domingo, julio 21, 2019

Francisco Arévalo: Esplendor de lo cotidiano






Juan Guerrero

   De los grandes poetas y escritores vivos que existen en Venezuela, Francisco Arévalo (San Félix, 1959) es una de esas voces. No es posible concebir el desarrollo de Guayana sin este destacado escritor. Sin embargo, Arévalo vive alejado de la gran pantalla de la pedantería y la farándula literaria, tan alborotada por estos tiempos. Como buen descendiente de españoles gallegos, la voz del poeta no es para nada complaciente. Por el contrario, su franqueza siempre está al borde de la desmesura y el mal genio. Francisco y yo tenemos una vida de cercanías. A mediados de los años ‘90s., nos conocimos. Si bien las circunstancias nos han alejado nuestras vivencias siempre han estado alrededor de una mesa para tres, junto con el ensayista y pintor, Carlos Yusti, han sido el centro de nuestras accidentadas tertulias literarias.

   Escritor, poeta, articulista y promotor cultural, Arévalo siempre ha estado gestando su obra tomando como centro de sus obsesiones, tanto la gran ciudad (Puerto Ordaz/San Félix) como la pasión por los versos agrios, duros, certeros, pero a la vez cargados de una cierta amorosidad y melancolía que desnudan el alma de una realidad que asfixia, mientras el paisaje telúrico no termina de asimilarse entre la simbología de una escritura que lacera, quema la piel y no tiene contemplaciones con nada ni nadie.

   Su obra literaria ha sido premiada en varias oportunidades, tanto en narrativa como en poesía. Entre sus libros de poesía fundamentales, destacan: Brote, 1989; Nadie me reina en estos parajes de hormigón, 1993; Sur, 1995; Alcoholes de la otra iglesia, 1996; Agrio de colmena, 2001; Adiós en Madrid, 2007; Más sobre el río, 2012; Herida o claridad del deseo, 2013, entre otros.

   En esta entrevista surgen reflexiones sobre la ciudad, el país, el arte y la cultura.  Algunas preguntas intentan rastrear el universo poético de Arévalo. Su simbología poética tan particular, tan adherida a las claridades mañaneras donde el poeta ronda y se fusiona con su ciudad.  

Juan Guerrero (JG). Tu escritura ha estado oscilando entre poesía y narrativa. ¿Qué tanto se ha estado nutriendo una de la otra? O ¿siempre ha sido la voz poética la que ha dominado tu escritura?

Francisco Arévalo (FA). Cargo con esa enfermedad que algunos críticos literarios llaman, el mal de lo ambidiestro. Jugar con las dos manos o herramientas. Empecé escribiendo poesía, la sigo sintiendo como imprescindible, como el aire a respirar. Sin poesía no tengo ningún acercamiento con la literatura. La poesía es parte, no aparte. No hay confusión, además es esa reflexión cotidiana que me mantiene impresionado por los eventos más sencillos de la vida.

La narrativa surge de la ociosidad creativa, de estar en un espacio y desarrollar el oficio de la contemplación. Para mí escribir una novela o un cuento es un acto de ingeniería, donde vas armando las dudas que te llegan producto de no tener el canal de la poesía pues está dormido, en reposo.

Hay un fenómeno que no sé explicar. Cuando estoy trabajando un libro de poesía leo copiosamente narrativa y cuando escribo narrativa, leo incansablemente poesía. Quisiera saber algún día cómo pudiésemos denominar este fenómeno. Pero que quede claro, no arriesgo mi ubicación poética por la circunstancia mediática, por los aciertos que he logrado con mis novelas, cuyas estructuras pretenden ser un acto de amor por mi idioma.

(JG) En tu obra poética puedo reconocer varias etapas de tu escritura. Una de ellas está vinculada al espacio esplendoroso de lo telúrico. La Guayana acuosa y de luz constante. ¿Es ese el espacio donde está situada tu primera etapa? ¿Cuáles serían las otras?

(FA) Eres un agudo lector. Es cierto, tengo una impresión desde pequeño por los ríos (Orinoko –sic- y Caroní). En 1959 nací, en una clínica modesta de San Félix y me crié muy cerca del Orinoko, por no decir que desde mi casa de infancia se ve todo su esplendor y sobre todo el paso de los barcos que cargan mineral en los puertos.

Nunca he olvidado mi origen náutico, el río para mí es todo y mis primeros poemas tienen que ver con ellos. La ciudad por estar atravesada por esas dos serpientes acuáticas posee un paisaje asombroso, además el desarrollo de la misma intenta enaltecer sus ventajas paisajísticas.

Siempre he sostenido mi suerte al haber nacido en estas riberas. Pero está el otro lado, el industrial, que trajo migrantes y se desarrolló una cultura del trabajo e industrial, cuya característica es la rigidez social. Esta fricción generó ciertas conductas que nos llevaron a buscar un perfil de ciudad. Ciudad Guayana o Puerto Ordaz o San Félix, tiene 60 años y es producto del trasiego de la renta petrolera. Se creó una ciudad y en torno de ella un sincretismo que es de lo más interesante de Latinoamérica.

Es allí que nace u opera en mí un discurso de amor/odio o una narrativa del desarraigo o el abandono. Mi poesía es un homenaje a esta ciudad y mis novelas son la reafirmación.

(JG) Tus libros han estado marcados por lo femenino. Sin embargo, en los primeros textos no se dibuja un rostro en su plenitud. ¿Acaso en tus 3 últimos libros ya existe un rostro delineado? ¿Por qué esa fragmentación de lo femenino en tu primera etapa?

(FA) Mis primeros poemas son de un cursi aterrador. Gracias que están bien a resguardo en la bóveda del olvido. Escribí poesía amorosa colegial. Hasta gané un tercer premio liceísta, con un texto dedicado a una novia adolescente, quien por cierto, un buen día me dejó por un motorizado. Eso me devastó.

Luego fui trabajando la palabra con huellas de erotismo y el paisaje, la ciudad respirando siempre.
Ya para estos días son con una intención erótica que no disfrazo y donde mi ciudad, mi paisaje, mis ríos hacen un trabajo de sombrilla.

(JG) Lo regional como centro y sujeto activo en tu escritura son una constante presencia que adquieren en momentos, protagonismo en su caracterización. En este aspecto, ¿podemos afirmar que Francisco Arévalo es un poeta de lo regional?

(FA) Fervor de Buenos Aires es un libro regional, muy regional. ¿Qué es o qué significa en estos momentos, y Jorge Luis Borges, por dónde anda? Doña Bárbara es una novela local, regional y se convirtió en un momento dado en la favorita para el cine y TV. Estando yo en Damasco veía en el hotel una de las tantas versiones doblada al árabe, me sentí orgulloso de ser de la tierra de don Rómulo Gallegos.

