lunes, junio 17, 2013
Maratón por la dignidad académica
Al momento de escribir esta nota las comunidades universitarias de Lara: Universidad Centroccidental “Lisandro Alvarado”, Universidad Politécnica Experimental “Antonio José de Sucre” y Universidad Pedagógica Experimental Libertador mantienen una logística para apoyar a sus valientes compañeros, quienes iniciaron este lunes 10 de junio una caminata de 400 kilómetros (Barquisimeto-Caracas) para exigir salarios dignos y presupuesto justo para sus casas de estudios.
Son docentes, estudiantes, personal administrativo y obreros quienes este pasado lunes por la tarde arribaron a la población de Yaritagua. La mañana del martes, muy temprano, reiniciaron su andar hasta San Felipe, allí se les unirán docentes de la Universidad Nacional Experimental del Yaracuy, institución que, a pesar de estar controlada por el régimen, cuenta con docentes quienes en su inmensa mayoría apoyan el paro universitario, al igual que los estudiantes, personal administrativo y de servicio.
En pocos días arribarán a Valencia donde les espera la comunidad universitaria de la insigne Universidad de Carabobo. Allí tendrán el apoyo de docentes, estudiantes, personal administrativo y obreros.
Redactar este artículo no es tanto por solidaridad con mi Alma Mater sino para denunciar la evidente injerencia del régimen fascista en las universidades. Valiéndose de estratagemas leguleyas este régimen creó sindicatos paralelos a la Federación de Profesores (Fapuv), asociaciones y gremios de obreros, estudiantes, administrativos y docentes, legal y legítimamente constituidos, para formar “mesas de discusión” donde se debate un supuesto documento que tiene como principio y base de funcionamiento, la “educación socialista” como fundamento de la formación universitaria.
Esto contraviene y desnaturaliza uno de los principios que soportan la tradición de lo “universitas” como es la pluralidad del pensamiento. Además, es una clara contradicción con el principio que soporta la universidad venezolana: republicana, democrática, autónoma y popular.
Detrás de ese parapeto montado por el ministro Pedro Calzadilla, con docentes, estudiantes y demás personal de algunas instituciones universitarias, quienes se prestaron para conformar esas mesas de discusión, está el proyecto diseñado desde hace varios años, para apoderarse de las universidades.
La lucha de los universitarios contra estos intentos de este régimen fascista, inepto, corrupto y corruptor tiene varios años. Durante más de siete años la comunidad universitaria venezolana, desde sus gremios legítimos y legalmente constituidos, ha venido denunciando el cerco presupuestario impuesto por el régimen.
Desde hace cuatro años las carencias por insuficiencias presupuestarias, sueldos y salarios, planta física, transporte, comedor y becas estudiantiles han evidenciado la desidia e ineptitud de una camarilla de potenciales “delincuentes de la educación” quienes, encabezados por ministros y asesores, acentúan el cerco de mendicidad sobre la dignidad de la educación y particularmente, de la universidad venezolana.
Resulta insólito que dirigentes oficialistas universitarios estén en contra del paro en las casas de estudios superiores. Sin embargo, declaran a viva voz que apoyan el aumento de sueldo. Contradictorio, hipócrita y cínico. Por el contrario, la población docente, estudiantes, empleados y obreros chavistas, solidarios y a “sotto voce” comentan y declaran su apoyo a las justas reivindicaciones que adelantan sus asociaciones y gremios. Muchos de ellos pertenecen a universidades intervenidas por este régimen clasista y manipulador.
Mientras más se acentúe el cerco contra las universidades republicanas, democráticas, autónomas y populares mayor será el apoyo y solidaridad de los ciudadanos. Y sobre todo, encontrará más adhesiones en la población de la comunidad universitaria chavista, hartos de tanto chantaje y “bozal de arepa” contra estos profesionales a quienes se les niegan sus mínimos derechos laborales, como son su estabilidad académica y contratación colectiva.
Todo miembro de la comunidad universitaria tiene como principio y deber moral denunciar las injusticias y vejaciones de un régimen fascista que pretende imponer un pensamiento único de sumisión a un Estado autoritario y militarista. Mantenerse en silencio es poco menos que cobardía y traición a sus principios académicos.
(*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis
lunes, junio 10, 2013
Ida Gramcko: La infinita noche
Uno de los primeros libros de poesía que llegó a mis manos fue Lo máximo murmura. Un libro editado por la Universidad del Zulia, en 1965. En el Maracaibo de finales de los ‘60s esos textos fueron reveladores y a la vez extraños. Una rara exuberancia verbal se percibía en esas páginas que no llegaba a entender del todo. Sin embargo, sentía un ritmo, una oculta sensación de plenitud y magia mientras los leía.
Por años me acompañó esa magia cargada de musicalidad y esplendores que se entregan a la noche y solo el silencio nombra. Disfruté buscando términos en mi viejo diccionario. Era una fuente de nuevas palabras que disfrutaba pronunciarlas, juntarlas con otras para sentir su sonoridad y cadencia.
No me interesaba su autor ni tampoco su historia. Como joven lector me apasioné por esas imágenes recargadas de símbolos referidos a lo oculto, a la sombra que se yergue en la noche. Esa noche del alma donde Ida Gramcko (Puerto Cabello, 1924 – Caracas, 1994) supo refugiarse para construir su universo verbal y su propia existencia.
Después, ya estudiante de bachillerato en el Liceo Andrés Bello, en Caracas, me volví a encontrar con ese nombre, pero ahora con otro libro, Tonta de capirote, 1972. Era una narrativa donde se colaba la autora, pero quizá como personaje. Leí el libro más por el título que por su contenido.
Confieso que mis primeros poemas y narraciones los construí imitando su cadencia poética, así como también las temáticas que años antes había descubierto, en las lecturas de Ramos Sucre. Disfruté escribiendo en esos estilos mientras me hacía, sin percatarme, asiduo lector de esa distante y desconocida escritora. Por ese tiempo la encontré también entre los articulistas de El Nacional, con su columna Cero a la derecha. En esas crónicas y reseñas encontré un ser más cercano, compenetrado con su responsabilidad social mientras escribía sobre la niñez abandonada, entre otros temas.
A mediados de 1972 me matriculé en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela. Mi sorpresa fue grande cuando debí inscribirme en una asignatura sobre Poesía y Poetas y la docente era la profesora Ida Gramcko. Silenciosa, con su mirada absorta y un tanto haciéndole honor a su nombre, subió pausadamente la rampa hasta llegar al salón. Le acompañaba una enfermera quien, cada tanto, le suministraba unas pastillas mientras ella las tomaba con un vaso de leche.
Todos en el salón nos acostumbramos a escuchar a nuestra profesora en esa situación. Fue un semestre accidentado. Ella nos introdujo en la obra de Rimbaud, de Mallarmé y demás “poetas malditos”. Hablaba con voz calma y sonora. Casi de memoria recitaba a los poetas mientras su mirada seguía perdida entre el misterio de sonoros versos de sus cercanos poetas.
Cierta noche llegó su enfermera y nos colocó encima del escritorio una grabadora. Nos dijo que seguía instrucciones de la profesora. Que escucháramos lo que nos iba a decir. Fue una extraña despedida. Nos pidió disculpas mientras nos dejaba instrucciones para la entrega de trabajos e indicaciones sobre la persona que la sustituía: Alfredo Silva Estrada.
Años después tuve el privilegio de visitarla en su apartamento. Mientras recorría el corredor desde la puerta de entrada al salón de su biblioteca, pasé al lado de su esposo, José Domínguez Benavides, el querido “Bena” quien permanecía absorto en una butaca mientras escuchaba a todo volumen al exquisito Albinoni y su adagio. Estaba absolutamente metido en esos acordes y ni se dio cuenta cuando pasé a su lado.
Mi profesora me esperaba con una amplia sonrisa mientras me enseñaba parte de su trabajo, unos textos que después darían lugar a uno de sus últimos libros, Salto Ángel, 1985. Se refugió en esa telúrica naturaleza para ampararse de la soledad del mundo y lo mundano. Fue, como Hanni Ossott, un ser de la noche larga, de intensas madrugadas e hizo de ello su práctica de vida. Dormía casi todo el día y cerca de la tarde, iniciaba su ronda, su tránsito, su destino a un Ángel que la contemplaba mientras se abandonaba en su silencio.
Acá una muestra de su hacer poético. De Poemas, 1952.
Recuérdate, palabra,
como eres, como estás, pulcra y redonda,
no el agua mas en agua y tras el agua
y con el agua sin más pie ni alfombra.
Padecer de soledad, de silencio y tiempo fue su destino. Acaso son estos los rasgos que marcan su poética. Además de un acentuado misticismo merced a la contemplación de la vida y la natura, plena y primigenia. Un preguntarle y no obtener respuesta a eso dejado a un lado de la vida: nosotros.
De su libro inicial, Umbral, 1941 a su última obra, Treno, 1993, discurre la plenitud de una obra densa, soportada en la arquitectura de un lenguaje sobrio, esplendoroso y luminoso, que espera ser abordado por similares estudios en beneficio de la literatura y cultura venezolana.
(*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis
viernes, mayo 31, 2013
Opinión pública
El venezolano de este siglo XXI es un ciudadano profundamente politizado. Es su marca más visible, junto con una manera absolutamente informal de comportarse.
Esto orienta a una práctica de argumentaciones donde se intenta pasar toda conversación por el tamiz del maniqueo y trillado oficialismo/oposición.
La reflexión cotidiana del venezolano, cargada de informalidad, asume una postura individual, con una carga de emotividad que impide visualizar los grises, esos puntos neurálgicos de la problemática general y sus particularidades que nos afecta a todos, seamos rojos o azules.
Políticamente hablando, en la Venezuela actual nadie es imparcial y menos en el ámbito de la opinión pública. Mantenerse en silencio es poco menos que cobardía y sumisión frente a la devastadora realidad, cargada de violencia, sea intrafamiliar, laboral o del Estado.
Bueno que el ciudadano sepa desenvolverse en aguas turbulentas y aprenda a discernir y tomar decisiones sin verse forzado a decidir por imposiciones de terceros ni menos, por mordazas, tipo línea editorial de algún dueño de medio audiovisual o impreso, ni mucho menos por un “bozal de arepa”.
Difícil la situación actual para opinar sobre asuntos vinculados con el régimen que se mantiene en el poder del Estado venezolano.
Difícil entender también la manera cómo este régimen acelera el entierro del chavismo para imponer un nuevo esquema de relaciones con sus adeptos. Mientras se soporta en una débil, sesgada y fracturada militancia, busca fortalecerse en los esquemas autoritarios del militarismo.
Además, al asumir el control sobre los medios audiovisuales en casi su absoluta totalidad, bajo el pretexto de controlar la violencia sobre programaciones abusivas a niños y jóvenes, establece un cerco comunicacional en todo el ámbito nacional donde será prácticamente imposible mencionar una sola frase, sin el temor de ser escuchada o leída por el censor, y tomarla como excusa para prohibirla.
La lucha será a partir de ahora un enfrentamiento directo entre el régimen, a través de sus instituciones, y los ciudadanos, pues los comunicadores sociales, llamados comúnmente periodistas, también forman parte de la sociedad. Ya no será una censura contra las plantas televisoras y radiodifusoras, tanto nacionales como regionales. A ellos se les unirán los medios impresos y los medios modernos, como Twitter y FaceBook. En estos dos últimos es donde se encuentra el grueso de una población que está directamente vinculada con la información que se genera segundo a segundo. Esa que se conoce, lee y observa sin editarse.
Por años muchos países se vanagloriaban de mantener a sus ciudadanos controlados a través de la censura a los medios tradicionales. Pero en años recientes ocurrieron hechos que pusieron a temblar gobiernos y muchos de ellos se tambalearon y cedieron. Caso concreto de varios países árabes, como Egipto, Marruecos y Túnez. Gracias a los medios cibernéticos los ciudadanos se mantuvieron informados y en su momento, pernoctaron en las plazas hasta que su presión en las calles hizo desaparecer esos regímenes escandalosamente infames.
Sabemos que el régimen autoritario y militarista entronizado en el Estado venezolano pronto comenzará una dura penetración para controlar los medios cibernéticos y con ello, censurar a los usuarios quienes constantemente criticamos a este inepto e inescrupuloso sistema que maltrata y ofende la dignidad del venezolano.
No es cierto que el ciudadano venezolano esté ajeno de sus responsabilidades como integrante de la sociedad y su participación en la vida del Estado. Por el contrario, está absolutamente involucrado, sea del bando político que sea, en todas y cada una de las actuaciones del régimen y sus opositores. Solo que se le impide su decisiva participación, se le aparta y ahora, se le cercena su derecho a estar informado al momento, viendo y escuchando, sobre las noticias que este régimen no desea que se sepan.
El ciudadano venezolano es una persona perceptiva, comunicativa, que genera y comparte información. Sabe por experiencia que los regímenes cuando comienzan a establecer controles sobre la vida cotidiana, sobre el hacer del día a día, se debilitan y corrompen. Entonces sabe que debe acelerar su participación para que cambie su maltrecha y vulnerable realidad, cargada de injusticia, ultraje y vejaciones a su condición humana. Una de sus estrategias es el chiste, la burla, la chanza y el humor a quienes representan el régimen. Ahora viene la carga más potente, el reclamo puntual, serio, objetivo y el rechazo que día a día aumenta y se generaliza.
(*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis
¡Croac, croac!
Por estos tiempos tener dignidad, principios y virtudes es poseer una veta de oro entre las manos.
La grabación escuchada donde se aprecia la aparente voz de Mario Silva, presentador de televisión y connotado defensor del régimen, no nos sorprende más allá del agregado que trae saber que para sus oyentes de medianoche, era una creíble voz por donde hablaba, de vez en cuando, Hugo Chávez.
En su momento hubo otras denuncias, las que hicieron Aponte Aponte y Velásquez Alvaray. Tristemente no pasó nada!
Esta puesta en escena de Mario Silva trae un agregado que sí debe estar haciendo ruido, y mucho, entre la dirigencia del Psuv y el gobierno. Lo decimos porque este operador político tiene credibilidad entre la denominada “tropa” chavista. Por años ha sido la voz oficial del difunto presidente, a quien las bases obedecían rodilla en tierra.
Comienza a causar un terremoto emocional entre quienes seguían a pie juntillas las reflexiones sesgadas de este personaje que, por lo afirmado en la grabación, responde más a un gobierno extranjero que a sus pares en el gobierno.
Triste por quienes desde hace años creían que lo dicho en su programa respondía a lineamientos directos del comandante supremo. Ahora se percibe un silencio sepulcral, un lloriqueo íntimo y una rabia contenida en los cientos, millones de convencidos chavistas, que desde la soledad de las casas del Psuv en todo el país, no saben a quién seguir.
Eso ocurrió cuando la debacle de Acción Democrática y Copei, y después con el llamado “chiripero”. Gente que quería creer y seguir a un líder y de la noche a la mañana se vieron en la total horfandad., desilusión, desprecio y soledad.
Esta gente, la misma gente que por años militó en los viejos partidos son estos venezolanos defraudados quienes cargan ahora con su cruz a cuestas. Un pesado fardo donde están las deudas por cancelar, los préstamos, la escasez de alimentos, y una inmensa, descomunal inseguridad, tanto personal como financiera, sociosanitaria y educativa.
La realidad de estos venezolanos, los más humildes, los siempre desamparados, junto con sus leales dirigentes de base, es que andan sin saber qué hacer. Sus flamantes líderes del gobierno y del Psuv se han desdibujado y otros comienzan a diluirse, camuflajearse. Incluso algunos tienen a sus familiares fuera del país a buen resguardo.
Habría que anotar además, no sé a favor o en contra de quién, que mientras se escuchaba la grabación –por casi una hora- el gobierno no interrumpió el programa y además, Conatel ni se inmutó cuando el denunciante dejaba salir su ejercicio coprolálico en horario “todo usuario”. Para más conmoción, al descalificar a sus propias camaradas, -como Cilia Flores- deja entrever un desprecio por la inteligencia de la mujer venezolana, en una clara muestra de su misoginia, trasmutada quizá por el otro senil barbudo comandante y mentor ideológico.
De este ejercicio de un hacer político, donde ambos bandos tienen mucho que perder, queda un sabor amargo entre los ciudadanos moralmente sanos, formados en la tradición de la cultura del respeto al semejante, quienes no podemos aceptar ni ser partícipes de un río de lodo y estiércol, donde unos pocos quieren arrastrar a la mayoría de ciudadanos decentes de este maltrecho país.
Es odioso, denigrante y una manipulación tener a gran parte de la opinión pública nacional por casi dos días esperando una declaración, para después venir a presentar una grabación de voz, para usar la información cual “show” cargado de sensacionalismo. Eso es políticamente una irresponsabilidad para con los venezolanos serios y moralmente formados.
Es tiempo de insistir, insistir y volver a insistir –hasta más allá de la saciedad- que es urgente diseñar un sistema educativo que forme a venezolanos en valores, principios y prácticas de vida, que incluyan a todos.
Hemos afirmado –desde mediados de los años ‘80s- sobre la gravedad de deslizarnos en una convivencia social signada por la marginalidad. Eso ocurrió y ahora todas las instituciones del Estado son parte de esa aberrante práctica. Y me refiero no a la marginalidad alimentaria, sí a la más grave: la mental, esa de la consciencia. Quizá las universidades sean todavía los pocos, escasos reductos donde la dignidad y pasión por la búsqueda de la verdad, sean horizontes que muchos buscan alcanzar.
(*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis
Entre togas y birretes
Los académicos, junto con los intelectuales y los creadores somos la consciencia crítica de una sociedad. Si bien pueden existir algunos de ellos que en momentos se adhieren al gobierno para argumentar falsedades, que no pueden ser soportadas por la razón y la lógica, la consciencia cultural de un pueblo se fortalece siempre por el aporte de quienes sí ejercemos con dignidad este oficio.
Los falsos académicos, los intelectuales colaboracionistas y los comisarios de la creación quedan al descubierto cuando ya no pueden seguir defendiendo lo indefendible y recurren a la mentira y el engaño.
El país decente los conoce y sabe de sus andanzas. Desde hace 14 años a la universidad republicana, democrática, autónoma y popular se la ha querido intervenir para silenciarla. Otros gobiernos optaron por soluciones drásticas y bárbaras, allanando sus aulas y centros de investigaciones.
Desde hace unos años este gobierno mal llamado socialista ha querido intervenirla utilizando una estrategia miserable y del más primitivo fascismo: cercarla presupuestariamente.
La restricción presupuestaria no solo alcanza a los precarios sueldos del personal universitario –servicio, administrativo y docentes- también a la misma esencia del Alma Mater: la investigación, la extensión y la docencia.
Las proyecciones de las universidades más avanzadas en esta materia (ULA, USB, UCV, UDO y UC) indican que de seguir esta restricción presupuestaria, dentro de 5 años ya no será posible hacer investigación de primerísimo orden en Venezuela.
Para 2012 Venezuela descendió del puesto 6 al 7 por debajo de Brasil, México, Argentina, Chile, Colombia y Cuba, en el área de investigación aplicada. En nuestro país, de los centros de investigaciones ubicados en las universidades, se genera el 98,7% de la investigación como aporte a la construcción de la sociedad del conocimiento, traducido en proyectos y estudios que se aplican en provecho de la producción nacional.
Por su parte, los aportes para el desarrollo de actividades extensionistas –vinculación universidad con la comunidad- se han reducido a menos del 1% del presupuesto universitario. Eso hace prácticamente imposible generar actividades de acompañamiento con las comunidades, en las áreas socioculturales (deporte, cultura popular, asesorías académicas).
Mientras las áreas de investigación y extensión ven reducidos los aportes del gobierno nacional, la docencia universitaria –de aula, laboratorio y escenarios deportivos y artísticos- apenas sobrevive con el mínimo aporte. Los docentes en la generalidad de las situaciones, tienen que proveerse –ellos mismos o pidiendo colaboración a los estudiantes- para comprar marcadores, borradores y otros insumos pedagógicos.
Estas son, de una manera muy general, las urgencias que en la actualidad atraviesa la academia venezolana. Mencionando además, los riesgos que deben asumir, tanto docentes, estudiantes y el personal administrativo y de servicios, frente a la pavorosa inseguridad que mantiene en zozobra a la comunidad universitaria venezolana. Mencionar ejemplos es rayar en la trivialidad.
El acoso presupuestario del gobierno, acentuado desde hace 5 años, responde a una calculada estrategia para intervenir las universidades sin usar la fuerza bruta del allanamiento militar-policial.
Utilizando el cerco presupuestario está jugando al cansancio y abandono de los docentes, por los miserables sueldos que en la actualidad les mantiene. Es una vergüenza, una vulgaridad y una afrenta a la misma condición humana, como este gobierno fascista, marginal, inepto, corrupto y corruptor, utiliza a miembros de la misma comunidad universitaria, quienes, designados como ministros para el área universitaria, se prestan para servir de ejecutores de una solapada intervención.
Tristemente la mayoría de estos ministros han salido de las aulas de la más prestigiosa y tradicional universidad, la Universidad Central de Venezuela. Duele decirlo, pero es la realidad. Sus mismos compañeros de aula, más de una vez casi les han tenido que suplicar para que atiendan los urgentes requerimientos y evitar las decenas de cierres técnicos que han debido enfrentar la casi totalidad de las universidades republicanas, democráticas, autónomas y populares.
Nada justifica los miserables sueldos y salarios que devengan los universitarios en la Venezuela “bonita” del eslogan socialista del siglo XXI. Los universitarios también somos pueblo que hemos accedido, por sacrificio y empeño, a decantar nuestros saberes. Tenemos derecho a un trato digno, justo en nuestros salarios, así como en el presupuesto para el funcionamiento de nuestras casas de estudio.
Universitario que se mantenga en silencio frente a esta amenaza de intervención, se hace cómplice de este gobierno neoliberal, clasista y fascista.
(*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis
Universidad y dignidad
La universidad venezolana, republicana, autónoma, democrática y popular siempre ha sido una institución al servicio de toda la sociedad. Sus aportes representan lo que en la actualidad somos como Estado y nación.
Desde su creación, a mediados del siglo XVIII (1721) se caracterizó por su visión amplia y crítica en la formación de hombres libres al servicio del pueblo.
