domingo, diciembre 05, 2010

Arbolito de papel



Para Gisela Pinedo, con cariño




Esta semana y mientras coordinaba, junto con mis compañeros de trabajo, un encuentro de investigación educativa conversé con una amiga sobre la importancia de reconocer en el Otro-diferente, cualidades y rasgos de verdad en su discurso político. De manera jocosa ella me señaló la creatividad que debemos mantener para saber abordar aquellos temas que son de naturaleza compleja en la sociedad venezolana. Tomó como ejemplo un diseño que los miembros de la Unidad de Publicaciones Periódicas en nuestra universidad habían elaborado. –Mucha imaginación y creatividad para darle uso a los periódicos, verdad. Me dijo, y con cierta malicia acotó: -Para algo sirven los periódicos, finalmente. Reímos y ella continuó agregando una reflexión que, sin querer queriendo, nos llevó a plantearnos una actitud más proclive al uso de noticias menos trágicas y de fin de mundo. Le comenté la experiencia de un diario norteamericano, donde su personal se dedicó por un mes al tratamiento de todas sus noticias, tomando como punto de partida lo positivo de ellas y su tendencia a lo proactivo. Después de un mes de trabajo periodístico el diario aumentó sensiblemente sus ventas mientras los ciudadanos de la localidad experimentaban índices significativos de solidaridad y vocación de servicio comunitario.


-Obviamente, le dije. Lo escuché en ese programa misterioso llamado Nuestro Insólito Universo. Hubo más risas, sin embargo, nos quedó esa sensación de continuar charlando sobre el tema para encontrarle sentido a las noticias que aparecen en los periódicos venezolanos donde la tragedia humana reina y nos socava el alma, dejando a flor de piel el espanto de la incertidumbre.


Y no es que estemos buscando ocultar las tantas y lamentables tragedias que a diario vivimos. Pero es tanta la crudeza noticiosa y el espanto de la vida, que da la impresión que en Venezuela sólo ocurrieran tragedias.


Sin embargo, y le acotaba a mi dilecta amiga, en los siglos pasados hubo tiempos cuando, entre guerras, batallas y revoluciones, la gente seguía viviendo y se preocupaban por casarse, por ir a fiestas, libar licor, chismear, ir a rezar, y el dolor del amor.


Ahora ocurre igual. Mientras los diarios se empeñan en mostrarnos un infierno en nuestras casas, de agotar el sentido de sorprendernos y maravillarnos, la vida sigue y sigue. De manera constante el ser venezolano construye su destino, con la ayuda del Estado o sin ella, con aquellos políticos sinceros, con aquellos a quienes se les cree o se les tiene recelos. Es indetenible el espíritu de superación de la sociedad venezolana que en nombre de la democracia o del socialismo ha sido mil veces usada para otros fines, generalmente populistas. Al margen de los atropellos a los ciudadanos, por parte del Estado y sus gobiernos, continúa un grupo de seres humanos política y mayoritariamente colocados al mero centro de la diatriba sesgada de ambas tendencias partidistas y grupales que afean el discurso político decente y solidario. Va un enjambre de mujeres y hombres quienes empujan la carreta de la educación centrada en valores reales, centrada en principios de la antigua cultura venezolana. Científicos, educadores, pensadores, profesionales de todo tipo, quienes pacientemente laboran y solidariamente comparten la vida de todos los días. Que saben que la vida es dura, difícil y compleja, pero la viven con armonía aunque deban llorar por un familiar o amigo trágicamente fallecido.


El venezolano real, verdadero e infinito nace y muere todos los días. Cierto que hay dolor, resentimiento, rencor, odios. No se niegan pero tampoco deben olvidarse nuestras profundas y gigantescas reservas de principios y virtudes que mayoritariamente habitan en los corazones de quienes tenemos absoluta fe y seguridad de saber que saldremos fortalecidos de estas experiencias. Al fin y al cabo, las crisis siempre resultan buenas porque nos confrontan con nosotros mismos para saber si somos capaces de superarlas, y al hacerlo, individual y colectivamente crecemos como ciudadanos, como pueblo y nación.




(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis





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