No creo en lo regional. Es más, me parece una idiotez eso de ubicar geográficamente el oficio. Nunca se me olvida los tontos que diseñaron uno de esos festivales de poesía que suelen usar para promocionar la tiranía que estamos viviendo. Esos papanatas tenían cuatro categorías para definir a los poetas. Estaban los internacionales, los nacionales, los regionales y los locales. ¡Dios mío!, qué pobreza conceptual.

No me considero ni regional ni nada parecido. Sí tengo claro que soy del sur y hago literatura que me respira y camina cotidianamente. Aquí, en estos parajes de hormigón.

(JG) Entonces, ¿no existe una poesía regional y otra nacional, y otra más universal?

(FA) Creo que en mi anterior exposición dejé claro que existe poesía, la que no se puede encasillar, no se puede modelar a partir de que surge de un paisaje o de unos personajes anclados a este paisaje.

(JG) Considerando la reflexión anterior, ¿es lícito hablar de poetas regionales y poetas nacionales?

(FA) Por lo antes expuesto me tengo prohibido referirme a poetas como locales, regionales, nacionales, internacionales o intergalácticos. Hay que salirle al paso a la descalificación a partir de esta desviación conceptual.

(JG) ¿Qué rasgos estéticos encuentras en tu escritura poética que puedan vincularte con una poesía de la venezolanía?

(FA) Sin duda el que tiene que ver con cierta construcción irreverente que viene dada por una influencia de Caupolicán Ovalles, el Chino Valera, Miyó Vestrini. Sin duda también el desdibujamiento de mi ciudad, de mi sur. Acuérdate que esta ciudad desarrolla afectos de amor/odio, dos componentes primarios para levantar un sólido mapa o ruta poética.

(JG) A propósito de la anterior pregunta. En los años ‘70s., en los recintos universitarios –Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela- se hablaba de cátedras, como “Palabra escrita en Venezuela” porque no podía hablarse de Literatura venezolana, pues eso no existía. De ser cierta esa aseveración, ¿podemos hablar de literatura venezolana sólo a partir de finales del siglo XX en adelante?

(FA) Tamaño acto de desconocimiento histórico o un acto de irreverencia inútil, que tuvo como objetivo reconocer que sí tuvimos una mágica literatura antes de lo esgrimido. Quiénes fueron, Andrés Bello, Juan Antonio Pérez Bonalde, Cecilio Acosta, Andrés Eloy Blanco, Teresa de la Parra, Rómulo Gallegos, Guillermo Meneses, Enrique Bernardo Núñez, Miguel Otero Silva…

En fin, creo que allí esos revoltosos fijaron muy mal los tiros, pero sobre todo el concepto. Nuestro mapa o ruta literaria está minada de creatividad y eso no se puede desconocer, eso aparte de ser irresponsable es mezquino y hasta un ejercicio de ignorancia de último escalón.

(JG) Hablemos de otro tema. ¿Cuál es tu reflexión sobre la presencia de la mujer en el desarrollo de la poesía en nuestro país?

(FA) Esta pregunta es una de las más difíciles, por dos razones. La primera, no tomamos en cuenta que la gran poesía venezolana de los últimos 50 años la han hecho mujeres, y la segunda, porque es grosera la subestimación. Tendríamos por reconocer la obra de María Calcaño, Enriqueta Arvelo Larriva, Luz Machado, Elena Vera, Jean Aristiguieta, Ida Gramcko, Elizabeth Schön, Miyó Vestrini, Lydda Franco Farías, Mimina Rodríguez Lezama, Emira Rodríguez, Hanni Ossott, Teresa Coraspe, Yolanda Pantin, Martha Kornblith, Patricia Guzmán, Marhía Vásquez.  En fin, nuestra poesía está llena de extraordinarias poetas que abordan el ser mujer más allá del lugar común.
De esta variedad mágica me quedo con mis cuatro favoritas: Hanni Ossott, Ida Gramcko, Miyó Vestrini y Luz Machado.

(JG) En el contexto del actual desarrollo poético venezolano, ¿cómo podemos ubicar tu obra poética? ¿Eres un creador con propuestas estéticas propias o reconoces en tu obra influencias de otros poetas?

(FA) A estas alturas hablar de novedad o innovación es un acto egocéntrico. Estoy arrimado a cierta poética del paisaje, la calle o cotidianidad y el erotismo. No hago de esto un acto único o estridente, porque para mí la poesía es una postura de humildad y sumisión ante la vida y sus elementos, aparentemente intrascendentes.

En lo más sencillo radica la universalidad de la poesía. Eso no quiere decir que algunas lecturas me hayan internado en cierta complejidad que está desapareciendo con los años. Pudiéramos hablar de madurez del discurso.

(JG) ¿Sitúas tu obra poética en alguna corriente literaria específica o por el contrario, tu escritura poética es original?

(FA) Por estar o desarrollarme en un espacio geográfico distante del centro del poder no hice vida literaria en grupos que iniciaron corrientes o movimientos. Siempre he estado disperso, por lo tanto lo que hago es a partir de una visión paria con la que me conformo y hasta alegro. Los últimos algún día serán los primeros, je, je, je.

Sé que hay gente en los centros de poder cultural que están pendientes de lo que hago. No creo que sea original. Lo que sí cargo es con las huellas de una ciudad diferente, inédita.

(JG) Hablemos del aporte del Estado venezolano al desarrollo cultural y específicamente, a la producción literaria (poesía), ¿ha favorecido la difusión de la poesía en Venezuela?

(FA) Hasta hace 20 años el Estado venezolano cumplió una labor de difusor e impulsor del trabajo intelectual y artístico en Venezuela. Sin embargo, hay que hacer notar la campaña de destrucción progresiva de todo lo anterior a partir de 1998, que fue lo que nos dio figura y relevancia en todos los campos de las artes.

Aquel folklórico e imbécil ministro de la cultura que fue Farruco. Fue de los que más lesionó lo conquistado a fuerza de talento y condiciones de excepcionalidad, producto del papel promotor del Estado.

Con indignación recuerdo cuando acabó con el proyecto de las librerías Kuai Mare y otras barbaridades que ejecutó en nombre de este boñiguero con faz de ideología del asalto y que como todo criminal sumido en el olvido no pagará sus atrocidades.
Tenemos que hablar de crímenes, de criminales que han destruido todo un territorio artístico intelectual. Nuestras colecciones y editoriales fueron aplastadas por estos bárbaros que han hecho hincapié en desaparecer todo el emblema creativo que se fraguó con energía, en la segunda mitad del siglo XX.

Nuestro sistema de museos y nuestro sistema de fomento de las artes escénicas están pulverizadas. Nuestra calidad se escapó al exterior. Por supuesto que estos resentidos no toman en cuenta el hecho poético ni lo tomarán, como todos los bárbaros destructores del saludable orden de las ideas y las artes, se propondrán diezmar y tratar de que esté a su servicio. Pero eso es imposible, nunca lo lograrán, por lo menos con los poetas de verdad.
La verdadera poesía no está comprometida con el mal gusto y menos con el asalto del futuro de un país.

