jueves, septiembre 24, 2020

Torturar en Venezuela

 


 

Torturar en Venezuela

 

Juan Guerrero (*) 

 

Una de las técnicas de tortura usada frecuentemente en la Venezuela del siglo XXI por las fuerzas de seguridad y que forma parte de una clara, permanente y constante Política de Estado, es la llamada ‘crucifixión’ del detenido. Se le colocan los brazos, generalmente esposados o también amarrados con sogas, sobre un tubo o reja, extendidos mientras las piernas quedan suspendidas del suelo. En esa posición el individuo sometido a tortura queda colgado durante el tiempo que los torturadores deseen, generalmente por varios días.

 

  Periódicamente es sometido a palizas, con bates y otros objetos. Algunos fueron torturados con tanta saña y por largo tiempo, que perdieron de manera permanente sensibilidad en brazos y manos. En otras torturas, lo describe el informe presentado por el equipo internacional de especialistas de la Organización de las Naciones Unidas; “Una de las víctimas declaró (a la misión de la ONU) que estuvo aislada en el SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia) sin acceso a un baño, la obligaron a usar un pote de plástico para sus necesidades fisiológicas y en ese mismo envase le servían la comida.”

 

  Los cientos de relatos, atroces, humillantes y degradantes son espeluznantes y aberrantes: “Otra víctima reportó que durante varios días estuvo encerrado en un área sin acceso al agua potable, los detenidos debían tomar agua de la poceta o retrete para saciar la sed.”

 

  El informe de la ONU sobre violación de DDHH y crímenes de lesa humanidad investigados en Venezuela(Septiembre-2020), establece una responsabilidad directa e individual en la persona de Nicolás Maduro y su cadena de mando, los ministros de Relaciones Interiores, y de Defensa, así como demás oficiales y miembros de las fuerzas policiales y militares involucrados.

 

  No se encuentra en el informe, de poco más de 400 páginas, espacio donde se narre alguna historia medianamente normal. Queda al final una sensación de náuseas, un asco por tanto terror narrado, tanta atrocidad de mentes desviadas, anormales y tenebrosas.

 

  Me he quedado perplejo frente a este informe que supone un duro golpe moral, político y obviamente, de obligado cumplimiento para posteriores sanciones jurídicas, en quienes están involucrados en atrocidades y crímenes contra inocentes seres humanos.

 

  El informe que en su momento presentó, José Vicente Rangel como denuncia y que luego se editó como libro, en 1972 Expediente Negro, menciona la serie de vejámenes, torturas y desapariciones forzadas contra dirigentes opositores a los gobiernos de esa época, entre 1960-70. Indicamos esto porque deseo significar un detalle que desde esos tiempos –y quizás desde antes, nos tiene atrapados como sociedad que no supera sus traumas sociopolíticos y cree que la venganza es la manera de ‘ajustar cuentas’ con el pasado y sus víctimas. 

 

  El detalle que se aprecia, tanto en la violación de los derechos humanos y crímenes contra la humanidad, es que han sido ejecutados por venezolanos contra venezolanos. Es posible que puedan existir ‘asesores’ extranjeros, como en el pasado, pero lo esencial es esto que mencionamos.

 

Además, las técnicas usadas por estos aberrados parecen ser similares a la tradición castrista que narran quienes han podido sobrevivir para denunciarlas. Acá es importante agregar una característica que ‘innova’ y es el uso de la tortura psicológica y la constante amenaza y práctica de la tortura de tipo ‘sexual’ para obtener confesiones amañadas.

 

Tengo a mi lado, -cosa curiosa y coincidente, un texto Los libros malditos, que trata sobre aquellos documentos prohibidos, censurados y sujetos a persecución y castigo. Pues bien, ya para esa época, entre 1450-1460, la tortura inducida para extraer confesiones, sobre todo a mujeres acusadas de brujería, por parte de hombres misóginosdesesperados por abandonar matrimonios y quedarse con la dote, disponía de técnicas y ejecutores para esas aberraciones.

 

Un libro donde se narran ciertos trabajos es uno que en su momento fue tomado como libro de cabecera para la historia de la tortura, El martillo de las brujas, escrito por dos sacerdotes, Kramer y Sprenger (1486), donde se indica las forma de ‘interrogatorio’ y “procedimientos inquisitoriales” para lograr del acusado, generalmente de brujería, una confesión plena.

