sábado, agosto 27, 2011

Mensajes de textos


Hoi alas onse de la mañana llegue de
Mexico y nosbamos ala tarde para España.
Simón Bolívar. Carta a su tío Pedro Palacios Blanco.



Lo que interesa de esta carta escrita por Bolívar, quien no tendría más de 16 años, mientras desembarcaba en el puerto de Veracruz, México, en su viaje a España hacia 1799, no es tanto el descuido ni torpeza en la transcripción del español de la época, que tendría más de una justificación, sino el hecho de resaltar algunos aspectos que aún hoy, a más de doscientos años, se siguen repitiendo: la tendencia al seseo en nuestro español venezolano, la pérdida de la d intervocálica y la ausencia de la tilde en la acentuación de algunas palabras. Rasgos estos que en los últimos años se están fortaleciendo en el uso cotidiano en nuestra población. Sobremanera entre usuarios de los modernos sistemas de comunicación, como son los llamados teléfonos celulares o móviles.
Sobre esa pequeña pantalla estamos asistiendo al nacimiento de un tipo de comunicación escritural que paulatinamente se fortalece a medida que se fonetiza en su transcripción el habla oral (se escribe como se habla) para comunicarse.
No creo sea prudente pasar a valorar semejantes rasgos en la grafía actual toda vez que estos parecen estar presentes desde hace un buen tiempo. Incluso mucho antes de normarse nuestra lengua con el nacimiento de la Real Academia de la Lengua, en 1713 por Felipe V, para fixar la lengua castellana, otros autores, como Francisco Sánchez de las Brozas, conocido como El Brocense, proponía en su libro Minerva, publicado hacia 1587, la necesidad de rescatar racionalmente la tradición de la lengua. Igual sucedió con el gran maestro Antonio de Nebrija, quien se enfrentó al Santo Oficio por sus posturas sobre una manera más elegante y moderna en el uso de la palabra escrita.
Sea para mantenernos actualizados sea para entendernos en este cada vez más complicado mundo hipercomunicado, lo cierto es que en la actual pantalla de los celulares aparece un tipo de comunicación que está rompiendo (-y esto no es necesariamente aceptado por todos) con las estructuras establecidas y fijadas por la norma. Sin embargo, es una realidad que no se puede obviar ni negar tan fácilmente imponiendo criterios moralistas, pseudoeducativos ni mucho menos siendo peyorativos con quienes asumen esta nueva manera de escribir sobre la pantalla del celular.
Conviene presentar, a manera de ejemplo, algunos párrafos para que se aprecie esta manera de escribir mensajes de texto:
“ce diría q’ (o ke) en la nueva manera de escribir el kstyano ablado en vnezuela ay una fuert tndncia a la economía dl lenguag, toda vz q’ el ablant reqrre a la concntracion d palabras q’ registran una doble pronunciación, ec uso multiple d registros foneticos tiend aora a sinttizarc con letras (fonemas) q’ asumen doble sonido. Tnemos entonces trminos, como por ejemplo: t, d, c, k, y, b, g, p, así como el uso de la y, q’ sustituy al sonido ll, mientras el uso de la ñ tiene cierta variedá d registros, todos sobrentndidos por el contxto dl discurso. Igualment aparec una clara manifestación d la prdida d la acntuacion y al uso ksi único d la coma y a vcs dl punto. Como c pued apreciar, las marks fonétiks kda vz + están indikndo q’ entre los ablants dl kstyano venezolano exist una urgnt y necsaria revisión d los postulados q’ ac ya + d 2 siglos normaron nuestra lengua y q’ oy c presenta como una kmisa d fuerza q’ no trmina d mostrar nuestra realidá + trascndnt”
Indudablemente que siempre será mejor acceder a este tipo de nuevas maneras de escritura, teniendo una experiencia previa en su uso que nos permita saber el por qué de esta interesante forma de registrar en la escritura la palabra oral. Y veamos esto no tanto como una consecuencia de los nuevos usos tecnológicos. Quién de nosotros no se acuerda de aquellos años cuando nuestros profesores nos llamaban la atención al escribir q’ en vez de que, o en quienes se proponían vender su carro (c vnd) escrito con tinta blanca sobre el parabrisas. Esos y otros registros han sido quizá los precursores de una manera de escribir no tan nueva ni traída por los cabellos, sino fijémonos en el “chamo” Simón cuando le escribía a su tío, entre otras hermosas construcciones: “Estimado tio mio: mi llegada á este Pu-erto ha sido felismente, gracias á Dios: pero noshemos detenido aquí conel motibo de haber estado bloqueada la Abana, y ser presiso el pasar por allí; de sinco Nabios y once Fragatas Ingleces. Despu-es de haber gastado catorce días en la nave gasion, entramos en dicho Puerto el dia dos de Febrero contoda felicidad. Hoy mehan sucedido tres cosas q.e mean conplasido mucho: la primera es el aber sabido q.e salia un barco para Maracaibo y q.e por este conducto podia escribir austed. mi situasion y partisiparle mi viaje q.e ise á Mexico en la inteligencia q.e usted con el Obispo lo habian tratado, pues mealle haqui una carta para su sobrino el Oidor de alli recomendandome ael, siempre q.e hubiese alguna detencion, la cual loacredita esa q.e le entregara usted, al Obispo q.e lemanda su sobrino el Oidor, quefue endonde bibi los ocho dias (…) Sumas atento Serbidor y su yjo Simon Bolivar (…) Yo me des senbarq.e enla casa de D.n Jose de Austrea el mario de la Basterra quien memando recado en cuanto llegue aquime fuese asucasa y conmucha instancia ymedaba por razon q.e no havia fonda en este puerto” Escritos de El Libertador.

(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

sábado, agosto 20, 2011

Palabras prostituidas


En la antigüedad la palabra oral era pronunciada con determinada orientación. Las había dedicadas a ciertas funciones mientras otras estaban ofrecidas a dioses, protectores y jerarquías reales.
Desde el nacimiento del día hasta el fin de la jornada los hablantes prestaban mucha atención al uso de las palabras. No obstante por las laberínticas callejuelas de las antiguas ciudades, como Biblos o en Ur, se colocaban los habladores en las esquinas y otros lugares estratégicos, para pronunciar palabras que permitieran acceder a los dioses y demás deidades, esperando la ansiada gratificación de ser escuchados por la divinidad. Las palabras entonces reconfortaban, consolaban, orientaban y se sentía cómo ellas alimentaban el alma de quien osaba pronunciarlas.
Por esas y otras razones quienes se especializaron en el uso de determinadas palabras se convirtieron en magos, taumaturgos, alquimistas donde el lenguaje oral posibilitó la transformación de ordinarios metales en nobles y relucientes joyas de arte.
Sin embrago, la palabra antigua conservó en su esencia la misteriosa savia donde aún permanece el ethos, el carácter, la coherencia, la cohesión, la armonía y la cadencia de una sabiduría de vida que se ha transmitido de padres a hijos.
Tristemente algunos usuarios del lenguaje oral, los políticos, han usado las palabras para adosarles significados y connotaciones que en la práctica, distan mucho del origen, uso y aplicación actuales.
En boca de políticos la palabra pueblo perdió su razón primera como aglutinadora y dadora de vida y sentido de pertenencia a un lugar. Recuerdo cuando niño se la usaba para sumar adeptos y votos para la causa de algún grupo o partido político. Pueblo se asoció a demagogia, a picardía y a todo aquello que significara traición, mentira y pobreza de formación intelectual y de sentimientos. Con ese término muchos políticos lograron hacerse con el poder del Estado para, en su nombre, traicionar ideales y desnaturalizar la palabra y su magia. Pueblo ha sido sinónimo de minusvalía y, peyorativamente usada, se la asocia a persona inculta, que da lástima y es motivo de burla.
Otra palabra que por estos años ha sido degradada hasta la saciedad es socialismo. En Venezuela y otros países latinoamericanos se la entendía como un término que despertaba esperanza y deseo de cambio para una hermandad entre comunidades y como sistema político que brindase bienestar, seguridad y armonía para todos. Una suerte de legitimidad de la sociedad en su devenir como conjunto de personas que buscan acceder a un mundo más humano y digno. Dolorosamente por estos años esa palabra tan hondamente humana ha sido descuartizada, martirizada hasta degradarla al uso comercial del más puro capitalismo salvaje.
Ciertamente que el significado de las palabras está en las personas, su uso en boca de anónimos le ha estado cambiando su razón de ser, hasta llevarlas a una aplicación que dista mucho de su origen. Cualquier acto, programa político, proyecto económico, declaración de principios lleva el nombre socialismo como eslogan de un marketing que promociona y vende a un presidente, gobernador, alcalde o jefe civil.
Pocos usuarios de esa palabra sabrán qué significa tal término y peor aún, la actitud de vida que implica ser socialista.
Otra palabra desacreditada y sometida al más brutal saqueo en su significado y uso ha sido revolución. Todo político que se crea señalado por el dedo de su líder, piensa y actúa como un energúmeno, pasando por encima de cualquier persona para satisfacer al jerarca, creyendo que eso es revolución y ser revolucionario. Por estos años ser revolucionario falsamente se entiende como persona que debe acatar líneas de un partido e imponer a los demás planes y programas de acción sin mayor reflexión ni argumentación. Ser revolucionario es sinónimo de persona arrogante, de hablar destemplado, altanera, pícara, irreverente, obsesivamente ortodoxa en sus afirmaciones, fanática en sus creencias y supersticiosa en sus fantasías.
Sé que los ciudadanos de una sociedad como la venezolana tardaremos años en recuperar, no sólo la confianza en nuestro semejante, también en recuperar esas y otras palabras sagradas, limpiarles el estiércol que tanto político de pacotilla y utilería le ha lanzado a esos términos. Redimensionar las palabras, darles brillo y esplendor. Adecentarlas y hacerlas accesibles a todos los hablantes en un proceso riguroso y continuo, pedagógico y valorativo, dará señales para los nuevos tiempos, donde las palabras ofrezcan, tanto su sentido de uso común para comunicarnos libremente, como la magia que nutre y dignifica el alma de quien la pronuncia.
(*) camilodeasis@hotmail.com / twitter@camilodeasis