La universidad venezolana ha contribuido con la construcción del pensamiento científico y tecnológico en cerca del 98% del acervo intelectual del país.
Sin embargo, precisamente por construir un pensamiento crítico, contestatario y pedagógico ha sido vista, por la casi totalidad de los gobiernos que han estado al frente del Estado, como riesgosa a los intereses mezquinos de grupos políticos, militares, religiosos, generalmente autoritarios, ortodoxos y fanáticos.
De esta manera, la universidad republicana, autónoma, democrática y popular ha visto sus aulas ocupadas por sectores militares que allanaron su Alma Mater, bien en la dictadura de Pérez Jiménez o en el gobierno de Rafael Caldera. De igual manera, la creación del Consejo Nacional de Universidades y la llamada Oficina de Planificación del Sector Universitario, fueron estructuras impuestas para restarle autonomía presupuestaria y académica a la universidad venezolana.
Ahora se pretende allanar a las universidades al otorgar el mínimo presupuesto para su funcionamiento. Presupuesto que apenas sirve para cancelar nómina de personal y servicios, como electricidad, telefonía, agua, transporte y comedor para estudiantes.
Las áreas de extensión universitaria (trabajo en comunidades) e investigación se han reducido a lo mínimo. Las estadísticas del último Núcleo de directores de los Consejos de Desarrollo Científico, Humanístico y Tecnológicos (CDCHT), indican que el presupuesto asignado a la investigación no alcanza el 1% del presupuesto total del sector universitario. Siendo que en 30 años (1982 – 2012) la investigación de primerísimo orden en Venezuela, lo han venido realizando instituciones públicas, como el IVIC, UCV, ULA, USB y UC, mientras publicaciones de investigación educativa de prestigio académico, como Kaleidoscopio, en la UNEG, registrada en el LatinIndex, como una de las más prestigiosas de América Latina, han tenido que detener su proceso de edición por falta de presupuesto.
Los miembros del CDCHT han advertido que la producción de conocimiento científico y humanístico, de excelencia académica, se ha reducido en un 37,5% en los últimos 4 años.
Esta cifra es alarmante en un país que posee las mayores reservas de petróleo del mundo y sin embargo, el actual gobierno, al restarle presupuesto a las universidades, evidentemente desprecia el conocimiento académico del docente venezolano.
No es posible mantener un cuerpo académico de primer orden, dictando cátedras en las distintas universidades y centros de investigación, con unos sueldos que no alcanzan el salario mínimo nacional. Las asociaciones universitarias, junto con su federación (FAPUV) han advertido que los sueldos y salarios no compensan el ejercicio para el cual han sido formados los profesionales que se desempeñan en la academia universitaria venezolana.
Cada año el registro académico internacional observa a Venezuela como uno de los países en Latinoamérica que mantiene un descenso permanente en sus estándares académicos. Para finales de 2012 Venezuela ha descendido del puesto 6, detrás de Brasil, México, Argentina, Chile y Colombia; al puesto 7, ahora detrás de Cuba, con universidades claramente vistas como de segunda y tercera categorías.
Mientras países, como Brasil ubican a sus universidades como las primeras en Latinoamérica y entre las primeras 100 a escala mundial, Venezuela apenas puede mantenerse en los registros del Consejo de Investigaciones de España, el Instituto de Investigaciones de la Universidad de Shanghai, o la Webmétrica, con poca visibilidad en los registros cibernéticos y mucho menos, entre los centros académicos de excelencia a escala mundial.
La restricción presupuestaria que mantiene el gobierno contra la universidad republicana, autónoma, democrática y popular, se debe a una bien planificada estrategia desarrollada desde hace varios años para ocupar las universidades y centros de investigaciones. De hecho, ya existen universidades pequeñas que han sido intervenidas e incluso, han destruido sus Consejos Universitarios. Tal parece el caso de la Universidad Experimental del Yaracuy, donde solo existe un rector quien ordena y decide.
La garantía de una victoria de los universitarios sobre este gobierno inepto, interventor y autoritario es mantener un conflicto donde la comunidad universitaria esté unida: estudiantes, personal de servicio, administrativo, y docentes. Esa es la única forma de enfrentar la solapada intervención contra nuestras universidades.
(*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis
Eleazar León: esplendor de palabra
Estamos en el país del dolor. Eleazar León
Siempre admiré la capacidad de Eleazar León (1946 – 2009) para memorizar sus poemas y la de sus más entrañables cercanías, como Li Po, Ezra Pound, Ramos Sucre, Walt Whitman, San Juan de La Cruz, entre tantas voces universales similares a su impecable registro vocálico. Voz recia, cadenciosa, rítmica y de áurea nitidez.
Fue, además de amigo, mi profesor en la Escuela de Letras en la Universidad Central de Venezuela, asesoró mi tesis de grado, y fue mi compañero de bares y caminos.
En el verano de 1978 vivía en la etrusca ciudad de Perugia, al centro de Italia. Estudiaba lengua, literatura y cultura italianas. Cierta tarde de finales de julio, estaba frente a la universidad con unas amigas practicando el bella ciao, la emblemática canción de los partisanos italianos, sentados justo diagonal al célebre Arco etrusco. De repente vi detenerse un autobús de la ruta comunal. Entre parroquianos y turistas vi descender a Eleazar, quien risueñamente se unió al grupo para terminar nuestro canto.
Después de los abrazos y las formales presentaciones nos fuimos a un bar y terminamos en la madrugada leyendo poesía, frente a una empedrada chimenea, en una vieja casa de campo que nuestras amorosas amigas alemanas habían alquilado.
Esa vez Eleazar escribió dos poemas donde los pájaros, los antiguos muros y las estrechas calles del pueblo, llamado Colombina, giran y son alegrías vespertinas en esos días calurosos.
Con Eleazar también recorrí el pueblo del poeta seráfico Francisco de Asís. Conocimos la iglesia antigua, disfrutamos los frescos del Giotto y descendimos a ver las tumbas de los hermanos del poveretto. Caminamos hasta la iglesia donde reposan los restos de Clara Favorino, la enamorada de Francisco. Allí nos extasiamos con las diligentes y hermosas monjas de azules ojos que nos obsequiaron estampitas con el legendario poema Canto del Hermano Sol.
Mi amigo era todo alegría y celebración. Escucharlo siempre fue para mí un estremecimiento y amor reverencial por la palabra. Fueron días intensos de gozo y plenitud, donde la palabra poética, la figura femenina y el vino tinto eran el centro de todo discurso.
Conservo como un talismán sus primeros textos poéticos, agrupados en una plaquette Precipicio de pájaros, (1971) donde se despliegan versos luminosos sobre el fondo de unos azules pájaros llenos de agua dulce, entre el canto de aves y esa marca poética donde la cuadratura de su versificación habla de ritos, de antiguos cantos y ese verdor que pueblan sus poemas.
Esencialmente poeta también fue ensayista, crítico literario y pedagogo de la palabra en la Universidad Central de Venezuela, donde dirigió por varios años el taller de poesía.
Sus libros son de obligada lectura para comprender la voz de la poesía y la cultura venezolana: Por lo que tienes de ceniza, (1975); Estación durable, (1976); Cruce de caminos, (1977); Palabras del actor en el café de la noche, (1982); A la orilla de los días, (1982); Reverencial, (1991); Hechura de palabras, (1992); Cuartetas, (1993); Descampado, (1999); Papeles para un adiós, (2004); Sonetos peregrinos, (2005); Rubayyats, (2009).
Apreciemos uno de sus poemas:
Cénit
Una chicharra teje a mediodía
el único deseo de su tonada. Es
un violín de una sola cuerda:
árbol y canto. Por
lo extremado de su número fijo
debe ser un gran deseo. No
se sabe qué dice ni qué procura:
vibra nada más
en delirio monótono de lluvia.
No demasiado, no se le pida
mucho al canto sonámbulo
ni al deseo de la chicharra:
repite en el cénit
la sola claridad que conoce su sueño
sin variaciones ni riquezas, fija
y hermosamente fatal.
A la vuelta de un día será hojarasca
pero habrá conocido bajo la cúpula
de un cielo de inclemencias
ebriedad, consagración, fiesta, destino.
La poesía de Eleazar León inaugura un universo de esplendores, de lucidez, de imágenes en permanente movimiento, como agua y barro que construyen el poema. Se nutren mientras al fondo, como un eco, la voz del poeta va iluminando el paisaje donde pájaros, brisa y alegría conviven con la historia que permanece en la piedra que el río desplaza en su dulcísima ola hasta llegar a la mar.
Es una poética basada en la oralidad, en la pura esencia de la palabra que celebra el nacimiento y la muerte. En su poesía no hay destino, solo un constante, permanente fluir de la poesía. Esa es su verdad, la lucidez de su existencia.
Fue ese su devenir, fiel defensor de esa libertad. Maestro y místico de la poesía. Sencillo, silencioso y amoroso, todo en ti fue pasión mientras construías tu artesanía de la palabra, cultivada en verso libre, en soneto o cuartetas.
Ahora existes en ese precipicio donde los antiguos pájaros reconocen tu voz y tu brillo.
P.S. Para quien desee escuchar la voz del poeta, puede ir a este enlace:
http://migueleguedez.wordpress.com/2008/06/07/eleazar-leon/
camilodeasis@hotmail.com
@camilodeasis
Iglesia y Estado
A los venezolanos nos ha costado sangre, sudor y lágrimas establecer un Estado republicano, democrático y profundamente laico. A inicios del siglo XIX Juan Germán Roscio (1763-1821), una de las mentes más avanzadas y brillantes de la gesta de Independencia, escribía su célebre arenga El triunfo de la libertad sobre el despotismo (1817) para deslindar el papel que por tres siglos ejercía la monarquía imperial española, a través del rey como representante de Dios en la tierra, para imponer su sistema político despótico.
Este despotismo ejercido por el monarca español, que se declaraba representante de Dios, fue reflexionado por Roscio para adelantar una teología de la independencia. Pudiéramos afirmar que fue un adelantado en esto de la teología de la liberación latinoamericana.
No olvidemos que uno de los grupos más feroces contra los partidarios de una nueva patria, fueron los curas católicos quienes desde los púlpitos arengaban a la población para que se abstuvieran de apoyar la causa de la independencia, usando como excusa el carácter divino del rey Fernando VII. La relación simbólica rey-Dios era visto de manera normal entre los creyentes, razón por la cual estar contra el rey era poco menos que ser un hereje, un pecador y por tanto, sujeto de desprecio y exclusión.
La interpretación de un nuevo orden social, político y religioso presentado por Roscio, donde el pueblo comenzaba a asumir su propio destino histórico, se materializa años después con la presencia de Antonio Guzmán Blanco (1829-1899) quien separa la influencia de la Iglesia católica en la vida del Estado venezolano. Establece el matrimonio civil (1873) como pieza fundamental de la laicidad, así como también los registros civiles parroquiales les son arrebatados al clero, entre otros logros que repliegan a la iglesia y los demás credos a un papel secundario dentro de la sociedad nacional.
Tan graves fueron estos conflictos con la Iglesia Católica que el Ilustre Americano amenazó cortar lazos con la Santa Sede y establecer una Iglesia Nacional, donde el primer mandatario y jefe de Estado sería la cabeza de esta nueva iglesia. Fue esto lo que obligó al papa Pío IX a ceder y destituir a los jerarcas católicos nacionales por otros más dóciles.
