viernes, febrero 24, 2012

Librocidio


Me cuenta mi dilecto amigo Roger Vilaín, que en el Centro de Investigaciones Literarias de la universidad donde trabaja, la Universidad de Guayana, en Puerto Ordaz, algunos docentes de otras áreas se quejan porque los libros de la biblioteca especializada en literatura y arte del Centro, se ven demasiado, generan polvo y afean los cubículos. Le piden que haga algo para esconderlos.
Casos como este aparecen en el escenario académico y cultural venezolano periódicamente y se están haciendo cosa normal en las conversaciones, comentarios y noticias de quienes andamos por este mundo de la academia y la cultura venezolanas.
Hace pocos años fue noticia la “desactualización” de miles de libros de una biblioteca en el estado Miranda, por viejos y raros. Terminaron ardiendo en el basurero municipal. También ocurrió algo similar en la biblioteca pública de Ciudad Bolívar donde enviaron al basurero miles de libros porque nadie los consultaba. O como hace menos de un mes, cuando en la misma capital del estado Bolívar, representantes de la Misión Cultura iban botando paquetes de libros, aún con sus precintos, por la vía de Marhuanta. Libros que venían directamente de la imprenta, nuevos, y quizá porque exigía mucho esfuerzo mental y físico para irlos distribuyendo en las escuelas, liceos y bibliotecas del estado, los lanzaron a un costado de la carretera. Desidia, flojera o falta de solidaridad de estos empleados gubernamentales. Lo cierto es que esta práctica no es nueva en nuestra sociedad. Desde hace años, quizá siglos, una de las maneras de mantener control sobre la población ha sido precisamente impedirles que tengan acceso a la lectura. Antes, en la época de la Colonia estaba prohibida la lectura a las mujeres y clases sociales inferiores. Después, en el siglo XIX, en los años terribles de la Guerra de Independencia, el Imperio español ordenó detener y hasta cortarles las manos y lengua, a quienes poseían libros y sabían escribir.
Destruir un libro, por la magia que éste tiene y lo que representa, es un asesinato, una afrenta al saber y a la cultura de un pueblo. El libro es un cuerpo vivo, una existencia que prolonga su vida en quien lo posee. Nutre, alimenta al lector, lo acompaña y es solidario, crítico y a la vez liberador. Quien tiene un libro posee parte del saber universal. Quien tiene un libro se hace portador de un mundo donde tiene la posibilidad de transitar, observar, palpar, oler y acariciar personajes, paisajes y sensaciones que se graban en la sangre y la piel para toda la vida.
Por estos años obviamente que la práctica de mutilar al lector no se usa. Pero la intención de destruir al libro continúa. Quizá solapada, quizá de manera inconsciente, quizá más subrepticia. Lo lastimoso es saber que quienes practican el librocidio, docentes y funcionarios, tienen necesariamente que coexistir con la memoria cultural de todo un pueblo en el cuerpo de un libro. De continuar esta práctica en pocos años iremos al basurero a rescatar laptops, ipads y demás artefactos en los que se ha ido transformando el libro.
(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

viernes, febrero 17, 2012

Diario


Releyendo el libro Diario, de Ángel Rama (1926-1983) encuentro una serie de afirmaciones que todavía, a más de 30 años de expresadas, están vigentes en la vida cultural venezolana.
Conocí al profesor Rama en los intensos años ´70 mientras estudiaba en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela. Nos presentó Vilma Vargas, profesora y amiga, de quien fui su asistente de cátedra. Era él un sureño (uruguayo) quien se había exiliado en nuestro país, debido a las dictaduras militares sangrientas instaladas en el cono sur y que perseguían a los intelectuales, entre ellos a Rama.
De voz apacible y serena y familiar mirada. Alto y corpulento. Casi ya entrando a los cincuenta años. Era, junto con su asistente y también coterráneo, Álvaro Barros Lémez, una de las primeras atracciones de adelantados pensadores que nutrían los pasillos de la escuela. Pero poco duró ese matrimonio porque Rama era, aunque de formación marxista, un pensador, investigador y crítico de la cultura latinoamericana. Su densa formación intelectual pronto hizo crisis y se enfrentó a la camarilla de seudo intelectuales agrupados en la tristemente llamada “República del Este” que, como muy bien la dibujó en parte de su diario, y mientras se suscitó una polémica llevada por el diario El Nacional, en 1977, afirmó: “Como era previsible (Federico) Ríu le tomó el pelo y publicó una de las notas de Ludovico (Silva) (…) y el artículo del Diccionario, con lo que quedó probado el plagio. Una historia triste, por los valores intelectuales que tiene (o tenía) Ludovico y casi un paradigma de los efectos de esta descomposición alcohólica de un medio intelectual otrora digno. (…) Pero este domingo Orlando Araujo publica en El Nacional una nota de elogio a Ludovico, evidentemente generosa y emotiva, tratando con artilugio poético de salvar lo insalvable. “Te has copiado de Dios” le dice en su párrafo final. Es el texto de un ebrio sobre otro ebrio (…) es el alcoholismo crónico de los dos y de tantos otros de una ridícula República del Este, que implica de cuatro a ocho horas diarias de bar (nadie sabe quién paga y se atribuye frecuentemente a las arcas del Consejo de la Cultura (antiguo CONAC) este secreto subsidio al alcoholismo (…) queda evidenciado el paupérrimo nivel de la vida intelectual porque, aunque parezca imposible, ambos son de los intelectuales valiosos con que cuenta la izquierda, de lo mejor, más leal y sano de esa intelectualidad.”
Lacerante e hiriente la historia de este episodio en la cultura nacional. Plagios, intrigas, desidia, fraudes, estafas, traiciones y huellas de xenofobia son las verdades que plasma en su diario Ángel Rama, quien es hoy considerado el más importante crítico de la cultura latinoamericana. Su pensamiento se encuentra condensado en dos extraordinarios libros: Transculturación narrativa en América Latina, y La ciudad letrada, además de sus ensayos y conferencias sobre escritores latinoamericanos.
En su tiempo no sólo se consagró al estudio e investigación de la literatura en la América hispana. También vinculó la creación literaria al hecho social, que lo presenta como el inspirador de la denominada sociocrítica moderna. Sus reflexiones sobre la Venezuela política de la década 70-80, son indicativos de los acontecimientos que para finales del siglo XX se desencadenan en un país sumido en el caos económico y la crisis sociopolítica. Leamos su diario: “6 de noviembre de 1977. La ciudad sin agua desde hace cuatro días. Un motín de protesta en el (barrio) “23 de enero” concluyó con dos abaleados y muertos por la policía, criaturas de 13 y 10 años, otro ejemplo de la brutalidad de la represión por los cuerpos de seguridad, que en este año ha arreciado como forma de contener el malestar popular. Es insólito: los millones del petróleo no alcanzan a solucionar las urgentes necesidades populares, pues la incompetencia, el despilfarro y la rapaz especulación burguesa se suman a las dificultades de una infraestructura económica y de servicios enteramente obsoleta que no puede adecuarse (falta de planificación, incapacidad, desatención) a las nuevas situaciones del país.” “En este último año la inquietud social ha crecido: huelgas, protestas populares, nuevos alzamientos guerrilleros (…) y un clima de inseguridad urbana acrecentado. Las raíces son evidentes: basta alzar los ojos hacia los rancheríos de los cerros (donde vive casi la mitad de la población de Caracas) para divisarlas, pero el gobierno sigue con la confianza puesta, por un lado en un desarrollo burgués de largo alcance que provea de trabajo y disciplina, por el otro en el terror de una represión que deja muertos prácticamente todas las semanas.”
Bajo el principio del intelectual éticamente comprometido con su tiempo, adelanta su crítica con los modelos estereotipados de los nuevos liderazgos políticos: “Pintoresco diálogo con (Juan) Fresán: cuenta de los sudores que están pasando los expertos en publicidad para forjar la imagen de Piñerúa Ordaz, en candidato de AD. Por ejemplo, la imposibilidad para conseguirle una sonrisa que no sea una mueca o de dotarlo de una figura atrayente (los bracitos de muñeco), que ha llevado a Fresán a proponer el slogan: ”No hay sitio para risas, la situación es dramática. Enfrentemos nuestros problemas.”(…) Este modo planificado de forjar el candidato, “haciéndole una figura”, produce vértigo y horror de nuestra civilización. Conozco lo que Jacobo Borges ha venido haciendo de Teodoro Petkoff, para transformarlo en el Robert Redford de la política venezolana y lo que antes hizo con José Vicente Rangel, sugiriéndolo, por la vestidura y posición del cuerpo, como un símil del santón popular José Gregorio Hernández. Se trata de vender un producto. No hay ya ingenuidad romántica, salvo en los grupos de izquierda que son, a la vez, más puros y más arcaicos. La disociación entre idea, carácter, cultura, doctrinas, proyectos, por un lado y aspecto-discursos-imagen, por otra, es propia de nuestro tiempo y patentiza su estructura compleja, artificiosa y fraudulenta. Es el fin de toda moral.”
Demoledora reflexión la de un crítico, ensayista, investigador y docente en universidades del mundo. Lo fue en Uruguay. Sus años en Venezuela le llevaron a dictar cátedra en la Universidad Central de Venezuela, en la Universidad de Los Andes. En México, en la legendaria UNAM. En Estados Unidos de Norteamérica, en la de Maryland y Stanford. En Europa, en la de Venecia, entre tantas instituciones a las que sirvió, mientras también adelantó proyectos innovadores, como los postgrados en literatura latinoamericana, en la UCV, y la creación de la Biblioteca Ayacucho, cuyo objetivo fundacional ha sido la de plasmar en textos el pensamiento de la cultura Latinoamericana en la voz de sus mejores intelectuales.
Por estos tiempos oscuros y grises el pensamiento de Ángel Rama se acrecienta y ofrece luces para comprender, tanto la realidad del Hecho Literario Latinoamericano, como las prácticas de los liderazgos políticos que sacuden a los países de esta América. Sea su palabra sobre otro gran pensador de la cultura latinoamericana, que hable: “20 de marzo de 1978. Entrego un artículo sobre Simón Rodríguez (…) Releo sus varias obras y repaso sus vicisitudes: un destino sudamericano! Diría Laprida (En el Poema Conjetural, de Borges: Yo que estudié las leyes y los cánones/ yo, Francisco Narciso de Laprida <…> Al fin me encuentro/ con mi destino sudamericano). Duele su triste vida y acompaña. Esos decenios por escuálidas ciudades americanas, sin recuerdos, atendiendo pobres negocios, viviendo de la caridad; esa muerte en un caserío ecuatoriano, río arriba, con los dos baúles llenos de papeles y nada más; esa continua frustración de pensar mejor que nadie y no ser oído, ni atendido, ni respetado; esa inteligencia, condenada por tal, en medio del caos, los apetitos desatados, la garrulería, la confusión. Todo define al intelectual en una América cruda, mal amasada.”