(JG) ¿Nos puede salvar la palabra poética de este marasmo donde se encuentra hoy la sociedad venezolana? ¿Para qué sirve la poesía y el hecho poético en la cotidianidad del ser venezolano?

(FA) La poesía como fenómeno existencial es una salvación. A mí me ha ahorrado muchas sesiones psiquiátricas. Ahora, no creo que llegue a cambiar paradigmas sociales. Lo que sí digo con energía es que un poeta no puede prestarse para ahogar el grito desesperado de una sociedad que ha perdido toda lógica y calidad de vida. Debe ser un disidente de primera fila. Eso no lo discuto ni lo pongo en duda.

(JG) En referencia a tu obra poética, ¿qué temas pueblan tu discurso poético?, ¿por qué recurres a ellos?

(FA) En mi trabajo hay una unión de sentidos. Tanto mi poesía como mi narrativa tienen una marcada influencia paisajística. Que prevalezca el industrial es de otro orden, algunos se empeñan en hablar de poesía urbana con sus zombies que ululan las factorías.
Es pertinaz el río y sus encantos y por supuesto, la mujer orbitando con toda la magia de la que es propietaria.

(JG) Particularmente, Arévalo, me interesa el tema de la cotidianidad/sociabilidad en tu obra. ¿Es parte de eso llamado postmodernidad en tu escritura poética?

(FA) Si nos ceñimos a la rigidez conceptual soy un escritor postmoderno. Dos razones lo definen, la primera es que empiezo esta batalla por asediar fantasmas en la década del ’80, y lo segundo, que lo hago deslastrado de mis influencias izquierdistas. Había descubierto ya para esos días toda esa basura tóxica que encerraban la cortina de hierro y Cuba, y su aplastamiento social.
Lo que sí tiene que quedar claro es que detrás de la postmodernidad hay una resistencia férrea a la pérdida de la libertad y la democracia. Esto como fin primario de la creación. Sin libertad no hay sana creación y lo que vivimos ahora en este país, es una agresión sistemática a la inteligencia como componente primario de la libertad y la democracia.

(JG) La heroicidad, la trascendencia parecen estar circunscritos en tu escritura poética, tanto en tu primera etapa, como en tus últimos escritos, a lo efímero y más bien a una plenitud de lo amoroso y la amorosidad, aún siendo de versos simbólicamente fuertes, severamente realistas. ¿Acaso son rasgos de una estética de lo feo, de ese esplendor del dolor y la decadencia?

(FA) Por estos días estuve revisando mis primeros poemas y los conseguí ingenuos, exploratorios, hasta escandalosos. Hay esa influencia irreverente o transgresora, pero hay ingenuidad y cierta certeza con lo que se hace poesía de lo cotidiano. Si me tocara hacer una rigurosa selección no creo quedarme con 40 textos. Los demás los considero prescindibles. Es allí que uno se hace la pregunta: ¿lo que a mí no me gusta a otras personas sí?
Esa es la dinámica que trae consigo la variedad o diversidad. Los buenos o excepcionales poemas en mi caso, están por escribirse.

(JG) Finalmente, Francisco, ¿eres un escritor que se esconde o ha sido relegado por el poder de las élites culturales?

(FA) Nunca me he sentido acomplejado por la indiferencia adrede que sostienen quienes meten, levantan y expulsan a los escritores de este país. El gran poeta Alberto Hernández, llanero de corazón, me dijo algo así, que con carita de malhumorado y tonto, me había ganado casi todos los premios de este país.
Por eso es que no me siento aislado ni marginado. Allá los que crean que ignorándome me lastiman, todo lo contrario, me ayudan a comprender más la miseria humana.

sábado, julio 13, 2019

Los odiadores



   Los ciudadanos lituanos en 2014 se vieron envueltos en lo que bien se podría denominar la Primera Guerra Cibernética del siglo XXI. Convertidos en modernos defensores, aguerridos y victoriosos elfos, un grupo de usuarios de las redes sociales (RRSS) se enfrentaron a sus enemigos, troles rusos, quienes guiados por la política expansionista del moderno zar imperialista, trataron de infiltrarse para desestabilizar al gobierno de Lituania.

   En las RRSS se ventilan pequeñas refriegas bélicas, de carácter cibernético, pero que influyen, condicionan y generan posiciones en la toma de decisiones de Estado en política, economía y el ámbito militar. Son estás las llamadas guerras de quinta generación. Todas de forma virtual pero orientadas a desestabilizar al potencial enemigo a quien se desea vencer, dominar y controlar. Todo ello de manera muy aséptica y virtual.

   Parte de estas guerras cibernéticas están siendo adelantadas usando los llamados bots –programas informáticos- para infiltrar información falsa –fake news- de manera múltiple y también con usuarios, haters –odiadores- cuya función es básicamente la de difundir odio, rabia y rencor por las RRSS.

   Los odiadores son usuarios que vagan por el mundo virtual a la caza de incautos y grupos de opinión, para llamar la atención a través de mensajes que tienden a crear confusión, desconfianza, duda y provocan como respuesta, los mensajes de agresión verbal, ofensa y amenaza, generando la discordia y la ruptura de grupos comunitarios.

   Son individuos políticamente incorrectos, ingeniosos, burlones, cínicos y que construyen con su humor negro, medias verdades participando en sus temas favoritos: farándula, religión y política.
   Usualmente se instalan en la construcción de mensajes cortos, banales y exagerados. Sobre cualquier tema mantienen su principio que les identifica: Haters gonna hate; es la premisa de todo hater. Sea cual sea el motivo, un odiador siempre te va a odiar. Esa es su obsesión.

   Porque los odiadores siempre van a creer tener la razón y para ello provocan al Otro buscando la manera de ridiculizarlo y resaltar sus posibles flancos débiles, que siempre serán objeto de burla.
   Todo tema de actualidad viene a ser considerado por un odiador, porque a través de ellos se siente con derecho a opinar esperando que el ingenuo usuario responda para, inmediatamente, construir mensajes para exponerlo al escarnio público con frases de odio, ironía y burla.

   Los odiadores en las RRSS siempre te van a odiar, no importa lo que hagas para convencerles. Su principio y fin será generar odio, discordia, disputa, división y rencor. Esa es su naturaleza. Para ello, sino le invitan ellos se inmiscuyen en las conversaciones de los grupos de opinión, sea por WA o TW o TG, sus más buscados medios y canales de difusión.

   El odiador demoniza al semejante. Busca cualquier flanco débil del Otro para descalificarlo, ridiculizarlo y dejarlo en evidencia. La ironía, la burla constante y su fino humor negro le caracterizan. Nunca busca ser convencido porque su naturaleza es la de aparecer siempre como lo que es, un odiador de oficio.