 

Pues bien, lo que encontramos por estos tiempos no es ni por mucho, diferente a las formas y maneras cómo por aquellos tiempos, se lograba aplacar a quienes adversaban el poder, sea por razones religiosas o políticas.

 

La tortura en la Venezuela de Maduro y sus pandilleros no es muy diferente a la de aquellos tiempos remotos o medianamente pasados, como en la época del dictador, Marcos Evangelista Pérez Jiménez (1948-1958), quien en múltiples oportunidades ordenó personalmente asesinar a sus enemigos políticos

 

 Este informe de la ONU, por su rigor técnico y procedimiento metodológico absolutamente objetivo, claro y preciso, es un documento que debe ser difundido y considerado como parte de material de estudio en las áreas de ciencias penales y criminalística, antropología cultural, psicología, psiquiatría, para que nunca jamás volvamos a experimentar semejantes actos contra natura.

 

(*)  camilodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis  IG @camilodeasis1

miércoles, agosto 05, 2020

Una década de literatura venezolana


Lecturas de papel

 

Una década de literatura venezolana

 

Juan Guerrero (*) 

 

 

 Tres aspectos caracterizan la literatura venezolana de estos últimos diez añosla revolución bolivariana, la migración y la revolución tecnológica de la Internet. Coincido con el ensayista, Carlos Sandoval, quien en un artículo publicado en días recientes indica que la revolución chavizta marca la temática de gran parte de la narrativa venezolana (novela) de estos últimos años.

 

  Su análisis, a propósito de un ensayo que el escritor y docente venezolano, Rodrigo Blanco Calderón, “Novelas venezolanas publicadas en el período, 2010-2020”, propone para un registro parcial de novelas escritas por autores de la literatura venezolana, donde ofrece una visión de la producción narrativa nacional, introduce una serie de líneas temáticas que servirían de estudio para establecer un marco de referencia sobre la creación literaria en Venezuela.

 

  Resulta obvio señalar la marca de fuego que la llamada revolución bolivariana dejó en el imaginario venezolano y que en mucho se registra en nuestra literatura de estos años. No sólo en la narrativa (novela y cuento), también en poesía y el resto de la literatura y las artes. Porque los años del chavizmo lo han trastocado absolutamente todo, incluso la literatura y su natural manera de expresión, el lenguaje.

 

Política, persecución y tortura, alteración del entorno social y económico, entre otros, son los temas que aparecen en los registros de gran parte de los autores nacionales de estos años. Unos mejor descritos que otros, mientras todos toman de estos tiempos la alteración de la realidad y la fragmentación de la memoria, para construir sus estéticas, unos más cerca de lo panfletario mientras otros caracterizan con muestras de originalidad, las historias de una nueva manera de construir el hecho literario.

 

La migración (diáspora) como tema en la obra literaria va a ser considerada, más que todo, por quienes escriben desde los rincones del mundo para ofrecer otra perspectiva del país, visto por la mirada de lo ausente. Sea como migrante, refugiado o exiliado, lo cierto es que este hecho es novedoso en la nueva literatura venezolana. Desde mediados del siglo XIX, (1812-1815) no ocurría un fenómeno social de magnitudes tan dramáticas como esto que ahora experimentamos.

 

  Si bien, y como lo señala Blanco Calderón, no aparecentodos los registrados en esa lista, es obvio la proliferación, tanto de obras como de nuevos escritores muchos de ellos viviendo, como el mismo ensayista lo experimenta, fuera del país. 

 

  Resulta sumamente interesante la proliferación de nuevas firmas en el registro de la obra literaria nacional, gran parte de ellos del entorno periodístico, político y económico. También de quienes inicialmente nada han tenido que ver con los tradicionales grupos literarios del centro del país.

 

  Creo que es tiempo de realizar un estudio sobre la literatura venezolana y sus aportes, sobre todo en las nuevas firmas que se muestran, tanto en la producción y promoción de sus obras como en el análisis crítico y estilístico. Sobre esto es oportuno indicar que si bien se observa cierta masificación en los productos literariosen las tradicionales editoriales, es significativo el desarrollo de los medios de producción de libros de carácter privado e individual (libros on line). Tanto en uno como en otro caso, es preciso afinar nuevos instrumentos de análisis en el discurso literario para evaluar los recursos de estilo y el neo lenguaje en la casi totalidad de las obras que aparecen por estos tiempos.