(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

sábado, febrero 11, 2012

Memoria


Cuando vayas a votar acuérdate de aquel ciudadano que en vida se llamó Franklin Brito y a quien todos vimos enflaquecer mientras el gobierno divagaba en asuntos leguleyos hasta dejarlo morir de hambre.
Cuando vayas a votar acuérdate de aquellos meses cuando el gobierno dejó que se pudrieran cientos de miles de millones de kilos de alimentos por desidia, incapacidad gerencial y falta de solidaridad humana.
Cuando vayas a votar acuérdate de tu familiar, de tu amigo o del amigo de tu amigo a quien asesinaron, asaltaron, secuestraron, violaron, ultrajaron, humillaron, mientras el gobierno venezolano mantiene en las infernales cárceles, tanto a delincuentes como a inocentes, mientras otros ya han cumplido sus condenas o miles aún no han sido condenados y tienen años esperando sentencia.
Cuando vayas a votar acuérdate que las universidades venezolanas, republicanas, democráticas, autónomas y públicas, funcionan con el mínimo de sus presupuestos (apenas para el pago de sueldos, transporte y comedor), mientras el gobierno aprueba miles de millones de dólares en la compra de armas para unas guerras virtuales.
Cuando vayas a votar acuérdate que miles, millones de ciudadanos no podrán hacerlo, aunque lo deseen, por mantener un “bozal de arepa” y ser permanentemente vigilados, espiados y delatados por fanáticos y ortodoxos gobierneros.
Cuando vayas a votar acuérdate de las decenas de neonatos que a diario mueren en los hospitales públicos por falta de insumos, mantenimiento y desidia del gobierno.
Cuando vayas a votar acuérdate de los miles de accidentes que cada año ocurren por el mal mantenimiento de carreteras, autopistas, calles y avenidas. Vías inservibles, con huecos, baches y desniveles donde pueden verse las huellas de la tragedia en vehículos incendiados, volcados, dejando una estela de muertos, lisiados y mutilados, mientras el gobierno dona asfalto y maquinaria a otros países.
Cuando vayas a votar acuérdate de las cientos de escuelas, liceos y demás centros educativos donde ya no llega la merienda escolar, ni hay protección a niños ni maestras quienes quedan a merced del hampa, las aguas negras, las ratas y enfermedades.
Cuando vayas a votar acuérdate que será un acto inédito, histórico y tendrás la oportunidad de contarle a tus hijos y nietos que hubo un tiempo en Venezuela donde el gobierno del Estado amenazaba, infundía miedo a sus ciudadanos para que no votaran. Sin embargo, la población toda: pobres, ricos, profesionales, artesanos, ancianos y jóvenes arriesgaron hasta sus vidas para estar presentes y ejercer su derecho constitucional al voto libre, democrático y universal.
Ah!, cuando vayas a votar acuérdate de llevar también tu equipo mínimo de votación: ropa colorida, cómoda. No olvides tu botellita de agua, tu gorrito, tu sillita, un caramelito o galletica. Y lo fundamental: una sonrisa para compartirla con tu Otro igual o diferente y mucha dosis de ciudadanía. Y recuerda: el miedo se vence con la consciencia de saber que somos mayoría. Vota también por aquellos que están en la otra orilla y que todavía no dan su paso adelante para estar con nosotros en la construcción de una sociedad de incluidos, solidaria y democrática.

(*) camilodeasis@hotmai.com / twitter@camilodeasis

sábado, febrero 04, 2012

Gastronomía y nación




Al venezolano le están secando el alma. En el futuro cuando se quiera buscar al venezolano auténtico habrá que acudir a los libros como se hace con las especies animales extintas. Alfredo Armas Alfonzo.



Hace un tiempo escuché una conferencia sobre la cultura ofrecida por ese eminente pensador venezolano, Premio nacional de literatura, José Manuel Briceño Guerrero, donde enfatizaba sobre el valor de la alimentación en el fortalecimiento de la cultura nacional. Decía que su experiencia le indicaba el valor que el hombre le otorgaba a los alimentos más que al culto a la bandera, al himno y escudo de una nación. A fin de cuentas no hay nada más importante que la alimentación y su elaboración como afirmación de una verdadera y trascendente cultura en los pueblos.
Esto es radicalmente cierto. Además, viene a mi memoria cierta conversación con el escritor y amigo, Alfredo Armas Alfonzo, quien manifestaba que lo único verdaderamente venezolano era la Harina Pan. En esto tendríamos que estar de acuerdo con estos intelectuales, porque no hay nada más venezolano, culturalmente hablando, que el jabón Las Llaves o la Maizina americana (gran producto nacional).
Será por esto que las relaciones entre parejas se ganan también, cuando logramos introducirnos en la cocina de la casa, de ella o de él. Así, inmediatamente se genera toda una comunicación con la suegra mientras le ayudamos a explorar las recetas de la familia, entre olores y sabores que degustamos en el saber y sabor de la lengua. Por eso es tan importante tener claridad en la verdadera trascendencia de las cosas y su real dimensión de valores.
No indicamos acá que Simón Bolívar y el resto de los prohombres no tengan valor, así como todo lo que pudieron legarnos. Sin embargo, la realidad de la dinámica de la vida nos dice, y nuestros héroes así lo entendieron siempre, que más importante eran las cotidianidades de la vida: una buena “ayaca” en navidad, un oloroso chocolate de Chacao en las frías noches de soledad y aquellos tabacos rústicos traídos de oriente, mientras se pensaba en la hamaca la siguiente ronda del desayuno criollo y quizá la laboriosa jornada de olores frescos de las verduras y hortalizas recién cultivadas, mientras se esperaba a la amada que traía en su lengua, la dulce miel de los apiarios del centro, así como el jugo de caña.
Todo y más siempre estuvo en la mente de nuestros prohombres, quienes, como buenos descendientes de educados gastrónomos, a veces se llenaban el estómago de comida para reposar la siesta en amplias hamacas y catres, como buenos sibaritas. Allí no había patria, sólo el sublime culto a la comida casera.
Por eso pareciera de pendejos seguir creyendo que nuestros antepasados sólo andaban guerreando, pensando en estrategias militares y dictando decretos o en andanzas políticas. Eso sólo lo hacen personas incapaces de sentir un pueblo: creer que Sucre o Urdaneta o Páez o Piar sólo peleaban contra los realistas. Por el contrario, mientras cumplían a cabalidad con sus deberes de hombres comprometidos con su palabra y acciones por la liberación de los pueblos de esta América, pues también tenían tiempo, y bastante, para bailar, para conversar sobre el amor y practicarlo, mientras degustaban la comida como buenos hombres que al fin y al cabo lo eran, como el resto de los mortales: comiendo, fornicando y durmiendo la placidez del “dolce fare niente”.

(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

sábado, diciembre 10, 2011

Política y tragedia en la literatura nacional


Si algo caracteriza a la literatura criolla hasta hoy es que con mayor persistencia y en un grado no igualado por ninguna otra está condicionada y determinada por la política. Arturo Uslar Pietri. Lo criollo en la literatura.


Mucho se ha escrito sobre si nuestra literatura y nuestros intelectuales venezolanos han estado oscilando entre las letras y la acción política. Años antes de los acontecimientos que trajeron como consecuencia los procesos emancipatorios, con la sangrienta guerra civil del siglo XIX, los intelectuales criollos ya se mantenían dispuestos a discusiones sobre literatura, filosofía, teología y política. Era la denominada tertulia de los hermanos Ustáriz, a principios del ´800, y donde asistían Andrés Bello, Luis López Méndez, los hermanos Salias, Simón Bolívar, Francisco de Miranda. Jóvenes estudiantes de la Pontificia Universidad de Caracas quienes alargaban en esta tertulia los comentarios que iniciaban en los salones de la universidad. Es importante señalar que nuestra Independencia se inició en una tertulia literaria que, al calor de las discusiones se transformó en sociedad secreta, la Sociedad Patriótica, que llegó a albergar hasta cerca de 600 conspiradores, como lo indica en sus escritos Miranda.
Ese rasgo político orientado al cumplimiento de reivindicaciones de tipo social tiene una más antigua data. Está referido a la tragedia vivida en los tiempos de la Conquista y Colonización, donde, según documentaciones recientes, se ha establecido que en el territorio de lo que actualmente se conoce como Latinoamérica, fueron asesinados cerca de 150 millones de indígenas, de ellos un porcentaje significativo ocurrió en lo que hoy es el territorio venezolano. Esa catástrofe, mucho mayor que la vivida en los tiempos modernos por otras sociedades, como la europea, donde murieron en la Segunda Guerra mundial más de 6 millones de personas, de las cuales cerca de 3 eran judíos y las restantes, gitanos, negros y otros grupos étnicos (que muy poco se ha dicho de ellos) hace que en nuestra memoria colectiva anide una visión trágica de la vida.
Esa tragedia es posible palparla a lo larga de toda la naciente literatura latinoamericana y, particularmente, en la literatura nacional. Visión política y sentido trágico de la vida son dos rasgos que caracterizan a nuestra literatura en su historia. Desde Venezuela heroica, Zárate, El beso del espectro, Historia de una familia, así como los poemas iniciales de Andrés Bello, incluido su canto de gesta, Gloria al Bravo Pueblo, entre otros, muestran cómo la literatura nacional ha estado marcada por ese sentido trágico que busca en la acción política la superación de un drama que aún hoy, a más de cuatro siglos, no ha sido suficientemente asimilado por la sociedad.
Esa tragedia, lejos de entenderse, con los años se ha hecho más compleja hasta alcanzar rasgos particulares como consecuencia de los nuevos movimientos literarios en el panorama escritural nacional. Pero aún así, son las mismas tragedias que presentó en sus cuentos Pocaterra en el siglo pasado donde la vida, marcada por las enfermedades (léase por ejemplo, La I latina, donde la maestra muere de tuberculosis o La casa de la bruja, donde el hijo está postrado por la lepra, o el clásico cuento de Panchito Mandefuá, sobre el abandono de la niñez) son muestra de una herencia que tiene sus orígenes en ese tiempo aún no comprendido del todo, que se llamó Descubrimiento, Conquista y Colonización.
Es en la literatura nacional como en ninguna otra parte de la acción humana, donde el ser se nutre y trasciende, bien con sus esperanzas bien con sus tragedias bien con sus atrocidades o sus cantos de heroísmo, bajeza o solidaridad; pero actos humanos al fin y al cabo. Y ese rostro es el verdadero espejo de lo que somos y seremos siempre y que se muestra como reflejo en nuestra literatura nacional.
(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

sábado, diciembre 03, 2011

La canción nacional


No tengo la pretensión de escribir para los castellanos. Mis lecciones se dirigen a mis hermanos, los hablantes de Hispanoamérica. Andrés Bello.


La Fundación Mozarteum Venezuela presentó, en 1995, en ediciones de la Asociación Venezolana de Amigos del Arte Colonial, un trabajo musical donde presentan una serie de piezas del período colonial venezolano. De todas esas piezas musicales una de ellas resulta particularmente interesante porque corresponde a nuestro Himno Nacional, la célebre canción Gloria al Bravo Pueblo.
Atribuida la canción de gesta heroica desde la época de Guzmán Blanco a Vicente Salias (letra) y Juan José Landaeta (música), las investigaciones modernas adelantadas por estudiosos de la música venezolana, como Alberto Calzavara (1944-1988) a quien conocimos mientras estudiábamos en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, resultan de extraordinario valor para todo venezolano que se precie de serlo. Como se afirma en la nota de investigación que precede al disco compacto, Carlos F. Duarte va introduciendo una serie de comprobaciones históricas que demuestran inequívocamente la autoría de nuestra canción más popular a Lino Gallardo (música) y Andrés Bello (letra). Además, se afirma que esta canción fue compuesta casi inmediatamente después de los acontecimientos ocurridos el 19 de abril de 1810.
Por mucho tiempo se creyó lo contrario y por informaciones erradas y también por ciertos rasgos políticos, se permitió que esta verdad histórica permaneciera oculta para el común de los venezolanos. La letra original, como ya se indicó, por Andrés Bello, reclama la legitimidad de los derechos usurpados al rey Fernando VII, además de clamar por una unidad latinoamericana bajo el “ejemplo que Caracas dio” con el levantamiento de su población en los hechos de abril de 1810.
Por su parte, y como se indica en la nota de presentación que se realiza a las piezas musicales, la interpretación que se ejecuta de nuestra canción de gesta, realizada por Gallardo, respeta rigurosamente la partitura original, tal y como era interpretada en los inicios de su popularización. Esto es, acompañamiento de guitarra y oboe, aunque podía también ser interpretada con flauta, como fue la experiencia que el canónigo Madariaga vivió a su paso por el río Meta.
Resulta de suprema importancia esta información, no tanto para devolverle a la canción de gesta revolucionaria su letra y partitura originales, situación ésta improbable, como reivindicar históricamente la autoría intelectual y espiritual a dos grandes humanistas, como lo fueron Bello y Gallardo. El primero por ser el modelo civilizatorio, quien marca la lucidez del conocimiento de lo verdaderamente latinoamericano. El hombre que normó la palabra escrita y fijó en su Gramática de la Lengua Castellana Destinada al Uso de los Americanos (1847) los principios de lo que es hoy el español latinoamericano. Gallardo, por su parte, representa el músico entregado a su labor callada y pedagógica, aún tomando parte, desde antes de 1810, en conspiraciones contra el Imperio español.
Dos grandes venezolanos, dos razones para afirmar lo positivo nacional, dos hombres cívicos que deben servir como imágenes en la construcción definitiva de una sociedad marcada por la huella de lo humanístico, de lo más trascendente del alma cultural venezolana de siempre.
Extraordinario y pedagógico trabajo musical el de esta Fundación, que debería ser difundido en los centros educativos de nuestra nación y sobre todo, entre niños, jóvenes y esencialmente, dirigentes y líderes nacionales y regionales, de “toda especie”.
(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