Sin embargo, y si bien los bienes de los religiosos fueron confiscados y algunas iglesias, conventos, ermitas y monasterios destruidos o convertidos en centros de enseñanza o espacios para la civilidad, la mentalidad clerical del Estado no fue separada definitivamente si no hasta bien entrado el siglo XX, con la participación de manera masiva, de la población a los centros educativos donde la enseñanza pública acentuaba la visión laica del Estado.
El pensamiento laico es inherente a la democracia y al estado liberal y republicano. Es garantía para la convivencia pacífica entre los ciudadanos.
Todos estos avances y logros de la civilidad y laicidad en Venezuela, que garantizan la libertad de pensamiento al no estar sujeta a norma moral religiosa, se están viendo resentidos por estos años, cuando presenciamos una arremetida de las creencias y prácticas religiosas del catolicismo, protestantismo y del pensamiento sincrético ancestral en el funcionamiento del Estado nacional.
Así como en otros espacios de la vida nacional se observan peligrosas intromisiones, como la mentalidad militarista y del autoritarismo, sea por civiles o militares, en decisiones de Estado. Utilizar imágenes de santos, cristos, beatos, ánimas y demás divinidades, es correr el riesgo de volver a tener dentro del Estado a la moralidad religiosa, sea de cualquier signo, entrometida en el pensamiento tradicional laico del venezolano.
Las prácticas religiosas son cuestiones privadas que deben estar circunscritas a espacios determinados, y esto porque ellas se orientan por creencias de fe (obviamente respetadas) soportadas ancestralmente por la subjetividad, que tiende a ser supersticiosa, ortodoxa y fanática. Y en el caso del militarismo y autoritarismo, marcadas por la homofobia.
Respetamos la visión religiosa de todo ciudadano. Pero cuando uno de ellos, cabeza del gobierno y del Estado –así sea como encargado- se dice seguidor del maestro Sai Baba o que sintió como un pájaro le susurraba al oído para darle consejos. O cuando los seguidores del otro opositor, reparten estampitas con el rostro de un cristo ensangrentado, tenemos que temer lo peor.
Ciertamente que para superar estas mentalidades que nos retrotraen a la superchería, superstición y el atraso mental, debemos insistir en los procesos educativos marcados por la práctica de la civilidad y los rasgos más nobles de los venezolanos: su apego a la libertad de pensamiento, sea político como religioso, pero dentro de los espacios de la pureza del alma que busca en el Otro-diferente a un semejante y con él es solidario, ético y amoroso.
(*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis
Erotismo y política
Cuando una persona está viva, es blanda y flexible. Cuando
está muerta, se vuelve dura y rígida. Lao Tse. Tao Te King
El epígrafe que antecede al artículo contiene una verdad que se puede aplicar a nuestra realidad venezolana. Ciertamente que asistimos a la experiencia de presenciar a muchos dirigentes de grupos y partidos políticos, quienes no sólo asumen posturas inflexibles en cuanto se refiere a la no aceptación del Otro diferente en la discusión sobre aspectos de la vida nacional, también presentan una rigidez corporal, kinésica, y básicamente en la formulación de ideas y conceptos que les acercan a una vida inorgásmica extrema.
Y esto es triste porque revela lo castrante que puede ser una acción social donde estos seres humanos adolecen del sentido primario de vida: lo erótico. En ello las sociedades antiguas eran dadas a la atención de lo erótico como manera y actitud de vida, de gozo y de apertura al Otro como muestra de una vida interior que se contrastaba y permitía que los miembros de una comunidad se nutrieran constantemente en la medida que podían expresar, en su kinesis y actos de habla, el lenguaje erótico y el erotismo como formas de vida sanas que permitía al cuerpo develar su ontología, su ser profundo, que se acercaba y mostraba en la piel, en el cabello, en los ademanes del cuerpo, en la voz y en la mirada.
Por el contrario, a la gran mayoría de los líderes y dirigentes de grupos y partidos políticos de nuestra sociedad les falta sentimiento de erotismo en la práctica de la acción social. Más notoria es su ausencia en los rostros de las mujeres dadas a esta práctica, quienes revelan una faz que progresivamente se va desvaneciendo para caer, peligrosamente, en la noche de la insatisfacción que lleva a la soledad y la enfermedad de la frigidez de los sentimientos ocultos.
Y esto que escribimos en modo alguno debe tomarse como una chanza o burla. Por el contrario, es una reflexión necesaria para considerar dentro del estado de experiencias que atraviesa el conjunto de la sociedad y que debe atenderse para evitar que sirva de modelo y se generalice. Si usted analiza los rostros de las mujeres, tanto afectas al gobierno: diputadas, ministras, presidentas de institutos, entre otras, como aquellas de la oposición, concluirá aceptando lo que afirmamos.
Por su parte los dirigentes masculinos hace tiempo entraron en un franco deterioro en su capacidad erótica. De rostros casi siempre contraídos y severos, rígidos en sus ademanes, autoritarios y poco dados a mirar de frente al Otro, absolutamente parlanchines y de gestos cuasi atolondrados. Denotan que han accedido a lo que denominamos “la desproporción del lenguaje gestual”.
No tienen gestos de amorosidad en su kinesis y menos en el timbre y tono de voz. Menos aún, un sentimiento amoroso en la práctica de la libertad como modelo para una ciudadanía activa. Es, ciertamente, una oralidad y un lenguaje corporal marcados por un discurso “thanático” de muerte, de frialdad, de severidad, de autoritarismo, de riesgo, que niega el discurso natural que existe en todo ciudadano normal que practica su erotismo y es proactivo en la construcción de su vida individual y colectiva.
La ausencia de un lenguaje corporal cercano a lo amoroso, sin ser empalagoso, ha llevado al nacimiento de discursos cargados de extrema negatividad que generan secuelas físicas en quienes la practican. Es notoria la cadena de enfermedades, padecimientos y muertes de dirigentes políticos en nuestra sociedad.
Lastimosamente en la acción social del discurso erótico, la fuerza destructiva de un lenguaje marcado por la rigidez de pensamiento y palabra, insolente y degradante, está abriendo las compuertas para que se desencadene un tipo de discurso que podría sepultar toda una tradición cultural de una sociedad tan sabia y sagrada como la venezolana, acostumbrada a la expresión de un hecho de vida marcado por los rasgos de erotismo en la construcción de una oralidad que alguna vez nos nutrió y nos dio felicidad.
(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis
lunes, mayo 27, 2013
Herejías
Por los años sesenta los venezolanos vimos con estupor cómo el gobierno de entonces intentó silenciar una gaita. ¿La herejía? Denunciaba el centralismo y las condiciones deplorables como era tratada la capital de la zulianidad, Maracaibo. En boca de un gaitero, Ricardo Aguirre, se escuchó La Grey Zuliana donde, entre otros versos, se decía: “Madre mía si el gobierno no ayuda al pueblo zuliano, tendréis que meter la mano y mandarlo pa’l infierno”. Era el gobierno de Raúl Leoni, en 1968. Al Monumental Ricardo Aguirre y su conjunto Saladillo el gobierno les hizo la vida de cuadritos. Pero los adecos terminaron desplazados por los copeyanos. Después esa gaita quedó y hoy es considerada un himno en la región.
De gaitas censuradas y sus autores perseguidos, hubo otra que recordamos. Fue La gata blanca (1990), interpretada por el conjunto Melody Gaita. ¿La herejía? Aludía a la secretaria privada del entonces presidente Jaime Lusinchi, Blanca Ibáñez, la otrora barragana blanca. Su letra es directa y demoledora: “Esa gata tracalera anda toda alborotada, pues le dieron un trabajo de secretaria privada”. “La gata estudia derecho pa’ graduarse de abogado, sin ni siquiera tener bachillerato aprobado”.
Los posteriores gobiernos continuaron la deleznable y ruin torpeza de perseguir a quienes diferían de sus orientaciones y malos manejos de las instituciones. Denuncias a través del arte y la literatura se hicieron cosa cotidiana para esos tiempos, a la vez que los gobiernos se comportaban con mayor ridiculez convirtiéndose en el hazmerreír de los ciudadanos, quienes le restaban credibilidad a las disposiciones para la censura.
El colmo de estos hechos fue cuando el mismo ex presidente Rafael Caldera, en su gestión entre 1994-1999, mandó a detener a un astrólogo. ¿Su herejía? Había escrito en un diario que al mandatario le quedaba poco tiempo de vida. Fue a dar con sus cartas del Tarot directo a los calabozos de la Disip. José Bernardo Gómez debió modificar sus palabras e indicar que se refería a la muerte política del presidente y líder del llamado chiripero. Caldera murió 13 años después.
Las ridiculeces y paranoias de los gobiernos han ido aumentando, al grado de llegar hoy a causar hilaridad, situaciones grotescas y pena ajena. Una de ellas fue la denuncia que un jovenzuelo lanzó por un medio televisivo donde afirmó que el hermano mayor del ex presidente Hugo Chávez, recientemente fallecido, sería asesinado. Para ello mostró nada más y nada menos que un crucigrama donde señalaba dos palabras claves, asesinen y Adán. Esto fue suficiente para que la policía política (Sebin) actuara. El hereje y creador del crucigrama, Neptalí Segovia, profesor de inglés y desde hacía años con su “chambita” en un diario nacional, debió acudir a la policía política para aclarar tan exótico asunto y ser reseñado.
Pero el asombro y la ridiculez gubernamental no cesan. Apenas hará unos días la policía, conformada ahora por la parte judicial, el Cicpc (policía judicial) y su oficina de delitos informáticos, se trasladó desde la capital del país hasta un casi desconocido lugar, Cabudare, en Lara, donde fue rastreada una tuitera. A la casa de la hereje, Lourdes Alicia Ortega Pérez, de 53 años, llegaron los sabuesos con una boleta de allanamiento. Para el momento de su detención tenía en su registro de Twitter, 12 seguidores. ¿Su herejía? Haber respondido a un seguidor, quien preguntaba sobre la muerte del presidente Hugo Chávez: “no se pero convertido en muñeco de cera está” (sic).
A la fecha, y después de rendir declaraciones, la tuitera quedó en régimen de presentación judicial. Sus instrumentos cibernéticos confiscados, reseñados, puestos patas pa’rriba y quizá con un susto en la boca del estómago al verse rodeada por tantos sabuesos. Hemos revisado los tuits de otros personajes que sobrevuelan el Twitter. Sus trinos (escritos) son atronadores, otros suben de intensidad y el resto no pasan de graznidos. El de Lourdes apenas fue un trino de cera.
Qué ocurrió entonces. Equívoco? Señas falsas? Algún pájaro de mal agüero? Sinceramente, no. Creo que ha sido todo un bien hilvano plan para silenciar, por miedo, a quienes apenas sacan la cabeza y forman parte de un grupo lo suficientemente anónimo, pero nutrido, que responde a una caracterización poblacional específica que debe ser mantenida a raya por el gobierno del Estado.
De esta manera, las lourdes y los lourdes van a sentirse vigilados por el Gran Hermano rojo. Lo interesante de esto es que el presente gobierno se enfrenta a un nuevo, inédito y explosivo medio de comunicación, que podría poner en peligro su estabilidad, no tanto política como emocional y psicológica, por tanto trino ensordecedor.
(*) camilodeasis@hotmail.com / @camimlodeasis
El ánima de sabaneta
Nuestra sociedad, como todas las sociedades del mundo, siempre ha estado construyendo y reconstruyendo su memoria mítico-simbólica como parte de su devenir histórico y sobre todo, cultural.
En esto los llaneros son seres excepcionalmente emparentados con espantos, ánimas, fantasmas y demás seres telúricos.
Decimos esto en función de presenciar en los últimos años cómo se ha estado construyendo un mito y culto, inicialmente válidos. Nos referimos a la imagen del fallecido presidente venezolano Hugo Chávez.
De ánimas está cundido el llano venezolano. El ánima de Pica Pica, el ánima de Nicanor, el ánima de Montenegro, el ánima del Ajilerito, el de la Mata del Ánima Sola, el extendido culto al ánima de Taguapire, cubren la inmensa sabana nacional. En ellos la creencia popular ha depositado su fe y su fidelidad más allá de las observaciones que en su momento han indicado las instituciones oficiales en contra de rendir culto a personas no autorizadas por la iglesia. Contrario a la exigencia oficial que afirma la rigurosidad de esperar 25 años para saber si un ciudadano de bien puede ser elevado al altar de los héroes patrios, la creencia popular, por el contrario, desde hace años ha colocado en sus propios nichos, a estos y otros personajes, donde se le rinde culto por sus supuestos milagros y favores recibidos.
Es el caso del presidente fallecido quien proviene de un sector rigurosamente humano, como es el político-militar. Ya en su momento varios especialistas indicaban la tendencia a la mitificación del presidente por el excesivo culto a su personalidad. La maquinaria de su partido se encargó de construirle una aureola heroica que lo posicionó por encima de su propio partido e incluso, del Estado. En su momento más intenso Hugo Chávez encarnó al gobierno y al mismo Estado. Para ello, contó con el fervor de sus partidarios quienes sobrepasaron la medida de la razón y se situaron en los bordes del fanatismo, la ortodoxia y la superstición.
Desde entonces, ni su partido ni su ideología fueron percibidos desde la razón. Por ello el chavismo ha sido siempre una intensa emoción, una fe que cubrió con su fervor todos los espacios del territorio venezolano y partes de Latinoamérica. Si alguna ideología pudo crear Hugo Chávez ésta fue la confluencia de ideas marxistas, guevaristas, maoístas, bolivarianas, zamoranas, robinsonianas, humanistas, militaristas, socialistas y comunistas, que colocó en su “licuadora teórica” particular y de cuyo resultado surgió el llamado socialismo del siglo XXI.
No es fácil dimensionar la figura de un personaje contradictorio y carismático que nos atrevemos a afirmar, es el primer mito del siglo XXI en la historia venezolana con estas características sobrenaturales. El otro fue Juan Vicente Gómez, el Benemérito, a quien se le rinde culto, dedican oraciones y prenden velas y velones, por los lados de Maracay.
Mientras la dirigencia burocrática oficialista le construye un nicho frío, aséptico y artificioso para acelerar su tránsito a la eternidad, la creencia popular desde hace tiempo ha comenzado a prenderle velas y orar para recibir los favores del muchacho más famoso de Sabaneta de Barinas. En su pueblo y alrededores hay más de un samán que desea cobijarlo. Incluso, le han dedicado canciones, poemas y relatos donde lo “emparientan” con Florentino “el que peleó con el Diablo”.
De padre castigador y benefactor al frente de la presidencia de la república, progresivamente se convirtió en el predicador religioso más activo entre las decenas de pastores, curas, rabinos y demás oficiantes y sabedores de los misterios atávicos de la eternidad.
Y en esa función como predicador penetró indudablemente el alma nacional, en unos generando apoyos y solidaridades automáticas, en otros, rechazo. En todos, reacción y conmoción.
Ahora, el ungido heredero político de Hugo Chávez, sabiendo de esta poderosa fuerza telúrica usará, cual Mío Cid que libra su última batalla, la memoria del presidente y sus símbolos. Veremos en los tiempos venideros cómo se irá decantando esta imagen, este culto y este mito. Ya algunos afirman de encuentros místicos con el comandante. Lo más probable es que termine como siempre sucede a las mentalidades militaristas, autoritarias y egocéntricas: reducidas a las páginas de un libro de historia de Venezuela, y quizá, como culto de algún creyente viajero que se detiene en un polvoriento caserío llanero a prenderle una velita a su ánima favorita.
(*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis
sábado, marzo 16, 2013
Vocación universitaria
Nuevamente se conoce el resultado de las primeras universidades en el mundo que destacan como las más eficientes y de mayor excelencia académica. Los más importantes centros que miden estos asuntos, la Universidad de Shanghai y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han presentado sus resultados. Otras instituciones, como la británica Quacquarelli Symonds (QS) y el mismo CSIC, a través de su departamento de Webométrica, dependiente del Ministerio de Ciencia y Tecnología español, indican siempre a las universidades norteamericanas como las más importantes dentro de la academia mundial.
De las 100 más importantes universidades del mundo, 18 pertenecen a países europeos, 10 asiáticos, 5 canadienses, 3 de Oceanía y 2 latinoamericanas, el resto (62) son de los EE.UU. encabezada por la Universidad de Harvard, seguida por la Universidad de Stanford y el destacado Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), cuyo rector-presidente es curiosamente un venezolano.
Las 2 universidades latinoamericanas son: la Universidad de Sao Paulo (puesto 19/100) y la Universidad Autónoma de México (puesto 36/100).
Los criterios que usa la Universidad de Shanghai para medir la excelencia académica e incorporar centros universitarios en sus registros, están indicados en los siguientes puntos: Excelencia en la Educación: 10%. Está referido al número de estudiantes de la institución que han obtenido Premio Nobel o Medalla Fields. Excelencia de la Facultad: 40%. Referido al personal de la institución ganador de Premio Nobel o Medalla Fields, así como citas de investigadores. Resultados de investigaciones: 40%. Son los famosos “papers” publicados en la revista Nature and Science e indexados en Sciences Citation Index (SCI) o en Social Sciences Citation Index (SSCI). Finalmente, el rendimiento per cápita: 10%. Se refiere al rendimiento de los indicadores anteriores divididos por el total de académicos tiempo completo del personal.
Resaltamos que solo sea en el ámbito latinoamericano donde La Universidad de Los Andes, (puesto 34/100); Universidad Simón Bolívar, (puesto 54/100); y la Universidad Central de Venezuela, (puesto 57/100) estén mencionadas. De esas 100 los primeros puestos, entre las 10 más destacadas, lo ocupan universidades brasileras, encabezadas por la Universidad de Sao Paulo, seguida por la Universidad Nacional Autónoma de México, Universidad Federal de Río Grande, Universidad Estadal de Campiñas, Universidad de Brasilia, Universidad Federal de Santa Catarina, Universidad de Chile, Universidad de Buenos Aires, Universidad Federal de Río de Janeiro, y Universidad Federal de Minas Gerais.
Por su parte, la consultora académica (QS) mantiene entre sus criterios de evaluación para las instituciones, los siguientes: Excelencia académica y empresarial, cantidad de estudios y publicaciones, proporción entre número de estudiantes y docentes, presencia en Internet, y cantidad de doctores. De 250 centros de educación superior latinoamericanos evaluados, 65 corresponden a Brasil, 46 a México, 34 a Colombia, 30 a Chile y 26 a Argentina.
En referencia al Ranking Web de universidades, correspondiente al Laboratorio de cibermetría (CSIC-España), adscrito al Ministerio de Ciencia y Tecnología, que mide también excelencia académica, sitúa para Venezuela, a La Universidad de Los Andes (puesto 730/25.000 del ranking mundial) como la primera institución de educación venezolana. Le siguen, Universidad Simón Bolívar, (puesto 990); Universidad Central de Venezuela, (puesto 1032); La Universidad del Zulia, (puesto 1670); Universidad de Carabobo, (puesto 1862); Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado, (puesto 2092); Universidad de Oriente, (puesto 2304); Universidad Católica Andrés Bello, (puesto 2477); Universidad Nacional Experimental de Guayana, (puesto 3110), y Universidad Rafael Belloso Chacín, (puesto 3422).
Resulta interesante, siempre situados en Venezuela, que la medición de visibilidad y volumen de información presentes en Internet (no mide excelencia académica), evaluados por el clasificador Webométrica del CSIC-España, clasifica a la ULA, como el primer centro venezolano en la WEB, le siguen la Universidad Simón Bolívar, Universidad Central de Venezuela, La Universidad del Zulia, Universidad de Carabobo, y Universidad Nacional Experimental de Guayana.
Consideramos que la presencia de las universidades brasileras, mexicanas, colombianas y chilenas en el ranking mundial de universidades es consecuencia de la aplicación de políticas certeras de sus gobiernos en función del desarrollo integral de estos países. Caso contrario a España, Francia o Venezuela, cuyos gobiernos no terminan de apoyar decididamente la educación superior universitaria haciendo recortes en sus presupuestos y en los bajos sueldos a su personal docente y de investigación.
(*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis
sábado, marzo 02, 2013
Argo queda
Para 1979 vivía en Perugia-Italia, donde acudían cientos de miles de jóvenes de todo el mundo. Uno de mis mejores amigos era Nossi, un fotógrafo iraní quien debió huir de las persecuciones que la monarquía del sha Reza Pahalevi había impuesto.
Su pensamiento marxista contrastaba con su secular tradición islámica. Tanto, que cuando estalló la revolución de los ayatolas sus hermanos religiosos le tocaron la puerta y Nossi debió acompañarles a la plaza Fortebraccio donde realizaron unas plegarias para darle la bienvenida al nuevo gobierno que se instalaba. Por esos tiempos también transitaba los espacios universitarios el turco Alí Agca, quien en 1981 atentó contra la vida del papa Juan Pablo II. Eran tiempos de organización de defensa y solidaridad con los pueblos del llamado tercer mundo y contra las dictaduras militares, como las de Pinochet, en Chile y Somoza en Nicaragua.
Las manifestaciones que organizaban los estudiantes iraníes en Perugia encontraban solidaridad en los grupos radicales de africanos, asiáticos y latinoamericanos. No sabíamos con certeza quiénes eran esos clérigos barbudos y menos ese otro que vivía en Francia y que llamaban el imán Ayatolá Jomeini.
A los pocos días vimos las dramáticas imágenes por televisión donde los estudiantes en Teherán habían rodeado y después invadido la sede diplomática norteamericana. Eso provocó una gran euforia entre los miles de jóvenes quienes hacíamos vida en la universidad.
Después vinieron las noticias de las ejecuciones sumarias, fusilamientos y ahorcamientos a los torturadores y colaboracionistas del gobierno monárquico del sha Reza Pahalevi y las extravagancias de la familia real, incluyendo su esposa, familia y amigos más cercanos.
El odio hacia el gobierno norteamericano se acentuó al saber que el monarca había huido a los Estados Unidos, donde aterrizó junto con un cargamento de oro y piedras preciosas en señal de amistad y buena voluntad con el Estado gringo.
Los comentarios que hacían los amigos iraníes eran de total rechazo y venganza a todo lo que significara “made in USA”. Y esto por ser ese Estado el principal responsable por haber apoyado durante años al régimen despótico del monarca persa.
Decimos esto pues el soporte temático de la película Argo (2012) del director Ben Affleck, quien también es su protagonista, resulta cuestionable toda vez que intenta mostrar una historia sesgada y altamente maniqueísta, donde siempre los malos son los “otros” y lo norteamericano, lo bondadoso y bueno.
Indicaremos que esta cinta cinematográfica es un refrito al más trillado estilo hollywoodense donde, a falta del caballo de John Wayne –y obviamente de él mismo- bueno es una camionetica alemana y un rostro de “palo seco” como el que muestra Affleck.
Refrito pues ya en 1979, casualmente, se estrena Wag the dog (Escándalo en la Casa Blanca) donde Robert De Niro, en su papel de asesor presidencial, contrata a un excéntrico productor (Dustin Hoffman) para que invente una película que aparecerá por televisión mostrando un conflicto entre EE.UU y Albania. Con ello intentan tapar el escándalo sexual que asfixia a la Casa Blanca, y que curiosamente tiene ciertas semejanzas con la realidad del caso Lewinsky. Densas actuaciones de estos dos maestros del cine de todos los tiempos.
En Argo se diseña una estrategia donde se inventa una película para rescatar a seis estadounidenses (-¿personal diplomático o soldados-espías de la CIA?) quienes se refugian en la casa del embajador canadiense.
Con una muy buena fotografía e inmejorable edición, sin embargo no convencen ni la música ni mucho menos la pobre actuación de Affleck. Además los lugares comunes afean la tensión de la película que, sin embargo, no llega en ningún momento a sobresaltos en la butaca.
El sentimentalismo se hace presente en una conversación en unas escalinatas, donde Affleck se sincera con quien le apoya desde los estudios de cine. Un hijo y una esposa cuyo drama e historia no importan a nadie. Pasan sin pena ni gloria. Además, los lugares comunes, ya demasiado usados y trillados en la cinematografía, son lunares oscuros que entorpecen la acción y el suspenso. Uno es el teléfono que insistentemente suena mientras el guardia de la revolución islámica intenta comunicarse. El otro es el viejo autobús que en el último intento logra encender. Pero lo más curioso y menos dramático es cuando el avión recorre la pista junto con los vehículos policiales y los milicianos, a quienes el piloto no ve… o se hace el “suizo”. Más que crear suspenso lo que logra es una mueca por la coba metida.
Una película patriota norteamericana de las más aburridas. No en balde contó con la “curiosa” presentación como mejor película, a cargo de la primera dama, Michelle Obama, desde la Casa Blanca.
Es una película que no resiste un análisis académico cinematográfico serio.
(*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis
martes, febrero 26, 2013
La noticia
Los ciudadanos de este pequeño país llamado Venezuela estamos mal acostumbrados a privilegiar las noticias políticas y de misses, sobre aquellas que sí son realmente trascendentes.
Los políticos de toda “realea” nos han querido colocar su accionar como centro de su oscuro mundillo. Las cuitas y traiciones palaciegas, las puñaladas traperas y demás fechorías, como saltos de talanqueras, paquetazos, sobornos y un largo etcétera de triquiñuelas, se tapan con otro escándalo siempre más turbulento.
Pero los ciudadanos sencillos, laboriosos y respetuosos seguimos en nuestra cotidianidad construyendo a contracorriente y por encima del empecinamiento politiquero, la vida y sus maravillas.
Que un presidente regrese al país para morir cristianamente es una noticia importante mas no debe ser el fin del mundo. Otro vendrá, mejor o peor. Que sea coronada otra miss mundo o miss universo, resulta agradable a los ojos y de comentario de fin de semana. Pero también pasa.
Lo que sí resulta noticioso es saber diariamente de las decenas de asesinatos y muertes que pueden ser evitadas. De los miles de asaltos, extorsiones y secuestros que ocurren y muy pocos son resueltos. Nada tan espantosamente noticioso como las miles de toneladas de alimentos que el gobierno permitió que se pudrieran y a la fecha no existen funcionarios sancionados.
O el injusto encarcelamiento de los policías y comisarios, como también los crímenes políticos ocurridos en los años ´60 y ‘70s. Es justicia real, clara y ejemplarizante lo que el ciudadano exige.
También aquellos cuantos, creo que más de media docena, de intentos de asesinatos presidenciales y que todavía no exista una información clara y contundente sobre esos delicados señalamientos. En un país con un Estado responsable, todos, tanto los grupos a favor o en contra, políticamente hablando, cierran filas en defensa de la majestad presidencial y aportan información para esclarecer semejante afrenta contra la institucionalidad. Pero tanto oficialistas como opositores callan o tergiversan el centro, el sentido moral y ético para asumir posturas complacientes o de interés partidista.
Noticia alarmante debieran ser las escuelas que están en situación deplorable en varios estados del país, o la insuficiencia presupuestaria a las universidades republicanas, públicas, autónomas y democráticas, acosadas por un gobierno militarista, autoritario y mentiroso.
Información para salir a manifestar y denunciar es la dramática infraestructura del transporte terrestre público, que ha causado tragedias, como en Barquisimeto con los llamados “rapiditos” o en Puerto Ordaz con las “perreras”, vehículos que son muestra de una sociedad sometida al vejamen constante por gobiernos estadales y municipales claramente ineptos que maltratan constantemente la dignidad del ciudadano.
Ya es insostenible para el venezolano tener que leer o escuchar noticias donde se privilegia el tema político como noticia única en la Venezuela actual.
Mientras los medios de comunicación se acoplan a esta mala práctica de convertir en noticia lo menos significativo, el “show” como circo romano acelera su carcajada dejando tras de sí a las marionetas, tanto del lado rojo como del azul, que corean lo que detrás de bambalinas varios “adelantados” guionistas escriben para que no se noten las costuras de un día a día plagado de riesgo, dramatismo y llanto, donde madres, padres, abuelos, hijas de esta llamada familia venezolana deben transitar para sobrevivir el espacio minado donde habitamos.
Pero aún y a riesgo de parecer repetitivo tengo absoluta seguridad de saber que la sociedad venezolana, los ciudadanos mayoritariamente decentes, sabremos superar esta tragedia moral y ética que la actividad política ha querido enlodar. Siempre habrá ciudadanos que muestran senderos donde transitar un mejor destino.
Y esto último resulta el centro de la angustia del venezolano de siempre: el camino de moralidad y ética que nos quieren arrebatar los cerca de 200 mil malandros, asesinos y secuestradores, mejor armados y organizados que las policías, y unos pocos políticos complacientes, colaboracionistas, quienes intentan imponer un estado de incertidumbre y desconfianza en la población.
Ante esa fácil vida y rostro de falsa carcajada, que sea la solidaridad, la unión de las mayorías decentes, el estudio y el trabajo constantes y dignos lo que brille e ilumine esta oscuridad donde quieren reinar los falsos y demagogos políticos con sus noticias trasnochadas y decadentes.
(*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis
lunes, febrero 18, 2013
Fin de mundo
Mi madre me contó que en Coro, cuando ella era una niña, allá por los años ‘20s., anunciaron el fin del mundo.
Ella vio en pleno día cuando el sol se oscurecía y los gallos comenzaban a cantar, las gallinas se fueron a dormir mientras los perros aullaban de miedo.
Me decía que la gente salía de sus casas y entre lágrimas y abrazos se despedían. El dueño de la bodega regaló todos los víveres. Además, abrió una botella de ron y se la fue bebiendo mientras abrazaba a su esposa e hijos.
La algarabía era grande. La oscurana se apoderó del pueblo y muchos se arrodillaron en señal de arrepentimiento y suplicando misericordia al creador. Me decía que era tanta la gente llorando y lamentándose, que había mujeres desmayadas en la calle, hombres borrachos deambulando con sus “carteritas” de caña blanca entre las manos. Los niños lloraban y hasta el cura se cubrió con sotana negra y Cristo de palo santo mostrándolo al cielo.
En esos momentos la gente solo atinaba a pedir perdón y encender velas. Hubo uno que repartió sus morocotas de oro, otros daban sus enseres y otros más se confesaban en plena calle.
Todo el pueblo de Coro era una cueva de lobos de tanta oscuridad. Me decía que en plena calle los maridos confesaban a sus esposas los amoríos con mujeres de la “mala vida” en la zona de tolerancia y en el bar de Hilarión.
Nada parecía detener la confesadera de unos y el perdón de otras. El pueblo era puro llanto y ladrar y aullar de perros en el negro momento de ese infausto día. Solo se atinaba a escuchar de boca de las esposas los perdones y arrepentires de los maridos.
De pronto todo se hizo silencio. En lo más alto del cielo se empezó a ver un hilo de luz mientras el disco solar iba ocupando su puesto al tiempo que la luna se desplazaba gradualmente.
Todos se miraron medio asombrados, medio incrédulos. Poco a poco la gente empezó a tocarse y a balbucear medias palabras. Hasta que un borrachín salió trastabillando del botiquín de la esquina y con cara adormecida y muecas que asemejaban a los gatos de azoteas, exclamó: “Pero bueno! Van a seguir esperando el fin del mundo? No ven que bicho malo no se lo lleva ni el mismo diablo”.
Enseguida la gente reaccionó. Unos se volvieron a arrodillar en señal de milagro. Otros besaban el suelo, pero las esposas se quitaron zapatos y zapatillas y la emprendieron contra sus esposos. Aquello era una tiradera de zapatos, cachetadas, bofetadas y reclamos a viva voz.
El cura llamó a la calma y a la confesión. Pero nadie le hizo caso. La gente se enfiestó en la calle. Las beatas se metieron con el cura en la iglesia para preparar una procesión de gracias al señor por tan misericordioso milagro.
Han pasado los años y el mundo sigue y sigue girando. Apenas el año pasado volvieron a mencionar otro fin de mundo. Se decía que era el día 12 del mes 12 del año 12. Fecha cabalística, pero nada pasó.
Lo que sí he podido apreciar es que los vendedores de sahumerios y demás hierbas y bebidas espirituosas, junto con los agoreros astrólogos y afines, hacen sus buenos negocios. También los aprendices de brujos que dictan cursos de milagros, y quienes se dicen enviados o representantes de algún babalao o gurú orientalista.
Cada cierto tiempo y cuando aprieta la escasez económica y las barrigas se achican, además de algún abandono amoroso, cierta población se viste de blanco o coloca cintas de colores en sus cabellos. Otros se colocan biblias entre los sobacos como llevando un pan sobao, y se “empaltolan” y otros más, tocan panderetas y caen al piso cual mal de san vito.
Pero a mí se me hace que detrás de esto hay un gran misterio. El misterio del libre mercado de quienes tienen labia y de aquellos depresivos que esperan que le digan lo que quieren escuchar. Mientras gastan sus ahorritos en manuales, libritos al estilo Paulo Coelho o simplemente, van en busca de la vaca para echarle la culpa.
El mundo, si es que se acaba, se termina para quien se muere. Los vivos, esos bichos llamados curas, pastores o adivinos seguirán vivos y buscando adeptos para su causa: la ignorancia llamada superstición, ortodoxia y fanatismo.