sábado, agosto 13, 2011

Al detal


Hace unas semanas, de viaje hacia San Fernando de Apure, mi esposa y yo nos detuvimos en una estación de servicios a la entrada de Sabaneta de Barinas. Con tanta sed quisimos tomarnos un refresco de esos energizantes. En su impresión el precio marcado era de BsF 9, pero la dependiente pidió 12. Al indicarle que el precio legal estaba en la impresión, ella nos dijo que ese era el precio que el dueño, un árabe, le había indicado, y que en los abastos del pueblo costaba más caro. -Cosas de estos tiempos, nos dijimos. Y es cierto. Por estos años el ciudadano venezolano ha estado viviendo el capitalismo más salvaje de que se tenga memoria.
El venezolano se ha ido progresivamente convirtiendo en un sujeto buhoneríl, tanto en la práctica como en la actitud de vida. Eso lo puede corroborar quien vaya un fin de semana al mercado del Cementerio, en Caracas, o al mercado de los Guajiros, en Valencia o a Maracaibo o al de Acarigua. O apenas trate de detenerse en un semáforo para que experimente cómo los vendedores ambulantes se caen, literalmente, a empujones entre ellos para venderle una bolsa de tomates o de aguacates o un matamoscas eléctrico.
Ya no queda sitio en este país donde la acción buhoneríl esté despejada. Todo ha sido ocupado por una horda de hambrientos vendedores quienes luchan en su frenesí para lograr vender aunque sea una “mano ‘e mamones”.
Pueda que los países europeos o Japón, Canadá o Australia sean sociedades capitalistas, pero obviamente están organizadas y tienen sentido estético y ético en sus relaciones humanas, aunque sea de “utilería”. Pero en Venezuela se vive y se respira un capitalismo absolutamente salvaje, inhumano, agresivo, comercialmente abusivo, sin moral ni principios, salvo el que dicta el sonido del dinero.
Además, las leyes, ordenanzas y normas que existen en la jurisprudencia venezolana se convierten en letra muerta cuando de cumplimiento se espera. El comerciante venezolano, ex pulpero de pueblo, se malacostumbró a obtener más del doble de ganancia en la venta de sus productos. Por otra parte, la figura del revendedor, que usted observa por doquier, ha contribuido a encarecer los productos básicos de la dieta del venezolano.
Frente a esta dantesca imagen del salvajismo capitalista el ciudadano común está atado de manos frente a esa avalancha de seres que día a día engrosan las filas de la buhonería nacional.
Por lo demás, la actitud del buhonero parece similar a la del minero: nunca establece un lugar fijo ni definitivo. Va de espacio en espacio alterando absolutamente todo el entorno sin jamás aportar nada positivo a quienes habitan los sitios que ellos invaden. Se les reconoce por los tarantines que levantan: chozas de plástico, andamios de alambre, tablas como mostradores improvisados, vías de acceso interior tan estrechas que se debe transitar casi de lado. En fin, esa improvisación ha saltado desde hace tiempo, años, a la memoria del venezolano y se ha vuelvo estrategia de Estado. Por eso las soluciones jamás pueden ser definitivas. Por eso el gobierno improvisa “operativos” como soluciones espasmódicas: operativo navidad, 2011; operativo carnaval, 2010; operativo Semana Santa, 2009; operativo vacaciones, 2008; operativo cedulación, 2007; operativo escolar 2006; operativo mercado, 2005, sin establecer planes definitivos para superar esta mentalidad de “tránsito” que existe en el enredo ideológico de los líderes del gobierno del Estado.
Ciertamente que la actualidad económica venezolana en modo alguno es la de un sistema socialista. No puede serlo porque si viviéramos bajo ese sistema, después de 13 años de este gobierno, ya estaríamos por experimentar, al menos, la seguridad social y el orden riguroso que se observa desde el aula de clase, la fábrica de producción y la familia. Por el contrario, y como lo hemos estado escribiendo desde hace más de 15 años, el Estado venezolano en la práctica dejó de funcionar y en la actualidad existe un gobierno de mentalidad marginal que actúa exactamente como un buhonero.