sábado, noviembre 26, 2011

En capilla ardiente


Cuando murió Kelvin de Jesús –Er cara ‘e perro- apenas acababa de cumplir los 20 años. Lo encontraron en una zanja en “Barrio Loco” de San Félix, estado Bolívar. Tenía también 20 impactos de bala en su rostro. En el CICPC tenía un amplio prontuario policial: desde arrebatones hasta violación a menores de edad y tráfico y consumo de drogas. Todo un bichito, pues.
En la funeraria Cecoguay le estaban velando. Muy pocas personas fueron a verle. Eran casi todos familiares y allegados. Otros curiosos y otros más, para cerciorarse de su muerte y dormir tranquilos en el barrio. Se diría que todo transcurriría normalmente. Pero ya por la noche, los administradores de la funeraria indicaron, tanto a familiares como a las demás personas, que debían abandonar el sitio. También en las demás capillas estaban alertas porque velaban a un malandro.
Razón tenían los dueños de la funeraria porque después de las 9 de la noche nadie está a salvo en la Venezuela moderna. Ni los muertos. Al cara ‘e perro no le hicieron más nada. Puro nerviosismo mientras lo velaron. Dos coronas y apenas su tío materno puso el hombro para sacarlo de la funeraria. Los demás eran empleados mientras su silenciosa madre, como apenada, hundía el rostro en una servilleta.
Pero la fiesta comenzó al entrar al camposanto. Al llegar al sitio del entierro ya estaban instalados sus compinches. Habían llegado en motocicletas, busetas y carros de alquiler. Desenfundaron sus armas y acto seguido, dispararon al aire mientras aceleraban las motos y ponían a todo volumen un reguetón. El de chaqueta semicuero negro y percing en la oreja derecha, se acercó al féretro, lo abrió y acto seguido roció con su botella de ron el cuerpo de Kelvin José. Le abrió la boca que había sido destrozada por los disparos, y le echo más ron. Después, una de las mujeres que acompañaban a los malandros, abrió los ojos al difunto y los sostuvo con dos palillos. –Pa’ que vea por dónde está el camino que lleva a la Santa Muerte, dijo. Supe entonces que pertenecían y eran devotos en la corte de la Santa Muerte.
Finalmente sus compinches fueron depositando, uno a uno, flores que quitaban de las demás tumbas. Simplemente iban y jalaban las flores. Uno que otro hasta las trajo con su florero. Lo limpió y lo puso a un lado. Nadie dijo nada. A lo lejos las personas corrían a refugiarse entre las tumbas. Otras se embarcaban en sus vehículos y enfilaban a la salida. Las ancianas se persignaban y los niños miraban con rostros medio asombrados, medio entusiasmados, mientras los jovencitos se diría que hasta se sentían atraídos por las armas, las actitudes y el desenfreno malandril.
Pasa esto en la Venezuela actual. Ocurre en San Félix, en Puerto Ordaz, en Puerto La Cruz, en Maracaibo, en Catia, en Valencia… y pare usted de contar. Es una práctica ya común en funerarias y cementerios nacionales. Tumbas abiertas. Cruces, santos y ángeles destrozados. Roban cualquier tipo de metal semiprecioso y hasta hierro y latón. Las tumbas más viejas las abren y se ven los féretros puestos a un lado. Hay restos de tabacos, cenizas de carbón, esqueletos de animales, dibujos de círculos, de cruz hebrea, entre una serie de signos que denotan la febril actividad nocturna en los camposantos. Propiedad exclusiva de la cada vez más popular Corte Malandra.
(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

sábado, noviembre 19, 2011

El padre ausente


“Esta generación no necesita un padre”. Bertrand Russell


Uno de los traumas de la sociedad venezolana ha sido la marcada tendencia a vivir bajo la marca de un padre salvador. Desde aquella incipiente sociedad colonial que floreció al amparo de un rey que, como descendiente directo de dios, impuso a sangre y fuego la obediencia a los principios de un Estado despótico, autoritario y fanático. Trescientos años modelaron una práctica social que se transmitió de padre a hijos, teniendo siempre como paradigma la figura del monarca ausente pero a la vez presente en todos los actos de la vida.
Romper con esa tradición fue la principal hazaña de los pensadores venezolanos del siglo XIX. El más osado fue, sin duda alguna, Juan Germán Roscio, quien, con su obra Triunfo de la libertad sobre el despotismo, publicado por vez primera en Filadelfia, en 1817, ofrece luces sobre una nueva manera de ordenamiento social donde la razón de Estado permita a los ciudadanos formarse en una sociedad libre y democrática.
Sin embargo no fue suficiente el proceso emancipatorio para sustituir la imagen arquetípica del soberano como padre protector. Esto porque no hubo un proceso educativo que introdujera en la mentalidad del ciudadano, la idea de ser libre a partir de la sustitución del dios-rey por un Estado laico regido por hombres y mujeres que tuvieran en la Razón, el principio de la libertad que lleva a vivir en democracia.
De ese tiempo al presente hemos pasado por padres protectores, bien benefactores unos, bien autocráticos otros. Simón Bolívar, José Antonio Páez, Antonio Guzmán Blanco, Juan Vicente Gómez, Pérez Jiménez, han sido los presidentes más emblemáticos que han fungido como salvadores-protectores de la Patria.
Creo que uno de los aportes del proceso de democratización del Estado venezolano fue la universalización de la educación laica y el voto a la mujer. Sin embargo, la imagen de ese padre salvador-protector nunca fue erradicado de la memoria colectiva. Logró mutar hacia un líder populista y demagogo que ofrecía bienestar y seguridad al venezolano que se iniciaba en la vida democrática en la era moderna de la Venezuela petrolera. Ese líder democrático escondía y continúa escondiendo, los rasgos básicos del salvador-protector que se cree eterno y que actúa por obra y gracia de un dios-rey devenido Pueblo (“vox populi vox dei”). Así hemos asistido a la experiencia de unos líderes, quienes impulsaron la Democracia representativa, iniciada con el llamado “Padre” de la democracia Rómulo Betancourt. De ese tiempo al actual hemos recorrido escasos 53 años en la memoria de una sociedad que tiene, históricamente, poco más de 500 años transitando un espacio de aldeas, caseríos y ciudades donde el ser venezolano ha ido reforzando la imagen de ese padre omnipresente.
Los tiempos actuales y por venir nos están orientando a una drástica ruptura, definitiva, con esa imagen y esa actitud. Los nuevos tiempos ya no pueden ser de líderes salvadores ni protectores, mucho menos demagogos. Son, por el contrario, la presencia de las comunidades, organizaciones, equipos de mujeres y hombres que, como un solo bloque, se expresan en partidos políticos, ongs, gremios, sindicatos, asociaciones, y acentúan lo colectivo como rasgo distintivo en el progreso social, y donde el líder es representante, voz común que proviene del grupo y a él se debe.
Ese dios, ese rey, ese salvador, ese protector y en definitiva, ese demagogo ya no nos sirven para transitar los caminos que tenemos frente a nosotros. Cada uno de nosotros, en nuestro cotidiano existir, en nuestro entorno: familia, trabajo, estudio, somos líderes de nuestra propia existencia.

(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

sábado, noviembre 12, 2011

Piche política


Es lastimoso el escenario institucional venezolano referido a los liderazgos y la dirigencia de los partidos políticos y la organización militar. Lo han invadido todo. No queda ningún resquicio donde el venezolano normal se pueda resguardar de semejante afrenta a su dignidad y trascendencia como ser individual y social. Las relaciones de pareja, de amistad, de trabajo se han visto asaltadas por estas hordas de simios practicantes de un arte degenerado y devenido asunto de pandilleros. Lo hemos escrito en artículos anteriores: la civilidad venezolana está desde hace varios años muy por encima de estos charlatanes de oficio, quienes estructuran mensajes demagogos, unos, y de violencia, otros, para personas minusválidas de pensamiento.
Esto que presenciamos es la descomunal lucha de todo un pueblo, que de manera inteligente y sabia, busca maneras de zafarse de esos gestores políticos y gorilas militares, que desde hace años nos han atrapado y que ahora se muestran en su fase más lamentable, ruinosa y perniciosa: la mentalidad marginal del político y del militar.
Es la lucha de la sociedad civil venezolana inteligente, ingeniosa, trabajadora, contra los manganzones de oficio quienes toda la vida la han pasado viviendo de las rentas del erario público, agazapados en partidos políticos y centros militares. Muy pocos de estos mal llamados líderes políticos y militares pueden salvarse de esta categorización. Sobran dedos para contar los dignos, los cultos, los educados, los virtuosos, los cívicos, los prohombres y mujeres, aquellos que asumen la actividad política y militar como servicio público que se ejerce con humildad, con mística de trabajo y vocación comunitaria.
Cierto que la sociedad civil venezolana participará en los procesos electorales previstos para el próximo año. Y esto no debe verse en modo alguno como un fenómeno ni un milagro ni un regalo de este o algún otro gobierno anterior. Es la consecuencia de una práctica de la libertad que desde hace poco más de dos siglos se ha venido practicando en nuestra sociedad.
Considero que el aporte más significativo que se observa en estos años en nuestra sociedad es el ejercicio de la libertad individual y colectiva reflejados en el ejercicio de vivir y convivir en democracia. Y ese ejercicio de la libertad y de la democracia está instalado en la piel política del venezolano de estos tiempos y es parte de su esencia como pueblo y nación.
Cierto que nuestra práctica de la libertad y de ejercer la democracia no es de tipo suizo, y tanto mejor así. Ella se construye y reconstruye día a día en la cotidianidad de la vida. La democracia venezolana se parece cada vez más a nosotros. Es altanera, irreverente, a veces respetuosa, a veces simple o compleja, en otras de una ingenuidad que parece angelical o terriblemente cruel y odiosa, pero son nuestra democracia y nuestra libertad.
Ese aporte ofrecido por todos y cada uno de los ciudadanos de este pueblo, en las relaciones solidarias vistas en la cotidianidad, siempre ha sido mal interpretado y poco valorado por esos energúmenos y trogloditas, esa especie en extinción llamada líderes políticos y militares. La verdadera democracia y práctica de la libertad existen sólo en aquellas sociedades que se han podido librar de esas gentuzas y en consecuencia, el mismo Estado se ha reducido y delimitado su influencia para permitirle a los ciudadanos hacer la vida a partir de la atención a los temas fundamentales de su existencia: el trabajo, la educación, la familia, los amigos y los placeres básicos que despierta el eros (la vida).
El día cuando los medios de comunicación comiencen a presentar el verdadero rostro de nuestra sociedad, de su gente laboriosa, con sus hijos en actos trascendentes, como los juegos deportivos comunales, los encuentros culturales, los inventos tecnológicos, los premios a nuestros científicos, como noticias de primer orden, sabremos felizmente que esos seres se han afantasmado hasta reducirse a una nota mortuoria. Paz a sus restos.
(*) camilodeasis@hotmail.com / twuitter@camilodeasis

