilke dejó atrapado en el castillo de Miramar, en Trieste. Sonreímos mientras terminamos nuestro vegetariano almuerzo, tan soso y desabrido. 

 

 Así habla la voz poética de Carlos Cedeño Gil: “A qué Dios imaginas reinando/ En parajes donde impera la vastedad del agua y la nostalgia/ Al sumergido anclaje de la melancolía/ O al nombre grabado entre ventiscas/ Cuál voz ocultas/ Entre oquedades de pajuelas errantes/ El misterio encerrado en tu mirar profundo/ Cuál lenguaje y qué gesto tiene el viento y su imagen/ Codiciados espejismos de mar/ Irradiando aquel verdor paisaje y su música/ Donde doras tussenos al alba/ Sobre aquel cuerpo desnudo la memoria detiene su viaje.” (Dios memorable).

 

Muy temprano partió mi amigo, Carlos Cedeño Gil. Sin embargo, además de este libro del cual comentamos, El ángel innumerable, también publicó: Poema sencilloBajo la sombra del vueloPoemas de la mujer de otro sueñoSocaire. Fue merecedor de varios premios literarios, entre los cuales mencionamos: Premio de Poesía, Luis Castro, Finalista del concurso de cuentos Empresas Polar, Premio de Poesía, José del Valle Lavaux, Premio de Poesía, José del Carmen Rosa Acosta. 

 

Hoy debo borrarlo de mi lista de poetas con quienes deseo conversar, dialogar, entrevistar, y que, por tantas otras razones, han sido olvidados por la ventisca del momento. Sin embargo, su poesía es luz de talismán que descubre una obra de revelaciones, elegante, sensual y de claros amaneceres, donde la imagen de un ángel dibuja la sonrisa del eterno enamorado de la vida y sus instantes. 

 

(*)  camilodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis   IG @camilodeasis1






viernes, febrero 05, 2021

Resistir en la cultura



Lecturas de papel

 

Resistir en la cultura

 

Juan Guerrero (*) 

 

  Las diversas invasiones que el ejército cubano-castrista ha ejecutado desde inicios de 1960, tanto en África como en países latinoamericanos, son muestra de la barbarie palpable del denominado hipócritamente, ‘internacionalismo militar’o fraternidad, o hermandad socialista. Ejemplo palpable de ocupación bárbara, por más de 15 años, es lo ocurrido en Angola, donde el ejército de ocupación cubano-castrista incendió una iglesia católica, ejecutó al sacerdote y los feligreses, luego, todo el mobiliario de madera, bancos, cruces y santos, fue usado para cocinarle a los soldados invasores y festejar la matanza.

 

  Similares actos de barbarie ejecutaron las fuerzas militares de ocupación cubano castristas, en Etiopía, Siria, Argelia, Guinea, y todos aquellos países donde la presencia de los ‘internacionalistas’ cubano-castristas ha sido documentada por investigadores independientes. En América Latina la presencia de esta barbarie siempre se ha solapado con el fantasma del ‘imperialismo norteamericano y sus lacayos’, propaganda que ha servido para ocultar la presencia armada de las fuerzas regulares castristas, en Bolivia, Nicaragua, Dominicana, Panamá, Chile, y en dos oportunidades enVenezuela. 

 

  En este último país, la ocupación cubano-castrista se realizó a partir de un plan que incluyó, tanto a políticos, empresarios, financistas, académicos, intelectuales, periodistas, como a militares del propio país. Porque los ciudadanos son quienes tienen menos responsabilidad en la ocupación que desde hace poco más de 20 años, disfrazados de enfermeras, masajistas, asesores deportivos, culturales, militares, entre otros, realizaron para lograr finalmente, ocupar todo un país con la excusa de realizar actividades de ayuda humanitaria.

 

  Una pequeña muestra de la barbarie cubano-castrista en Venezuela, es la planificación, construcción y la ejecución posterior de los centros de tortura, como ese sitio de terror llamado La tumba, dirigido inicialmente por un oficial venezolano, Miguel Rodríguez Torres, bajo asesoría de la ‘inteligencia’ cubana. La ‘formación y prácticas de tortura’, sobre todo psicológicas, son copia fiel de las antiguas usadas en Cuba, a la vez, heredadas de la URSS y la Alemania nazi (nacional socialista).

 

  La presencia de esta gigantesca fuerza de ocupación militar cubano-castrista en Venezuela, que en su tiempo Chávez, en un Aló presidente, indicó en más de treinta mil internacionalistas, ha dado sus claros y crueles resultados: una población que alcanza poco más de 96% en situación de pobreza, de ese porcentaje, el 80% se encuentra en pobreza extrema. La estructura administrativa del Estado, total y absolutamente desarticulada. La industria pesada nacional, con su empresa emblemática, PDVSA, destruida, saqueada y sin capacidad tecnológica para competir en el mercado internacional, igual ocurre con las industrias siderúrgica, hierro, aluminio, carbón, petroquímica. La estructura financiera nacional, con el signo monetario, el bolívar, en la más profunda crisis monetaria, poco más de 140 mil kilómetros cuadros (el Esequibo) de territorio en riesgo de perderse, los sistemas sociosanitario, educativo, cultural, deportivo, en franco deterioro y desarticulados. 

 

  La ocupación de las fuerzas militares cubano-castristas, con la anuencia de empresarios, políticos oficialistas y de oposición, militares, académicos e intelectuales venezolanos, ha significado un claro, evidente y notorio retroceso en los procesos de modernización de la sociedad y es un claropeligro para la plena vigencia de la República y el Estado de Derecho como unidad histórica y cultural.

 

  La realidad no puede ocultarse y se muestra ela inexistencia de construcciones a lo largo y ancho del país.En poco más de 20 años de presencia efectiva del llamado socialismo del siglo XXI y del ‘internacionalismo’ cubano-castrista, asoman apenas dos edificaciones: el segundo puente sobre el río Orinoco, en Guayana, y la reconstrucción del Viaducto en la autopista Caracas-La Guaira. De resto, solo enfermedades que habían sido erradicadas, vuelven como señales de atraso y penuria de una presencia cruel y bárbara extrajera, con la anuencia de traidores nacionales: tuberculosis, malaria, cólera, lepra, difteria, sarampión, sarna, junto con la desnutrición infantil, es lo que deja la presencia del ‘internacionalismo’ cubano-castrista en Venezuela.

 

  Difícil será levantar una sociedad mal acostumbrada a la vida parasitaria, a la holgazanería, a realzar la pobreza material, intelectual, espiritual como forma de vida. Un proceso acentuado de exaltación de toda forma de violencia, civil y militar, resulta muy cuesta arriba superar en un territorio dominado por el totalitarismo de militares y civiles, por hampones y pillos que se disfrazan de humanistas, de progresistas y a su vez, usan estrategias populistas para crear odio, resentimiento y hundir en la ignorancia a millones de seres humanos.

 

  En nombre del socialismo, del comunismo, del populismo, el ejército de ocupación cubano-castrista invadió un país, Venezuela, y sigue, disfrazado de ‘internacionalismo y hermandad’ diezmando a toda una sociedad, aniquilando su historia, sus valores, principios y toda forma de progreso. Es la neo esclavitud en pleno siglo XXI y ante la mirada, unas veces cómplice, otras veces ingenua, pero siempre hipócrita, de quienes se dicen defender la democracia y la libertad.

 

  Resistir, insistir y seguir defendiendo lo más sagrado que nos queda: nuestra historia, nuestra cultura, nuestro idioma, nuestras creencias y principios, apoyando todo movimientoque impulse la libertad, todo grupo cultural con iniciativas de producción y difusión del arte y la literatura. Ahí somos invencibles y eternos.

 

(*)  camilodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis   IG @camilodeasis1

miércoles, enero 20, 2021

Lenguaje y totalitarismo

 



Lecturas de papel

 

Lenguaje y totalitarismo

 

Juan Guerrero (*) 

 

  El totalitarismo se derrota desde el lenguaje, y el chavizmoes una forma de totalitarismo, primitivo, hamponilburdo y grotesco. El lenguaje del chavizmo es aquel del horror, la fetidez que lo corrompe todo y la continua humillación del ser humano y su entorno.

 

  El lenguaje del chavizmo busca enloquecer por su continuatorpeza de construir una falsa heroicidad, alterando la historia y sus hechos. Es un lenguaje de la precariedad en medio del terror que lleva gradualmente a corromper consciencias para sobrevivir. Así, terminas prisionero pareciéndote en la cotidianidad a esas imágenes afantasmadas, tan aletargadas, cargadas de tanta pobreza. Porque el espacio, el tiempo del totalitarismo es un ciclo continuo de marginalidad donde el lenguaje a cada instante se empobrece, se fragmenta, quiebra y queda anclado en mentiras y frases engañosas que se gritan e imitan sin ninguna reflexión.

 

  Decir chavizmo es nombrar la banalidad permanente, es el lenguaje del atropello y la vejación a la condición humana. Es enloquecer en medio de la incertidumbre, es el aniquilamiento como ciudadano. Porque eres apenas un pisatario, un paria de una lengua que no comprendes, extraña, de rumiantes que celebran la oscuridad de la muerte y el descuartizamiento de la belleza. 

 

  La argumentación del lenguaje chavizta está reducido a la construcción de un imaginario de la pobreza idiomática, la ridiculez del falso orgullo patrio, donde la pisada, la huella de la arbitrariedad militarista, grita, ordena e impone su poder, mientras el lenguaje es reducido a la obediencia y el silencio cobarde.

 

  Las formas bellas y trascendentes de la cultura, sus instituciones, siempre terminan reducidas, apartadas, clausuradas, incendiadas y demolidas. Centros de arte, edificaciones educativas, bibliotecas de investigación universitarias, publicaciones, y demás objetos del saber son las víctimas de la hegemonía totalitaria. Ello comporta lenguaje que es reducido a su mínima expresión. Por ello se puede evidenciar por las calles de esta Venezuela desamparada tanto caminante rumiando su silencio en expresiones de un lenguaje ininteligible, soez, cubierto de pobreza idiomática, primitivo, oracionalmente simple, torpe y lleno de lugares comunes.

 

  Por eso es imprescindible reivindicar el lenguaje que resiste, ese del arte de todos los tiempos. El lenguaje donde lo poético, lo metafórico y simbólico, invitan a construir y a reinventar permanentemente el idioma. Resalto a la poesía y los poetas que se rebelan contra todo tipo de totalitarismo, de populismo. Ellos, que resisten y construyen el lenguaje eterno de los dones, la lucidez perpetua que vive en los versos de un Francisco Arévalo, de Teresa Coraspe, Moraima Guanipa, Adriana Cabrera, Golcar Rojas, José Malavé, Salvador Tenreiro, Néstor Rojas, Eleazar León, Hanni OssottArmando Rojas Guardia, y de tantos otros que trascienden estos tiempos de una Venezuela gris y de lenguaje estridente, banal de la barbarie chavizta. En ese lenguaje poético palpita la real y verdadera razón de la existencia, memoriososabio, inteligente y solidario que celebra la vida. Es el lenguaje de la lucidez perpetua y la pluralidad. Reconocernos en nuestro Otro igual y existir en el Otro diferente y permanente.

 

  Es indispensable regresar a nuestro lenguaje ancestral, universal, metafórico y sanador. Ese lenguaje donde habitan nuestros esplendores, nuestros antepasados, nuestros dioses celestiales. Volver, regresar al lenguaje que celebra la vida, fértil e inmensamente rico, abundante, esplendoroso, dadivoso. Que nutre el alma y lo dispone a lo amplio, a lo abierto del ser.

 

  Creo en la riqueza como uno de los dones fundamentales de la vida, como construcción diaria y permanente que eleva a los hombres a la categoría humana, lo dignifica y señala el camino a lo civilizado y cívico, y permite implantar eso llamado ciudadanía. En ese espacio infinito, en ese esplendor tiene lugar el lenguaje de lo amoroso, de la abundancia y la riqueza plena y eterna de la humanidad.

 

  Porque el lenguaje trascendente, para ser tal, para perpetuar el destino humano, solo habita en libertad, en el discurso de los hombres libres que sanan sus heridas en la argumentación, el razonamiento y la consciencia de saberse acompañados en la diversidad y la diferencia.

 

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jueves, diciembre 17, 2020

Náufragos de Güiria



Hace poco más de diez años estuve por la parte más oriental de Venezuela. Fuimos a un encuentro de escritores, artistas, músicos y artesanos. Los días en la posada donde pernoctamos transcurrieron entre abrazos de viejos amigos, lectura de poesía, cantos, música y el encanto de los paisajes de esa parte tan remota, exótica y paradisíaca que es la península de Paria.

Un buen día, y mientras nos acercamos a la playa, varios amigos se embarcaron en un peñero y se fueron a visitar el bello pueblo de San Juan de Las Galdonas, a media hora de donde estábamos.

Ya en la tarde, cuando el sol comienza a colorear de acentuados matices la tarde, avistamos el bote con las sonrisas de nuestros cansados y temerarios marineros, porque a esa hora del atardecer, la mar con el viento sopla olas que tapan cualquier pequeña embarcación.

-Siempre es grato visitar Las Galdonas, dijo una de nuestras amigas. –Lo malo son los nuevos ricos que se pasean con sus carros de último modelo, sus guardaespaldas y las tremendas lanchas con esos motores tan potentes que asustan e intimidan, escuché comentar a otro, mientras se limpiaba la sal sobre su cuerpo.

Para esos años, entre 2006-2008, ya el emblemático pueblito de San Juan de Las Galdonas tenía varios años ‘asaltado’ por las mafias de traficantes de drogas. Se habían apoderado del pueblo y comenzaban a controlar, tanto a la población originaria como a visitantes y turistas que osaban acercarse a sus hermosas playas.

Un par de años después, mi esposa y yo hicimos un pequeño viaje para conocer una de las playas más hermosas del país, quizás la más oculta y apreciada por el bosque con extensos cocotales. Me refiero a la preciosa playa Medina. Fue un fiasco visitarla. No tanto por lo intrincado del terreno como por la ‘riesgosa’ soledad, la proliferación de moscas y demás alimañas y la precariedad del ambiente, además de cierta población, que, ya incapaz de poder vender sus productos artesanales, se transformó en mendigos para sobrevivir.

-¡Más allá no se atrevan a seguir! Eran los comentarios de quienes podíamos abordar buscando información para retornar a nuestro sitio de pernocta. Y ‘más allá y más acá’, significa continuar nombrando pueblos y caseríos, de antaño hermosos, tradicionales y hospitalarios en su pobreza, como Río Caribe, Yaguaraparo, San Antonio, Cumanacoa, Salazar, Cariaco, Chacopata, Caimancito, El Pilar, Ajíes, Merito. Hacia y desde el estado Monagas, Caripe, El Zamuro, Garrapatero, Casanay. Esos y otros más, son hoy caminos del hampa, espacios tomados, unos más que otros, por bandas y megabandas del crimen organizado.

Pero lo que ocurre en Güiria es de otro nivel. El pueblo es ‘administrado’ por verdaderos grupos de criminales, donde la trata de personas, tanto mujeres como niños y jóvenes, forman parte de una ‘actividad comercial’ que implica, tanto la ubicación, captura, depósito, embarque, entrega y distribución de la ‘carne humana’ que será usada en prostíbulos y otros espacios donde la ilegalidad impera y se lucra, y esto implica la participación directa e indirecta, tanto del Estado venezolano, como del Estado de Trinidad-Tobago, toda vez que, sea por acción-omisión, permiten que este horror exista desde hace años. 

Ya desde finales de 2018 se ha venido denunciando desde organizaciones independientes, esta aberración que ha contabilizado poco más de 100 personas dejadas morir por la  imprudencia, negligencia, o como se le quiera catalogar. Estas poco más de 19 personas encontradas flotando a pocas millas, en días pasados, del embarcadero del puerto de Güiria, se siguen sumando a la dantesca realidad de una población que se arriesga a lo extremo, para sobrevivir.

Porque el estado Sucre es la entidad federal venezolana más afectada por esta Emergencia Humanitaria Compleja. Es el territorio donde los índices de desnutrición y mal nutrición infantil, como de adultos mayores, sobresale de manera alarmante, sumado a la nula actividad industrial, y la inexistencia de una actividad económicamente sostenible. Sumado a esto, el asedio constante de las bandas de delincuentes que azotan las instituciones educativas, para desmantelarlas, saquearlas, como quien perfora el estómago de un animal agónico y le saca hasta las vísceras.

No es nueva esta tragedia en Sucre y menos en sitios tan lejanos del poder central, como Güiria o San Juan de Las Galdonas. ¡No!. Una y otra vez ha sido denunciado, existen trabajos de investigación de solidarios periodistas, investigaciones de organizaciones no gubernamentales, además de las historias de familiares, amigos y demás conocidos de las víctimas, quienes han dado su testimonio.

El momento ya no es seguir escuchando o dando más testimonio ante fiscales, jueces o miembros de organismos internacionales de derechos humanos. Es que a los pobres, a los mendigos y menesterosos, a los abandonados, al pueblo raso y anónimo, no se les toma en cuenta. Es lo que se llama ‘aporofobia’ (artículo en http://astorgaredaccion.com/art/23031/aporofobia ) y que ha sido tan bien estudiado en los años recientes por especialistas y académicos.

No creo que las palabras, a este extremo de la gran catástrofe humanitaria venezolana, sirva de mucho, a no ser dar consuelo a los familiares de las víctimas de Güiria. Lo que se impone, hoy, ¡ya!, es la acción contundente de países y fuerzas bélicas internacionales, sea por razones humanitarias, principalmente, sea por motivos de control policial-militar, capturar a quienes se les busca desde hace tiempo y cuyas ‘cabezas’ tienen precio, para detener la planificada y sistemática matanza de civiles venezolanos. 
Mantener la diplomacia, reuniones y encuentros políticos, declaraciones condenatorias, parecen actos de cómplices y cobardes. 

(*)  camilodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis   IG @camilodeasis1






 


miércoles, noviembre 11, 2020

Credibilidad

 



Mi tío Domingo Guerrero Contreras, sargento mayor del naciente ejército del dictador Juan Vicente Gómez, guardaba en un viejo baúl de madera objetos curiosos. Uno de ellos era una pequeña revista donde aparecían algunas imágenes de ciudades y personas estadounidenses. Se hablaba allí de la vida en esa gran nación. –Bonito, ¿verdad?. Yo le respondí asintiendo con un movimiento de cabeza.

 

  -Es que están promocionando para quien quiera irse a vivir allá. Pero son muy estrictos y no les gusta que le digan mentiras, lo toman como una ofensa y como un delito. Eran los comienzos de los años 60. A mí esas palabras se me grabaron en mis recuerdos.

 

 Por eso considero que, en las elecciones en los Estados Unidos de Norteamérica, los dos hechos más trascendentes, no son tanto quién gane o pierda los comicios a la presidencia sino, la duda que se ha creado en torno de la credibilidad en las instituciones del Estado norteamericano.Lo otro es la decisión del pueblo boricua de convertirse en el estado número 51 de la Unión.

 

  Con cierta regularidad leo y escucho a personas afirmar que les ha sido ‘fácil’ introducir documentación para solicitar su permanencia en EEUU. Otros recurren a introducir información no veraz y hasta falsa, indicando que las autoridades creen en lo que les indican.

 

  Pues bien, el punto que deseo desarrollar es precisamente la tradición que existe en el pueblo norteamericano, y, por lo tanto, en sus instituciones, sobre el irrestricto apego a la verdad, creer en el Otro, como ideal de vida y convivencia, y, sobre todo, en la preservación de los principios de libertad, democracia y propiedad. Todo ello está soportado en la palabra, sea oral como escrita, que es honrada, soportada y preservada como símbolo de honor, de responsabilidad y cumplimiento a la verdad.

 

  Por eso veo con horror la serie de argumentaciones esgrimidas sobre la actuación que tienen estos dos candidatos y detrás de ellos, quienes, a lo externo, y sin conocer la idiosincrasia de la cultura del norteamericano, se aventuran a realizar análisis y proyecciones, imitando realidades alteradas, como esta que se vive en el territorio venezolano.

 

  Lo que viene ahora, por parte de la institucionalidad y sus agencias, es una afirmación de esto que tratamos. Porque está en ‘tela de juicio’ la palabra empeñada por la tradición cultural de una sociedad que se precia de tener un sistema de jurisprudencia basado en el principio del apego a la verdad como ideal y valor de convivencia social en una república confederada.

 

  Pocas sociedades en el mundo tienen su fortaleza en este principio que tratamos. Japón, Australia, Finlandia, Islandia, Nueva Zelanda, entre otras sociedades, encuentran su fortaleza fundamental en la verdad y su práctica como base para su posterior desarrollo socioeconómico. Es así y nunca a la inversa. Y esto ha sido una práctica en su tradición por generaciones a través de la afirmación de la familia, sus valores, y la práctica de esta convivencia en el fortalecimiento cultural de los procesos educativos, fijos, inalterables, donde se resalta la tradición de años, siglos de esfuerzo y dedicación en el cultivo de una verdad que es reconocida, identificada y aceptada como valor de vida.

 

 Creo que el resultado final de esas elecciones será lo de menos, centrados en esto que abordamos. Para el norteamericano tradicional, de cualquier estrato social, faltar a la verdad, ver que gran parte de los medios de comunicación han tergiversado, sesgado la verdad, para favorecer parcialidades del poder, les debe estar representando un verdadero dolor de cabeza, vergüenza y hasta humillación, como ciudadanos democráticamente formados en la defensa de la verdad y sus principios.

 

  Tristemente en la Venezuela del régimen totalitario se ha impuesto la mentira y mentir, como Política de Estado. Y en ello, nadie en representación del Poder defiende los principios del honor, la honradez, el valor y principios de la moral, ética como partes de una tradición cultural que han sido los atributos de una república federal, como la venezolana.

 

  La lucha por el poder en Estados Unidos de Norteamérica,y en gran parte de los países del mundo, no está centrado en ideologías ni por grupos políticos, tampoco de izquierdas o derechas. Eso forma parte de un pasado reciente en la historia política de las naciones. Las luchas ahora son religiosas, de monopolios económico-financieros, y de nacionalismos.

 

Todas esas luchas encuentran en la práctica de los principios de la verdad y credibilidad, el soporte de suexistencia, como estados, naciones, repúblicas, y la propia sobrevivencia de sus ciudadanos.

 

(*)  camilodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis  IG @camilodeasis1 

viernes, noviembre 06, 2020

Vivir en gerundio

 


 

 Debo confesar que he perdido la noción del valor de las cosasno sé a ciencia cierta si un litro de leche de larga duración, con el precio marcado, es caro o barato. No lo sé. Cuando voy a realizar las compras, procuro acercarme a los anaqueles para verificar el precio, trato de buscar esas comas y luego los céntimos, pero eso no existe. En Venezuela hace varios años desaparecieron las monedas, y con ello el término se evaporó, ‘quedó en desuso’, así se dice en lingüística. 

 

  Algunas veces paso tiempo buscando esa expresión de los céntimos. Ya eso no se refleja en los productos. Me parece tan extraño, tan triste haber perdido esa noción del valor de los productos, de los alimentos de primera necesidad. Aquellos productos adquiridos en 0,25 (cero veinticinco céntimos de bolívares). Ese ‘medio’ que tanto nos rendía, fuente de disputas en el colegio. Ni decir de la emblemáticamoneda de doce céntimos y medio (la locha), así llamada y deseada.

 

  Porque no es tanto perder el uso de las monedas, es quizás lo más trascendente, quedarnos huérfanos de su pronunciación, de su expresión en números o letras. También que ya es tan extraño no cargarlas en nuestros bolsillos, sonarlas mientras conversamos, sacarlas para cancelar un caramelo. Esto que indico se traduce en lenguaje, palabras ya olvidadas, términos que han caído en el olvido, arcaísmos en el tiempo. Un tiempo que nos encierra en su único momento: el eterno presente del aquí y el ahora. Porque en el territorio que habito no existe futuro y el pasado, oficialmente, está siendo alterado, mutilado y sesgado por el poder.

 

Este es un tiempo sin movimiento, como casi siempre le indico a mi esposa cuando me pregunta qué día es hoy. –Domingo, le respondo. Todos los días en Venezuela son domingos, no precisamente de descanso. Es que todos los días se repiten y cuesta salir a realizar alguna actividad. 

 

  Los tiempos verbales tienen, obvio, movimiento. Pero existe una sociedad, la venezolana, donde se ha logrado entrar en el ‘no movimiento verbal’, eso que los pensadores del lenguaje, los llamados formalistas rusos, allá por inicios del siglo pasado, llamaron ‘verboides, una serie de formas verbales sin mayor movimiento, como el gerundio, por ejemplo.

 

En Venezuela vivimos ‘pelando’ todo el tiempo. Es decir; su tiempo y acción son continuos, no tienen finY este verbo no se crea que es para ejercer la acción de quitarle la piel a las frutas, como cualquier hablante del español pueda creer. En la Venezuela del siglo XXI, cuando usted indica que ‘está pelando’ queda sobreentendido de inmediato, que está en situación socioeconómica precaria, delicada. 

 

 Pero es que además de estar pelando, la inmensa cantidad de venezolanos andamos, también, ‘ladrando’. No queda de otra, porque ni agua potable tenemos para mitigar la sed. Y esto no es cuento ni un chiste cruel, ni tampoco sarcasmo, ni humor negro. Es la pura y cruel realidad.

 

  Apenas estas dos palabras nos dicen hasta qué punto nuestras vidas, y nuestro lenguaje, se han erosionado, degradado y paralizado en la incertidumbre de un mínimo movimiento y, por lo tanto, uso de términos que, sin darnos cuenta, nos señalan un tiempo sin destino, sin futuro y con el constante acecho de un pasado mutilado. 

 

  Hace varios años le decía a uno de mis vecinos, Luis, que de seguir encareciéndose la vida llegaría un momento donde nada costaría decena de bolívares (diez bolívares), ni cien, ni mil, ni cien mil, sino de millones en adelante. Bueno, en no más de ocho años llegamos a ese tiempo. 

 

  Tengo varios años sin usar dinero en efectivo. Como lo indiqué, hace cerca de diez-doce años dejó de existir el dinero en monedas. Hace un par de años los billetes de esos llamados ‘bolívares soberanos’ entraron, en la práctica, en desuso. De hecho, en la actualidad, además de escasos, sólo funcionan los de cincuenta mil (50.000,00) y eso, para una propina por estacionar en sitio público.

 

  Un apreciado amigo, que ahora vive fuera del territorio, de manera genial ha calificado esto que vivimos, diciendo que ‘Venezuela es un llanto en gerundio’ y ahora esa expresión me parece tan certera, tan dolorosamente verdad. Porque uno anda por algún centro de venta de alimentos y evita verse las caras, -quizás el uso de esos bozales ayude-, porque sabe, intuye que el Otro tiene, como uno, los ojos enrojecidos, la piel envejecida, los labios secos, las manos encallecidas, y entonces prefiere hacerse el desprevenido, el ajeno, el solitario. 

 

 Es tan difícil, y a la vez tan fácil decirlo, pero tal vez nos queda todavía un poco de coraje, de valentía para continuar –sin saber por qué- mientras modelamos en nuestra lengua esa necesaria y humana palabra tan solidaria, que da tantapaz y sosiego: piedad.

 

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