(*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis
lunes, febrero 04, 2013
Luis Sutherland
La última vez que le vi tenía en sus manos un libro sobre corsarios, piratas y filibusteros. Me habló de esos fantásticos hombres que cierta vez pasaron por las costas de Venezuela y también muy cerca de la Angostura y de la vez que los curas de ese pueblo seco y áspero debieron huir de semejantes seres, junto con sus cristos, santos y hasta los archivos. Después nadie supo dónde fueron a parar las actas de nacimiento ni defunción de los angostureños de esas épocas.
Quizá por eso aún anden esos seres afantasmados saliendo por las esquinas, por las estrechas calles del centro de ese sitio dicho hoy Ciudad Bolívar, lugar de recuerdos y olvidos, buscando una identidad perdida.
Antes, por los años setenta, Luis Sutherland era una de las presencias obligadas en las noches de la Escuela de Letras, en la UCV de la postrenovación y un rostro familiar en las altas madrugadas, en la Caracas de El Gran Café, el Chicken Bar, la Vesubiana, El Gato Pescador, la calle de la Puñalada, Franco’s, el Molino Rojo, La Bajada. Junto con su sombra de amistad, Luis Camilo Guevara, Sutherland formaba parte de la Gran Asamblea de ciudadanos libres, en la República del Este.
Pero Luis también tenía otra presencia; la mirada melancólica y como ida hacia otras realidades mucho más hondas, antiguas y desquiciantes. Vivía con sus tormentos seculares, sus antiguas voces que intentaba encontrar entre sus amores, amigos y conocidos. Apenas tres libros publicados: Relación de un pasajero oculto (Premio UCV y Municipal de Poesía) La puerta de la pequeña separación (Premio internacional UNESCO) y, Juegos de la existencia. La voz poética de Sutherland se entrelaza en la atemporalidad de un discurso de la memoria mientras los fragmentos de vida discurren como una malograda película que junta piezas de amores que transitan por un mundo que ya no tiene razón de ser, cuya existencia hace tiempo falleció.
Son esos valores, esos pedazos de moral, de ética, de principios que andan por ahí y nadie sabe a ciencia cierta qué peso tendrán en la piel de esta nueva juventud, de estos nuevos amores, de estas construidas y re-construidas maneras de hacer amistad. Términos como patria, país, religión, ideología, política, amor, amistad, tienen en la construcción poética de Luis Sutherland la apenas presencia de lo efímero y fracasado.
Ser eso, un fracaso andante, apenas sombra que disminuye su presencia en el cuerpo poético de la escritura de este escritor ido hacia la noche eterna del alma. Como sus poemas, Luis partió sin mucho adiós porque desde siempre quiso irse así, o quizá desde hacía años ya se había confundido entre sus textos. En sus escritos persiste el temblor de una poiesis que nombra lo amoroso, sensualidad y derrota ante la amada que siempre parte y que deja el detalle en la mirada que cae al suelo y se cierra, cansada de tanta madrugada andada por las calles buscando acaso nada o la silueta de Ella, que siempre aparece nombrada de manera sesgada, mientras la violencia de los días dibuja la realidad de un país que se derrumbó, que se cayó a pedazos. Escribe Sutherland: “Este final de siglo que se marcha / entre serpentinas / de vivísimos colores / con una música nefasta / donde tenebrosos acordes / mueven a címbalos y payasos / A mercachifles y matarifes / A tenebrosos políticos y corte y cortesanas / A usureros y confidentes / A suicidas y filicidas / A traficantes y miserables / Todos felices danzando / Ellos sólo ellos / Anuncian la caída del reino / que no llegó a serlo / por los arribistas / falsarios de la política / de las artes todas / Cuando no hay contrafigura”.
La palabra de Luis es directa y lacerante, no conmueve sino que pega y duele en lo hondo y deja sus heridas abiertas en la piel social putrefacta, pero también deja al descubierto esa otra dolencia, acaso esa real y cierta de la vida andada en piel desollada, que es la nuestra y esta de todos los días: “Y nada interesa y nada sentimos y nada puede ser / Mejor aquel momento cuando la vida / decía más sobre la emoción de ser / mejores personas / por tener el sol en nuestras almas / frente a lo que somos / ya investidos de tristes figuras / frente a lo que somos / ahora / infelices ridículos fantasmas / de esta época de sangre y fuego.”
Es esta la vida donde cada uno se aferra a sus memorias, a su espacio como hiena herida en el desierto de eso llamado país donde habitamos como huérfanos, como sombras, entre amores furtivos, descoloridos, colas para cancelar deudas, encuentros desgastados, frente a la cajera del negocio que te mira como buscando un atisbo de hermandad y no la encuentra. La poesía de Luis Sutherland, por estar tan apegada a esa otra vida, esa de la celebración y la plenitud del ser, abre y deja al descubierto esta vida que afanosamente busca entre los desechos humanos “La idea de cambiar el mundo para cambiar la vida” Esto es lo que somos.
(*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis
domingo, enero 27, 2013
Mucho rosa y poco azul
Sin lugar a dudas es la Ilíada de Homero el mayor culebrón de la historia. De ese extenso poema se han originado los estereotipos que prefiguran el lagrimeo de una humanidad que poco ha avanzado para superar su quebradizo comportamiento emotivo, que lo vincula a sus pulsiones más íntimas hasta elevarlo a pasiones de fe y paroxismo.
La imagen arquetipal del amor y lo amoroso ha sido el motor que por siglos ha movido al mundo. Bien arrastrando a unos a conflictos bélicos, como cuando Paris rapta a Helena y arde Troya, bien en la cotidianidad de las relaciones filiales, de amistad o propiamente amorosas, tanto heterosexuales, homosexuales, bisexuales o transexuales.
Este parece ser el tema que en Azul y no tan rosa (2012) presenta el realizador Miguel Ferrari, un film de este director quien además es productor y autor del guión de su opera prima, donde la argumentación para hilvanar los trazos de visiones sobre el mundo de las minorías sexuales, se difumina en pequeñas aristas entremezcladas con valores sobre el amor, la amistad, la solidaridad y el respeto a las minorías sexuales excluidas.
Todo ello mientras el film alcanza su máxima tragedia en el desenlace que lleva a la muerte de Fabrizio (Sócrates Serrano). Diego (Guillermo García) es el novio de Fabrizio, quien es un conocido pediatra. Por su parte, Diego es un fotógrafo que en su juventud tuvo un hijo, Armando (Ignacio Montes) a quien no veía desde hacía cinco años y quien regresa a visitar al padre cargado de rencores y temores.
La trama se intensifica cuando el joven médico es agredido por unos pandilleros homofóbicos. Muere entre los acordes de un aria que se escenifica de buena manera en un teatro que resalta su fina ornamentación, y mientras Diego enseña a su hijo las imágenes fotográficas que se revelan en el laboratorio.
El guión registra una saturación de argumentos que parecen presentarse en secuencias que llevan a un cierto cansancio de la trama y que, sin embargo, logran salvarse y en momentos superar el tedio, merced a los instantes de humor negro que una bien transformada Hilda Abrahamz (Dolores del Río) saca risas y relaja un tanto la cruda historia de quienes sufren en silencio esta discriminación.
Buenas interpretaciones logran Elba Escobar, Juan Jesús Valverde y Carolina Torres en el papel de Perla Marina, como señora de servicio, mujer golpeada por el macho heterosexual.
No es la primera vez que este tema se presenta en nuestra todavía poco desarrollada industria del cine venezolano. Apenas en 2009 se estrenó una discreta película, Cheila: Una casa pa´ Maita del realizador Eduardo Barberena, que pasó desapercibida para el público por la escasa promoción recibida.
Esta nueva propuesta sobre un tema que gradualmente se abre a la discusión pública y familiar, logra interesar por varias razones. Creo que una de ellas es la presión de los dirigentes de las ong´s que luchan para encontrar protección y leyes que protejan a estas excluidas minorías sexuales (LGBT). La otra es por la ironía y humor negro presentes en la cinta. Quizá acá es donde, por ignorancia y analfabetismo cinematográfico, la audiencia venezolana se engancha y ve y observa con “ojos benevolentes” la tragedia de quienes viven en la Venezuela moderna la agresión de los homofóbicos, personas que en el fondo temen la presencia de estos seres humanos.
Engancha además esta película por el buen manejo de cámara y la ingeniería de sonido que permite escuchar sin mayores ruidos los parlamentos de los personajes, quienes saben desplazarse en el espacio de sus encuadres. Plasticidad en los giros de un baile por demás sensual y fotográficamente bien captado, aunque también demasiado abusado para nuestro gusto.
Las locaciones (Caracas, Mérida, Madrid) logran en sus detalles la sensación de espacios limpios, cuidados y maravillosamente logrados. Mención especial la locación de una estructura policial que finalmente deja atrás la mentalidad de ranchería hamponil. Esto se observa además, cuando es apresado el asesino homofóbico.
Sin embargo, la sensación de lo edulcorante, la melcocha de lagrimeo tienden a desgastar y hasta abusar un tema que intenta irse por el enganche del amor y lo amoroso, como conceptos universalmente aceptados.
Creo que este tema y quienes dentro de él se mueven, tienen y deben ser aceptados en primer lugar porque son seres humanos. Después vendrás las demás aceptaciones, sus diferencias, sus gustos y colores de preferencias.
Una cinta cinematográfica hispano-venezolana llena de buenas intenciones, de discusión familiar y educativa. Temática que cada día alcanza mayor realidad en la cotidianidad de nuestras acartonadas vidas, donde la heterosexualidad debe ceder espacios para darle la bienvenida a quienes sienten y ven la vida desde otros ángulos de sentimientos y la aprecian, ya no tan azul y sí un poco más rosa.
(*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis
sábado, enero 19, 2013
Temores
Los últimos años en nuestro país han sido difíciles. Sobre manera cuando no se tiene una visión amplia del destino histórico en quienes habitamos esta parte del mundo llamada Venezuela.
Ciertamente que han existido y seguirán existiendo, tanto en la Colonia como en la posterior etapa de Independencia y luego republicana, prohombres que han visualizado nuevos destinos para la sociedad en su conjunto.
Existe sin embrago, una suerte de destino común que nos hermana a todos. Ese destino está soportado en la serie de desventuras, alegrías, traumas, éxitos y fracasos que expresamos a través de una misma historia, una misma religión y fundamentalmente un mismo idioma.
A ese destino común que es la base de nuestra cultura nacional deseo referirme. Existen estudios que presentan a los militares y lo militar venezolano como presencia permanente en la vida ciudadana, particularmente porque ellos han representado, inicialmente, los civiles que en su momento debieron utilizar las armas para establecer la República.
De allí que la presencia de los militares y de lo que representa lo militar en el colectivo venezolano, es visto desde una perspectiva “normal” y hasta necesaria en la medida que ellos han representado la seguridad, la sobrevivencia del Estado frente a los poderes externos, y en amplitud a ello, indicaríamos que hasta de protección y arbitraje.
Es ciertamente difícil y hasta arriesgado atreverse a afirmar que los militares resolverán la problemática socioeconómica y política de nuestra sociedad, siendo que los civiles, líderes en todos los órdenes de la vida nacional, han permitido la “laxitud” del gobierno del Estado en la generalidad de sus actuaciones.
Pero diremos con toda la fuerza de nuestra consciencia y nuestra formación intelectual y académica, que en las circunstancias actuales no podemos esperar que los militares ni lo militar solucionen nada.
Ningún proceso social orientado hacia la libertad del hombre y que sea verdaderamente moral, ético y estético, podrá darse en una sociedad donde los militares ejerzan liderazgo.
Peor todavía, ninguna sociedad moderna ha podido desarrollarse de manera amplia en regímenes militares. La dictadura siempre es contraria al progreso de los pueblos. Es una contradicción conceptual, filosófica, ideológica y política afirmar que los procesos democráticos, bien de representación, participación e incluso una verdadera sociedad socialista, comunista o anarquista, pueda desarrollarse con una visión militarista o en abiertas dictaduras militares.
Solo las sociedades que logran educarse, capacitarse y alcanzar niveles ético-estéticos integrales y que se basan en sus tradiciones y que se orientan con vocación de servicio social, como consecuencia de una visión cultural en sus estados, podrá acceder a estadios superiores de florecimiento cultural.
Hemos vivido bajo una aparente democracia (de aspecto solo representativa) y que en la práctica devino inmensa letrina donde los llamados padres de la democracia, hijos, parientes y demás sujetos bípedos, otorgaron a ese incipiente proceso una connotación negativa que hizo del destino democrático de la sociedad en su conjunto, una oportunidad para quienes tenían posibilidades económicas y de compadrazgo político.
Por ello la costumbre del padrino y de los grupos y partidos políticos que se transformaron en gestorías y agencias de peajes y atrasaron el proceso histórico de la sociedad venezolana hacia mejores oportunidades de vida.
Así como existe una inmensa cantidad de venezolanos que han obtenido con su esfuerzo una posición socioeconómica fuerte y digna, también existen otros muchos que lo han logrado bajo la sombra de un Estado paternalista que los elevó desde la pulpería o la cantina del cuartel que regentaban, hasta posiciones institucionales que les permitió y les permiten el logro de dinero fácil e instantáneo.
Ocurre que mientras unos se aprovecharon del Estado y aprendieron tácticas pícaras de legalidades inmorales, muchos de los inquilinos del gobierno son absolutamente torpes, resentidos sociales y políticos, y fuertemente talibanizados, esto es; ignorancia rasa en teorías sobre procesos de filosofía política e incapacidad gerencial para administrar la Cosa pública.
De estos enfrentamientos entre “bandas políticas, militares y económicas” aparentemente contrarias, solo nos queda esperar y estar siempre del lado de quienes verdaderamente entienden que los procesos sociales se basan en la afirmación de una cultura expresada en un mismo idioma, una historia común y una expresión religiosa que se encuentran en la solidaridad, la educación y el trabajo dignos.
La vida de los pueblos son largos corredores, tortuosos donde quienes hoy se enfrentan en sus liderazgos políticos y económicos, mañana se dan de abrazos mientras las comunidades continúan padeciendo la misma violencia de un Estado inmoralmente dirigido, ora por godos derechistas, ora por talibanes izquierdosos. Todos con mentalidad militarista
(*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis
miércoles, enero 09, 2013
Rapidito
Edoardo, médico residente en el hospital central de San Felipe, debía presentarse a su guardia de rutina a primera hora de la mañana. No se le ocurrió mejor solución para llegar a tiempo de pasar revista a sus pacientes que montarse en un “rapidito”. De un solo “cholazo” apenas duró poco más de media hora entre Barquisimeto y la capital yaracuyana.
Metido como sardina en lata detrás de un vehículo de esos llamados “ranchera”, iba semi acostado en la parte trasera de la camioneta. Los demás pasajeros conversaban o revisaban sus celulares.
Cosa común en la capital larense es ver estos transportes de pasajeros que no poseen las mínimas condiciones de seguridad y mucho menos para funcionar como medio de transporte y andar circulando por las calles y avenidas de la ciudad. Son automóviles de poco más de 50 años de funcionamiento. Todos poseen sus puertas traseras (por donde se encaraman los usuarios) sostenidas con palos, cabillas o sencillamente abiertas y oscilando al movimiento del vehículo.
Todos esos transportes de pasajeros, como su apodo lo indica, circulan a exceso de velocidad por su característica común: deben ir más rápido que los demás transportes colectivos. Para sus conductores no existen reglas ni principios en cuanto a vialidad se refiere. Se detienen a dejar pasajeros en cualquier parte de la vía pública. Pocas veces se detienen frente a un semáforo en luz roja. O se estacionan sobre la franja donde pasan los peatones.
Los vehículos circulan con las mínimas condiciones mecánicas y muestran de manera evidente en su latonería los rastros de colisiones, ralladuras, abolladuras, rotura de partes y por si fuera poco, el uso de neumáticos en riesgosas condiciones de mantenimiento.
Pero esto no es exclusivo de los usuarios larenses. En Puerto Ordaz y San Félix, en el estado Bolívar, al transporte de pasajeros se les denomina “perreras”. Son vehículos tipo “pickup” modificados para el transporte de personas. En su interior se han colocado pedazos de tablas o adecuado taburetes para que los pasajeros puedan sentarse. Las personas deben subir por su parte trasera, y luego van pasando y compactándose cada vez más estrechamente hasta donde el colector (especie de cobrador improvisado) lo indique.
Estos transportes están diseñados, supuestamente, para las rutas en las barriadas populares más intrincadas de la ciudad. Es espantosamente denigrante observar cómo circulan esos transportes con seres humanos quienes muestran manos, piernas, rostros sudados, colgados como falsos muñecos en las esquinas de esos improvisados vehículos para pasajeros.
Ahí no existe condición humana. Los principios, valores, respeto a los derechos humanos están ausentes. Eso puede verse a primera hora de la mañana o al final de la tarde. Es el tiempo cuando en las paradas las personas se preparan para literalmente saltar sobre las perreras que de tanta gente encima, van por las calles y avenidas de la más importante urbe del sur del país, mostrando cómo se degrada al ser humano hasta la condición de semianimalidad.
Tema aparte es la amenaza de las bandas de hampones, rateros, violadores y criminales, rostros que de improviso aparecen para despojar a los pasajeros, conductor y colector hasta de la vida. Cada usuario tiene y cuenta su propia historia mientras toma aire, y te dice: “-Al menos estoy vivo”
Pero tanto en Barquisimeto como en Puerto Ordaz, San Félix, y quizá en alguna otra ciudad las autoridades, desde el fiscal de tránsito, policías, alcaldes, gobernadores, entre otros, están en el deber moral de impedir que estas manifestaciones de la mentalidad marginal se sigan materializando.
Ya en el pasado han ocurrido accidentes fatales, tal el caso de una de estas perreras que por desperfectos mecánicos fue a dar al río Caroní perdiendo la vida varios pasajeros, o los continuos choques y arrollamientos que se generan por las malas condiciones de los rapiditos en Barquisimeto.
Edoardo, todo un médico de la traumatología y la ortopedia, pudo llegar a su destino sin mayores contratiempos, salvo las magulladuras de ir apretujado entre el gentío y los olores mañaneros de mantequilla, café negro y el reguetón del momento. Pero el regaño de su madre convirtió esa primera vez en la única aventura de su hijo pródigo. Tuvo suerte, después de todo.
Los ciudadanos venezolanos tienen derecho a contar con unidades de transporte público aptos para esas delicadas funciones. Y sobre todo, con conductores de transporte que sean verdaderos “profesionales del volante”, como comúnmente se les denomina.
Agregamos a ello, la educación vial que eduque en el trato digno al pasajero y el uso de un “hilo musical” que permita, tanto al conductor como a los usuarios el disfrute de un viaje cómodo y placentero.
(*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis
lunes, diciembre 24, 2012
Esas piernas
Había abordado el metro en Roma. Venía de Perugia, ciudad etrusca al centro de la Umbría. Finalizaban los años setenta. Todo en la Italia de ese tiempo era un “sciopero”, una huelga permanente. Pero en verano los italianos dejan todo a un lado y se preparan para sus vacaciones. Mientras me sentaba avisté a no más de metro y medio la silueta de unas piernas que, entrecruzadas, descansaban sus pies en unas sandalias de cuero marrón, muy al estilo de las antiguas romanas imperiales.
Era una joven de no más de veintidós años, delgada y de nariz perfilada y cabello negro, largo y brillante. Tenía entre sus manos un pequeño bolso de tela.
Quizá me quedé contemplando esas piernas y pies durante ocho o diez minutos. La mirada la interrumpían los continuos transeúntes que entraban y salían del vagón. Pero mis ojos seguían enfocados en esas tan delicadas piernas y en los pies que poseían la elegancia y refinamiento de quien los mostraba en todo su esplendor.
Paulatinamente el vagón se iba quedando solo. Las piernas, sin embargo, permanecían imperturbables. Quizá muy quedamente se alargaban para dejar ver una silueta contorneada de pantorrillas exquisitamente delineadas, firmes, blancas y bronceadas. Intuí entonces que el verano acentuaba en esa piel el cálido “ferragosto”.
No supe cuándo quedamos solos en el vagón. Ni tampoco el instante cuando ella dejó de mirarme y volteó para ver la próxima estación. Yo solo miraba esas largas y refinadas piernas y esos exquisitos pies. Acaso parte de la falda de seda italiana que delicadamente caía apenas un poco más allá de sus rodillas.
Ella se preparó para salir. Entonces quedó un espacio vacío que dejó después de levantarse. Ese espacio lo ocupó la sensación de desarraigo que experimenté cuando apenas cruzó la puerta de salida del vagón. Volteó y vi su rostro y esos ojos oscuros que melancólicamente se despedían mientras se perdía entre la muchedumbre que transita por las calles de la “cittá”.
No sé cuántos minutos permanecí contemplando ese asiento vacío. Ella permanecía allí. Su imagen quedó grabada en mi existencia como parte de mi carne y de mi sangre. No quise abordarla ni tampoco me importó el timbre de su voz, ni su mentón, ni sus manos, ni sus labios.
Solo apreciar, vivir esas largas piernas que terminaban en unos pies de finos dedos y con la piel quemada por el sol. Esas piernas cruzadas, descansando mientras sus muslos se arropaban en un vestido de verano.
Por la ventanilla del vagón vi como se esfumaba por entre el bullicio de manos, rostros, espaldas y vestimentas de verano de cientos de anónimas personas. Pero ella, aún sin conocerla ni saber su nombre, adquirió un rostro propio y sobre todo, un espacio en mi memoria. Ha permanecido sentada en ese vagón mostrando sus piernas y sus pies, como una película que se repite infinitamente.
Ahora, entrando al vagón de mi memoria, y después de tantos años de aquel encuentro, vuelve la lozanía, la piel tersa y exquisita de unas piernas que siguen transitando mis ojos, y entonces regresa la infinita y jovial aventura de la primera vez, la emoción de vivir la plenitud de los instantes, de esas incandescencias, esas ráfagas de esplendores de vida que ofrecen los contornos, las siluetas, las curvas de ese misterioso, sobrecogedor y esplendoroso ser que es la mujer y lo femenino.
(*) camilodeasis@hotmail.com / @camilodeasis
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