sábado, noviembre 05, 2011

Químicamente puro


Antonio es un viejo amigo a quien cariñosamente le decimos Toño. De joven era un destacado dirigente estudiantil imbuido en los ideales del marxismo que le llevó a militar en el partido del gallo rojo, el emblemático y sempiterno Partido Comunista de Venezuela. Su verbo destemplado y de recia nitidez fueron despertando ciertas reservas en la troika bolivarense y cuando por los años setenta comenzaron las discusiones por la primavera checoslovaca, Toño se hizo militante del naciente Movimiento al Socialismo. En ello estaba cuando se fue a estudiar ciencias políticas en la Universidad Nacional Autónoma de México.
Fueron años de intensa formación y Toño obtuvo, con altas calificaciones, su título de licenciado en politología. Pero también ese tiempo hizo germinar en él la idea de cambio radical hacia nuevos horizontes de militancia y una vez de regreso a su Ciudad Bolívar natal, se inscribió en el partido del pueblo, Acción Democrática.
Era un ejecutivo de partido. Siempre de punta en blanco y con su verbo encendido que brillaba de ideas y mostraba un desempeño presto para entrar en diatribas ideológicas, Toño fue creando un cuerpo de seguidores a su imagen para ascender en los alambicados y kafkianos pasadizos de la política regional.
Se hizo de grandes amigos en el partido, tanto en la capital regional como en Caracas. Recuerdo que un día hasta me invitó para ir a recibir y atender a mismísimo eterno estudiante de primaria, Pinerúa Ordaz. Me impresionó escuchar, mientras daba unas palabras a la militancia en la casa del partido, que si “ya me tienen la carajita para esta noche”. Eran los tiempos cuando comenzaban las alzas de la leche, el café y el azúcar.
Tiempo después Toño tomó la decisión de abandonar Acción Democrática y formar parte del nuevo agrupamiento político: el Chiripero. Le fue bien. Tan bien que fue nombrado presidente de una de las empresas de la Corporación Venezolana de Guayana y terminó viviendo en Miami. Las veces que le vi tenía ese aire del ejecutivo provinciano que se ha ido formando y se sabe sobrado frente a sus contertulios parroquianos.
Pero eso no terminó allí. A finales de los noventa Toño entró en desgracia política y no le iba bien. El chiripero había desaparecido y los nuevos actores políticos le tenían ojeriza y se la estaban cobrando. Su decisión fue acertada: continuó como siempre había hecho. Se inscribió en el MVR y después en el PSUV. Casi de inmediato fue nombrado vicepresidente corporativo en una de las empresas de PDVSA. La última vez que le vi, siempre amable, bonachón y de palabra fluida, me extendió su tarjeta de presentación. Era presidente de una de las empresas de la estatal petrolera venezolana.
Supongo que estará por esos predios todavía. También disfrutando, como ha sido su norte político, de los beneficios del Estado.
Como Toño son cientos, miles, diría que millones de venezolanos acostumbrados a cambiar de partidos y agrupaciones políticas según sus intereses personales. Porque Toño las pasó también mal y hubo tiempos que no tenía un céntimo en el bolsillo.
No le critico para nada esa manera tan pragmática de cuadrarse y saltar talanqueras. Al fin y al cabo eso ocurre en los países donde existe una tradición democrática. Cada quien está en su derecho de quedarse en un solo partido, cambiarse a otro o simplemente no estar en ningún, como la inmensa mayoría de venezolanos.
Políticamente nadie está químicamente puro para lanzarle a la cara al Otro-diferente improperios ni reclamos por irse a otro partido. De eso también viven muchos venezolanos. Como ocurrió con las carreras de caballos, la lucha libre o el boxeo. O ahora con las loterías. De algo tenemos que vivir.
Algunos podrán argumentar que los principios deben respetarse, que los ideales o los valores ideológicos deben mostrar a un político auténtico. Pero es que en política, a la venezolana, siempre se juega a ganador. Eso ha sido así desde mediados del ‘800, después de la guerra de Independencia comenzaron a gestarse los acuerdos, los cogollos, las cúpulas y los favoritismos.
Más nos vale entender esto para no quedarnos retrasados frente a la absoluta pragmática de los nuevos actores políticos, en lucha sin cuartel con los dinosaurios y padres de las zancadillas. Después de todo, esto de ir a unas primarias es la renovación de un sistema de juego político tan necesario como la urgencia de regresar a las jaulas a los gorilas del militarismo que andan sueltos en las selvas y montañas, ministerios, gobernaciones y alcaldías.
Sólo la consciencia cívica, aún y saltando talanqueras, es capaz de enderezar entuertos y adecentar las instituciones del Estado.
(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@cammilodeasis

sábado, octubre 29, 2011

Antes que la marginalidad nos alcance


Por estos días escuché de un médico comentar que mientras estaba de guardia en el hospital se enteró que un colega había sufrido un accidente de tránsito. Estaba con una contusión craneoencefálica. Pudo sobrevivir. Sin embargo, estaba delicado de salud, tanto física como emocionalmente. Y esto último por lo que debió experimentar. Una camioneta color negro chocó su carro e hizo que se saliera de la carretera. Quedó atrapado en el asiento con una herida en la cabeza. Mientras intentaba recuperarse vio como las personas de la camioneta que le embistió se acercaron, rompieron uno de los vidrios de su carro y acto seguido, comenzaron a robarle todo lo que tenía. Acto seguido se dieron media vuelta y se fueron. Pronto llegaron otras personas y procedieron a desvalijar su carro y quitarle hasta los zapatos mientras él permanecía atrapado entre el asiento y el volante. Lo abandonaron. Ya de madrugada otra persona se detuvo y le auxilió. Era un borracho quien, entre carcajadas y movimientos espasmódicos lo sacó del carro, se quitó su propia camisa y le detuvo la hemorragia en la cabeza.
Esta como otras tantas historias, la mayoría sin aparecer reseñadas en los medios de comunicación, están indicándonos que más allá de los actos de vandalismo y barbarismo existe algo oscuro y doloroso: la sociedad venezolana está enferma. Y esta es una enfermedad de tipo esencialmente moral.
Sobre esto debo indicar que es urgente que los ciudadanos entendamos que sólo la organización comunitaria, en los barrios, urbanizaciones, zonas rurales, en las instituciones educativas y demás espacios de vida social, podrá hacerle frente a esta desnaturalizada manera de actuar de una pequeña parte de la población. Debemos estructurar medidas de defensa frente al cerco de marginalidad que el Estado, a través del gobierno, está permitiendo que ocurran.
No es posible esperar que las instituciones del Estado den protección a los ciudadanos. Y esto porque el mismo Estado ha devenido marginal por un modo de actuar demostrado desde hace más de 25 años y que en estos últimos tiempos ha acentuado la desmoralización de sus instituciones.
Esta propuesta en modo alguno debe verse como una desesperación o de conformación de un frente antigobierno. Es una urgencia de sobrevivencia antes que definitivamente la mentalidad marginal y los marginales nos arropen a todos. Es necesario pasar de los comentarios de sobremesa. Ya no es suficiente la denuncia en los medios de comunicación social tradicionales, radio, prensa y televisión. Tampoco es suficiente el uso de las redes sociales para la denuncia. Desde hace tiempo dejó de tener sentido recurrir a las autoridades para buscar amparo frente al arrollador paso de los criminales, asaltantes y choros en general. Ahora toca al ciudadano común unirse, activarse en la tarea de organizarse, potenciar todos los medios de denuncia sociales, crear brigadas de defensa, de acciones concretas frente al Estado agresor, que actúa tanto desde la presidencia de la república como en los ministerios, institutos autónomos, misiones, gobernaciones, alcaldías, partidos políticos, y tantos organismos que maltratan al venezolano. Más que actos de defensa por sobrevivencia personal y colectiva, debemos trascender más allá de fechas electorales y cambios políticos de presidente o gobernador o alcalde o concejal o diputado. En la unidad de la ciudadanía debe practicarse una nueva actitud de solidaridad activa, construir una moral y unas virtudes que nos dignifiquen en el hacer diario y permitan reconocernos como seres humanos.
Mantenerse en silencio frente al Estado obsceno, pícaro y que nos maltrata constantemente, es ser cómplice, cobarde y marginal.
(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

viernes, octubre 21, 2011

El fin de la educación



Sin un propósito, las escuelas son centros de
detención, no de atención.
Neil Postman. El fin de la educación

Nadie niega el poderoso avance de países, como Estados Unidos de Norteamérica, Japón o Suecia, a partir de la consolidación de una fuerza humana compactada alrededor de modelos educativos favorables a determinadas funciones de producción. Es evidente que tal grado de desarrollo logrado se debe al esfuerzo ejecutado por dichos estados que, día a día, acentúan en los modelos educativos formas cada vez más innovadoras dentro del delicado equilibrio entre hombre, sociedad y naturaleza. Sin embargo, desde hace pocos años se viene apreciando un desgaste, un cansancio académico que lleva a un desinterés para continuar absorbiendo, como valores y modos de vida, la serie de condicionamientos erigidos por los sistemas educativos como normas para la convivencia social. Ya se ha visto la experiencia de esos modelos de pensamiento único en los otrora llamados países de la Unión Soviética y los incipientes registros de actos contrarios a la establecido como normas de buen vivir, en China o Cuba.
Pero poco se ha estado diciendo de los sistemas educativos que en su momento configuraron el modelo del “buen vivir” norteamericano, tan expandido propagandísticamente al resto del mundo.
Neil Postman, un sencillo profesor de la Universidad de Nueva York ha dejado abiertas las heridas de un modelo educativo que hace más de 25 años ha comenzado a desvanecerse, dejando al descubierto las secuelas de una generación cuyas características apenas se pueden evidenciar en estos datos estadísticos: “Tengo ante mí un informe –escribe Postman- de la Carnaige Corporation Report, producido por el National Center for Children in Poverty, donde se pone de manifiesto que en 1960, tan sólo el 5% de los nacidos lo fueron de madre soltera. Mientras que en 1990, la cifra ascendió a 28%. Mientras en 1960 el 7% de los niños, en edad inferior a los tres años vivían con uno solo de sus padres, en 1990 la cifra subió a 27%. Si bien en 1960 tan sólo el 1% de niños y adolescentes menores de dieciocho años sufrió el divorcio de sus padres, en 1990 la cifra saltó casi al 50%”
Estas estadísticas nos indican, como lo afirma el profesor Postman, que “es más que probable que la pequeña María padezca de insomnio tan a menudo como la pequeña Eva, y no precisamente porque quiera dedicarse a estudiar álgebra de madrugada. Más bien será porque no sabe quién es su padre o, caso de conocerlo, no sabe dónde se encuentra”
Estas escenas de la vida norteamericana en modo alguno se ven representadas en los medios de comunicación masivos. Más bien son ocultados a la opinión pública para presentar un supuesto modo de vida altamente confortable dentro de una supuesta absoluta seguridad social que el Estado norteamericano brinda a sus ciudadanos.
Quizá sea por ello que tanto Bill Gates como McIntosh hayan agilizado sus prototipos cibernéticos para crear la ilusión de un mundo dulcemente perdido en la realidad y que sólo aparece ahora en las pantallas de los ordenadores. Similares argumentaciones de una educación que se cae a pedazos, no tanto por los conocimientos que transmite como por los valores intrínsecos que intenta mantener, sean los que Savater, Fukuyama, Chomsky, Maturana, entre otros, han estado identificando como la de una educación que no tiene sentido en la medida que su fin, su por qué, están desgastados y afianzados en unos valores, ética-estéticas y manifestaciones morales de unas creencias en las que ya nadie, y menos los niños y jóvenes, tienen intención ni de creer ni menos defender. La Nueva Educación pareciera estar debatiéndose en sepultar los antiguos dioses y demonios escolares, mientras asiste al nacimiento de una poderosa fe pedagógica, cuyos nuevos dioses, ángeles y demonios, prefiguran la corporeidad de esto que hemos dado en llamar lo “posthumano”, donde la racionalidad comparta con la emocionalidad la memoria de un subjetivar la vida afianzando el sentido espiritual de lo que somos. “Lo importante es señalar –escribe Postman- que dejando de lado sus ideales trascendentes, es posible presentar la historia de los Estados Unidos como una narración de racismo, inquietud y violencia ¿Es esa la historia que deseamos que sirva de base para la escuela pública estadounidense?”
Mientras ello ocurre, países como Venezuela apenas alcanzan a reflexionar sobre el segundo o tercer nivel educativo, vinculado con la evaluación de un currículo que en la práctica no interesa a nadie, que sólo sugiere sombras de un mundo que fue. Y eso atañe, tanto a la Primera Etapa de Educación Básica como, fundamentalmente, la universitaria, donde el pensamiento académico es putrefacto e históricamente reaccionario.
(*) camiloeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

sábado, octubre 15, 2011

Mentalidad autoritaria


Uno de los oficios más despreciables de la humanidad es, sin duda alguna, la feroz y deleznable tarea de ser militar. Desde siempre la imagen del militar ha estado vinculada con la mentalidad autoritaria. Y eso es así porque el militar representa en sí mismo la violencia inminente que anuncia la fuerza bruta de quien no ha traspasado el umbral de la caverna. Muy a su pesar seres superiores, como Alejandro Magno, Julio César, Aníbal, Bolívar, Washington, San Martín, entre otros, debieron asumir ese oficio para adecentarlo y mostrar desde ese mismo ángulo cuánta maldad y atraso representa, no tanto el ser militar como la mentalidad autoritaria. Y esa es una actitud que en nuestra sociedad continúa cultivándose, aún y en quienes se dicen demócratas, socialistas y adelantados progresistas.
De la mentalidad autoritaria de militares pasados como de los presentes nada bueno puede esperarse, a no ser esa caprichosa actitud de creerse destinados por alguna conciencia superior, para supuestamente proteger al pueblo de algún enemigo, generalmente inventado. A nuestro modo de ver los militares son unos “boy scouts” que se tomaron demasiado en serio su trabajo hasta castrar su capacidad de eros y restarse inteligencia para solucionar, por lógica racional, la cotidianidad de la vida en comunidad. Singular semejanza adviene con los “políticos prácticos”. Es esa porcina neurona que subyace al fondo de la mentalidad autoritaria. Ella permanece latente y se continúa cultivando en el presente. Lo podemos observar en cada esquina, en cada plaza, en cada pueblo, en cada escuela, donde esos especímenes han marcado sus nombres. Incluso hasta en nombres de agrupaciones artísticas. Cada plaza en nuestro país, por lo general, lleva el nombre de un prócer –militar- quien generó muerte y destrucción. Cada esquina, calle, avenida importante de este país lleva el nombre de un caudillo. Por los cuatro costados de esta nación se observan los rostros adustos, rígidos de esos ejemplares que lo pueblan todo. Quienes aún continúan gobernando la mentalidad autoritaria del Poder de esta república. Pareciera que en Venezuela sólo los militares, con su mentalidad autoritaria, han trascendido por su heroísmo para merecer el bronce eterno. Después de ese lugar de preeminencia de los bárbaros militares se ubican los políticos.
Ellos se afianzan en el Poder del Estado por la astucia que otorgan las intrigas palaciegas. Esa otra manera del autoritarismo, un poco más depurada, menos salvaje pero hipócrita y cínica, que es el submundo de la actividad del civil con mentalidad autoritaria.
Alguna vez he soñado con una esquina que lleve por nombre Juan Félix Sánchez. Una calle sinuosa con el nombre de Jesús Sevillano o Soledad Bravo. O apenas una plaza toda cultivada con capachos, que lleve por nombre Mi Venezuela, como esa canción. O alguna de las tonadas de Simón Díaz en una plazoleta o auditorio. Una avenida llamada Humberto Fernández Morán o Salvador Garmendia o Alirio Díaz Teresa de la Parra o Cruz Diez. Quizá tanto mejor honrar al héroe mientras está vivo. Porque héroes reales lo son aquellos que afirman la paz, la bondad y la riqueza espiritual de los pueblos, como Jacinto Convit o el Hermano Ginés. La única manera de borrar de la faz de la tierra esa bárbara manera de actuar en la vida, sea civil como militar, que es la aberrante mentalidad autoritaria, es un sólido proceso educativo que afirme la convivencia y el compartir con el Otro-diferente, en paz, armonía y compasión. Alguna vez alzaremos los rostros de esos seres extraordinarios de la paz. Realizaremos estatuas y bustos de los verdaderos y únicos héroes: médicos, sanitaristas, deportistas, científicos, galeronistas, novelistas, poetas y dramaturgos, como Cabrujas. De filósofos, como Juan Nuño y García Bacca… o el sagrado nombre de un clásico decimista, como Chelías Villarroel.
(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

sábado, octubre 08, 2011

Miseria


Los tiempos que vive la sociedad venezolana son realmente difíciles y en esta dificultad se evidencian rasgos de miseria. Y esta miseria no es tanto material, alimentaria como espiritual. Esto es triste y desolador porque, de superar la condición material en el mediano plazo, las consecuencias, las secuelas que deja en el alma la miseria espiritual no pueden ser superadas jamás. Habrá que esperar el advenimiento de nuevos ciudadanos, de nuevas generaciones para superar la ruina espiritual en la que hemos caído absolutamente todos los venezolanos. Los hay quienes directamente están involucrados en hechos punibles, de crímenes atroces y actos de corrupción. Pero también aquellos que, conociendo de estos hechos, callan por intereses políticos, económicos o por creencias religiosas, ideológicas, o también aquellos por filiaciones consanguíneas o de compadrazgo. Pero también quienes a diario nos enteramos de la violencia que de mil maneras se manifiesta en la cotidianidad de la vida, bien por este gobierno obsceno y corrompido y que nos corrompe cada vez que puede, o por las relaciones familiares, de amistades o por la misma dinámica social que nos lleva a delinquir y cometer faltas, como adquirir bienes de dudosa procedencia, infringir las normas de tránsito, irrespetar el derecho del semejante cuando espera ser atendido en una oficina pública. Son estos y otros muchos, hechos cotidianos donde los rasgos de corrupción nos han alcanzado y son tan comunes que nos hemos acostumbrado a ellos y lo que más asombra, somos usuarios de ellos. El Estado a través del gobierno y sus instituciones, se ha erigido como el principal modelo de miseria espiritual al permitir, por omisión, descuido o porque abiertamente lo propicie, la cada vez más cercana violencia que nos cerca y aprieta la garganta. Esta violencia aparece, entre otras razones, por tanta permisividad y ausencia de controles por falta de aplicación de las leyes o por carencia de autoridad de familias que no orientan a sus hijos. Ya no son las noticias sobre un robo o asesinato o secuestro o agresión física a un lejano pariente o conocido. Ahora la violencia con saña, el crimen con ventaja y alevosía, y la miseria espiritual tocan a nuestra puerta. Ahora es el hijo de un apreciado amigo, el robo o secuestro de un familiar. Ya está instalada esa miseria, esa actitud en nuestra propia sala de la casa. Ahora se habla, se comenta, se dan detalles. Escuchamos esos espeluznantes detalles contados por sus protagonistas, por la madre, el padre, el hermano, el mejor amigo, quien, entre lágrimas y con la voz entrecortada, nos narra esos momentos espantosos que debió experimentar cuando le rompieron el vidrio del carro y vio el rostro del asaltante. También cuando la joven cuenta, aún con el trauma presente, cuando el criminal la obligaba a besarlo mientras este le manoseaba sus partes íntimas. O el anciano que en su imposibilidad veía cuando su propio nieto le robaba sus ahorros para comprar droga.
O la normalidad de vernos frente a la autoridad, quien nos detiene para solicitarnos los documentos del vehículo y no tener alguno de ellos, y tener que “mojarle” la mano para no ser retenido. O cuando el docente acepta del estudiante quien le propone el negocio de “una ayuda” para su maltrecho sueldo, si le aumenta la nota para pasar la materia. O la enfermera que extrae del centro hospitalario materiales y equipos para revenderlos. O el médico que recomienda una operación sin existir esa necesidad para obtener dividendos. O los cientos de miles de pordioseros y pedigüeños que desdoblan sus cuerpos, hacen malabarismos, enternecen sus rostros y miradas para dar lástima haciendo de ello su modo de vida. Esa es la miseria en la que todos hemos caído. Esa es la triste y dantesca realidad de una sociedad mal acostumbrada a esperarlo todo del Estado. Un Estado que también se acostumbró, a través de los diferentes gobiernos, a ser paternalista y que ahora abandona a los ciudadanos o los somete a la más obscena agresión y manipulación, corrompiendo lo poco de decencia que queda en la intimidad del ser venezolano.
(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

sábado, octubre 01, 2011

Erótica social


Cuando una persona está viva, es blanda y flexible. Cuando
está muerta, se vuelve dura y rígida.
Lao Tse. Tao Te King


El epígrafe que antecede al artículo contiene una verdad que se puede aplicar a nuestra realidad venezolana. Ciertamente que asistimos a la experiencia de presenciar a muchos dirigentes de grupos y partidos políticos, quienes no sólo asumen posturas inflexibles en cuanto se refiere a la no aceptación del Otro diferente en la discusión sobre aspectos de la vida nacional, también presentan una rigidez corporal, kinésica, y básicamente en la formulación de ideas y conceptos que les acercan a una vida inorgásmica extrema.
Y esto es triste porque revela lo castrante de lo que puede ser una acción social donde estos seres humanos adolecen del sentido primario de vida: Eros.
En ello las sociedades antiguas eran dadas a la atención de lo erótico como manera y actitud de vida, de gozo y de apertura al Otro como muestra de una vida interior que se contrastaba y permitía que los miembros de una comunidad se nutrieran constantemente en la medida que podían expresar, en su kinesis y actos de habla, el lenguaje erótico y el erotismo como formas de vida sana que permitía al cuerpo develar su ontología, su ser profundo, que se acercaba y mostraba en la piel, en el cabello, en los ademanes del cuerpo, en la voz y en la mirada.
Por el contrario, a la gran mayoría de los líderes y dirigentes de grupos y partidos políticos de nuestra sociedad les falta sentimiento de erotismo en la práctica de la acción social. Más notoria es su ausencia en los rostros de las mujeres dadas a esta práctica, quienes revelan una faz que progresivamente se va desvaneciendo para caer, peligrosamente, en la noche de la insatisfacción que lleva a la soledad y la enfermedad de la frigidez de los sentimientos ocultos.
Y esto que escribimos en modo alguno debe tomarse como una chanza o burla. Por el contrario, es una reflexión necesaria para considerar dentro del estado de experiencias que atraviesa el conjunto de la sociedad y que debe atenderse para evitar que sirva de modelo y se generalice. Si usted analiza los rostros de las mujeres, tanto afectas al gobierno: diputadas, ministras, presidentas de institutos, entre otras, como aquellas de la oposición, concluirá aceptando lo que afirmamos. Por su parte los dirigentes masculinos hace tiempo entraron en un franco deterioro en su capacidad erótica. De rostros casi siempre contraídos y severos, rígidos en sus ademanes, poco dados a mirar de frente al Otro, absolutamente parlanchines y de gestos cuasi atolondrados. Denotan que han accedido a lo que denominamos “la desproporción del lenguaje gestual”. No tienen gestos de amorosidad en su kinesis y menos en el timbre y tono de voz. Menos aún, un sentimiento amoroso en la práctica de la libertad como modelo para una ciudadanía activa. Es, ciertamente, una oralidad y un lenguaje corporal marcados por un discurso “thanático” de muerte, de frialdad, de severidad, de riesgo, que niega el discurso natural que existe en todo ciudadano normal que practica su erotismo en la construcción de su vida individual y colectiva.
Lastimosamente dentro de la acción social del discurso erótico, la fuerza destructiva de un lenguaje marcado por la rigidez de pensamiento y palabra, insolente y degradante, está abriendo las compuertas para que se desencadene un tipo de discurso que podría sepultar toda una tradición cultural de una sociedad tan sabia y sagrada como la venezolana, acostumbrada a la expresión de un hecho de vida marcado por los rasgos de erotismo en la construcción de una oralidad que alguna vez nos nutrió y nos dio felicidad.

(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

jueves, septiembre 29, 2011

NanoRelatos


Remiendos

Con el corazón roto buscó a su costurera

sábado, septiembre 24, 2011

Lenguaje y responsabilidad social


El lenguaje expresa la imagen del mundo y de lo que en él existe. Entendemos la vida, nos reconocemos naturaleza humana por intermedio del lenguaje. No existe otra posibilidad de existir ni de ser sino es en el lenguaje. Más aún, el mundo existe para nosotros primero en el pensamiento que estructuramos como imagen acústica; lo pensamos y dejamos que exista como imagen. En esto las culturas indígenas, indistintamente, siempre han concebido la creación del mundo primero en el pensamiento y luego como realidad verbal. Por ello más que expresar palabras y conceptos, un idioma, como expresión concreta del lenguaje, dice de una imagen que en su enunciado nos dibuja realidades específicas, experiencias de un yo que se reconoce en su individualidad monológica y que luego encuentra su reflejo en el Otro que no es más que un Yo multiplicado en el diálogo infinito, que nunca cesa y que constantemente fluye en un devenir de existencias.
Cuando alguien dice “Ni un paso atrás” o “No pasarán” o “Escuálidos” o “Chusma chavista”, expresa la realidad de un mundo que se cierra, se circunscribe a lo específico de ese acto de habla. Podemos catalogarlo como un tipo de lenguaje excluyente, discriminatorio, ofensivo a la dignidad humana, que refiere a mundos que se contraponen, no tanto por razones ideológicas o filosóficas, como por una visión del lenguaje que plasma, estructura una muralla donde no es posible traspasarla a través del diálogo.
El lenguaje nos habla de una realidad ontológica que le es propia, que le establece una ética y estéticas particulares. Su hacer fortalece a quien lo utiliza en la medida que este hablante define su mundo en función de intereses que responden a dimensiones, naturalezas de discursos que expresan esos mundos. Diremos entonces que el lenguaje mantiene una ética, una coherencia entre el pensamiento, su verbalización y la práctica que el hablante realiza. Pero al fracturarse esta ética adviene el lenguaje instrumental, ese excluyente que distorsiona la realidad y lo hace perlocutivo, discriminatorio, que asume al Otro no como sujeto histórico sino como objeto de un acontecimiento que lo niega como ser humano. La única forma de comprender la naturaleza de un idioma es conociendo su esencia en la medida que estamos conscientes de su ontología, para humanizarnos en la práctica de una ciudadanía que no es otra cosa sino la vivencia de la plena actividad política. Esto es, ser desde el lenguaje de la amorosidad y la justicia, que es la práctica de la verdad en acción.
Por lo anterior, diremos que en la actualidad no es cierto que la política esté arropando todo el escenario de la vida social venezolana. Por el contrario, es en todo caso la realidad de una práctica perlocutiva e instrumental de un tipo de lenguaje que, expresado en el idioma, se refleja en la cotidianidad de un discurso distorsionado donde “lo político”, como sinónimo de grupos y partidos, apenas muestra el chisme, la mamadera de gallo, la ofensa a ultranza, el fanatismo, la ortodoxia y la superstición, la oportunidad para descalificar al Otro-diferente en un infinito monólogo que irremediablemente desgasta y pervierte la imagen de un lenguaje que, fracturado, no puede ofrecernos otra opción sino aquella de la denominada por teóricos, como Lucien Goldman, “Colisión trágica de la existencia”. Colisión que pareciera inevitable y verbalmente real.
(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

viernes, septiembre 23, 2011

NanoRelatos


Dijo la cabuya al nudo

-Hoy ando desatada

NanoRelatos


Tiempos modernos

Hoy amanecí vivo por error

sábado, septiembre 17, 2011

Rancho mental


La marginalidad es, fundamentalmente, un estado mental. J. G.

La proliferación de ranchos como consecuencia de invasiones a terrenos que hasta hace poco tiempo permanecían solitarios y muchos de ellos sin mayor mantenimiento por parte de sus dueños, bien privados como públicos, es consecuencia directa del estado mental que se ha instaurado en aquellos ciudadanos, bien por carencias alimentarias, socioeconómicas y educativas, y en otros, por la desnaturalizada tendencia a la práctica política del populismo y la demagogia, trayendo como consecuencia el “estado de marginalidad absoluta”.
En este sentido son marginales quienes sin tener acceso a los bienes de consumo básicos ni medios para obtenerlos, se lanzan a la aventura de instalarse en cualquier rincón donde exista una porción de tierra para construir su barraca. Y también lo son, con mayor responsabilidad, quienes teniendo acceso a esos bienes y a ciertas posiciones de poder político y económico, incitan a semejante atentado, junto con los traficantes de la pobreza, quienes esperan más adelante apoderarse de esos terrenos pagando ínfimos precios a los invasores.
No justificamos en modo alguno esta práctica. Intentamos comprender a quienes, por razones humanas y de sobrevivencia, están urgidos por obtener una vivienda digna. Sin embargo esta práctica de invasiones y construcción de ranchos tiene, más allá de los aspectos superficiales que pudieran explicar (-a nuestro modo parcialmente) esta actuación, una única razón: falta de educación entre los ciudadanos.
Unos, los desposeídos injustamente de sus más elementales derechos humanos, que son violados diariamente por un Estado impúdico y “alegre”, y que, salvo su sagrada existencia, no tienen nada. Mientras que por otro lado, ese mismo Estado, a través de sus líderes, quienes incitan de manera abierta y descarada, desde hace más de cuarenta años, a una práctica casi natural de apropiación indebida de bienes públicos y privados. En unos y otros prevalece por igual la misma mentalidad marginal. Y esto porque el Estado, a través del gobierno, invade también: terrenos, fincas, industrias, factorías, talleres. Por tanto, la figura del rancho, como imagen mental que se proyecta en realidades concretas, es precisamente esa y no otra. De esta manera conocemos desde hace años las denominadas “soluciones habitacionales”. Eufemismo que proyecta la exacta figura del rancho, sólo que presentada pintada y remozada. Las dimensiones espaciales de esas estructuras para seres humanos continúa con la práctica que socialmente se aprecia en la vida de un rancho: hacinamiento y promiscuidad.
Para los desposeídos no tiene mayor importancia la estética socialmente aceptada: es bello aquello que muestra armonía en sus volúmenes, sino aquello que en su momento es útil para la sobrevivencia. Así, cualquier cartón, madera o plástico funcionan como pared o techo. Lo importante es “estar”, permanecer y dar lástima. De eso muchos desposeídos se alimentan mientras esperan al dirigente que está buscando cómo hacerse de unos votos para su partido mientras los miserables son mostrados en las más diversas formas del desamparo humano.
El rancho como estructura material, física, es sólo la superficie de una hondura mental que desde hace mucho tiempo se ha instalado en la estructura mental de cientos, miles, millones de venezolanos y que se expresa en modos particulares de realizaciones: “rancho autopista”, “rancho soluciones habitacionales”, “rancho escuelas”, “rancho hospitales”, “rancho cárceles” (-reflexiónese sobre el modelo arquitectónico casi idéntico de estas tres últimas estructuras) entre un significativo número de estructuras que se vinculan con la mentalidad estrecha, casi palúdica, de quienes han estado impulsando este tipo de desarrollo social. De esa estructura mental (rancho) que tienen instalado muchísimos políticos y empresarios, sólo podemos esperar eso: respuestas efectistas y demagógicas que responden a los momentos, a los instantes, como parches de un inmenso tumor social que ya se hace imposible seguir ocultando.
Sabemos entonces de presidentes, ministros, gobernadores, alcaldes, jefes militares, jefes civiles, diputados, industriales, entre tanto “roba pantalla” que durante años han alimentado esta práctica. Más aún, la extendieron hasta las mismas aulas de clase: facilismo del estudiante y del docente, dejadez, escasa rigurosidad académica y descuido del sentido ético del trabajo y vocación de servicio comunitario.
Este pensamiento y actuación del rancho mental imposibilitan la definitiva erradicación de la práctica de las invasiones y la proliferación de la ranchería en nuestra sociedad. Peor aún, no será posible en este cortísimo plazo eliminar esta práctica por una sencilla razón: pronto habrá elecciones y estás se ganan con votos. Por lo tanto, los desposeídos significan votos, y así son vistos por los oficialistas y opositores, no como seres humanos, y en consecuencia será siempre en otro momento que se atienda esta situación. Pero como entre los minusválidos mentales políticos de este país no existe voluntad política ni capacidad gerencial, todo se quedará para “después”
La única manera de revertir, de transfigurar el rancho mental está en un riguroso, directivo y ético-estético proceso educativo centrado en valores, de manera sistemática, académico y con vocación de servicio social y mística de trabajo.
(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis