sábado, julio 16, 2011

PRAN


La nuestra es una sociedad que no sólo es violenta en cuando a sus maneras de relacionarse físicamente, también lo es en cuanto al uso de un lenguaje que le sirve para reforzar esa violencia que día a día imprime en sus actos la marca de una sociedad altamente agresiva. En este sentido valdría la pena transcribir parte de un trabajo realizado por un grupo de mis estudiantes, hace varios años, quienes al estudiar el lenguaje entre policías y antisociales, se encontraron con los siguientes hallazgos: Antisocial: “-Pendiente que vienen los power ranger y segurito se enamoran de nosotros esos m…” Policía: “-¿En dónde viven y qué hacen aquí? Se montan en la patrulla y no digan nada” Antisocial: “-No me monto polque yo no he hecho nada, ¡Ojo!”. Policía: “-Entonces qué haces aquí? Tronco ‘e rata!, sarnoso. ¿Qué están esperando? ¿A quién van a desvalijar pa’ compral sus dulces? Antisocial: “-Eso no es peo de ustedes, payasos. Vayan pa’ un cilco a ver si consiguen real extra, brujas” Policía: “-Ah! Te la das de alsao. Vamos a ver quién te va a soltar. Vamos pa’ tu cueva. Rata pelúa”.
Como se puede observar en este diálogo, es similar la forma como se comunican, tanto antisociales como policías. Mientras en los primeros se muestra una especie de “locura moral” y en consecuencia la estructuración de un lenguaje cuyos códigos obedecen a una moral que aparece al margen de toda norma socialmente aceptada. Por su parte, el lenguaje mostrado por los policías (custodios de la moral y las buenas costumbres) bordea los límites mismos de esa moral que han jurado proteger. Es un lenguaje que de tanta cercanía con la de los antisociales deviene sumatoria de un léxico que afirma en la práctica la violación de esa moral y buenas costumbres dadas en resguardar. Por tanto, se intenta detener la violencia con el mismo tipo de violencia usada por los antisociales.
El discurso de la Ley, en boca de los policías, es básicamente un discurso de la agresividad, de un tipo de violencia amparado por normas y procedimientos, a más del uso de todo tipo de armas y sobremanera, un lenguaje que muestra procederes cargados de códigos donde el insulto y la degradación de lo humano están en la “punta de la lengua” de los garantes de la Ley y el Orden.
Por su parte los antisociales mantienen una carga idiomática que permanentemente se debe estar construyendo. Esto porque necesitan estructurar maneras de comunicación cifradas para no ser detectadas por los policías. Merece la pena indicar que entre la población venezolana, más de un 40% se encuentra en situación de pobreza. De ese porcentaje, cerca de la mitad está en pobreza extrema o atroz (realiza una comida “caliente” una vez a la semana). Esto indica que una parte significativa de la población nacional está al margen de la sociedad: es una sociedad potencialmente marginal. En consecuencia, además de las condiciones socioeconómicas y educativas atroces por las que atraviesan, se deben añadir las ínfimas e inadecuadas construcciones idiomáticas que conllevan al uso de un lenguaje que trae en sus procesos comunicativos, estructuras fonéticas, morfosintácticas, semánticas y pragmáticas que fortalecen en sus imágenes otra moral y por tanto, valores, usos y costumbres que paulatinamente se extienden al resto de la población.
La única manera de revertir esta situación, si es que existe, es reforzando la estructura educativa nacional, fortaleciendo los valores de la tradición venezolana para lograr que toda la población pueda entenderse cuando se comunican.
Como ejemplos de lenguaje o código de antisociales, devenido uso casi generalizado, podemos indicar esta muestra: Pran: (Preso rematado asesino nato) Jefe de grupo de antisociales en un penal. Carro: lugarteniente del Pran. Agua: Cuando se va a realizar una requisa en los pabellones. Piragua: armas blancas hechas por los antisociales de la vigas y barrotes. Niple, Chopo, Choponiple, Morocha, Boqueta, Camburcito, Cambúr, Plátano: tipos de armas caseras que fabrican o armas de fuego que, dependiendo de su tamaño, se les denomina. Bubalú: ranchitos que construyen en los pabellones de las cárceles. Cuadras: varios ranchitos. Chicho: persona que es protegida. Parroquia: persona de una misma zona.
Lo que parece estar haciendo casi irreversible la asunción e imposición de un tipo de lenguaje caracterizado por la violencia, son las estructuras idiomáticas tan dinámicas de un tipo de lenguaje que, como fenómeno social, se fortalece en sus imágenes, tanto acústicas, visuales, auditivas, táctiles y hasta olfativas y que transmite otro discurso, cargado de valores y principios (anti) éticos y morales, donde la solución a la dinámica comunicativa son la violencia y agresión física, psicológica y espiritual.
Sobre este tema, autores como Bernstein, Holliday, entre otros, han estudiado ese fenómeno sociolingüístico afirmando en sus conclusiones el necesario fortalecimiento de la educación idiomática y la educación en general, si queremos preservar el sentido mismo de la sociedad que con tanto esfuerzo y durante siglos hemos construido, y donde nos hemos reconocido como seres formados para vivir en libertad, y en la seguridad de poseer un lenguaje que afirme el sentido de la vida y los principios de la ética y la estética.
(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

sábado, julio 09, 2011

Creer en el hombre


No podemos evitar que los pájaros del dolor y la tristeza sobrevuelen nuestras cabezas. Pero sí podemos evitar que aniden en ella. Proverbio mongol.


Vamos por el mundo cargando nuestra desnudez del alma. Agotados por los fallidos intentos de cercanías que se distancian en cada encuentro, siempre alzamos nuestra pesada y gigantesca roca de insatisfacciones para lograr sobrepasar esa tan intensa manera de sentir a los demás. Sus voces, sus destinos y sus deseos de seguir adelante. Nos acercamos en los acordes de una melodía que luego seguiremos escuchando en nuestra mente y nuestra piel. Repetida en cada lugar visitado. Mentir la soledad que poseemos es una actuación en nuestras vidas. Decir siempre que todo está bien. Que nuestras vidas están “bajo control” se ha vuelto una construcción que de tan gastada ya sabemos que en boca del enunciante es una tierna mentira. Una manera de gritar la soledad que nos envuelve. La circunstancia que lleva a sentirnos caminando por las sinuosidades de senderos gelatinosos, endebles. Donde la presencia del Otro es una pista para sabernos atrapados en el desamor de destinos que se comparten en las circunstancias de vidas socialmente establecidas. Más allá del encuentro mundano no parece haber sitio para la desmesura del amor trascendente. Ese que colma el alma porque nutre la mirada ingenua de la ternura de una existencia que desea estarse en los abrazos. Por ello más allá de las superficialidades de la vida objetiva de la política y sus relaciones queda la añoranza por satisfacciones que justifiquen, le den sentido a nuestro más profundo sentimiento de seres humanos. De otro modo no tiene sentido la vida y sus tribulaciones sino existe la “gioia”, la alegría de vivir en el estremecimiento de los días que siempre son diferentes cuando se nutren de vivencias significativamente trascendentes.
Entonces sabemos que siempre habrá otro amanecer de nuevos cielos. Y creeremos que son nuevos y, por lo tanto, diferentes. Mas es la vida nuevamente vivida ad infinitum, hasta lo imposible. Tanto que ya no sabemos cuándo iniciamos este viaje al interior de nuestras vidas. Donde todo centro es distancia y desalojo, vacío y a la vez quebradizo.
Por todo ello es del hombre, del semejante de quien recibimos las mayores tristezas… pero también las mayores alegrías. No es un árbol ni un gato ni una piedra que colmarán la plenitud del alma. Es nuestro semejante. Ese ser que de tan cercano a nosotros deviene nuestra propia imagen. Por eso Dios se parece tanto a nuestra sonrisa, a nuestras ternuras y también a nuestras manos que labran cada día, de manera anónima, este destino nuestro y de todos.
Ahora que toda una comunidad de seres humanos agrupados en un territorio dado en llamar Venezuela, sienten que sus raíces, sus fantasías, sus símbolos y sus leyendas son motivo de disputa y de discordia, es imprescindible afirmarse en el Otro, sea semejante o diferente. Ese ser tan cercano. Ese que pasa a nuestro lado y que sabemos anónimo, pero que en su silencio o sus gritos, sus alegrías o tristezas, sus movimientos y gestos, nos dice que comparte con nosotros la duda, la ansiedad, la soledad, la desdicha… pero también la pasión por seguir adelante.
Siempre ha sido y será más importante el individuo, su ser, por encima de construcciones como patria, nación o república. Siempre será más trascendente el hombre: ese individuo que cruza la calle, o aquél a quien le preguntamos “qué hora es”. O la señora que cruza con sus bolsas del mercado la transitada avenida. La vida del hombre es más sencilla y normal de lo que muchos pretenden creer. La vida del hombre que se junta con el otro y forma una comunidad también es necesaria. Pero hasta ahí llega la realidad específica, concreta entre los mortales y silvestres hombres.
No existirá jamás en el mundo algo más importante que el hombre y sus cercanías. Por eso debe verse el proceso sociopolítico que vivimos en este país como una etapa más dentro de la larga y fructífera experiencia del hombre llamado “venezolano”. Cuando los líderes de un país alargan sus discursos más allá de la normalidad, el hombre común se interna en su ser y prefiere explorar su entorno inmediato: el juego del dominó, el certamen del miss Venezuela, la novela de las 9, el fútbol. Las discusiones del momento, la comida y la bebida. Si queda tiempo para perder, entonces se pasa a ridiculizar las acciones de lo “político” pues se sabe homo sapiens que habita en la polis. Lo demás es pérdida de tiempo y un accidente intrascendente en la larga e infinita existencia del ser venezolano. Más importante es amar, trabajar y afirmarse en el semejante.

sábado, julio 02, 2011

Pobrecito


Posiblemente la palabra mágica para una gran cantidad de ciudadanos sea esta que ilustra nuestro título. Con ella se accede a casi todos los espacios de la administración pública y también privada. La imagen asumida por aquel triste espectáculo que trajo como consecuencia la figura del “Juan Bimba”, estructurada en los albores de la era democrática.
Hacerse sentir “pobrecito” es sinónimo de lástima, de una solidaridad mal entendida entre millones de venezolanos quienes hemos tenido en los líderes políticos sus mejores maestros. Así, cuando se accede a una institución gubernamental para realizar algún trámite inevitablemente se desemboca, frente al funcionario que nos atiende, en un intercambio comunicativo impregnado por una absoluta emocionalidad. Siempre se busca el subterfugio para la evasión de la responsabilidad bajo maneras de explicar las situaciones que ofrecen una solución particular, personal, de amiguismo que hace aparecer a la institución, sobre todo las públicas, como las causantes del problema. Tanto usuario como funcionario aparecen como detractores de las instituciones, bien que ellas no prestan el servicio de manera eficiente, bien que exageran las multas, impuestos o solicitud de documentos. En tanto unos y otros aparecen como víctimas de una situación que les es ajena y donde el Otro es el culpable. Semejante concepción de la responsabilidad, bajo una óptica del emocionalismo, ofrece una pobre y lastimosa actitud como adultos pensantes.
La mentalidad del pobrecito está asociada a minusvalía: -Pobrecito, es que no tiene para cancelar; -Pobrecito, es que no tiene casa; -Pobrecito, es que lo aplazaron en el examen; -Pobrecito, es que no tiene trabajo; -Pobrecito, es que no tiene tiempo; -Pobrecito, es que no sabía; -Pobrecita, es que la dejaron sola; -Pobrecito, es que no sabe leer ni escribir; -Pobrecito, es que está enfermo. Y esta enfermedad del presidente se está manejando desde esa óptica. No estamos con esto negando el valor que tiene la emocionalidad como generadora de inteligencia. Es su uso en situaciones donde debe imperar la racionalidad y la obediencia a las leyes, normas y reglamentos, que estructuran las relaciones entre el Estado y los ciudadanos. Más si este es el jefe del gobierno del Estado.
Las sociedades avanzan cuando sus líderes son capaces de sobreponerse a las trivialidades, a las banalidades intrascendentes de quienes esperan que otros les resuelvan sus problemas. Esta actitud del pobrecito, de dar lástima para esperar alguna retribución, impide que los ciudadanos se fortalezcan psicológica e intelectualmente y avancen como sociedades adultas. Un rey, un tirano, un dictador, un presidente nunca han resuelto nada solos. Somos los individuos, en la diaria y constante tarea de la actividad del trabajo eficiente, quienes a lo largo de la historia hemos sabido encontrar las soluciones a nuestros problemas, individuales y colectivos.
En estos años terribles debemos estar atentos y ser objetivos y críticos con nuestros líderes. El presidente aparece ahora con voz baja, de hombros caídos, con poco lenguaje gestual, con pocas inflexiones y semánticamente con un discurso orientado a la paz y la concordia. Tiene un “plomo en el ala”. Políticamente ya es pasado, y sabe que pronto aparecerá quien le sustituya, pero ojo: no olvidemos que actúa las 24 horas como un político. Maneja su enfermedad políticamente! Y lo hace de la manera más ancestral posible: dando lástima para lograr por lo menos solidaridad humana, es decir; neutralizar a quienes están indecisos frente a fijar posición crítica y adversarlo por su actuación frente al gobierno del Estado.
En las sociedades emocionalmente adultas el líder es necesario sólo cuando los anónimos ciudadanos tienen aspiraciones más allá de sus tareas fijadas por la cotidianidad de la vida. El líder es proyección anónima que deja salir su pasión y (se) a-sombra (salir de la sombra) de lo que es capaz de ser y hacer.
(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

viernes, junio 24, 2011

El sentido ético del lenguaje


Desde hace siglos hemos sabido que todos los textos antiguos han hecho referencia a la palabra como iniciadora de la vida. Desde el Libro de los muertos, egipcio; el Chilam Balam, de la cultura maya, hasta la Biblia, indican al “verbo” como instrumento de creación, iniciador de la corriente de la vida. A través del lenguaje el hombre se hizo tal y se reconoció en su ser. De esta manera afirmamos que los seres humanos existimos esencialmente en el lenguaje. Somos seres lingüísticos. Lo que somos y seremos está circunscrito a la esencia, a la ontología del lenguaje. Lenguaje es certidumbre de ser.
En este sentido se entiende que la realidad del lenguaje es el hombre mismo. De ello se desprende la coherencia entre pensar, hablar y hacer como esencias que determinan el estado ético (ethos). Lenguaje es en esencia acción que determina la existencia del pensamiento y de la realidad misma. Esta existe a través del lenguaje y también en cuanto tal. El devenir del lenguaje está íntimamente vinculado a la naturaleza humana. Por ello podemos entender que los actos de habla son manifestaciones de una misma y única esencia que se encuentra en la intimidad misma del ser. Hablamos porque tenemos necesidad de existir, manifestar nuestro interés de vida. Esa es la intencionalidad que está presente en todo acto comunicativo.
Más allá del desencadenamiento de la secuencia discursiva está presente el sentido subversivo del lenguaje. Este es por naturaleza una realidad cambiante, transformadora y reveladora de estados de existencia múltiples. La sola enunciación de una secuencia grafémica desencadena una riqueza energética que causa una reacción en quien la recibe. De allí que las palabras golpean, estremecen nuestro ser hasta cambiarnos, transformarnos. La posibilidad de perpetuar ese estremecimiento inicial depende del individuo y sus palabras.
Hablar entonces es una experiencia siempre única y cambiante. Previo a su decodificación, a su traducción semántica se encuentra el estado del disfrute, el goce de enunciar, de sentir cómo las palabras emergen del fondo de nuestro ser como incandescencias que nutren y muestran lo que somos: una infinita inaccesibilidad, esencias libres que jamás podrán ser aprisionadas. Puede el hombre en lo individual ser apresado, encerrado; su ser, su esencia primigenia como realidad lingüística serán siempre inaprehensibles. Y esto es mejor que sea así, de lo contrario caeríamos en la fatalidad, en el extravío existencial que preludia la desaparición del ser. No olvidemos que existimos porque fuimos nombrados, categorizados como especie que pudo, a través del lenguaje, traspasar la barrera de la elementalidad y construir, a partir de la ideación, aspiraciones de vida, utopías señaladas por el lenguaje.
En estos tiempos terribles, catastróficamente agramaticales y cuasi apofánticos, sólo el lenguaje nos proporciona la certidumbre de una existencia más allá de lo doméstico donde la sencillez de la vida se comparte entre los escasos seres que aún, después de siglos y edades, continuamos compartiendo entre diálogos y monólogos, ese sabor y saber de pronunciar la realidad de una encantadora palabra.
Finalmente es menester indicar que todo acto comunicativo tiene un interés, una razón político-idealógica y filosófica, razón por la que el hacer discursivo del hombre discurre entre una comunicación estratégica, perlocutiva y una aspiración de comunicación ético-argumentativa.
En ese borde, en ese quiebre ético se encuentran los políticos, los hacedores de la economía, los practicantes de los cultos, y también los uniformados de la milicia y los herederos del “catre” (catedráticos).
(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

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domingo, junio 19, 2011

Educación marginal


Por los años ’80 escuché una información que venía de Italia. Era sobre un asesinato en una universidad del sur, creo que en la Universidad de Messina. Un estudiante había sido inculpado por la muerte de un profesor. El joven confesó que lo había matado porque el docente se negó a colocarle una nota aprobatoria. Fue todo un escándalo y movió la raíz de la decencia de la sociedad italiana hasta lograr que el Estado, a través del sistema judicial, bajo la consigna de “Mani Pulite” (manos limpias), controlara las mafias y saneara el sistema educativo universitario.
Indicamos esto por unos comentarios escuchados en estos días a varias docentes universitarias quienes me han confesado sus vivencias en la universidad. Una de ellas tiene en su sección a un estudiante, que al decir de sus compañeros, está siendo buscado por la policía. Esto es; un malandro que se le ocurrió inscribirse en la universidad. Pero la particularidad de esto es que quiere pasar todas las materias sin ir a clases. Le comentó a la profesora que estaba repitiendo esa materia y estaba molesto con la anterior profesora quien, como prueba para ver si lo aprobaba, lo puso a leer en voz alta una página de un libro…y no pudo hacerlo. La policía lo va a buscar pero como no pueden entrar, lo esperan a ver si sale. Él se queda hasta bien entrada la noche, esperando que los policías se cansen y se vayan. Las cosas andan así por casi todos los centros universitarios del país. A otro docente lo tienen amenazado de muerte. Estos dos casos se presentan en la sede de la Universidad Nacional Experimental de Guayana, en Ciudad Bolívar. Los estudiantes malandros introducen armas de fuego en morrales. De esto han sido testigos, no sólo docentes, también estudiantes y personal administrativo. Hace meses asesinaron a la hermana de una jueza en esa ciudad, por error. Debían matar a la jueza. Varios indicios indican que uno de los involucrados estudiaba en la Uneg. También está el triste caso de una docente del núcleo de la Universidad de Oriente, en San Félix, quien se negó a aprobar a un estudiante. Por venganza varios individuos, entre ellos el mismo estudiante, se introdujeron en su casa, amordazaron a sus hijos y cuando ésta entró, la golpearon y violaron frente a sus hijos, y después, se llevaron todo su mobiliario. La profesora debió renunciar y se fue de la ciudad. Otro caso fue la destrucción de la casa del profesor universitario, de la Universidad Nacional Experimental Antonio José de Sucre, sede Barquisimeto, donde unos supuestos estudiantes, a mandarriazo limpio, acabaron con esa edificación. A la fecha no hay detenidos ni inculpados ni menos procesados por este delito. En otras universidades, como son: Universidad Pedagógica Libertador, sede Maturín; Universidad de Oriente, núcleos Sucre, Puerto La Cruz y Maturín; Universidad Francisco de Miranda, entre un largo etcétera, se está haciendo “normal” los asaltos a las aulas, laboratorios, canchas deportivas y espacios culturales, donde los malandros se introducen y roban, tanto a los estudiantes como al docente. Igual ocurre en los estacionamientos, donde se roban y desvalijan vehículos.
No estaríamos en contra de la educación del malandro que quiera adjurar de su condición y dedicarse a la vida universitaria. Es que quieren, a lo mero macho, y por la violencia, de palabra y de hecho, su título académico. Alertamos además, sobre esto: usando una estrategia de violencia verbal, en varias universidades ciertos estudiantes han accedido al liderazgo político. Se está observando que en estos escenarios algunos de ellos caen inmediatamente en los hechos de violencia física. Se agrede ahora no tanto con golpes sino con el uso de armas de fuego, cabillas y otros objetos contundentes.
El lenguaje absolutamente informal y callejero se introdujo en el aula universitaria, en los pasillos de la Academia y se está instalando en las oficinas, cubículos y casi está tocando la puerta de las máximas autoridades universitarias y hasta de los consejos universitarios. Se observa en el lenguaje kinésico y verbal cuando algunos de estos dirigentes son entrevistados por los medios de comunicación. Casi no se diferencian de aquel lenguaje en boca de ciertos y escasos, aún, miembros de la comunidad universitaria corrompidos.
(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

sábado, junio 11, 2011

Una nueva actitud


Hace tiempo recibí por correo electrónico un escrito sobre el por qué algunos países son ricos y otros pobres. Japón, por ejemplo, no tiene mayores riquezas naturales, su suelo es muy pobre. Sin embargo, es una de las diez economías más ricas y prósperas del mundo. Su sociedad mantiene una expectativa de vida que supera en promedio los 85 años. Australia es un país relativamente nuevo. Su sociedad se estableció en esa inmensa isla, inicialmente una gigantesca cárcel del imperio británico, con los convictos y la escoria inglesas. Sin embargo, en poco más de doscientos años se presenta como una fuerte economía, de las más desarrolladas, al igual que Nueva Zelanda, cuya base de sustentación es la cría de ovejas. Suiza no cultiva cacao ni tiene puertos. Sin embargo, es el país que exporta la materia trabajada del cacao en miles de formas y modelos de presentación de su ya centenaria industria del chocolate y con una de las mayores flotas mercantes del mundo. Pero ¿qué hace de estos y otros países ser lo que son: sociedades altamente desarrolladas económicamente y con un nivel de vida que es la envidia de muchas naciones? Sucede igual con Italia, Alemania, Canadá, Corea del Sur, Suecia, Finlandia, entre otras. La respuesta parece estar en la ACTITUD PROACTIVA que muestran las mujeres y hombres, y no tanto en los altísimos niveles de escolaridad y de protección social a sus comunidades.
La actitud proactiva que un individuo mantenga frente a situaciones que en un momento de su vida le sean adversas, parece ser la diferencia entre ser pobre o ser rico. Por eso, no es tanto la abundancia de poseer bienes materiales y altos estándares de riqueza social para sentirnos satisfechos y seguros, individual y colectivamente, como la actitud proactiva que se tenga frente a la vida.
Algunas veces nos sorprendemos gratamente cuando nos enteramos de las victorias de alguno de nuestros compatriotas quienes obtienen triunfos fuera de nuestro país. Deportistas galardonados, profesionales de las ciencias y la tecnología quienes reciben distinciones por sus logros en investigaciones de altísimo nivel académico, artistas que reciben reconocimientos por sus creaciones. Pero ¿por qué no pudieron hacerlo en nuestro propio país?, nos preguntamos. Son sencillos venezolanos, comunes ciudadanos que estudiaron en escuelas, liceos y universidades públicas. Entonces, ¿por qué triunfan cuando salen fuera de nuestro país y son siempre los más destacados? La respuesta es casi siempre la misma: porque han mostrado una actitud proactiva, positiva, de superación constante de su propia condición intelectual, psicológica y espiritual, junto con un entorno social que le permite desarrollar a plenitud sus potencialidades y habilidades.
Los nuevos paradigmas que se están construyendo en nuestro entorno cada vez prestan mayor atención al desarrollo de la persona, tanto como ser individual y sobre manera, como sujeto comunitario. En ello la actitud que se mantenga establece la diferencia entre ser pobre o ser rico.
La experiencia que vive en la actualidad la sociedad venezolana en su conjunto, no es tanto de orden político ni mucho menos económico. Es la actitud que cada uno de nosotros presenta frente a la cada vez más conflictiva realidad nacional. Por ello los conflictos (realmente delicados) no se superan quejándonos ni lamentándonos por nuestra “mala fortuna”, ni en discusiones estériles ni en denigrar del Otro-diferente a mí tratándole de “enemigo”, sino manteniendo una actitud proactiva de comprensión y reflexión lógica que permita superar positivamente esos conflictos, mostrando una actitud que pueda enriquecernos intelectual, psicológica y espiritualmente a todos por igual. Quizá esos errores, esos quiebres y esa manera de proceder en los liderazgos políticos, que nos parecen grotescos y que rechazamos, son un espejo que presenta nuestra imagen que nos negamos a reconocer. Mientras eso ocurra no podremos superar nuestra cuota parte de responsabilidad social.
Sólo una nueva actitud, que sea proactiva, integradora y que permita establecer acuerdos dentro de la diversidad de pensamientos, podrá construir ese venezolano nuevo, pleno, consciente de su destino y sobre manera, intelectualmente adulto y estable emocionalmente.

jueves, junio 09, 2011

Nanorrelatos




Pesadillas

Los sueños me eligen esta noche: se hizo presidente.

Nanorrelatos




Felicidad

Estaba escondida detrás de mis cicatrices, con lentes oscuros.

Nanorrelatos



Putas

-¿El amor? -Invento de hombres tacaños para cogerte gratis.

Nanorrelatos




Dios

Jugaba a los dados. Ahora prefiere la ruleta rusa.

Nanorrelatos




Perdido

El niño pintó un bosque y entró. Salió envejecido.

sábado, junio 04, 2011

Ladrar


Por estos tiempos en Venezuela se viven días difíciles. Tanto por la inseguridad como por los bajos sueldos, escasez de alimentos y pare usted de contar. Frente a esto también se ven por las calles de las ciudades y en cuanto semáforo y esquina y acera de este país exista, personajes que hacen cualquier cosa para obtener dinero.
Uno de ellos aparece en los centros comerciales de Puerto Ordaz ladrando. Le llaman El Jimmy. Joven de no más de 35 años. Ladra cual perro cuidador de supermercado chino. Visita los cafés de los centros comerciales pasando raqueta por las mesas mientras los parroquianos celebran y le piden un ladrido adicional. Entre ladrido y ladrido Jimmy se embolsilla diariamente cerca de 400 BsF. como mínimo. Si se suma esa cantidad por 20 días (pues les restamos los fines de semana de cada mes y uno que otro feriado) el perro…digo, Jimmy obtiene 8000 BsF cada mes. Prácticamente el doble del sueldo de un profesor universitario promedio. Que debe tener su título de pregrado, una especialización, maestría y estar en estudios doctorales, además de tener una experiencia mínima de 10 años como docente-investigador.
Pero anoche cuando ladró en el café donde estaba, en menos de 2 minutos, Jimmy recabó en una mesa 30 BsF.
Otro personaje de las calles de Puerto Ordaz es uno que se disloca el hombro para dar lástima. Tiene ya varios años apoderado de uno de los tantos semáforos del pueblo. Dar lástima es su profesión. Después, ya cayendo la noche, se va a la panadería más cercana a cambiar las monedas por billetes de alta denominación y quizá por la mañana entra al banco, como otros de su especie, para depositar. A una de las tantas panaderías también entra otro personaje, quien tiene una camioneta medio destartalada, pero vehículo al fin, que muchos quisieran tener, con bolsas de monedas para cambiar por billetes.
También hay otro personaje en San Felipe, capital de la tierra de María Lionza, quien tiene años paseándose por las calles del pueblo vestido de burriquita. Entre baile y baile ha levantado familia y vive de la gente. O los modernos maromeros que han copado los semáforos en todas las ciudades del país, echando fuego por la boca, lanzando pelotas al cielo o jugando con cuerdas y pines. Uno de ellos estudia ingeniería en la UCLA de Barquisimeto. Tiene su buen celular, usa zapatos y ropa de marca y está cerca de graduarse. También un ex-boxeador que con cuerda y todo, se ejercita mientras la luz roja detiene a los conductores. Estos y otros cientos de miles de personajes se han vivido la vida a costa de las sobras de quienes creen que darles una moneda de 1 BsF (-pues darles menos es casi una ofensa) es poca cosa.
El perro Jimmy quien recabó en una mesa, apenas en dos minutos, 30 bolívares se fue feliz con sus ladridos. Ya podía descansar por más de dos o tres horas, pues ese dinero, promediado en tiempo, le facilita descansar su pierna fracturada y su garganta. No tiene supervisor que lo amoneste. Ni tiene que levantar informes ni corregir exámenes, ni asistir a reuniones latosas, ni marcar tarjeta, ni pagar impuestos, ni buscar los cestatickets mensuales en la cola de la taquilla, ni pedir permisos, ni tampoco reposo médico firmado después de tener que madrugar haciendo las interminables colas del Seguro Social. Jimmy es un buen hombre que apenas ladra y la gente cuajada de la risa le extiende su hueso metálico. Son las sobritas de los incautos parroquianos venezolanos quienes, además de creer que están ayudando a un desamparado, expían sus pecadillos para subir al cielo.
(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

sábado, mayo 28, 2011

Haberes


Hace cerca de 30 años, mientras conversaba sobre el destino político de Europa y los Estados Unidos de Norteamérica, en un bar en Perugia, pueblo italiano del Pinturicchio y del Arco Etrusco, mi amiga Billy, la maestra de música anglocanadiense, hizo una afirmación que aún hoy, después de tantos años recuerdo con absoluta claridad: -Los EE.UU., son una gran nación, muy poderosa en su economía soportada en la tecnología militar, pero no son un imperio. Llegaron tarde al reparto del mundo por los imperios inglés, español y portugués, básicamente.
Y esto parece cierto porque, los imperios se caracterizan por tres condiciones básicas: imponen una historia, una lengua y una religión. Esto es, afirman su cultura en un suelo extraño donde eliminan todo vestigio de cultura anterior. El poder norteamericano, como tal, no se basa en una fuerza cultural. No posee una religión ni una lengua propia ni una historia mítico-simbólica que le permita perpetuarse en el dominio del mundo. Ese ha sido el gran trauma del Estado norteamericano. En dos ocasiones han intentado crear una religión propia que no han podido imponer: los mormones y la cienciología. Ambas han fracasado. Su lengua, el inglés, no ha podido separarse para crear un nuevo lenguaje de aquel generado en Inglaterra, y su historia no pasa de ser la gloria de los aventados por el imperio inglés a las costas del Nuevo Mundo, reformadores hijos de Lutero y Calvino.
Puede decirse que es un gran país, ciertamente. Más aún, conforma un país-continente, como China, India, Rusia, Brasil, Canadá, Australia y quizá México.
Pero llamar a los EE.UU., imperio parece más una grotesca ignorancia de quienes en la década de los años ´60, en Cuba, inventaron esa estrategia para lograr adhesiones sobre el país más pequeño e indefenso. Una clara alegoría bíblica, a lo David contra Goliat, donde claramente todos se solidarizan con el más pequeño.
Eso hizo triunfar a los barbudos caimanes cubanos internacionalmente pero al mismo tiempo despertó la estrategia del Estado norteamericano para erigirse en la práctica, no como imperio sino como guardián y policía del mundo.
El Estado norteamericano se fue apoderando de muchos símbolos a lo largo de su pequeña historia como nación y república. Uno de ellos ha sido el nombre de “América”. Americanos somos todos quienes nacimos en este continente. Lo otro ha sido el concepto y la práctica de la “libertad” con estatua incluida. Una libertad basada en el silencio de quienes a sangre y fuego impusieron creencias y normaron tradiciones, segregando por siglos al Otro diferente. Y otro importante símbolo ha sido la imagen de “democracia”. La democracia del Estado norteamericano se soporta sobre la base de la fuerza bruta, pura y simple. Cuando no hay ya más nada que hablar ni que negociar, el Estado norteamericano desenfunda su colt 45 y como vaqueros del medio oeste, solucionan todo a balazo limpio. Ejemplos de ello han sido las bombas atómicas en Japón, las de napalm en Vietnam y las decenas de invasiones en casi todos los continentes.
Pero, por qué ahora este inmenso país ha estado metiéndose en Medio oriente y amenazando a otros más? Creo que la respuesta está en algo negro y aceitoso. Las reservas de petróleo están llegando a niveles rojos y los estudios e indagaciones están diciendo que no pasarán más de 20 años antes que se declare una emergencia mundial en países súper industrializados, por falta de petróleo.
Créase o no, lo que parece ser una realidad es la advertencia que ya se ha generalizado en la opinión pública internacional sobre los países a los que les quedan escasas reservas de combustible. Con Japón a la cabeza, con apenas 0,91 años de reservas petroleras le siguen Israel, con 1,40 años; Francia, con 3,91; Reino Unido, con 5,62; EE.UU., con 5,78; después China, con 13,96; España, con 15,08, hasta ir alejándose la lista y presentar a Canadá, con reservas por 145,84, y Venezuela, con 328,94 años.
Lo triste de todo esto y quizá, de ser cierta la información que indica una indagación difundida por un tal Humberto de Jesús Pérez Lanz, quien a su vez dice haberla obtenido de la página oficial de C.I.A., del gobierno norteamericano, de nada nos valdrá a los venezolanos tener reservas por tantos siglos. Si llegamos allá, y eso lo dudo viendo esta realidad, será en cuatro patas y con un garrote entre las manos.
(*) camilodeasis@hotmail.com tweeter@camilodeasis

sábado, mayo 21, 2011

Morir en carretera


En los años ´80 Puerto Ordaz estaba llena de profesionales extranjeros que prestaban asesoría en las empresas básicas. Los fines de semana se veían por la ciudad paseándose entre los parroquianos, con sus rostros tostados por el sol. También confundidos en las tiendas, supermercados y cervecerías. De estos últimos sitios traían las cajas de cerveza y ron para beber en los vehículos que les asignaba la empresa. Se les podía detectar a partir del viernes a las 4 de la tarde, todo el sábado y parte del domingo por la mañana. Bebían como cosacos y después manejaban a exceso de velocidad por las noches en esos amplios espacios de la ciudad y sus entornos. Los lunes era el comentario, generalizado en quienes trabajábamos en la siderúrgica, para preguntar cuál vehículo habían estrellado. Fue tanta la siniestralidad de las unidades que se decidió sólo asignar vehículos a los ejecutivos y sus supervisores.
Una vez le pregunté a un asesor alemán por qué manejaban ebrios y la respuesta me dejó sorprendido: -Acá no hay nadie que nos vigile, nos multe, nos quite la licencia y nos ponga presos.
Esa verdad dicha por una persona que en su ciclo educativo, desde la primaria, haya sido formado en vialidad, es absolutamente válida todavía. La falta de vigilancia del Estado venezolano con su correspondiente aplicación de las leyes acentúan los accidentes en las carreteras. Al mal estado de las vías en absolutamente todo el territorio nacional, por la proliferación de huecos, falta de demarcación y señalización, fallas de borde, se agrega la negligencia de las autoridades por la vigilancia en las carreteras y vías, urbanas y extraurbanas.
Países como Costa Rica, Chile, México, por no indicar los europeos, poseen constante vigilancia y hasta han incorporado sistemas electrónicos y cibernéticos en la vigilancia vehicular. Es posible que el mal estado de las vías y las fallas mecánicas de los vehículos contribuyan en los constantes accidentes viales. Pero lo que acentúa el riesgo real de accidentes de tránsito es que el conductor en Venezuela sabe que puede transgredir las leyes de tránsito y tiene pocas probabilidades de ser sancionado. Y esto es así porque el sólo hecho de detener su vehículo sobre el rayado peatonal, en un semáforo, no lo considera un delito ni menos un riesgo de crimen para el peatón. Menos todavía el saltarse la luz roja. No hay un fiscal de tránsito, ni a pie ni en motocicleta que lo persiga como un delincuente para sancionarlo. Esa es la brutal realidad en nuestra sociedad. Sólo estamos mal acostumbrados a ser precavidos al manejar en los llamados operativos: de navidad, de carnaval y de Semana Santa. Son actos espasmódicos de un Estado que no vigila ni sanciona al ciudadano al transgredir la ley de tránsito. Aunado a ello, tampoco existe un sistema que vigile al vigilante o fiscal de tránsito para que no caiga en la práctica del soborno. En los países antes mencionados y en otros más avanzados en la educación vial, las autoridades tienen ciudadanos, previamente registrados en sus sistemas de codificación, para intentar sobornar a los agentes de tránsito. Así, ellos no saben quién pueda estar detrás del dinero que le intenta entregar el supuesto transgresor. La sanción para el agente es muy fuerte, pues éste representa al Estado frente al ciudadano criminal que intenta burlar la ley y el orden.
El Estado venezolano en la vigilancia y aplicación de la ley de tránsito es sumamente permisivo e irresponsable. Deja que el ciudadano actúe impunemente cuando transgrede la ley y comete una infracción de tránsito. Sabe que puede manejar a la velocidad que le venga en ganas sin que ningún fiscal de tránsito lo detenga, además porque “casi” no se les ve por las carreteras.
Mantener las carreteras en óptimas condiciones, establecer en el sistema educativo venezolano la educación vial como materia obligatoria, desde la primaria, son parte de una estrategia del Estado para prevenir accidentes de tránsito. Pero la vigilancia, control y aplicación de severas sanciones al conductor, como retirarle su licencia para conducir, harán posible que en Venezuela la mortalidad por accidentes entre vehículos no siga siendo una de las primeras causas de muerte e incapacitación.
(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

sábado, mayo 14, 2011

Ayuno académico


Triste y muy lamentable para el común de los ciudadanos la vida en la sociedad venezolana por estos días. Sobremanera cuando son los sectores sociales más respetados quienes deben manifestarse públicamente para exigir del gobierno del Estado el respeto al cumplimiento de aquello que por Ley les corresponde y es amparado por convenios entre las partes. No son ya las mejoras socioeconómicas asociadas a un contrato firmado entre el Estado y los gremios profesionales, como el de enfermeros, maestros, médicos o docentes universitarios. Es que el actual gobierno del Estado ha irrespetado a todos los gremios, sindicatos y asociaciones de trabajadores que esperan el cumplimiento de las mejoras a sus contratos colectivos firmados con el Estado venezolano.
A tal extremo ha llegado la situación que varios grupos organizados han debido acudir a la huelga de hambre para que el gobierno atienda sus justas peticiones. Esta extrema medida ya ha cobrado dos vidas en los últimos dos años.
Esta radical medida ha sido usada por los presos comunes en las cárceles, que más cabría nombrar como mazmorras por las condiciones tan inhumanas en las que estos seres se encuentran, independientemente de los delitos que hayan cometido. Huelgas de hambre, huelgas de sangre así como coserse los labios buscando ser escuchados y atendidos por el gobierno y la sociedad en general.
Esto ha sido emulado por los estudiantes universitarios así como por las enfermeras y ahora por los docentes universitarios. Los actos van desde el ayuno voluntario por horas o días, hasta los extremos de privación de todo líquido, sacarse la sangre y coserse los labios. Tan extrema medida está siendo utilizada por los grupos sociales como última solución, hasta ahora, para llamar la atención a un gobierno que, de un tiempo para acá, ha ido comportándose en sus actos institucionales, con una clara e inequívoca condición autoritaria y militarista. Estas dos condiciones son quizá los rasgos más evidentes de un gobierno que no tiene propósito alguno de rectificar pues la formación de individuos con estos rasgos, les endurece el alma y predispone psicológicamente para entender que el Otro-diferente es su enemigo y por tanto, debe aniquilarlo, bien políticamente bien físicamente. Toda la actual propaganda del gobierno del Estado está orientada a construir modelos ideológicos bélicos donde todo acto contrario y contestatario es visto como provocación y debe ser respondido para eliminar al enemigo.
La única manera donde los ciudadanos puedan tener éxito para lograr que sus justos reclamos sean atendidos, es la organización social desde las bases mismas de la sociedad. Los gremios universitarios, por ejemplo, que mantienen una justa, legal y legítima exigencia de sus derechos socioeconómicos, deben entender que están enfrentándose a una maquinaria militarista autoritaria que sabe usar los medios audiovisuales para hacer propaganda y neutralizar a las bases sociales. En este orden de ideas, los reclamos deben pasar de ser luchas focales en sitios aislados, a convertirse en manifestaciones colectivas, donde se integren los gremios, asociaciones, sindicatos y sobre todo, cuenten con la participación de las comunidades organizadas, que también están padeciendo las penurias de un gobierno del Estado que les maltrata y se burla de su buena fe. Falta de electricidad, agua potable, inseguridad, son razones más que suficientes para una común solidaridad donde el liderazgo universitario oriente unos reclamos que justifican una lucha que integre a todos.
Los universitarios no deben abandonar los sitios académicos naturales y dejarlos para que sean ocupados por un gobierno pícaro, mentiroso y oportunista. Desde las aulas, desde los campos deportivos, desde los laboratorios, desde los escenarios culturales, desde las oficinas se deben trazar líneas estratégicas que ofrezcan nuevas formas de lucha, que no sean sólo las tradicionales manifestaciones esporádicas de asambleas y reparto de volantines y pancartas. Los nuevos tiempos son de acciones comunes, colectivas, donde los ciudadanos se reconocen como tales, sean obreros, estudiantes, amas de casa, ejecutivos, agricultores o docentes universitarios frente a un gobierno del Estado que intenta frenar el avance hacia el progreso integral de una sociedad que no se dejará imponer la bota autoritaria militarista, sea de derecha o de izquierda.
(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis

sábado, mayo 07, 2011

Contra el Estado Inmoral


Los últimos años en nuestro país han sido indudablemente difíciles. Sobre manera cuando no se tiene una visión amplia del destino histórico de nuestra sociedad. Ciertamente que han existido, tanto en la Colonia como en la posterior etapa de independencia y luego republicana, prohombres que han visualizado nuevos destinos para la sociedad en su conjunto. Existe sin embargo, una suerte de destino común que nos hermana a todos. Ese destino común está soportado en la serie de desventuras, alegrías, traumas, éxitos y fracasos que expresamos a través de una misma historia, una misma religión y fundamentalmente, un mismo idioma. A ese destino común, que es la base de nuestra cultura nacional, deseo referirme. Afirmaba una investigadora que la presencia de lo militar y los militares en la vida civil de nuestra nación es particularmente interesante porque ellos han representado, inicialmente, los civiles que en su momento debieron utilizar las armas para establecer la República. De ahí que la presencia de los militares y de lo que representa la vida militar en el colectivo venezolano, sea visto desde una perspectiva bastante “normal” y hasta necesaria en la medida que ellos han representado la seguridad, la sobrevivencia del Estado frente a los poderes externos, y en amplitud a ello, indicaríamos que hasta de protección y arbitraje.
Es ciertamente difícil y hasta arriesgado atreverse a afirmar que los militares resolverán la problemática socioeconómica y política de nuestra sociedad, siendo que los civiles, líderes en todos los órdenes de la vida nacional, se han comportado como unos déspotas en la generalidad de sus actuaciones.
Pero diremos con toda la fuerza de nuestra consciencia y nuestra formación intelectual y de absoluto compromiso con el destino común de nuestra sociedad, que en las circunstancias actuales no podemos esperar que los militares solucionen nada, salvo aquellas contradicciones donde su jerarquía, que en su proceder deviene casi siempre en arbitrariedad, pueda resolver algo, generalmente por la fuerza, bien de palabra bien de hecho. Ningún proceso social orientado hacia la libertad del hombre y que sea verdaderamente moral, ético y estético, podrá darse en una sociedad donde los militares ejerzan liderazgo. Peor todavía, ninguna sociedad moderna ha podido desarrollarse de manera amplia en regímenes militares. La dictadura siempre es contraria al progreso socioeconómico, político y educativo de los pueblos. Sólo las sociedades que logran educarse, capacitarse y alcanzar niveles ético-estéticos integrales y que se basan en sus tradiciones y se orientan en una vocación de servicio social, como consecuencia de una visión cultural en sus estados, podrá acceder a estadios superiores de florecimiento integrales y armónicos.
Al referirnos a procesos democráticos debemos indicar que existen individuos que de civiles sólo tienen su ropaje. Esto nos lleva a afirmar que en nuestra sociedad hemos asistido a la experiencia de haber vivido bajo una aparente democracia (de aspecto representativa/seudoparticipativa) que en la práctica devino inmensa letrina política, donde los llamados padres de la democracia, hijos, parientes y demás sujetos bípedos, otorgaron a esa experiencia una connotación negativa que hizo del destino democrático de la sociedad en su conjunto, una oportunidad de enriquecimiento para quienes tenían y ahora tienen posibilidades económicas y de compadrazgo político. Por ello afirmamos que así como existe una inmensa cantidad de venezolanos que han obtenido con su esfuerzo una posición socioeconómica fuerte y digna, también existen otros que lo han logrado bajo la sombra de un Estado paternalista y corrupto, que los elevó desde las pulperías que regentaban en su pueblo o cantinas de cuarteles, hasta posiciones institucionales que les han permitido lograr dinero fácil e instantáneo.
Mientras unos se han aprovechado del Estado aprendiendo prácticas pícaras de legalidad inmorales, muchos de los inquilinos del actual gobierno del Estado son absolutamente torpes, resentidos sociales y políticos y fuertemente “talibanizados”, esto es; ignorancia rasa en teorías sobre procesos de filosofía política e incapacidad gerencial para administrar la Cosa pública.
De estos enfrentamientos entre un gobierno signado por la torpeza administrativa y una oposición donde se agrupan oportunistas de oficio con soluciones improvisadas, sólo nos queda esperar y estar siempre del lado de quienes padecen el drama de la desventura y la desesperanza.
La vida de los pueblos son largos corredores, tortuosos, caminos sinuosos, gelatinosos, donde posiblemente quienes hoy se enfrentan en sus liderazgos sociopolíticos y económicomilitares, mañana se den de abrazos, mientras las comunidades continúan padeciendo la misma violencia de un Estado inmoralmente dirigido por una mentalidad militarista marginal, sea de oposición sea oficialista.
(*) camilodeasis@hotmail.com twitter@camilodeasis www.juanguerrero.com.ve

martes, mayo 03, 2011

NanoRelatos


Mahoma

-Si la montaña venir a ti, corre! Es un derrumbe.

NanoRelatos


Desilusión

-Hubo fuego. Quedaron cenizas que el barrendero se llevó.

NanoRelatos


Reprobado

El libro de matemática se suicidó. Tenía demasiados problemas.

NanoRelatos


La Mancha

-Sancho, ladran perros. -Corre, pendejo! que nos alcanzan.