(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

sábado, agosto 06, 2011

Gobierno de papel


Entendamos de una vez esto: El gobierno del Estado venezolano es una gigantesca máquina de propaganda política! Y para ello quienes están en la dirección institucional se desempeñan como vendedores para promocionar el producto más acabado que tienen: la imagen del presidente. Así debe entenderse y no de otra manera. Las disquisiciones sobre si este es un gobierno de izquierda, socialista, comunista o de otra índole, está en un segundo plano. Tanto mejor para los intereses de propaganda del gobierno si los ciudadanos se desgastan pensando y hablando sobre este u otros temas. Entiéndase que este gobierno no tiene intenciones de realizar obras de infraestructura que permitan a los ciudadanos una estabilidad socioeconómica o de seguridad personal. Apenas realizar proyectos y anunciarlos es la estrategia. Para eso se formaron. Quienes controlan el aparato del Estado pasaron horas, días, semanas, meses y años pensando, leyendo y discutiendo sobre teorías y eso es lo que saben hacer. El llamado izquierdismo venezolano es de tendencia pequeñoburqués y medró a la sombra de los gobiernos anteriores, bien alrededor de los centros culturales, bien en las universidades o bien en la célebre República del Este. De manera excepcional el más importante crítico literario del siglo XX en Latinoamérica, Ángel Rama, lo menciona de forma casi profética. En su diario aparecen nombres de personajes que en la actualidad forman parte del gobierno y que en los años ´70 y ´80 estaban “asociados” a la maquinaria intelectual de los gobiernos tradicionales.
Por tanto, no podemos afirmar que este sea un gobierno diferente. Es, por el contrario, la decadencia de un modelo que ofreció ciertos adelantos y posteriormente, a finales de los años ’80 comenzó un imparable desastre del Estado con la desarticulación de todas sus instituciones y ya lleva cerca de 20 años en una degeneración inocultable. La actualidad en modo alguno es un socialismo ni mucho menos comunismo. Es un manejo con mentalidad marginal de la Cosa Pública. Las soluciones se hacen de manera improvisada como se comenzó a hacer en los gobiernos que actuaron en las dos últimas décadas. Esto es una continuación de un sistema de administración del gobierno del Estado que dejó de funcionar hace ya varios años. No es posible pedirle a este gobierno que solucione nada pues en la estructura mental de sus dirigentes no está instalada la capacidad gerencial ni la voluntad política para hacerlo, mucho menos el sentido de vocación de servicio ni mística de trabajo grupal.
Lo que sí saben hacer es generar propaganda: congresos, encuentros, seminarios, talleres, mesas de trabajo, reuniones políticas, paradas militares, celebraciones, cadenas informativas, declaraciones de principios, apoyos internacionales, diseño de estrategias en salas situacionales. En fin, es un tipo de venezolano formado en los años ’50, ’60 y ’70 y que ha influido en gran parte de las nuevas generaciones. Son los llamados “picos de plata” o “cabezas calientes”. Para todo realizan círculos de discusión. Están informados sobre todo y son capaces de hablar de cualquier tema como el más concianzudo especialista en la materia. Pero como todo teórico formado bajo el esquema stalinista, primero someten a discusión sus ideas a la camarilla de los cuatro o cinco incondicionales del equipo, y una vez tomada la decisión, la ofrecen a la “masa” para que ella apruebe y todo se vea como una decisión de la mayoría. Bajo este esquema se iniciaron en Venezuela y el resto de los países de este subcontinente, los partidos socialdemócratas y democratacristianos. Una estructura de cuadros con una sólida línea que venía impuesta desde arriba, por el líder o caudillo.
Bajo esta óptica es muy cuesta arriba sustituir este modelo que lleva cerca de 60 años en la memoria del ciudadano venezolano. La posibilidad que queda para poder enfrentar esta máquina de propaganda estriba en dos líneas de acción: por una parte, contrarrestar la calculada, pensada y mil millonaria propaganda proselitista del gobierno del Estado con hechos concretos que permitan a los ciudadanos optar por cambios reales y posibles. En ello los gobiernos regionales y municipales de oposición tienen una participación de responsabilidad histórica. Lo otro es presentar al ciudadano venezolano la imagen de una Venezuela posible, renovada, positiva, inclusiva, donde hasta los grupos comunitarios del oficialismo que creen en su líder, tengan la posibilidad de acceder y participen sin ser vistos como renegados. Al fin y al cabo esos grupos que viven en los pueblos, caseríos y zonas apartadas del país, sufren también las calamidades de un gobierno déspota, mentiroso y pícaro, y tienen derecho a participar en la construcción de una nación democráticamente participativa, comunitaria y solidariamente compasiva.
(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

viernes, julio 29, 2011

Universidad y pensamiento conservador


Qué propone y (sobre todo) qué hace la universidad por una sociedad mejor? Nada. Josu Landa. Miseria de la universidad.


Lo que sigue a este epígrafe de Landa, dice así: “Y aquí es donde puede radicar una de sus más graves amenazas. Porque, una institución que, lejos de superarse, empeora gradualmente, y, para colmo, no se compromete con el destino histórico del país es totalmente indefendible”. A más de veinte años de semejante afirmación la universidad republicana, democrática, autónoma y pública parece toparse de frente con su destino.
Lo más grave no es tanto la tradicional intromisión que los distintos gobiernos del Estado, en diversas épocas de la historia universitaria, han intentado hacer con los asuntos de la universidad. Lo delicado es la creciente parálisis de una academia (investigación, extensión y docencia) que no parece tomar en cuenta las reales necesidades de una sociedad que a gritos reclama de la universidad y los universitarios participación proactiva, verdadera y solidaria en su desarrollo como comunidad integral, integrada e integradora.
Ha habido (-cada vez es menor) participación de universitarios en la gestión comunitaria, en la concreción de proyectos tangibles; pero la universidad venezolana, como un todo y en sí misma, es un desecho académico de ideas conservadoras y decadentes. Apenas un ejemplo: el área académica de investigación en la práctica realiza proyectos que responden generalmente a un interés individual (-de quien propone y ejecuta el proyecto) y no institucionales y menos comunitarios. De esta manera se pueden apreciar una serie de muy buenos proyectos, la inmensa mayoría financiados con dineros que aporta el Estado, que van a promover ideas individuales, personales o en el mejor de los casos, grupales (centros de investigación). Desde el punto de vista del interés social esta serie de investigaciones pocas veces parten de la indagación con el entorno social. Repito, es raro, extremadamente raro que un investigador se plantee iniciar un estudio a partir del entrelazamiento de sus ideas con la contrastación y constatación de la experiencia comunitaria. Esto, obviamente, tiene una razón de ser: la visión del denominado fenómeno de investigación. Y esta simple cuestión responde a un modelo filosófico-ideológico y de praxis política donde el universitario ve al mundo (e indudablemente a los seres humanos) como un objeto y no como sujeto. Esta mirada deviene razón ideologizante (razón y mirada positivista y neopositivista) que no podrá superarse mientras en las teorías de investigación se adiestre al investigador para que asuma al Otro como instrumento de uso.
Por esta y otras razones, en la universidad republicana, democrática, autónoma y pública las investigaciones deben ser siempre institucionales. Deben responder a necesidades del entorno comunitario. La razón: las investigaciones de carácter institucional-comunitario obligan a pensar y generar esfuerzo intelectual y físico, permanente indagación en el entorno industrial, empresarial, sociosanitario, cultural, deportivo, entre tantos sectores necesitados y urgidos de asesoría académica integral, integrada e integradora.
No creo que la crisis actual de la universidad se resuelva tan sólo con el aumento de su presupuesto ni menos con una discusión de claustro sobre su autonomía, que también debe adecuarse a la realidad. Porque la autonomía no es sólo de carácter territorial. La universidad es mucho más que una hectárea de terreno. Es, sí, de territorio cerebral, intelectual y de compromiso comunitario.
Casi de espaldas a la sociedad la universidad es un fantasma académico que a nadie asusta ni interesa. O sí, como dice Josu Landa: “Una universidad indefendible es, precisamente, la víctima potencial que andan buscando los hipócritas “reformadores” de siempre (para no reformar nada, por supuesto) pues, no pueden hacerlo los portadores de los mismos vicios que han hundido históricamente a la universidad en el caos“
(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

sábado, julio 23, 2011

Universidad y marginalidad


Generalmente se relaciona a la marginalidad con desnutrición, desempleo, analfabetismo e insalubridad. Esto, que no deja de ser cierto sin embargo, no es totalmente correcto. La marginalidad es fundamentalmente un estado mental. Así como suele identificarse tradicionalmente los sitios donde anida la marginalidad alimentaria y educativa, los barrios. También existen lugares donde otro tipo de marginalidad encuentra cobijo: urbanizaciones, gobernaciones, ministerios, partidos políticos, cuarteles, iglesias, mezquitas y conventos, cámaras de comercio, industrias, universidades.
Las investigaciones que se han llevado a cabo sobre la marginalidad le han señalado a ésta una vinculación con la totalidad del desarrollo humano. De esta manera encontramos que frente a la tradicional marginalidad por desnutrición material e insalubridad, coexisten otras formas de marginalidad, como aquella intelectual, académica, psicológica y espiritual. Son seres “desnutridos” de formación y afecto. Por ello sabemos de profesionales quienes denotan en su ser y hacer maneras cercanas o propias a una profunda marginalidad intelectual. Pequeñeces expresadas en la falta de análisis crítico frente a un texto, cuando no se es capaz de comprenderlo más allá del desciframiento en sus códigos lingüísticos. Esta marginalidad se refuerza en los centros de educación superior, donde una pequeña porción de docentes y parte del personal rectoral adolecen de los instrumentos teóricos de reflexión sobre los procesos educativos, que les permita entender la vida universitaria y nacional para fortalecer la memoria cultural en los estudiantes, quienes esperan la palabra, soportada en lecturas y discusión reflexiva, de los docentes y sus autoridades. Pareciera que estos marginales poseen mayor responsabilidad que aquellos quienes ni siquiera tienen qué comer.
Es cierto que este tipo de marginal es difícil detectarlo, pues se cubre de fino ropaje y olorosos perfumes para parecer doctos en “sapienza” y reflexión. Son algo así como la historia del “diente roto”. El país universitario concentra en su dirección institucional una minoría de débiles mentales a la espera de ser recomendados para nuevas posiciones gerenciales en bien de grupos de compadrazgo quienes confunden malintencionadamente, entre política académica y política partidista, las directrices del pensamiento intelectual de lo “universitas” que guía toda acción académica universitaria que se precie de enriquecer el Alma Mater en sus cimientos espirituales.
Esta confusión, esta marginalidad intelectual y espiritual, está llevando a la comunidad universitaria venezolana a codificar un discurso elemental que lleva en la práctica a una especie de “operativos” institucionales para recabar fondos, por ejemplo, que permitan la estructuración de la planta física, la improvisación de instalaciones en locales notoriamente antipedagógicos e insalubres, la contratación de personal sin las calificaciones para ejercer tan alta responsabilidad educativa.
La universidad es uno de los escasos espacios donde aún se encuentran mentes que dignifican con su ser y hacer la tradición y el rostro autónomo de un pensamiento intelectual, científico y humanístico que da fundamento al desarrollo integral de la mujer y hombre venezolanos.
La universidad republicana, autónoma, pública y democrática ofrece al país cerca del 80% del esfuerzo intelectual en conocimiento aplicado en investigaciones de primerísima línea. Ha sido la Casa del Saber donde la libertad de pensamiento ha formado la clase dirigente, económica y política de la nación.
Por todo esto, mantener silencio frente a esa minoría de marginales intelectuales académicos universitarios, que además son desnutridos de afecto y solidaridad humanas, y quienes con certeras estrategias clientelares se han apoderado de la universidad venezolana, es hacerse cómplice del estado de indefensión y abandono en que se encuentra la mayoría de la población nacional.
Todo universitario, intelectual, académica y espiritualmente formado en valores y en la tradición más sublime del alma venezolana, no puede permanecer en silencio frente al oprobio de quienes están dañando la trayectoria de lucidez y dignidad que posee la universidad venezolana de siempre.
Permanecer en silencio hoy es poco menos que cobardía y autoengaño.

(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

sábado, julio 16, 2011

PRAN


La nuestra es una sociedad que no sólo es violenta en cuando a sus maneras de relacionarse físicamente, también lo es en cuanto al uso de un lenguaje que le sirve para reforzar esa violencia que día a día imprime en sus actos la marca de una sociedad altamente agresiva. En este sentido valdría la pena transcribir parte de un trabajo realizado por un grupo de mis estudiantes, hace varios años, quienes al estudiar el lenguaje entre policías y antisociales, se encontraron con los siguientes hallazgos: Antisocial: “-Pendiente que vienen los power ranger y segurito se enamoran de nosotros esos m…” Policía: “-¿En dónde viven y qué hacen aquí? Se montan en la patrulla y no digan nada” Antisocial: “-No me monto polque yo no he hecho nada, ¡Ojo!”. Policía: “-Entonces qué haces aquí? Tronco ‘e rata!, sarnoso. ¿Qué están esperando? ¿A quién van a desvalijar pa’ compral sus dulces? Antisocial: “-Eso no es peo de ustedes, payasos. Vayan pa’ un cilco a ver si consiguen real extra, brujas” Policía: “-Ah! Te la das de alsao. Vamos a ver quién te va a soltar. Vamos pa’ tu cueva. Rata pelúa”.
Como se puede observar en este diálogo, es similar la forma como se comunican, tanto antisociales como policías. Mientras en los primeros se muestra una especie de “locura moral” y en consecuencia la estructuración de un lenguaje cuyos códigos obedecen a una moral que aparece al margen de toda norma socialmente aceptada. Por su parte, el lenguaje mostrado por los policías (custodios de la moral y las buenas costumbres) bordea los límites mismos de esa moral que han jurado proteger. Es un lenguaje que de tanta cercanía con la de los antisociales deviene sumatoria de un léxico que afirma en la práctica la violación de esa moral y buenas costumbres dadas en resguardar. Por tanto, se intenta detener la violencia con el mismo tipo de violencia usada por los antisociales.
El discurso de la Ley, en boca de los policías, es básicamente un discurso de la agresividad, de un tipo de violencia amparado por normas y procedimientos, a más del uso de todo tipo de armas y sobremanera, un lenguaje que muestra procederes cargados de códigos donde el insulto y la degradación de lo humano están en la “punta de la lengua” de los garantes de la Ley y el Orden.
Por su parte los antisociales mantienen una carga idiomática que permanentemente se debe estar construyendo. Esto porque necesitan estructurar maneras de comunicación cifradas para no ser detectadas por los policías. Merece la pena indicar que entre la población venezolana, más de un 40% se encuentra en situación de pobreza. De ese porcentaje, cerca de la mitad está en pobreza extrema o atroz (realiza una comida “caliente” una vez a la semana). Esto indica que una parte significativa de la población nacional está al margen de la sociedad: es una sociedad potencialmente marginal. En consecuencia, además de las condiciones socioeconómicas y educativas atroces por las que atraviesan, se deben añadir las ínfimas e inadecuadas construcciones idiomáticas que conllevan al uso de un lenguaje que trae en sus procesos comunicativos, estructuras fonéticas, morfosintácticas, semánticas y pragmáticas que fortalecen en sus imágenes otra moral y por tanto, valores, usos y costumbres que paulatinamente se extienden al resto de la población.
La única manera de revertir esta situación, si es que existe, es reforzando la estructura educativa nacional, fortaleciendo los valores de la tradición venezolana para lograr que toda la población pueda entenderse cuando se comunican.
Como ejemplos de lenguaje o código de antisociales, devenido uso casi generalizado, podemos indicar esta muestra: Pran: (Preso rematado asesino nato) Jefe de grupo de antisociales en un penal. Carro: lugarteniente del Pran. Agua: Cuando se va a realizar una requisa en los pabellones. Piragua: armas blancas hechas por los antisociales de la vigas y barrotes. Niple, Chopo, Choponiple, Morocha, Boqueta, Camburcito, Cambúr, Plátano: tipos de armas caseras que fabrican o armas de fuego que, dependiendo de su tamaño, se les denomina. Bubalú: ranchitos que construyen en los pabellones de las cárceles. Cuadras: varios ranchitos. Chicho: persona que es protegida. Parroquia: persona de una misma zona.
Lo que parece estar haciendo casi irreversible la asunción e imposición de un tipo de lenguaje caracterizado por la violencia, son las estructuras idiomáticas tan dinámicas de un tipo de lenguaje que, como fenómeno social, se fortalece en sus imágenes, tanto acústicas, visuales, auditivas, táctiles y hasta olfativas y que transmite otro discurso, cargado de valores y principios (anti) éticos y morales, donde la solución a la dinámica comunicativa son la violencia y agresión física, psicológica y espiritual.
Sobre este tema, autores como Bernstein, Holliday, entre otros, han estudiado ese fenómeno sociolingüístico afirmando en sus conclusiones el necesario fortalecimiento de la educación idiomática y la educación en general, si queremos preservar el sentido mismo de la sociedad que con tanto esfuerzo y durante siglos hemos construido, y donde nos hemos reconocido como seres formados para vivir en libertad, y en la seguridad de poseer un lenguaje que afirme el sentido de la vida y los principios de la ética y la estética.
(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

sábado, julio 09, 2011

Creer en el hombre


No podemos evitar que los pájaros del dolor y la tristeza sobrevuelen nuestras cabezas. Pero sí podemos evitar que aniden en ella. Proverbio mongol.


Vamos por el mundo cargando nuestra desnudez del alma. Agotados por los fallidos intentos de cercanías que se distancian en cada encuentro, siempre alzamos nuestra pesada y gigantesca roca de insatisfacciones para lograr sobrepasar esa tan intensa manera de sentir a los demás. Sus voces, sus destinos y sus deseos de seguir adelante. Nos acercamos en los acordes de una melodía que luego seguiremos escuchando en nuestra mente y nuestra piel. Repetida en cada lugar visitado. Mentir la soledad que poseemos es una actuación en nuestras vidas. Decir siempre que todo está bien. Que nuestras vidas están “bajo control” se ha vuelto una construcción que de tan gastada ya sabemos que en boca del enunciante es una tierna mentira. Una manera de gritar la soledad que nos envuelve. La circunstancia que lleva a sentirnos caminando por las sinuosidades de senderos gelatinosos, endebles. Donde la presencia del Otro es una pista para sabernos atrapados en el desamor de destinos que se comparten en las circunstancias de vidas socialmente establecidas. Más allá del encuentro mundano no parece haber sitio para la desmesura del amor trascendente. Ese que colma el alma porque nutre la mirada ingenua de la ternura de una existencia que desea estarse en los abrazos. Por ello más allá de las superficialidades de la vida objetiva de la política y sus relaciones queda la añoranza por satisfacciones que justifiquen, le den sentido a nuestro más profundo sentimiento de seres humanos. De otro modo no tiene sentido la vida y sus tribulaciones sino existe la “gioia”, la alegría de vivir en el estremecimiento de los días que siempre son diferentes cuando se nutren de vivencias significativamente trascendentes.
Entonces sabemos que siempre habrá otro amanecer de nuevos cielos. Y creeremos que son nuevos y, por lo tanto, diferentes. Mas es la vida nuevamente vivida ad infinitum, hasta lo imposible. Tanto que ya no sabemos cuándo iniciamos este viaje al interior de nuestras vidas. Donde todo centro es distancia y desalojo, vacío y a la vez quebradizo.
Por todo ello es del hombre, del semejante de quien recibimos las mayores tristezas… pero también las mayores alegrías. No es un árbol ni un gato ni una piedra que colmarán la plenitud del alma. Es nuestro semejante. Ese ser que de tan cercano a nosotros deviene nuestra propia imagen. Por eso Dios se parece tanto a nuestra sonrisa, a nuestras ternuras y también a nuestras manos que labran cada día, de manera anónima, este destino nuestro y de todos.
Ahora que toda una comunidad de seres humanos agrupados en un territorio dado en llamar Venezuela, sienten que sus raíces, sus fantasías, sus símbolos y sus leyendas son motivo de disputa y de discordia, es imprescindible afirmarse en el Otro, sea semejante o diferente. Ese ser tan cercano. Ese que pasa a nuestro lado y que sabemos anónimo, pero que en su silencio o sus gritos, sus alegrías o tristezas, sus movimientos y gestos, nos dice que comparte con nosotros la duda, la ansiedad, la soledad, la desdicha… pero también la pasión por seguir adelante.
Siempre ha sido y será más importante el individuo, su ser, por encima de construcciones como patria, nación o república. Siempre será más trascendente el hombre: ese individuo que cruza la calle, o aquél a quien le preguntamos “qué hora es”. O la señora que cruza con sus bolsas del mercado la transitada avenida. La vida del hombre es más sencilla y normal de lo que muchos pretenden creer. La vida del hombre que se junta con el otro y forma una comunidad también es necesaria. Pero hasta ahí llega la realidad específica, concreta entre los mortales y silvestres hombres.
No existirá jamás en el mundo algo más importante que el hombre y sus cercanías. Por eso debe verse el proceso sociopolítico que vivimos en este país como una etapa más dentro de la larga y fructífera experiencia del hombre llamado “venezolano”. Cuando los líderes de un país alargan sus discursos más allá de la normalidad, el hombre común se interna en su ser y prefiere explorar su entorno inmediato: el juego del dominó, el certamen del miss Venezuela, la novela de las 9, el fútbol. Las discusiones del momento, la comida y la bebida. Si queda tiempo para perder, entonces se pasa a ridiculizar las acciones de lo “político” pues se sabe homo sapiens que habita en la polis. Lo demás es pérdida de tiempo y un accidente intrascendente en la larga e infinita existencia del ser venezolano. Más importante es amar, trabajar y afirmarse en el semejante.

sábado, julio 02, 2011

Pobrecito


Posiblemente la palabra mágica para una gran cantidad de ciudadanos sea esta que ilustra nuestro título. Con ella se accede a casi todos los espacios de la administración pública y también privada. La imagen asumida por aquel triste espectáculo que trajo como consecuencia la figura del “Juan Bimba”, estructurada en los albores de la era democrática.
Hacerse sentir “pobrecito” es sinónimo de lástima, de una solidaridad mal entendida entre millones de venezolanos quienes hemos tenido en los líderes políticos sus mejores maestros. Así, cuando se accede a una institución gubernamental para realizar algún trámite inevitablemente se desemboca, frente al funcionario que nos atiende, en un intercambio comunicativo impregnado por una absoluta emocionalidad. Siempre se busca el subterfugio para la evasión de la responsabilidad bajo maneras de explicar las situaciones que ofrecen una solución particular, personal, de amiguismo que hace aparecer a la institución, sobre todo las públicas, como las causantes del problema. Tanto usuario como funcionario aparecen como detractores de las instituciones, bien que ellas no prestan el servicio de manera eficiente, bien que exageran las multas, impuestos o solicitud de documentos. En tanto unos y otros aparecen como víctimas de una situación que les es ajena y donde el Otro es el culpable. Semejante concepción de la responsabilidad, bajo una óptica del emocionalismo, ofrece una pobre y lastimosa actitud como adultos pensantes.
La mentalidad del pobrecito está asociada a minusvalía: -Pobrecito, es que no tiene para cancelar; -Pobrecito, es que no tiene casa; -Pobrecito, es que lo aplazaron en el examen; -Pobrecito, es que no tiene trabajo; -Pobrecito, es que no tiene tiempo; -Pobrecito, es que no sabía; -Pobrecita, es que la dejaron sola; -Pobrecito, es que no sabe leer ni escribir; -Pobrecito, es que está enfermo. Y esta enfermedad del presidente se está manejando desde esa óptica. No estamos con esto negando el valor que tiene la emocionalidad como generadora de inteligencia. Es su uso en situaciones donde debe imperar la racionalidad y la obediencia a las leyes, normas y reglamentos, que estructuran las relaciones entre el Estado y los ciudadanos. Más si este es el jefe del gobierno del Estado.
Las sociedades avanzan cuando sus líderes son capaces de sobreponerse a las trivialidades, a las banalidades intrascendentes de quienes esperan que otros les resuelvan sus problemas. Esta actitud del pobrecito, de dar lástima para esperar alguna retribución, impide que los ciudadanos se fortalezcan psicológica e intelectualmente y avancen como sociedades adultas. Un rey, un tirano, un dictador, un presidente nunca han resuelto nada solos. Somos los individuos, en la diaria y constante tarea de la actividad del trabajo eficiente, quienes a lo largo de la historia hemos sabido encontrar las soluciones a nuestros problemas, individuales y colectivos.
En estos años terribles debemos estar atentos y ser objetivos y críticos con nuestros líderes. El presidente aparece ahora con voz baja, de hombros caídos, con poco lenguaje gestual, con pocas inflexiones y semánticamente con un discurso orientado a la paz y la concordia. Tiene un “plomo en el ala”. Políticamente ya es pasado, y sabe que pronto aparecerá quien le sustituya, pero ojo: no olvidemos que actúa las 24 horas como un político. Maneja su enfermedad políticamente! Y lo hace de la manera más ancestral posible: dando lástima para lograr por lo menos solidaridad humana, es decir; neutralizar a quienes están indecisos frente a fijar posición crítica y adversarlo por su actuación frente al gobierno del Estado.
En las sociedades emocionalmente adultas el líder es necesario sólo cuando los anónimos ciudadanos tienen aspiraciones más allá de sus tareas fijadas por la cotidianidad de la vida. El líder es proyección anónima que deja salir su pasión y (se) a-sombra (salir de la sombra) de lo que es capaz de ser y hacer.
(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