 

Siempre será mejor saber que existan, tanto escritores y lectores de obras literarias y no simples consumidores de títulos noticiosos que banalizan la vida. Como conocedor de los procesos de lectura y escritura, considero que la promoción del libro (y si es literario, mejor), sea por medios tradicionales o por las redes sociales (RRSS), es un claro indicio del interés del lector por avanzar en su formación como lector independiente y crítico que influye en los creadores para crear mejores productos (obras) literarios.

 

 Sobre esto último sería saludable que la crítica académica fije nuevos registros de análisis en la serie de planteamientos estéticos que resultan del cruce de estilos, formas y temas empleados. En todo caso, mucho de esta nueva literatura será acogida o no por los lectores, generalmente quienes darán permanencia u olvidarán a estos neo escritores. Así también el necesario y formal criterio de quienes hacen del análisis literario la construcción de los nuevos paradigmas en la crítica académica. 

 

  En cualquier caso, celebro que finalmente la narrativa venezolana (novelística) se encuentre en franco proceso de expansión, independientemente del valor intrínseco de la obra literaria, temas y estilos, así como el saludable espacio ganado por la poesía venezolana en estos tiempos terribles.

 

(*)  camilodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis   IG @camilodeasis1

miércoles, julio 29, 2020

La mosca, de Juan Martins





La mosca, de Juan Martins

 

Juan Guerrero (*)

 

  Termino de leer el libro de Juan MartinsEl vuelo fractal de la mosca (2020). Sea por instinto de lector o por simple asociación de palabras, me acuerdo de El señor de las moscas, de William Golding. Pero si Golding refiere su tema a comparar a las moscas con el mal y la crueldad, representadas ellas, las moscas, con Belcebú, señor y amo del inframundo, Martins toma a su mosca y otros rastreros,como simple y curiosa presencia que describe en su vueloescritural fracturado, acaso quebrado.

 

  Mientras intento dejar de pensar en el libro recuerdo una noticia que leí por estos días, donde unos investigadores, creo que israelíes, descubrieron que las moscas sentían placer mientras copulaban. Pues bien, acá sí se me hace curiosa la lectura del libro, porque en él no se narra nada, tampoco se describe gran cosa ni se reflexiona sobre la vida ni se analiza autor u obra de arte. No. En El vuelo fractal …lo que se hace es disfrutar, sentir placer por el sólo hecho de hacerlo: escribir.

 

  Llamo a esto que he leído, Poiesis escritural, asumiendo el término clásico helénico, como producción más que creación. Otros, como José Balza, identificaron ciertas producciones como Ejercicios narrativos. Sin embargo, acá encontramos una sola secuencia de hablas escriturales, entrelazadas bajo la mirada fractal, sea de una mosca o de un hacedor de la escritura que deja ir su mirada mientras la luz identifica lugares, formas, abstracciones de una memoria que discurre en su propio tiempo/espacio. No hay personajes propiamente tales, más bien y a la manera de Todorov, son actantes que asumen representación mientras quien escribe deja transcurrir secuencias discursivas para ir delineando formas, que a fin de cuentas casi ni tienen eso, final. Los textos, 28 en total, quedan abiertos en una especie de gran infinitivo, gerundio y participio (como verboides, según los formalistas rusos) que no tienen fin.

 

  Los escritos se refractan en la luz que devuelve la imagen a un espejo (speculum) que especula sobre sí mismo al no poderse ver realmente, directamente. Es una imagendesdoblada en voces producto de la distorsión de una luz sobre la cual el autor especula 28 veces. Los temas son un pretexto para permitir desarrollar eso que realmente importa: la escritura. Unas veces el ejercicio resulta en narrativa, en otras es ensayo, en otras más, hay un desdoblamiento para teatralizar instantes, y en muchas otras, es forma pura de poesía que es el lenguaje asumido y muy bien alcanzado.

