
martes, julio 08, 2008
domingo, junio 22, 2008
poemas cotidianos
dos y media de la madrugada
hay una hora del día cuando todas las puertas se cierran
entonces todo se hace una densa negrura
no está tu voz
ni tu rostro de nácar para darme la bendición
madre
atrás quedaron las risas entre tristes despedidas
verte partir
cansada de lidiar con esta vida
atrás quedaron los tiempos cuando me lavabas las manos
de la inocencia
untabas mi pecho en rosados e intensos olores
y era tu calor debajo de tu brazo alado
donde ocultaba mis miedos
mi asma
madre
atrás duerme la ilusión de vivir
delante queda este trecho cercano
vecino
el paso siguiente a mi destino
sólo tu voz detiene esta decisión de partir
martes, junio 10, 2008
púdico erotismo

abandono
la semiluz de este bar
es la celda del monasterio
mientras rezo mi abandono
la meretriz regordeta y blanca
frota sus muslos en mi pierna
y siento el goce
la plenitud entre las risas
mirada húmeda y lasciva
manos que buscan una horrorosa copa
adornada con lacitos y llena de guarapita roja
mi amigo
lleno de cerveza y nostalgia
se enreda en la azabache cabellera
toda palabra se aquieta en largos sorbos de cansancio
como en las plegarias de mi celda
llenas de tristeza
y compasión
lunes, junio 09, 2008
púdico erotismo

lascivia
miro a esta mujer que me habla
-las puntas de sus senos aterciopelados
abren su blusa
verde manzana
me masturba sus sonrisa
su mirada en celo que me alcanza
intercambiamos números telefónicos
y direcciones de correos
me dice que la llame
(-en su otro discurso sé que no soporta
la intensa soledad
ni el mundo de apariencias)
mientras habla me la imagino
tendida en la cama
suplicando que le pierda el respeto
acaso que le toque ese lado oculto
donde la perversión ilumina su otro borde
húmedo y lascivo
incrustado en la libertad de la roja cabellera
miro a esta mujer toda comedida
mientras me presenta a su esposo
de semblante opaco
y lleno de brillo artificial
después se despide
sus labios se entreabren
como dos líneas separadas
en el abismo del deseo
dejando en sus huellas
el trazo carmesí
de un perfume francés
miércoles, abril 30, 2008
dos poetas chinos

Hay otro cielo y otra tierra
más allá del mundo de los hombres.
Li Po.
En la medianoche vienen los recuerdos, aquellas sensaciones de la vida que fue y de aquella otra que vendrá. Entonces sólo queda contemplar esta vida que día a día nos desborda. Construimos historias a través de las horas que deseamos sean verdades: el trabajo, la familia, la vinculación con el poder, la preocupación por el dinero; sus ilusiones, promesas de fortunas y pagos. Deudas que debemos saldar y tantas otras responsabilidades de la vida en comunidad.
Pero en la medianoche los hechizos de la luna nos dicen que eso es una débil sensación de apariencias que construimos para aprender el juego de la vida. En la vida social todos debemos ser importantes y sobresalir frente al poder y sus sugestivos enamoramientos.
Frente a este mundo de apariencias se abre como amanecer de áureos cielos la poesía y los poetas. Donde nada es necesario salvo la palabra y sus encantos. Es la vida misma expresada en aquello que siempre está más allá (meta-fêro) donde podemos ser en nuestras exactitudes sin máscaras. Sin mayores extensiones de lo que apenas somos como individualidades que se extienden en el Otro.
Se cuenta que en la China imperial, en la dinastía T’ang y en las anteriores, hubo poetas que servían en las cortes, junto a escribanos, cortesanas y sacerdotes. Ellos eran los adelantados en la vinculación entre nobles y dioses. Entre tantos poetas hubo dos que se destacaron por la cortedad de la palabra expresada en un mundo de sensaciones y significaciones. Uno de ellos, Li T’ai Po (c. 701 – 762), conocido universalmente como Li Po, se divertía escribiendo poemas en papeles de seda que luego lanzaba a los arroyos, contemplando cómo se iban deslizando por el agua. Como afirman sus biógrafos, “era el mismo espíritu de la libertad caminando por la tierra ensangrentada”. Era el mismo “taipeng” (gran fénix) que oscurece al sol con sus grandes alas. Durante su vida escribió más de veinte mil poemas. Todos ellos de una absoluta armonía expresada en la sutileza de una estructura poética donde se observa la plenitud de un hacedor de la palabra llevada a la más decantada manifestación de la palpitación del ars poético. Sus textos están vinculados con la vida mundana, errante, entre los bosques, lagos y montañas. Lugares donde pasó cerca de diez años meditando sobre un verso que quizá ofendió a la favorita del emperador y por lo que fue desterrado de la corte.
La historia de Li Po está llena de misterios y aventuras. Se dice que acostumbraba vestir con amplias túnicas llenas de flores y andaba por las tabernas celebrando la vida con vino y bellas damas. Cierta vez, en una madrugada, Li Po se acercó a un lago para contemplar su siempre amada luna reflejada en las tranquilas aguas. Mientras sus compañeros se quedaban en la orilla él se subió a una pequeña embarcación y llegó al centro mismo del lago donde el reflejo de la luna era más intenso. Se levantó. Extendió sus brazos y repentinamente se lanzó al agua. Ya nunca más apareció. Nadie pudo saber dónde encontrarle. Sólo quedó su presencia, después de tantos siglos, entre los versos que alguna vez pudo escribir.
“Me senté a beber / y no advertí el crepúsculo / Hasta que los pétalos caídos / llenaron los pliegues / de mi túnica. / Ebrio, me levanté, / dirigiéndome al arroyo / iluminado por la luna. / Los pájaros se habían ido, / también los escasos hombres / que quedaban.” O como en este otro texto poético: “Me preguntas por qué estoy aquí, en la montaña azul. / Yo no contesto, sonrío simplemente, en paz el corazón. / Caen las flores, corre el agua, todo se va sin dejar huella. / Es este mi universo, diferente del mundo de los hombres.”
Tu Fu (712 – 770), amigo entrañable del maestro Po, es otro de los grandes poetas de la dinastía T’ang, que cuenta a más de dos mil quinientos poetas y millones de poemas. Más espiritual que Li Po, Tu Fu llega a las cortes del imperio chino precedido de una particular fama, pues desde los siete años ya componía estructuras poéticas, a más de escribir y leer con bastante exactitud gran parte de la extensa literatura de su época. Sin embargo, con el transcurrir de los años y de su cercanía con Po, se dará a la vida errante, como vagabundo entre pueblos, aldeas y tabernas. De ser gobernador provincial abandonó este cargo para entregarse a la más absoluta vida errante, sin casa ni hogar. Tu Fu es el creador del verso poético además de ser un extraordinario pintor. Sus bien acabados textos son una muestra de la plenitud espiritual y de su bien cultivado amor por la poesía. Sus textos no tienen la espontaneidad que se siente en los de su amigo. Son más trabajados y aluden a la vida precaria y llena de penurias que en cierta ocasión experimentó. De su relación con Po queda este melancólico poema, escrito poco después de la partida del amigo: “Ya tres noches seguidas he soñado contigo. / Estabas a mi puerta, / pasándote la mano por el blanco cabello, / como si una gran pena te acibarase el alma... / Al cabo de diez mil, cien mil otoños, / no tendrás otro premio que el inútil / de la inmortalidad.”
La tradición del esplendor en la poesía China sigue una misma huella entre sus hacedores hasta encontrarla en los escasos, pero singulares poemas que escribiera el mismo Mao Tse Tung, como el texto sobre el río Yang Tsen.
Después de leer la poesía milenaria China sentimos que siempre podemos volver a nuestros destinos más íntimos, más allá de toda algarabía e inutilidad de los tropiezos que la vida nos ofrece. Queda entre las manos esa tan anhelada vida de plenitud y amorosa cercanía con la poesía y sus bordes. Vivir la poesía siempre será más profundo que dejar testimonio de ella sobre un papel. Dejarla fluir y expresarla a través de la mirada, entre las palabras que diariamente enunciamos, en la textura de nuestra piel, en el silencio que antecede a todo encuentro, en la noche, entre la rutina de los días, limpiando la casa, cocinando, lavando la ropa, hasta allá donde el cansancio nos doblega por tanta tensión de apremios y responsabilidades... queda siempre el espacio para la poesía. Y es así, de otro modo nunca se estará cerca de dios ni del amor. De otro modo se vivirá en la desdicha, en las apariencias de lo que deseamos ser, de lo que alguna vez, cuando niños y jóvenes, sentimos y vivimos y no nos atrevimos a dar testimonio en el ahora, en este minuto exacto de la vida.
martes, abril 22, 2008
domingo, abril 06, 2008
amorosamente

...acuérdate, tú vuelta de espaldas
y dejándote mirar, yo bajando poco
a poco la sábana y viendo nacer eso
que eres tú, esto que ahora se llama
verdaderamente con tu nombre y habla
con tu voz...
Julio Cortázar. 62 Modelo para armar.
Lo amoroso no es sólo expresión de vida entre parejas. Tampoco está referido al espacio que entre ellas construyen ni en las relaciones sexuales ni filiales. Lo amoroso sucede en una dimensión más amplia. Es fundamentalmente una actitud ante la vida. Una forma de existir en el mundo, un lenguaje. Y este lenguaje procede de la intimidad del ser, es esencialmente oral y se expresa en los gestos, en los ademanes, en el silencio, en las maneras como nos damos al Otro. Lo amoroso sucede todo el tiempo y habita en la cotidianidad de la vida. No es hechura de actos sobrenaturales ni creación de contados elegidos. El ser amoroso aparece a la vuelta de la esquina. Está en el rostro adormecido de quien se levanta y se ve al espejo y se reconoce naturaleza perecedera, sencilla y viva. El ser que reconoce la trascendencia de la vida en el saludo mañanero con el rostro abierto y al natural. Mientras el olor del café le despierta el placer, el sabor y el saber y degusta en la mano que se lo ofrece el esplendoroso momento de estar transitando un mismo destino y una misma historia.
De madres a hijos transita un lenguaje ancestral que se nutre mientras se lame el pezón y se acaricia el seno. Y es la misma vida que aprendimos a sentirla en la propia carne y en la sangre. Por eso la memoria antigua es maternal. Y es así porque posee un lenguaje que está marcado en el cuerpo: son olores primarios, fuertes, vaginales que se entremezclan en el cuerpo y despiertan el interés por la vida y el deseo de estar rozando los límites del Otro. Por eso vamos al encuentro, a la aventura de la vida buscando, re-conociendo vestigios, el gesto iniciático en el rito que establecemos cuando nos entregamos al acto amoroso. Entre parejas lo amoroso desborda y es esencialidad, presencia erótica de vida plena que revela en la carne el gusto que da placer e inicia la desmesura. Carne (carnevale) que celebra su gozo, se eleva hasta más allá del placer donde los gestos y los húmedos cuerpos desplazan las palabras y sólo el silencio habla, grita y gime. Por eso lo amoroso encarnado es alimento del cuerpo y del alma. Reconforta y es plenitud del ser.
El hombre, más que la mujer, debe redimensionar su naturaleza amorosa, atreverse a transitar el estado amoroso: gestos, ademanes, miradas, maneras de ser traducidas en palabras renovadas. Es ese nuevo paradigma de la vida plena, que colma y rejuvenece. Es esa necesidad de estrechar el cuerpo del Otro y nutrirlo, sea de hombre que de mujer. Decirle amorosamente en el saludo o despedida, fija la mirada, que nos importa, que su presencia, ésta del aquí y el ahora, es hermosa y necesaria. A pesar del terrible drama humano y tanta ausencia, la actitud amorosa no debe perecer. Es ella la propia sustancia y condición que nos hace ser eso: tan humanos, tan hermanos.
miércoles, febrero 13, 2008
maría de león y onza

primera estancia
ser así
como tu cuerpo
cuerpo ampuloso y sedoso
cuerpo de cuerpos
vaginal y sediento
húmedo y pasional
estarme en ti y saberme ampliado en tus rasgos
en tus caderas que aprieto y siento
palpo y respiro
hondo cuerpo fetal que nace del ancho de la vida
entre sombras y gritos de piedad
certero
cuerpo que nace de hechizos
hierbas lanzadas
entre palos de bambú
entre tejas y lluvias
vienes de lejos
cuerpo
cuerpo que recorro y reconozco entre labios
en ti moran todas las mujeres
todas las meretrices
todas las puras vírgenes idas al infierno
sin paraísos
sólo herencia terrenal
sagrado cuerpo que tiene todas las medidas
las curvaturas exactas
del reino de los cielos
entimismado me adhiero a tus olores
a tu húmedo ano delicioso y puro
mi lengua abre tu pasión
escruta y saborea lo prohibido
lo que todos desean
saliva que en tus labios lubrica mi sexo
y es emoción y gloria y devenir
vuelves
regresas marcada en flor de espalda
largo camino a tierras crepusculares
mediodía de tus soles
que miran
me mides en la cremosidad de tus manos
en las piernas de la seducción
tu cabeza que danza en mi memoria
para saberte
desear tus dedos
las puntas de tus uñas
esa mirada de tus manos señalando siempre al sur
donde están los enigmas
los oráculos de tu pasado mágico
montaña que me habla en sus verdes
verde de tu sonrisa venida del fondo de tus sueños
donde fui río y fui espanto
ilusión de vida en tus vidas
no me niegues hoy la existencia
regresa como siempre fuiste
libre y solitaria
segunda estancia
desde el reposo de mi fractura te pienso
parada en el umbral de tu hogar
miras las sombras del páramo de los conejos
la ancianidad del viajero que viene
y en su rostro te menciona otra ruta
mientras habla de un futuro
yo no sé de tiempos ni de historias
amor mío
padezco de eternidad
de este presente que se alarga en mi memoria
y se vuelve piel y pasión
yo sé de tu cercanía hace mil años
una misma mirada encendida y calma
que reconozco en tus atardeceres
cuando siento tu voz adormecida
tejida en las vocales de tu seducción
yo sé de ti desde el tiempo de las libélulas
te reconozco piel en una misma melodía
en los acordes de instrumentos medievales
cuando se almizclan los cuerpos
nada tan semejante a la felicidad como tu rostro
abierto al mundo
dónde reposar tanta humanidad tanto abrazo contenido
estos días de noches largas
se amparan en los silencios que semejan despedidas
dime el nombre de tu tiempo
señálame el centro del único sitio posible del regreso
hoy no quiero saber de esperas
no quiero aguardar
me lacera tanta quietud de este destino humano
marcado por el cotidiano tránsito de quienes moran
al borde de la vida
amortajados y tristes
por las noches sólo hay silencios y sombras
mientras mi alma te busca
tanta noche en mi destino
tanto infortunio contenido en la mirada
luna renacentista y calma de puerto ordaz
donde los hombres andan como espantados
y las mujeres callan mientras miran de reojo
los deseos que resbalan por sus húmedos cuellos
luz esplendorosa de esta ciudad maravillosa y púdica
estremecida de humedades
donde los ángeles dejaron su oropel
sus gemidos
su oro y sus brillantes
lugar encendido de misterios que todos creemos
en la quietud de las miradas
cuánta madrugada llevo entrelazada en mi llanto
mientras todos duermen
y el rocío cubre mis manos que te buscan
dibujan tu silueta y tu ancho seno
tu pezón diminuto y luminoso
brote florecido en hierba de san juan
apegado a mi boca
ser así
como tu cuerpo
cuerpo ampuloso y sedoso
cuerpo de cuerpos
vaginal y sediento
húmedo y pasional
estarme en ti y saberme ampliado en tus rasgos
en tus caderas que aprieto y siento
palpo y respiro
hondo cuerpo fetal que nace del ancho de la vida
entre sombras y gritos de piedad
certero
cuerpo que nace de hechizos
hierbas lanzadas
entre palos de bambú
entre tejas y lluvias
vienes de lejos
cuerpo
cuerpo que recorro y reconozco entre labios
en ti moran todas las mujeres
todas las meretrices
todas las puras vírgenes idas al infierno
sin paraísos
sólo herencia terrenal
sagrado cuerpo que tiene todas las medidas
las curvaturas exactas
del reino de los cielos
entimismado me adhiero a tus olores
a tu húmedo ano delicioso y puro
mi lengua abre tu pasión
escruta y saborea lo prohibido
lo que todos desean
saliva que en tus labios lubrica mi sexo
y es emoción y gloria y devenir
vuelves
regresas marcada en flor de espalda
largo camino a tierras crepusculares
mediodía de tus soles
que miran
me mides en la cremosidad de tus manos
en las piernas de la seducción
tu cabeza que danza en mi memoria
para saberte
desear tus dedos
las puntas de tus uñas
esa mirada de tus manos señalando siempre al sur
donde están los enigmas
los oráculos de tu pasado mágico
montaña que me habla en sus verdes
verde de tu sonrisa venida del fondo de tus sueños
donde fui río y fui espanto
ilusión de vida en tus vidas
no me niegues hoy la existencia
regresa como siempre fuiste
libre y solitaria
segunda estancia
desde el reposo de mi fractura te pienso
parada en el umbral de tu hogar
miras las sombras del páramo de los conejos
la ancianidad del viajero que viene
y en su rostro te menciona otra ruta
mientras habla de un futuro
yo no sé de tiempos ni de historias
amor mío
padezco de eternidad
de este presente que se alarga en mi memoria
y se vuelve piel y pasión
yo sé de tu cercanía hace mil años
una misma mirada encendida y calma
que reconozco en tus atardeceres
cuando siento tu voz adormecida
tejida en las vocales de tu seducción
yo sé de ti desde el tiempo de las libélulas
te reconozco piel en una misma melodía
en los acordes de instrumentos medievales
cuando se almizclan los cuerpos
nada tan semejante a la felicidad como tu rostro
abierto al mundo
dónde reposar tanta humanidad tanto abrazo contenido
estos días de noches largas
se amparan en los silencios que semejan despedidas
dime el nombre de tu tiempo
señálame el centro del único sitio posible del regreso
hoy no quiero saber de esperas
no quiero aguardar
me lacera tanta quietud de este destino humano
marcado por el cotidiano tránsito de quienes moran
al borde de la vida
amortajados y tristes
por las noches sólo hay silencios y sombras
mientras mi alma te busca
tanta noche en mi destino
tanto infortunio contenido en la mirada
luna renacentista y calma de puerto ordaz
donde los hombres andan como espantados
y las mujeres callan mientras miran de reojo
los deseos que resbalan por sus húmedos cuellos
luz esplendorosa de esta ciudad maravillosa y púdica
estremecida de humedades
donde los ángeles dejaron su oropel
sus gemidos
su oro y sus brillantes
lugar encendido de misterios que todos creemos
en la quietud de las miradas
cuánta madrugada llevo entrelazada en mi llanto
mientras todos duermen
y el rocío cubre mis manos que te buscan
dibujan tu silueta y tu ancho seno
tu pezón diminuto y luminoso
brote florecido en hierba de san juan
apegado a mi boca
martes, enero 22, 2008
púdico erotismo

plegaria del erotismo
dulce cuerpo
vengan a ti todas las pasiones
de la carne y de la sangre
que las costras dormidas se abran
y sea en ti
herida viva
que palpita y estremece
dulce cuerpo
que se confundan en ti
todas las huellas de medianoche
todas las manos
que los mil dedos anhelantes
entibien muslos y caderas
que la boca de mi amada
comulgue la ostia de mi semen
y sea eternamente su alimento en la memoria
yo te lo pido señor
dame hoy lucidez no inteligencia
para alcanzar la plenitud
el goce en los orgasmos
y en un largo beso
se confunda mi saliva en la otra boca
permite que mi lengua
hable hoy el lenguaje del amor
cuando recorra el cuello de mi amada
la espalda y su cintura
que esta noche entrelazados
pronuncie la única palabra entre gemidos
amén
domingo, enero 20, 2008
púdico erotismo

nostalgia
cada hombre lleva torpemente su gloria
su silencio y su fracaso
desterrados del paraíso vamos elevando plegarias
en la vida
abandonados a nuestra suerte
en esta tierra llena de ausencias
mi corazón lleva todas las cruces
de aquéllas maltratadas de amor
tanto atardecer puebla mi alma
de lejanías
de hablas vanas
oh mi dios
tú que encandilas sin cegarme
dame una plegaria para el amor
cansancio
entre tanto desamparo
me desvisto
veo mis viejos zapatos
aprisionados
entre sus huellas
la camisa ahuecada
y vaporosa
como mis huesos de algodón
mis lentes entristecidos
en su mirada circular
esta madrugada me agoniza
en su memoria
me desnuda
tiemblo de silencios
suspendido
duele vivir
elevando plegarias y rezos
duele vivir
elevando plegarias y rezos
ecos en el desierto de mi alma refractada
ausente de mi cuerpo
sabiendo que te nombro
en cada sitio que visito
mientras amanece
y agonizo en mis silencios
duele vivir
entre besos atormentados
y orgasmos complacientes
fríos abrazos de medianoche
duele vivir suplicando
en medio de mi derrota
desollado de amor
poemas cotidianos

dos y media de la madrugada
hay una hora en la noche cuando todas las puertas se cierran
entonces todo se hace una densa negrura
no está tu voz
ni tu rostro de nácar para darme la bendición
madre
atrás quedaron las risas entre tristes despedidas
verte partir
cansada de lidiar con esta vida
atrás quedaron los tiempos cuando me lavabas las manos
de la inocencia
untabas mi pecho en rosados e intensos olores
era tu calor debajo de tu brazo alado
donde ocultaba mis miedos
mi asma
madre
atrás duerme la ilusión de vivir
delante queda este trecho cercano
vecino
el paso siguiente a mi destino
esta madrugada
tu voz detiene mi decisión de partir
I
no es el amor lo que sostiene hoy mi vida
este tedio húmedo y silencioso
esta cotidiana manera de existir
más allá de lo imposible
VI
sólo la demencia
-memoria solitaria
colma el desvelo de este amanecer
VIII
donde voy es un lugar
sin regreso posible
todo regreso supone otra vida
estoy cansado de vagar
X
he andado y desandado
inútilmente
he pronunciado tu álmico nombre
en esta vida en este instante
sólo el silencio te nombra
viernes, noviembre 23, 2007
poemas cotidianos

recuerdos
te he aguardado por años quizá tantos
y me he dormido en tu mirada
habrías sido aquella escolar de mis primeros años
o acaso luego
la del autobús en alta noche
universidad plaza venezuela
yo esperaba la salida de hombres y mujeres
de la medianoche
calle de la puñalada bar pullman
el gato pescador
sé que viajaste a mi lado
he tocado grandes puertas de madera
las esculturas del bernini
la casa de leopardi
aquella de brecht en ausburg
oré por ti en bancos de iglesias antiguas
escuchando lenguas extrañas
busqué tus ojos en el egeo
en los olivares griegos el olor de tu cuerpo
la noche de la selva me reveló los miedos
los llantos de la ausencia
no te encontré
perdí las palabras del regreso
el volver el por siempre
despiértame di tu presencia
ese borde más allá del silencio y de la noche
viernes, octubre 05, 2007
poemas cotidianos

carrera barrancas
estoy amando a la mujer más linda de la tarde
sin melancolías ni fracasos
mientras dejo caer levemente mi cabeza
sobre esta almohada y los cielos se entrecierran
en sombras de verano
estoy amando a la mujer más linda de la noche
en puntos de estrellas
ahora cuando mi recuerdo vaga calle abajo
deslizando mis dedos sobre la verja
sintiendo tu rostro
densidad de saberte entre lirios
semejante a piel maternal
-habitante de tu ausencia
el padre desconocido
mirando en lejanía
esta noche la casa penetra
en mi piel
inmensa sábana blanca
vago por los espacios ajenos
donde el limonero albergó mis sueños
esta noche escuché tus pasos
mirada de espejo
densa ausencia de tu voz
confundiendo palabras
risas y deseos
estoy amando a la mujer más linda de esta madrugada
sin disculpas ni excusas
rasgo de sonrisa entre mis labios
mis manos sobre tus senos
vaporosa mirada de casabe y café con leche
metro y medio de humana mujer
ampulosa y lasciva
volcánica
sedosa
esta noche arde la memoria
a media calle
casa llena de ausencias
cercada en grama y blanca
no están los girasoles
las ixoras se han ahogado con la lluvia
y los azulejos de la tarde escaparon al parque
qué aguardar sino la noche
este silente amanecer
tú
cerca del norte
yo
al sur
vecinos de la última memoria
brote de escombros
acercando tristezas
queda esta ceniza en la espesa noche
la casa doblada en la mirada
calle abajo
estoy amando a la mujer más linda de la tarde
sin melancolías ni fracasos
mientras dejo caer levemente mi cabeza
sobre esta almohada y los cielos se entrecierran
en sombras de verano
estoy amando a la mujer más linda de la noche
en puntos de estrellas
ahora cuando mi recuerdo vaga calle abajo
deslizando mis dedos sobre la verja
sintiendo tu rostro
densidad de saberte entre lirios
semejante a piel maternal
-habitante de tu ausencia
el padre desconocido
mirando en lejanía
esta noche la casa penetra
en mi piel
inmensa sábana blanca
vago por los espacios ajenos
donde el limonero albergó mis sueños
esta noche escuché tus pasos
mirada de espejo
densa ausencia de tu voz
confundiendo palabras
risas y deseos
estoy amando a la mujer más linda de esta madrugada
sin disculpas ni excusas
rasgo de sonrisa entre mis labios
mis manos sobre tus senos
vaporosa mirada de casabe y café con leche
metro y medio de humana mujer
ampulosa y lasciva
volcánica
sedosa
esta noche arde la memoria
a media calle
casa llena de ausencias
cercada en grama y blanca
no están los girasoles
las ixoras se han ahogado con la lluvia
y los azulejos de la tarde escaparon al parque
qué aguardar sino la noche
este silente amanecer
tú
cerca del norte
yo
al sur
vecinos de la última memoria
brote de escombros
acercando tristezas
queda esta ceniza en la espesa noche
la casa doblada en la mirada
calle abajo
miércoles, septiembre 19, 2007
poemas cotidianos
agonía
yo que moriré irremediablemente
derrotado en la medianoche
hasta siempre
dejo en cada piel mi humedad
este vicio del erótico aullido en tu costado
herido como animal
agónico
gesticulando nombres ya olvidados
años cuando fui intensidad
temblando en sangre
fiebre y alcohol
oloroso a semen mientras te encimabas
este dolor de habitar la vida
sollozando mientras pronuncio palabras de amor
soledad lacerante que a ratos
cubres con tus besos
y sin embargo
no sé quién eres
perdí tu rostro entre tantos rostros
tu gemido tiene esa ausencia de siempre
grito desesperado entre mis manos
esperanza
mientras espero la muerte aprendí a masturbarme
deambular por mi apartamento en las madrugadas
silencioso
aprendí el lenguaje del hombre solo
la dicha del secreto lejano
mientras espero la muerte aprendí a pensarte
saber que existes en algún lugar
que vienes de un mismo kinder
donde descubrí el brillo del amor en tu mirada
mientras espero la muerte aprendí a recorrer tu cuerpo
conté cada poro y conocí tu olor vaginal
almizclado entre perfumes
tu poder y tu gloria
soy desde entonces un derrotado en los orgasmos
mientras espero la muerte aprendí el lenguaje de los pájaros
la libertad de un azulejo
la alegría de loros y guacamayas en tardes guayanesas
abril queda cerca en la memoria
a un paso está mayo
y al borde del año se acerca junio y su solsticio
entonces la vida es pura lluvia
luna de plata
mientras espero la muerte aprendí a soñar con esta vida
irracional
extraña y humana
hombres temerosos y astutos
que huyen de su muerte
magia de la palabra
sólo tus labios saben del dolor y del placer
pero callas
encerrada detrás de tus dientes
tu lengua guarda el sabor de la palabra amor
la densidad del tono al pronunciarla
música exquisita y vibrante
de un dios erótico y carnavalesco
dímelo
lanza tu palabra y rasga mi piel
penétrame con tu vagina
que se abre en flor carnívora
y lasciva
este silencio tan lacerante
tensión de tu rostro
orgásmico
aquietado entre mis manos
cumpleaños
esta madrugada muere mi amor
y nadie se entera
este amor que se escapa entre mis manos
como agua de manantial
-y tú que decías que venías de un mismo lugar
de siglos atrás
eras la mujer en blanco
del cuadro de van gogh
donde toda mirada era una fiesta
tus huesos de algodón
te hacían levitar
y llegabas a mí como hálito de vida
latiendo tu voz musical por el teléfono
donde la piel se humedece
con luz de neón
dejaste en mi cementerio todas tus cruces
ahora te habita el desamor y la torpeza
de tus años
que amortajas entre tanto silicón
nadie te visitará después del último día
de septiembre
salvo el recuerdo
y tu soledad
yo que moriré irremediablemente
derrotado en la medianoche
hasta siempre
dejo en cada piel mi humedad
este vicio del erótico aullido en tu costado
herido como animal
agónico
gesticulando nombres ya olvidados
años cuando fui intensidad
temblando en sangre
fiebre y alcohol
oloroso a semen mientras te encimabas
este dolor de habitar la vida
sollozando mientras pronuncio palabras de amor
soledad lacerante que a ratos
cubres con tus besos
y sin embargo
no sé quién eres
perdí tu rostro entre tantos rostros
tu gemido tiene esa ausencia de siempre
grito desesperado entre mis manos
esperanza
mientras espero la muerte aprendí a masturbarme
deambular por mi apartamento en las madrugadas
silencioso
aprendí el lenguaje del hombre solo
la dicha del secreto lejano
mientras espero la muerte aprendí a pensarte
saber que existes en algún lugar
que vienes de un mismo kinder
donde descubrí el brillo del amor en tu mirada
mientras espero la muerte aprendí a recorrer tu cuerpo
conté cada poro y conocí tu olor vaginal
almizclado entre perfumes
tu poder y tu gloria
soy desde entonces un derrotado en los orgasmos
mientras espero la muerte aprendí el lenguaje de los pájaros
la libertad de un azulejo
la alegría de loros y guacamayas en tardes guayanesas
abril queda cerca en la memoria
a un paso está mayo
y al borde del año se acerca junio y su solsticio
entonces la vida es pura lluvia
luna de plata
mientras espero la muerte aprendí a soñar con esta vida
irracional
extraña y humana
hombres temerosos y astutos
que huyen de su muerte
magia de la palabra
sólo tus labios saben del dolor y del placer
pero callas
encerrada detrás de tus dientes
tu lengua guarda el sabor de la palabra amor
la densidad del tono al pronunciarla
música exquisita y vibrante
de un dios erótico y carnavalesco
dímelo
lanza tu palabra y rasga mi piel
penétrame con tu vagina
que se abre en flor carnívora
y lasciva
este silencio tan lacerante
tensión de tu rostro
orgásmico
aquietado entre mis manos
cumpleaños
esta madrugada muere mi amor
y nadie se entera
este amor que se escapa entre mis manos
como agua de manantial
-y tú que decías que venías de un mismo lugar
de siglos atrás
eras la mujer en blanco
del cuadro de van gogh
donde toda mirada era una fiesta
tus huesos de algodón
te hacían levitar
y llegabas a mí como hálito de vida
latiendo tu voz musical por el teléfono
donde la piel se humedece
con luz de neón
dejaste en mi cementerio todas tus cruces
ahora te habita el desamor y la torpeza
de tus años
que amortajas entre tanto silicón
nadie te visitará después del último día
de septiembre
salvo el recuerdo
y tu soledad
martes, septiembre 04, 2007
poemas cotidianos
celebración
tensar la noche
dejarla penetrar como ala de ángel
en la piel
-y esta sensación de abandono
tanto silencio
no quiero alejar mis ojos del cielo
estas estrellas de medianoche
en la ciudad que se adormece
que tanto amo
es mi espacio
el centro del mundo
puerto ordaz es mi lugar de aguas
de esplendores mañaneros
mi quietud nocturna
cuando se entrega a las sombras
-y esta sensación de abandono
que no cede
culpas de amores
grabadas en el cuerpo
corderos sacrificados
en el festín de la vida
rostro lunar
tú me decías que toda cercanía
era de un tiempo eterno
ahora queda la noche
este brillo lunar
pensarte en alta densidad
mientras pasa tu rostro oval
en rojo profundo
sé que son años de ausencias
días detenidos en un mismo lugar
amparados al final de septiembre
cómo regresar con tanto hueso roto
tanta piel desollada
tanta intensidad de vida entre las manos
almuerzo
vienes a mí desde tu pueblo de selvas
con labios de seda
diciendo alegrías
esta manía de nombrarte en mi silencio
mientras preparo el almuerzo
hablarte mientras cocino
adobo la carne para la sopa
saber que estás entre olores crepusculares
eres sabor de un vino tinto italiano entre mis labios
mezclado entre perejil cebolla en rama
una pizca de pimienta negra sal ajo y salvia
después
toda verdura se acopla
en un manjar de dioses
luz acunada en un mismo centro
poblada de un lenguaje anterior a la memoria
que resplandece
y es oro de auyama
de ocumo y papa
deseo de tu piel que es vapor de caldo hirviente
tensar la noche
dejarla penetrar como ala de ángel
en la piel
-y esta sensación de abandono
tanto silencio
no quiero alejar mis ojos del cielo
estas estrellas de medianoche
en la ciudad que se adormece
que tanto amo
es mi espacio
el centro del mundo
puerto ordaz es mi lugar de aguas
de esplendores mañaneros
mi quietud nocturna
cuando se entrega a las sombras
-y esta sensación de abandono
que no cede
culpas de amores
grabadas en el cuerpo
corderos sacrificados
en el festín de la vida
rostro lunar
tú me decías que toda cercanía
era de un tiempo eterno
ahora queda la noche
este brillo lunar
pensarte en alta densidad
mientras pasa tu rostro oval
en rojo profundo
sé que son años de ausencias
días detenidos en un mismo lugar
amparados al final de septiembre
cómo regresar con tanto hueso roto
tanta piel desollada
tanta intensidad de vida entre las manos
almuerzo
vienes a mí desde tu pueblo de selvas
con labios de seda
diciendo alegrías
esta manía de nombrarte en mi silencio
mientras preparo el almuerzo
hablarte mientras cocino
adobo la carne para la sopa
saber que estás entre olores crepusculares
eres sabor de un vino tinto italiano entre mis labios
mezclado entre perejil cebolla en rama
una pizca de pimienta negra sal ajo y salvia
después
toda verdura se acopla
en un manjar de dioses
luz acunada en un mismo centro
poblada de un lenguaje anterior a la memoria
que resplandece
y es oro de auyama
de ocumo y papa
deseo de tu piel que es vapor de caldo hirviente
jueves, agosto 16, 2007
poemas cotidianos

pasional
mirarme los pies
las puntas de los dedos mientras cae la tarde
saber que en alguna parte alguien está muriendo
otro agoniza en su sangre
y otro más sale a la vida sin destino
mirarme los pies
acariciarlos como tú lo hacías cuando me ofrecías tu sonrisa
y saber que la soledad acompaña al desamor
la tristeza de esta mujer
golpeada y violada por su hombre
me cuenta la crueldad de su pequeño infierno
-pero en el fondo lo amo
dice entre lágrimas
observo mis pies
y pienso en ella
la veo caminar taconeando su plástica alegría
siliconeada
paseando su efímero poder en cada pecho
de puntas más elevadas que su cerebro
sé que el día ya no da para más
tampoco la noche
ni esta madrugada
lluviosa y sombría de puerto ordaz
esperando la mañana
con su parte de guerra
nuevas palabras
qué palabra define esta sensación de lejanía
esta íntima soledad
sin ayer ni mañana
este quedarme aislado en el puro hueso
contemplando el paso raudo
de los segundos
sentir su eternidad
qué diccionario posee la palabra
que me diga de este momento
tan sin tiempo
sin espacio
rondando la cocina y sus olores
de albahaca orégano y romero
sacudiendo el polvo de la mesa
colocando sábanas en la cama
limpiando la mugre del baño
tendiendo mis camisas y pantalones
como almas flacas que se arrugan
qué palabra encuentro para nombrar mi derrota
esta incapacidad para vivir
entre apariencias
alegre y plástica
aniversario
es demasiado temprano para nacer a la muerte
y sin embargo
el tedio y la melancolía hacen de este día
un espacio que sobra
lenta mañana que agoniza
mientras la tarde avanza su calor de verano
agosto pasa sin sobresaltos
entre dibujos y lecturas de brujas y hechiceras
es demasiado temprano para nacer a la muerte
y sin embargo
tu piel ya no me reclama humedades
no me calma esta pasión
este mes clavado entre mis ojos
largo verano cóncavo
lleno de truenos secos
afiebrado en sus bordes
esperando la noche
entre dos lunas que iluminen este cansancio
es demasiado temprano para nacer a la muerte
porque todos se han ido a dormir sus miserias
sus miedos
entre discursos y declaraciones de prensa
falsos rezos en las iglesias
y no me acuerdo del nombre de mi ángel
olvidé el rostro de todos
el nombre de mi patria
es demasiado temprano
madrugada fría y lejana
nadie despierta
viernes, agosto 10, 2007
oráculo del conocimiento inútil
El artista es un producto del
Renacimiento que está a punto de morir.
Gertrudis Goldschmidt (Gego).
La mirada al texto plástico de María Eugenia Catoni (Caicara del Orinoco, 1955) supone un tránsito hacia los bordes de historias fragmentadas. Eso que está ahí, en las periferias de la vida; como restos, pedazos de vidas que se expresan en ángulos donde el sobrecogimiento adviene como reacción a eso que somos: cierta podredumbre humana.
Construida bajo una seriación de miradas ocupadas en verse a sí mismas desde el modelaje, la apariencia surge como acto del no ser; monologar entonces es la circunstancia que aspira establecer eso dialógico para sentirnos acompañados por el Otro. Pero ese otro es quizá la sombra de nuestra propia ausencia.
Pero qué miran los objetos-lentes, que en blanco se amortajan a la espera de alguien para ofrecer su oquedad?. Laberinto de espacio en disolución que se abre cuando colocamos en nuestros ojos esos raros objetos que aumentan la figura mientras se muestran a un mundo de contrastes, donde el colorido visualiza la danza de un carnaval de risas contenidas en un sollozar de ausencias.
Son estas las marcas discursivas en un bosquejo de objetos, donde el material plástico no sólo es presencia en la configuración de líneas y trazos de las obras, también determina la actitud ante la vida y lo que ella significa.
Vivimos entonces en la Edad del Plástico. De alguna manera todos llevamos en nuestra memoria y nuestra piel, las marcas de este tiempo. Tiempo de sinuosidades, cargado de incertidumbre y a la vez de un frenesí por aquello efímero y huidizo. Hoy vivimos las relaciones desde lo efímero. De arte contenido como Obra única, pasamos por estas de contenido utilitario y efímero. Esta presencia de lo que es apariencia inútil supone un pensamiento similar. La canalización de la vida y sus contornos, sus lamentaciones y festejos, vienen modelados desde eso trivial que dice de una razón agotada y enferma. Y es precisamente la enfermedad espiritual, psicológica lo que fragmenta y disuelve, arrincona y excluye; como el sida. Es esta enfermedad de la que todos padecemos en su base emotiva.
Corroe en la intimidad del abandono, la lejanía del Otro-semejante que ya de tan distante se disuelve en espacio-tiempo y queda atrapado en la cuadratura plástica, como objeto que espera ver a través de él.
Por ello la necesidad de expresarnos como prótesis (prothêsis) que se extiende, para exponer en su fragilidad, en su expresión gelatinosa, un aparente poder que nos permita acercarnos a la humanidad que aspiramos encontrar. Esa es la razón de la persona (personae) que como extensión del ser, artificialmente se alarga en su capacidad para maniobrar desde la apariencia.
Justo entonces la resolución plástica de Catoni cuando el lente mira a través de dos prótesis en su encierro de buscar desde el vacío de la persona aquello que anhela el ser: el Otro semejante.
A más de lo efímero de amontonar lentes en seriación, como inútil discurso argumentado desde la banalización de lo cotidiano, Catoni amortaja en blanco sus anteojos para no diferenciar ni distinguir el inútil decir de la vida plástica.
Los rasgos del discurso teórico vienen ya mostrados desde los inicios de lo que ha sido el nombrar eso postmoderno. Suerte de caída en la desesperanza y la idiotez del pensamiento, artificialmente construido a partir de lugares comunes que se expresan en la cotidianidad como actos trascendentes por los medios audiovisuales.
En la expresión plástica de esta artista no hay nada en demasía. Posiblemente sí la cortedad en la presencia de pequeñas piezas que sin embargo, son consecuencia de una reflexión ante eso sobrante y que va por los márgenes de la vida. De eso se nutre la mirada de María Eugenia Catoni. Esos lugares olvidados y que son como piezas desmontables que le sirven a su vez, para alcanzar una-otra y única mirada, que se amontona en el coloritmo propio de esto que somos. Hay gozo carnavalesco pero también reposo en el pensar la vida y sus fragmentos.
Un bien pensado y mejor trabajado esfuerzo artístico en quien se sabe conocedora de su propio lenguaje; ese de lo lúdico (ludens) donde lo artesanal supone la antigua presencia del espacio aquelárrico que celebra el devenir del movimiento hecho Obra de arte.
jueves, julio 05, 2007
miércoles, junio 27, 2007
miércoles, junio 20, 2007
La Gafedad del Mío Cid

Escrito a mediados del 1140 y copiado posteriormente por un tal Per Abad, el año 1207, el cantar del Mío Cid ha sido el paradigma de la lengua nuestra por excelencia. Dos grandes filólogos, Bello y Menéndez Pidal coinciden en ello y le otorgan al poema rasgos de partida de nacimiento para comprender la posterior evolución de nuestra lengua.
Estructurado el texto en tres partes: destierro del Campeador por el rey Alfonso VI, tras supuestamente haberse apoderado el héroe de unos bienes mal habidos; captura del sitio de Valencia e inicio de la retirada de los moros, y; desposamiento de sus hijas con los infantes de Carrión. El poema supone un propósito superior y éste viene representado por la necesidad del héroe en demostrar valores, como la lealtad, la honradez, la valentía, entre otros, que han sido puestos en tela de juicio por el rey al condenarlo al destierro.
Si bien el Campeador acepta inicialmente la pena impuesta, que incluye la pérdida de sus derechos de patria potestad sobre su familia, mujer e hijas, así como la de ser asistido y peor aún; el que nadie le pueda dirigir la palabra so pena de ser castigado; observamos en este hecho una singular manera de castigo más profundo, que lacera y corroe el alma: la negación de la palabra. No es sino una niña, que por su ingenuidad se atreve a hablarle cuando llega a uno de los pocos poblados donde inicialmente puede acercarse.
Esta manera de castigo, de negarle la palabra al Otro-diferente viene de muy antiguo. En los pueblos de la antigüedad se usaba castigar con la máxima pena a quien realizaba actos innobles; como ultrajes, asesinato o quien maldecía injustamente. Nadie en el pueblo podía ni mirarlo ni dirigirle la palabra. Así, el condenado terminaba o yéndose del pueblo, o se volvía loco o se suicidaba. Por su parte los romanos y griegos eran un poco más benévolos: a los corruptos les permitían estarse en la polis… sin embargo, cuando se les saludaba, al extenderles la mano se les volteaba la cara en señal de desprecio. Quizá en nuestros días ya no ocurre eso pero en algunos lugares, cuando alguna persona decide no dirigirle más la palabra a otra, aún se escucha la frase: -Fulanito le hizo la cruz a sutanito.
El condenado, en nuestra reflexión Rodrigo Díaz de Vivar, experimenta en carne viva la condena propia de aquellas almas que eran despojadas de todo cuanto les suponía derecho de ciudadanía. Pierde, como ya indicamos, sus derechos de patria potestad sobre su mujer e hijas, pierde su derecho de poder vivir en su pueblo, pierde el derecho a comunicarse con sus semejantes, pierde sus derechos sociales como un hijodalgo (Hidalgo), que si bien es uno de los primeros escalones en la jerarquía monárquica de la época, está en el camino del ascenso social. Es un condenado real. El Cid es un ser menospreciado por la divinidad encarnada en el rey.
Pero ¿qué es aquello que tanto ven en el héroe que repugna y hace que le saquen el cuerpo y le den la espalda.?.
La respuesta a ello no está tanto en la manera externa como se desarrollan los acontecimientos, como en el padecimiento por el que pasó la sociedad de aquellos tiempos.
Ese padecimiento al que nos referimos es la llamada Gafedad, Lepra, enfermedad leonina o elefantiasis. Esto, por las características que reviste en los enfermos la inclinación del cuerpo que se encorva, junto con la característica que adquieren los miembros superiores, así como la alteración del tejido dérmico. También por estar por mucho tiempo confundida con la sífilis, se le emparentó a esa enfermedad, caracterizándose al enfermo como pecador y por tanto, condenado por Dios a padecer semejante mal.
Al leproso o gafo, una vez identificado como tal, se le despojaba de absolutamente todo derecho civil, al punto de ser declarado en la práctica, un muerto viviente. Nadie se le podía acercar, ni hablar ni darle posada ni alimentarle. Andaban los leprosos por los bordes de los caminos y lejos de las entradas a los pueblos, mientras sus carnes se caían a pedazos, se iban desintengrando poco a poco. Quedaban en la desnudez como almas que vagaban en la medianoche de esos tiempos.
Pero el Campeador no padece de lepra, físicamente hablando. Eso es cierto. Su padecimiento es interno, espiritual y semeja en todo la desintegración del cuerpo individual, aquello que se experimenta en la vida de una sociedad que por cerca de 800 años permanecía bajo dominio de la cultura islámica. Apenas unos cuantos señoríos, aldeas cristianas dispersas en la zona del cántabro, donde se guardaban los misterios de una cultura heredada de la hispania romana y de los visigodos. Pedazos de fragmentos de un imperio, como el romano, roto y partido en dos grandes bloques, el de oriente y occidente, que posteriormente fueron a su vez partiéndose en pedazos de espacios donde apenas quedaban vestigios de ese esplendor imperial. Esa es la vida de una sociedad que padeció la enfermedad de la lepra en toda su intensidad. Una fractura física pero básicamente espiritual. Lo vemos en la duda sobre los valores que inicialmente al héroe le reclama el mismísimo representante de la divinidad en la tierra, el rey.
Siempre me ha asaltado la duda de esos valores del Campeador que tanto han ensalsado los estudiosos del cantar. Posiblemente asumo la valentía y el sacrificio como actos caballerescos. Pero ciertamente hay un dejo de fetidez, de cosa extraña, por decir lo menos, cuando el Cid ofrece a sus propias hijas a unos mozalbetes por el sólo hecho de su linaje real.
Cómo se le podría catalogar a este Rodrigo Díaz de Vivar ahora?. Un arribista social?. Ciertamente los tiempos son diferentes. Pero no encuentro nada de heroico en este suceso, salvo para lo afirmado anteriormente y también, para acercarse a su bendito rey, para complacerse ente la divinidad. Pareciera, modernamente hablando, un chupamedias cualquiera. No encuentro nada de extraordinario en semejante acto salvo la fetidez de una enfermedad que arrastra en su alma y que es, como bien ya conocemos, un mal por insanía, por suciedad, una infección tal y como siglos después Hansen lo indicó.
Esa infección ataca al Cid y está caracterizada también por la tendencia de un hijodalgo a escalar posiciones en la jerarquía monárquica, a como dé lugar, aún y teniendo que regalar a sus propias hijas a unos cobardes nobles, como son los Infantes de Carrión.
Curiosa enfermedad que diezmó a media Europa, junto con la peste y que posteriormente, fue traída a este lado del mundo precisamente por ladrones, asaltantes, corruptos, ineptos, expresidiarios y demás truhanes, que formaron los primeros grupos de europeos que vinieron a este continente.
Como vemos, cada época parece estar signada por claves discursivas, por palabras mágicas que determinan el comportamiento de una sociedad. Lo vemos en la alta y baja Edad Media, con la lepra o mal divino. También en siglos posteriores, con la tuberculosis. Enfermedad que se acentuó a finales del setecientos y todo el ochocientos. Mal de la melancolía y el padecimiento silencioso. Enfermedad socialmente aceptada por ser un síndrome de tortura enviada por Dios. Los tísicos eran en el ochocientos personas jipatas, amarillentas, extremadamente flacos, de ojos desorbitados, propensos al desvanecimiento y la permanente tos que llegaba a la flema sangrante. Iba muy a la medida de una sociedad mojigata, taciturna y melancólica. Caracterizada por el paso lento y los movimientos de un cuerpo como en cámara lenta. De mirada distraída y llena de ensoñación y adormecimiento.
Pero es en el novecientos cuando la humanidad despierta y se lanza al movimiento frenético y la construcción de un mundo a velocidad extrema. Mundo que se piensa constantemente. Se razona, se mentaliza hasta la histeria. Así se aprecia otro mal de siglo. El cáncer va de la mano con este hombre que se consolida como criatura científica y reta a Dios y al Diablo frente a su hazaña más acabada: la tecnología.
El cáncer es una enfermedad de la mente, un mal de los tiempos modernos. Caracterizado por el agotamiento espiritual y la soledad del hombre mientras existe en la densidad de millones de personas.
Pero si a la lepra, la peste, la tuberculosis y el cáncer le damos importancia como síndromes que marcan espiritualmente una época; creo que la actual, sin duda alguna, está signada por la impronta de lo artificioso en demasía: el sida. Su origen mismo supuso la duda de si era la primera enfermedad creada en un laboratorio. Aún existe tal duda. Enfermedad de la postmodernidad, de eso que está en lo que llamo la Era del Plástico y de la Prótesis. Nace como síndrome propio de eso que agota, de una absoluta soledad que se padece como muerte espiritual. El sidoso, como el leproso, es un ser excluido del entorno social. Inicialmente se le recluyó en espacios separados. La lógica, dentro de la ironía de la vida, nos dice que todos estamos infectados de ella. Somos propagadores de esa enfermedad, aún sin padecerla físicamente. La fragilidad de una sociedad y de un mundo, que transitamos en suelo gelatinoso y de arenas movedizas, nos dice que pronto estaremos cercanos a ella. Esto es cierto. Cada vez conocemos del amigo del amigo que tiene un conocido pedeciendo tal mal. Cada día los círculos se angostan. Cada vez son menores los límites que nos separan. Por eso desarrollamos las prótesis. Ese embellecimiento ante la “peste”. Esa degradación progresiva y certera de padecer del síndrome, de esa enfermedad incurable que nos diezma y nos reduce a ser siempre eso que somos: podredumbre humana recubierta de perfumes, silicón, bótex, para impedir, como en el leproso del Campeador, la caída a pedazos del alma.
Después de todo algo sí reconozco en el cantar de gesta aludido: la maravillosa muestra de un idioma que nombra su propio padecimiento.
Estructurado el texto en tres partes: destierro del Campeador por el rey Alfonso VI, tras supuestamente haberse apoderado el héroe de unos bienes mal habidos; captura del sitio de Valencia e inicio de la retirada de los moros, y; desposamiento de sus hijas con los infantes de Carrión. El poema supone un propósito superior y éste viene representado por la necesidad del héroe en demostrar valores, como la lealtad, la honradez, la valentía, entre otros, que han sido puestos en tela de juicio por el rey al condenarlo al destierro.
Si bien el Campeador acepta inicialmente la pena impuesta, que incluye la pérdida de sus derechos de patria potestad sobre su familia, mujer e hijas, así como la de ser asistido y peor aún; el que nadie le pueda dirigir la palabra so pena de ser castigado; observamos en este hecho una singular manera de castigo más profundo, que lacera y corroe el alma: la negación de la palabra. No es sino una niña, que por su ingenuidad se atreve a hablarle cuando llega a uno de los pocos poblados donde inicialmente puede acercarse.
Esta manera de castigo, de negarle la palabra al Otro-diferente viene de muy antiguo. En los pueblos de la antigüedad se usaba castigar con la máxima pena a quien realizaba actos innobles; como ultrajes, asesinato o quien maldecía injustamente. Nadie en el pueblo podía ni mirarlo ni dirigirle la palabra. Así, el condenado terminaba o yéndose del pueblo, o se volvía loco o se suicidaba. Por su parte los romanos y griegos eran un poco más benévolos: a los corruptos les permitían estarse en la polis… sin embargo, cuando se les saludaba, al extenderles la mano se les volteaba la cara en señal de desprecio. Quizá en nuestros días ya no ocurre eso pero en algunos lugares, cuando alguna persona decide no dirigirle más la palabra a otra, aún se escucha la frase: -Fulanito le hizo la cruz a sutanito.
El condenado, en nuestra reflexión Rodrigo Díaz de Vivar, experimenta en carne viva la condena propia de aquellas almas que eran despojadas de todo cuanto les suponía derecho de ciudadanía. Pierde, como ya indicamos, sus derechos de patria potestad sobre su mujer e hijas, pierde su derecho de poder vivir en su pueblo, pierde el derecho a comunicarse con sus semejantes, pierde sus derechos sociales como un hijodalgo (Hidalgo), que si bien es uno de los primeros escalones en la jerarquía monárquica de la época, está en el camino del ascenso social. Es un condenado real. El Cid es un ser menospreciado por la divinidad encarnada en el rey.
Pero ¿qué es aquello que tanto ven en el héroe que repugna y hace que le saquen el cuerpo y le den la espalda.?.
La respuesta a ello no está tanto en la manera externa como se desarrollan los acontecimientos, como en el padecimiento por el que pasó la sociedad de aquellos tiempos.
Ese padecimiento al que nos referimos es la llamada Gafedad, Lepra, enfermedad leonina o elefantiasis. Esto, por las características que reviste en los enfermos la inclinación del cuerpo que se encorva, junto con la característica que adquieren los miembros superiores, así como la alteración del tejido dérmico. También por estar por mucho tiempo confundida con la sífilis, se le emparentó a esa enfermedad, caracterizándose al enfermo como pecador y por tanto, condenado por Dios a padecer semejante mal.
Al leproso o gafo, una vez identificado como tal, se le despojaba de absolutamente todo derecho civil, al punto de ser declarado en la práctica, un muerto viviente. Nadie se le podía acercar, ni hablar ni darle posada ni alimentarle. Andaban los leprosos por los bordes de los caminos y lejos de las entradas a los pueblos, mientras sus carnes se caían a pedazos, se iban desintengrando poco a poco. Quedaban en la desnudez como almas que vagaban en la medianoche de esos tiempos.
Pero el Campeador no padece de lepra, físicamente hablando. Eso es cierto. Su padecimiento es interno, espiritual y semeja en todo la desintegración del cuerpo individual, aquello que se experimenta en la vida de una sociedad que por cerca de 800 años permanecía bajo dominio de la cultura islámica. Apenas unos cuantos señoríos, aldeas cristianas dispersas en la zona del cántabro, donde se guardaban los misterios de una cultura heredada de la hispania romana y de los visigodos. Pedazos de fragmentos de un imperio, como el romano, roto y partido en dos grandes bloques, el de oriente y occidente, que posteriormente fueron a su vez partiéndose en pedazos de espacios donde apenas quedaban vestigios de ese esplendor imperial. Esa es la vida de una sociedad que padeció la enfermedad de la lepra en toda su intensidad. Una fractura física pero básicamente espiritual. Lo vemos en la duda sobre los valores que inicialmente al héroe le reclama el mismísimo representante de la divinidad en la tierra, el rey.
Siempre me ha asaltado la duda de esos valores del Campeador que tanto han ensalsado los estudiosos del cantar. Posiblemente asumo la valentía y el sacrificio como actos caballerescos. Pero ciertamente hay un dejo de fetidez, de cosa extraña, por decir lo menos, cuando el Cid ofrece a sus propias hijas a unos mozalbetes por el sólo hecho de su linaje real.
Cómo se le podría catalogar a este Rodrigo Díaz de Vivar ahora?. Un arribista social?. Ciertamente los tiempos son diferentes. Pero no encuentro nada de heroico en este suceso, salvo para lo afirmado anteriormente y también, para acercarse a su bendito rey, para complacerse ente la divinidad. Pareciera, modernamente hablando, un chupamedias cualquiera. No encuentro nada de extraordinario en semejante acto salvo la fetidez de una enfermedad que arrastra en su alma y que es, como bien ya conocemos, un mal por insanía, por suciedad, una infección tal y como siglos después Hansen lo indicó.
Esa infección ataca al Cid y está caracterizada también por la tendencia de un hijodalgo a escalar posiciones en la jerarquía monárquica, a como dé lugar, aún y teniendo que regalar a sus propias hijas a unos cobardes nobles, como son los Infantes de Carrión.
Curiosa enfermedad que diezmó a media Europa, junto con la peste y que posteriormente, fue traída a este lado del mundo precisamente por ladrones, asaltantes, corruptos, ineptos, expresidiarios y demás truhanes, que formaron los primeros grupos de europeos que vinieron a este continente.
Como vemos, cada época parece estar signada por claves discursivas, por palabras mágicas que determinan el comportamiento de una sociedad. Lo vemos en la alta y baja Edad Media, con la lepra o mal divino. También en siglos posteriores, con la tuberculosis. Enfermedad que se acentuó a finales del setecientos y todo el ochocientos. Mal de la melancolía y el padecimiento silencioso. Enfermedad socialmente aceptada por ser un síndrome de tortura enviada por Dios. Los tísicos eran en el ochocientos personas jipatas, amarillentas, extremadamente flacos, de ojos desorbitados, propensos al desvanecimiento y la permanente tos que llegaba a la flema sangrante. Iba muy a la medida de una sociedad mojigata, taciturna y melancólica. Caracterizada por el paso lento y los movimientos de un cuerpo como en cámara lenta. De mirada distraída y llena de ensoñación y adormecimiento.
Pero es en el novecientos cuando la humanidad despierta y se lanza al movimiento frenético y la construcción de un mundo a velocidad extrema. Mundo que se piensa constantemente. Se razona, se mentaliza hasta la histeria. Así se aprecia otro mal de siglo. El cáncer va de la mano con este hombre que se consolida como criatura científica y reta a Dios y al Diablo frente a su hazaña más acabada: la tecnología.
El cáncer es una enfermedad de la mente, un mal de los tiempos modernos. Caracterizado por el agotamiento espiritual y la soledad del hombre mientras existe en la densidad de millones de personas.
Pero si a la lepra, la peste, la tuberculosis y el cáncer le damos importancia como síndromes que marcan espiritualmente una época; creo que la actual, sin duda alguna, está signada por la impronta de lo artificioso en demasía: el sida. Su origen mismo supuso la duda de si era la primera enfermedad creada en un laboratorio. Aún existe tal duda. Enfermedad de la postmodernidad, de eso que está en lo que llamo la Era del Plástico y de la Prótesis. Nace como síndrome propio de eso que agota, de una absoluta soledad que se padece como muerte espiritual. El sidoso, como el leproso, es un ser excluido del entorno social. Inicialmente se le recluyó en espacios separados. La lógica, dentro de la ironía de la vida, nos dice que todos estamos infectados de ella. Somos propagadores de esa enfermedad, aún sin padecerla físicamente. La fragilidad de una sociedad y de un mundo, que transitamos en suelo gelatinoso y de arenas movedizas, nos dice que pronto estaremos cercanos a ella. Esto es cierto. Cada vez conocemos del amigo del amigo que tiene un conocido pedeciendo tal mal. Cada día los círculos se angostan. Cada vez son menores los límites que nos separan. Por eso desarrollamos las prótesis. Ese embellecimiento ante la “peste”. Esa degradación progresiva y certera de padecer del síndrome, de esa enfermedad incurable que nos diezma y nos reduce a ser siempre eso que somos: podredumbre humana recubierta de perfumes, silicón, bótex, para impedir, como en el leproso del Campeador, la caída a pedazos del alma.
Después de todo algo sí reconozco en el cantar de gesta aludido: la maravillosa muestra de un idioma que nombra su propio padecimiento.
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