viernes, junio 24, 2011

El sentido ético del lenguaje


Desde hace siglos hemos sabido que todos los textos antiguos han hecho referencia a la palabra como iniciadora de la vida. Desde el Libro de los muertos, egipcio; el Chilam Balam, de la cultura maya, hasta la Biblia, indican al “verbo” como instrumento de creación, iniciador de la corriente de la vida. A través del lenguaje el hombre se hizo tal y se reconoció en su ser. De esta manera afirmamos que los seres humanos existimos esencialmente en el lenguaje. Somos seres lingüísticos. Lo que somos y seremos está circunscrito a la esencia, a la ontología del lenguaje. Lenguaje es certidumbre de ser.
En este sentido se entiende que la realidad del lenguaje es el hombre mismo. De ello se desprende la coherencia entre pensar, hablar y hacer como esencias que determinan el estado ético (ethos). Lenguaje es en esencia acción que determina la existencia del pensamiento y de la realidad misma. Esta existe a través del lenguaje y también en cuanto tal. El devenir del lenguaje está íntimamente vinculado a la naturaleza humana. Por ello podemos entender que los actos de habla son manifestaciones de una misma y única esencia que se encuentra en la intimidad misma del ser. Hablamos porque tenemos necesidad de existir, manifestar nuestro interés de vida. Esa es la intencionalidad que está presente en todo acto comunicativo.
Más allá del desencadenamiento de la secuencia discursiva está presente el sentido subversivo del lenguaje. Este es por naturaleza una realidad cambiante, transformadora y reveladora de estados de existencia múltiples. La sola enunciación de una secuencia grafémica desencadena una riqueza energética que causa una reacción en quien la recibe. De allí que las palabras golpean, estremecen nuestro ser hasta cambiarnos, transformarnos. La posibilidad de perpetuar ese estremecimiento inicial depende del individuo y sus palabras.
Hablar entonces es una experiencia siempre única y cambiante. Previo a su decodificación, a su traducción semántica se encuentra el estado del disfrute, el goce de enunciar, de sentir cómo las palabras emergen del fondo de nuestro ser como incandescencias que nutren y muestran lo que somos: una infinita inaccesibilidad, esencias libres que jamás podrán ser aprisionadas. Puede el hombre en lo individual ser apresado, encerrado; su ser, su esencia primigenia como realidad lingüística serán siempre inaprehensibles. Y esto es mejor que sea así, de lo contrario caeríamos en la fatalidad, en el extravío existencial que preludia la desaparición del ser. No olvidemos que existimos porque fuimos nombrados, categorizados como especie que pudo, a través del lenguaje, traspasar la barrera de la elementalidad y construir, a partir de la ideación, aspiraciones de vida, utopías señaladas por el lenguaje.
En estos tiempos terribles, catastróficamente agramaticales y cuasi apofánticos, sólo el lenguaje nos proporciona la certidumbre de una existencia más allá de lo doméstico donde la sencillez de la vida se comparte entre los escasos seres que aún, después de siglos y edades, continuamos compartiendo entre diálogos y monólogos, ese sabor y saber de pronunciar la realidad de una encantadora palabra.
Finalmente es menester indicar que todo acto comunicativo tiene un interés, una razón político-idealógica y filosófica, razón por la que el hacer discursivo del hombre discurre entre una comunicación estratégica, perlocutiva y una aspiración de comunicación ético-argumentativa.
En ese borde, en ese quiebre ético se encuentran los políticos, los hacedores de la economía, los practicantes de los cultos, y también los uniformados de la milicia y los herederos del “catre” (catedráticos).
(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

l

domingo, junio 19, 2011

Educación marginal


Por los años ’80 escuché una información que venía de Italia. Era sobre un asesinato en una universidad del sur, creo que en la Universidad de Messina. Un estudiante había sido inculpado por la muerte de un profesor. El joven confesó que lo había matado porque el docente se negó a colocarle una nota aprobatoria. Fue todo un escándalo y movió la raíz de la decencia de la sociedad italiana hasta lograr que el Estado, a través del sistema judicial, bajo la consigna de “Mani Pulite” (manos limpias), controlara las mafias y saneara el sistema educativo universitario.
Indicamos esto por unos comentarios escuchados en estos días a varias docentes universitarias quienes me han confesado sus vivencias en la universidad. Una de ellas tiene en su sección a un estudiante, que al decir de sus compañeros, está siendo buscado por la policía. Esto es; un malandro que se le ocurrió inscribirse en la universidad. Pero la particularidad de esto es que quiere pasar todas las materias sin ir a clases. Le comentó a la profesora que estaba repitiendo esa materia y estaba molesto con la anterior profesora quien, como prueba para ver si lo aprobaba, lo puso a leer en voz alta una página de un libro…y no pudo hacerlo. La policía lo va a buscar pero como no pueden entrar, lo esperan a ver si sale. Él se queda hasta bien entrada la noche, esperando que los policías se cansen y se vayan. Las cosas andan así por casi todos los centros universitarios del país. A otro docente lo tienen amenazado de muerte. Estos dos casos se presentan en la sede de la Universidad Nacional Experimental de Guayana, en Ciudad Bolívar. Los estudiantes malandros introducen armas de fuego en morrales. De esto han sido testigos, no sólo docentes, también estudiantes y personal administrativo. Hace meses asesinaron a la hermana de una jueza en esa ciudad, por error. Debían matar a la jueza. Varios indicios indican que uno de los involucrados estudiaba en la Uneg. También está el triste caso de una docente del núcleo de la Universidad de Oriente, en San Félix, quien se negó a aprobar a un estudiante. Por venganza varios individuos, entre ellos el mismo estudiante, se introdujeron en su casa, amordazaron a sus hijos y cuando ésta entró, la golpearon y violaron frente a sus hijos, y después, se llevaron todo su mobiliario. La profesora debió renunciar y se fue de la ciudad. Otro caso fue la destrucción de la casa del profesor universitario, de la Universidad Nacional Experimental Antonio José de Sucre, sede Barquisimeto, donde unos supuestos estudiantes, a mandarriazo limpio, acabaron con esa edificación. A la fecha no hay detenidos ni inculpados ni menos procesados por este delito. En otras universidades, como son: Universidad Pedagógica Libertador, sede Maturín; Universidad de Oriente, núcleos Sucre, Puerto La Cruz y Maturín; Universidad Francisco de Miranda, entre un largo etcétera, se está haciendo “normal” los asaltos a las aulas, laboratorios, canchas deportivas y espacios culturales, donde los malandros se introducen y roban, tanto a los estudiantes como al docente. Igual ocurre en los estacionamientos, donde se roban y desvalijan vehículos.
No estaríamos en contra de la educación del malandro que quiera adjurar de su condición y dedicarse a la vida universitaria. Es que quieren, a lo mero macho, y por la violencia, de palabra y de hecho, su título académico. Alertamos además, sobre esto: usando una estrategia de violencia verbal, en varias universidades ciertos estudiantes han accedido al liderazgo político. Se está observando que en estos escenarios algunos de ellos caen inmediatamente en los hechos de violencia física. Se agrede ahora no tanto con golpes sino con el uso de armas de fuego, cabillas y otros objetos contundentes.
El lenguaje absolutamente informal y callejero se introdujo en el aula universitaria, en los pasillos de la Academia y se está instalando en las oficinas, cubículos y casi está tocando la puerta de las máximas autoridades universitarias y hasta de los consejos universitarios. Se observa en el lenguaje kinésico y verbal cuando algunos de estos dirigentes son entrevistados por los medios de comunicación. Casi no se diferencian de aquel lenguaje en boca de ciertos y escasos, aún, miembros de la comunidad universitaria corrompidos.
(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

sábado, junio 11, 2011

Una nueva actitud


Hace tiempo recibí por correo electrónico un escrito sobre el por qué algunos países son ricos y otros pobres. Japón, por ejemplo, no tiene mayores riquezas naturales, su suelo es muy pobre. Sin embargo, es una de las diez economías más ricas y prósperas del mundo. Su sociedad mantiene una expectativa de vida que supera en promedio los 85 años. Australia es un país relativamente nuevo. Su sociedad se estableció en esa inmensa isla, inicialmente una gigantesca cárcel del imperio británico, con los convictos y la escoria inglesas. Sin embargo, en poco más de doscientos años se presenta como una fuerte economía, de las más desarrolladas, al igual que Nueva Zelanda, cuya base de sustentación es la cría de ovejas. Suiza no cultiva cacao ni tiene puertos. Sin embargo, es el país que exporta la materia trabajada del cacao en miles de formas y modelos de presentación de su ya centenaria industria del chocolate y con una de las mayores flotas mercantes del mundo. Pero ¿qué hace de estos y otros países ser lo que son: sociedades altamente desarrolladas económicamente y con un nivel de vida que es la envidia de muchas naciones? Sucede igual con Italia, Alemania, Canadá, Corea del Sur, Suecia, Finlandia, entre otras. La respuesta parece estar en la ACTITUD PROACTIVA que muestran las mujeres y hombres, y no tanto en los altísimos niveles de escolaridad y de protección social a sus comunidades.
La actitud proactiva que un individuo mantenga frente a situaciones que en un momento de su vida le sean adversas, parece ser la diferencia entre ser pobre o ser rico. Por eso, no es tanto la abundancia de poseer bienes materiales y altos estándares de riqueza social para sentirnos satisfechos y seguros, individual y colectivamente, como la actitud proactiva que se tenga frente a la vida.
Algunas veces nos sorprendemos gratamente cuando nos enteramos de las victorias de alguno de nuestros compatriotas quienes obtienen triunfos fuera de nuestro país. Deportistas galardonados, profesionales de las ciencias y la tecnología quienes reciben distinciones por sus logros en investigaciones de altísimo nivel académico, artistas que reciben reconocimientos por sus creaciones. Pero ¿por qué no pudieron hacerlo en nuestro propio país?, nos preguntamos. Son sencillos venezolanos, comunes ciudadanos que estudiaron en escuelas, liceos y universidades públicas. Entonces, ¿por qué triunfan cuando salen fuera de nuestro país y son siempre los más destacados? La respuesta es casi siempre la misma: porque han mostrado una actitud proactiva, positiva, de superación constante de su propia condición intelectual, psicológica y espiritual, junto con un entorno social que le permite desarrollar a plenitud sus potencialidades y habilidades.
Los nuevos paradigmas que se están construyendo en nuestro entorno cada vez prestan mayor atención al desarrollo de la persona, tanto como ser individual y sobre manera, como sujeto comunitario. En ello la actitud que se mantenga establece la diferencia entre ser pobre o ser rico.
La experiencia que vive en la actualidad la sociedad venezolana en su conjunto, no es tanto de orden político ni mucho menos económico. Es la actitud que cada uno de nosotros presenta frente a la cada vez más conflictiva realidad nacional. Por ello los conflictos (realmente delicados) no se superan quejándonos ni lamentándonos por nuestra “mala fortuna”, ni en discusiones estériles ni en denigrar del Otro-diferente a mí tratándole de “enemigo”, sino manteniendo una actitud proactiva de comprensión y reflexión lógica que permita superar positivamente esos conflictos, mostrando una actitud que pueda enriquecernos intelectual, psicológica y espiritualmente a todos por igual. Quizá esos errores, esos quiebres y esa manera de proceder en los liderazgos políticos, que nos parecen grotescos y que rechazamos, son un espejo que presenta nuestra imagen que nos negamos a reconocer. Mientras eso ocurra no podremos superar nuestra cuota parte de responsabilidad social.
Sólo una nueva actitud, que sea proactiva, integradora y que permita establecer acuerdos dentro de la diversidad de pensamientos, podrá construir ese venezolano nuevo, pleno, consciente de su destino y sobre manera, intelectualmente adulto y estable emocionalmente.

jueves, junio 09, 2011

Nanorrelatos




Pesadillas

Los sueños me eligen esta noche: se hizo presidente.

Nanorrelatos




Felicidad

Estaba escondida detrás de mis cicatrices, con lentes oscuros.

Nanorrelatos



Putas

-¿El amor? -Invento de hombres tacaños para cogerte gratis.

Nanorrelatos




Dios

Jugaba a los dados. Ahora prefiere la ruleta rusa.

Nanorrelatos




Perdido

El niño pintó un bosque y entró. Salió envejecido.

sábado, junio 04, 2011

Ladrar


Por estos tiempos en Venezuela se viven días difíciles. Tanto por la inseguridad como por los bajos sueldos, escasez de alimentos y pare usted de contar. Frente a esto también se ven por las calles de las ciudades y en cuanto semáforo y esquina y acera de este país exista, personajes que hacen cualquier cosa para obtener dinero.
Uno de ellos aparece en los centros comerciales de Puerto Ordaz ladrando. Le llaman El Jimmy. Joven de no más de 35 años. Ladra cual perro cuidador de supermercado chino. Visita los cafés de los centros comerciales pasando raqueta por las mesas mientras los parroquianos celebran y le piden un ladrido adicional. Entre ladrido y ladrido Jimmy se embolsilla diariamente cerca de 400 BsF. como mínimo. Si se suma esa cantidad por 20 días (pues les restamos los fines de semana de cada mes y uno que otro feriado) el perro…digo, Jimmy obtiene 8000 BsF cada mes. Prácticamente el doble del sueldo de un profesor universitario promedio. Que debe tener su título de pregrado, una especialización, maestría y estar en estudios doctorales, además de tener una experiencia mínima de 10 años como docente-investigador.
Pero anoche cuando ladró en el café donde estaba, en menos de 2 minutos, Jimmy recabó en una mesa 30 BsF.
Otro personaje de las calles de Puerto Ordaz es uno que se disloca el hombro para dar lástima. Tiene ya varios años apoderado de uno de los tantos semáforos del pueblo. Dar lástima es su profesión. Después, ya cayendo la noche, se va a la panadería más cercana a cambiar las monedas por billetes de alta denominación y quizá por la mañana entra al banco, como otros de su especie, para depositar. A una de las tantas panaderías también entra otro personaje, quien tiene una camioneta medio destartalada, pero vehículo al fin, que muchos quisieran tener, con bolsas de monedas para cambiar por billetes.
También hay otro personaje en San Felipe, capital de la tierra de María Lionza, quien tiene años paseándose por las calles del pueblo vestido de burriquita. Entre baile y baile ha levantado familia y vive de la gente. O los modernos maromeros que han copado los semáforos en todas las ciudades del país, echando fuego por la boca, lanzando pelotas al cielo o jugando con cuerdas y pines. Uno de ellos estudia ingeniería en la UCLA de Barquisimeto. Tiene su buen celular, usa zapatos y ropa de marca y está cerca de graduarse. También un ex-boxeador que con cuerda y todo, se ejercita mientras la luz roja detiene a los conductores. Estos y otros cientos de miles de personajes se han vivido la vida a costa de las sobras de quienes creen que darles una moneda de 1 BsF (-pues darles menos es casi una ofensa) es poca cosa.
El perro Jimmy quien recabó en una mesa, apenas en dos minutos, 30 bolívares se fue feliz con sus ladridos. Ya podía descansar por más de dos o tres horas, pues ese dinero, promediado en tiempo, le facilita descansar su pierna fracturada y su garganta. No tiene supervisor que lo amoneste. Ni tiene que levantar informes ni corregir exámenes, ni asistir a reuniones latosas, ni marcar tarjeta, ni pagar impuestos, ni buscar los cestatickets mensuales en la cola de la taquilla, ni pedir permisos, ni tampoco reposo médico firmado después de tener que madrugar haciendo las interminables colas del Seguro Social. Jimmy es un buen hombre que apenas ladra y la gente cuajada de la risa le extiende su hueso metálico. Son las sobritas de los incautos parroquianos venezolanos quienes, además de creer que están ayudando a un desamparado, expían sus pecadillos para subir al cielo.
(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