    En años recientes a los odiadores se les ha estado controlando, bien con denuncias, la generación de códigos de ética, o bien con lo más sencillo, unfollow o bloqueo como mecanismos de control.
   Para algunos usuarios estos odiadores bien pueden ser objeto de tratamiento psicológico por aparecer como alterados mentalmente. Sin embargo, ello no es tan sencillo ni tan simple. La realidad es mucho más compleja si se indaga a mayor profundidad de las aparentes simplicidades. En ello actúan redes de redes que tejen una descomunal telaraña de intereses, con ganancias no solo que monetizan, también montan y quitan gobiernos, crean guerras reales y controlan poblaciones en todo el mundo.

   Es difícil la existencia de los odiadores en las RRSS. Porque si bien ellos pululan en el mundo virtual de las RRSS. Su desenvolvimiento cotidiano en ellas, se realiza en el propio margen, borderline, entre la verdad-mentira que es la realidad-virtual de eso llamado, postverdad. Esa categoría de creencia de lo semejante, parecido a lo verdadero que se fortalece cada día y se potencia a través del tratamiento formal de las fake news y el avatar de quien construye su otro rostro y su otro nombre.

(*)  camilodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis   IG @camilodeasis1 

miércoles, junio 26, 2019

Influencer




   Comenta Milagros, amiga de la familia, que en el gimnasio donde una amiga va semanalmente, al trainner le está pasando algo curioso. –Es que resulta que en su último mes de trabajo le ha bajado la asistencia a su centro. –Sus seguidores por las redes sociales (RRSS) le han estado criticando una de sus últimas imágenes que subió. –Cómo así, le indico.

   -Pues resulta que el entrenador, prosigue Milagros, quien es una persona con mucho talento y un cuerpo escultural. O sea; músculos por todas partes y hasta para tirar para el techo. Se hizo una selfie con su novia. –Ajá, -le acoto con cierta suspicacia. –Es que la novia del entrenador parece una esquelética andante y eso no gustó a sus seguidores. –Entonces, ahora el trainner está dudando, si bajar la selfie, seguir con su novia… o dejarla, porque no quiere seguir perdiendo seguidores.

   Esto de los influencer por las RRSS se está convirtiendo en los últimos años en una cuestión de verdadera tendencia, -como se le conoce en estos medios- porque están cambiando, como bien lo indica su nombre, el modo de ser y toma de decisiones en absolutamente todos los temas de la vida diaria.

   Es que una de las características de estos influencer está relacionado con la cotidianidad o la sociabilidad, como se le conoce en otras latitudes. Lo cotidiano, como forma común de la existencia, está revelando una forma de protagonismo que saca a relucir los anónimos rostros, nombres e intereses de esa humanidad que por siglos, ha sido relevada a un segundo, tercer o ningún puesto en las relaciones humanas.

   Lo trascendente de esto radica en comprender que los denominados influencer son seres, personas, individuos, que provienen, generalmente, del oscuro hueco del anonimato de la vida y sus entornos. Lo que importa ahora es la banalidad de la vida como espectáculo. Esa trivialidad de la existencia de la cotidianidad que se erige como forma trascendente de lo efímero e intrascendente.

   Por eso el influencer reina sobre la verosimilitud de esa noticia, comentario o imagen, que posiblemente se transforme en importante y veraz. Porque lo verosímil, -eso semejante o parecido a la verdad- es inherente a la realidad virtual; esa forma de existencia cada día más importante y que se construye como complemento de la realidad-real.

   Existen influencer para todos los gustos e intereses. Los hay desde aquellos musculosos y de ta-lento, como chicas esculturales, quienes suman y suman seguidores, merced a la práctica de imágenes de traseros, rostros y poses, entre encuadres y registros fotográficos calculados y bien dirigidos. Otros logran seguidores por la serie de escritos que no pasan de tres o cuatro líneas, generalmente con frases preconstruidas, irrelevantes y repetitivas.

   Los hay un poco más recatados. Son los orientadores de la vida en positivo o aquellos que te retan para que rías, ores y medites las 24 horas de los 365 días del año, incluyendo vacaciones. Cierto. Predicadores de gustos variados, mientras otros les dan por ser absolutamente y para siempre agnósticos y repulsivos anti todo. Nunca faltan los peluditos de 4 patas, así como defensores de las causas minoritarias, tipo sexo diversidad, feminismo, ecologistas y demás especies.

   Todos buscan influir, tener un espacio cada vez mayor donde su imagen se imponga a como dé lugar. Las razones de este desenfreno de imagen multiplicada al infinito parece ser la retribución de una ganancia, sea monetaria –se conoce como monetización por RRSS- asimilación de imagen para multiplicarla o generar cambios significativos en el receptor.

   Es el caso de los faranduleros o monstruos del espectáculo. La influencia que ellos tienen sobre la masa es casi hipnótica. Tanto, que los extremos alcanzan a quienes se han sometido a actos quirúrgicos para cambiar de rostro, sexo y colocarse implantes. Hablamos acá (-es mi reflexión) de una hibridación, entre eso tradicional de lo humano en términos mamíferos, y lo post humano. Ese intermedio donde encuentras personas que llegan a los extremos físicos de transformaciones con un pensamiento ancestral.

   Mientras más te centres en la cotidianidad de la vida y de tu entorno sacas de esas naderías, la visión trascendente de ti que te sirve para proyectarte y encontrar quienes se familiaricen con tu causa y se “enganchen” para ser tus fieles seguidores. Porque la acriticidad es otra característica del influencer y seguidores, en el mundo de las RRSS.

   Mientras más informal, más natural y más auténtico con tus seguidores, la tendencia parece ser a captar quien te siga. Esta otra característica está derrumbando el acartonamiento de esos protagonistas de antes, tipo novelas de televisión, años ’70-’80-’90, con corbatas ellos, y mucha laca en las cabelleras, las divas antañonas.

   Dejo como última característica, tanto el avatar como la verdad-preconstruida o fake news (bulo o noticia falsa) usada en medios de comunicación para desinformar.
   El avatar, como puede observarse y analizarse, va evolucionando en la medida que el usuario se familiariza con su portal o página virtual. Esa evolución se simplifica y adapta a los intereses, relaciones y principalmente, el humor y emociones del usuario. De igual manera, se fija una manera de escritura que se identifica y presenta como único y lo resalta. Lo escritural revela una verdad que, bien si es copiada o generada por él, proyecta ese Otro que busca dibujarse como imagen, como verdad.

   Es que mientras la realidad virtual va construyendo imagen y lenguaje, el Uno existe merced al Otro que lo acepta por similitud. Por hechos que se cuentan y que siempre van a ser extremos. Bien nimiedades o grandes excentricidades que pueden ser copiadas y hasta experimentadas a través de esa otra realidad que es verdad, mientras yo creo en ella porque es producto de un intercambio humano o posthumano.

   La realidad que se experimenta en las RRSS debe verse con suma atención. No es un hecho fortuito que sucede como consecuencia de un desarrollo tecnológico común. Llegó para instalarse en la humanidad y como tal, sucede, fluye continuamente y está aportando su propia dinámica. Su verdad, y lo más trascendental: modificando la cotidianidad y el lenguaje.

(*)  camilodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis   IG @camilodeasis1 

martes, julio 10, 2018

Humillar la academia




Mi esposa llega a la casa visiblemente consternada y entristecida. Me cuenta que en su universidad, en el Departamento de Matemática, a uno de los profesores lo encontraron en su sitio de trabajo medio desmayado. –Pero no quiso ser atendido. Se fue a dar su clase, me dice. Al rato me comenta que por las redes sociales, en su grupo de contactos, informan que el profesor Pablo Pérez fue rescatado por sus estudiantes, quienes tuvieron que hacer una colecta y comprarle dos arepas con queso. –Estaba tan débil que no podía sostener la arepa para masticarla, -me dice. –Mientras estaba explicando un ejercicio, de repente se desvaneció y lo tuvieron que sostener y sentar para que se recostara en su escritorio. El profesor Pérez tiene que caminar 60 cuadras para llegar hasta la universidad. De ida son 30 cuadras e igual de regreso. Si tiene suerte, se monta en el autobús de los estudiantes y se queda cerca de donde vive, por barrio Unión, en Barquisimeto. Con todo y doctorado no tiene capacidad monetaria para mantener su vehículo, ni tampoco para comprarse ropa ni zapatos. Todo eso me lo comenta mientras su mirada se torna enrojecida y la rabia e impotencia se traducen en palabrotas y maldiciones contra el régimen. Pero aunque le escucho, la imagen de otro profesor todavía la tengo grabada en mi memoria. Saúl Moreno es su nombre. Tiene las mejillas hundidas y una barba de varios días. Los ojos vidriosos. Encorvado a pesar de no tener más de 45 años. De voz amable y muy solidario. Su vestimenta es precaria y toda su humanidad delata la miseria y el hambre que padece. Esta es la cruel y devastadora realidad del Alma Mater en Venezuela. La universidad venezolana está en la miseria y ruina. El reducto de dignidad que por años blandía con orgullo y virtud hoy está siendo mancillado, ejecutado de manera planificada por el régimen totalitario. Quienes persisten como mi esposa son más que docentes, apóstoles académicos que acuden al Alma Mater para encontrarse con no más de 4 o 6 bachilleres. Salones de clases que antes se mantenían con 35 o 42 estudiantes, no quedan sino sombras con pupitres vacíos. Es que el régimen, de hecho, los está excluyendo del sistema educativo. La universidad venezolana, republicana, autónoma, democrática y pública está siendo ocupada por el hambre, la marginalidad y la delincuencia. El promedio de sueldo de un docente-investigador apenas llega a 1,5 dólares al mes. Yo sobrepaso ese mísero pago por contar con otra entrada, la de mi pensión. Así, llego a más de 2,5 dólares. Junto con el sueldo de mi esposa, 2,5 dólares, con todo y su orgulloso doctorado, sobrepasamos los de muchos docentes. Pero para sobrevivir tenemos que ponernos a hacer galletas, suspiros, tortas por encargo, y así llegamos vivos a fin de mes. Ya es raro cuando compramos jamón o salimos a un centro comercial. Descubrí por estas madrugadas que tomar agua amortigua el hambre y la engaña. Pero no puedo dejar de pensar en el profesor Pérez y el rostro del profesor Saúl me persigue. Ese rostro del hambre, del desespero y también de quien calladamente sigue adelante. No tengo casi palabras para rellenar este escrito. Todo se me convierte en imágenes, rostros demacrados, gente que veo por las calles, tristes, cabizbajas, silenciosas, solitarias. Las veces que he ido a buscar a mi esposa a la universidad politécnica no escucho las risas ni la bulla de los estudiantes. Todo se nota enmudecido. Todo está quedando en cámara lenta. Las personas miran al suelo como buscando una moneda perdida. Hace varios días fui a llevar un documento de mi esposa a una oficina. Era mediodía. Los empleados comían en sus lugares de trabajo. Apenas una sacaba un pedazo de pan y lo mordía mientras me recibía la planilla. Cuando salí, por los jardines llenos de hojarasca, varias personas estaban almorzando mango verde y arepas. Cuando me vieron, disimularon reírse y ocultaron la fruta. -Es que en la universidad todavía hay dignidad, orgullo y vergüenza. -Eso es una muralla contra la tiranía, pensé. Pero después, reflexioné y me acordé de la vez que viajaba con mi entrañable amigo y poeta, Abraham Salloum Bitar. Mientras conversábamos sobre la indigencia, de pronto él me sentenció: -Si yo cayera en la extrema pobreza, llevado por un régimen tiránico. Si me acorralan y tuviera que refugiarme debajo de un puente para vivir. Preferiría suicidarme. No sé cuál sea el pensamiento de los cientos de miles de docentes universitarios que están cayendo en la miseria material. Ese contraste entre riqueza académica, intelectual mientras apenas se sobrevive con poco más de 1 dólar, es inmoral, obsceno y ofende la dignidad de un profesional. No sé, ni quiero pensar en ese doloroso contraste que estoy describiendo. No tengo palabras para narrar la miseria que veo en la universidad. Su fuente casi inagotable que ha sido la producción de conocimiento, mientras se practica el sentido de la justicia, la libertad y la democracia como virtudes y principios del Alma Nutricia, están siendo fracturados en sus dos bases esenciales: su población cívica (estudiantes, profesores, personal administrativo y de servicio), y el presupuesto para hacer academia/producir conocimiento (investigación, docencia y extensión). La universidad venezolana, hoy, es un inmenso colegio donde apenas se ofrecen clases y prácticas teóricas sobre documentación desactualizada. Laboratorios, bibliotecas, publicaciones, centros deportivos y artísticos, así como proyectos y asesorías externas, han pasado a segundo plano o dejaron de funcionar por falta de presupuesto. En cualquier centro universitario venezolano se ven las huellas del hambre, tanto en los rostros y vestimenta de sus profesores, estudiantes y demás personal administrativo y de servicio, como en el absoluto abandono de sus áreas verdes e inmuebles. Los profesores Pablo, Saúl, así como mi esposa y tantos miles de docentes-investigadores están siendo acorralados por el hambre, la marginalidad y la delincuencia que permite el régimen totalitario. Pero hay que resistir, persistir y no desistir. Hasta más allá del hambre y la miseria resistiremos. Los estudiantes no se quedarán desamparados. Nuestro destino es luchar con lo mejor que sabemos hacer: producir conocimiento. (*) camilodeasis@hotmail.com TW @camilodeasis IG @camilodeasis1

jueves, febrero 01, 2018

Cultura y maldad

Alguna vez, mientras veía una película de la era nazi, escuché a uno de los personajes, creo era judío, quien se quejaba ante su verdugo alemán, e increpándole con dolor, le decía: -¿Cómo es posible que siendo ustedes alemanes y teniendo grandes pensadores, como Göethe, hayan desencadenado esta matanza en los campos de concentración? A lo que el soldado alemán, responde: -Ciertamente, para eso y más sirve nuestra cultura. Por eso somos superiores. Palabras más o menos eso resume parte del drama de las sociedades cuando la moral y la ética llegan a los mismos bordes de la degradación humana. Viene esto a colación pues termino de ver la entrevista que le realizó el periodista Jaime Bayly al editor Rafael Poleo. Entre ambos se formó tremendo escándalo porque Poleo calificó a Jorge Rodríguez, miembro de la “nomenclatura roja” como el hombre “más culto del régimen chavizta” ( https://www.youtube.com/watch?v=KTte6c2KC_w ) Obviamente, para ser honestos, no creo que Rodríguez sea el “más” entre los más cultos. Antes hubo mentores, como Uslar Pietri o Mayz Vallenilla o Pedro Duno, quienes tendrían más cultura que el ministro de información venezolano. Después habría que mencionar a Juan Barreto, doctor en semiótica y quien orientó las sutiles miradas, sonrisas y colores de Hugo Chávez. Pero Jorge Rodríguez, ciertamente, tiene lo suyo. En estricto sentido, Rodríguez es un intelectual. Al igual que el ex embajador de Venezuela en Italia, Isaís Rodríguez o Tarek William Saab, “el poeta de la revolución”. Habría que agregar también, a Luis Alberto Crespo, embajador de Venezuela en la Unesco. Jorge Rodríguez, para echar más leña al fuego, obtuvo su primer lugar en el Premio Anual del concurso de cuentos del diario El Nacional, con su obra Dime cuántos ríos son hechos de tus lágrimas, de 1998. Y como profesional de la medicina, tiene una especialidad en psiquiatría. Igualmente, ha sido docente universitario y jefe de residentes en varios hospitales venezolanos. En esto de culto creo que Poleo tiene razón. Indudablemente habría que revisar la historia venezolana y decir, por ejemplo, que Pedro Estrada, el jefe de la policía política del dictador Pérez Jiménez, la temible y terrorífica Seguridad Nacional, también era una persona decente, bien hablada, culta y mejor trajeada. Considerado como uno de los mejores policías del mundo, quien fue asesor de la policía francesa, y hasta escribió sus memorias. Pero, indudablemente, tenemos que ser honestos e indicar que la frase “Jorge Rodríguez es un hombre culto” en el ámbito donde se realizaba la entrevista, no fue lo más feliz. Se veía fuera de contexto, si aplicamos aquello del análisis del discurso o “a buen entendedor pocas palabras”. Y en ello, Jaime Bayly tiene razón. No venía al momento usar semejante frase en medio de una discusión, que, remite a contextos poco cultos, como el drama de la sociedad venezolana. Considero, sin embargo, que bien podría tomarse esta frase para analizarla y darnos cuenta hasta dónde han llegado los cultos, académicos, artistas e intelectuales venezolanos en esto de estarse a las orillas del régimen totalitario de Nicolás Maduro, y no usar su pluma para decir “esta boca es mía”. Porque, además de los nombrados, existen una serie de personajes quienes tienen sus cabezas metidas en los hoyos para pasar desapercibidos sin que los nombren. Hay mucho “culto” por ahí, desde las tascas del este de Caracas, el barrio latino de París, la vía Veneto en Roma, hasta Piccadily Circus, en Londres o el Moma de Nueva York. Otros, de menor pedigrí, han montado areperas o se han dedicado a la venta de rubros, como ropa, calzado y perfumes. Aquellos como a estos les apesta ahora Venezuela. Nicolás les parece aburrido, regordete y bobalicón. Lo desprecian al igual que a los “rodilla en tierra” (léase, antiguos “pata en el suelo”). Jaime Bayly tiene razón y yo me uno a él. Y en general creo que ciertos políticos opositores tienen el cerebro marchito o al menos, edulcorado de promesas y manjares. Además, hay mucha sangre consanguínea entre algunos políticos que impide ver la espantosa realidad de un país que se desangra, hora a hora, y muere de desnutrición, de infecciones, y que está enloqueciendo de tanta miseria y desesperación. Sí, Jaime Bayly, existen intelectuales canallas, hipócritas, defensores a ultranza de la barbarie venezolana. Ese silencio los hace cómplices, por acción u omisión, de esta tragedia del horror, de la diáspora de 4 millones de almas que vagan por el mundo en busca de un mejor porvenir. Y quienes quedamos aun viviendo en este cuero seco llamado Venezuela, agradecemos la solidaridad de quienes alzan su voz por nuestra tragedia. Nunca las buenas palabras pueden servir para elogiar a un monstruo, por muy culto que sea, cuando éste demuestra con su actitud la maldad y el sadismo contra la humanidad. (*) camilodeasis@hotmail.com TW @camilodeasis IG @camilodeasis1

martes, agosto 08, 2017

Aperturar

No siempre las palabras se originan por buen linaje. Eso llamado Etimología de las palabras. Gran parte de nuestro vocabulario, ese vernáculo, no aparece registrado en la partida de nacimiento oficial, formal, el Diccionario de la Lengua Española. Tampoco en los diccionarios de regionalismos. Eso no indica, sin embargo, que no existan, ni mucho menos que su uso esté prohibido. Son usos lógicos aunque puedan ser agramaticales Una de ellas es la que da título a nuestro artículo: Aperturar. Creo que comenzó a utilizarse hacia la década de los ‘90s., como traducción directa del inglés, “to aperture” en contraposición a “to open”. Quizá la forma abstracta terminó por ceder a la forma concreta, de allí que mientras en español usamos un solo verbo para acciones abstracto-concretas, el verbo “abrir”, en otras lenguas existen estructuras lingüísticas para expresar situaciones diferentes. Pero además, percibo que esto del uso del sustantivo “apertura” como verbo, “aperturar” debe estar justificándose en su uso, cada vez más generalizado, por alguna razón fonética. En toda la llamada cuenca del caribe hispanoparlante, es donde se sitúa la mayor dinámica de uso del español con la construcción de modismos y de neolenguaje. Tendríamos que detenernos en la pronunciación, tanto de [abrír] como de [apérturár] para darnos cuenta que el hablante intenta superar una pronunciación, donde el fonema vibrante simple [r] pareciera, en el primer caso, crear cierta incomodidad, por su cercanía, mientras en el segundo caso, aperturar, la vibrante se suaviza en su pronunciación. No es tema de análisis en este corto espacio, los procesos fonológicos ni mucho menos, morfo-sintácticos. Sin embargo, considero que el uso de este sustantivo como expresión verbal, aperturar, lejos de ser una manera impropia en su uso, en la práctica le está posibilitando al usuario de la lengua española, la oportunidad de escoger entre dos posibilidades y no una, como fue el caso de tantas generaciones de hablantes, entre los cuales me cuento. Desde el golfo de México hasta el extremo oriental del estado Sucre, en Venezuela, la práctica del español encuentra su mayor riqueza idiomática. Con esto no desprecio los aportes que puedan darse en otras regiones, incluso en el español peninsular y hasta en Filipinas, pasando por aquellos que surgen de entre las zonas fronterizas, como Brasil y los Estados Unidos de Norteamérica. La utilización de esta herramienta lingüística, aperturar, en situaciones concretas –área bancaria y financiera- ya es común en algunas zonas de España, como Centroamérica (Honduras) así como en Bolivia, Perú, y obviamente, Venezuela, donde parece que se originó. A nuestra fortalecida expresión aperturar le está pasando igual a aquella otra, de los años ’50-60s., Chévere. Que se generó en el arrabal de la vida. Era vista como pecaminosa. Las beatas al escucharla o leerla, se santiguaban y mandaban a quien osaba pronunciarla, los jóvenes más que todos, a lavarse la boca y rezar un Yo pecador. Pero en la práctica idiomática, la Pragmática, esa estructura fue contrastándose. Chévere pasó la prueba de los procesos de Sincronía/Diacronía para, al final, ser aceptada en la partida de nacimiento oficial. ¿Quién puede negar, hoy, la existencia del “acto” de ganarse la vida revendiendo alimentos y artículos de uso personal y medicinas? Eso se llama “Bachaquear”. Ya vino en cajita feliz, en combo, pues. Verbalizado: Yo, Tú, Él, Nosotros, Vosotros y Ellos. En los procesos lingüísticos y en la Filología en general, la serie de estructuras surgidas por cualquier vía y necesidad de comunicación, se llama enriquecimiento idiomático. Nos guste o no, eso es así. No tiene discusión, salvo comprender –no siempre aceptar- su existencia a través de estudios socio o psicolingüísticos. Otro asunto es la torpeza de filtrar discusiones, por razones religiosas, morales o simplezas políticas. Por eso se hace tan necesario en las sociedades la Educación Idiomática. No la tonta y cansona materia llamada Castellano. Ahí solo se mostraba el esqueleto del idioma de Cervantes. Puros despojos de estructuras a partir de oraciones desconectadas de la realidad del hablante. La Educación Idiomática es la posibilidad que tiene el usuario de nuestra lengua española, de aprender a vivir, amar, odiar, maldecir, soñar, fornicar, defecar, masturbarse, convivir…en su propia y exacta realidad idiomática. Las lenguas nunca degeneran. Ellas se encuentran, se acoplan, se fusionan y dan lugar a nuevas realidades idiomáticas. Degeneramos los hablantes, por causas disímiles: por hambre o por falta de Educación Idiomática. Somos del tamaño de nuestro lenguaje.

Contra el radicalismo

No creo exagerar al afirmar que al régimen venezolano le quedó inmensamente grande la administración del poder del Estado y sobre manera, representar a los ciudadanos venezolanos. Y esto lo manifestamos ahora cuando observamos, una vez más, la manera absolutamente cívica, masiva y festiva, como la población venezolana, en su mayoría, hizo acto de presencia ante las juntas electorales de cada estado para verificar su firma, reafirmando su deseo de participar en el Referendo Revocatorio. Mientras el régimen pierde legitimidad de origen y se sostiene en una evidente, notoria y pública presencia de militares, activos y en situación de retiro, la población nacional se levanta y alza su voz para afirmar su vocación democrática. Hace apenas un par de semanas visité la zona de Chichiriviche, al occidente del país. Cierta mañana me fui, con mi esposa, a desayunar al pueblo. En el quiosco de La Maracucha (-le llaman Yaya) encontramos a esta pintoresca venezolana. Con más de 40 años haciendo empanadas de cazón, ella deja que su silencio la presente. Pero mi esposa la despierta con preguntas directas: -¿Deberían protestar por el estado de abandono del pueblo? -Ya para qué. Responde Yaya. –Hasta yo voté por ese muchacho pensando que nos iba a ir mejor. –Y fíjese cómo está el pueblo. –Él se la pasa en moto con carajitas. -¡Ah! –exclama mi esposa. Y la precisa. Por eso tenemos que salir de este gobierno. –¡Pero señora¡ Nosotros votamos por el cambio y mire en lo que paramos. Los ojos de mi esposa casi se le escapan por la sorpresa. La sobrina de Yaya interviene desde la cocina de la choza. –El alcalde es de Primero Justicia. -Es un dizque justiciero. Yaya se lamenta y apenas exclama: -Tenía como 40 años que dejé de votar. Todos son la misma vaina. Vienen y me comen las empanadas. Dicen que me van a ayudar y después, se olvidan de una. Así pasó cuando Caldera y antes, con los adecos. Les pedía ayuda para mi hijo que nació con males de cabeza. –Medio loco, pues. Necesitaba pastillas para que no convulsionara. Exámenes y placas de la cabeza. Y ninguno me ayudó. -Fíjese que la anterior alcaldesa, del Psuv. Vino a este quiosco y yo le pedí que me ayudara. Ella después se apareció hasta con una ambulancia para llevar a mi hijo al hospital. Le dije que yo no era chavizta. –No importa, Yaya. Estamos para servir a todos. –Eso me gustó. Y es que mientras estoy en la cola para verificar mi firma, observo a tanta gente y pienso en Yaya, la empanadera de Chichiriviche. En sus comentarios, en sus ademanes, y hasta en sus miradas, sus gestos y sus sonrisas, siento que el venezolano, en su inmensa mayoría, es por sobre todas las apariencias, genéticamente democrático y civilista. Además, participa en organizaciones y partidos políticos por su misma formación y convicción democrática. Esa es una probada y comprobada sabiduría y conocimiento que le otorga seguridad de saber que democracia es sinónimo de libertad. Que votando se arreglan las controversias políticas. Como Yaya existen otros miles de venezolanos, ciudadanos abandonados desde hace años, que de tanto ser abandonados por el Estado y sus instituciones, como los partidos políticos, aún y con sus recelos y resentimientos, permanecen en sus principios y vocación democrática. -¿Votar? –Se pregunta Yaya. Vamos a ver. Será que eso es lo que necesitamos para que esto mejore. Y se recuesta en su silla blanca, mientras su delantal habla por ella. Ahí están las señas de mujer que madruga y persevera. También estos ciudadanos han madrugado para verificar su firma. Llegan en muletas, otros arrastran años en sus piernas varicosas o se ayudan con bastones. Los más jóvenes copian a los adultos y practican sonrisas y gestos solidarios. Informan. Entregan servilletas para limpiar manos y dedos. En toda una manzana y más allá se aprecia tranquilidad. Hay serenidad. Alegría, acaso. Una atmósfera de seguridad y hasta los militares forman parte de este solidario paisaje democrático. Esta inmensa comunidad de venezolanía que a paso lento, pero seguro, muestra en pequeños actos, la cotidianidad de la práctica de la libertad. Esa que se construye en la alegría del compartir, del convivir con el Otro, semejante o diferente. En ellos, como en Yaya, en la duda y en la certeza, sé que el camino que lleva a superar esta condición de casi marginalidad donde nos quiere meter este régimen pandillero, es la reafirmación de nuestros principios y valores democráticos. Con sus defectos, muchos, pero con sus infinitos beneficios. Y en ese sendero, en ese camino, tenemos que permitir la participación de aquellos militantes y dirigentes psuvianos y chaviztas, en el amplio espectro político de nuestra nacionalidad. Ello es preferible antes de caer en la barbarie de una atrocidad histórica llamada guerra civil, entre venezolanos.

miércoles, marzo 08, 2017

Sopa de esperanza

Mientras los niños terminaban su sopa, me acerqué a uno de los representantes. Estaba sentado a un lado de la cancha deportiva. Lo había observado a lo lejos mientras me dedicaba a tomar fotografías de los niños, cuando realizaban sus juegos con el grupo de jóvenes del voluntariado. Algo me ocurrió mientras me acercaba a Ramón –le llamo con este nombre para proteger su privacidad- quien parecía uno de esos refugiados que aparecen en las primeras páginas de los noticieros del medio oriente. Pero esto ocurre en la Venezuela del siglo XXI. En uno de los barrios que están en Barquisimeto, la cuarta ciudad más poblada del país. Y mientras me acercaba para conversar con Ramón los recuerdos se me apiñaron en la memoria. En los finales de los ‘80s., y con 39 años estaba asombrado de ver en la escuela donde investigaba sobre lectura y pobreza, la creciente desnutrición infantil que llegaba al 5% en una población nacional en situación de pobreza extrema alrededor del 42%. Era un escándalo nacional denunciado por los medios de comunicación social. Estaba apenas a quince metros de Ramón pero mis pensamientos me separaban de él por años y a la vez, las imágenes que veía me eran tan similares. Esta escuela, de Fe y Alegría, es amplia y con una cancha deportiva techada. Un comedor donde los niños -120 y 90 adultos-, cada domingo asisten para comer la sopa que preparan jóvenes y representantes, por donaciones, al igual que la tizana, gracias al aporte de anónimas personas, con pedazos de frutas para acompañar el almuerzo dominical. Del resto, -me dice Andrés, uno de los líderes que coordina las jornadas de ayuda contra la desnutrición infantil, -solo podemos ayudar también los miércoles. -La sopa fue una sugerencia de médicos y nutricionistas. Juntamos verduras, hortalizas y huesos con carne, que compramos en sitios donde ya nos conocen. Los vendedores, de tanto pedirles rebajas, nos colaboran, otros nos hacen descuentos. Es una manera de solidarizarse con estos niños que padecen desnutrición grave. Pienso en Ramón, a quien finalmente saludo. Ya se había tomado su sopa. Él y sus tres hijos asisten cada domingo y miércoles para ayudarse con un plato de comida caliente. Mientras termina su tizana, se voltea y me sonríe. Tiene un rostro abrillantado. Sus ojos hundidos y barba de cuatro días sin afeitar me hablan de una persona que padece hambre. –Es que tengo tres muchachos y el trabajo no me da para alimentarlos en la semana. –Acá almorzamos los tres. Me muestra su correa. –Ya le hice el último huequito para apretarme el pantalón. Me doy cuenta que también he hecho igual. Me acuerdo de las últimas estadísticas de la fundación Bengoa donde dicen que el venezolano ha perdido entre 5-7 kilos en el último año. Sigo hablando con Ramón mientras una de sus hijas se le acerca para decirle que ya terminaron de almorzar la sopa. Él la mira y percibo en esa mirada una entrañable ternura. Miro a la niña, de no más de once años. Tan flaca como la maestra del famoso cuento del escritor Pocaterra, la I latina. Pero eso ocurrió en la Venezuela de la post guerra de independencia. El país palúdico se me sigue pareciendo en todas las épocas. Tanta desnutrición -9% para finales de 2016-, tanto olvido de su población más vulnerable, los niños. También de ancianos y enfermos. Es una verdadera y real crisis humanitaria esta que padecemos en pleno siglo XXI. Me despido de Ramón y voy al encuentro de la maestra Adriana. Ella me señala a uno de los estudiantes. –Es que nos preocupa. Ha perdido mucho peso y este año termina la primaria. Larguirucho y de semblante taciturno, el jovenzuelo camina cansado. Su mirada, la misma de casi todos los niños y jovenzuelos, es triste y lejana. Es la mirada del hambre y de quienes padecen desnutrición. El mundo alrededor de la escuela son cerros poblados por ranchos destartalados. Calles de tierra y botaderos de basura y aguas negras. Es parte del paisaje de la comunidad de El Trompillo, al norte de Barquisimeto. En el autobusete que nos traslada, Andrés me sigue conversando. –Comenzamos este proyecto en octubre del pasado año. Los especialistas nos han indicado que mientras mantengamos a los niños, aunque sea con una/dos sopas semanales, y con tizana, por un período constante de seis meses- podremos recuperarlos de la desnutrición grave y crónica y quizá, impedir que sufran secuelas irreversibles en su desarrollo neurológico. Le miro candorosamente. Sé que eso es casi un imposible. De seguro la talla de estos chicos no podrá recuperarse para un óptimo desarrollo y también que serán, físicamente, personas con cuerpos frágiles, abúlicos, y propensos a enfermarse periódicamente. Eso va a incidir en un país con población no calificada para el desarrollo industrial, y con altos índices de productividad. Por lo tanto, una economía débil. También sé que mientras avanza en Venezuela la crisis alimentaria la desnutrición infantil se agudiza. Los reportes de organizaciones no gubernamentales, universitarias e incluso, internacionales, como Cáritas Venezuela, han alertado sobre este drama. Sé por experiencia que además del hambre y la desnutrición, paralelo a ello avanza una sombra dantesca: la desnutrición afectiva. La he observado en el otro frente de atención que atienden estos jóvenes del voluntariado Alimenta la Esperanza. Está en la comunidad Loma de León, al oeste de la ciudad. Allí los niños asisten prácticamente solos, abandonados por sus padres. Y también asisten ancianos malnutridos. Pero los líderes del voluntariado, como Oriana, quien apenas tiene 18 años, no se detienen. Recién abrieron otro espacio de atención, en la comunidad de Pavia. Con sus juegos y liderazgo fortalecen valores y principios a los niños. Les enseñan a dar las gracias, la solidaridad y el trabajo grupal. Los niños se alborotan, sonríen y colaboran. –Es dura la tarea. Muy dura, -me comenta. –Lo sé. Pero tenemos que insistir, insistir y seguir insistiendo. Ya no hay vuelta atrás.