 

  Ciertamente podríamos afirmar que la atmósfera que se construye tiene ciertos rasgos ramosucreanos (en referencia al poeta Ramos Sucre), en tanto la serie de veces que nombra al poeta Fernando Pessoa, hacen que exista un desdoblamiento en varios rostros donde Martins busca ser múltiple en su única voz.

 

  Lo fractal, en tanto nombre, término, es en sí misma una única metáfora que se hace infinita, se curva en la luz que asoma en partes de sus escritos. Hay una melancolía, morriña, en “El amor está podrido en la respiración del mar”.

  La escritura de Juan Martins en El vuelo …no tiene coordenadas que lo ubiquen en género literario alguno. Los posee todos pero a la vez, no se parecen en su conjunto a ninguno de ellos. No tienen un norte o sur, o este u oeste. Menos se orientan hacia arriba de nada. Quizás sólo quieren ir hacia lo profundo de esa nada que es el placer de escribir, de mostrarse en su plenitud, en su poiesis que construye infinitamente una larga y misma metáfora que se refracta en vuelo y deviene forma animal que acompaña posada en el hombro. 

 

  Son estas, unas imágenes que se refractan y se desprenden de un mismo y melancólico discurso que se inician en la mirada de quien las produce y las deja mientras se hacen verbo, vida, y se desplazan en cayendo, que es metáfora (meta-fero, más allá de) infinita.

 

(*) La Piedad, julio de 2020.

El país ausente



Lecturas de papel

 

El país ausente

 

Juan Guerrero (*) 

 

 Es difícil escribir sobre un país en ruinas. Se decía en años recientes que de no existir acuerdos entre el liderazgo nacional íbamos a negociar sobre los cadáveres de cientos de miles de venezolanos. Pues bien, después de tanto esquivar/engañar la realidad acá finalmente nos encontramos: entre el basural de un país que en la práctica no existe y que mucho menos, resulta el mejor país del mundo.

 

  No lo es porque en un país normal, su gente no huye despavorida a refugiarse en otras naciones. Tampoco es un país normal, porque poco más del 94% de su población se encuentra en situación de pobreza. En un país normal no queman bibliotecas universitarias ni asaltan y desvalijan sus instalaciones, laboratorios ni roban su mobiliario. En un país normal el personal jubilado no obtiene un sueldo mensual de menos de 2 dólares.

 

En un país normal funcionan los servicios públicos todos los días del año, las 24 horas. En un país normal, los espacios públicos, sus monumentos artísticos y naturales son preservados porque forman parte del acervo cultural de todos. 

 

  Pero Venezuela ya no es un país, es un territorio en la práctica sometido al saqueo de sus tierras. Poco más de 11 mil kilómetros cuadrados del territorio están bajo una salvaje y cruel deforestación buscando oro y minerales estratégicos. Consecuencia de ello es la contaminación por mercurio de la cuenca hidrográfica de gran parte de los principales ríos de la Guayana, donde el río Caroní es la principal fuente de agua dulce para una población superior a los 3 millones de habitantes.

 

  Venezuela, hoy, es el peor país del mundo para vivir, para visitar, para hacer turismo o para establecer alianzas gubernamentales con instituciones solventes y países democráticos. Esto duele escribirlo, pero es la realidad. Y de ello su población debe tomar consciencia. Porque no tiene sentido seguir engañándonos haciendo falsas afirmaciones para banalizar a un régimen que ha terminado por controlar total y absolutamente a su población, acorralada, enferma, hambrienta, humillada, vejada, llena de incertidumbre yperseguida.

 

 Hoy, la población que se vio en la necesidad de migrar para sobrevivir mantiene una idea del país de hace 5-10 años atrás. Ese venezolano de sonrisa amplia, de puertas abiertas y de fácil trato, ya no existe. Quedó como una fotografía congelada en el tiempo. Lo que existe es una población (lo dicen las estadísticas), enferma, pobre, profundamente deprimida (esta es la población donde se registra la mayor cantidad de suicidios en América Latina y el Caribe). 

 

  No, Venezuela no es el mejor país del mundo. No puede serlo porque la población infantil está en emergencia por desnutrición severa en un porcentaje demasiado alto. No puede ser un país, porque en un país normal, los ciudadanos confían en sus autoridades militares y policiales. Acá, los pobladores de este territorio temen a los cuerpos de seguridad, se refugian en sus casas cuando ven pasar un vehículo militar-policial. Tiemblan cuando deben salir después de las 6 de la tarde por alguna emergencia, porque saben que muy probablemente se encontrarán con grupos paramilitares, sea de los llamados Colectivos o comandos del crimen organizado, bandas armadas del narcotráfico o células de las guerrillas.

 

Nadie en su sano juicio puede hoy afirmar y defender la noción de Venezuela como un país, como una nación y menos como una república. Eso en la práctica no existe. La lógica indica que en un país normal al presidente no le buscan para detenerlo y por su captura ofrecen 15 millones de dólares. O que al presidente del Tribunal Supremo de Justicia lo buscan para juzgarlo por delitos y ofrezcan 5 millones de dólares. 

 

  Este territorio llamado Venezuela está, en la práctica, sub dividido en zonas de influencia extranjera. No existen ciudadanos ni ciudadanía. En la práctica somos pobladores, pisatarios que en cualquier momento podemos ser desalojados hasta de nuestras propias viviendas. La fuerza bruta, bélica, impera en todas partes. El día a día está regido por la violencia verbal, gestual. Una población sometida, lanzada a “devorarse entre ella” para sobrevivir. Los ejemplos se observan en las largas, extenuantes colas para surtir combustible, adquirir alimentos, obtener gas doméstico, subirse a un transporte público, lograr algunos litros de agua potable, entre un largo etcétera.

 

  Donde usted fije su mirada verá la ruina, la desolación, el descuido, la mugre y el mal olor. La proliferación de moscas, zancudos, ratas y ratones es parte de la cotidianidad, de la conversación vecinal. Hay un tufo ambiental continuo que degrada la condición humana. El tradicional olor a perfume francés se evaporó. Este habitante tiene otro olor, se desplaza con otros modales y su habla es otra. Peor aún, la mirada contenida encierra su desesperación. 

 

  Pocos mantenemos un país acurrucado en nuestros recuerdos, prolijo y aquietado en nuestro corazón. Pero sabemos que es una falsedad. La ruina material de los grupos de poder del régimen, avanzan y trituran todo lo que tocan. Parques, plazas, museos, hospitales, cementerios, playas, bosques, avenidas, sistemas de transporte: aéreo, fluvial, marítimo. Empresas, industrias, partidos políticos, oficinas públicas, comunicaciones.

 

  Consecuencia de ello son estos resultados que indicamos. No, no puede existir ni un país ni una ciudadanía medianamente normales. Los buenos no son más sino menos. Escasean las almas nobles, son raras y por eso se resaltan por las redes sociales cuando llegan donaciones o alguien logra salvar una vida. Lo normal en Venezuela es la anormalidad, la injusticia y un tipo de población rapaz, depredadora, capaz de pasar por encima de cualquiera para sobrevivir. Esa es la realidad. Hay una maldad que se evidencia en un tipo de venezolano que no tiene remordimientos, ni pasado ni futuro. Es banal, acomodaticio, mentiroso, depravado, inmoral, que vive al día sin importarle nada más que su interés individual. 

  Venezuela, hoy, es un territorio inhóspito, sórdido, donde impera la barbarie, sin ningún rumbo formal. Sólo buscar alimentos, medicinas y acumular agua para llegar vivo al siguiente día. Es casi un imposible creer en algo o en alguien. En estas condiciones, cualquier solución real, palpable, por insólita que parezca, sería bienvenida.

 

(*)  camilodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis   IG @camilodeasis1


jueves, julio 23, 2020

El fracaso histórico de la izquierda


Lecturas de papel

El fracaso histórico de la izquierda

Juan Guerrero (*) 

 En escritos anteriores hemos afirmado que el comunismo/socialismo/progresismo es la ideología de la marginalidad. Esto resulta así, al menos en Latinoamérica y el Caribe, por varias razones que de manera sucinta expondremos.

  Presentada a través de estos dos últimos siglos, los movimientos de la izquierda resultan todos consecuencia de ciertas reivindicaciones sociales. Estos reclamos de algunos sectores sociales, si bien son válidos y justos, al ser asumidos por los liderazgos de izquierda, formados como grupos de reclamos, en la práctica, afirman una de las características más oscuras de la mente humana: el resentimiento social.

Por ello, la gran mayoría del liderazgo izquierdista latinoamericano es esencialmente resentido, por lo tanto, vengativo y para ello, resalta siempre en su hacer la búsqueda de la justicia social por la vía violenta. Para ello, utiliza la simbología de una historia, que, sólo ellos la poseen, de la victimización, el martirio y en consecuencia la construcción de una heroicidad que, manejada siempre por vía de la emocionalidad, lleva a la paranoia sobre la cual siempre surge el líder eternizado como un evangelizador, un tótem que formará una falsa sociedad igualitaria.

  Ese es el sueño sobre el cual la humanidad ha visto desfilar maltratadores de oficio que han condenado a millones de seres humanos en nombre de una sociedad que sólo ha existido en la mente de unos izquierdistas que construyeron una doctrina en las mesas de recintos intelectuales, bares y cafés, en el siglo XIX.

 El socialismo y sus varias nomenclaturas, sobre todo aliado al populismo, destruye todo principio y valor humano. Corrompe en nombre de una justicia que es venganza barbárica. La corriente izquierdista en América Latina y el Caribe ha ganado terreno porque encuentra en un alto porcentaje de la población, el caldo de cultivo para inocular el germen del resentimiento social. Insistir una y otra vez, sobre el trillado tema de crear la imagen del malo, quien te ha robado y marginado, en quien ha progresado, se ha educado y es un ser exitoso. Quien resulta ser un individuo que se ha esforzado en ser alguien en la vida, es visto como enemigo por un falso grupo de seres, que se juntan para sobrevivir en la miseria de sus frustraciones. 

Por eso el socialismo/comunismo/progresismo rechaza la idea de lo individual (no individualismo), de quien afirma su identidad con rostro propio y se independiza y alcanza el ideal de ser ciudadano y abandona el espacio del mero ser habitante del “rancho mental” donde se iguala con sus pares marginales.

Porque la marginalidad es, fundamentalmente, un estado mental, una anomalía espiritual que debe ser superada. Ningún dios sobre la tierra, ningún maestro espiritual, ningún santo ni monje, han sido seres pobres ni mucho menos marginales. En todos ellos lo que sobresale son rasgos de riqueza: por formación, por gracia de alguna divinidad, por reconocimiento, por espiritualidad y pedagogía, y en menor grado, por acumulación de bienes materiales.

  El socialismo, como pensamiento marginal, encuentra en el populismo la estrategia exacta para desatar la deshonestidad en la población latinoamericana y caribeña. El social populismo es un mal hábito, una mala actitud. Niega el esfuerzo individual y colectivo. Estigmatiza y condena el éxito individual.

  Todo socialista-populista, en función de su promoción, busca disfrazarse de pueblo, asume conductas impropias de la tradición cultural y busca juzgarlas, en nombre de la justicia social. Vemos ahora como han surgido estos neo grupos que se dicen antirracistas, pro derechos de las minorías sexuales o de la mujer. En todos ellos, el sentido de la venganza es evidente. Se menosprecia y en el fondo, se envidia el logro del Otro-diferente.

  El social-populismo crea estigmas sociales, rechaza las virtudes ciudadanas porque su interés es perpetuar su control sobre la población inculta e ignorante. El social-populista envidia la riqueza material y menosprecia la riqueza intelectual y académica. El ejemplo más ilustrativo de ello ha sido el despido, con pito en mano y por televisión, que en su momento ejecutó en militar, Hugo Chávez, siendo presidente de Venezuela, cuando dio la orden de despedir a poco más de 20 mil profesionales petroleros. Con un promedio de 10 años de experiencia, se barrió el cerebro de la industria petrolera venezolana. A la fecha, una de las primeras cinco industrias petroleras del mundo, se encuentra técnicamente paralizada.

Así funciona, en líneas generales, el llamado socialismo/comunismo/progresismo con el impulso populista. Esta pseudo ideología, creada por intelectuales/académicos, y sin piso social verdadero, es, realmente, el recinto de la mentalidad marginal y de marginales, quienes, como modernos bárbaros, andan por el mundo destrozando el esfuerzo individual y colectivo del progreso humano. 

(*)  camilodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis   IG @camilodeasis1L
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miércoles, julio 15, 2020

La destrucción de una sociedad



Lecturas de papel

La destrucción de una sociedad

Juan Guerrero (*) 

  Cada día se hacen más reales aquellas afirmaciones que denunciábamos años atrás según la cual el país, bien si no estaba en una guerra, las consecuencias que se observaban eran de una confrontación bélica indiscutible.

  Llegan a mis manos los resultados de la última Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCONVI), realizada entre noviembre 2019, marzo 2020. Un estudio adelantado por especialistas de las universidades Central de Venezuela, Simón Bolívar y Católica Andrés Bello.

  Es evidente que ante semejante respaldo profesional resulta casi que irresponsable dudar de su veracidad científica y rigor académico. Pero también debo manifestar el profundo dolor y sensación de llanto cuando nos damos cuenta del desastre humano ante semejante horror.

  Copio casi que textualmente las cifras referidas a ciertos detalles para darnos cuenta que Venezuela, en la práctica, es un país destruido en sus cimientos más profundos: su sociedad.
La población venezolana se redujo a 28 millones de habitantes, por debajo de los 32 millones que el “Instituto Nacional de Estadística había proyectado para estos años”. La esperanza de vida (75 años) se redujo a 72 años. La cobertura universitaria se redujo a un 50% menos. La población más pobre se encuentra rezagada, entre 1 año o más, para encontrar mejores opciones educativas. Cerca de 4 millones de niños tienen problemas para ir a la escuela. Poco más del 96% de la población venezolana se encuentra en situación de pobreza. De ese porcentaje, poco más del 79% está en pobreza extrema. La población migrante ya supera los 5 millones de personas. Sólo en los últimos 3 años se han ido cerca de 2, 4 millones. Apenas 4% de migrantes han regresado. El promedio de ingreso del venezolano es de 0,72 dólares diarios. El proceso hiperinflacionario “tuvo en junio una variación interanual de 3500%”. Indica esto que poco más del 79% de las personas no tienen cómo cubrir la canasta básica alimentaria.

  La encuesta indica que “entre los hogares venezolanos más pobres, 3 de cada 7 sufren de inseguridad alimentaria severa, y al menos, 166 mil niños menores de 5 años entran en la categoría de desnutridos, tomando en cuenta el indicador peso para la edad.” Cerca de 639 mil niños menores de 5 años se encuentran con desnutrición severa. Poco más del 60% de la población no logra consumir el mínimo requerido de calorías (2000 calorías/día).

  Estos y otros datos estadísticos sitúan a Venezuela como el país más pobre en Latinoamérica y el Caribe. Habría que agregar acá los estragos que está causando la pandemia al encontrarse con una sociedad precariamente alimentada, peligrosamente desprotegida sanitariamente y con los servicios públicos (agua potable, electricidad, combustibles y comunicaciones) en franco deterioro. Sólo en el servicio de agua potable, la encuesta Encovi indica que el 75% de los hogares venezolanos no recibe a diario este servicio.
  Venezuela ya no es comparable con ninguno de los países latinoamericanos y del Caribe. En la actualidad, su población se asemeja más a los países africanos, como Sudán del sur o con los de Asia, como Corea del Norte, o del Medioriente, como Siria. Son las muestras estadísticas que están indicando la emergencia humanitaria compleja que desde hace varios años se siguen agravando y están llevando a la sociedad venezolana a su desintegración.

  Como ya algunos especialistas lo están advirtiendo, Venezuela en la práctica es una nación que no tiene gobierno. Está siendo dirigido por grupos de la delincuencia organizada, el narcotráfico y el terrorismo internacional, con asistencia de países que buscan instalar espacios geográficos controlados, como en el sur de la Guayana, isla de Margarita, sur del lago de Maracaibo, norte del estado Falcón, y que peligrosamente están llevando a una división y separación del territorio nacional.

  No es tiempo de pensar en elecciones, que muy posiblemente se verán impedidas de realizar por la atroz realidad. Lo imperativo es lograr una urgente intervención militar por razones humanitarias para salvar y proteger a la población civil, total y absolutamente desprotegida y en proceso de aniquilamiento, como lo está revelando esta encuesta nacional.

(*)   camilodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis   IG @camilodeasis1