sábado, mayo 28, 2011

Haberes


Hace cerca de 30 años, mientras conversaba sobre el destino político de Europa y los Estados Unidos de Norteamérica, en un bar en Perugia, pueblo italiano del Pinturicchio y del Arco Etrusco, mi amiga Billy, la maestra de música anglocanadiense, hizo una afirmación que aún hoy, después de tantos años recuerdo con absoluta claridad: -Los EE.UU., son una gran nación, muy poderosa en su economía soportada en la tecnología militar, pero no son un imperio. Llegaron tarde al reparto del mundo por los imperios inglés, español y portugués, básicamente.
Y esto parece cierto porque, los imperios se caracterizan por tres condiciones básicas: imponen una historia, una lengua y una religión. Esto es, afirman su cultura en un suelo extraño donde eliminan todo vestigio de cultura anterior. El poder norteamericano, como tal, no se basa en una fuerza cultural. No posee una religión ni una lengua propia ni una historia mítico-simbólica que le permita perpetuarse en el dominio del mundo. Ese ha sido el gran trauma del Estado norteamericano. En dos ocasiones han intentado crear una religión propia que no han podido imponer: los mormones y la cienciología. Ambas han fracasado. Su lengua, el inglés, no ha podido separarse para crear un nuevo lenguaje de aquel generado en Inglaterra, y su historia no pasa de ser la gloria de los aventados por el imperio inglés a las costas del Nuevo Mundo, reformadores hijos de Lutero y Calvino.
Puede decirse que es un gran país, ciertamente. Más aún, conforma un país-continente, como China, India, Rusia, Brasil, Canadá, Australia y quizá México.
Pero llamar a los EE.UU., imperio parece más una grotesca ignorancia de quienes en la década de los años ´60, en Cuba, inventaron esa estrategia para lograr adhesiones sobre el país más pequeño e indefenso. Una clara alegoría bíblica, a lo David contra Goliat, donde claramente todos se solidarizan con el más pequeño.
Eso hizo triunfar a los barbudos caimanes cubanos internacionalmente pero al mismo tiempo despertó la estrategia del Estado norteamericano para erigirse en la práctica, no como imperio sino como guardián y policía del mundo.
El Estado norteamericano se fue apoderando de muchos símbolos a lo largo de su pequeña historia como nación y república. Uno de ellos ha sido el nombre de “América”. Americanos somos todos quienes nacimos en este continente. Lo otro ha sido el concepto y la práctica de la “libertad” con estatua incluida. Una libertad basada en el silencio de quienes a sangre y fuego impusieron creencias y normaron tradiciones, segregando por siglos al Otro diferente. Y otro importante símbolo ha sido la imagen de “democracia”. La democracia del Estado norteamericano se soporta sobre la base de la fuerza bruta, pura y simple. Cuando no hay ya más nada que hablar ni que negociar, el Estado norteamericano desenfunda su colt 45 y como vaqueros del medio oeste, solucionan todo a balazo limpio. Ejemplos de ello han sido las bombas atómicas en Japón, las de napalm en Vietnam y las decenas de invasiones en casi todos los continentes.
Pero, por qué ahora este inmenso país ha estado metiéndose en Medio oriente y amenazando a otros más? Creo que la respuesta está en algo negro y aceitoso. Las reservas de petróleo están llegando a niveles rojos y los estudios e indagaciones están diciendo que no pasarán más de 20 años antes que se declare una emergencia mundial en países súper industrializados, por falta de petróleo.
Créase o no, lo que parece ser una realidad es la advertencia que ya se ha generalizado en la opinión pública internacional sobre los países a los que les quedan escasas reservas de combustible. Con Japón a la cabeza, con apenas 0,91 años de reservas petroleras le siguen Israel, con 1,40 años; Francia, con 3,91; Reino Unido, con 5,62; EE.UU., con 5,78; después China, con 13,96; España, con 15,08, hasta ir alejándose la lista y presentar a Canadá, con reservas por 145,84, y Venezuela, con 328,94 años.
Lo triste de todo esto y quizá, de ser cierta la información que indica una indagación difundida por un tal Humberto de Jesús Pérez Lanz, quien a su vez dice haberla obtenido de la página oficial de C.I.A., del gobierno norteamericano, de nada nos valdrá a los venezolanos tener reservas por tantos siglos. Si llegamos allá, y eso lo dudo viendo esta realidad, será en cuatro patas y con un garrote entre las manos.
(*) camilodeasis@hotmail.com tweeter@camilodeasis

sábado, mayo 21, 2011

Morir en carretera


En los años ´80 Puerto Ordaz estaba llena de profesionales extranjeros que prestaban asesoría en las empresas básicas. Los fines de semana se veían por la ciudad paseándose entre los parroquianos, con sus rostros tostados por el sol. También confundidos en las tiendas, supermercados y cervecerías. De estos últimos sitios traían las cajas de cerveza y ron para beber en los vehículos que les asignaba la empresa. Se les podía detectar a partir del viernes a las 4 de la tarde, todo el sábado y parte del domingo por la mañana. Bebían como cosacos y después manejaban a exceso de velocidad por las noches en esos amplios espacios de la ciudad y sus entornos. Los lunes era el comentario, generalizado en quienes trabajábamos en la siderúrgica, para preguntar cuál vehículo habían estrellado. Fue tanta la siniestralidad de las unidades que se decidió sólo asignar vehículos a los ejecutivos y sus supervisores.
Una vez le pregunté a un asesor alemán por qué manejaban ebrios y la respuesta me dejó sorprendido: -Acá no hay nadie que nos vigile, nos multe, nos quite la licencia y nos ponga presos.
Esa verdad dicha por una persona que en su ciclo educativo, desde la primaria, haya sido formado en vialidad, es absolutamente válida todavía. La falta de vigilancia del Estado venezolano con su correspondiente aplicación de las leyes acentúan los accidentes en las carreteras. Al mal estado de las vías en absolutamente todo el territorio nacional, por la proliferación de huecos, falta de demarcación y señalización, fallas de borde, se agrega la negligencia de las autoridades por la vigilancia en las carreteras y vías, urbanas y extraurbanas.
Países como Costa Rica, Chile, México, por no indicar los europeos, poseen constante vigilancia y hasta han incorporado sistemas electrónicos y cibernéticos en la vigilancia vehicular. Es posible que el mal estado de las vías y las fallas mecánicas de los vehículos contribuyan en los constantes accidentes viales. Pero lo que acentúa el riesgo real de accidentes de tránsito es que el conductor en Venezuela sabe que puede transgredir las leyes de tránsito y tiene pocas probabilidades de ser sancionado. Y esto es así porque el sólo hecho de detener su vehículo sobre el rayado peatonal, en un semáforo, no lo considera un delito ni menos un riesgo de crimen para el peatón. Menos todavía el saltarse la luz roja. No hay un fiscal de tránsito, ni a pie ni en motocicleta que lo persiga como un delincuente para sancionarlo. Esa es la brutal realidad en nuestra sociedad. Sólo estamos mal acostumbrados a ser precavidos al manejar en los llamados operativos: de navidad, de carnaval y de Semana Santa. Son actos espasmódicos de un Estado que no vigila ni sanciona al ciudadano al transgredir la ley de tránsito. Aunado a ello, tampoco existe un sistema que vigile al vigilante o fiscal de tránsito para que no caiga en la práctica del soborno. En los países antes mencionados y en otros más avanzados en la educación vial, las autoridades tienen ciudadanos, previamente registrados en sus sistemas de codificación, para intentar sobornar a los agentes de tránsito. Así, ellos no saben quién pueda estar detrás del dinero que le intenta entregar el supuesto transgresor. La sanción para el agente es muy fuerte, pues éste representa al Estado frente al ciudadano criminal que intenta burlar la ley y el orden.
El Estado venezolano en la vigilancia y aplicación de la ley de tránsito es sumamente permisivo e irresponsable. Deja que el ciudadano actúe impunemente cuando transgrede la ley y comete una infracción de tránsito. Sabe que puede manejar a la velocidad que le venga en ganas sin que ningún fiscal de tránsito lo detenga, además porque “casi” no se les ve por las carreteras.
Mantener las carreteras en óptimas condiciones, establecer en el sistema educativo venezolano la educación vial como materia obligatoria, desde la primaria, son parte de una estrategia del Estado para prevenir accidentes de tránsito. Pero la vigilancia, control y aplicación de severas sanciones al conductor, como retirarle su licencia para conducir, harán posible que en Venezuela la mortalidad por accidentes entre vehículos no siga siendo una de las primeras causas de muerte e incapacitación.
(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis